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The King’s Man

Échenle ojo a este corto avance. La peli es The King’s Man.
No revisen los créditos, ni las etiquetas de la pieza.

¿No es fantástica?
Me atrapó viendo otros avances en IMDb.com (más precisamente el segundo capítulo de It que ya no viene escrito por Cary Joji Fukunaga, la aventura espacial Ad Astra de James Gray y chismecitos sobre Wonder Woman 1984 de Patty Jenkins); pero de repente entra este video en cola con el plano de un ocaso, un mancito en falda, que uno asume es escocés, corriendo en cámara lenta, con un soldado a cuestas mientras son atacados en un campo de batalla; después una rápida serie de cortes de plano que nos contextualizan entre 1914 y 1918, una especie de logia secreta y Ralph Fiennes entrenando a un nuevo recluta.

Me llamó mucho la atención.
La forma en la que se presentan los eventos, las cámaras y algo de lo que se deja entrever en la historia. Le echo ojo a los créditos y el director es Matthew Vaughn.

¡Hombre! Este señor es prenda de garantía y ahora la tercera salida de la, ya divertida e interesante, obra ilustrada de Dave Gibbons, Kingsman, a la cual se le hace también referencia al final del avance con un pequeño guiño tipográfico. Vaughn lo conocí por primera vez a través de Layer Cake, luego Kick-Ass y First Class.

Vaughn demuestra que si le hubieran dado más pita en la franquicia de X-Men, aún tendría cosas por contar.

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Avengers: Endgame

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Hace dos semanas me ví Avengers: Endgame. Pregunté a una persona de confianza –Juan David Martínez Vergara, perdón por la delatada pero el consejo fue pésimo- que si no había problema en que yo no hubiera visto Captain Marvel (Capitana Marbelle en español), me dijo que no había problema y yo respondí que me parecía raro verme un «assemble» sin verme las anteriores o los satélites -como esa vez que me vi toda la primera temporada de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. antes de ver Captain America: The Winter Soldier; ¿valió la pena la tortura de ver toda una temporada (incluso una segunda temporada) de Agents para ver la peli del Capitán? Sinceramente, ¿sinceramente?, no tanto, casi nada, pero mi tranquilidad estuvo intacta en la sala de The Winter Soldier, incluso sonreí de entender jodas entrelíneas-.

El consejo me pareció raro pero me demoré siglos en ver Infinity War porque decidí que me tocaba adelantarme en Thor: Ragnarok y Doctor Strange (según mi fuente, de nuevo Juan David Martínez Vergara), una muy buena y la otra como decepcionante, no valía la pena verlas). Al término de Infinity War, no sentí ningún vacío, disfruté una buena peli de Serie B y me fuí normal para mi casa.

Entonces no sabía qué hacer con Endgame pero decidí seguir su consejo… Pésimamente. Sólo hasta hoy escribo porque sólo hasta hoy logré ver Captain Marvel.

Fuímos con mi esposa quien había comprado las boletas. Ir a cine es una odisea pero es una experiencia incomparable, con ella se alcanza una variable que exponencia la experiencia aún más, y si le sumamos que encaletamos media de un excelente Malbec y un deliciosísimo Bánh-mì de Wok, ni siquiera me importó que hace más de 35 años no iba a cine a ver una peli doblada al español.

La sensación de ver una peli con vacíos en la redacción hacen pésima la experiencia. Debí haber visto Endgame después de Captain Marvel. ¿Fue buena Captain Marvel? No. Pero el arco de la historia requería esos conocimientos previos para entender o sentirse cómodo en numerosos momentos de Endgame y no pensar que fueron simplemente «force majeures» de los escritores para resolver el peo. Captain Marvel, realmente un poco por encima de las más malitas de Marvel Studios pero sin mucho qué proponer -de nuevo, al igual que con Black Panther, nada del otro mundo incluso una salida muy mediocre al tema de contrarrrestar un periodo terrible de duda sobre si Black Widow requería una «standalone», una excelente Wonder Woman en DC/Warner Studios, un álgido movimiento de #MeToo que requería urgentemente heroínas de peso y un disparo con salvas con una excelente actriz como Brie Larson-. La solución de Kevin Feige fue repetir la fórmula de Guardians of the Galaxy, esta vez dirigidos por Anna Boden y Ryan Fleck y con una banda sonora más noventera.

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No se puede tomar un producto como el de James Gunn y diseccionarlo indolentemente para repetir su fórmula. Sobre todo porque se sentía además demasiado copiado de las sensaciones de Top Gun, Terminator y Phantom Menace -que ya es muy malita como para de ahí tratar de copiar algo-.

Dejando ese punto quieto, y subsanando heridas aún más profundas con Captain Marvel, no me gustó realmente Endgame pero debo reconocer que es un final muy bueno para una gran era de pelis de explotación de cómix. Ellos (Marvel) deben reconocer que Thanos es un invento copiado de DC a partir de Darkseid, que en The Avengers de Joss Whedon no se tenía idea para donde se iba a dirigir todo, que su aparición (la de Thanos) al final de los créditos era el afán de ver que DC ponía en marcha un arco donde podría involucrar su malo más malo, que por lo mismo y después de Age of Ultron se decide que Whedon no es competente para seguir con el arco histórico general y que al final DC se enloda completamente con su Dawn of Justice.

Todo esto previo y Kevin feige encarando una nueva estrategia con Los Hermanos Russo, logran realizar una pieza muy conmovedora con un lindo cierre finalizando una onda tangencial en casi seis pelis pero sobre todo dando cierre a un total de más de veinte largometrajes.

Si me lo preguntan la hazaña es mucho más digna y meritoria que The Lord of the Rings: The Return of the King de Peter Jakson -donde claramente se lo aclamaba por su concepto de la trilogía más que por la calidad per sé de su pieza-.

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The Birth of a Nation

Nate Parker, decide en 2016 lanzar públicamente un proyecto llamado The Birth of a Nation. Largometraje. La preexistencia de un título en 1915 no le importó a la Motion Picture Association of America (MPAA) para abogar por originalidad creativa. Y tampoco le importó que ambas piezas fueran una representación de los brotes que llevó a Estados Unidos a una profunda Guerra Civil en el siglo XIX.

Cuando Paul Haggis lanzó su peli ganadora de Oscar, Crash, lo único que pude pensar fue que estaría pensando David Cronenberg de que le hubiera robado el título. Efectivamente, estaba que volaba de la piedra y no era para menos. De la misma forma que el darle nombre y apellidos a un recién nacido, un director, sus productores y su equipo de escritura se toman el tiempo necesario para responder a las necesidades particulares de un proyecto y dedicarle un nombre. Una identidad. Cuando llega otra persona y se lo roba, lo único que queda en el aire es injusticia y una innegable afán, por parte del espectador, de comparar los dos proyectos.

Lo curioso es que no hay una ley o un protocolo al respecto. Después de todas las reclamaciones negadas de Cronenberg, hubo dos pelis llamadas Crash. La genial y la infame. Cuando Lee Daniels quiso por el contrario llamar su pieza The Butler, Hollywood de la mano de la MPAA se le vino encima por un proyecto que en 1900 y pico ya estaba registrado. Esta vez no hubo reparos en decir que era una violación a los derechos de propiedad y creación original del estudio. The Weinstein Company llamó en definitiva la peli: Lee Daniels’ The Butler (*aquí en el blog nos seguimos refiriendo a ella como simplemente The Butler).

En estos dos casos, la temática de cada historia parece ser bien diferente entre las dos. Entre Cronenberg y Haggis hay millas y millas de oscuridad, perversidad y grandes actuaciones que diferencian las historias. Entre Lee Daniels y el cortometraje que alegaba la Warner Brothers como original no sólo hay diferencias temáticas sino técnicas y diametralmente opuestas de producción por la definición misma de un largometraje y un cortometraje.

La osadía de Nate Parker con su proyecto no se limita a mancillar el título original. Hay que aclarar que sin defender los ideales esclavistas y la perspectiva racista de D. W. Griffith en los Estados Unidos de la Posguerra de Cesesión, el autor es un eje creativo y una guía de la narrativa contemporánea de todos los audiovisuales. Desde el uso y creación del primer plano como herramienta dramática, pasando por la impecable secuencia de planos para armar una historia, hasta la producción y creación misma del «travelling» como plano estético (y de nuevo, narrativo). Independiente de su reprochable ideología Griffith es parte de la historia fílmica. Un genio productor que aparece en todas las referencias de la historia del cine. Y pues aparece Parker con todo su legado afrodescendiente y el disgusto heredado durante décadas que ha visto cómo se vanagloria una historia tan perversamente distorsionada. Y es entendible su accionar al pensar que puede darle una nueva perspectiva a la historia de Griffith. Tiene excelente fotografía y momentos de sencilla genialidad. Tiene una gran partitura. Tiene actuaciones desgarradoras incluyendo la suya propia. Tiene una fuerza dramática innegable. Tiene efectos especiales crudos que reafirman el hilo narrativo. Pero sin miedo a equivocarse se puede decir que si Parker le hubiera puesto cualquier otro título a su pieza, no sería nada más que eso, otra historia de la esclavitud negra en Estados Unidos del siglo XIX. Tal vez los escándalos previos en relación a una violación de una compañera de campus y su posterior suicidio hubieran levantado algo de publicidad. Pero no se inventó nada y sus estallidos de genialidad no le llegan al motor cinematográfico que fue la original de D. W. Griffith.

Por eso para mi hay sólo una Crash y es la de Cronenberg, una sola The Butler y, después de revisar ambas cintas, sólo hay una Birth of a Nation y es la de D. W. Griffith.

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The Man from U.N.C.L.E.

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The Man from U.N.C.L.E. es una reedición del homónimo programa de TV que se emitió con considerable éxito en la Inglaterra de los 60’s (más exactamente ente 1964 y 1968). La trama se centra en una relación cooperativa entre dos espias en medio de la Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial; en la esquina estadounidense, Napoleon Solo y, en la esquina soviética, Illya Kuryakin, un duelo clásico mientras resuelven misiones dictadas por un director de inteligencia británica, Alexander Waverly. Teniendo poca referencia de la serie televisiva, se hace evidente la influencia bondiana de Ian Fleming que actuó como consejero de los creativos de la producción; menos mal Guy Ritchie, el director de la producción cinematográfica actual, no se centró en los artefactos y trucos de aparatos, clichés sobresaturados de Fleming que, al parecer, si fueron eje del programa televisivo.

Es emocionante ir a ver una peli de Guy Ritchie. Los diálogos, las líneas cómicas y, la estética, hacen refrescante la experiencia de sentarse frente a una pantalla de cine. Aunque su genialidad se hizo evidente con su forma de contar historias en el barrio obrero, se fue saturando y el ghetto no dió más para su retórica. Sin embargo, en sus últimas salidas, la acción y la química carismática con Robert Downey Jr. en las dos partes de Sherlock Holmes le dieron la posibilidad de explorar otros proyectos más bonachones. El problema es cuando la disculpa se vuelve divertir por divertir y no hay realmente mucho rescatable en el análisis.

Si bien el reparto, constituido por Henry Cavill, Alicia Vikander, Armie Hammer y el mismísimo Hugh Grant, tiene una química insospechada, la ridiculez de la trama, y de nuevo, la presencia de los arquetipos y la dinámica de Fleming dejan una pieza vacía y sin mucho más que un par de sonrisas. El ritmo generado por el toma y dame de Solo y Kuryakin se vuelve un sonsonete aburridor y la estética de Ritchie presente tímidamente a lo largo de la cinta aparece rimbombante –y casi ensordecedoramente– en el desenlace del tercer acto de la cinta aportando mucho más ruido que calidad. En un partido de fútbol, se nota cuando a los jugadores se les acaban los argumentos y empiezan a jugar de corazón tratando a toda costa de ganar el partido. El equipo de The Man from U.N.C.L.E. no podría adaptarse mejor a esta figura. Ahora si lo lograron queda a criterio de todos ustedes.

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Oscar, 87th Academy Awards

Hacía cuatro meses que no escribía, una entrada en el blog; antes de eso, unos pocos días; y antes de eso un par de meses más atrásLa Sofi (o #JAMEsSofía como me gusta llamarla en las redes) tiene cinco meses y dos semanas, hagan la matemática.

Aunque he sido bendecido con su presencia, sin hacer una alegoría judeo-cristiana directa, estos meses, este último año, he sido tan feliz al lado suyo que nada, ni siquiera el cine ha podido obnubilar sus manitos, sus ojitos o su reciente sonrisa.

Sin embargo, y este es un gran pero, ni La Sofi misma fue capaz de impedir que estuviera frente a una pantalla de TV viendo la versión 87 de Los Premios de La Academia de Hollywood, con mi traje de noche, mis ganas de martini y mi reseña. Entiendo, si, que los Oscar representan la institucionalidad de lo establecido comercialmente en el cine y que uno sale muchas veces decepcionado de su gala, que uno debería hacer un esfuerzo por ver La Berlinale, Los BAFTA o incluso Los Spirit, y esto lo he venido diciendo ya durante años, a través de este blog, pero si uno tiene una pausa tan larga como la que he venido afrontando en este momento, empezar por lo convencional no está mal tampoco.

Así que, en la noche del pasado domingo, se entregaron los premios Oscar de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood; el evento tuvo como anfitrión a Neil Patrick Harris que en contraste con la del año pasado fue una de las presentaciones más aburridas posibles; era evidente que iba a haber musicales y chistes flojos y que Harris iba a terminar en calzoncillos; tal vez el único momento gracioso fue Jack Black salvando la velada cuando interrumpió la melosa y empalagosa presentación de Neil Patrick Harris a dúo con Anna Kendrick; es decir, es muy posible que el próximo año sea anunciado Black como nuevo presentador; podría más que apostarlo. Los batalla de esta velada se daba en tres frentes, The Grand Budapest Hotel de Wes Anderson, Boyhood de Richard Linklater y Birdman de Alejandro González Iñarritú (o como se hizo conocer el año pasado Alejandro G. Iñarritú). De cierta forma El Gran Hotel fue ganadora y arrasadora en los premios «estéticos» (teniendo en cuenta que hay una serie de premios catalogados como los técnicos que aglutinan los montajes, los diseños de sonido y los efectos especiales), con cuatro Oscar; Birdman también salió victoriosa al también obtener cuatro estatuillas pero en las categorías finas de la gala (mejor director, mejor peli, mejor cinematografía y mejor guión), dejando a Linklater prácticamente con las manos vacías y un Oscar a mejor actriz de reparto.

Cada uno habrá tenido sus favoritos, sus predicciones y, por supuesto, sus frustraciones. Los Oscar al fin y al cabo son espectáculo, son Hollywood, y no hay que tomárselos tan en serio, yo los critico mucho pero nunca me los pierdo. Este año tuve una semana maratónica donde me vi un 91-92 por ciento de las pelis en concurso (aquellas que están destacadas en negrita) y quedé muy satisfecho. Estos fueron los ganadores de la noche.

Best Motion Picture of the Year fue Birdman; después de un oscuro comentario de Sean Penn, sobre la visa de residencia de su director mexicano, no tan gracioso como él hubiera esperado, y si más bien de mal gusto, Alejandro González Iñarritú pasó al frente y se consagró como el gran vencedor de la noche. Su pieza dentro de las tres en carrera fue siempre la más destacada; un guión consistente, una actuación deslumbrante de Michael Keaton, una excelente partitura original de Antonio Sánchez, un juego perfectamente interpretado de cámaras de Emmanuel Lubezki y un experimento bien consagrado por Douglas Crise y Stephen Mirrione en el montaje. Las otras dos se quedaron cortas en el desarrollo. Por su lado, Wes Anderson, director de El Gran Hotel permitió que su filme se volviera un producto más de Hollywood, que tratando de hallar su salvación en el cine independiente, atiborra el talento con presupuesto, transformando el ingenio de Anderson en pornografía iconoclasta, permisiva, auto indulgente y muy pretenciosa. Boyhood estuvo bien, algunos dicen que su guión es fortuito, yo pienso que es más orgánico, como el de un documental que se va encontrando con nuevas aristas y parte de ahí para seguir desarrollando sus ideas, no está mal pero si creo que es un ejercicio al que le faltó una mayor intención que la mera contemplación de la niñez y su fugaz desaparición.

  • American Sniper
  • Boyhood
  • The Imitation Game
  • The Grand Budapest Hotel
  • Selma
  • The Theory of Everything
  • Whiplash

Best Performance by an Actor in a Leading Role para Eddie Redmayne por The Theory of Everything. Aunque Redmayne se notó conmovido con su papel y trató de disfrutarlo al máximo, su galardón evidencia la fascinación, y más bien vicio, de Hollywood por los actores que encarnan discapacitados. ¿Es tan destacable la actuación de Eddie Redmayne como para llevarse un Oscar? Posiblemente, si. ¿Pero justo? Pensaría que no. Tanto Michael Keaton como Steve Carell estuvieron realmente soberbios en cada uno de sus desempeños, siendo personalmente más que magnífico el de este último en Foxcatcher.

  • Steve Carell por Foxcatcher
  • Benedict Cumberbatch por The Imitation Game
  • Bradley Cooper por American Sniper
  • Michael Keaton por Birdman

Best Performance by an Actress in a Leading Role Julianne Moore por Still Alice. Más que merecidísimo por toda su carrera –los Oscar acostumbran dar reconocimientos no por el actual trabajo sino por anteriores donde se sintió hubo injusticia …y la lista es tan larga– pero este premio sorprende porque viendo la actuación de esta gran actriz, los calificativos que calzan su desempeño son de una calidad sublime: sensible, sutil, vital, auténtico y completamente; lo contrario a una ejecución melindrosa, chabacana o sensiblera que podría haber sido la salida fácil para enmarcar un tema como el Alzheimer.

  • Marion Cotillard por Two Days, One Night
  • Felicity Jones por The Theory of Everything
  • Rosamund Pike por Gone Girl
  • Reese Witherspoon por Wild

Best Performance by an Actor in a Supporting Role para J.K. Simmons por Whiplash. Interesante que esta categoría recoja todos sus candidatos del cine independiente. Todos. No hay mucho que decir, Whiplash de Damien Chazelle era una de mis favoritas y la historia se recarga tanto en Miles Teller como en la impresionante y genial actuación de J.K. Simmons

  • Robert Duvall por The Judge
  • Ethan Hawke por Boyhood
  • Edward Norton por Birdman
  • Mark Ruffalo por Foxcatcher

Best Performance by an Actress in a Supporting Role para Patricia Arquette por Boyhood una actriz del medio, de la industria a la cual le fue ofrecido un trabajo para evaluar en doce años; no es un trabajo fácil y sin embargo fueron sus hombros los que recibieron toda la responsabilidad del drama. El niño, Ellar Coltrane, vuelvo a mi crítica se le dedica tiempo en cámara de manera contemplativa, el espectador se sorprende con sus cambios pero su actuación es básica; Arquette por el contrario sufre, madura, cambia su físico –naturalmente– y recibe las mejores líneas de diálogo; el resultado una gran actuación en un periodo bien largo de su carrera.

  • Laura Dern por Wild
  • Keira Knightley por The Imitation Game
  • Emma Stone por Birdman
  • Meryl Streep por Into the Woods

Best Achievement in Directing para Alejandro González Iñárritu por Birdman. Sin entrar en demasiada controversia es un premio justo a un personaje inquieto que logra sobrepasar sus estancamientos creativos para traernos una interesante y divertida fábula de Hollywood. La industria del cine tratando de abrirse paso dentro de los críticos de teatro para validarse como arte y a su vez tratando de sobrevivir, seduciendo un público ajeno. Se le crítica el falso ‘plano secuencia’… ¡Cojan oficio! Esto es cine. Sí. Los artesanos han llevado a un nivel muy alto este arte pero el diálogo entre la imagen y el sonido para transmitir una emoción al espectador no tiene que ver con pericia, distinción u oficio. Lástima por Bennett Miller un gran director que de nuevo pasa de largo.

  • Richard Linklater por Boyhood
  • Bennett Miller por Foxcatcher
  • Wes Anderson por The Grand Budapest Hotel
  • Morten Tyldum por The Imitation Game

Best Writing, Screenplay Written Directly for the Screen para Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo por Birdman. Es interesante la apuesto de estos escritores de contar con un falso ‘plano secuencia’ una historia. A través de la historia del cine, el plano secuencia es un ejercicio de mucha dedicación y esfuerzo en su coreografía; personalmente, considero a Martin Scorsese como su máximo exponente, otros hablarán de escenas mucho más icónicas de Quentin Tarantino o más clásicas con Hitchcock o Griffith; el tema es que la esencia de esta cinta no es su técnica, se llega a esta forma de cinematografía precisamente por el encantamiento de su protagonista tratando de sobresalir en el mundo del teatro, del monólogo, del espacio al aire donde no hay cortes, donde simplemente se es frente al público y se acaba la pieza; un parafraseo de José Saramago y su intención del relato vivo sin comas o signos de puntuación. La cinta tiene inicio, nudo y desenlace; este desenlace es acorde pero inesperado, y bien desarrollado; entonces si es bueno o malo no cabe dentro de esta discusión. Mi otra favorita al lado de Whiplash fue Nightcrawler, una historia muy bien contada, muy bien actuada y con una destreza sorprendente, hubiera sido divertido un premio en esta categoría de consolación.

  • Richard Linklater por Boyhood
  • E. Max Frye y Dan Futterman por Foxcatcher
  • Wes Anderson y Hugo Guinness por The Grand Budapest Hotel
  • Dan Gilroy por Nightcrawler

Best Writing, Screenplay Based on Material Previously Produced or Published para Graham Moore por The Imitation Game. Si Hollywood es la corriente de lo establecido, la historia de Alan Turing en The Imitation Game era una obvia apuesta. Un científico, al cual se le puede atribuir el triunfo estratégico de la Segunda Guerra Mundial, verdadero inventor de la computadora y mártir por su preferencia LGBTI es tendencia en Estados Unidos y por supuesto era una gran favorita en esta categoría.

  • Jason Hall por American Sniper
  • Paul Thomas Anderson por Inherent Vice
  • Anthony McCarten por The Theory of Everything
  • Damien Chazelle por Whiplash

Best Animated Feature Film of the Year para Big Hero 6 de Pixar y dirigida por Don Hall y Chris Williams. Un buen producto que parece ser digno de su galardón; la verdad es que con sólo ver dos piezas es bastante complicado.

  • The Boxtrolls
  • How to Train Your Dragon 2
  • Song of the Sea
  • The Tale of The Princess Kaguya

Best Foreign Language Film of the Year para Ida de Pawel Pawlikowski (Polonia). Un divertido discurso el del polaco.

  • Leviafan de Andrey Zvyagintsev (Rusia)
  • Mandariinid de Zaza Urushadze (Estonia)
  • Timbuktu de Abderrahmane Sissako (Mauritania)
  • Relatos salvajes de Damián Szifrón (Argentina)

Best Achievement in Cinematography para Emmanuel Lubezki por Birdman. Repite este gran cinematógrafo mexicano que sigue dando lecciones de cámara, luz y encuadre. Si hay algo entretenido de ver en Birdman son sus encuadres; después, estos pasan por edición y color para lograr el falso plano secuencia pero es gracias a Lubezki, que entendió perfectamente el juego de Iñarritú, que le da la posibilidad a la peli de verse de esa forma. Lástima Deakins; raya definitivamente en lo absurdo; en Colombia se dice «que no me regalen pero que no me quiten», Lubezki puede ser muy bueno, y también ha tenido varias nominaciones (siete) pero Roger A. Deakins, nada más con sus nominaciones (doce) desde 1995, es toda una institución condenada al ostracismo de los Oscar.

  • Robert D. Yeoman por The Grand Budapest Hotel
  • Dick Pope por Mr. Turner
  • Roger A. Deakins por Unbroken
  • Lukasz Zal y Ryszard Lenczewski por Ida

Best Achievement in Editing para Tom Cross por Whiplash, la historia de un imponente y drástico profesor de música de una prestigiosa facultad de artes que apunta toda su atención en un joven baterista y de cómo este se deslumbra por la tutoría recibida. La peli es toda ritmo, percusión y balance. No podría haber un mejor candidato para esta categoría que Cross con la narrativa alcanzada en su montaje. Sobervio.

  • Sandra Adair por Boyhood
  • William Goldenberg por The Imitation Game
  • Barney Pilling por The Grand Budapest Hotel
  • Joel Cox y Gary Roach por American Sniper

Best Achievement in Production Design para Adam Stockhausen y Anna Pinnock por el diseño de producción y la decoración del plató (respectivamente) en The Grand Budapest Hotel. Uno le puede criticar en este momento muchas cosas a Wes Anderson en su excesiva puesta en escena pero a pesar de su estancamiento, la alabanza puede ser quizás puede mantener ese ojo y esa sensibilidad sencilla y pueril, tan propia de todo su portafolio. Sus cámaras como sus historias son tan propias como su imaginería, tanto Stockhausen como Pinnock lo leyeron perfectamente.

  • Maria Djurkovic y Tatiana Macdonald por The Imitation Game
  • Nathan Crowley y Gary Fettis por Interstellar
  • Dennis Gassner y Anna Pinnock por Into the Woods
  • Suzie Davies y Charlotte Watts por Mr. Turner

Best Achievement in Costume Design para Milena Canonero por The Grand Budapest Hotel. Al comienzo de la velada, se abren los premios con el nombramiento del mejor actor de reparto, luego vienen unas serie de premios que destacan la calidad técnica de los filmes y también junto con algunos importantes premios de cinematografía y banda sonora original, vienen una serie de premio que llamamos este año «los estéticos»; Canonero fue una de las primeras en revelar que El Gran Hotel iba a dominar esta serie de premios.

  • Mark Bridges por Inherent Vice
  • Colleen Atwood por Into the Woods
  • Anna B. Sheppard por Maleficent
  • Jacqueline Durran por Mr. Turner

Best Achievement in Makeup and Hairstyling la estatuilla fue para Frances Hannon y Mark Coulier The Grand Budapest Hotel. En versiones pasadas, esta categoría era dominada por artistas que con sutiles ajustes en los fenotipos de los actores lograban grandes transformaciones que potenciaban los desempeños de los mismos; esta vez se premio la excentricidad, extravaganza y peculiaridad que hacían de la historia del Gran Hotel una fábula rimbombante. Pensábamos que por lo anterior la gran favorita iba a ser Foxcatcher.

  • Foxcatcher
  • Guardians of the Galaxy

Best Achievement in Music Written for Motion Pictures, Original Score por su partitura original en The Grand Budapest Hotel, el ganador fue Alexandre Desplat. El francés, no sólo estaba nominado dos veces este año en esta misma categoría, sino que ya sumaba ocho anteriormente siendo, además del excelente trabajo de esta pieza, un gran reconocimiento a su excelencia desde principio de este siglo.

  • Alexandre Desplat por The Imitation Game
  • Hans Zimmer por Interstellar
  • Jóhann Jóhannsson por The Theory of Everything
  • Gary Yershon por Mr. Turner

Best Achievement in Music Written for Motion Pictures, Original Song al igual que el año pasado cuando Pharrell Williams prendió la noche cuando cantó ‘Happy‘, el público se emocionó mucho con ‘Everything is Awesome‘ de Shawn Patterson, la ganadora fue ‘Glory‘ de Lonnie Lynn (Common Sense) y John Stephens (John Legend) para la peli Selma.

  • Shawn Patterson por (‘Everything is Awesome‘) por The Lego Movie
  • Gregg Alexander y Danielle Brisebois por (‘Lost Stars‘) por Begin Again
  • Diane Warren por (‘Grateful‘) por Beyond the Lights
  • Glen Campbell y Julian Raymond por (‘I’m Not Gonna Miss You‘) por Glen Campbell: I’ll Be Me

Best Achievement in Sound Mixing los ganadores fueron Craig Mann, Ben Wilkins y Thomas Curley por Whiplash. Tercer Oscar de la noche, también a un nivel muy sensorial, para realzar lo dicho sobre esta gran peli.

  • American Sniper
  • Birdman
  • Interstellar
  • Unbroken

Best Achievement in Sound Editing premio de consolación para American Sniper que pasó sin pena ni gloria.

  • Birdman
  • The Hobbit: The Battle of the Five Armies
  • Interstellar
  • Unbroken

Best Achievement in Visual Effects para Paul J. Franklin, Andrew Lockley, Ian Hunter y Scott R. Fisher por Interstellar. Blanqueada parcial para Christopher Nolan que su peli fue reconocida en las categorías técnicas pero no se llevó prácticamente nada.

Best Documentary, Features para Citizenfour de Laura Poitras, Mathilde Bonnefoy y Dirk Wilutzky.

  • Last Days in Vietnam de Rory Kennedy y Keven McAlester
  • Finding Vivian Maier de John Maloof y Charlie Siskel
  • The Salt of the Earth de Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado y David Rosier
  • Virunga de Orlando von Einsiedel y Joanna Natasegara

Best Documentary, Short Subjects para Crisis Hotline: Veterans Press 1 de Ellen Goosenberg Kent y Dana Heinz Perry.

  • Joanna de Aneta Kopacz
  • Nasza klatwa de Tomasz Sliwinski y Maciej Slesicki
  • La parka de Gabriel Serra
  • White Earth de Christian Jensen

Best Short Film, Animated para Patrick Osborne y Kristina Reed por Feast.

  • The Bigger Picture
  • The Dam Keeper
  • Me and My Moulton
  • A Single Life

Best Short Film, Live Action para Mat Kirkby y James Lucas por The Phone Call.

  • Aya
  • Boogaloo and Graham
  • La lampe au beurre de yak
  • Parvaneh

Siempre que tengo una de estas largas pausas, guardo la esperanza de volver a tomar el mismo ritmo que tuve en el 2012 o incluso el 2013, años que dediqué con mucho ímpetu a este blog. Tal vez esta entrada sea noticia de ayer –de hace ocho días exactamente– pero es la sensación de haberme tomado este tiempo para hacerla lo que la hizo gratificante. Ojalá hayan disfrutado de esta versión de los Oscar e igualmente esta entrada.

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Captain America: The Winter Soldier

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La semana pasada publicamos la entrada de bienvenida a los estrenos de verano del 2014. En principio, iba a ser incluida la entrada de Captain America: The Winter Soldier pero en vista de lo particularmente atractiva que fue la pieza, es bueno decir que se merece una entrada aparte para hablar sobre ella.

Steve Rogers (Chris Evans), después de Nueva York, intenta adaptarse al mundo que le es extraño; busca a Peggy (Hayley Atwell) y trata de serle fiel a su nuevo comando en S.H.I.E.L.D. pero las cosas no son tan fáciles como aparentan. Por un lado, las directrices de S.H.I.E.L.D. van en contra de los principios de Rogers y en su pérdida de fe, la organización entera es atacada por un poderoso enemigo del pasado.

Marvel y Buena Vista han ido acertando golpes de suerte en su batalla en Hollywood por las taquillas y el dominio de las producciones basadas en comics. Básicamente, alentaron a Sony prematuramente a relanzar su franquicia del Hombre-Araña con The Amazing Spider-Man; un relanzamiento que parecía sólo hacer cambios en el fabuloso nombre del arácnido. Lo mismo pasó con Fox, que al igual que en Sony, está uniendo sus fuerzas creativas para armar universos cinemáticos independientes dentro de su reino.

Pero decimos que Marvel y Buena Vista han acertado golpes de suerte porque a medida que avanzan Las Fases del Universo Cinemático de Marvel diseñado por Kevin Feige pareciera que todo es infinitamente más frágil.

La gran ventaja de Marvel con respecto a DC es que desde su concepción fueron unificados en un mismo espacio y tiempo, Nueva York. DC y la mayoría de casas de comics, plantean sus héroes en la ficción y crean sus entornos como imaginarios; cuando por fin DC, en la crisis de los comics en los 80’s, decidió crear un sólo universo se vio en aprietos para explicar y hacerle entender a sus lectores fanáticos que Gotham, estaba al mismo nivel que Metropolis pero ahora eso parece irse tornando en una ventaja.

Elaboremos.

Marvel empezó sus intenciones de volverse un estudio productor de pelis sus propios comics allá en 2003 cuando estrenaron Hulk de Ang Lee y DareDevil de Mark Steven Johnson que fueron catalogados como grandes desastres de la industria del cine de comics.

El joven Kevin Feige decidió emprender una estrategia más agresiva y no sólo hacer un filme exitoso que generara una franquicia sino más bien porqué mejor no pensar en unir todo el universo en un gran megaproyecto comercial; lo que requirió del apoyo de un socio como Buena Vista para lograrlo.

En 2008, de la mano de Jon Favreau y Robert Downey Jr., el universo de Feige inició su Fase UNO con Iron Man; caló muy bien con la crítica, con los fanáticos y el renacer de Downey Jr. puso a Tony Stark como un líder natural dentro de Marvel; el as bajo la manga de Feige fueron los créditos finales que introdujeron a Samuel L. Jackson como Nick Fury presentándole a Stark La Iniciativa Avenger. Ese mismo año después de recuperar los derechos de Hulk, Marvel encamina a Louis Leterrier y Edward Norton (protagonista y guionista) en la realización del segundo filme de Marvel Studios con The Incredible Hulk; la fanaticada ruge fascinación por la interpretación de Norton como Bruce Banner; y Feige anota su segundo cuadrangular cuando al final de la cinta aparece Tony Stark hablando de La Iniciativa junto al General Ross.

–A pesar de lo desastroso que fue Iron Man 2– parece que de ahí en adelante todo fuera una gran historia–. Iron Man 2 juega con apariciones sugeridas del Capitán América; los agentes de S.H.I.E.L.D., Coulson (Clark Gregg), Fury y Romanoff (Scarlett Johansson), toman protagonismo; y, de nuevo al cierre de la cinta, Coulson devela el Martillo de Thor. Subsecuentemente, vino Thor de Kenneth Branagh y toda la trama para introducir su mundo, su universo y a Loki (Tom Hiddleston) –hasta ahora el mejor antagónico de su universo cinemático–; los mundos siguen compartiendo personajes y no sólo aparece Coulson como eje de la trama, también lo hace el agente Clint Barton o Hawkeye (Jeremy Renner); al final de la cinta, Fury le presenta a Selvig (Stellan Skarsgård) el Tesseract –en una escena filmada por Joss Whedon–. ¿Pero qué era el Tesseract? Unos meses más tarde Captain America: The First Avenger de Joe Johnston hace un arco de origen con Steve Rogers, introduciendo a Chris Evans como el capitán, enfrentando a Red Skull (Hugo Weaving) en 1945 y la formación maligna H.Y.D.R.A.; Red Skull basaba su poderío en el ocultismo junto a su científico jefe Arnim Zola (Toby Jones) y fue justo cuando encontró el Tesseract, una forma primitiva de la mitología escandinava, que se hizo realmente poderoso y temible.

Todo estaba en su sitio y Joss Whedon preparó el cierre de la Fase UNO con la reunión de The Avengers. Todo da frutos y en una sola cinta aparecen Tony Stark, Thor, Steve Rogers, Nick Fury, la agente Romanoff, Hawkeye, Coulson, por supuesto Bruce Banner y como base antagónica Loki y los Chitauri que termina siendo la peli más taquillera del año. El punto importante para resaltar es que Gwyneth Paltrow y su personaje Pepper Potts aparecen por la insistencia de Robert Downey Jr. pero Whedon no estaba convencido y da la siguiente razón: “uno necesita separar los personajes de sus sistemas de soporte en aras de crear el aislamiento que se necesita para funcionen en el equipo”. Suena como un gran entrenador y finalmente ese fue el puesto que obtuvo, dirigir globalmente todo el universo de Marvel en Buena Vista (MCU).

Se gestiona la Fase DOS del MCU y llegan Iron Man 3, Thor: The Dark World, los Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. y The Winter Soldier; se anuncian Black Panther, Doctor Strange, Ant-Man y Avengers 2: Age of Ultron; finalmente, se revelan las intenciones de la Fase TRES con Thanos como villano y Guardians of the Galaxy pero ¿por qué se siente que todo empieza a tambalear?

La primera razón es una sensación sencilla y natural con lo que Marvel ha intentado a toda costa hacernos creer y es que todas sus piezas están unidas en un sólo universo; precisamente, eso que los ha hecho fuertes se ha vuelto su mayor vulnerabilidad. No es posible entender las cintas de Marvel independientemente y separar, las cintas autónomas de las cintas de ensamblaje. Es ridículo. No funciona. En parte, por eso la extensión de esta entrada.

Empecemos por Iron Man 3, independiente de la buena calidad de su realización con Shane Black o el desencanto de la fanaticada de cómo usaron al Mandarin (Ben Kingsley) y a Aldrich Killian (Guy Pearce) el resultado fue desastroso; por un lado, surgieron preguntas como porqué si Stark se podía quitar el reactor no se lo había quitado antes o ahora que «ya no existe» Iron Man, cuál es la función de Stark dentro de S.H.I.E.L.D. o quién liderará los Avengers; por otro lado y sumado a esto, vienen otras inquietudes que no pueden ser sólo solventadas con simples nombramientos o cameos de personajes importantes, por ejemplo ¿The Avengers es un grupo tan frágil que para ese entonces ya se desintegró? Si Stark es atacado de la forma en que sucedió ¿dónde estaba Romanoff, Hawkeye, Fury o Steve Rogers? Compañeros de batalla, sellados en la amistad hecha más allá de una casualidad o ¿es que todo lo dicho no son más que una iteración de frases vacías? ¿Dónde estaba Bruce Banner? ¿Por qué sólo aparece al final de la cinta como un sicoanalista? ¿Acaso no es esta la mayor idiotez jamás escrita?.

No. La mayor idiotez aún estaba por venir y en otro formato: Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. Una serie de TV que ubica anacrónicamente un resguardo de agentes dentro de S.H.I.E.L.D. liderados por Phil Coulson; un equipo de desvalidos que tiene grandes potencias pero cero poderes sobrenaturales –por ahora–; a medida que avanza la serie sabemos que está ubicada después de Nueva York, después de The Dark World de Thor y antes de The Winter Soldier; la pregunta más obvia es la que sostiene la serie y es ¿cómo hicieron para revivir a Coulson? Pregunta que se responde al final de la temporada pero que deja un interrogante existencial clavado profundo dentro de las entrañas de Joss Whedon y que amenaza de muerte a Kevin Feige; con esa respuesta de cómo revivir a las personas ¿acaso alguien en este universo puede morir? Si no, apaque y vámonos.

Luego de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. –con el nombre más largo y rídiculo que haya escuchado para una serie televisiva; Cuando quiero llorar no lloro o Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha, telenovelas colombianas, ya no parecen tan extravagantes–, llega Thor: The Dark World. Una cinta autónoma que retoma el arco romántico entre Jane Foster (Natalie Portman) y el dios del trueno; aunque Alan Taylor está al frente de una gran decisión al sacar la historia de la Tierra, no resuelve el tema de porqué Foster no apareció en Nueva York y se mete en un problema aún más grande que se esparce virulentamente a todo el universo de Marvel ¿existe realmente un enemigo aparte de Loki capaz de poner en jaque a algún integrante de la Iniciativa Avenger? Sabemos que la muerte no lo es; tampoco otro «dios asgardiano»; y menos una invasión de alienígenas con poderosas armas y tecnología mucho más avanzada.

Esta última duda evidenciada en Thor 2, recurrente en toda la trilogía de Iron Man y el ensamblaje de The Avengers, se torna un absurdo y nos envuelve con un poco de frustración sumado a algo de desinterés, indiferencia y menosprecio.

Los hermanos Russo, casi olvidados en nuestros archivos con pelis como You, Me and Dupree o Welcome to Collinwood, hicieron una gran labor con The Winter Soldier. Siguen fallando en el tema del universo continuo pero imaginamos es el puñal de Whedon hablando con su «aislamiento para que funcione el equipo»; ¿no es increíble que en el peor ataque de H.Y.D.R.A., en una crisis tan grande como la de Nueva York, no aparezca Iron Man, War Machine, Hawkeye o Bruce Banner?

Sin embargo, y como ninguna otra cinta de Marvel, los Russo triunfan grandemente en varios aspectos.

El primer punto, es que con The Winter Soldier hay un vuelco hacia la sorpresa, hacia la perplejidad de las revelaciones del giro dramático y, así sean dos o tres los giros, no es una serie de sorpresas que nos mandan de extremo a extremo sino más bien consecuencia del giro anterior, por eso al final quedamos sin aliento y tensos en el desenlace.

Lo segundo es que por segunda vez, un villano es tratado con dignidad en la historia; ni siquiera en relación con la fidelidad a los comics, porque no hemos leído mucho acerca de los arcos del Soldado de Invierno, sino dignidad en el sentido que es una fuerza contraria e igualmente poderosa que amenaza el estatu quo del héroe y de sus compañeros. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Por primera vez, en el universo cinemático de Marvel, los personajes se relacionan con igual importancia en todo el universo; los agentes Fury, Hill (Cobie Smulders), Romanoff, Rogers se congregan de otras sagas y sienten amenazadas sus existencias. H.Y.D.R.A. renace como un gran grupo del mal tan pero tan importante que incluso es necesario un nuevo ensamble con los Avengers pero si es así repetimos ¿por qué no aparecieron?

El cuarto punto, no sabemos si trabajaron posterior a las críticas de Man of Steel, pero The Winter Soldier aprendió a congeniar con los puntos que no gustaron en su opositora; partiendo del hecho que Man of Steel es una gran cinta, las críticas opacaron un poco su éxito injustamente; El Capitán toma ventaja de ahí y se hace fuerte con un héroe que no asesina a sangre fría a pesar de cualquier circunstancia; no acaba completamente con una ciudad y a los pocos días aparece con una sonrisa dibujada en la cara; es responsable de sus actos porque es la imagen pura de Estados Unidos; y, finalmente, siendo una secuela enlaza muy bien puntos de la anterior salida, y justifica el hecho de una segunda o tercera parte.

A pesar de ciertos clichés, que realmente molestan en pequeños detalles de la historia, Los hermanos Russo, Marvel y Buena Vista lo hicieron realmente bien con The Winter Soldier pero desluce un poco lo ya hecho antes en la Fase UNO; no sabemos cómo vaya a atacar DC pero el hecho que la segunda parte de Superman involucre apariciones de Batman, Wonder Woman, Aquaman y otros de sus súperheroes podría ser un indicio de cómo aproximarían su propio ensamble y faltaría ver si en «las autónomas», como The Bat Man presupuestada para después del 2016, se cometen los mismos errores o se dan la libertad de hacer un relato anterior –en la línea de tiempo– de Superman para revisar estos temas con calma.

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White House Down

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En una trivia sencilla buscando secuestros, presidentes de los Estados Unidos y thrillers políticos sobresalen sólo tres cintas; Olympus Has Fallen, White House Down y Air Force One; me puse a revisar el tema sólo por curiosidad en vista que entre el dilema del qué fue primero, el huevo o la gallina, iba a dejar pasar las primeras dos. Es terrible cuando los estudios en esa carrera contra la taquilla se inventan un proyecto igual a su competencia y lo sacan lo más pronto posible para combatirlo con el de la idea original. Los ejemplos abundan Dante’s Peak tratando de vencer a Volcano, Antz a A Bug’s Life, Shark Tale a Finding Nemo, Deep Impact a Armageddon y Olympus Has Fallen a White House Down son sólo un par de ellos.

A veces logran salir muy cerca a la fecha de lanzamiento de su competidora, a veces simplemente logran salir con mucha anticipación pero siempre hay una regla que perdura: el afán sólo trae errores. No siempre salir primero ofrece la distinción y la calidad, repetimos el que hace la idea original tiene más claro el camino y de pronto se demora un poco más pero el resultado es siempre mejor que el de su competencia.

Me atreví a ver esta White House Down por varias razones pero la principal es que le guardo cierto respeto a Roland Emmerich; he visto desde Universal Soldier hasta 2012; unas han sido un delirio de entretenimiento como otras han sido lo más desafortunado -incluso- del año; de toda esa lista me gustó la ya nombrada Universal Soldier, Stargate, Godzilla y The Patriot, el resto simplemente o me aburrieron o no desarrollaron una idea interesante.

Hoy domingo les recomiendo ver White House Down. Está al alcance del PPV, de Amazon Prime o de Netflix.

Emmerich se reinventa en esta cinta y vuelve al entretenimiento sencillo, con escenas de acción impresionantes, otra vez la destrucción de la Casa Blanca -el teutón debe tener una fijación con esto- y una pareja interesante con Channing Tatum y Jamie Foxx –este último como el presidente de los Estados Unidos–.

¿En qué se diferencia de Olympus Has Fallen?
Emmerich mantiene la situación simple alrededor de sus dos personajes principales, el presidente y su agente protector; se van conociendo y tanto ellos como nosotros desarrollamos empatía. Por su lado, Antoine Fuqua –director de Olympus Has Fallen– hace su tesis más compleja y a la vez más trillada; su héroe mantiene una relación cercana con el presidente, con la primera dama pero sobre todo con su hijo; cada escena suma más melodrama a la trama, su héroe está lleno de corazonadas y una gran infusión de suerte sumado a actos divinos que logran que su historia llegue a buen término en un acto de estupidez solemne.

Pueda ser que White House Down abuse un poco de los giros de la trama pero los personajes son fieles a sus emociones y se desarrollan bien dentro de la tensión y estrés del ataque. En la batalla final, la de las taquillas, Emmerich/Sony lograron 205 millones mientras Fuqua/FilmDistrict bastante cerca se llevaron la no despreciable suma de 160 millones. La dupla de Tatum y Foxx es tan buena que incluso es comparada con Bruce Willis y Samuel L. Jackson y no es tan descabellado, hasta en el afiche Tatum aparece con el clásico esqueleto blanco con toda la suciedad de su odisea.

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