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Joker

Por fin podemos volver a abrir los ojos al universo completo de YouTube, Twitter, Instagram (y para los que siguen usándolo, Facebook). Por fin, está al alcance de nuestras salas de cine la peli más esperada de este año, sin lugar a dudas, para bien o para mal.

Esta reseña creo está libre de contenido revelador importante, así que tranquilidad que la idea es discutir sin tener que estropear la experiencia de otros.

Lo primero que quisiera decir es que durante todo este proceso de concepción, el más elegante de todos fue el señor Todd Phillips que se comportó como un verdadero «gentleman» y a quien desde mi anonimato le mando un fuerte aplauso y todo mi respeto; su finura para detallar el diario vivir del rodaje, la forma de interactuar con los más ansiosos, su forma muy distinguida de batallar en Venecia peleándose codo a codo con pesos pesados del cine independiente como Roman Polanski, Pablo Larraín, Steven Soderbergh, Noah Baumbach, Hirokazu Koreeda (ganador regente de Cannes), Atom Egoyan, para luego, salir campeón con su León de Oro y refortalecido a un estreno mundial.

Su frase el día del estreno: “Finalmente. Es ahora su peli“.
Le bajó al frenesí de la cuenta regresiva, los «teasers», los «trailers», los cortos, las entrevistas y ya. Una última publicación, un fotograma y silencio absoluto. Está en nosotros interpretarla.

Ahí está la esencia de esta pieza. Nos puede gustar o la podemos detestar (quién ¿? No sé. Es posible) pero lo importante es que no es una historieta más, no es una peli de superhéroes y ya, no llega al culmen del asunto con una invasión de extraterrestres extravagantes, no hay distinción de razas y superrazas, ni tiene una batalla épica de dos pueblos legendarios terrestres o espaciales; eso si es una historia exquisita dentro del Universo Creativo (no cinemático) de DC Comics/Warner Brothers, es por sobre todo un cómic de un drama humano, de un ser humano quebrado. Así su director y guionista trate a toda costa de negarlo.

Tal vez, lo pretencioso de Phillips no sea lanzarnos esa frase de cajón («no es mi pieza, es su arte») porque dentro de su aseveración hay algo de inseguridad genuina, su primer referente va a ser un mostro como Christopher Nolan -a mi parecer, nunca lo pudimos discutir porque nunca me animé a hacer una reseña completa de La Trilogía; sin embargo, los vacíos del Universo de Nolan se llenaban fácilmente con la exposición y la explotación de cada elemento de la producción, llegando a una tercera experiencia casi mediocre en todo sentido-. Entonces, lo realmente presuntuoso en Phillips es afirmar que no es una peli de género (o subgénero, como quieran). El Joker pertenece a un universo, a una realidad donde existe un hombre llamado Bruce Wayne, hijo de Thomas y Marta Wayne, asesinados en un callejón de mala muerte en Gotham y en una sociedad corrupta y putrefacta. Además es demente, impetuoso, visceral, perturbado y con una carcajada siniestra. Podemos estar de acuerdo que no se parece en nada a cualquier otro cómic de Marvel o su Universo Cinemático pero su eje narrativo, por el contrario, enlaza obras maestras de autores sinnúmero sobre este peculiar personaje. Negarlos es tratar de llevarse el crédito de todos ellos.

De acuerdo, hay un cómic de Brian Azzarello y Lee Bermejo que toman al Joker como antihéroe durante el noventa por ciento de la trama que no tiene nada que ver con esta pieza. Otro con gran protagonismo del Joker es Arkham Asylum: A Serious House on Serious Earth de Grant Morrison y Dave McKean pero de nuevo sin relación a este arco de origen. Las fundaciones del personaje de Phillips y su compañero de guión, Scott Silver, pudieran ir más de la mano de referencias cinematográficas que de viñetas. Pero no se puede tapar el sol con las manos, vamos a encontrar relación en las líneas de The Dark Knight de Frank Miller, y sobre todo en las de The Killing Joke de Alan Moore (o las ya referidas de Azzarello y Morrison) pero igual lo haremos con el Joker de Nolan porque al igual que en la versión del oriundo de Nueva York, ambas producciones estudiaron los cómix con un total respeto y vehemencia.

Uno de los grandes aportes de este par de artistas, Nolan y Phillips, se intersecta en esa misma definición del héroe en una cruda realidad, con la ventaja que Joker se permitió la licencia de una clasificación más adulta para su audiencia. Directamente significando más violencia gráfica, más líneas de contenido complejo y referencias audiovisuales más maduras/grotescas. Más «jokerianas».

Arthur Fleck es un personaje completamente anónimo en Gotham. No existe. Un ser indefenso, humillado, quebrado, un don nadie, un payaso. Su realidad obviamente desentona con la de Los Wayne por la naturaleza del contraste de la salvaje desigualdad en la que se cocina la ciudad pero lo realmente bonito de esta peli es que al centrar un eje narrativo en un personaje antagónico los demás personajes no pueden ser aún más malos, la solución más natural es que no hay persona(jes) totalmente malos o buenos, es bueno, encontrar la esencia del ser humano en cada uno de ellos porque finalmente son reflejo de lo que somos todo el resto de nosotros como su sociedad. Y así sus notas de delirio (no de reflexión) no son las de Azzarello, son más cercanas a las de Travis Bickle en Taxi Driver de Scorsese; una nobleza desencajada que termina siendo oprimida y violentada para después tomar desquite y fuertes represalias; una relación pasivo-agresiva típica de un sicópata. Sus sueños de ser comediante y alcanzar reconocimiento mediante una figura pública, si hacen parte del espectáculo televisivo de Miller en el Dark Knight pero lejos, muy lejos, si nos fijamos en las coincidencias con Rupert Pupkin de The King of Comedy también de Scorsese (que hace poco liberaron del catálogo de Netflix). Y finalmente, la esencia de la historia no está en las viñetas de Moore, la erupción del desvalido, la efervescencia de la neurosis y su proyección en una turbamulta enardecida son pilares de la crítica de Network de Sidney Lumet.

Es un homenaje a Nolan, a Hans Zimmer y a Wally Pfister desde las esquinas y de igual a igual con Lawrence Sher de director de fotografía (desde The Hangover) y con las partituras de Hildur Guðnadóttir, la chica islandesa que nos cautivó en Arrival y The Revenant.

Que si me gustó el desempeño de Joaquin Phoenix como Joker ¿? Mucho. Tanto como el trabajo de Frances Conroy, Robert De Niro y Brett Cullen más bajos en protagonismo pero con destellos de genialidad en la misma realidad y tanto me gustó el trabajo de Phoenix que cambié mi disfraz de este año y quiero intentar hacerle un homenaje en octubre. Que si me pareció este Joker mejor que el de Nolan ¿? Se tornará bizantina y no creo que tenga sentido particularmente esa discusión, acalorada, mucho, entretenida, si, pero a lo que debemos llegar es que ni podemos juzgar a quien abrió el camino (Cesar Romero), a quien le devolvió el estatu dramático (Jack Nicholson), al que nos enamoró (Heath Ledger) y que el verdadero descache es Jared Leto con un Joker vacío, simple e inofensivo. Ridículo en todo sentido.

¡Véanla en cine!
Vale mucho la pena.

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Philip Seymour Hoffman (1967–2014)

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Sólo han pasado unas cuantas horas, ni siquiera un día, y aún permanece chocante la noticia de la muerte del actor neoyorquino Philip Seymour Hoffman. Independientemente de las condiciones de su muerte, que le son más pertinentes a los tabloides, el vacío que deja del actor es amplio y vasto -también basto-. Con el paso del tiempo los directores, escritores y actores van haciendo de sus vidas artísticas un espacio para despedirse; largas trayectorias generalmente van acompañadas de esperadas desapariciones pero no cabe en la cabeza una muerte tan impactante como la de un actor que a sus tempranos 46 años, con perfecto dominio de su arte y de incuestionable talento haya desaparecido tan súbitamente.

Discutiblemente la mejor peli de su carrera, Capote le brindó por primera vez la posibilidad de liderar un reparto y La Academia lo benefició con su primera y única estatuilla; después vinieron nominaciones por Charlie Wilson’s War, Doubt y The Master -en lo personal, lo mejor de su último repertorio- pero en ninguna obtuvo al final un Oscar; también hubo muchas ceremonias que ausentaron su nombre, porque vale repetirlo sus capacidades eran monstruosamente impresionantes, como por ejemplo su trabajo en el último proyecto del maestro Sidney Lumet, Before the Devil Knows You’re Dead, el áspero y cretino entrenador de Moneyball, el papel hecho para su horma en The Talented Mr. Ripley de Anthony Minghella o todo el desempeño al lado de su director favorito Paul Thomas Anderson (Hard Eight, Boogie Nights, Magnolia, Drunk-Punch Love).

La mayoría de su trabajo fue desarrollado desde la barrera del actor de reparto, pero ver su nombre en la marquesina era sinónimo de calidad tanto en la comedia (Along Came Polly), el drama (Synecdoche, New York), las cintas de acción (Mission: Impossible III) o el cine independiente. Tal vez allá, en sus raíces del cine indie, donde fue mayormente reconocido, recae uno de sus desempeños más memorables como el tímido Allen en Happiness del director Todd Solondz; Hoffman en Happiness recreó un amplio espectro de un personaje introvertido, perturbado y conmovedor pero su suficiencia tan sólo sería reconocida en los Spirit de 1999.

Paz en su tumba.

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Take Shelter

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Para hablar de Take Shelter de Jeff Nichols, necesariamente se debe hablar de Michael Shannon. Shannon por primera vez me impresionó en Revolutionary Road de Sam Mendes, un papel pequeño, sin mucha fuerza en la historia pero que Shannon abrazó y le valió su única nominación a los Oscar, que perdería con Heath Ledger. Antes había tenido otros papeles, con grandes directores también, Before the Devil Knows You’re Dead de Lumet, Bug de Friedkin, entre muchos otros. Su figura es impresionante, y su mirada con esos ojos saltones y su ligero estravismo le proporcionan una presencia oscura y sicótica sin mucho esfuerzo.

Su historia con Nichols se remonta a Shotgun Stories -primera pieza del escritor-director- y desde entonces hay un pequeño encantamiento entre el realizador y su actor preferido, donde el proceso empieza desde la misma aprobación de la historia por parte de Shannon, cuando Nichols le muestra los primeros bocetos de guión.

La primera y segunda vez que vi Take Shelter pensé en un sicótico, con rasgos esquizofrénicos, delirios y alucinaciones. Una versión muy literal de la cinta que basa su historia en la enfermedad que desarrolla Curtis en un pueblo del medio oeste norteamericano. Me fascinó su fotografía (Adam Stone), la ambientación musical (David Wingo) y la sutileza de los efectos especiales para dar el sentido tensionante de sus sueños, convertidos en pánico y paranoia cuando Curtis estaba despierto. Hace poco la repetí y la asociación me llevó, esta vez, a Noé como referencia. Un hombre aislado de su comunidad, que siente profundamente que su familia se ve amenazada por una tormenta tan grande, que le urge confeccionar con prontitud un resguardo lo suficientemente seguro para todos. Es juzgado, vilipendiado y de cierta forma humillado por sus alucinaciones hasta estallar en neurosis cuando es confrontado. Sus miedos más profundos empiezan a alejar a los amigos y conocidos pero su lucha se hace más fuerte cuando sus pesadillas penetran su grupo familiar, conformado por su esposa Samantha (Jessica Chastain) y su hija Hannah (Tova Stewart) -no se salva ni el perro-.

Take Shelter puede ser catalogada como una peli de profundo suspenso pero es a su vez una historia llena de ternura, la historia de este hombre que tan sólo busca proteger su familia a toda costa y del profundo amor de su esposa que incondicional, también a pesar de todo, busca la forma de apoyarlo, cuidarlo y ayudarlo a buscar una solución sensata a todos sus miedos. El final es indescriptiblemente conmovedor y abierto. Una exquisitez para cerrar con broche de oro.

Nichols presentó el año pasado Mud -que aún esperamos ansiosamente en Colombia-, que a la postre se catalogó como la mejor cinta norteamericana en Cannes, incluso peliando por una Palma de Oro. Para los que aún no conocen apartes de la producción, oficialmente la semana pasada salió una segunda versión de su corto:

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Miguel Vaca, Trailer, Vacacion

Directores

El fin de semana me puse a revisar los directores que hemos destacado últimamente en el blog por sus recientes lanzamientos o cortos comerciales. Como decía en esa entrada, no va a ser fácil porque el blog lleva un poco más de dos años y la lista está muy grande, entonces aunque logré ir bien profundo aún queda mucha tela por cortar.

Juan Felipe Orozco

Carlos Esteban Orozco

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Todos Tus Muertos

Una de las cosas más importantes que está experimentando el cine colombiano es el vuelco de la mirada como industria, y lo discutíamos el viernes con Alejandro Ramírez. Obvio, pero re-obvio, que hace falta mucho camino por recorrer pero de nuevo estamos teniendo impulso, de nuevo el público vuelve a creer y de nuevo estamos llenando las salas.

Un aporte importante es que la calidad de las pelis independientes ha subido mucho su nivel y que el número de pelis comerciales no se ubican estratégicamente sólo el 25 de diciembre. Por el contrario hay una buena cantidad de piezas comerciales e independientes y lo mejor es que en el horizonte viene otro camionado. Por un lado hay que apoyar el cine comercial, ese que no nos gusta tanto, ya que en su buena sombra come el independiente, el contestario, el alternativo, el que renace con la industria. Lo divertido es que el cine independiente colombiano (y lo decíamos hace poco) no es completamente mamertario, hay comedias, hay thrillers y hay costumbrismo.

Todos Tus Muertos de Carlos Moreno se presenta en cartelera esta semana y no la tiene fácil. Su lanzamiento compite con nada más y nada menos que el capítulo final de Harry Potter, la segunda semana de Transformers y a mucha gente que le gusta el cine también le gusta el fútbol y estamos en plenos cuartos de final de la Copa América. Bueno, entonces es de alabar que en este fin de semana que pasó las salas estuvieron bien llenas mostrando este largometraje: Felicitaciones.

Hace como tres o cuatro meses, no me acuerdo ya, me topé con el afiche de esta peli y me encantó. Me recordó que tenía que hacer la entrada de Sundance porque estaba concursando (con beneplácito supe de sus logros), me pareció muy divertido el corto y, finalmente, me llenó de mucha expectativa (ahora que vi la peli de pronto fue demasiada).

Lo primero que hay que aportar al espectador ingenuo que va a ver la peli sólo viendo el corto es que no es una comedia y está lejos de serlo. En medio de la desgracia, en medio de la ignominia, suceden cosas tan aberrantes y tan desquiciadas que el sarcasmo y el humor negro afloran, sí, pero no es comedia.

El “Bizcocho” interpretado por Álvaro Rodríguez es un campesino agregado en una finca de un pueblito del Valle del Cauca que trabaja cultivando maíz y un domingo cualquiera después de alistar su casa y pegarse su desayuno arranca para el campo a desyerbar los cultivos. Se encuentra con una montaña de muertos arrumados en medio del maíz y empieza el calvario porque peor que ser responsable de una masacre es ser inocente y testigo.

Me gustó. El mensaje es claro, no se pone con rodeos por el contrario es directo y adornado de un exquisito humor. No es una peli para todo el mundo y las expectativas se deben mantener bajas porque tampoco es la mejor peli del cine colombiano sin embargo el riesgo y la calidad de la fotografía es bien divertida (con razón ganó Sundance Diego F. Jiménez mejor cinematografía). Tiene un estilo setentero cercano a Lumet o Truffaut donde el diálogo es muy teatral y entonado, a veces no gusta pero tampoco es que opaque la peli en general. No es un cine al que estemos acostumbrados pero vale la pena y además seguimos apoyando la incipiente industria que se va acomodando.

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The Tree of Life

Definitivamente tengo que volverme a ver The Tree of Life; lo que pasa es que creo que voy a perder mi primera impresión en salas, que puede llegar a ser bastante diferente si espero hasta que la traigan a Colombia. The Tree of Life no es una peli fácil de asimilar. Cuando la ví, tenía la cabeza llena de muchas reflexiones porque anduve mucho tiempo pensando en filogenia, taxonomías, especies, teorías de evolución, conservadores radicales y, obvio, creacionismo. Me sentí golpeado fuertemente por lo profundo de su pensamiento y creo poder alcanzado tan sólo un décimo de todo lo que quiso comunicarnos. Muchas de las críticas que he leído al respecto abordan parte de la trama y dañan profundamente su sentido acompañándose de contenido revelador (igual uno pudiera saber el final y de pronto la sensación de la peli no cambia) voy a tratar, sin embargo, al máximo de mantener la trama en el planteamiento más plano considerando su futura experiencia.

Terrence Malick es su realizador y es un escritor-director bastante particular. Contrario a Hollywood y sus directores, Malick en sus cuarenta y dos años de experiencia cinematográfica (su primer corto oficial es de 1969) ha realizado tan sólo cinco largos (por poco y The Tree of Life es parte de su ópera prima pero si analizamos bien la cosa The Thin Red Line de 1998 si es el final de ella) de los cuales me he visto The Thin Red Line, The New World y esta su última producción. Su estilo deviene de su técnica, a pesar de ser tan meticulosa se siente un estado de libertad y libre albedrío encantador, no es reconocible al primer golpe, uno repite sus pelis y va levantando capas y capas, unas veces son detalles de su escritura, otras veces es simbología entrelazada entre las tomas y otras finalmente son detalles que sobresalen por su sencillez y grandeza que al final se concentran fuertemente en crear lazos de empatía entre el espectador y la historia, Malick es maravilloso creando sentimientos estéticos. Justo cuando nos acercábamos al abismo, al final del género de autor presenciando la muerte de los grandes como Lumet, aparece resonante este llanero solitario. Se ganó su reciente publicidad al haber peleado codo a codo con Melancholia de Von Trier en los Cannes de este año (de pronto si Von Trier no hubiera sido tan bocón y tan infantil tratando de llamar la atención a toda costa el resultado hubiera sido diferente) donde finalmente Malick se llevó la Palma de Oro. Dos posiciones existencialistas bastante interesantes, una clara y la otra oscura, una creacionista y la otra apocalíptica.

Hay muchos afiches que andan rodando por la red, me encanta este que escogí por múltiples razones; la sencillez de una foto y sus créditos principales, el piecito del recién nacido que al acercarse muestra la complejidad fractal de sus arrugas y la captura hermosa de lo asombrosa que es la vida colmada en un piecito frágil y delicado. La trama se desarrolla a finales de los 50’s en una subirbia promedio de los Estados Unidos a través de varios veranos se conoce la historia los O’Brien, una familia típica conformada por el padre (Brad Pitt), la madre (Jessica Chastain), y sus hijos (Hunter McCracken, Laramie Eppler). Pareciera que no hay protagonistas, pareciera la historia de una sóla cadena de ADN transformándose o adaptándose a medida que pasa el tiempo. Los ojos de Jack maduro (Sean Penn), el hijo mayor, son los mismos de él cuando era pequeño (admirable trabajo de selección de reparto a cargo de Vicky Boone y Francine Maisler) pero más importante sus ojos son los mismos de su padre y el resultado es el paso de dos generaciones, apenas cincuenta años, una millonésima parte de nuestra existencia en la Tierra comparada directamente con el planeta, el universo mismo, un universo que ha pasado de ser gas y volatilidad, a un complejo conjunto de galaxias, estrellas, planetas. Y así como uno detalla el pie del recién nacido, así mismo como uno detalla la historia de nuestro planeta con sus asombrosos animales y sus impresionantes plantas, la profundidad contemplativa es alucinante.

Esta es tan sólo la primera capa, yo logré descifrar dos capas más que involucran parte del desenvolvimiento de la trama entonces por ahora me quedo con ellas. La peli vale mucho la pena vérsela en cine. Yo fuí afortunado y la ví una sala súper gomela, gigante, con una proyección impecable (el mismo Malick exhortaba a sus compañeros proyeccionistas con una serie de especificaciones para que nuestra experiencia fuera mejor que incluía potencia del bombillo proyector, audio, área de proyección y sonido). Allí lo más impresionante o lo más destacado fue la apreciación majestuosa de su ambientación musical, un trabajo impecable de Alexandre Desplat (The King’s Speech, Fantastic Mr. Fox) con una orquestación que seguramente Alejandro Ramírez disfrutará al máximo 😉

Ya comenzó muy bien con Cannes, no se donde más se vaya a presentar pero seguramente será protagonista en los Oscar del próximo año de pronto con unas diez nominaciones (director, película, guión original, música, mejor canción, mejores efectos especiales, mejor mezcla de sonido, mejor montaje, mejor actor principal para Pitt, mejor actriz principal para Chastain). A la peli se le crítica mucho la falta de un hilo conductor, creo que es un tema discutible pero importante al fin y al cabo.

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No es casual, o por lo menos no me parece que así lo sea, que la peli empiece con una panorámica vertical que termina en un contrapicado mostrando las columnas dóricas de lo que parece ser un juzgado (después se aclara que son los juzgados criminales de Nueva York). No es casual que llegado al punto máximo, se haga corte al interior del juzgado en una posición de picado y se comience un recorrido de cámara para mostrar un día normal dentro de las cortes en un plano secuencia hasta llegar a un tribunal donde se juzga a un muchacho de 18 años que es acusado de apuñalear a su padre.

Digo que no es casualidad porque su creador es Sidney Lumet y esta peli es la primera que representa el paso del director de la TV al celuloide. Por un lado es la idea perfecta para la introducción de un caso judicial el cual se quiere explorar de lo general a lo particular. Otra forma de verlo es un tanto más frívola que quiere demostrar que el realizador sabe usar a cabalidad los medios que se le disponen. Sin embargo, y creyendo que las dos suposiciones anteriores son ciertas, la razón de este juego de cámaras no es más sencilla que la descripción por parte del autor del interior de uno de los edificios que actúa como fundamento del sistema judicial de los Estados Unidos, que a su vez es metáfora del cimiento sobre la cual está erigida la justicia norteamericana. Ahora bien, esa metáfora no está trazada sólamente en la forma pero su fondo tampoco es el debido proceso, ni un juez justo, ni la posibilidad de acceder a una defensa así no tenga con qué costearla, ni la premisa que todo acusado es inocente hasta que se demuestra lo contrario, la comparación se hace en el último eslabón del proceso: La deliberación del jurado.

El jurado es un cuerpo de personas escogido para presenciar un proceso judicial de manera imparcial para someter un juicio o una pena al ente acusado. Es ley que el resultado de ese juicio sea unánime, es decir, que la totalidad de las personas envueltas en la emisión del dictamen estén de acuerdo en que es culpable o no-culpable (aquí también hay otra figura bonita del proceso, al presumir de una manera francesa que nadie es completamente inocente, simplemente libre de culpa de los cargos que se le imputan).

En fin, el jurado de este joven de 18 años es un grupo de 12 hombres típicos neoyorquinos, típicos norteamericanos, que entran en un dilema cuando once de ellos piensan de un sopetón que es culpable y el último restante no está seguro de tomar su vida en sus manos de una forma tan ligera e inócua (al declararlo culpable de los cargos, el joven enfrentaría directamente la silla eléctrica por ser responsable de asesinato en primer grado). Este personaje, un arquitecto de mediana edad, vestido de lino y bien afeitado, da la sensación de representar a la clase media alta, educada y progresista de Estados Unidos y se debe enfrentar con argumentos al resto de la población que es desconsiderada, grosera y con pocos fundamentos sobre la culpabilidad del muchacho, tan sólo una sed de venganza ciega que se sobrepone sobre cualquier razonamiento.

La peli tiene un ritmo extraño, con movimientos de cámara no muy convencionales logra airear lo que básicamente es un sólo espacio durante toda la peli, doce personajes y un sólo dilema. Sin embargo Lumet y su compañero de cámaras por casi una decena de títulos, Boris Kaufman, se arriesgan a seguir filmando con planos secuencias que pueden agregarle cadencia a la historia y hacerla lenta. Si me lo permiten, creo que el final es predecible pero la argumentación y el desarrollo de los personajes son guiños que nos permiten sobrepasar ese infortunio sin tantos inconvenientes. Muchos de ustedes podrán o no aburrirse con los argumentos judiciales, para mi es un placer ver este tipo de pelis por la reconstrucción de los hechos, de chiquito era fanático de Perry Mason y The Paper Chase y era básicamente de lo que se trataban ambas series (incluso Quincy con Jack Klugman curiosamente uno de los doce hombres en cuestión). Sin embargo, esta peli no tiene reconstrucción de los hechos gráfica, escuchamos las versiones de cada uno de los personajes, nos hacemos una idea del caso y la revisamos una y otra vez a lo largo de la peli hasta que casi sabemos cada uno de los detalles expuestos por la fiscalía, es un dialogo sincronizado entre los personajes, sus líneas y nosotros como espectadores, incluso hay un momento de la peli que el arquitecto le habla a la cámara y nos involucra genialmente en el diálogo, no somos más espectadores, conocemos el caso perfectamente y nos pregunta cuál es nuestra opinión.

Como es costumbre el reparto de Lumet es reconocido por su actuación. Henry Fonda es aclamado como mejor actor en los BAFTA’s y Lee J. Cobb nominado en los Globo como mejor actor de reparto. Lumet no le va nada mal consiguiendo ser nominado en los Oscar, BAFTA’s y Globo como mejor director de una película dramática y logrando Oso de Oro y premio OCIC en la Berlinale. Muy buena peli que entra inmediatamente en el segundo puesto de mi lista de filmes de este querido maestro.

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