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First Man

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Una historia sobre el Apollo XI, en Hollywood, generalmente nos lleva a los datos técnicos, a la tensión de los errores, a la audacia de los astronautas para lograr su objetivo, a la fortaleza de sus personalidades para lograr la última meta. First Man cuenta lo mismo, y sin embargo, es una historia de amor.

¿Se acuerdan de esa peli con Charlize Theron y Johnny Depp? ¿Esa en la que el foco de la historia era la esposa sintiendo que su esposo era un alienígena? Bueno, lo impresionante del enfoque de Damien Chazelle para esta First Man es que Ryan Gosling, encarnando a Neil Amstrong -y repitiendo con Chazelle-, es un aliénigena en La Tierra. Tantos y tantos errores de la misión Gemini, pasando por los errores de la Apollo, no son en vano en esta historia. Cada desacierto fue un muerto, cada falta fue una mortandad, para que al final, el espectador pueda sumar 2 + 2 y pueda entender que cada misión fue una masacre, en pro de lograr una carrera para vencer al escarpado comunismo soviético que había ganado con creces cada uno de sus retos. Pero más importante, que Amstrong es el sobreviviente a cada una de estas misiones, sobreviviente a toda esta matanza -literalmente vemos una fila de actores reconocidos despidiéndose en cámara para darle paso al siguiente suicida-.

No es fácil entender la muerte como un paso hacia algo sencillo y designado. Incluso para un científico o un ingeniero, cuando las personas se esfuman como cerillas de fósforo, no es sencillo explicar porqué se sobrevive a cada prueba en la odisea. Amstrong es un mortal cualquiera. Ni siquiera es Ulises y ni siquiera es una persona -demasiado- sensible a los temas espirituales y mundanos pero el hecho de ver morir colegas como figuritas de un juego de mesa cambia la perspectiva del más racional.

First Man no relata la trama del primer hombre en tocar la faz de La Luna. First Man es la historia de la mujer que lo soporta. De sus hijos que no entienden qué pasa con su padre fantasmagórico, que haciendo presencia, no está. De los muertos que le dan un consejo pero se van, que le brindan un gramo de vitalidad y se esfuman. First Man no se trata del primer hombre en dar un paso en La Luna, se trata del primer hombre que sobrevivió a todas las equivocaciones previas de NASA y que su destino era ir y volver del mundo de los dioses, ese espacio negado para los mortales en su carcel de aire y gravedad. Neil Amstrong es un semidiós a la altura de Heracles o Perseo o Prometeo. No mató a la Hydra, no robó el fuego, ni redujo el Kraken a piedra pero si dió un paso en ese satélite que vemos todas las noches en nuestros horizontes y lejos de llevarse por el inmenso momento de su gran hazaña, logra con humildad describir su corazón. Un corazón que anhelaba librarse de las ataduras de su destino y volver a ser un mortal, después de honrar a sus héroes -sus colegas- para ser un esposo y ser un padre. Nada deseaba más.

La historia del cine casi que empieza con Georges Méliès con su Voyage dans la Lune (1902); al mismo tiempo, el hombre en La Tierra, como lo afina Gosling en una de sus líneas, aprendía a volar; ese mismo hombre que era condenado por sus errores y por sobrevivirlos se daba cuenta que en ese salto de despegarse del suelo y tratar de llegar a La Luna sólo habian pasado 60 años. Chazelle da un giro enriquecedor a la épica, nos aleja de Hollywood y su Apollo XIII, y nos adentra a una nueva mitología haciendo honor al semidiós y volviendo a la sensibilidad fantástica de 2001: A Space Odyssey, de la atrocidad que es estar en el espacio exterior para sobrevivir a ella.

Ryan Gosling… Meh!
Damien Chazelle, armonioso.
Las nominaciones de La Academia, bien. Pero creo que se les escapó mejor actriz de reparto, dirección y guión.

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Only God Forgives

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En principio, Only God Forgives se presenta como una cinta pretenciosa e intelectualoide, llena de innumerables pistas para determinar el significado de su trama, sus personajes y su objetivo. Pero la última peli del danés Nicolas Winding Refn es menos presumida de lo que parece, tan sólo hay que conocer un poco la superficie de su portafolio y ella misma se deja descifrar fácilmente.

Refn tiene una fascinación por la determinación del héroe en un relato fantástico; sus tramas tienen un protagonista principal que se desenvuelve en un argumento épico casi de manera consistente en todas las piezas que hemos revisado de él (Pusher I, II, III, Bronson, Valhalla Rising, Drive). El llamado inicial en esta peli es el título y nos vincula de golpe a un plano teológico “sólo dios perdona” pero antes de nombrar al supuesto dios, Refn define su antagónico, el diablo, abriéndole un preludio con una línea de uno de sus personajes clave “…es hora de conocer al diablo“. Vithaya Pansringarm interpreta a Chang, un ex-policía que se ha convertido en un padrino local en Tailandia y rige con el filo de su espada el orden que necesita el caos para desarrollarse. Frente a Chang, que es patrono de prostíbulos, cuadriláteros, casas de apuestas y cuanto escondrijo exista, se atraviesan un par de hermanos narcotraficantes. Su punzante juicio cae sobre Billy (Tom Burke) no porque ose trabajar en sus territorios sin permiso sino porque su exceso con una prostituta desata un tipo de anarquía que debe ser obligada a replegarse para mantener el estatu quo. Julian, el otro hermano interpretado por Ryan Gosling, entra en una dualidad moral al tener que determinar si mata al verdugo de su hermano o si lo perdona por los actos indignos que justificaron su muerte.

Los colores en la cinta se manifiestan de forma maniquea y por eso de pronto me parece tan especial el afiche de esta entrada; el rojo define al diablo que es hombre, es padre, es paternalista, es moderado, cauto, racional y letal cuando cuida a sus hijos, no permite que otros hagan su trabajo, es responsable y cuidadoso; dios por el contrario es mujer, es madre, es emocional, manipuladora, letal y vengativa por instinto, se mantiene enterada de todo pero apartada, silente, su trabajo es desarrollado por terceros y además es azul. Sabemos exactamente en qué parte estamos porque con este cromatismo nos desplazamos geográficamente del cielo al infierno, sabemos quién domina sus alrededores, quién es diligente en su zona y cómo se siente incómodo cuando se encuentra fuera de su contexto.

Pero no estaríamos hablando de una peli de Nicolas Winding Refn si todo se limitara a una explicación maniqueista de la vida porque el nórdico nos ha enseñado que nadie es bueno o malo per sé. Su juego teológico parece más cercano al que se define en la Grecia antigua donde las deidades tenían personalidades, sentimientos y sufrían por los hombres en la tierra; su posición en el Olimpo no impedía que fueran erráticos y que pagasen por las consecuencias de sus acciones. En alguna entrevista de Cannes, Refn definía la cinta como la historia de un hombre que se cree dios -refiriéndose en teoría al personaje de Pansringarm– y otro que lo quiere matar. En el desarrollo mismo de los perfiles, se va ahondando en cada uno de uno de ellos, explorando sus emociones y su contexto; las luces ya no son arbitrariamente de un sólo tono sino que se van mezclando y van surgiendo nuevas gamas, nuevas texturas.

En Only God Forgives se nos presenta toda una cosmogonía de facto en la relación de los personajes, una guerra de ángeles contra demonios, una arena de hombres y mujeres, una confrontación de divinidades. Pero si se lo piensa bien, la cinta es un «western» clásico, el protagonista debe cumplir una gesta hasta alcanzar el culmen de su epopeya y es cuando se encuentra frente a frente con su enemigo mortal, en un duelo que sólo ellos dos pueden definir. Julian aparece en escena como un semidiós, el hijo de un dios con un mortal, pero ¿cómo un ser insignificante para una deidad puede doblegarla? Ese es el quid del asunto en esta pieza de Refn.

La pieza padece de una narración inconexa, muy raro en Refn que es tan delicado en el quehacer de su filigrana. Pero no se puede desacreditar de golpe a la cinta como lo ha venido haciendo la crítica internacional, en parte por la exquisita cinematografía de Larry Smith -que ya había trabajado con el director en Bronson y que en la pieza se vuelve minuciosa y muy descriptiva; como lo decíamos antes, es gracias a la fotografía que uno se ubica geográficamente- y de nuevo la genialidad de Cliff Martinez -un tanto más ambiental y, por lo mismo, más étnico para establecer la obra en un ambiente oriental-. Sin embargo, si existe un desbalance y pareciera venir del lado de donde Winding Refn se siente más cómodo, el liderazgo de su pieza principal. Con su paso por las pelis en Hollywood, Ryan Gosling se ha vuelto inconsistente; piezas como Crazy, Stupid, Love o Gangster Squad demostraron que el niño prodigio no siempre tiene un as bajo la manga y que puede estar exhausto del ritmo de casi una decena de pelis en menos de tres años -unas muy buenas, otras realmente patéticas-. En Only God Forgives, se entiende que es el hijo menospreciado de su madre (una increíble y casi irreconocible Kristin Scott Thomas) pero sus primeras escenas parecen un ridículo de si mismo; una falsa seriedad, una mueca de sonrisa que se le sale del gesto cuando en realidad debería estar perplejo y al final una clara falencia de credibilidad en su desempeño; Gosling no descifró, o no quiso descifrar, el rol de Julian y presentó una acartonada versión del piloto de Drive, dañando el promedio de la pieza y dejando sin piso a su director.

La cinta se hace peculiar en una particularidad que no había notado sino hasta ahora. Nicolas Winding Refn sabemos que explota temáticas marginales, personajes que son definidos como antihéroes y sus tramas de alguna forma son anacrónicas pero en el giro de la moneda también están centradas en una vendimia ochentera narrando historias típicas de bajo presupuesto. Refn ha explorado lo urbano de Copenhague, las veredas mitológicas nórdica cercanas al Valhalla, las cárceles británicas, el mundo de los dobles de riesgo en Hollywood y ahora una pequeña particularidad del folclor tailandés. ¿Será posible que Refn adapte su estética y sus temáticas al entorno en el que se desarrollan? ¿Será posible que esta Only God Forgives esté más cerca de lo que aparenta a Loong Boonmee raleuk chat pieza realizada por Apichatpong Weerasethakul (El hombre que recordaba sus vidas pasadas), que se vuelve icónica en Tailandia como el resurgimiento de su cinematografía gracias a la Palma de Oro alcanzada por su director un par de años atrás?

De pronto es hilar demasiado fino…

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Auteur, Coral, Derek Cianfrance, Drama, Epochal, Experimental, Folk, Hollywood, Indie, Miguel Vaca, Movie, Storytelling, Thriller, Vacacion

The Place Beyond the Pines

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Pocas veces uno tiene la posibilidad de encontrarse con una obra maestra, pero cuando lo hacemos permanecemos en un estado de éxtasis por un tiempo mientras logramos digerirla, no completa sino perfectamente. The Place Beyond the Pines es una de esas piezas donde al final nos quedamos perplejos encadenando ideas y sorteando pensamientos.

The Place Beyond the Pines es el tercer largometraje de Derek Cianfrance, posterior a Blue Valentine, donde repite como protagonista Ryan Gosling. Pero esta pieza lejos de ser un orgía de buenas actuaciones con un reparto increíble, lejos de tener un excelente acompañamiento musical con la composición original e impecable de Mike Patton o de poseer una fotografía increíble gracias a Sean Bobbitt -director de fotografía de planta de Steve McQueen-, es excelente como propuesta narrativa.

Cianfrance, en Blue Valentine, nos acostumbró a un recuento de retrospectivas que poco a poco iban armando el gran panorama del melodrama de sus protagonistas. En esta ocasión, la trama se extiende a tres capítulos -no tres actos-, cada uno con su planteamiento, su nudo y su desenlace; cada una de estas historias puede analizarse como un cuento dentro de la obra o estudiarse dentro del corpus completo, ya que cada una de ellas resulta en la siguiente como su inicio gracias a un genial difuminado en la narración. La narración es lineal, con cierto tono coral, y entrelaza los tres relatos dejándonos sin aliento en cada uno de sus finales. La tensión, sin embargo, como un buen ají resaltando los sabores de un plato, se va acumulando a medida que avanza la pieza y, después de casi dos horas y media, nos cede un profundo dolor en el corazón muy similar al que vivimos con Blue Valentine.

The Place Beyond the Pines nos habla de cuatro hombres que tratan de resolver su destino de la forma en que les sea posible. El primer hombre es Luke, interpretado por Ryan Gosling, presentado como un gran ídolo de feria gracias a su atractivo y sus altas capacidades encima de la motocicleta; el plano secuencia de su introducción es un gran aperitivo, un bocatto di cardinale, y nos prepara para el gran festín que se nos presenta. Al final de su acto lo espera Romina, encarnada por una sencilla Eva Mendes, que le recuerda el pasado que tuvo con ella. Por un movimiento que no prevé Romina, Luke va a su casa a buscarla y se topa con su hijo, el cual cambia todo su panorama y su convicción de ser un errante de feria. Las cosas no le serán fáciles porque tratando de hacer las cosas bien, Luke se mezcla con Ben Mendelsohn, que esta vez interpreta a un humilde mecánico que lo seduce a robar bancos y así poder costear la manutención de su hijo.

El segundo hombre es Avery, Avery Cross, con una de las mejores interpretaciones de Bradley Cooper que le hemos visto -recordemos que su desempeño me pareció el lunar de Silver Linings Playbook-. Avery es un agente de policía, es obvio que la forma de unir su historia con la de Luke es que lo persigue pero la forma en qué se conectan es realmente inesperada. Avery vive su propio vía crucis, siendo un policía raso e hijo de un respetado juez poco a poco la corrupción de sus colegas lo empieza a oprimir, lo empieza a cubrir, tanto que la asfixia es palpable y la tensión inconmensurable.

El tercer capítulo abriga el desarrollo de los últimos dos hombres. A manera casi de epílogo, quince años después, Emory Cohen y Dane DeHaan personifican los hijos de Avery y Luke, respectivamente. Se topan en la secundaria de Schenectady y sin conocerse en absoluto, cada uno con sus problemas encima, se presentan y establecen los fundamentos una incipiente y prematura amistad. Sus disfuncionalidades los llevan a cometer errores, que de formas independientes los ayudan a entender a cada uno de sus padres. Son ellos los encargados de darle redondez a la pieza y con una senda actuación de DeHaan obtenemos el fin a la obra que tanto ansiamos durante horas.

Harris Yulin, Bruce Greenwood, Ray Liotta, Rose Byrne, la misma Eva Mendes y Mahershala Ali son colaboradores también en este cierre, y sus apariciones intempestivas son extraordinarias, pero lo más interesante se hace evidente con el nombre de la pieza. «El lugar más allá de los pinos» parece delimitar un lugar específico donde cada uno de los protagonistas se adentra para perderse en el laberinto de su espesura. Es allí donde se desvían sus intenciones o donde son absorbidos sus principios; huir de ese espacio no es de cobardes, al contrario, es de valientes que logran enderezar su destino o de temerarios que como Mendelsohn encontraron allí su única forma de supervivencia. En el tercer capítulo, no parece tan evidente este “lugar” pero me topé con que Schenectady que en lengua Mohawk significa precisamente eso The Place Beyond the Pines; así que el desenlace de los hijos se hace dentro de lo más profundo del bosque, allá donde cada uno está perdido y donde cada uno trata de salvarse.

Reconozco que Blue Valentine me generó poco interés por el trabajo de Cianfrance pero soy el primero, gratamente sorprendido por la agudeza de su obra posterior. Le deseamos la mejor de las suertes en la temporada de premios al final de este año.

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Action, Epochal, Exploitation, Folk, Gangster, Hollywood, Melodrama, Miguel Vaca, Movie, Ruben Fleischer, Thriller, Vacacion, War

Gangster Squad

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No todos dan el paso de lo independiente a lo comercial dentro de la industria de una manera agradable -es más, es a lo que más le tenemos miedo cuando un director toma esa decisión-. Los que lo hacen bien la primera vez, se mantienen y desarrollan una carrera formidable -sólo con contadas excepciones-; los que no lo hacen pueden demorarse en acostumbrarse y definir su estilo en estas aguas turbias como hay otros que lo intentan y se hunden hasta desaparecer. Ruben Fleischer empezó muy bien con Zombieland, más o menos la logró en 30:Minutes or Less. En su forma independiente venía haciendo comedia pero en esta, su tercer largometraje, cambia completamente de estilo a un thriller de gansters y no le resulta bien la vuelta.

Gangster Squad se ubica en un periodo posterior a La Segunda Guerra Mundial, Mickey Cohen gobierna la ciudad de Los Ángeles a toda su holgura y desparpajo. El mafioso, que interpreta Sean Penn, hizo su carrera primero en Brooklyn y después en Chicago, fue desterrado de todas las familias e incluso logró asir una corta carrera de boxeador. Termina refugiándose en Los Ángeles creando lo que se reconoció como La Mafia Judía.

El tema con los mafiosos judíos es que no obtienen un reconocimiento claro de las familias italianas de Chicago o Nueva York -esto se puede revisar en Casino de Scorsese o recientemente en Drive de Refn-, lo que les implica hacerse a un nombre que respeten y teman ambas ciudades. Su agresividad y ferocidad son armas de publicidad para que esto suceda. En Gangster Squad, la policía establecida es fácilmente corruptible y Cohen la tiene controlada. Nick Nolte representa, sin embargo, la cabeza de un sector de la institución que está cansada de los vejámenes a los que se ven expuestos a diario gracias a Cohen y sus colegas; organiza lo que denomina un “cuerpo élite” para acabar con el capo. Cuerpo elite termina siendo un eufemismo para definir un tipo de acciones paramilitares, que no toman presos, no tienen reglas ni ley y viven en el anonimato -aquí ya me voy sintiendo mal y no me gusta tanto la trama-. Es entonces que Josh Brolin, Michael Peña, Robert Patrick, Anthony Mackie, Giovanni Ribisi y Ryan Gosling conforman este escuadrón con la firme intención de ir a guerra con Cohen.

Aparte de la versión suavizada que nos llegó, debido principalmente a los eventos de Aurora que censuraron completamente pedazos que ya nos habían prometido en los cortos, como por ejemplo el tiroteo en la sala de cine, la peli tiene una buena factura y su estética es bien bonita.

Esta censura por un lado deja muy debil el lema “sin cuartel” de este escuadrón y se entiende porque Fleisher estuvo tan molesto cuando le metieron mano al montaje y le tocó refilmar algunos apartes. Al final, no hay una revancha por parte de la policía sino más bien una persecución más acuciosa, lo cual deja sin piso el nombre de la cinta porque ya no es un «escuadrón gánster». La entrada inicial, sin embargo, con Sean Penn es abominable. Los músculos en «tiempo-de-bala», retumbando cada vez que los puños chocan un saco de arena, dan escalofríos y, en general, es gracias a Sean Penn, que le dió forma al monstruo, que la cinta se salva. Por su parte, Peña, Patrick, Mackie y Ribisi desarrollan bien sus papeles y crean un contexto empático con los espectadores; son héroes caricaturizados pero de todas formas bien logrados. Josh Brolin tiene también un buen desempeño pero es muy genérico, es casi el mismo Brolin que vimos en No Country for Old Men o Jonah Hex. Y la decepción fue Gosling que si apartamos el tiroteo que busca acabar con la vida de Dragna (John Pallotta) donde se siente la furia del personaje, no tuvo un rol consolidado ni desarrollado, un interminable sonsonete muy fingido y casi amanerado que no cogió nunca fuerza en la historia. El personaje de Gosling distrae así como su relación con Grace Faraday (Emma Stone) que hubiera podido convulsionar la trama de muchas formas posibles.

La crítica cataloga a Gangster Squad como una peli contemporánea tipo gánster y después de verla es imposible no compararla con Goodfellas de Scorsese o The Untouchables de Brian De Palma -siendo esta última mi favorita y clásico del género-. Pero la cinta de Fleisher aislada logra ser promedio, comparada con ellas no alcanza una buena calificación.

Los colores, la fotografía y los encuadres recuerdan esos filmes en blanco y negro coloreados a mano a finales de los años 50’s cuando el cine peleaba por su audiencia con el televisor a blanco y negro. Esta estética es genial y ayuda a que Fleisher empiece a definir tangencialmente el periodo en el que se basa su peli con buenos referentes. Su director de arte, Maher Ahmad hace un buen uso de los carros, las tomas generales creadas por computador aludiendo los paisajes pintados a mano, el mismo uso del color en las cintas de cine pero cae preso de su inexactitud temporal. No tendrá mucha relevancia pero el letrero de ‘Hollywoodland‘ -que me pareció ver- en la película está desubicado en la historia (si se revisa Wikipedia), este letrero ya no se leía así desde 1949, el personaje de Brolin está recién llegado de La Segunda Guerra es decir muy cercano a 1945 y el destino mismo de Cohen se desenlaza a principio de los 60’s. En cine se puede estar ajeno a las referencias históricas e incluso hacer caso omiso de ellas, como en Los Basterdos, pero compararse con Tarantino es un error que tampoco se debiera cometer con esta cinta.

Digamos que Fleisher ya dió el paso y tembló. La taquilla logró doblar la producción y ya recoge una buena ganancia. Esperemos ver a este realizador en alguna producción donde se sienta más cómodo, donde no sea tan manipulable para el estudio de distribución y que ojalá no se refugie en realizaciones para TV que es donde puede llegar a ser bastante fuerte.

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Den Danske Film, Nicolas Winding Refn, World

Drive

En el pasado festival de Cannes, súper comentado por el gran duelo entre Terrence Malick y Lars Von Trier -además de la aparatosa e impertinente salida en público del danés-, se nombró a Nicolas Winding Refn como mejor director por esta peli, Drive. Aguantamos mucho a ver si la traían a salas pero como siempre se demoraron una eternidad hasta que me tocó verla hace un par de semanas en Cuevana. Siempre es el mismo temita con los distribuidores pues lo mismo sucedió con Melancholia y The Tree of Life que no tiene ningún sentido en absoluto a sabiendas que han tenido muy buenas taquillas y han tenido muy buena recepción de la crítica. Drive, por lo menos, tocará repetírsela en salas porque la empezaron anunciar en vista de su nombramiento en los Oscar y vale mucho la pena.

Es la historia de amor de un acróbata de Hollywood, especializado en conducción de automóviles para el doblaje en pelis de acción, quien se enamora perdidamente de su vecina. El acróbata es interpretado, por el chico de moda, Ryan Gosling y la vecina por la bellísima Carey Mulligan. La historia parece sencilla, un poco densa y contemplativa al principio pero la excelente música compuesta por Cliff Martinez mantiene una falsa calma y un estado de tensión impresionante donde el espectador queda presto a un giro dramático que le vienen anunciado con anterioridad. Este factor y las destacadísimas actuaciones de Albert Brooks, Ron Perlman y sir Bryan Cranston hacen que uno no se coma el cuento del novelón romantico expuesto frente a nuestros ojos. Gosling parece prever también dicho giro y con una sólida parsimonia frente a la cámara espera su momento para actuar -tanto así que incluso ni parpadea en uno de los tantos momentos excéntricos de la peli que empiezan a chocarnos como espectadores de a poco en poco-. Aparece en pantalla Oscar Isaac para terminar de atirantar la angustia y Christina Hendricks que desata el vertiginoso desenlace de la historia, casi como un carro dirigiéndose a un muro de contensión.

Winding Refn que ya habíamos visto escribiendo-dirigiendo Valhalla Rising y Bronson tiene un sentido extraño para la realización. Su estilo es ecléctico y no define claramente una dirección o una intención en sus pelis, entonces podríamos enfrentarnos a un drama épico mitológico o un docudrama introspectivo con un profundo olfato independiente y con una excelente dirección de su reparto. Trabajando para él, Mads Mikkelsen y Tom Hardy se ganaron un puesto en el corazón de la crítica cinematográfica mundial por sus impecables interpretaciones. Hardy por su descaro y su estrafalaria conducta como un reo difícil de manipular y Mikkelsen como el calmado guerrero que se dirige a su muerte indefectible. Esta vez Ryan Gosling se deja llevar por los hilos de Winding Refn para desarrollar un introvertido rol, de sangre fría y muy calculador. Un papel que si lo pensamos bien refresca lo que venía haciendo para Hollywwod con Crazy, Stupid, Love, Blue Valentine, Half Nelson o Lars and the Real Girl donde interpreta jóvenes enamoradisos y de alguna forma vulnerables. Al lado de Mulligan generan una química muy agradable y por eso cuando se plantea el peligro para la pareja se agrega otro nivel de zozobra para el espectador.

Una gran peli, con una gran fotografía, una excelente partitura, un reparto de un desempeño impresionante y un director que juega con las emociones del espectador a su gran antojo. Repito, ya que la traen a salas si no la han visto es una cita inaplazable y si ya la vieron vale la pena repetir la experiencia en la solemnidad de la proyección.

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Crazy, Stupid, Love.

Aparte de la obvia pregunta de porqué Ryan Gosling está aceptando cuanto papel le ofrecen en Hollywood (y que por lo mismo empieza a saturar pantallas) podría decir que Crazy, Stupid, Love. codirigida por Glenn Ficarra y John Requa es otra peli perfecta para un domingo lluvioso. No es tan buena como I Love You Phillip Morris, la primera peli que este par de directores escribieron y dirigieron, pero es bastante entretenida.

El que me conoce sabe bien que me gusta toda clase de pelis, incluso las comedias románticas, y que puedo afirmar cuando estas apestan como Valentine’s Day o cuando son geniales como Submarine. Creo que el problema con Crazy, Stupid, Love., que no deja de ser apenas sobresaliente, es que los realizadores aceptaron un trabajo. Recibieron el guión de Dan Fogelman y dijeron «qué diablos hagámosla». Y es eso. Una comedia más donde actúa Steve Carrell, Julianne Moore, Emma Stone, Marisa Tomei, Ryan Gosling y Kevin Bacon donde me alegró no haberla visto en cine pero que hoy domingo fue un gran plan.

Insisto Carrell es un arma de doble filo y no hay que confiar en las pelis donde aparece (si pueden siempre con paciencia espérenlas para verlas alquiladas o en TV). Aquí podemos destacar una buena narración, una buena escogencia y dirección de reparto y una excelente composición musical a cargo de Christophe Beck y Nick Urata. El montaje (Lee Haxall) o la fotografía (Andrew Dunn) no estuvieron mal pero al igual que el resto de elementos cinematográficos estuvieron muy en el promedio.

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Drive

Lo dicho septiembre va a ser un gran mes de cine. No sólo es posible que nos traigan This Must Be the Place de Sorrentino y Contagion de Soderbergh, ahora existe otro rumor donde nos pueden traer Drive de Nicolas Winding Refn. Winding Refn es el director de Bronson y Valhalla Rising pelis bien interesantes de cierto corte comercial.

Esta peli se hace importante porque su director ganó mejor director y fue nominado a la Palma de Oro en Cannes. La historia está basada en la novela del mismo nombre y es un thriller de suspenso, de pronto muy cercano a The Transporter, pero sin tanta acción y más tirado a la tensión y el drama, donde Ryan Gosling interpreta a un doble de Hollywood que tiene un segundo trabajo de noche en el que aprovecha sus habilidades para hacer cosas obviamente no muy correctas.

Ryan Gosling (Driver)
Bryan Cranston (Shannon)
Carey Mulligan (Irene)
Christina Hendricks (Blanche)
Ron Perlman (Nino)

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