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The Old Man & the Gun

28/04/2019 1 comment

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Trabajar con Robert Redford debe ser uno de esos retos de vida o muerte para cualquier cineasta o actor que quiera trabajar al lado de él después de la institución en la que se ha convertido con el Festival de Salt Lake City en Utah.

Y sí, Adrian Lyne no quiere a cualquier multimillonario para hacerle una Propuesta Indecente a Woody sobre su esposa Demi, aunque Redford se interna en The Last Castle como un pequeño pillo haciendo una picardía menor, Rod Lurie sabe que no es una figura cualquiera y le toca ponerle un buen contrapeso con Gandolfini y Delroy Lindo; en 2001, Brad Pitt empieza a madurar y no quiere ser sólo una cara bonita en Hollywood, le pide a Redford su testamento, en una carrera de doscientos metros planos con relevos, y él se lo pasa sin miramientos en Spy Game de Tony Scott y finalmente para no alrgar demasiado esta pequeña hipótesis, lo mismo pasa con The Clearing de Pieter Jan Brugge que ‘amarra’ a Redford – para que no haga mucho de lo suyo o por el contrario para que se sienta completamente tranquilo de hacer solamente lo suyo: hablar – y le pone compensación a la balanza con Willem Defoe y Helen Mirren.

El Festival le debe quitar mucho tiempo y no es una estrella que esté dedicada a hacer demasiadas piezas al año pero desde 1993, ha logrado realizar, nada más en ese lapso, 20 largometrajes, o sea, qué locura de personaje! Y sin ser para nada exagerado, cada una está delicadamente escogida para hacer una obra rica en emociones, buenas líneas de diálogo y una buena actuación – en forma de paréntesis, ahora que está en voga Avengers: Endgame, no en vano considero a Captain America: The Winter Soldier como la mejor peli de toda la era, con un sólido antagonista, una historia creíble, con fondo, estructura y tampoco es un azar que Anthony Russo y Joe Russo hayan sido designados para hacer Infinity War y Endgame. Son los escogidos por Marvel y Disney para sellar su era, los que se atrevieron a ponerle un poco de seriedad a la saga trayendo a una leyenda y manejándola a la perfección -.

Lo que me parece loable (o tan loable como Los Hermanos Russo) es que este joven temerario como lo es David Lowery, haya logrado convencer a Redford de hacer una peli Pete’s Dragon y logre convencerlo para hacer otra como The Old Man & the Gun, un Western como en otrora, chapado a la antigua perfectamente delineado para ser exquisito. (De Pete’s Dragon hablamos después).

Un bandolero robabancos tiene destinado una línea de atracos a bancos por todo el «Bible Belt» hasta llegar a Missouri al gran banco de St. Louis, La Reserva Federal. Planea retirarse después de ese gran golpe si es que lo permite el aguacil John Hunt que está a la cacería del peculiar bandido. Lowery, en extensión de su juego de Western pone al bandolero en un dilema, sobre lo bueno y lo malo. Para hacer contrapeso por el lado bueno está Casey Affleck, joven actor veterano de La Academia con Manchester by the Sea pero que se ganó mi adoración con The Killer Inside Me de Michael Winterbottom; por el lado malo, sus rufianes son el queridísimo Danny Glover y el espectacular Tom Waits. No le basta a la pieza nada más sino agregarle que está basado en una historia real de unos viejos pedorros, particularmente flemáticos y súper bizarros para que a esa altura de la vida sigan pendejiando con ideas de robos y atracos.

Como si fuera poco, al malhechor se le suma la historia de conquista de su damisela; la hermosa Sissy Spacek no podía ser otra que la pareja de Robert Redford.

¿No es suficiente invitación para verla, además de decirles que es una muy buena pieza de «heist-movie», «road-movie», western y de romance, ambientada perfectamente en el gobierno de Reagan como a mediados de los 80’s, con los colores y tomas propias de la época? Bueno, seguro que si les digo que para robarse un beso de la chica tuvo que esperar el momento adecuado, tal como lo haría con su banco y que saldría con éxito de la aventura, no habría cómo no adorar esta cinta.

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James Gandolfini (1961 – 2013)

20/06/2013 3 comments

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El actor neoyorquino por excelencia (Nueva Jersey para ser más exactos), James Gandolfini murió ayer después de sufrir un fuerte ataque al corazón a sus 51 años de edad, en la ciudad de Roma. Siendo un hombre joven y corpulento que parecía disfrutar de los cigarros y el whisky su muerte es prematura y nos aqueja una fuerte pena.

Recordado, y ahora inmortalizado, como el jefe de la familia Soprano, Gandolfini parece haber definido al gángster en casi todas sus últimas producciones. Su papel más simpático -obviamente después de Tony Soprano– es el de Winston en The Mexican; varias de sus líneas en esa peli las utilizo a diario como filosofía personal. Pero decir que se dedicó al estereotipo del gángster es una gran falacia. Si, su voz es característica, su acento italiano es más que inconfundible pero su trabajo con los Coen en The Man Who Wasn’t There, The Last Castle con Robert Redford, Where the Wild Things Are de Spike Jonze, Welcome to the Rileys o Cinema Verité desmienten la premisa.

En el blog no hablamos mucho de él pero en estos últimos años destacamos su desempeño en True Romance, Killing Them Softly, entre otras. De su representación como Tony Soprano logró tres Emmys, dos premios del Gremio de Actores, tres TCA’s (Television Critics Association) y sólo un Globo de Oro.

Nunca fue nominado al Oscar, los BAFTA’s o Cannes y sin embargo sentimos que otro de los grandes se va y lo vamos a extrañar profundamente 😥

The Conspirator

28/06/2012 2 comments

Hasta la semana pasada se mantuvo en cartelera una peli que no llamaba mucho la atención pero que fue dirigida por uno de los grandes, el señor Robert Redford.

Redford dedicado más a su festival de cine Sundance, ha ido menguando sus dosis histriónicas así como sus proyectos directivos. Como actor lo último que vimos fue Lions for Lambs en 2007, Spy Game en 2001 y la espectacular y clásica The Last Castle también en 2001. En su haber tiene ocho pelis como realizador así que esta reducción no se nota tanto pero también la última que le conocíamos era Lions for Lambs.

De Redford me gusta su posición crítica e independiente. Desde Quiz Show fue ácido con la ambigüedad de la moral norteamericana cuando un tramposo como Charles Van Doren fue tratado con benevolencia al justificar con pena que había aceptado el engaño en el que se vió envuelto como cómplice de la CBS, sólo porque su discurso de responsabilidad fue erudito, glamoroso y docto, obra de un gran intelectual. Esa sin duda fue una gran pieza. Su estilo al mismo tiempo es costumbrista y romántico, gran parte de su portafolio como director lo demuestra.

Mientras el pueblo norteamericano celebraba hace dos años, dos siglos del natalicio de Abraham Lincoln y los estantes de las librerías se llenaron de sus biografías y hazañas, Redford en vez de dedicarle una oda a su vida y obra, le regala con respeto un intento por descifrar la conspiración alrededor de su muerte. El centro de la historia, una mujer. Robin Wright interpreta a Mary Surratt primera sospechosa dentro de la conspiración, madre de John Surratt y anfitriona de Louis Weichmann, Lewis Payne y John Wilkes Booth -quien finalmente fue el que apretó el gatillo trás Lincoln-. Redford expone la cacería de brujas que surge de los yanquis más enardecidos queriendo ajuiciar porque sí y a toda costa a la señora Surratt. Su primer defensor, Tom Wilikinson, se da cuenta que por ser sureño su discurso va a ser tergiversado; Wilkinson como congresista logra seducir a Frederick Aiken -interpretado por James McAvoy– para que continúe la defensa del caso. El joven capitán inspirado por la búsqueda de la verdad arma un caso con lo poco que le permiten y se enfrenta a todas las prebendas de un juicio que sólo quiere saciar la sed de venganza.

Puede parecer lenta, en algunos momentos pobre en fotografía o incluso demasiado clásica en su narración pero esta cinta es un llamado de atención a todos los reaccionarios que nos rodean. Me encantó sobre todo la escena en que Danny Huston , con voz en off dice «inter arma, silent leges» (en tiempos de guerras, se callan las leyes) y Redford nos eneseña que justamente en esos momentos es cuando más cuerdos y más leales a la justicia, la ley y los debidos procesos debemos ser.

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