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Dumbo

Una de las pelis que desde el principio censuré para #JAMEsSofía fue Dumbo de Walt Disney. Una peli animada, estrenada en el contexto de los años 40, con un fuerte contenido de burla, humillación y matoneo.

Cuando Disney Pictures, en su corriente de rehacer todos sus clásicos «live action», anuncia el lanzamiento de la pieza del elefantito de orejas grandes pues obviamente tampoco quería que se le mostrara esta a mi hija. Estábamos hablando con Tomás Cerón que también tiene un par de hijos de la edad de #JAMEsSofía y me dijo que tenía que verme Dumbo, que esa peli era dirigida por Tim Burton y que yo era fan de Tim Burton y que no había lógica en no verla.

Bueno, pues Robert Stromberg había hecho una gran labor con La Bella Durmiente de Maleficient en 2014, qué peli buena esa; en 2016 la actualización que hace Jon Favreau de The Jungle Book, sin giros simplemente sumando los poderes de Bill Murray como Baloo, Ben Kingsley como Bagheera, Idris Elba como Shere Khan además de Lupita Nyong’o, Scarlett Johansson, Giancarlo Esposito pero sobre todo Christopher Walken como el King Louie y su magnífica canción ‘I Wanna Be Like You‘:

Hubo otras como La Bella y La Bestia de Bill Condon en 2017, que no pude empezarla con tanto cancionero, La Sirenita de Blake Harris y Chris Bouchard en 2018 que está en Netflix pero que me dan cero ganas de ver y Cenicienta que aunque la empezó Mark Romanek, la terminó finalmente Kenneth Branagh en 2015 y es la historia que más me aburre dentro del portafolio de Disney por el contenido machista y el perfil súper anticuado de la princesa. Hasta ahora caigo en la cuenta que Burton ya había trabajado en Disney con Alicia que sin ser mala, se empantana en el ingenio del realizador que no define bien si quiere adaptar o quiere enriquecer la historia.

Sin embargo, de nuevo a la charla con Tomás, le contaba que había visto King Arthur: Legend of the Sword -ya no le dedico tantas horas a saber de los proyectos de los directores que me divierten- y me sorprendió primero que la dirigía Guy Ritchie y segundo lo fresco que estaba, en la suya, con una historia tan alejada a lo que hace pero con una cultura londinense que amoldó perfectamente a sus zapatos; luego se arriesgó a hacer Aladdin y la sacó del estadio, en serio, una excelente apuesta de Will Smith como El Genio, Jazmín saliéndose del esquema de Princesa Disney y una narración, controlada, pero sin duda àla Ritchie.

Me animé.

Puse Dumbo de 1941 de un lado mientras veía la Dumbo de Burton del otro ¡Pucha! Recordé cada momento con ese elefantito animado. Qué horror. Por un lado las intrigantes e hipócritas compañeras de la Señora Jumbo que si les permitían el chisme eran las mejores amigas pero si se les ponían los puntos sobre las íes desplegaban sus lenguas viperinas y llenas de odio; después la burla del público en el escenario y en las jaulas el mote de Dumbo (en inglés Tontón, Estupidito o incluso aún más fuerte si entendemos que Dumb puede ser un calificativo para una persona muda, el hijo de la Señora Jumbo no habla porque es muy tímido, es ‘recién nacido‘ y se mofan de su posición de discapacidad¿?), el único aliado era un ratoncito que le enseñó a aprovechar sus condiciones y volar como ninguno.

La peli de Burton es una locura de ambientación. Me explico. No parece muy grande que Tim Burton el niño-no tan niño- genio de lo oscuro y lo excéntrico pero que se refiera a la peli original, que es de los años 40, y desarrolle una pieza en un estilo completo del Art Decó, que podía ir desde la imaginería de los carteles de la época al futurismo casi de los 50 es increíblemente bonito. Para esto es vital su inmortal compañero Danny Elfman que en la música me gusta decir que a Burton le ofrece un oscurantismo mágico, y en esta temática de circo, fanfarria.

Lo segundo que hay que apreciar es su reparto que desde Dark Shadows ya no tiene presente a Johnny Depp ni a Helena Bonham Carter -siendo indulgentes y asumiendo que la segunda parte de Alicia en 2016, Through The Looking Glass no es suya aunque prácticamente es una copia de la primera parte, ayudado en gran parte por su rol de productor en la pieza-; dicho reparto ha venido rotando unas veces con Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Krysten Ritten y resaltando como es su costumbre leyendas del cine como Martin Landau, Terence Stamp o Judi Dench; en Dumbo, vuelve a trabajar con Susie Figgis quien trae un reparto con el que él se sienta más cómodo, que se sienta reconocido y fértil como con Danny DeVito, Michael Keaton, la misma Eva Green que es la única que uno alcanza a dilucidar como el satélite en estos siete años y experimentando por primera vez con Colin Farrell; al lado de ellos sus figuras de reconocimiento incluso pueden ser los mismos Danny DeVito y Michael Keaton pero creo que en esta oportunidad es Alan Arkin el homenajeado.

¿Qué hace tan especial Dumbo de Tim Burton? A diferencia de Alicia, que fue un proyecto creado para que él lo dirigiera y lo que se sintió fue un efecto iconoclasta, el ambiente circense y de «freaks», por el contrarrio, es un caldo primigenio para el realizador. No es un ambiente predispuesto para él, está controlado, está medido, se divierte en las sutilezas, no es superlativo como Bettlejuice y eso lo hace genial en la historia.

Dumbo es un golpe de madurez para su audiencia. Los niños no llegan al mundo por un acto de la cigüeña sino porque una madre queda embarazada y tienen trabajo de parto; los animales no hablan, pero si intentan comunicarse, son frenéticos, sufren y reaccionan frente nuestro trato con ellos; mientras en la historia del 41, la burla se toma casi dos tercios de la pieza, aquí es indudable que el nombre del elefantito debe entrar de alguna forma y que la mofa debe caber de otra pero es superado rápidamente, se nota que Ehren Kruger (guionista) quiere pasar esta página rápidamente; finalmente, el ratoncito Timothy Q. Mouse -interpretado en 1941 por Edward Brophy– es la figura redentora, es el sostén del héroe y amplifica su confianza para que supere sus miedos, incertidumbres y su pésima autoestima, tanto que lo haga elevarse a los cielos (dentro de todo, la moraleja es lo rescatable de esa macabra pieza); en 2019, esa figura del ratoncito se abre a ‘Los Farrier‘ un padre que perdió su calidad de estrella cuando vuelve de la guerra en una situación de discapacidad, la madre ausente por muerte y el par de chicos que tratan de sobrevivir lo mejor que pueden -durante un tiempo casi huérfanos en un circo-; entonces la acción de estos ratoncitos Farrier ya no es simplemente subirle la autoestima al elefantito para que crea en sí mismo, es actuar porque hay maltrato, es hacer un cambio para que no vuelva a suceder y buscar la felicidad en ese nuevo espacio donde no hay opresores, burlas, bravucones ni matones.

Obviamente, es una carga emocional muy fuerte y uno anda con un nudo en la garganta todo el tiempo porque esta Dumbo de Tim Burton conmueve hasta los tuétanos.

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Isle of Dogs

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Isle of Dogs no sólo parece ser mi favorita de los Oscar -recuerden que aunque me divierte la gran ceremonia de La Academia y que he aprendido a encontrar sus ganadores como adecuados para sus patrones, me encanta encontrar el que lleva las de perder porque casualmente tiene una gran riqueza en su factura-, es el que se espera que pierda, es el que guarda secretamente el testimonio de mejor peli del año.

Y aunque su calificación no es más alta que algunas de la ceremonia, la razón es que Wes Anderson y su Grand Budapest Hotel trajo decepción y engaño iconoclasta a mi hospitalidad como fanático de su obra. No soporté más su repetición inocua de imágenes y sensaciones, de giros y líneas aburridamente citadas como copias de su propio fruto. Y lo abandoné. Pero hoy Isle of Dogs me trae más que satisfacción al ojo, me trae esperanza en un nuevo proceso creativo del autor; un proceso que renace de sus propias cenizas y considera un camino novedoso.

Una selección de actores como siempre excelente con la noticia de primer plano a Bryan Cranston en su primer papel con el director -obviamente también a Harvey Keitel o Scarlett o Frances McDormand o Greta Gerwig o F. Murray Abraham o Ken Watanabe o incluso Liev Schreiber– pero Cranston llega como actor principal, como a su vez fue Bruce Willis en Moonrise o Fiennes en el Budapest Hotel o George Clooney en Fantastic Mr. Fox. Dichas voces se esfuerzan en un dramatismo de tonos sencillos conservando el relato de una fábula infantil y llega el éxtasis cuando reconocemos la nasalidad de su actor fetiche, una vez más dando pinceladas de genialidad en sus participaciones del guión.

Me encanta la mezcla de técnicas como recursos de narración temporal (ilustraciones de xilografías clásicas japonesas cuando se refiere el pasado); de planteamientos del epílogo (otra vez con ilustraciones esta vez más clásicas de la tradición japonesa transmitiendo contexto y algo de solemnidad); recursos de texturas audiovisuales (con las líneas en alto contraste negro-verde para mostrar las cámaras de video infrarrojo o las blanco y negro ‘cuasi collage‘ para mostrar las pantallas de tele en vivo); obviamente, todas contrastadas con las fabulosas estatuillas en «stop-motion» que describen el aquí-ahora de la historia.

Hay otros picos aún más altos dentro de la pieza como Desplat en la música, Tristan Oliver en la cinematografía o todo el equipo de montaje o producción de diseño. No es más alta su calificación por los mismos estándares planteados anteriormente. Nada previene o asegura que esta no sea sino un paréntesis, una chispa volatil, un yerro que se olvide en su siguiente diatriba.

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Captain America: The Winter Soldier

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La semana pasada publicamos la entrada de bienvenida a los estrenos de verano del 2014. En principio, iba a ser incluida la entrada de Captain America: The Winter Soldier pero en vista de lo particularmente atractiva que fue la pieza, es bueno decir que se merece una entrada aparte para hablar sobre ella.

Steve Rogers (Chris Evans), después de Nueva York, intenta adaptarse al mundo que le es extraño; busca a Peggy (Hayley Atwell) y trata de serle fiel a su nuevo comando en S.H.I.E.L.D. pero las cosas no son tan fáciles como aparentan. Por un lado, las directrices de S.H.I.E.L.D. van en contra de los principios de Rogers y en su pérdida de fe, la organización entera es atacada por un poderoso enemigo del pasado.

Marvel y Buena Vista han ido acertando golpes de suerte en su batalla en Hollywood por las taquillas y el dominio de las producciones basadas en comics. Básicamente, alentaron a Sony prematuramente a relanzar su franquicia del Hombre-Araña con The Amazing Spider-Man; un relanzamiento que parecía sólo hacer cambios en el fabuloso nombre del arácnido. Lo mismo pasó con Fox, que al igual que en Sony, está uniendo sus fuerzas creativas para armar universos cinemáticos independientes dentro de su reino.

Pero decimos que Marvel y Buena Vista han acertado golpes de suerte porque a medida que avanzan Las Fases del Universo Cinemático de Marvel diseñado por Kevin Feige pareciera que todo es infinitamente más frágil.

La gran ventaja de Marvel con respecto a DC es que desde su concepción fueron unificados en un mismo espacio y tiempo, Nueva York. DC y la mayoría de casas de comics, plantean sus héroes en la ficción y crean sus entornos como imaginarios; cuando por fin DC, en la crisis de los comics en los 80’s, decidió crear un sólo universo se vio en aprietos para explicar y hacerle entender a sus lectores fanáticos que Gotham, estaba al mismo nivel que Metropolis pero ahora eso parece irse tornando en una ventaja.

Elaboremos.

Marvel empezó sus intenciones de volverse un estudio productor de pelis sus propios comics allá en 2003 cuando estrenaron Hulk de Ang Lee y DareDevil de Mark Steven Johnson que fueron catalogados como grandes desastres de la industria del cine de comics.

El joven Kevin Feige decidió emprender una estrategia más agresiva y no sólo hacer un filme exitoso que generara una franquicia sino más bien porqué mejor no pensar en unir todo el universo en un gran megaproyecto comercial; lo que requirió del apoyo de un socio como Buena Vista para lograrlo.

En 2008, de la mano de Jon Favreau y Robert Downey Jr., el universo de Feige inició su Fase UNO con Iron Man; caló muy bien con la crítica, con los fanáticos y el renacer de Downey Jr. puso a Tony Stark como un líder natural dentro de Marvel; el as bajo la manga de Feige fueron los créditos finales que introdujeron a Samuel L. Jackson como Nick Fury presentándole a Stark La Iniciativa Avenger. Ese mismo año después de recuperar los derechos de Hulk, Marvel encamina a Louis Leterrier y Edward Norton (protagonista y guionista) en la realización del segundo filme de Marvel Studios con The Incredible Hulk; la fanaticada ruge fascinación por la interpretación de Norton como Bruce Banner; y Feige anota su segundo cuadrangular cuando al final de la cinta aparece Tony Stark hablando de La Iniciativa junto al General Ross.

–A pesar de lo desastroso que fue Iron Man 2– parece que de ahí en adelante todo fuera una gran historia–. Iron Man 2 juega con apariciones sugeridas del Capitán América; los agentes de S.H.I.E.L.D., Coulson (Clark Gregg), Fury y Romanoff (Scarlett Johansson), toman protagonismo; y, de nuevo al cierre de la cinta, Coulson devela el Martillo de Thor. Subsecuentemente, vino Thor de Kenneth Branagh y toda la trama para introducir su mundo, su universo y a Loki (Tom Hiddleston) –hasta ahora el mejor antagónico de su universo cinemático–; los mundos siguen compartiendo personajes y no sólo aparece Coulson como eje de la trama, también lo hace el agente Clint Barton o Hawkeye (Jeremy Renner); al final de la cinta, Fury le presenta a Selvig (Stellan Skarsgård) el Tesseract –en una escena filmada por Joss Whedon–. ¿Pero qué era el Tesseract? Unos meses más tarde Captain America: The First Avenger de Joe Johnston hace un arco de origen con Steve Rogers, introduciendo a Chris Evans como el capitán, enfrentando a Red Skull (Hugo Weaving) en 1945 y la formación maligna H.Y.D.R.A.; Red Skull basaba su poderío en el ocultismo junto a su científico jefe Arnim Zola (Toby Jones) y fue justo cuando encontró el Tesseract, una forma primitiva de la mitología escandinava, que se hizo realmente poderoso y temible.

Todo estaba en su sitio y Joss Whedon preparó el cierre de la Fase UNO con la reunión de The Avengers. Todo da frutos y en una sola cinta aparecen Tony Stark, Thor, Steve Rogers, Nick Fury, la agente Romanoff, Hawkeye, Coulson, por supuesto Bruce Banner y como base antagónica Loki y los Chitauri que termina siendo la peli más taquillera del año. El punto importante para resaltar es que Gwyneth Paltrow y su personaje Pepper Potts aparecen por la insistencia de Robert Downey Jr. pero Whedon no estaba convencido y da la siguiente razón: “uno necesita separar los personajes de sus sistemas de soporte en aras de crear el aislamiento que se necesita para funcionen en el equipo”. Suena como un gran entrenador y finalmente ese fue el puesto que obtuvo, dirigir globalmente todo el universo de Marvel en Buena Vista (MCU).

Se gestiona la Fase DOS del MCU y llegan Iron Man 3, Thor: The Dark World, los Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. y The Winter Soldier; se anuncian Black Panther, Doctor Strange, Ant-Man y Avengers 2: Age of Ultron; finalmente, se revelan las intenciones de la Fase TRES con Thanos como villano y Guardians of the Galaxy pero ¿por qué se siente que todo empieza a tambalear?

La primera razón es una sensación sencilla y natural con lo que Marvel ha intentado a toda costa hacernos creer y es que todas sus piezas están unidas en un sólo universo; precisamente, eso que los ha hecho fuertes se ha vuelto su mayor vulnerabilidad. No es posible entender las cintas de Marvel independientemente y separar, las cintas autónomas de las cintas de ensamblaje. Es ridículo. No funciona. En parte, por eso la extensión de esta entrada.

Empecemos por Iron Man 3, independiente de la buena calidad de su realización con Shane Black o el desencanto de la fanaticada de cómo usaron al Mandarin (Ben Kingsley) y a Aldrich Killian (Guy Pearce) el resultado fue desastroso; por un lado, surgieron preguntas como porqué si Stark se podía quitar el reactor no se lo había quitado antes o ahora que «ya no existe» Iron Man, cuál es la función de Stark dentro de S.H.I.E.L.D. o quién liderará los Avengers; por otro lado y sumado a esto, vienen otras inquietudes que no pueden ser sólo solventadas con simples nombramientos o cameos de personajes importantes, por ejemplo ¿The Avengers es un grupo tan frágil que para ese entonces ya se desintegró? Si Stark es atacado de la forma en que sucedió ¿dónde estaba Romanoff, Hawkeye, Fury o Steve Rogers? Compañeros de batalla, sellados en la amistad hecha más allá de una casualidad o ¿es que todo lo dicho no son más que una iteración de frases vacías? ¿Dónde estaba Bruce Banner? ¿Por qué sólo aparece al final de la cinta como un sicoanalista? ¿Acaso no es esta la mayor idiotez jamás escrita?.

No. La mayor idiotez aún estaba por venir y en otro formato: Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. Una serie de TV que ubica anacrónicamente un resguardo de agentes dentro de S.H.I.E.L.D. liderados por Phil Coulson; un equipo de desvalidos que tiene grandes potencias pero cero poderes sobrenaturales –por ahora–; a medida que avanza la serie sabemos que está ubicada después de Nueva York, después de The Dark World de Thor y antes de The Winter Soldier; la pregunta más obvia es la que sostiene la serie y es ¿cómo hicieron para revivir a Coulson? Pregunta que se responde al final de la temporada pero que deja un interrogante existencial clavado profundo dentro de las entrañas de Joss Whedon y que amenaza de muerte a Kevin Feige; con esa respuesta de cómo revivir a las personas ¿acaso alguien en este universo puede morir? Si no, apaque y vámonos.

Luego de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. –con el nombre más largo y rídiculo que haya escuchado para una serie televisiva; Cuando quiero llorar no lloro o Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha, telenovelas colombianas, ya no parecen tan extravagantes–, llega Thor: The Dark World. Una cinta autónoma que retoma el arco romántico entre Jane Foster (Natalie Portman) y el dios del trueno; aunque Alan Taylor está al frente de una gran decisión al sacar la historia de la Tierra, no resuelve el tema de porqué Foster no apareció en Nueva York y se mete en un problema aún más grande que se esparce virulentamente a todo el universo de Marvel ¿existe realmente un enemigo aparte de Loki capaz de poner en jaque a algún integrante de la Iniciativa Avenger? Sabemos que la muerte no lo es; tampoco otro «dios asgardiano»; y menos una invasión de alienígenas con poderosas armas y tecnología mucho más avanzada.

Esta última duda evidenciada en Thor 2, recurrente en toda la trilogía de Iron Man y el ensamblaje de The Avengers, se torna un absurdo y nos envuelve con un poco de frustración sumado a algo de desinterés, indiferencia y menosprecio.

Los hermanos Russo, casi olvidados en nuestros archivos con pelis como You, Me and Dupree o Welcome to Collinwood, hicieron una gran labor con The Winter Soldier. Siguen fallando en el tema del universo continuo pero imaginamos es el puñal de Whedon hablando con su «aislamiento para que funcione el equipo»; ¿no es increíble que en el peor ataque de H.Y.D.R.A., en una crisis tan grande como la de Nueva York, no aparezca Iron Man, War Machine, Hawkeye o Bruce Banner?

Sin embargo, y como ninguna otra cinta de Marvel, los Russo triunfan grandemente en varios aspectos.

El primer punto, es que con The Winter Soldier hay un vuelco hacia la sorpresa, hacia la perplejidad de las revelaciones del giro dramático y, así sean dos o tres los giros, no es una serie de sorpresas que nos mandan de extremo a extremo sino más bien consecuencia del giro anterior, por eso al final quedamos sin aliento y tensos en el desenlace.

Lo segundo es que por segunda vez, un villano es tratado con dignidad en la historia; ni siquiera en relación con la fidelidad a los comics, porque no hemos leído mucho acerca de los arcos del Soldado de Invierno, sino dignidad en el sentido que es una fuerza contraria e igualmente poderosa que amenaza el estatu quo del héroe y de sus compañeros. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Por primera vez, en el universo cinemático de Marvel, los personajes se relacionan con igual importancia en todo el universo; los agentes Fury, Hill (Cobie Smulders), Romanoff, Rogers se congregan de otras sagas y sienten amenazadas sus existencias. H.Y.D.R.A. renace como un gran grupo del mal tan pero tan importante que incluso es necesario un nuevo ensamble con los Avengers pero si es así repetimos ¿por qué no aparecieron?

El cuarto punto, no sabemos si trabajaron posterior a las críticas de Man of Steel, pero The Winter Soldier aprendió a congeniar con los puntos que no gustaron en su opositora; partiendo del hecho que Man of Steel es una gran cinta, las críticas opacaron un poco su éxito injustamente; El Capitán toma ventaja de ahí y se hace fuerte con un héroe que no asesina a sangre fría a pesar de cualquier circunstancia; no acaba completamente con una ciudad y a los pocos días aparece con una sonrisa dibujada en la cara; es responsable de sus actos porque es la imagen pura de Estados Unidos; y, finalmente, siendo una secuela enlaza muy bien puntos de la anterior salida, y justifica el hecho de una segunda o tercera parte.

A pesar de ciertos clichés, que realmente molestan en pequeños detalles de la historia, Los hermanos Russo, Marvel y Buena Vista lo hicieron realmente bien con The Winter Soldier pero desluce un poco lo ya hecho antes en la Fase UNO; no sabemos cómo vaya a atacar DC pero el hecho que la segunda parte de Superman involucre apariciones de Batman, Wonder Woman, Aquaman y otros de sus súperheroes podría ser un indicio de cómo aproximarían su propio ensamble y faltaría ver si en «las autónomas», como The Bat Man presupuestada para después del 2016, se cometen los mismos errores o se dan la libertad de hacer un relato anterior –en la línea de tiempo– de Superman para revisar estos temas con calma.

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Her

her

Hace rato, mucho rato, por allá temprano en el 2012, vimos por primera vez el corto-avance de la nueva peli de Spike Jonze y nos sobrecogimos en pensar que algún día la tendríamos en nuestras salas; al mismo tiempo dudamos y nos llenamos de melancolía porque no entendimos cómo fue posible que Where the Wild Things Are nunca se proyectó en Colombia y pensamos que de pronto iba a pasar lo mismo con Her; los impacientes encontrarán los medios para verla ahora mismo en internet y los otros no tendrán que esperar mucho porque en marzo llega a nuestras salas y la verdad es que vale la pena verla en una proyección cinematográfica.

Theodore Twombly tiene un nombre curioso, casi tan curioso y particular como todas los personajes de las historias de ciencia ficción; vive en un mundo no muy lejano al nuestro donde reconocemos que la sociedad y la tecnología han sufrido cambios o una pequeña evolución. Theodore, interpretado por Joaquin Phoenix, es un empleado en una especie de Hallmark del futuro donde escribe cartas de amor para personas con dificultad para expresar sus emociones; vive una vida solitaria después de fracasar en su matrimonio con Catherine (Rooney Mara) pero con la suficiencia que le brinda su trabajo para comer lo que desea tranquilamente, tener los más innovadores dispositivos, los más curiosos juegos de video y sobre todo las últimas actualizaciones en sistemas operativos; Her se centra en la situación creada por este hombre solitario y, ni siquiera la máquina sino el soporte lógico que a través de un corto cuestionario genera y personaliza una voz, una voz que Theodore pide sea el de una mujer; esta voz resulta ser cálida, curiosa, juguetona, intrigante, sensual, sexual y algunas veces demasiado extrovertida; la cualidad principal de esta voz dentro de su programación es que es inteligencia artificial así que igual que con las primeras cinco preguntas para iniciar el sistema operativo, que analizaron una pequeña situación, un tono, un perfil psicológico del usuario y definieron un cliente para que esta voz fuera lo más personalizada posible para Theodore, así mismo el sistema operativo va aprendiendo del usuario, va desarrollando un conocimiento específico y se empieza a personalizar especialmente para Theodore. La voz es interpretada por Scarlett Johansson.

Es claro para todos los que han visto esta peli que lo fundamental de ella no es si está bien hecha o si está bien dirigida o si está bien actuada; sus cinco nominaciones al Oscar -incluyendo mejor peli del año-, su Globo de Oro por mejor guión y sus nominaciones en los diferentes gremios hablan claramente de su factura; casualmente estas tres llaves se combinan a la perfección y por eso es que de pronto podemos discutir el siguiente punto que si es fundamental: cómo se desarrolla el amor en nuestra contemporaneidad. No sin antes afirmar que es un gran desacierto haberse olvidado de Joaquin Phoenix en la categoría de mejor actor principal en todas las galas donde la pieza ha concursado; sin él las sensaciones, las emotividades y las vulnerabilidades no hubieran podido manifestarse tan bien como lo hicieron.

Her es una cinta de ciencia ficción pura. No por desarrollarse en el futuro, sin importar si es cercano o si es posible; tampoco por demostrarnos cómo evolucionaría nuestra sociedad en un momento dado de la tecnología; Her expone una duda científica sobre la capacidad del ser humano de interrelacionarse con un aparato de inteligencia artificial, crear empatía con una entidad inanimada y lo más crucial entender la posibilidad de enamorarse de esa entidad enmarcado dentro de un panorama que se describe como árido para las relaciones interpersonales y, donde envueltos en nuestros dispositivos, cada vez nos hacemos más incapaces de leer los significados de una mirada, somos más vulnerables a una malinterpretación de nuestras acciones o simplemente nuestra introspección se apodera de nuestra personalidad si no estamos conectados a un dispositivo o una red social. Una de las grandes inquietudes de Theodore, sin embargo, es que en el momento en que siente celos de Samantha, el cliente con la voz interpretada por Scarlett Johansson, él no sabe si todo lo que ha vivido es una mentira codificada para generar precisamente ese nivel de empatía en los usuarios, no sabe si comparte una relación amorosa con ella o si es un guión provisto por el sistema operativo y colapsa.

La peli me encantó en planteamiento, en la discusión que plantea, pero creo que me dejó boquiabierto en otros dos aspectos completamente aislados; el primero, el diseño de producción y la dirección de arte de K.K. Barrett y Gene Serdena, respectivamente, que nos involucran en ese mundo creíble y cercano que puede ser el mañana de las futuras telecomunicaciones; impecables ambos, nos dejan inmersos inmediatamente en la trama sin distraernos sino que al contrario nos regocijamos y lo hacemos aún más creíble para nuestros adentros; el segundo punto importante para nosotros, pero no mucho para La Academia, fue la fotografía; desde su debut en los largos, Jonze siempre trabajó con Lance Acord que le dió esa sensación onírica tan particular de los guiones de Charlie Kaufman o interpretativa del estilo de Maurice Sendak; en esta ocasión trabaja con uno de los genios recién descubiertos de los países nórdicos como lo es Hoyte Van Hoytema. Van Hoytema lo conocimos por primera vez en Låt den rätte komma in de Tomas Alfredson y su magnífica historia de vampiros, en The Fighter de David O. Russell y de nuevo con Alfredson en la adaptación de la novela de John le Carré, Tinker Tailor Soldier Spy; vuelve Van Hoytema a obnubilarnos, a hipnotizarnos, a transgredirnos con una sugestiva atmósfera pálida y nublada contrastada con los rojos del vestuario, cálidos y algunas veces ácidos; con encuadres íntimos y cercanos; y, con iluminaciones igualmente personales e íntimas. De los nominados no sabría a quién quitar porque todos son muy buenos pero seguro alguno haría campo suficiente para que el nórdico fuera reconocido como el mejor de su campo -este año Van Hoytema es esperado por su trabajo, también de ciencia ficción con Christopher Nolan en su esperadísima Interstellar-.

Spike Jonze, aparte quizás tan sólo de Mark Romanek, es el único de esa tendencia de grandes directores de videos que siempre le ha apostado por las sugerencias visuales y la vanguardia visual; a diferencia de Romanek que no ha estado muy abierto a desarrollar muchos más proyectos de largometrajes, y que más bien se devolvió a los videos, Jonze ha logrado combinar las dos corrientes para seguir proponiendo alternativas gráficas, seguir explorando la comunicación de los avances de la tecnología de la imagen y seguir siendo fiel a ideas creativas que incluso lo ponen en la punta más innovadora de Hollywood como director y como escritor, haciendo esa labor tan fascinante que logró con exquisitez en los 90’s con todos sus videos de los Beastie Boys, Björk y Fat Boy Slim.

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Don Jon

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Por obvias razones Don Jon ha sido promocionada como el debut de Joseph Gordon-Levitt como director y como escritor de una pieza cinematográfica. Más que un golpecito en la espalda y un reconocimiento por haber logrado una pieza de buena calidad en el primer intento, Don Jon es una gran peli y permite entrever un gran futuro para el actor que puede armar una carrera diferente con este nuevo enfoque -más aún cuando en las últimas semanas nos enteramos que Warner Bros. acaba de confiarle nada más y nada menos que el comic de Sandman para que lo dirija y lo protagonice-.

Don Jon es la historia de un trabajador de bajo perfil de Nueva Jersey que está en plan de conquista todas las noches en Nueva York, con muy buena fortuna. De esta forma su historia es la de un mujeriego, que usa a las mujeres, las desprecia, las despacha y continúa aconsejando a sus seguidores en narración constantemente durante toda la peli; el giro en el planteamiento es que a pesar de su éxito con las mujeres y el constante sexo que mantiene con ellas -en gran diversidad y en gran cantidad- su satisfacción sólo es alcanzada con el alto nivel de pornografía que consume diariamente; todo su universo entra en crisis cuando conoce a Barbara, quien le pide que avance en su carrera profesional tomando clases nocturnas, se ejerciten juntos, siga siendo muy considerado y, tácitamente, le pide que sólo tenga ojos para ella después de su primera relación sexual, lo cual él cumple pero no a cabalidad como ella quisiera; cuando en un intento de continuar su vida alterna de sexo real y pornografía es descubierto por Barbara, él niega su condición y dice que nunca más va a volver a hacerlo. Lo cual es falso. Cuando recae en la pornografía y es nuevamente descubierto evidencia una adicción que le ayuda a entenderse, a entenderla pero sobre todo a entender mejor la relación amorosa con otras mujeres.

Don Jon es una comedia romántica independiente, con esto lo que se afirma es que no es una historia romanticona entre dos personas que están destinadas a quererse sino que por el contrario surge algo de drama y no necesariamente hay un final feliz de los que estamos acostumbrados en Hollywood; ejemplos de estas historias y sus conmovedores relatos los hemos tenido a la mano con Safety Not Guaranteed, Seeking a Friend for the End of the World o Celeste & Jesse Forever.

Don Jon no sólo es divertida, entretenida y audaz. Definiendo las labores de Joseph Gordon-Levitt en la pieza tiene varios puntos en consideración; el mismo Gordon-Levitt desarrolla un personaje honesto, con un perfil claro y un desempeño impecable a nivel de vestuario, maquillaje y tono de voz; su compañera de aventura es Scarlett Johansson que al igual que el protagonista describe un tipo de personas que nos parecen de ficción cuando alguna vez ojeamos «realities» como Jersey Shore pero que existen y a veces es muy complicado retratarlos sin que se vean como caricaturas y este no fue el caso; en general, todo el resto de su reparto (Julianne Moore, Tony Danza, Glenne Headly, Brie Larson) no se excede en sobreactuaciones -de pronto se explota un poco de más el tema del estereotipo de Nueva Jersey– pero es consistente y se encuentra armonía en cada uno de los personajes-. Esto quiere decir, que Gordon-Levitt no se limitó solamente a estar detrás de cámaras definiendo las escenas que quería sino que cumplió una labor titánica de dirigir a sus actores en el punto que él los quiso y fue capaz -que es uno de los logros más grandes- de mantenerlos en sincronía sin que ninguno se adelante o se aparte; la historia es interesante y cómo rompe la cuarta pared en la narración es punto innovador, para dejar de ser un narrador protagonista en primera persona y ser simplemente un testigo que ha asistido al desarrollo de los hechos pero que ya no es consciente de su destino sino que crece a medida que avanza; este tipo de figuras pueden ser tomadas como «choco-locuras» del hombre encargado de su pieza para hacerse lucir pero en esta peli se llega a este punto mediante una evolución programada y, de nuevo, armónica.

Cerrando el tema de la producción, la fotografía y la iluminación de la cinta son cuidadosas, atractivas y muy bien logradas, el responsable Thomas Kloss; siendo el montaje lo más atractivo y lo que nos deja más boquiabiertos dentro de la pieza porque nos permite observar tranquilamente las actuaciones, la fotografía y el resto de la producción, un gran trabajo sin duda de Lauren Zuckerman, es muy grato encontrar a un gran conocido como lo es Nathan Johnson; Johnson ha trabajado casi que invariablemente y como sello de todas las pelis de su hermano Rian Johnson (Brick, The Brothers Bloom y recientemente Looper); es interesante que con el genio influenciador de este compositor, la música permanece excelentemente al margen, acompañando pero no sobrecogiendo demasiado.

Gordon-Levitt ha recibido un par de elogios de círculos independientes de la industria, y a pesar de haber concursado oficialmente en Sundance sin mayores reconocimientos, su gran esperanza se encuentra en los Spirit donde está nominado como mejor primer guión. Un reconocimiento que sin duda lo pondría muy alto en este nuevo punto de su carrera.

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Hitchcock

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Hitchcock es una peli hermosa dedicada a los amantes del cine y los fanáticos del realizador. Siendo un producto de la industria lamentamos que no haya sido mayormente reconocida pero este año estuvo muy apretada toda la competencia en general.

Por un momento, nos preguntamos porqué tantas pelis alrededor de Alfred Hitchcock y la verdad no tenemos una respuesta sólida a la mano. El caso es que tanto esta como The Girl, expuestas con tan poco lapso de descanso, empiezan a competir y cada una enfrenta sus pros y sus contras.

Intentemos por un momento aislarnos de la versión televisiva de Julian Jarrold y dediquémonos a esta de Sacha Gervasi.

Gervasi es un reconocido escritor londinense que ha logrado desarrollar -con esta- parte de su ópera prima como director. Su primera salida fue Anvil: The Story of Anvil, un documental que ansiamos ver y que la crítica ha referido bastante bien. A pesar de su pericia como escritor, en Hitchcock cede esta responsabilidad al equipo conformado por John J. McLaughlin y Stephen Rebello, dedicándose en pleno a la narración, la actuación y el montaje. Vale destacar entonces que estos tres factores en la cinta son impecables y sumados a una buena fotografía (Jeff Cronenweth), un estupendo y sutil maquillaje (Julie Hewett incluso nominada al Oscar) aportan a Hitchcock una notoria trascendencia.

Tengo mis diferencias en el reparto pero creería que sobrevivieron por las grandes capacidades actorales de cada uno de los miembros. Anthony Hopkins sorprende muchísimo con su gran interpretación a pesar de su falta de parecido -más o menos lo que le sucedió en Nixon de Oliver Stone, uno no le cree al principio pero después no puede imaginarse que hubiera podido ser otro-. Helen Mirren como Alma Reville, no obtiene muchos retos de interpretación pero logra su rol cabalmente. El resto del reparto es muy bueno empezando por Toni Collette -gran gran camaleona- pasando por Danny Huston o Michael Stuhlbarg. Me encantó volver a ver a Michael Wincott una de esas caras siniestras del cine tan asombroso y macabro como el mismísimo Vincent Price -en mi época, Wincott marcó con su antagonismo The Crow, 1492: Conquest of Paradise, The Three Musketeers-; Wincott interpreta una visión de Ed Gein el asesino en el que se basó Robert Bloch para desarrollar la novela de Psycho y siendo un papel oscuro al final se quiebra en una vulnerabilidad conmovedora.

Hitchcock como pieza biográfica es interesante y recomendada para ver en salas. Ahora bien, como decíamos enfrentada a The Girl veamos cómo le va. A nivel de interpretaciones Toby Jones gana por parecido fenotípico, su papel además es más retorcido y pervertido; Hopkins por su lado interpreta un Hitchcock más pícaro y juguetón, casi malcriado pero nada malvado, es mucho más vulnerable y desafía uno de sus retos más importantes en su carrera como lo es la credibilidad en la industria. Personalmente, siento que tuvo mejor desempeño Hopkins porque le tocaba validar el físico con la actuación y lo logró a cabalidad.

Imelda Staunton versus Helen Mirren aporta esa sombra detrás del maestro, un tanto amargada y casi sometida a la genialidad de la persona de Hitchcock; Mirren obtiene un papel más protagónico y determina la importancia del carácter de su personaje en la genialidad del maestro, gracias a este papel sabemos que más que una señora refunfuñona Alma es una talentosa editora, escritora y además tenía el ojo más agudo que el mismo Hitchcock. De nuevo personalmente, es más valioso el matiz de Mirren que el simplismo caracterizado en The Girl gracias a Julian Jarrold y Gwyneth Hughes.

Finalmente, es difícil evaluar de ahí en adelante las intimidades de cada biopic. Las perversiones y comportamientos de Alfred Hitchcock son abordados diferentemente debido a los periodos en los que se desarrollaron las dos historias. Por su parte The Girl centra su atención en la personalidad retorcida del realizador, su impotencia, su deseo de dominación sexual y cómo logra empujar sus proyectos y personajes a través de sus manipulaciones como un gran titiritero. Gervasi logra devolvernos la imagen bonachona de Hitchcock con una grandes interpretaciones y con un ambiente lúdico muy cercano a lo que recordamos de su serie en televisión -incluso su rúbrica, su clásico perfil, aparece varias veces en la cinta-; sus perversiones son abordadas como inseguridades y son una característica más dentro de la complejidad de su personalidad. Nos muestra su lucha, su convicción y su método. Al término de su historia, Psycho vuelca los ojos hacia un género de explotación pero demuestra porque su criterio puede sacar adelante cualquier pieza ordinaria y hacerla brillar.

Me quedo con Hitchcock de Gervasi por ser más entretenida, un poco más profunda y por lo mismo menos simplista.

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The Girl

The-Girl

Dos pelis se pelearon el año pasado los honores de representar al maestro del suspenso, Alfred Hitchcock y ambas se centran en las obsesiones del director por las actrices monas. La primera es Hitchcock del reconocido escritor y director Sacha Gervasi protagonizada por Anthony Hopkins como el director británico y Helen Mirren como su esposa Alma Reville. Su eje es Janet Leigh interpretada por Scarlett Johansson cuando realizaban Psyco en 1959.

Por su parte, The Girl de Julian Jarrold -sin haber visto la de Gervasi– tiene de pronto un tono más oscuro y arriesgado tomando como punto de partida la relación entre Hitchcock, esta vez Toby Jones, y Tippi Hedren, interpretada por Sienna Miller, cuando filmaban The Birds. Afirmo que más oscura o sombría porque la peli Hitchcock es más la historia de amor entre Alfie y Alma en conjunción como productores de sus piezas cinematográficas, la de Jarrold explora la retorcida mente del realizador, sus frustraciones y a la vez sus fijaciones. Gracias a esta peli podemos entender porqué trabajó con Leigh, Grace Kelly o Ingrid Bergman o porqué Imelda Staunton parece un Alma más seria que la que podría interpretar Mirren. Este par de enfoques tan distintos se ven reflejados directamente en las personificaciones de Jones o Hopkins y aunque para ver Hitchcock vamos a tener que esperar hasta el 8 de febrero cuando la traigan a salas, este mes están rotando The Girl en HBO. Sin embargo, y a vuelo de pájaro, entre las dos interpretaciones me quedo con la de Toby Jones que logra desencadenar cierto hastío y repulsión, no obstante, en ocasiones pasadas, Anthony Hopkins nos ha sorprendido gratamente con sus desempeños externamente poco cercanos en apariencia como por ejemplo Nixon de Oliver Stone.

Al final, las comparaciones son odiosas pero es que en favor de la verdad enfrentaron dos piezas, muy parecidas, en un periodo muy corto y además aunque sus espacios de difusión son muy diferentes ambas tuvieron ruido a final de año por sus nominaciones. La de Gervasi con un SAG, un Globo de Oro, dos BAFTA’s y un Oscar; por su parte The Girl, tres Globos y un Satellite.

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