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Posts Tagged ‘Vacacion’

The Wife

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Quién es este Biörn Runge del cual nunca había escuchado?
¡Oh por dios!

No veía una obra tan bien elaborada, tan bien trabajada por sus actores y con tanta fuerza en sus líneas desde Closer de Mike Nichols, una de mis pelis favoritas a principio de los 2K’s.
La forma en que los actores se disponen frente a la cámara, cómo salen y entran en escena, focos y desenfoques que emulan el telón o simplemente una luz dirigida hacia uno de los personajes de primera línea para entrever su delicada psicología, nos hacen sentir incómodos pues esto no es una peli sino una obra de teatro. Y cuando Harold Crick entiende que su vida puede ser una tragedia o una comedia dependiendo de su desenlace al final de la peli, me hace recordar lo decepcionante que fue Stranger Than Fiction y lo interesante de esta silenciosa The Wife.

¡Quiero saber más de Runge!
¿Quién es Jane Anderson? ¿Por qué tengo en mi lista de pendientes su Olive Kitteridge?
¿Quién es Ulf Brantås? ¿Y por qué tengo en mi lista de pendientes su Tillsammans?

¡Qué intriga!
¡Qué ansiedad!

La historia de esta pieza en particular tiene un planteamiento sencillo, un autor reconocido por su larga trayectoria es interrumpido por una llamada de Estocolmo donde le informan que no sólo estaba confirmado que estaba concursando sino que en realidad es el ganador del Nobel de Literatura. Su celebración honesta y juguetona con su esposa termina con una pequeña desilusión en ella ¿Sabemos algo? ¿Nos perdimos de algo? Runge y Anderson nos empiezan a devolver a su pasado, a escudriñar entre sus detalles y recuerdos por pistas de esas gotas de amargura que nacen en el comportamiento de Joan Castleman, interpretada impecablemente por Glenn Close y con justa nominación a mejor actriz. Por su parte, el esposo Joseph, otro grande como Jonathan Pryce hace contrapeso para balancear esta fuerza de poderes actorales en pantalla. Poco a poco van apareciendo los actores de segunda línea que dan contexto a la pareja y alguno que otro extra de tercera línea haciendo parte de la utilería.

El quid sin dar más luces en una intrépida trama es entender porqué esta Juana de Arco, renuncia a la locura de emprender una heroica cruzada a cambio de refugiarse en “su castillo” y hacer de “su hombre de castillo“, valga la redundancia, un rey como genialmente lo expone en la cena de honores del Nobel precisamente frente al mismísimo rey de Suecia.

Fantástica.
Sin duda una de mis favoritas en estos premios de La Academia de este año, que estuvieron bien parejitas con los trabajos de Spike Lee, Adam McKay, Yorgos Lanthimos, Peter Farelli, Paul Schrader y el emocionante regreso de Florian Henckel von Donnersmarck. Ojalá pudiera hablar de todas… Pero no me alcanza el tiempo, intentaré ver las tres de la lista que aún me faltan y trataré de sacar (más tarde que nunca) el reporte de este año en la velada de Las Estatuillas.

Gracias por estar pendientes.

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Joker

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Dir: Todd Phillips
En una apuesta por ser completamente diferente a Marvel [Studios], Warner Brothers se arriesga con el guión de Todd Phillips y Scott Silver (en principio, el rumor iba con la producción de Martin Scorsese y Mark Wahlberg pero IMDb parece negarlo) para sacar adelante lo impensable, un arco narrativo paralelo a la corriente de Zack Sneider, Chris Nolan, sin necesariamente negarlos sino por el contrario… Igual que en los comix, abrir el portal a que un dibujante pueda esgrimir su historia, mediante una ligera conexión a la trama central pero con una propuesta que nos haga estremecer. Sin tener la obligación de un sólo ‘Universo Cinemático‘.

Yo sólo digo que Joaquin Phoenix es un artista que necesitaba desde hace mucho tiempo Warner en esta carrera de «comic exploitation».

* Ojalá nos haga pasar la página de Zack Sneider y olvidar, lo más pronto posible, su Lex Luthor de Jesse Eisenberg

Para la muestra este afiche y obviamente los corto-avances que genialmente han logrado publicitar:



Isle of Dogs

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Isle of Dogs no sólo parece ser mi favorita de los Oscar -recuerden que aunque me divierte la gran ceremonia de La Academia y que he aprendido a encontrar sus ganadores como adecuados para sus patrones, me encanta encontrar el que lleva las de perder porque casualmente tiene una gran riqueza en su factura-, es el que se espera que pierda, es el que guarda secretamente el testimonio de mejor peli del año.

Y aunque su calificación no es más alta que algunas de la ceremonia, la razón es que Wes Anderson y su Grand Budapest Hotel trajo decepción y engaño iconoclasta a mi hospitalidad como fanático de su obra. No soporté más su repetición inocua de imágenes y sensaciones, de giros y líneas aburridamente citadas como copias de su propio fruto. Y lo abandoné. Pero hoy Isle of Dogs me trae más que satisfacción al ojo, me trae esperanza en un nuevo proceso creativo del autor; un proceso que renace de sus propias cenizas y considera un camino novedoso.

Una selección de actores como siempre excelente con la noticia de primer plano a Bryan Cranston en su primer papel con el director -obviamente también a Harvey Keitel o Scarlett o Frances McDormand o Greta Gerwig o F. Murray Abraham o Ken Watanabe o incluso Liev Schreiber– pero Cranston llega como actor principal, como a su vez fue Bruce Willis en Moonrise o Fiennes en el Budapest Hotel o George Clooney en Fantastic Mr. Fox. Dichas voces se esfuerzan en un dramatismo de tonos sencillos conservando el relato de una fábula infantil y llega el éxtasis cuando reconocemos la nasalidad de su actor fetiche, una vez más dando pinceladas de genialidad en sus participaciones del guión.

Me encanta la mezcla de técnicas como recursos de narración temporal (ilustraciones de xilografías clásicas japonesas cuando se refiere el pasado); de planteamientos del epílogo (otra vez con ilustraciones esta vez más clásicas de la tradición japonesa transmitiendo contexto y algo de solemnidad); recursos de texturas audiovisuales (con las líneas en alto contraste negro-verde para mostrar las cámaras de video infrarrojo o las blanco y negro ‘cuasi collage‘ para mostrar las pantallas de tele en vivo); obviamente, todas contrastadas con las fabulosas estatuillas en «stop-motion» que describen el aquí-ahora de la historia.

Hay otros picos aún más altos dentro de la pieza como Desplat en la música, Tristan Oliver en la cinematografía o todo el equipo de montaje o producción de diseño. No es más alta su calificación por los mismos estándares planteados anteriormente. Nada previene o asegura que esta no sea sino un paréntesis, una chispa volatil, un yerro que se olvide en su siguiente diatriba.

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First Reformed

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Mi historia con Paul Schrader empieza casi desde mis propios inicios con el cine. Cuando mi papá me llevaba a la Sala Fundadores del Museo de Arte Moderno (conocido ahora como El MAMBo). En ese entonces fuimos a ver algo que se llamaba El Rastro de la Pantera (Cat People), una joda reerótica, con Natassja Kinski, sobre unas panteras atrapadas en un zoológico con una profunda necesidad de ir al mundo de los hombres; si mal no recuerdo, algo con la luna lograba transformarlas en humanos y estas bestias se camuflaban hermosas dentro de nosotros. ¡Una cosa de locos!

En esta historia de 2017, Toller, un cura de una capilla turística, se enfrenta a las dudas de su fe frente a la confrontación de un ateo que duda de si mismo y su ministerio, tanto así, que no quiere tener su propio hijo. El cura se ofrece a escuharlo y dar consejo mientras La Esposa acude al cura y le hace revivir todo el sufrimiento interno que tiene encubierto con osanas y padrenuestros; trata de buscar respuesta a sus aflicciones personales pero desencadena un peregrinaje hacia su propio Calvario.

La peli está bien. Le tuve muchas esperanzas porque es Paul Schrader, autor de Taxi Driver, Raging Bull, Cat People y The Last Temptation of Christ; no es cualquier aparecido de Hollywood; tampoco digo que sea su mejor producto desde City Hall o Affliction pero si se puede prever algo de su perturbada perspectiva que no va a terminar en un coro celebrando la anunciación del cura agarrado de manos con Amanda Seyfried, en una sencilla parroquia, centro de una disputa ambiental. Pero creo que se queda corta frente a todo el potencial. El nudo de la pieza, sin embargo, lo rescato porque se presenta de la forma más grotesca y gráfica que he visto en varios años. Toller, interpretado por Ethan Hawke tiene diagnosticada una severa gastroenteritis, tanto que se estima, a la falta de más exámenes, que pueda ser un cáncer; su reflexión personal sobre la vida y la muerte, la naturaleza y la corrrupción se da con un trago de un «single malt» mezclado con Pepto Bismol… La exquisitez del whisky, el vaso contenedor y la disruptora entrada del químico “aliviador” con densas burbujas hacen del trago algo duro de asimilar; tanto o más que el trago de destapacaños al final de la pieza.

First Man

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Una historia sobre el Apollo XI, en Hollywood, generalmente nos lleva a los datos técnicos, a la tensión de los errores, a la audacia de los astronautas para lograr su objetivo, a la fortaleza de sus personalidades para lograr la última meta. First Man cuenta lo mismo, y sin embargo, es una historia de amor.

¿Se acuerdan de esa peli con Charlize Theron y Johnny Depp? ¿Esa en la que el foco de la historia era la esposa sintiendo que su esposo era un alienígena? Bueno, lo impresionante del enfoque de Damien Chazelle para esta First Man es que Ryan Gosling, encarnando a Neil Amstrong -y repitiendo con Chazelle-, es un aliénigena en La Tierra. Tantos y tantos errores de la misión Gemini, pasando por los errores de la Apollo, no son en vano en esta historia. Cada desacierto fue un muerto, cada falta fue una mortandad, para que al final, el espectador pueda sumar 2 + 2 y pueda entender que cada misión fue una masacre, en pro de lograr una carrera para vencer al escarpado comunismo soviético que había ganado con creces cada uno de sus retos. Pero más importante, que Amstrong es el sobreviviente a cada una de estas misiones, sobreviviente a toda esta matanza -literalmente vemos una fila de actores reconocidos despidiéndose en cámara para darle paso al siguiente suicida-.

No es fácil entender la muerte como un paso hacia algo sencillo y designado. Incluso para un científico o un ingeniero, cuando las personas se esfuman como cerillas de fósforo, no es sencillo explicar porqué se sobrevive a cada prueba en la odisea. Amstrong es un mortal cualquiera. Ni siquiera es Ulises y ni siquiera es una persona -demasiado- sensible a los temas espirituales y mundanos pero el hecho de ver morir colegas como figuritas de un juego de mesa cambia la perspectiva del más racional.

First Man no relata la trama del primer hombre en tocar la faz de La Luna. First Man es la historia de la mujer que lo soporta. De sus hijos que no entienden qué pasa con su padre fantasmagórico, que haciendo presencia, no está. De los muertos que le dan un consejo pero se van, que le brindan un gramo de vitalidad y se esfuman. First Man no se trata del primer hombre en dar un paso en La Luna, se trata del primer hombre que sobrevivió a todas las equivocaciones previas de NASA y que su destino era ir y volver del mundo de los dioses, ese espacio negado para los mortales en su carcel de aire y gravedad. Neil Amstrong es un semidiós a la altura de Heracles o Perseo o Prometeo. No mató a la Hydra, no robó el fuego, ni redujo el Kraken a piedra pero si dió un paso en ese satélite que vemos todas las noches en nuestros horizontes y lejos de llevarse por el inmenso momento de su gran hazaña, logra con humildad describir su corazón. Un corazón que anhelaba librarse de las ataduras de su destino y volver a ser un mortal, después de honrar a sus héroes -sus colegas- para ser un esposo y ser un padre. Nada deseaba más.

La historia del cine casi que empieza con Georges Méliès con su Voyage dans la Lune (1902); al mismo tiempo, el hombre en La Tierra, como lo afina Gosling en una de sus líneas, aprendía a volar; ese mismo hombre que era condenado por sus errores y por sobrevivirlos se daba cuenta que en ese salto de despegarse del suelo y tratar de llegar a La Luna sólo habian pasado 60 años. Chazelle da un giro enriquecedor a la épica, nos aleja de Hollywood y su Apollo XIII, y nos adentra a una nueva mitología haciendo honor al semidiós y volviendo a la sensibilidad fantástica de 2001: A Space Odyssey, de la atrocidad que es estar en el espacio exterior para sobrevivir a ella.

Ryan Gosling… Meh!
Damien Chazelle, armonioso.
Las nominaciones de La Academia, bien. Pero creo que se les escapó mejor actriz de reparto, dirección y guión.

Mid90s

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Tenía mucha ilusión de ver esta primera peli de Jonah Hill.
Siendo, definitivamente, más adornada y sofisticada que Kids de Larry Clark y Harmony Korine en 1995, de veras de veritas, ¿qué tiene de buena y diferente, si en casi ningún aspecto es capaz de diferenciarse o distinguirse?

Trent Reznor y Atticus Ross, sin duda. El montaje de Nick Houy. Y la actuación de Sunny Suljic. Punto.

Parfum

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Una de las novelas más eróticas que haya leído en mi vida se transforma bajo la genial adpatación de Eva Kranenburg, Philipp Kadelbach (director) y Oliver Berben, en una serie de Netflix que podemos observar en el catálogo bajo el nombre de Parfum. Con un giro policiaco más dirigido hacia lo que haría Law & Order: Special Victims Unit o incluso Law And Order Criminal Intent, en la realidad del espectador no se sabe quién es Jean-Baptiste; esto hace la pieza realmente interesante y distante a la peli realizada por Tom Tykwer, más cercana a la literatura de Süskind . Sin embargo, romper la cuarta pared, con el libro de Süskind o incluso las escenas de Tykwer en el compu de la hermosísima Friederike Becht, hacen de esta propuesta algo inusual.

¿Toothless? ¿Roman? ¿Butsche? ¿de Vries? De pordiós ¿Elena? Cómo saberlo. Hasta el capítulo cinco, la serie aún divaga en el autor intelectual de los asesinatos.
Cómo saberlo si la serie apunta a qué cada uno de nosotros tiene un instinto asesino que delicadamente puede desatar una serialidad de atrocidades. Me encanta como la personalidad de Grenouille se ha dispersado en varios personajes de la pieza, tal como el final de la novela donde por exitación extrema, las partes de Jean-Baptiste han sido separadas entre sus más fanáticos seguidores. Cada uno tiene un motivo o una razón y a medida que avanza la primera temporada los perfiles se van desarrollando con pinceladas muy bien ejecutadas. A la altura del tercer episodio tuve mi primera apuesta, grandemente equivocada -o pues hasta ese momento lo fue pero las pistas de los realizadores fueron tan audaces como esenciales-.

El arte y la sensación de la fotografía están en una alta escala, destacándose las retrospectivas que son manejadas con una simulación de una 8mm, con los colores saturados y el punto reventado; la vida presente, una minuciosidad al detalle y los primeros planos. En las líneas, los alemanes en plena dialéctica de la patología psiquiátrica versus la interpretación del psicoanálisis.

Al final, es corta, muy divertida y entretenida.
Una salvación para la tortura que fue Roma de Alfonso Cuarón

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