Action, Auteur, Brit, Exploitation, Indie, Internet, Miguel Vaca, Movie, Serie B, Steve McQueen, Thriller, Vacacion, World

Widows

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Cuando uno se refería, no hace mucho, a Steve McQueen uno pensaba en persecuciones, acción y mucha emoción, gracias a que en el portafolio del nacido en Indiana se encuentra The Great Escape, Papillon, The Towering Inferno y, por supuesto, la así denominada persecución automovilística más intensa del mundo del cine, Bullitt. Pero ahora (sobre todo porque el actor lleva casi 40 años de muerto), su homónimo ha retomado la voz de los cinéfilos como un director serio y de culto.

Por eso cuando escuchamos que McQueen, el director irlandés, saca una nueva pieza en cartelera llamada Widows y que tiene como reparto a Viola Davis, Michelle Rodriguez, Elizabeth Debicki y Liam Neeson, pues uno se hace a la idea que es otra historia de método, dramática y bastante seria. Hasta este punto uno tan sólo llega a intrigarse porqué no aparece Michael Fassbender en esta lista, su actor fetiche durante toda su ópera prima.

Aún así, no bien se expone el planteamiento de la historia, algo no cuadra. A Neeson se le junta Jon Bernthal, Garret Dillahunt, un tal Manuel Garcia-Rulfo y Colin Farrell. El reparto, la trama y el tono parece ahora más la esencia de Taken, The Grey o Unknown. Presenciamos lo realmente insólito de esta pieza: Steve McQueen, el director de culto dramático irlándes está desarrollando una peli tipo Steve McQueen de Indiana. Una «heist-movie». Boquiabiertos y sin aliento presenciamos esta maravillosa experiencia. Ya no importa nada. Importa todo. Cómo se desenvuelve McQueen en unas arenas movedizas como estas y si logrará salir adelante de su zona de confort, son las dos dudas que revuelan nuestra mente.

La historia es sencilla. La peli se llama ‘viudas‘ por las esposas de unos malhechores a quienes algo les sale mal en su último trabajo y terminan muertos. Las deudas las aquejan y deciden continuar con el siguiente trabajo planeado en agenda. Punto. Un planteamiento directo.

Hay escenas que sobresalen por su peso. La relación de Veronica (Davis) con Harry (Neesom) está cargada de una imaginería exquisita. Artilugios completos de McQueen y Sean Bobbitt, que repite como su director de fotografía, así como, Joe Walker cierra este triángulo al ser otra vez el encargado del montaje (Hunger, Shame, 12 Years A Slave). Aún así, por sobre todo el material, me queda grabada una escena en particular; Jack Mulligan (Farrell) es un candidato como edil del Distrito 18, después de dar un discurso mediocre en un lote baldío y de ser inquirido por un molesto periodista sale corriendo a su carro; la escena se torna un plano secuencia con voz en off entre Mulligan y su asistente personal (Molly Kunz); el diálogo es tan cercano a la aclamada escena entre El Cura y Bobby Sands de Hunger; no hay cortes, todo se elabora en los tonos y la interacción de respuestas entre los actores, cada uno se alimenta del otro y es cuando por primera vez el personaje de Kunz se descuaderna y discute de tú-a-tú con Mulligan. Para mí esta escena paga la boleta. Además que la simbiosis entre McQueen y McQueen es completa porque esta escena parece parte de una persecución.

Entrelíneas, dejando atrás la historia del robo (que no deja de ser anecdótica), McQueen tiene un discurso político fuerte. Por un lado, sigue trabajando con irlandeses, parece un dato menor pero hay una respuesta de origen en su declaración. Luego, más hacia adentro, hay una crítica hacia los políticos de origen irlandés en su forma de presionar y de conseguir sus términos, casi que la metáfora se hace directa con JFK. Y finalmente, apoyando el movimiento #MeToo, lejos de hacer una mamertada, otro golpe de opinión es que su reparto es una historia de tres, cuatro, incluso cinco chicas que se quedaron sin sus proveedores; no cualquier tipo de proveedor, uno violento, abusivo y desleal; en vez de quedarse cruzadas de brazos se imponen en un trama machista y sobresalen, para bien o para mal en el desenlace de la pieza.

Nota personal: Escojo precisamente el afiche de versión francesa porque le da poder de imagen a las chicas en vez de sus contrapartes

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12 Years A Slave

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Cuando una peli desata tantos comentarios, buenos y/o malos, uno se arma una imagen que la mayoría no corresponde con la que se observa en una sala de cine. Prevenidos íbamos –por lo menos yo–, cuando fuimos a ver la última realización del británico Steve McQueen porque sin dudarlo 12 Years A Slave es la favorita este año tanto en la industria convencional de Hollywood –con nueve nominaciones al Oscar, nominaciones por doquier en los SAG, el gremio de directores y el gremio de productores– así como de la parte independiente –con siete sendas nominaciones en los Spirit–.

Es cierto, es una gran pieza; es un gran despliegue de actuaciones y cada detalle en la cinta es áspero, conmocionante, perturbador.

Seis cintas nominadas a ser las mejores están basadas en personajes reales –no se qué diga eso frente a la creatividad de los autores pero por lo menos esas seis deberían ser analizadas de manera diferente en contraste con el resto–. Solomon Northup fue un músico neoyorquino de principios del siglo XIX que era reconocido por sus habilidades con el violín y que llamó la atención de dos inescrupulosos que lo drogaron, lo secuestraron, lo vendieron en Washington como esclavo y terminaron cambiando su destino como el Negro Platt.

Durante 12 años, Platt pasó por diferentes plantaciones del sur de Estados Unidos, mayormente haciendo de carpintero, colectando algodón y cortando caña de azúcar. El bestialismo con el que fue tratado amainó la esperanza de ser libre pero nunca extinguió su llama. 12 Years A Slave recrea las memorias de este personaje y nos recuerda lo increíblemente estúpidos que hemos sido los seres humanos en momentos oscuros de nuestra historia. Los eventos relatados son anteriores al periodo de 1861-1865 que significó la Guerra Civil de los Estados Unidos precisamente por diferencias económicas frente a temas como la esclavitud.

McQueen es un gran director y en un tema tan delicado no se va por las tangentes sino que es pornográficamente elocuente, es decir, es gráfico y es implacable. Su discurso certero hace que cerremos los ojos en algunos momentos asfixiantes, experimentemos escalofríos cuando la carne se desprende de la piel y los huesos pero es fiel a su estilo parsimonioso y pausado que hace que cada momento sea aún más duro, es como si le echara sal a una herida abierta y profunda. Dos escenas nos encantan de McQueen en su estilo, la conversación del cura y Bobby en Hunger hasta que se consume un cigarrillo y New York, New York cantada por Sissy en el bar frente a su hermano en Shame; ambas demuestran, como hemos explicado anteriormente, el profundo descaro de los tiempos de exposición y madurez para tomar el toro por los cuernos para dominarlo; en 12 Years A Slave de nuevo hay muchas escenas que describen a la perfección la factura del londinense pero nos quedamos con Chiwetel Ejiofor, interpretando a Northup, descolgado de un nudo de horca, apenas sostenido por la punta de los pies en un barrizal; el juego de planos con el que llega el protagonista es claramente brutal pero McQueen quiere más y haciendo eterno el paso de la jornada, nos quita el último de nuestro aliento para dárselo directamente, casi de boca a boca, al casi extinto ahorcado. Una escena no menos que genial.

Dicen que la crudeza de McQueen satura la pantalla y que no estamos preparados para ver más y más de lo mismo sobre la esclavitud, ¿no estamos cansados de ver pelis y pelis de nazis como los más horrendos criminales de la historia? ¿No estamos acaso cansados de ver los lastimeros y lacrimosos melodramas judíos que los enfrentan al Holocausto? ¿No estamos cansados de presenciar como los conquistadores exterminaron a los aborígenes en toda América? ¿No es absurda la bellaquería con la que la iglesia católica quiere tapar el sol de La Inquisición con las manos untadas de sangre y dinero? O lo peor, ¿la única forma de ver estos horribles exámenes de nuestra historia son a través del humor negro y la socarronería de Quentin Tarantino? Espero que esto no sea cierto porque querría decir que se acabó en parte el cine, un arte de contar historias, que así sean las mismas, ha de estudiar de qué forma poder contarlas de diferente forma.

Este año no la tuvieron fácil ninguno de los jurados para dar su veredicto. Chiwetel Ejiofor es grande en su protagónico pero lo es aún más Michael Fassbender, ¡qué berraco para lograr ser odioso y despreciable! Los complementan perfecta y armónicamente Sarah Paulson, Paul Giamatti, Paul Dano y hasta Benedict Cumberbatch en sus pasmosas actuaciones; la fotografía y los encuadres de Sean Bobbitt son un despliegue delicadísimo de una perfecta narración; y hablando de narración, el montaje usado en la pieza es un rompecabezas que hila las memorias de un personaje profundamente estresado que no ve su pasado como una línea recta sino que vivió su presente recordando el pasado e ilusionado con el futuro –esa fue la interpretación de McQueen con Joe Walker–, es grato, gratísimo, ver como no es necesario el cierre de capítulos diciendo ‘un año después’, ‘tres años después’, ’12 años después’ sino que las sutilezas en el decaimiento del semblante de Ejiofor o las finas apariciones del pelo encanecido hacen todo el trabajo; seguramente esta pieza no es mejor que The Wolf of Wall Street o Her pero si sobresale del resto con gran prestancia; aclarando esto y siendo tan fino como lo fue McQueen durante su realización su mayor pecado es la indulgencia con su productor estrella Brad Pitt que es realmente lamentable e infortunado en su papel –y eso que soy gran fanático de la mayoría de sus interpretaciones–, tanto que uno pierde el sentido de seriedad que ha venido desarrollando en el relato y simplemente se le desvanece; ojalá que esto no le cueste la estatuilla.

Dos cosas para cerrar. Vamos a tener gratas sorpresas en los Oscar y 12 Years A Slave va a ser protagonista; y segundo la descalificación de Hans Zimmer por supuestamente usar acordes de Inception en esta partitura es simplemente infantil; las tonadas sombrías de la pieza encajan perfectamente en la narración, roban los escalofríos requeridos y generan el ambiente necesario para que los sentimientos fluyan como fluyeron, si es o no es parecida a Inception –lo siento mi oído no da para ello– es irrelevante o ¿es que el eterno pastiche de John Williams ha sido muy original?

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Auteur, Österreichisches Kino, Drama, Folk, French Cinema, Indie, Michael Haneke, Miguel Vaca, Movie, Romance, Vacacion, World

Amour

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De nuevo aparece Haneke en los Oscar. Otra vez como favorito en la categoría mejor peli extranjera pero además, este año, redondea con otras cuatro nominaciones: mejor peli del año, mejor guión original y mejor actriz principal para Emmanuelle Riva -de este pequeño resumen sólo me queda acotar que si Riva está nominada por una soberbia actuación, Jean-Louis Trintignant no se queda atrás y debiera también estar en el ramillete de calificados a mejor actor; de ser así, dentro de los cinco por ahora me sobraría Bradley Cooper-. Si Trintignant hubiera sido nominado, Amour sería mi favorita para ganarse los «Big Five».

Amour es una dolorosa narración de dos viejos que se adoran y viven tranquilos en un apartamento de París hasta que un día Anne se queda mirando al infinito y parece no estar consciente del entorno por unos instantes. Georges le habla, la llama, abre el agua del lavaplatos, moja un trapo y le aplica una compresa de agua fría y ella no responde. Se angustia, no sabe qué hacer, va a cambiarse para pedir ayuda pero justo entonces Anne reacciona y vuelve en sí. La genialidad de Haneke está en que a partir de ese momento y hasta el desenlace no sucede mucho más pero su narración solemne, contemplativa y casi de voyeur nos sumerge en una relación empática con estos dos personajes. La música no es importante, la decoración no es importante, los personajes secundarios no son importantes, la fotografía no es importante tan sólo este par de viejos amantes desolados, con sus miedos y sus angustias son lo importante en la extraordinaria historia de Haneke. -No me malentiendan, el realizador audazmente utiliza el silencio de los cuartos con un «boom» en primerísimo plano; el escenario es un apartamento perfectamente reconocible como parisino y de un par de octagenarios acomodados en una clase media alta; la participación de la empleada, el casero, el concertista e incluso la hija y el yerno aparecen en dosis pequeñas pero increíblemente bien sumistradas; las cámaras dispuestas en planos generales con planos secuencia redondean unos largos y profundos diálogos entre los personajes, muy parecidos a los picos carcterísticos de Steve McQueen en Hunger y Shame; todo esto para al final realzar la enternecedora relación entre este par de amantes-. Amour es esa llave del agua del lavaplatos que se quedó abierta de principio a fin de la peli; es evidente, es molesta, es angustiante, es consciente del paso del tiempo y es relajante cuando por fin se cierra.

Michel Haneke es un veterano austriaco que ya hemos revisado en este blog (La Pianiste, Das Schloss, Das weisse Band, Funny Games (y su versión norteamericana Funny Games U.S.). Tal vez no hayamos podido ahondar más en su portafolio para poder identificar más detalles de su ingenio pero las piezas que hemos podido observar dan fé de su audacia como escritor y como director. Junto con grandes del cine alemán, Haneke continúa en esa antítesis del neoexpresionismo frente al vertiginoso sistema de comunicación del cine comercial. Amour es una apuesta impecable de gracia, agudeza así como de suficiencia y habilidad. Lo que podría llegar a ser un acartonado retrato termina siendo un grotesco cuadro impresionista.

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A Dangerous Method

Hace ya tres semanas que fui a ver A Dangerous Method de David Cronenberg en cine y aún la están rotando en ciertas salas de la ciudad. La estuve esperando demasiado y creo que debo reconocer que después de mucho pensarla, después de mucho analizarla, no la entendí.

No digamos que quedé «plop», como dicen mis amigos chilenos, pero no estoy muy seguro esta vez de las intenciones del maestro y me pierdo en su retórica casi como cuando vi Naked Lunch

La producción se puede jactar de las interpretaciones de sus protagonistas que son bastante buenas. Sin embargo, Viggo Mortensen nos ofrece un papel sencillo que no reta demasiado sus capacidades, casi secundario, y que al contrario parece resaltar sus anteriores ejecuciones al lado de Cronenberg, con esta por debajo de sus estándares. Keira Knightley tuvo por el contrario un desafío muy vasto al tener que esforzarse para demostrarse frente a cámaras como una mujer con una patología obsesa por el sexo, además ser creíble en su neurosis y su manía para luego ir mitigando su condición hasta volverse una par de sus mentores; es creíble y su reto frente al espectador es cumplido con creces. Michael Fassbender cierra el triángulo, casi erótico entre estos tres personajes.

De nuevo vemos a un Fassbender absolutamente mimetizado en otro papel súper diferente interpretando a Carl Jung, un colega de Sigmund Freud que lo sobrevivió y se volvió a su vez pilar del psicoanálisis. Fassbender aparece muy emperifollado con un acento estilizado, una forma de comportarse bastante hermética e igual así desaforado, frenético y lujurioso con un deseo indomable por el personaje de Knightley, muy diferente al David de Prometheus, Brandon de Shame, Magneto de First Class o Bobby Sands de Hunger.

Howard Shore y Peter Suschitzky impecables siempre en equipo con el maestro.

Pero Cronenberg, aparte de la soberbia dirección de actores que desarrolló en esta pieza, no lo veo en su esencia más allá del conflicto paternal entre Jung y Freud o la mitigación de la ninfomanía de Spielrein hacia su ilustre personalidad como ya habíamos dicho. No me llenó y de pronto lo que necesito, al igual que sucedió con Naked Lunch, son sesiones de repaso, una y otra vez. Cronenberg esta vez se basó en dos obras para descifrar el guión; una fue la novela de John Kerr A Most Dangerous Method y la obra de teatro The Talking Cure de Christopher Hampton. A mi parecer se pierde en la definición del psicoanálisis y termina con una interesante pero estándar historia de amor de época.

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Österreichisches Kino, Miguel Vaca, Poster, Vacacion

Afiches más Destacados

La razón de esta entrada generalmente es recordar afiches que nos causaron una buena impresión y de pronto redescubrir porqué lo hicieron. En esta oportunidad, cada uno de los afiches aquí montados pertenecen a reseñas de pelis ya vistas pero en sus versiones alternativas. Algunas realizadas por fanáticos, otras por ilustradores profesionales que no estaban muy de acuerdo con la versión original y otras que sencillamente me encontré por ahí.

Unas versiones son muy bonitas y espero les guste de nuevo la selección que hicimos 🙂

Artist: Tomer Hanuka

Realizada por un aficionado

Realizada por un aficionado

Realizada por un aficionado

Realizada por un aficionado

Realizada por un aficionado

Artist: Ken Taylor

Artist: Tyler Stout

Artist: Wally Yourmum

Artist: Ken Taylor

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Prometheus

Antes de ver esta peli recomiendo 100% ver con anterioridad todo el material colateral que se creó alrededor de ella como expectativa e incluso una incursión, si es posible incluso, a Alien. Son ilustraciones que resuelven ciertos rincones del universo de Prometheus que no se tocan en la peli misma.

Peter Weyland TED 2023 Talk

Happy Birthday David

Tampoco hay que preocuparse por el material revelador (spoilers) de algunas críticas o reseñas: Scott no da una respuesta directa a ninguna de nuestras cuestiones simplemente crea este nuevo universo independiente y anterior a toda la saga para unirlas todas maravillosamente como ninguna otra precuela lo ha hecho con sus respectivas franquicias.

En mi humilde opinión Prometheus está más encaminada en generar dudas y es tan buena haciéndolo que aunque existen vínculos claros entre la franquicia original (Aliens) y esta cinta, como The Weyland Corporation, los alienígenas parasitarios e incluso «los ingenieros» y su tecnología, es un gran error tratar de unir Alien y Prometheus. Mientras este último filme de Ridley Scott plantea la gran inquietud de biólogos, teólogos y hasta ufólogos sobre el origen de la vida en La Tierra, Alien es una apología a la supervivencia y la problemática socio-política del enclaustramiento.

Había pensado que el tema del creacionismo sugerido por Scott era una fatalidad dentro de la historia –cómo se le ocurre a este gran director echar para atrás años y años de conocimiento «darwiniano», somos el biólogo cuestionando la tesis de Shaw-Holloway al principio de la sesión informativa- pero a medida que avanza la historia, surgen las mismas dudas y no queda resuelto si es un dios, un aliénigena o la evolución natural de nuestro planeta lo que generó la chispa de vida terrestre. Es decir, quedamos en las mismas, lo cual hasta cierto punto es bueno.

Para finalizar el tema de la trama, Prometheus nos inquieta, desde los mismos corto-avances de la cinta, con quiénes son estos ingenieros, porqué nos acompañaron durante tanto tiempo, porqué nos odian tanto y qué es ese planeta del cuál recibimos sus coordenadas. Sin resolver esto, Scott claramente abre una brecha para una secuela o una serie de ellas y lo más interesante no es siquiera una segunda parte hacia los destinos de esta historia misma, por primera vez en la historia del cine -creo- podría afirmarse que la dirección indicada para una precuela es una precuela de la precuela y que siguieramos avanzando hacia atrás resolviendo The Weyland Corporation, los androides, las investigaciones de Shaw-Holloway, los sumerios, los babilonios, los egipcios y volver de nuevo a los ingenieros. ¿Cuál camino tomará finalmente la franquicia? ¿Scott seguiría al frente? No lo sabemos pero definitivamente es un proyecto increíble.

¿Es Shaw/Noomi Rapace, una figura femenina tan poderosa como para compararla con Ripley/Sigourney Weaver? Definitivamente. La actuación de la sueca es desgarradora, retadora, emotiva y sin duda heroica, grandes cualidades que Scott supo resolver a través del guión de Jon Spaihts y la megaestrella Damon Lindelof -figura del equipo de J.J. Abrams en proyectos como Lost y Star Trek.

Pero a nivel de reparto por encima de Logan Marshall-Green, Sean Harris, Idris Elba, Guy Pierce o las mismas Charlize Theron y Noomi Rapace, está de nuevo Michael Fassbender deslumbrándonos. Parece imposible que se pueda superar su desempeño como Bobby Sands en Hunger, Connor en Fish Tank, Brandon en Shame o camuflarse más que el Teniente Archie Hicox en Los Basterdos, Burke en Jonah Hex o Magneto en First Class. Pero ahí esta este germano-irlandés con una actuación impresionante de un androide, un poco amanerado, sicótico, con un lado tan ocuro como un nazi y aún con una fascinación fanática por Lawrence of Arabia. Una locura de personaje en la cual se basa toda la intriga de Prometheus y que nos recuerda a sus previos-posteriores Ian Holm y Lance Henriksen, grandes androides de la saga. No me extrañaría en absoluto una nominación a los Oscar después de su forzada ausencia este año.

Hubiera sido muy divertido haber visto esta peli en IMAX pero al parecer estamos muy de malas con la distribución de este formato en Colombia. Lo hice en 3D y fue maravilloso (recuerden el truco de comprar al centro muy adelante). La espléndida fotografía de Dariusz Wolski es majestuosa en planos generales o intrigantes y oscuros en recintos cerrados. Su acercamiento a la fotografía de Alien es muy cercana obviamente ayudado por un excelente trabajo del diseño de producción de Arthur Max que permite admirar a Prometheus como una verdadera y creíble historia cronológicamente anterior -una de las quejas más profunda que tengo sobre los primeros episodios de Star Wars-. Me hubiera gustado eso sí que Wolski no hubiera sido tan tímido con sus primeros planos, Scott en sus filmes tempranos, como Alien o Blade Runner, abusa deliciosamente de ellos y casi le dan su rúbrica tan particular a nivel de estética.

Prometheus es una gran peli. Discutirla con fanáticos ha sido tal vez lo más interesante de ella y sus vacíos pueden ser lo más valioso dentro de la franquicia.

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Shame

Es increíble la poca resonancia de esta cinta en los círculos más prestigiosos del cine. Tan sólo una nominación para Fassbender en los Globo de Oro. La peli paso casi inadvertida no sólo en los Oscar y los BAFTA’s igualmente pasó en los decepcionantes Spirit de este año donde sólamente obtuvo una nominación a mejor director.

Como sabemos esta es la segunda ronda de este equipo liderado por el Steve McQueen, joven promesa del cine británico que ya nos trajo Hunger, y Michael Fassbender, su actor fetiche y garantía de todo su drama en la pantalla. Su química es tan grande y tan impactante que ya firmaron su tercer proyecto juntos llamado 12 Years A Slave y que incluyen a otro grande como Brad Pitt siendo desde ya mi peli más esperada para el próximo año.

Shame es la desgarradora historia de un adicto al sexo viviendo plácidamente en Nueva York y de cómo se perturba su estatu quo con la súbita llegada de su hermana a la ciudad. Sus rutinas se ven alteradas, su percepción de tranquilidad se ve amenazada y la relación misma con su hermana empieza a hundirse en un hoyo muy profundo. Al igual que en Hunger el poder de McQueen para controlar la bestia, mostrarnos todos sus planos y todas sus secuencias en ese ritmo parsimonioso es un gran espectáculo. No tiene prisa en absoluto y sus largas tomas o sus planos de una sóla toma se han vuelto parte inconfundible de su estilo donde el actor es el centro y su diálogo su utilería. La osadía del director para usar este tipo de secuencias expresan su profunda madurez en la pantalla y nos da la sensación misma del renacimiento alemán con todo su neo-expresionismo. Si en Hunger la escena del cigarrillo con el cura nos tomó por sorpresa y nos robó el aire que respirábamos, Shame podría darnos dos o tres ejemplos de la misma calidad. Sin embargo me quedo con la escena de Carey Mulligan cantando su cadenciosa “New York, New York” sensualmente pausada, con un perfecto sentido del tono y con un poder escalofriante en cada uno de nosotros. La letra cala tan profundo que casi rompemos en lágrimas al mismo tiempo que Fassbender.

La historia no es para nada sencilla, es densa y tiene muchas aristas para analizar. Por lo mismo, lejos de ser una pieza aburrida, la historia además tiene unos delicados juegos de tiempos matizados en una perfecta sincronización en el montaje cuyo responsable es Joe Walker, a quien conocemos de Harry Brown y de la misma Hunger. Unos planos evocados casi como suspiros nos mandan de un lado para el otro y se nota la acuciosidad de cada detalle tanto en la narración como en los diálogos o el maquillaje.

En serio, no entiendo el desparpajo de las grandes ceremonias al blanquear de esta forma esta cinta. Dicen que el pensamiento parroquial de Hollywood vetó la cinta y a su protagonista por la publicidad que venía adquiriendo; en teoria, los continuos planos de desnudez frontal de Fassbender elogiaban las dimensiones de su miembro y que en este sentido no veían con buenos ojos que una cinta de este calibre empezara a resonar en el medio. Si fuera por la MPAA no se me haría raro en absoluto y los aliento a que no se la pierdan en cine; anoche la ví y aunque tiene buena taquilla los distribuidores siempre nos pueden despertar con una amarga sorpresa.

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