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Dark Phoenix

Hay un par de cosas que me han venido impresionando últimamente de las pelis de superhéroes y van encaminadas con la clasificación de su audiencia versus el contenido gráfico mostrado. Ya en Endgame era bastante chocante que la peli abriera con un degollamiento -fácilmente la imagen más grotesca que pudiera yo soportar-; en Dark Phoenix la sevicia pareciera viene de la mano de la tensión y de la acción, y de nuevo, adentrados en el primer acto la forma en que las personas se hacen cenizas en medio del fuego cruzado es igualmente perturbador. A lo que quiero llegar es que tanto el degollamiento como las muertes con sevicia son material de primera mano para un niño o una niña de 7 años (en la primera) y de 12 años (en la segunda).

Me llama la atención de esta Dark Phoenix que es una pieza entretenida en el Universo Cinemático de X-Men después de una nueva salida de Bryan Singer en X-Men: Apocalypse. Su director y guionista, Simon Kinberg, es un veterano productor de Hollywood -incluso nominado al Oscar por The Martian– y que hace su estreno en el timonel de un largometraje. No lo hace mal y captura muy bien el legado de Singer en este nuevo renacer de la franquicia.

Kinberg entiende, que sin una estrategia clara para el futuro, hay dos puntos importantes al dirigir una carabela en pleno curso, como lo es una pieza de X-Men, (1) que si hay un sistema de comunicación y de imaginería triunfadores como los que venían trayendo las pelis de esta saga pues no se altera, o como se dice en fútbol ‘equipo que gana no se toca‘ y (2) que para un proyecto de esta envergadura hay que rodearse de la mejor gente o por lo menos de los más profesionales; a nivel de cinematografía trajo al ganador del Oscar por Avatar, Mauro Fiore; en el montaje trajo al ganador del Oscar por Dunkirk, Lee Smith; y para ambientación trajo las partituras del también ganador y regularmente nominado al Oscar, Hans Zimmer. Zimmer es sin duda el que pone la nota más alta en la ejecución técnica y artística de la pieza; si hay un calificativo para esta cinta es «darks» y nada más oscuro, escabroso y tenebroso que las tonadas que definieron los ambientes y momentos en Dark Phoenix. El man es un genio. Es asombroso, sorprendente, escalofriante y perturbador todo su trabajo a lo largo de la historia.

Dejando a un lado la alerta del primer párrafo de esta entrada, Dark Phoenix es entretenida en las capacidades y potencias de su explotación. Para profundizar un poco en este concepto uno tiene que hablar obligatoriamente de Bryan Singer y de cómo otra vez abandona el barco de la saga de FOX.

A principios de este milenio, en el surgimiento de las pelis de superhéroes FOX de la mano de este pequeño genio y brillante director sacan a la luz X-Men con un rutilante éxito. En taquilla, invirtió 75 millones de dólares y recogió 296 millones combinados. El enfoque del director, abordando el tema de los derechos civiles, su orientación sexual como bandera en contra de la segregación de la individualidad conquista además la crítica. El estudio subió las apuestas a 110 millones y le confió a Singer la segunda edición de X-Men (X2: X-Men United); recogió 407 combinados, un resultado notable pero prendió alarmas en FOX en vista de las adversidades de los otros estudios con los proyectos de este nuevo género.

Marvel estaba recibiendo réditos de cada empresa que estaba explotando sus creaciones pero aún no se animaba a, como estudio, desarrollar algo de primera mano. Por el lado de Warner, las cosas eran inciertas. Ellos fueron los que realmente abrieron el mercado en 1989 con Batman, Tim Burton y una excelente lectura de las audiencias, sumado a una de las mejores interpretaciones del encapuchado con Michael Keaton -pero incluso se puede ir más atrás en la prehistoria, año 1978 con Superman de Richard Donner-; luego resuenan con una Batman Returns en 1992 escalando la calidad, el universo y las expectativas de todo el mundo pero después no supieron leer sus propios aciertos, despiden a Burton pensando que estaba haciendo muy oscura la historia y apagan sus esfuerzos por los cómix hasta principios del milenio. Vuelven a escena aprovechando el momento de duda de FOX y seducen a Bryan Singer para que desarrolle un episodio para Superman, quien decide que El Hombre de Acero de Richard Donner de 1978 es el pico de la historia, vuelve a ella y en 2006 desarrolla Superman Returns -àla Batman de Burton-; no triunfa, no decepciona, no satisface pero tampoco es entendido y se sepulta el proyecto.

Por su lado, X-Men se descalabra finalmente cuando Singer sale del croquis y entra Brett Ratner para realizar la tercera parte, X-Men: The Last Stand. A Singer se le había criticado las indulgencias creadas en algunos personajes pero Ratner fue anarquía total con la interpretación de sus mutantes. Se tomó muy en serio lo de ‘la última parada‘ permitió que la calidad de la historia decayera y mató la franquicia. FOX sin renunciar chapucea con historias derivadas e independientes, llamadas X-Men Origins; desarrollan Wolverine y ni siquiera se atreven a develar Gambit por la calidad de la respuesta.

Al final el que recibía todo el daño era el sacrificado Hugh Jackman, que si algo hay que reconocerle, es que le puso pecho a cuanta joda salió de FOX, como Wolverine regeneró cada una de sus heridas no importa lo dolorosas que fueren y fue la unión entre todo el Universo Cinemático de X-Men.

El eje del nuevo renacer de X-Men dentro de FOX es un señor llamado Matthew Vaughn. Un realizador que le gusta escribir sus guiones, que le gusta el thriller y que consigue éxito con dos pelis muy buenas, Layer Cake y Kick-Ass; esta última basada en un cómic de Mark Millar, prodigio de una nueva generación de narradores gráficos. Gracias a su estilo y el éxito de Kick-Ass, FOX le confía los restos de X-Men y decide audazmente sacar adelante First Class -en mi opinión la mejor pieza de la franquicia-; renueva todo el reparto de mutantes, algo impensable cuando se tiene a Patrick Stewart e Ian McKellen como líderes de equipo, con la excusa de que esta versión de la historia era varias décadas atrás y necesitaba sangre nueva.

Osado.
Audaz pero osado.

Le salió muy bien todo. Empareja este par de líderes con dos nuevos nuevos monstruos de la actuación. En el papel del Profesor Charles Xavier, cambia a Patrick Stewart por James McAvoy; en el papel de Erik Lehnsherr, cambia a Ian McKellen por Michael Fassbender; y es un rotundo éxito. El arco histórico está muy bien logrado porque adquiere tonos de época, intriga de espías dentro de La Guerra Fría, unos mutantes con menos indulgencias, ajustes en la espina dorsal tanto de Bryan Singer como de Brett Ratner y la cereza en el pastel es la figura de Raven Darkhölm, con mayor protagonismo como Mystique, interpretada por Jennifer Lawrence, y con destellos de Rebecca Romijn, en una especie de triángulo fraterno-incestuoso con Xavier y Magneto.

La audiencia de fanáticos después de mucho tiempo estaba satisfecha, las taquillas tuvieron un buen comportamiento, la crítica estaba estasiada y en FOX quedaron todas y todos muy contentos.

Singer vuelve a casa. Encuentra el proyecto y le fascina las críticas sobre First Class donde el argumento de unos era que Stewart es mejor que McAvoy, otros que Fassbender funciona mejor que McKellen, que no hay coherencia entre esto y aquello pero todos estaban enamorados con la propuesta de Mystique. El realizador dice que todas las opiniones son válidas y que todo se soluciona con la siguiente salida: Days of Future Past.

Este quinto episodio del arco histórico trae consigo una afinidad al pico narrativo más importante de los mutantes en los cómix. En 2014, X-Men: Days of Future Past se estrena como un ensamblaje de personajes, con un reto de conjugar las historietas y el Universo ya creado para la pantalla, sumado a la propuesta de unir todo el reparto de las dos eras y olvidar de una vez por todas The Last Stand de Ratner.

Todo empieza a tener sentido si detallamos que el escritor encargado de Days of Future Past fue Simon Kinberg.

Obviamente, con todo ese «galore» de actores el presupuesto se sube a 200 millones de dólares pero el mundo responde con un combinado de 747 millones. FOX lo había logrado. Quién iba a pensar que el Universo Cinemático más debilitado, incluso derrotado, iba a sobrevivir para ver la luz y mantener el pastel incluso para una segunda proción con X-Men: Apocalypse, donde se recoge un poco el presupuesto y el global es un poco más del medio millón de dólares. Pero el estudio entre narrativas principales y derivadas independientes había ya logrado la suma redonda de 6.000 millones de dólares.

Ahora bien, como decíamos al principio de la entrada, Bryan Singer vuelve a salir de la franquicia. Da un paso al lado -dentro de FOX– para producir The Gifted, una serie de TV sobre mutantes en el Universo Cinemático de X-Men y da otro paso al lado -también dentro de FOX– para realizar la rimbombante, laureada y reconocida dentro de los premios de La Academia, Bohemian Rhapsody. Simon Kinberg, que también había sido el escritor de Apocalypse, asume el reto y lo ejecuta muy bien. Pero ¿por qué sale Singer de nuevo? ¿Acaso le cobran factura sobre la ejecución tan pobre de Apocalypse? -Recordemos que Apocalypse es de los mutantes más poderosos en la historia, requiere de un contrapeso como Nathan Summers (que si lo hace muy bien Josh Brolin en Deadpool 2) y le hizo falta en la galería Mysterio y Gambit– ¿O será tal vez que ya no se sintió cómodo sin el repaldo de Stewart, McKellen y Hugh Jackman?

Sean cuales sean las dudas, Simon Kinberg salió avante con una buena pieza dentro del rompecabezas, Sophie Turner hizo un gran papel liderando el arco dramático donde Jean Grey se transforma finalmente en Phoenix. Aún más incierto hoy en día por la recuperación de los derechos de explotación por parte de Marvel/Disney y sin el juego de los «after-credits» podemos afirmar que el futuro de los X-Men y todo su reparto ahora sí está sepultado.

Nota personal: Me gustó el guiño de Jennifer Lawrence a #MeToo cuando le reclama a Hank que las mujeres son las que están salvando a Xavier y que la academia debería llamarse X-Women 😉
De pronto, por eso no es tan loco que dentro de toda la baraja de la franquicia esta sea la única peli que no antepone la etiqueta X-Men: Dark Phoenix

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Oscar, 87th Academy Awards

Hacía cuatro meses que no escribía, una entrada en el blog; antes de eso, unos pocos días; y antes de eso un par de meses más atrásLa Sofi (o #JAMEsSofía como me gusta llamarla en las redes) tiene cinco meses y dos semanas, hagan la matemática.

Aunque he sido bendecido con su presencia, sin hacer una alegoría judeo-cristiana directa, estos meses, este último año, he sido tan feliz al lado suyo que nada, ni siquiera el cine ha podido obnubilar sus manitos, sus ojitos o su reciente sonrisa.

Sin embargo, y este es un gran pero, ni La Sofi misma fue capaz de impedir que estuviera frente a una pantalla de TV viendo la versión 87 de Los Premios de La Academia de Hollywood, con mi traje de noche, mis ganas de martini y mi reseña. Entiendo, si, que los Oscar representan la institucionalidad de lo establecido comercialmente en el cine y que uno sale muchas veces decepcionado de su gala, que uno debería hacer un esfuerzo por ver La Berlinale, Los BAFTA o incluso Los Spirit, y esto lo he venido diciendo ya durante años, a través de este blog, pero si uno tiene una pausa tan larga como la que he venido afrontando en este momento, empezar por lo convencional no está mal tampoco.

Así que, en la noche del pasado domingo, se entregaron los premios Oscar de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood; el evento tuvo como anfitrión a Neil Patrick Harris que en contraste con la del año pasado fue una de las presentaciones más aburridas posibles; era evidente que iba a haber musicales y chistes flojos y que Harris iba a terminar en calzoncillos; tal vez el único momento gracioso fue Jack Black salvando la velada cuando interrumpió la melosa y empalagosa presentación de Neil Patrick Harris a dúo con Anna Kendrick; es decir, es muy posible que el próximo año sea anunciado Black como nuevo presentador; podría más que apostarlo. Los batalla de esta velada se daba en tres frentes, The Grand Budapest Hotel de Wes Anderson, Boyhood de Richard Linklater y Birdman de Alejandro González Iñarritú (o como se hizo conocer el año pasado Alejandro G. Iñarritú). De cierta forma El Gran Hotel fue ganadora y arrasadora en los premios «estéticos» (teniendo en cuenta que hay una serie de premios catalogados como los técnicos que aglutinan los montajes, los diseños de sonido y los efectos especiales), con cuatro Oscar; Birdman también salió victoriosa al también obtener cuatro estatuillas pero en las categorías finas de la gala (mejor director, mejor peli, mejor cinematografía y mejor guión), dejando a Linklater prácticamente con las manos vacías y un Oscar a mejor actriz de reparto.

Cada uno habrá tenido sus favoritos, sus predicciones y, por supuesto, sus frustraciones. Los Oscar al fin y al cabo son espectáculo, son Hollywood, y no hay que tomárselos tan en serio, yo los critico mucho pero nunca me los pierdo. Este año tuve una semana maratónica donde me vi un 91-92 por ciento de las pelis en concurso (aquellas que están destacadas en negrita) y quedé muy satisfecho. Estos fueron los ganadores de la noche.

Best Motion Picture of the Year fue Birdman; después de un oscuro comentario de Sean Penn, sobre la visa de residencia de su director mexicano, no tan gracioso como él hubiera esperado, y si más bien de mal gusto, Alejandro González Iñarritú pasó al frente y se consagró como el gran vencedor de la noche. Su pieza dentro de las tres en carrera fue siempre la más destacada; un guión consistente, una actuación deslumbrante de Michael Keaton, una excelente partitura original de Antonio Sánchez, un juego perfectamente interpretado de cámaras de Emmanuel Lubezki y un experimento bien consagrado por Douglas Crise y Stephen Mirrione en el montaje. Las otras dos se quedaron cortas en el desarrollo. Por su lado, Wes Anderson, director de El Gran Hotel permitió que su filme se volviera un producto más de Hollywood, que tratando de hallar su salvación en el cine independiente, atiborra el talento con presupuesto, transformando el ingenio de Anderson en pornografía iconoclasta, permisiva, auto indulgente y muy pretenciosa. Boyhood estuvo bien, algunos dicen que su guión es fortuito, yo pienso que es más orgánico, como el de un documental que se va encontrando con nuevas aristas y parte de ahí para seguir desarrollando sus ideas, no está mal pero si creo que es un ejercicio al que le faltó una mayor intención que la mera contemplación de la niñez y su fugaz desaparición.

  • American Sniper
  • Boyhood
  • The Imitation Game
  • The Grand Budapest Hotel
  • Selma
  • The Theory of Everything
  • Whiplash

Best Performance by an Actor in a Leading Role para Eddie Redmayne por The Theory of Everything. Aunque Redmayne se notó conmovido con su papel y trató de disfrutarlo al máximo, su galardón evidencia la fascinación, y más bien vicio, de Hollywood por los actores que encarnan discapacitados. ¿Es tan destacable la actuación de Eddie Redmayne como para llevarse un Oscar? Posiblemente, si. ¿Pero justo? Pensaría que no. Tanto Michael Keaton como Steve Carell estuvieron realmente soberbios en cada uno de sus desempeños, siendo personalmente más que magnífico el de este último en Foxcatcher.

  • Steve Carell por Foxcatcher
  • Benedict Cumberbatch por The Imitation Game
  • Bradley Cooper por American Sniper
  • Michael Keaton por Birdman

Best Performance by an Actress in a Leading Role Julianne Moore por Still Alice. Más que merecidísimo por toda su carrera –los Oscar acostumbran dar reconocimientos no por el actual trabajo sino por anteriores donde se sintió hubo injusticia …y la lista es tan larga– pero este premio sorprende porque viendo la actuación de esta gran actriz, los calificativos que calzan su desempeño son de una calidad sublime: sensible, sutil, vital, auténtico y completamente; lo contrario a una ejecución melindrosa, chabacana o sensiblera que podría haber sido la salida fácil para enmarcar un tema como el Alzheimer.

  • Marion Cotillard por Two Days, One Night
  • Felicity Jones por The Theory of Everything
  • Rosamund Pike por Gone Girl
  • Reese Witherspoon por Wild

Best Performance by an Actor in a Supporting Role para J.K. Simmons por Whiplash. Interesante que esta categoría recoja todos sus candidatos del cine independiente. Todos. No hay mucho que decir, Whiplash de Damien Chazelle era una de mis favoritas y la historia se recarga tanto en Miles Teller como en la impresionante y genial actuación de J.K. Simmons

  • Robert Duvall por The Judge
  • Ethan Hawke por Boyhood
  • Edward Norton por Birdman
  • Mark Ruffalo por Foxcatcher

Best Performance by an Actress in a Supporting Role para Patricia Arquette por Boyhood una actriz del medio, de la industria a la cual le fue ofrecido un trabajo para evaluar en doce años; no es un trabajo fácil y sin embargo fueron sus hombros los que recibieron toda la responsabilidad del drama. El niño, Ellar Coltrane, vuelvo a mi crítica se le dedica tiempo en cámara de manera contemplativa, el espectador se sorprende con sus cambios pero su actuación es básica; Arquette por el contrario sufre, madura, cambia su físico –naturalmente– y recibe las mejores líneas de diálogo; el resultado una gran actuación en un periodo bien largo de su carrera.

  • Laura Dern por Wild
  • Keira Knightley por The Imitation Game
  • Emma Stone por Birdman
  • Meryl Streep por Into the Woods

Best Achievement in Directing para Alejandro González Iñárritu por Birdman. Sin entrar en demasiada controversia es un premio justo a un personaje inquieto que logra sobrepasar sus estancamientos creativos para traernos una interesante y divertida fábula de Hollywood. La industria del cine tratando de abrirse paso dentro de los críticos de teatro para validarse como arte y a su vez tratando de sobrevivir, seduciendo un público ajeno. Se le crítica el falso ‘plano secuencia’… ¡Cojan oficio! Esto es cine. Sí. Los artesanos han llevado a un nivel muy alto este arte pero el diálogo entre la imagen y el sonido para transmitir una emoción al espectador no tiene que ver con pericia, distinción u oficio. Lástima por Bennett Miller un gran director que de nuevo pasa de largo.

  • Richard Linklater por Boyhood
  • Bennett Miller por Foxcatcher
  • Wes Anderson por The Grand Budapest Hotel
  • Morten Tyldum por The Imitation Game

Best Writing, Screenplay Written Directly for the Screen para Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo por Birdman. Es interesante la apuesto de estos escritores de contar con un falso ‘plano secuencia’ una historia. A través de la historia del cine, el plano secuencia es un ejercicio de mucha dedicación y esfuerzo en su coreografía; personalmente, considero a Martin Scorsese como su máximo exponente, otros hablarán de escenas mucho más icónicas de Quentin Tarantino o más clásicas con Hitchcock o Griffith; el tema es que la esencia de esta cinta no es su técnica, se llega a esta forma de cinematografía precisamente por el encantamiento de su protagonista tratando de sobresalir en el mundo del teatro, del monólogo, del espacio al aire donde no hay cortes, donde simplemente se es frente al público y se acaba la pieza; un parafraseo de José Saramago y su intención del relato vivo sin comas o signos de puntuación. La cinta tiene inicio, nudo y desenlace; este desenlace es acorde pero inesperado, y bien desarrollado; entonces si es bueno o malo no cabe dentro de esta discusión. Mi otra favorita al lado de Whiplash fue Nightcrawler, una historia muy bien contada, muy bien actuada y con una destreza sorprendente, hubiera sido divertido un premio en esta categoría de consolación.

  • Richard Linklater por Boyhood
  • E. Max Frye y Dan Futterman por Foxcatcher
  • Wes Anderson y Hugo Guinness por The Grand Budapest Hotel
  • Dan Gilroy por Nightcrawler

Best Writing, Screenplay Based on Material Previously Produced or Published para Graham Moore por The Imitation Game. Si Hollywood es la corriente de lo establecido, la historia de Alan Turing en The Imitation Game era una obvia apuesta. Un científico, al cual se le puede atribuir el triunfo estratégico de la Segunda Guerra Mundial, verdadero inventor de la computadora y mártir por su preferencia LGBTI es tendencia en Estados Unidos y por supuesto era una gran favorita en esta categoría.

  • Jason Hall por American Sniper
  • Paul Thomas Anderson por Inherent Vice
  • Anthony McCarten por The Theory of Everything
  • Damien Chazelle por Whiplash

Best Animated Feature Film of the Year para Big Hero 6 de Pixar y dirigida por Don Hall y Chris Williams. Un buen producto que parece ser digno de su galardón; la verdad es que con sólo ver dos piezas es bastante complicado.

  • The Boxtrolls
  • How to Train Your Dragon 2
  • Song of the Sea
  • The Tale of The Princess Kaguya

Best Foreign Language Film of the Year para Ida de Pawel Pawlikowski (Polonia). Un divertido discurso el del polaco.

  • Leviafan de Andrey Zvyagintsev (Rusia)
  • Mandariinid de Zaza Urushadze (Estonia)
  • Timbuktu de Abderrahmane Sissako (Mauritania)
  • Relatos salvajes de Damián Szifrón (Argentina)

Best Achievement in Cinematography para Emmanuel Lubezki por Birdman. Repite este gran cinematógrafo mexicano que sigue dando lecciones de cámara, luz y encuadre. Si hay algo entretenido de ver en Birdman son sus encuadres; después, estos pasan por edición y color para lograr el falso plano secuencia pero es gracias a Lubezki, que entendió perfectamente el juego de Iñarritú, que le da la posibilidad a la peli de verse de esa forma. Lástima Deakins; raya definitivamente en lo absurdo; en Colombia se dice «que no me regalen pero que no me quiten», Lubezki puede ser muy bueno, y también ha tenido varias nominaciones (siete) pero Roger A. Deakins, nada más con sus nominaciones (doce) desde 1995, es toda una institución condenada al ostracismo de los Oscar.

  • Robert D. Yeoman por The Grand Budapest Hotel
  • Dick Pope por Mr. Turner
  • Roger A. Deakins por Unbroken
  • Lukasz Zal y Ryszard Lenczewski por Ida

Best Achievement in Editing para Tom Cross por Whiplash, la historia de un imponente y drástico profesor de música de una prestigiosa facultad de artes que apunta toda su atención en un joven baterista y de cómo este se deslumbra por la tutoría recibida. La peli es toda ritmo, percusión y balance. No podría haber un mejor candidato para esta categoría que Cross con la narrativa alcanzada en su montaje. Sobervio.

  • Sandra Adair por Boyhood
  • William Goldenberg por The Imitation Game
  • Barney Pilling por The Grand Budapest Hotel
  • Joel Cox y Gary Roach por American Sniper

Best Achievement in Production Design para Adam Stockhausen y Anna Pinnock por el diseño de producción y la decoración del plató (respectivamente) en The Grand Budapest Hotel. Uno le puede criticar en este momento muchas cosas a Wes Anderson en su excesiva puesta en escena pero a pesar de su estancamiento, la alabanza puede ser quizás puede mantener ese ojo y esa sensibilidad sencilla y pueril, tan propia de todo su portafolio. Sus cámaras como sus historias son tan propias como su imaginería, tanto Stockhausen como Pinnock lo leyeron perfectamente.

  • Maria Djurkovic y Tatiana Macdonald por The Imitation Game
  • Nathan Crowley y Gary Fettis por Interstellar
  • Dennis Gassner y Anna Pinnock por Into the Woods
  • Suzie Davies y Charlotte Watts por Mr. Turner

Best Achievement in Costume Design para Milena Canonero por The Grand Budapest Hotel. Al comienzo de la velada, se abren los premios con el nombramiento del mejor actor de reparto, luego vienen unas serie de premios que destacan la calidad técnica de los filmes y también junto con algunos importantes premios de cinematografía y banda sonora original, vienen una serie de premio que llamamos este año «los estéticos»; Canonero fue una de las primeras en revelar que El Gran Hotel iba a dominar esta serie de premios.

  • Mark Bridges por Inherent Vice
  • Colleen Atwood por Into the Woods
  • Anna B. Sheppard por Maleficent
  • Jacqueline Durran por Mr. Turner

Best Achievement in Makeup and Hairstyling la estatuilla fue para Frances Hannon y Mark Coulier The Grand Budapest Hotel. En versiones pasadas, esta categoría era dominada por artistas que con sutiles ajustes en los fenotipos de los actores lograban grandes transformaciones que potenciaban los desempeños de los mismos; esta vez se premio la excentricidad, extravaganza y peculiaridad que hacían de la historia del Gran Hotel una fábula rimbombante. Pensábamos que por lo anterior la gran favorita iba a ser Foxcatcher.

  • Foxcatcher
  • Guardians of the Galaxy

Best Achievement in Music Written for Motion Pictures, Original Score por su partitura original en The Grand Budapest Hotel, el ganador fue Alexandre Desplat. El francés, no sólo estaba nominado dos veces este año en esta misma categoría, sino que ya sumaba ocho anteriormente siendo, además del excelente trabajo de esta pieza, un gran reconocimiento a su excelencia desde principio de este siglo.

  • Alexandre Desplat por The Imitation Game
  • Hans Zimmer por Interstellar
  • Jóhann Jóhannsson por The Theory of Everything
  • Gary Yershon por Mr. Turner

Best Achievement in Music Written for Motion Pictures, Original Song al igual que el año pasado cuando Pharrell Williams prendió la noche cuando cantó ‘Happy‘, el público se emocionó mucho con ‘Everything is Awesome‘ de Shawn Patterson, la ganadora fue ‘Glory‘ de Lonnie Lynn (Common Sense) y John Stephens (John Legend) para la peli Selma.

  • Shawn Patterson por (‘Everything is Awesome‘) por The Lego Movie
  • Gregg Alexander y Danielle Brisebois por (‘Lost Stars‘) por Begin Again
  • Diane Warren por (‘Grateful‘) por Beyond the Lights
  • Glen Campbell y Julian Raymond por (‘I’m Not Gonna Miss You‘) por Glen Campbell: I’ll Be Me

Best Achievement in Sound Mixing los ganadores fueron Craig Mann, Ben Wilkins y Thomas Curley por Whiplash. Tercer Oscar de la noche, también a un nivel muy sensorial, para realzar lo dicho sobre esta gran peli.

  • American Sniper
  • Birdman
  • Interstellar
  • Unbroken

Best Achievement in Sound Editing premio de consolación para American Sniper que pasó sin pena ni gloria.

  • Birdman
  • The Hobbit: The Battle of the Five Armies
  • Interstellar
  • Unbroken

Best Achievement in Visual Effects para Paul J. Franklin, Andrew Lockley, Ian Hunter y Scott R. Fisher por Interstellar. Blanqueada parcial para Christopher Nolan que su peli fue reconocida en las categorías técnicas pero no se llevó prácticamente nada.

Best Documentary, Features para Citizenfour de Laura Poitras, Mathilde Bonnefoy y Dirk Wilutzky.

  • Last Days in Vietnam de Rory Kennedy y Keven McAlester
  • Finding Vivian Maier de John Maloof y Charlie Siskel
  • The Salt of the Earth de Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado y David Rosier
  • Virunga de Orlando von Einsiedel y Joanna Natasegara

Best Documentary, Short Subjects para Crisis Hotline: Veterans Press 1 de Ellen Goosenberg Kent y Dana Heinz Perry.

  • Joanna de Aneta Kopacz
  • Nasza klatwa de Tomasz Sliwinski y Maciej Slesicki
  • La parka de Gabriel Serra
  • White Earth de Christian Jensen

Best Short Film, Animated para Patrick Osborne y Kristina Reed por Feast.

  • The Bigger Picture
  • The Dam Keeper
  • Me and My Moulton
  • A Single Life

Best Short Film, Live Action para Mat Kirkby y James Lucas por The Phone Call.

  • Aya
  • Boogaloo and Graham
  • La lampe au beurre de yak
  • Parvaneh

Siempre que tengo una de estas largas pausas, guardo la esperanza de volver a tomar el mismo ritmo que tuve en el 2012 o incluso el 2013, años que dediqué con mucho ímpetu a este blog. Tal vez esta entrada sea noticia de ayer –de hace ocho días exactamente– pero es la sensación de haberme tomado este tiempo para hacerla lo que la hizo gratificante. Ojalá hayan disfrutado de esta versión de los Oscar e igualmente esta entrada.

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X-Men: Days of Future Past

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Siete pelis se han hecho con mutantes dentro del Universo Cinemático de Marvel (MCU) en FOX. A saber: X-Men, X2, The Last Stand, Origins, First Class, Wolverine y ahora Days of Future Past. Siete pelis en las cuales no hay mucha concordancia a los comics, ni a la serie animada, sino más bien han sido la excusa para lanzar una extensa franquicia cuyo único elemento aglutinante, y subsecuente protagonista, se lo ha llevado insospechadamente James Howlett, por unos conocidos como Logan por la mayoría de nosotros como Wolverine.

No importan los arcos, ni los guiones, ni si las adaptaciones fueron buenas o si algunos directores fueron mejores que otros. De tanto en tanto, en este MCU de FOX, todos han tenido graves indulgencias que a la postre han generado vacíos en sus conjugaciones. De esta forma no hay buenos ni malos entre Bryan Singer, Brett Ratner, Gavin Hood, James Mangold o Matthew Vaughn; todos sin excepción dieron más relevancia y prioridad a Mystique (Jennifer Lawrence/Rebecca Romijn), al ya nombrado Wolverine (Hugh Jackman), desarrollaron de ceros figuras como Rogue (Anna Paquin), Phoenix (Famke Janssen), Sabertooth (Tyler Mane/Liev Schreiber) o hicieron ridículos a otros tantos como Cyclops (James Marsden), Deadpool (Ryan Reynolds), Gambit (Taylor Kitsch) o Angel (Ben Foster); pero sobre todo en su común denominador, la anarquía, las historias no concordaban; unas veces Charles Xavier (Patrick Stewart) estaba condenado a su silla de ruedas, mientras en otras campantemente caminaba frente a las cámaras; en unas Emma Frost era una joven adolescente (Tahyna Tozzi) y unas décadas atrás era una despampanante mujer (January Jones); o la mejor de todas en una época Bolivar Trask era un enano (Peter Dinklage) y unas décadas después se convertía en negro (Bill Duke).

X-Men parecía entonces que no se podía juzgar como un universo cinemático coherente pero de alguna forma habían logrado conquistar un borroso camino narrativo, entre todas sus salidas. Después de las estocadas recibidas por The Last Stand y Origins, sin importar las buenas taquillas, la franquicia parecía moribunda hasta que Matthew Vaughn, producido por Bryan Singer, planteó una especie de arco de origen con First Class y todo tuvo una nueva luz de esperanza, justo cuando FOX más lo necesitaba. Singer aprovechó esa luz e intercambió papeles con Vaughn. Partió de los planteamientos de First Class, generó una formidable campaña de expectativa recogiendo la estética de Vaughn y trajo dos items que los fanáticos pedíamos a gritos (A) los centinelas y (B) alguno de los arcos de la serie animada.

Days of Future Past aparece como un excelente paso hacia una gran y más sólida franquicia. Mientras, Vaughn establecía una confrontación entre los mutantes de Xavier y The Brotherhood of Evil Mutants de Sebastian Shaw (Kevin Bacon) el contexto del final de los 60’s parecía aceptarlos con una buena tónica y una excelente ambientación. Tanto el comic como el contexto histórico fue excelentemente aprovechado y se alcanzó la cima de calidad y narración en la franquicia. Vaughn, de alguna forma rehizo el relato explotado en X-Men (2000) y replanteó desde allí el inicio de los mutantes con una nueva dosis de grandes actores. Singer fue ambicioso y pensó que era la oportunidad perfecta para unir los dos repartos y Days of Future Past le calló como anillo al dedo.

El problema eran los vacíos narrativos que la anarquía de X-Men había desarrollado dentro de FOX. Singer fue contratado para resolver el tema y poder establecer un universo donde se pudiera producir filmes a largo plazo y utilizó una solución deus ex machina, un poco facilista, sostenida en los viajes a través del tiempo. Al modificar algo del pasado no podemos asegurar que el futuro no sea alterado y si este evento del pasado es grandilocuente pues sus consecuencias en el futuro serán directamente proporcionales. Viajar en el tiempo debe ser manejado con aún más pericia que cualquier otra disculpa en el guión porque implica la multiplicidad de universos paralelos –o en el caso de Days of Future Past conciencias paralelas–, y aún más incongruencias narrativas debido a las exponenciales variables que genera cada decisión. A pesar de resolver todo a los trancazos –o como decimos en Colombia a-la-maldita-sea–, es un punto interesante y viable, el uso de saltos en el tiempo a través de conciencias paralelas, de esta forma las ilusiones de ver a Bishop (Omar Sy) haciendo su trabajo en el tiempo se disuelven pero Wolverine se vuelve una mejor opción. Además la referencia a The Terminator (1984) de James Cameron es un lujo en la cinta; el futuro áspero y oscuro del inicio de la cinta, coincide con el mundo dominado por las máquinas de Cameron, tanto que en algún momento se espera que entre el pie de un T-800 y aplaste un cráneo humano, en primer plano; los viajes en el tiempo se han usado en varios relatos pero atravesar el pliegue del tiempo y el espacio para llegar a un punto del pasado completamente desnudo es también original de Cameron y aquí también Singer le hace un guiño con la desnudez y el desconcierto de Wolverine en su viaje.

De nuevo, establecidos en las indulgencias que les debemos conceder a los creadores del MCU de FOX, la cinta prometía solucionar los vacíos conceptuales y narrativos del pasado (en la franquicia). Aunque si se responden algunas inquietudes, Days of Future Past no es precisamente la salvación esperada. Una de las jugadas reiterativas de Singer en esta pieza es que lo que no se pueda explicar en dos líneas de diálogo queda sin resolver en el marco de la historia y así fue durante toda la pieza.

De nuevo, gran cabezazo de Simon Kinberg, Jane Goldman y Matthew Vaughn, encargados de la historia, que resolvieron el tema del salto en el tiempo con viajes de conciencia a través de un inusitado poder de Kitty Pryde (Ellen Page) conocida ahora como Shadowcat pero ¿cómo encontró dicho poder? Junto a los poderes de Kitty, no se nos cuenta cómo Xavier y Magneto (Ian McKellen) se hicieron aliados en el futuro, cómo se llegó al último diseño de los centinelas que aunque tienen coherencia con la persecución de Mystique parecen un resultado de una combinación más poderosa de Rogue, no se explica la conexión de las escenas finales de The Last Stand, es decir, cómo Xavier pasa de la aniquilación total a la reencarnación/reconstrucción de su cuerpo después del enfrentamiento con Phoenix, porqué Trask (Peter Dinklage) le tiene tanto odio a los mutantes –hasta William Stryker tiene una historia que todos conocemos– o la más cruel de todas, después de una alta y enriquecida campaña de expectativa con la muerte de John F. Kennedy, nos hundimos en un vacío donde no se resuelve nada al respecto. Hay posibles soluciones a todo; Wolverine otra vez con Adamantium puede ser un detalle de alianza del guepardo con Magneto al final de The Wolverine y se explica en Days of Future Past de la misma forma que Magneto (Michael Fassbender) manipuló los rieles de acero y casi que se sienten líquido para inyectarlos en otros cuerpos; el tema no son las respuestas que uno se arma sino la desconsideración y casi descaro de los creadores de la historia que no tuvieron reparo en estos hitos importantes en la trama para los fanáticos.

La cinta en su totalidad es interesante. Perdonando otra vez, los nuevos vacíos, y a sabiendas que ya no importan, Days of Future Past está llena de detallitos divertidos que hacen de la peli un gran entretenedor y nos preparan para el gran arco de Apocalipsis en 2016. Obviamente, la escena cumbre de esta pieza podría ser la exploración de los poderes de Quicksilver (Evan Peters) que nos callan la boca a todos los que pensamos que su trajecito de aviador se veía ridículo en los abrebocas de Empire Magazine. Personalmente, siento que la escena de levitación del estadio es absolutamente atrevida, audaz y temeraria; de las pocas escenas rescatables de The Dark Knight Rises está el hundimiento del estadio de los Rogues, este levantamiento está al mismo de nivel de impacto e impresión y sienta el ambiente perfecto para el desenlace. Es cierto, en la cinta se habla más y se tiene menos acción de la esperada, pero los diálogos están muy bien concebidos y no todo tiene que ser grandes dosis de vértigo para cautivar nuestra experiencia cinematográfica; la pausa y el detalle son también elementos de fina coquetería que Singer sin duda logra alcanzar en esta salida.

Nota personal. Hubo un momento de delirio personal cuando William Shatner, en personaje de James Kirk de Star Trek, entrega la línea de diálogo “we’re going backwards in time”. Es una bobada pero una bobada de esas finas que tanto me gustan.

Nota personal 2. En cuanto a mi juego «shakespeariano» de referencias a Richard Nixon, el trabajo desarrollado por Mark Camacho no es del todo atractivo y enriquecedor. Su perfil en la historia es obvio, su desempeño es el mínimo esperado y su caricatura la hemos visto mejor ejemplificada en otras versiones, dejando como resultado un desempeño fútil y sin mucha gracia.

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The Amazing Spider-Man 2

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El fin de semana pasado se estrenó en Colombia The Amazing Spider-Man 2. La secuela llega con una alta dosis de expectativas pero así como lo dijimos en The Winter Soldier, Los Hermanos Russo le hicieron un gran daño a todo el Universo Cinemático de Marvel (MCU); ahora nos damos cuenta que la influencia no sólo hizo efecto en las series de pelis que se vienen desarrollando dentro de Buena Vista sino que a su vez, viendo esta ‘Venganza de Electro’, se evidencia que el daño es globalizado; está afectando a Sony y quién quita también puede llegar a hacer daño en FOX o incluso a DC/Warner Brothers, en sus también universos cinemáticos. Con este canon de comparación The Amazing Spider-Man 2 podría verse como una cinta promedio y apenas superior a su antecesora.

Vayamos por partes.

Hace no mucho tiempo atrás, Sony decidió que si quería seguirle sacando provecho a los derechos de explotación del Hombre-Araña, sobre Marvel, debía hacer algo al respecto sobre cómo quedó parada la franquicia después del descalabro de Sam Raimi en Spider-Man 3; optó por un rápido relanzamiento de la serie con un enlatado de origen, a cargo de Marc Webb y con Andrew Garfield como el arácnido; aunque muchos sintieron un alivio al ver refrescar la cara del enmascarado y de tener de vuelta todas las maromas del querido personaje, aquí en el blog quedamos descontentos porque al final terminaron haciendo la misma trama reemplazando actores y con muy poco material nuevo por rescatar. Había quedado evidenciado que el tema más que creativo o de dirección había sido una artimaña comercial.

En un rápido uno a uno, los antagónicos tenían la misma naturaleza naíf que volcaban sus buenas intenciones a un profundo rencor, casi fortuito, sobre el Hombre-Araña y sus personalidades eran más caricaturas que otra cosa. A nivel de acción, las mejoras se dieron con cámaras mayormente más subjetivas y destellos del sentido arácnido con «tiempos-de-bala» pero la esencia era la misma que la de hace una década –incluso el criticado enmallado volvió calcado en esta segunda parte–. Y como decíamos anteriormente, a nivel de trama, el arco de origen varió muy poco con respecto a lo que nos prometieron de lo cual lo rescatable fue la química creada entre Gwen Stacy y Peter Parker gracias al trabajo de Emma Stone conjugándose con Andrew Garfield. En este sentido, esa toma de la telaraña volviéndose una mano que se estira e intenta alcanzar a Gwen cuando cae es lo más bonito de la peli.

En este segundo capítulo, Peter Parker se enfrenta a la promesa que le hizo al papá de Gwen, el capitán George Stacy, en su lecho de muerte donde juraba protegerla y alejarla de cualquier peligro. Y tal como en la segunda parte también de Raimi, Peter duda de su relación con su novia para alejarse y reflexionar sobre el mejor camino para lo dos. La diferencia es que Marc Webb alcanzó un gran nivel de melodrama y la novela romántica entre ellos dos fue mucho más que aburrida. El resultado es una cinta de explotación, estrafalaria y con fundamentos de ciencia ficción muy barata. Lo bueno para los fanáticos es que The Amazing Spider-Man 2 es de las piezas mejor basada en los comics y como comedia conservó intacto su sentido del humor; el problema es que no fue un humor muy inteligente y sobrepasó el límite de lo ameno a lo insolente, y el desparpajo lo hizo quedar en ridículo, en varias ocasiones.

Uno de los grandes miedos de los fanáticos y de la crítica, en general, es que Sony parecía volver a caer en su misma trampa desarrollando las bases de su universo cinemático; no le vastó con Spider-Man 3 y en su afán por fundar los cimientos del arco de los Sinister Six, recurrió a la introducción de tres de ellos en este capítulo que traen los malos recuerdos del desenlace de Raimi en su trilogía; son ellos Electro (Jamie Foxx), Green Goblin (Dane DeHaan) y Rhyno (Paul Giamatti) –Norman Osborn finalmente fue otro enganche comercial que trajo a Chris Cooper tan sólo para fanfarronear y matarlo en un momento efímero dentro de la cinta–; no obstante, Alex Kurtzman y Roberto Orci, guionistas, lograron desarrollar un esquema narrativo donde Electro fue el protagonista, Harry Osborn adopta todo el poder dramático y Rhino más que un villano hace un «cameo» dentro de la historia sin generar mucha distracción; a pesar de esta armonía inusitada, la aparición de este último lamentablemente más que ruidosa o escandalosa, fue terriblemente sobreactuada y molesta.

The Amazing Spider-Man 2 no es una gran cinta. Es mucho mejor que su primera parte, pero eso lo único que demuestra es que, sin importar el éxito de taquilla que fue, la ‘Venganza de Electro’ hubiera funcionado mejor como apertura sin tantos bombos y platillos. Esta secuela ya pasó a la historia y quedó abierta la franquicia para que el misterioso hombre del sombrero, que se contactó en el pasado con el Doctor Connors, emprenda su iniciativa de traer a escena a Rhino, Volture, Octopus pero ¿qué pasará en el corazón de Peter Parker? ¿Será momento de que aparezca Mary Jane Watson? ¿Cómo manejará Sony su universo cinématico? ¿Por qué aún no hay un contrato con Marc Webb y con Andrew Garfield para una cuarta parte del arácnido? ¿Qué significan esos avances de X-Men: Days of Future Past? ¿Acaso vamos a presenciar pronto una conjunción de universos tal como se anunciaba para The Avengers?

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The Wolverine

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El auge de las pelis basadas en comics tiene su razón de ser en la codicia de los estudios cinematográficos que han tratado de explotar los derechos de las editoriales más populares de estas piezas gráficas; obvio desde hace casi un siglo ya, pero sobre todo con los recientes resultados alcanzados por los grandes estudios, se pone en la mira de los productores y directores este tipo de producciones. Sin duda los que mejor han logrado sus metas en taquilla son el triunvirato armado por Marvel Studios/Buena Vista/Disney Pictures por un lado y Warner Brothers/DC Comics por el otro.

Fox, y Sony Pictures, se meten en la pelea al poseer los derechos exclusivos de explotación de una parte importante de estas grandes potencias editoriales del comic, y en parte, son los responsables de que Universos Cinemáticos más grandes no se hayan formado perfectamente aún. Fox poseía hasta finales del año pasado los derechos de los X-Men, Fantastic Four y DareDevil; sus salidas con estas dos últimas sagas no fueron las más exitosas posibles y fueron relegadas en los rincones del estudio -a tal punto que incluso les tocó devolver los derechos de DareDevil a Marvel porque no tuvieron cómo sacar una nueva producción antes de octubre del año pasado-.

Fox ha visto mejores resultados en la explotación del microcosmos de los X-Men, con su primera trilogía pero logró decepcionar una gran parte de la crítica y la fanaticada precisamente con el cierre de la misma -gracias en parte a que Brett Ratner no supo interpretar lo que había construido Bryan Singer-. Luego el estudio intentó desarrollar subproductos de las mini-historias de los grandes favoritos y empezó con Wolverine pero de nuevo Gavin Hood se estrelló y apenas alcanzó un aceptable promedio en taquilla. El británico Matthew Vaughn dirigió X-Men: First Class y conquistó una taquilla similar pero logró lo que no había conseguido Fox hasta ahora, interés de la fanaticada en más piezas por venir.

First Class es sin duda una de las mejores piezas de Fox logradas hasta ahora, incluso por sobre las primeras realizaciones de Singer. Plantea una precuela de la historia, describiendo el origen de la amistad profunda entre Magneto y el Profesor X, tácita en todas las demás tramas que se entrelazan entre ellos y, lo más importante, conectándose con los subproductos ya publicados. Después de First Class, Fox logra una luz de esperanza y se aventura de nuevo con Mark Bomback y Scott Frank en la creación de una nueva historia para Wolverine. En principio, el director encomendado era el súper oscuro realizador Darren Aronofsky pero su agenda se lo impidió; James Mangold asumió entonces la responsabilidad del proyecto y aunque podía lograr el tono independiente esperado, su trayectoria era poco consistente, donde la calidad de sus piezas se sacrifica por el entrenimiento prometido, lo cual de alguna forma era preocupante.

The Wolverine finalmente sorprende con una madurez narrativa y una historia aislada de lo que veníamos viendo como espectadores sin tener que relanzar la franquicia o redefinir sus orígenes. Logan interpretado -ya seis veces- por Hugh Jackman se encuentra oculto y sumergido en los profundos bosques del medio oeste norteamericano, acosado por pesadillas en las que se ve envuelta su culpa por la muerte de Jean Grey (Famke Janssen). Hasta allá, va a buscarlo su destino encarnado en Yukio (Rila Fukushima), una joven espadachín asalariada de Yashida (Haruhiko Yamanouchi), viejo amigo de Nagasaki donde Wolverine salvó su vida; Yashida ha estado en la búsqueda de Logan porque quiere pagar su deuda de honor de esa época. Gracias a que Yukio puede ver el futuro, logra encontrar al Wolverine y transportarlo a Tokio. La acción se centra entonces en Japón, a donde viaja Logan en busca de su amigo; entran en acción samurais, yakusas, ronin, arqueros y espadachines, sin saturar la historia, y sobre todo dando un pulso interesante a otro eslabón de X-Men. Si esta peli es realmente entretenida, cadente y oscura al mando de Mangold, no puedo siquiera imaginar cómo hubiera sido si Aronofsky la hubiera dirigido.

The Wolverine es el único que ha logrado darle redondez a Fox y se ha vuelto su personaje más preciado. En este capítulo se adapta perfectamente a la cultura japonesa y se enriquece con todo su folclor, su música, sus colores, sus paisajes y su arquitectura. Pero la madurez de la pieza también se da del aprendizaje logrado con First Class; The Wolverine trae a colación la detonación nuclear que Estados Unidos propició en Nagasaki, pero no es protagonista, tal cuál como el incidente de Bahía Cochinos en First Class, generando vínculo, credibilidad y congruencia en su propio Universo Cinemático. Hay dos o tres escenas tipo comic que son espectaculares para que le pongan atención; el ataque ninja, el despertar del samurai de adamantio y las flechas en la espalda de Wolverine; estas tres escenas, combinadas con la música original de Marco Beltrami y las cámaras de Ross Emery, logran darle el tono épico a la cinta y pagar la boleta. Igual esperen en sus sillas sentados, hay más historia en los créditos que nos prepara desde ya para Days of Future Past, el tan esperado regreso de Bryan Singer a la franquicia.

Mientras Warner redondea los 3 millardos de dólares desde este auge de los comics en el cine, gracias en parte a la oscuridad que ha venido explotando de historias como Batman (Batman Begins, The Dark Knight, The Dark Knight Rises) y Superman (Man of Steel), Marvel no se queda atrás para nada con una mega cifra de 5 millardos de dólares con siete producciones (Iron Man I, II y III, Thor, Captain America, The Incredible Hulk, The Avengers) y aún quiere más. Contando las taquillas de Fantastic Four, Fox alcanza una respetable cifra de 2.300 millones de dólares con siete producciones y espera que, por primera vez, con The Wolverine puedan sobrepasar la marca de los 500 millones que ninguna de sus producciones ha logrado para soñar con la cifra neta de los 3 millardos, en su portafolio.

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The Hobbit: An Unexpected Journey

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La introducción a la nueva trilogía de Peter Jackson, The Hobbit: An Unexpected Journey, no es más que un desatino como franquicia que el director neozelandés defiende con fervor apasionado -y cuando se confunde pasión con cariño u objetividad los resultados no son los mejores-. Debo aclarar primero que nunca me he leído un libro de Tolkien y que mi reseña sobre The Hobbit es más como espectador de cine que como fanático de los cuentos de la Tierra Media.

La gran expectativa de esta cinta era el nuevo formato HFR que básicamente introduce veinticuatro cuadros más por segundo. Ya había ensayado las grandes salas digitales y pues mi sensación es que de lejos es muchísimo mejor la experiencia en el IMAX que en cualquiera de ellas pero había dos disyuntivas que debía solucionar antes. La proyección del IMAX en Colombia es directamente desde el celuloide -es decir, no podría experimentar el HFR digital en este gran teatro- además por una resolución, que aún no entiendo, la peli se está proyectando solamente en una versión doblada al español. Por mucho que me guste el formato IMAX, mi respeto hacia el idioma original es mucho mayor y decidí probar el formato digital HFR de 48fps en una pantalla de gran formato.

Por momentos, el HFR nos provoca mareos y dolor de cabeza. Es necesario que nos vayamos acostumbrando con muchas más piezas antes de impugnarlo completamente -pues directores como Bryan Singer están dispuestos a seguir experimentando con él, incluso Singer afirma que su X-Men: Days of Future Past quisiera rodarla enteramente en ese formato-. Hay algunos «travelings», sin embargo, se sienten más osados y audaces porque se elimina completamente la borrosidad natural del movimiento que sumado al 3D nos envuelve de alguna forma más en la escena. Es difícil describirlo, nuestros ojos apenas se están adaptando pero parece que aún tiene mucho potencial.

En recientes entrevistas a Jackson, había una primera intención del realizador de pasarle completamente la batuta a Guillermo del Toro. Jackson afirmaba que este acto inmediatamente iba a refrescar el proyecto y poderlo relanzar como otra gran franquicia. Aunque la mano de Del Toro se nota en la pieza, hubiéramos querido que todo su ingenio se hubiera involucrado al cien por ciento. Seguramente la claridad del mexicano no hubiera permitido extender esta historia innecesariamente. Una razón sencilla es que si The Lord of The Rings son tres libros y permitieron tres regularmente buenas piezas, ¿por qué The Hobbit que es un sólo libro requeriría una ampliación de este tipo? Esta decisión hace que de facto The Hobbit: An Unexpected Journey sea una cinta muy densa, cadenciosa y poco estimulante. Defiendo que es una historia impresionantemente atractiva para niños pero un niño no está preparado para ver tres horas seguidas una historia con ese ritmo. Gran error de fundamento.

Si The Hobbit hubiera sido una parte de la franquicia de un sólo capítulo apreciaríamos mucho más la transformación de Martin Freeman para parecerse al joven Bilbo Baggins que interpretó previamente Ian Holm; el ritmo de la narración pudiera ser descriptiva pero no contemplativa, insulsa y con la sensación de que no pasó nada al final de la cinta más que florituras que adornan el verdadero inicio de la aventura; apreciaríamos todos los engranajes encajando uno a uno en la historia como la aparición de Gandalf el Gris, Radagast o Saruman, Thranduil, Elrond o Galadriel; o incluso estaríamos emocionados por saber más aún más de los orígenes de Gandalf, Galadriel y Gollum. Pero no. Fue mucho más importante recrear al detalle la pieza literaria que a medida que avanzaba la historia cada nuevo nombre o cada nuevo giro era como un mazo ablandando nuestra paciencia. Fue más importante jactarse de los avances de los nuevos efectos especiales que abundaron por toda la pieza que el verdadero objetivo de contar una historia que terminó disolviéndose en prepotencia y petulancia -errores que ya lo habían sacrificado en King Kong, The Lovely Bones e incluso Tintin-. Es tan absurda esta decisión que nos enfrentamos en casi tres horas, a un listado de casi cincuenta y dos items de personajes y ni una sóla figura antagónica clara.

Digamos que no todo es una pesadilla. Aparte de la historia sin dirección clara que nos ofrece Jackson, es muy buena la sensación del cuento narrado al estilo de The Lord of The Rings en una ambientación que ya reconocemos propia de Tolkien. Hubo eso sí un factor increíble y que me embelesó inmediatamente y fue la música. Esos cantos celtas acompañando las jornadas épicas de los personajes, esa forma de traer a colación los personajes con ciertos acordes en esas tonadas y, en general, las sensaciones exaltadas por esta partitura hacen que no sea más grave la clasificación.

The Hobbit es una peli que hay que verse por cultura general, yo recomendaría verla en IMAX pero el idioma original es invaluable.

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