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The King’s Man

Échenle ojo a este corto avance. La peli es The King’s Man.
No revisen los créditos, ni las etiquetas de la pieza.

¿No es fantástica?
Me atrapó viendo otros avances en IMDb.com (más precisamente el segundo capítulo de It que ya no viene escrito por Cary Joji Fukunaga, la aventura espacial Ad Astra de James Gray y chismecitos sobre Wonder Woman 1984 de Patty Jenkins); pero de repente entra este video en cola con el plano de un ocaso, un mancito en falda, que uno asume es escocés, corriendo en cámara lenta, con un soldado a cuestas mientras son atacados en un campo de batalla; después una rápida serie de cortes de plano que nos contextualizan entre 1914 y 1918, una especie de logia secreta y Ralph Fiennes entrenando a un nuevo recluta.

Me llamó mucho la atención.
La forma en la que se presentan los eventos, las cámaras y algo de lo que se deja entrever en la historia. Le echo ojo a los créditos y el director es Matthew Vaughn.

¡Hombre! Este señor es prenda de garantía y ahora la tercera salida de la, ya divertida e interesante, obra ilustrada de Dave Gibbons, Kingsman, a la cual se le hace también referencia al final del avance con un pequeño guiño tipográfico. Vaughn lo conocí por primera vez a través de Layer Cake, luego Kick-Ass y First Class.

Vaughn demuestra que si le hubieran dado más pita en la franquicia de X-Men, aún tendría cosas por contar.

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Zimna wojna

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La historia de Zula y Wiktor hubiera podido trascender como la lucha eterna entre dos amantes imposibles. Claro, esa imposibilidad se acrecienta en una Polonia de posguerra, dominada por el comunismo y luego en el exilio donde no se tiene nacionalidad alguna.

Pero.

Pawel Pawlikowski, autor y realizador de la pieza, no la llama Zula & Wiktor. Todo hubiera podido ser más fácil, no obstante, la llamó Zimna wojna, que traduce «Guerra Fría». Y la Guerra Fría tiene mucho que ver con esta tormentosa relación.

Después de la Segunda Guerra Mundial, sobreviven dos súperpoderes dentro de la alianza contra los nazis alemanes, Estados Unidos y la Unión Soviética (de Naciones). Se había firmado el Pacto de Varsovia, donde se prevenía el rearme de la República Alemana en una alianza de amistad, sin embargo, ambas potencias se dividieron las zonas aledañas a la derrotada nación teutona en dos frentes, el oeste y el este; el uno capitalista y el otro comunista. En el pulso por sostenerse en la zona y de ganar incluso ventaja mientras se permanecía, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética emprendieron una guerra silenciosa que se denominó fría porque no tuvo ataques en una lucha a gran escala pero si hubo ataques, movimientos, inteligencia, defensa y contrataque de espías, de parte y parte, que favorecían las escaramuzas en los frentes aliados.

Polonia por su lado, y aparte de esta guerra fría, no es que haya sido una completa víctima inocente en las guerras del sector pero si había sido una chica eslava mancillada por sus vecinos que se habían aprovechado de sus tierras y la habían pasado de mano en mano como una vaca muerta. Incluso en 1795 los tres poderes que la rodeaban (El Imperio Austro-Húngaro, Prusia y Rusia), unieron fuerzas para invadirla y desaparecerla aprovechando una revolución contra la debilitada monarquía y su parlamento dividido.

Aunque en principio, ayudados por los franceses, el tercio ocupado por los prusianos fue liberado pero luego reconquistado por los rusos en 1815, el espíritu nacionalista de los polacos se recuperó y se instauró de manera subersiva entre la población. En 1914 se dispara la Primera Guerra Mundial, abajo en Austria contra Serbia y los, antes, aliados se vuelven contra Austria, haciéndose fuertes los alemanes y retomando todas las tierras de Polonia y Lituania en un solo estado alemán; luego entonces, en la derrota alemana por los aliados de 1918, de nuevo, el estado polaco renace de entre sus cenizas. En 1920, la Revolución Volchevique avanza hacia las tierras polacas a recuperar tierras perdidas pero milagrosamente, en un acto estoico y sin precedencia, el Ejercito Rojo es derrotado por la resistencia polaca y la Segunda República establece de nuevo fundamentos multiculturales y de pluralidad de cultos (en el siglo XVIII, muchos judíos fueron exiliados de sus naciones de origen y en una larga travesía muchos de ellos terminaron en Polonia, de allí que en 1939, los alemanes la tomaran como objetivo militar en su afán por erradicar esa cultura); los polacos fueron dominados en la parte occidental de Polonia gracias al «Blitzkrieg» alemán y su diplomacia con la Unión Soviética que absorvió sin mucha oposición la parte oriental restante. Varsovia era el núcleo de aguante polaco y mientras se defendían de ambos invasores fueron realmente vigorosos contra los alemanes a quienes repelieron finalmente en 1944, pero en una jugada predadora, el Ejercito Rojo dominó Polonia y la obligó a marchar como aliada para ultimar la fuerza alemana en su centro de operaciones hacia 1945.

La nueva alianza implicó que el Imperio Soviético devolviera tierras de los polacos retiradas desde siglos pasados y reacomodó la población en una estrategia geopolítica que permitió formar «La Cortina de Hierro» (naciones satélites aliadas con el comunismo) alredor de Polonia y la Unión Sovietica desde 1946 hasta 1955. Después de una mortandad impresionante de su población y la destrucción de sus tierras, parecía imposible el rerrenacer de los polacos, ahora bajo el dominio soviético, pero sobrevivían. En 1968 cansados de la explotación de la madre patria por parte del régimen stalinista, los estudiantes se revelaron contra el régimen en duros choques contra la policía y el estatu quo, lo que curiosamente derivó con la migración de la mayoría de judíos a Israel.

Lejos de llegar a las revoluciones obreras y la conformación del partido de la Solidaridad, Zula y Wiktor, son testigos de los movimientos previos y sus revoluciones. Unos positivos, otros no tanto. Unos hacia un opresor, otros hacia el otro. Zula y Wiktor son metáforas de espías, agentes y doble-agentes de Polonia – estúpidas metáforas diría Zula llena de celos por Juliette, la poeta francesa -. Por eso de alguna forma, esa cinematografía lúgubre de Lukasz Zal manifiesta el vaivén de los poderes en esta zona de Morrena y las costas del Mar Báltico. Del ir y venir de sus ciudadanos. De la masculinidad y la feminidad. De la rubia y el morocho. De la cercanía de sus artistas con el estado francés y, sin embargo, esa aura de tristeza en sus miradas, el lamento en sus cantos campesinos y la increíble belleza de sus faldas llenas de florituras, reflejo de su amor y esperanza por la patria que vuelve a renacer.

La peli termina con un “A mis padres“.
Imagino que son sus padres los protagonistas de esta trama basada en hechos reales y acomodada a esta fábula de amor.

Nota personal. La pieza está esplendidamente realizada, tanto en diseño de arte como cinematografía y la exquisitez de sus cuadros se complementa con la belleza de Zula, interpretada por Joanna Kullig, como esta áspera eslava que nos encanta hasta su último aliento. No ganó en ninguna de sus categorías, cinematografía, dirección, película extranjera, pero realmente le hizo buena pelea a todas sus competidoras.

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