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A Girl Walks Alone at Home

30/01/2016 3 comments

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Es raro hablar por estos días de pelis que no estén concursando en los Oscar pero es que pocas veces se puede tener acceso a cine independiente de tan buena calidad como A Girl Walks Alone at Home de Ana Lily Amirpour. Yo tuve la oportunidad de verla a través de Netflix pero se puede aprovechar en este momento que se encuentra en rotación de salas alternativas en Bogotá.

La anglo-iraní (residente en Estados Unidos) ha hecho su portafolio cinematográfico a partir de cortometrajes de serie B que le fueron armando su fama no sólo de realizadora alternativa sino incluso la empiezan a comparar con Quentin Tarantino. Ciertamente, esta pieza empieza primero como un corto en 2011 que gana mejor cortometraje en el Festival de Cine Iraní de Noor y eso le da impulso para que tres años después se anime a hacerlo largo. Su carrera al reconocimiento empieza su recorrido por Sundance donde levanta las miradas de la crítica, luego recorre –entre otros– Ohio, Londres, Dublin, Glasgow, Sitges, Los Fangoria, Los Gotham y completa su travesía con las nominaciones de mejor ópera prima, mejor cinematografía y “Alguien a Quien Echarle un Ojo” en Los Spirit del año pasado.

Y claro, es un filme de vampiros, pero sobresale su narración, su fotografía en blanco y negro y su juego de planos llenos de exquisito erotismo. La primera vez que escuché de este filme, me llamó la atención la esencia de su materia y el origen de su realizadora. ¿Cómo podría ser el enfoque de una iraní sobre la temática de vampiros? La respuesta es una peli llena de una profunda elegancia, evocando el periodo clásico del género, y una actitud contestaria metaforizando al ‘chupasangre’ en un régimen despótico como el iraní. Ella, su capa y su desplazamiento en patineta le meten picardía y genialidad al planteamiento de una mujer que lejos de ser caprichosa quiere explorar su sensibilidad reprimida.

A Girl Walks Alone at Home se suma a Låt den rätte komma in de Tomas Alfredson y Bakjwi de Park Chan-wook pelis que se resienten de la lamentable comercialización del vampirismo de Twilight o Vampire Diaries y que con ingeniosos giros se vuelven clásicos instantáneos en el género. Estas tres, sumadas a The Hunger y Bram Stoker’s Dracula hacen parte fácilmente de mi top 10 de Vampiros, y claro está, no me olvido de los Dráculas de Christopher Lee y Bela Lugosi o la tripleta exquisita de Nosferatus de F.W. Murnau, Werner Herzog y E. Elias Merhige (Shadow of the Vampire). Veremos cómo continúa su proceso Ana Lily Amirpour ahora que se lanza en su siguiente proyecto con una de caníbales.

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Snowpiercer

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Si hay algo impresionante en esta cinta de Bong Joon-ho es el maquillaje y la dirección de arte. El coreano a quien conocemos por Tokio! y Madeo se tomó muy en serio este ítem en su primer paso hacia la industria hollywoodense. El destellante reparto liderado por Chris Evans, Jamie Bell, Tilda Swinton, John Hurt, Ed Harris, Octavia Spencer, Song Kang-ho, Ko Ah-sung, Ewen Bremner y la fugaz Alison Pill aparecen en pantalla completamente irreconocibles gracias al excelente trabajo de Gabriela Polakova como maquilladora y las adiciones protésicas de Matthew Smith.

Snowpiercer es una historia de ciencia ficción a bordo de un colosal tren que en un ininterrumpido viaje atraviesa al mundo, constantemente, todos los años. Su misión cinética es no permitir que sus tripulantes se congelen; décadas atrás, infructuosos intentos de la humanidad por detener el calentamiento global trajeron un perpetuo invierno que prácticamente acabó con la población, restando sólo los pasajeros del «Snowpiercer» como cariñosamente llamaron la bestia creada por Wilford, Ed Harris; Wilford había previsto el congelamiento de la Tierra y se había apresurado a construir un tren que en medio de su movimiento permitiera un espacio de albergue y amparo.

Pero no todo es color de rosas dentro del tren. Wilford en su idealización también diseñó clases sociales y zonas estratificadas para esas clases sociales dentro del tren lo que genera múltiples contradicciones en su discurso liberador. La perspectiva de Joon-ho se ve desde el punto de vista de los más marginados que están sometidos a todos los vejámenes imaginados como rendirse a tener que entregar sus hijos a cierta edad para la explotación del tren o la invariable rutina de comer diariamente proteínas prefabricadas en una desagradable presentación gelatinosa. Esto conlleva a la muchedumbre a sublevarse y tratar de tomar las riendas del tren para tratar de sobrevivir donde antes muchos estérilmente fallaron.

Snowpiercer está basada en una novela francesa llamada Le Transperceneige de Jacques Lob, Benjamin Legrand y Jean-Marc Rochette, y aunque no podemos determinar la fidelidad a la fuente, se siente un ritmo narrativo literario bastante consistente pero también un poco desnaturalizado del formato cinematográfico. Los capítulos son extensos, cíclicos y muy descriptivos; la revolución de Curtis toma demasiado tiempo antes de que llegue a algún término y mientras en algunos tramos es dinámica y coherente, estaciones pausadas para comer sushi simplemente hacen el montaje irrelevante.

Recién hablábamos del desempeño de Ed Harris en Sweetwater, que sin ser mediocre si fue muy pobre; en Snowpiercer, Harris se encuentra en su método, en su zona de confort, definiendo un personaje aristocrático, autoritario y con agendas oscuras en sus planes. Harris logra salvarse de Sweetwater con este papel, sobre todo halado por las sendas presentaciones de John Hurt, Ewen Bremmer y Tilda Swinton que no falla: qué señora actriz. El libreto se queda corto no en desarrollo, sino en mejores desenlaces para algunos personajes y se nota en los vacíos que dejan sus ausencias a medida que avanzan en el tren; Snowpiercer adolece de un exceso de puntos focales y un sólo receptor, como lo es Chris Evans que, personalmente, siento le queda grande el papel.

Veremos qué sucede con la escena coreana en Hollywood. Snowpiercer resultó ser muy promedio a pesar de las grandes expectativas y de los geniales aportes visuales. En este duelo, Park Chan-wook con Stoker sigue liderando su paso al cine occidental por sobre Bong Joon-ho y The Last Stand respectivo debut de Kim Jee-woon.

Oldboy

05/03/2014 1 comment

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Creo que es suficiente. Esta es la última vez que hago una reseña de un enlatado que no valga la pena revisar. Es decir, a menos que sea un Scarface de Brian De Palma, un Bad Lieutenant de Werner Herzog o un Cape Fear de Martin Scorsese sentarse a divagar sobre los buenos puntos de lo que al final es una copia dan lástima y pereza. Prefiero comprometerme a que cada vez que haya un enlatado, nos sentemos a revisar el original y de cómo se afectó con la visión contemporánea.

Spike Lee no viene haciendo bien las cosas últimamente; aunque Inside Man de 2006 fue discutiblemente buena, regularmente entretenida, podemos decir que lo último de carácter que alcanzó el realizador de Brooklyn fue 25th Hour -que no me gustó- en 2002; Lee ha estado involucrado mayormente con proyectos comerciales de bajo interés durante más de diez años, destacándose la ya nombrada Inside Man, con Clive Owen y Denzel Washington, y el excelente documental que están rotando en HBO, Mike Tyson: Undisputed Truth –poner a hilar frases al boxeador, durante dos horas, en un discurso articulado no es fácil a toda luz–.

Mientras tanto, todos nuestros miedos sobre lo pobre y triste que iba a ser la adaptación de la obra maestra coreana, Oldeuboi de Park Chan-wook, se cumplieron completamente; no sólo no aporta nada interesante a la historia sino que hubo actuaciones terribles como la de Sharlto Copley que dañan todo el sentimiento de la obra; Lee logró de alguna forma que Copley, que es un gran actor y se había venido desenvolviendo bien en Hollywood, tuviera lo más bajo de su desempeño dentro de su carrera actoral.

Si, hay un par de tomas que son nuevas y entretenidas pero la mayoría de las escenas interesantes ya estaban en la obra original Park Chan-wook; Josh Brolin es un gran Oh Dae-Su y su combinación carnal con Elizabeth Olsen nos llenó de ansiedad, hasta esa escena en que se encuentran uno con el otro, con cero química y si mucha torpeza, que desdibuja la esencia de sus actos.

A Lee no le bastó con desdibujar la pieza original sino que además, sabiendo que una gran cantidad de su público podría ser amante de este incipiente cine, que es el coreano, y pudieron de hecho haber visto con anterioridad el filme de Park Chan-wook, trató infructuosamente de darle un giro, no obstante estúpido, inoficioso y ridículo dejando muy atrás nuestra confianza en el producto terminado.

Al final, lo mejor de la cinta es toda la gráfica que envuelve la promoción pero si además le agregamos todo el escándalo que causó la noticia de derechos violados al diseñador gráfico Juan Luis García, esta cinta de Spike Lee termina siendo más que una vergüenza.

RoboCop

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Los enlatados son una gran moda en estos días de la industria en Hollywood. No sólo se rehacen versiones del pasado, también se lanzan megaproducciones de pelis recién hechas en países de menor cobertura de distribución y se relanzan orígenes de arcos narrativos de historias porque se supone pueden ofrecer aún más taquilla; aunque muchos de los enlatados vienen del género del terror, las franquicias mismas se han vuelto un enlatado de si mismas como una molesta e impertinente serpiente de Uróboros.

Rehacer versiones de una pieza cinematográfica es una salida válida para compensar la falta de algún elemento en el pasado como por ejemplo algún avance técnico o una visión más moderna de la trama. Generalmente, un enlatado suena mal porque se ha venido viendo como reflejo de la falta de creatividad de los recursos de la industria norteamericana en el cine, tanto en sus escritores como en sus directores y productores; sin embargo varios maestros han logrado desarrollar grandes piezas de arte, icónicas incluso, basados en la reinvención de clásicos de otrora, dentro de los cuales Martin Scorsese y Brian De Palma parecen los más destacados; el subgénero ha caído en un ciclo inaudito donde la pompa de los estudios hacen ver como originales tales enlatados como City of Angels (Der Himmel über Berlin de Wim Wenders), Let Me In (Låt den rätte komma in de Tomas Alfredson), The Girl with the Dragon Tattoo (Män som hatar kvinnor de Niels Arden Oplev) o más recientemente Oldboy (Oldeuboi de Park Chan-wook) pero no son más que recreaciones planas sin mayores aportes a la historia.

Quizás uno de los más repudiados directores de los 80’s curiosamente se ha vuelto objeto de recreación por estas épocas: El holandés Paul Verhoeven. Verhoeven gusta sin ser demasiado indulgentes del cine basura; le encantaba la explotación de la comunicación a través de figuras televisivas y a veces lo combinaba con algo de ciencia ficción; sus cintas eran de bajo presupuesto e iban del delirio a la hecatombe cinematográfica pero para no recordar sus pasos en falso quedémonos precisamente con sus aciertos –que por mi lado son cuatro–: Basic Instinct, Total Recall, Starship Troopers y RoboCop.

No se si eran geniales sus piezas pero por lo menos estas cuatro fueron muy divertidas y como vimos recientemente cuando reseñamos Total Recall envejecen bien, que ya es mucho que decir de una serie B. No obstante, Total Recall y Basic Instinct parecen pertenecer a otra categoría; Basic Instinct por su temática de thriller de suspenso policiaco; Total Recall porque fue un ejercicio a medio camino que ya iba muy adelantado por el duque David Cronenberg. Tanto Starship Troopers como RoboCop manifiestan la esencia desgarradora, sangrienta y ecléctica de las producciones de Verhoeven; por lo mismo, si uno dice que estas son sus mejores piezas sus peores casi que se vuelven innombrables.

RoboCop es una de esas pelis futurísticas, con una visión oscura de nuestro destino; desorden, caos, corrupción, violencia desmesurada y control de las masas mediante los medios de comunicación. Su narración es contrariante porque mientras uno asiste a la cinta hay constantes interrupciones, uno a uno, de propagandas de productos solares o cortes informativos con las últimas noticias del noticiero de las 7PM.

La visión descarada de los 80’s nos permitió aceptar esta cinta y asumirla como una gran pieza de ciencia ficción; sin embargo, recién lo decíamos en los primeros renglones de esta entrada, el peor enemigo de una producción de Hollywood, es la industria misma cuando empiezan a volver todo franquicia, continuación de la continuación; uno de los grandes errores de RoboCop, saliendo en completa defensa de Verhoeven fue RoboCop 2 de Irvin Kershner y más aún RoboCop 3 de Fred Dekker. No hay mucho que decir, la Uróboros se comió hasta el último pedazo de su cola y se volvió un asqueroso monigote donde ni siquiera estaba el gran Peter Weller.

Veinte años después, José Padilha el director brasilero de Tropa de Elite (1 y 2), se monta en el tren de traer este personaje y hacerlo contemporáneo. MGM, Columbia Pictures y Sony Pictures hacen una gran apuesta y empiezan por atraer un reparto de muchos kilates; Michael Keaton como el dueño de OCP, Jackie Earle Haley como la mano derecha y corrupta de OCP, Gary Oldman como el científico que trae a la vida este cybrog, Jay Baruchel el vendido de mercadeo, Samuel L. Jackson como el manipulador de las noticias, Michael Kenneth Williams como el compañero fiel de trabajo, Abbie Cornish como la esposa y Joel Kinnaman como Alex Murphy.

Los estudios trajeron de vuelta a Edward Neumeier como escritor que no es mucha garantía de calidad pues él mismo fue el creador de las ignominiosas segunda y tercera parte de la saga. Pero lo interesante fue que Padilha si armó un equipo de lujo creativo brasilero que da una mirada refrescante a la visión ochentera de Verhoeven; son ellos Pedro Bromfman en la partitura, nada más y nadie menos que Daniel Rezende (Cidade de Deus) en el montaje y Lula Carvalho como director de fotografía.

La historia sigue envuelta en una peligrosa Detroit en 2028 cuando el crimen y la anarquía dominan la ciudad. OCP es una contratista del estado que viene ejerciendo exitosamente su labor de reposición de la calma en el Medio Oriente, mediante robots tácticos regidos por comandos de su jefe Rick Mattox (Jackie Earle Haley); Raymond Sellars (Michael Keaton) CEO de OCP necesita expandir su negocio de vuelta en la nación pero se topa con varias trabas en el congreso que no le permiten incluir robots inanimados en el control de ciudadanos; su opción es entonces crear un cyborg, mitad hombre mitad robot, para la labor y encomienda al doctor Dennett Norton (Gary Oldman) de la tarea, que después de muchos estudios decide irse por un joven policía que perdió la mayoría de su cuerpo en un atentado terrorista perpetrado por la mafia de Detroit y albergada por la corrupción de su departamento de policía.

En principio, es la misma historia de los 80’s; en principio, el planteamiento de RoboCop de Verhoeven es mucho más dramático y sanguinario, recordar la muerte de Murphy es realmente duro; en principio, todo parece apuntar a ser un nuevo gran descache de Hollywood pero, Padilha sutilmente se sale con la suya; unos ajustes en el traje, una forma diferente de presentar a Murphy y un desarrollo –más lavado de la historia original– igual con su toque sanguinario permiten emoción y entretenimiento.

Es una buena peli esta de José Padilha: Si, pero sólo en IMAX
Vale la pena un enlatado de RoboCop basado en estas premisas: No, hay muchas historias originales e interesantes para desperdiciar talentos en estas babosadas ligeramente alteradas para que se adapte a nuestra época; por lo menos si podemos decir que en el reto del mejor enlatado (de Verhoeven) la batalla la ganó de lejos José Padilha sobre Len Wiseman (Total Recall) y esperaríamos un apoyo más fuerte por parte de la industria a nuevos proyectos del ingenio brazuca.

Cesare deve morire

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Otra gran joya de nuestra cartelera por estos días -la otra si lo recuerdan es Stoker del coreano Park Chan-wook-. Una obra maestra de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, que logró llevarse el Oso de Oro y el Premio del Jurado Ecuménico en la Berlinale del año pasado.

Este par de hermanos, que a modo de curiosidad han realizado siempre proyectos juntos desde 1954 y ya completan 22 piezas cinematográficas, se juntan de nuevo para desarrollar una especie de docudrama con los presos de la Cárcel de Rebibbia, a las afueras de Roma. Su primera intención es documentar la evolución de la puesta en escena de la obra Julio César de William Shakespeare, de la mano del director de teatro Fabio Cavalli. En palabras de ellos mismos -que logramos escuchar gracias a una entrevista presentada al principio de la peli-, la idea era darle un golpe a la realidad, era declamar el pasado violento de estos personajes y la mejor forma fue a través del cine, obvio, y del blanco y negro. Porqué el blanco y negro, porque la realidad es a color y al hacerlo de otra forma contraria se le hace el quite, se la hace más dramática, se la trata con violencia.

Por un lado, la precariedad del asunto adorna de cierta forma el contexto de los reclusos, que se toman muy a pecho y con una pasión profunda sus papeles. Tanto, que sus líneas los superan y los sobrecogen. Unos lloran, otros no se olvidan del día a día en sus mazmorras, otros pelean, otros soplan sus armónicas y otros ensayan. Poco a poco, el guión que declaman los va definiendo y va dominando sus psiques. Pero antes, Los Taviani nos dan un golpe bajo al enfrentarnos a los reclusos en su máxima vulnerabilidad cuando se hace la selección del reparto. La instrucción es increíble y nos iguala en humanidad con esta suma de individuos. Es notable como un ejercicio tan sencillo, como el que propone el director Fabio Cavalli, desenfunda todos los matices de las personalidades de cada uno de los reclusos y de cómo, después cuando les va asignando sus roles, uno a uno pareciera que los tuvieran predestinados. ¡Ojo! Antes nos advierten que por mucha empatía que sintamos frente ellos, no debemos olvidar los huérfanos, las madres solteras o los hijos que se quedaron sin hermanos por culpa de ellos mismos. No olvidar que así su comportamiento haya cambiado frente a las cámaras o arriba en las tablas del escenario, ante todo son criminales, muchos de ellos con cadenas perpetuas que aseguran que no fueron dulces lo que se robaron.

La idea nace de una visita que hicieron los realizadores a la prisión y vieron como uno de los presos yacía en un patio leyendo El infierno de Dante, intercambiaron unas pequeñas frases enfrascándose en una ligera y sana discusión, un escalofrío los recubrió y decidieron montar una obra con ellos inmediatamente. Pero diferente a lo que pedía el director de la cárcel, Los hermanos querían usar la extensión completa del reclusorio, no sólo el teatrino, apropiarse de su cotidianidad y lograr sacar adelante una obra tan compleja como Julio César. Los rostros dramáticamente retratados por Simone Zampagni, la música que los acompañaba y el juego de tiempos y colores que se logró en el montaje de Roberto Perpignani hacen de Cesare deve morire una tarea infaltable y súper entretenida.

The Last Stand

08/05/2013 2 comments

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Por fin me pude ver esta peli de Kim Jee-woon, una peli que no duró mucho en cartelera y que desafortunadamente me perdí en salas.

Mi gran interés fue que retornaba a la pantalla grande Arnold Schwarzenegger después de su pausa política, al haber sido elegido como gobernador del estado de California, aparte que me gustaron mucho las dos pelis que me he visto del director, Janghwa, Hongryeon (Cuento de dos hermanas) y Joheunnom nabbeunnom isanghannom (El bueno, el malo y el raro). The Governator, como se le conocía a Schwarzenegger, realizó dos papeles secundarios con su amigo Stallone en sus Expendables y cedió los derechos de explotación de su imagen en Terminator Salvation para la cuarta versión de Terminator. Aparte de eso, se dedicó muy juicioso a su carrera como gobernador y a la reconquista de su mujer -porque en algún momento llegaron a separarse, por sus acciones políticas- lo cual no le permitió mucho más tiempo en proyectos cinematográficos. Sin contar, The Expendables y siendo este su prime proyecto, Schwarzenegger no pierde tiempo y en un afán casi maniático ya tiene dos proyectos en posproducción (Escape Plan y Ten), uno en preproducción (Captive), uno rumorado (Terminator V) y tres más anunciados (Triplets, The Legend of Conan y Unknown Soldier). Es decir, vamos a tener Governator para rato.

Al igual que Park Chan-wook con Stoker, The Last Stand es la primera pieza de Kim Jee-woon en inglés. Hollywood refresca su industria con talento extranjero y estos dos no son los únicos ejemplos, Bong Joon-ho también reconocido director de thrillers coreano prepara una increíble historia de ciencia ficción llamada Snowpiercer, de la cual recomiendo ver sus avances inmediatamente.

The Last Stand es al parecer la más frívola de las tres (Stoker, The Last Stand y Snowpiercer). Una historia de explotación, con Schwarzenegger como último recurso, lleno de escenas acción pura y líneas únicas de humor típicas y envidiables de cualquier Expendable. Lo que pasa es que siendo una peli de acción es ciento por ciento entretenida. Arnold Schwarzenegger interpreta a un alguacil que se alejó de la escena de Los Ángeles por su extrema violencia y se refugió en Sommerton, un pueblito calmado y olvidado de Arizona. Sus ayudantes no tienen toda su experiencia y capacidades lo cual pone en aprietos al alguacil que se preocupa demasiado por ellos. Un preso de alta seguridad se fuga de Las Vegas y planea cruzar la frontera justo a la altura de Sommerton. Es un despiadado criminal que no logra ser capturado por todos los federales que están detrás de él. Todas las esperanzas recaen entonces sobre Schwarzenegger y todos los incompetentes que se le suman.

La estética del coreano reina perfectamente y la narración es muy atractiva. The Last Stand se presenta evidentemente como un western donde Schwarzenegger conoce perfectamente sus ritmos como eje de acción pero debió ser muy atractivo para él enfrentarse a un género como este por primera vez en su carrera. Al lado de él, aparecen Forest Whitaker, Johnny Knoxville, Rodrigo Santoro, Peter Stormare, Luis Guzmán, Harry Dean Stanton, Jaimie Alexander, Christiana Leucas, Genesis Rodriguez y Eduardo Noriega como el gran capo mexicano. Un gran reparto que redondea la idea de buen esparcimiento que asegura la producción.

Stoker

07/05/2013 5 comments

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Quizás una de las apuestas visuales más interesantes del año, está en este momento en cartelera. Stoker del gran maestro coreano Park Chan-wook, se estrenó hace dos semanas en salas colombianas y no dudé un sólo instante en ir verla -es más, estoy viendo la posibilidad de repetirla-.

No recuerdo haber experimentado un manejo de cámara tan sensual y erótico desde Las edades de Lulú de Bigas Luna tanto, tal vez, que la cinematografía toma demasiado protagonismo y la historia, que es un thriller sencillo, pierde un poco de jerarquía. Lo que si es cierto es que para los que conocemos el trabajo de Park Chan-wook, Stoker no decepciona en absoluto. Tenía mucho miedo porque la crítica le dio muy duro al primer trabajo occidentalizado del coreano; decían que era una historia potencialmente extraordinaria, con grandes promesas en el planteamiento pero con un desarrollo aburrido. Después de haber visto Bakjwi, Oldeuboi o cualquiera de la Trilogía de la Venganza sentía que esa sentencia podía haber sido el reflejo de un descuido del realizador que de pronto se dejó embelesar por la industria o su forma de operar. Sin embargo, empezó la peli y cada plano me fue enamorando, cada escena era una delicada puntada en un grandioso bordado que al final rescata la artesanía tan sofisticada de Park Chan-wook. Es posible que el tono de la narración, un poco más «hitchcockiana», sea un nuevo ingrediente en su portafolio, pero se debe a que por primera vez en mucho tiempo no está involucrado en el equipo de escritura.

Stoker es el producto de la imaginación de Wentworth Miller -actor protagonista de Prison Break– que gracias a su fama usó seudónimos para que su novela tomara vuelo por si sola, en vez de ser hallada en el mercado como “la novela del famoso actor“. Stoker es la historia de India, interpretada por Mia Wasikowska, una joven adolescente que se descubre mayor de edad justo con la violenta desaparición de su padre Richard Stoker (Dermot Mulroney). En el duelo de su funeral, tanto India como su madre Evelyn, interpretada por (Nicole Kidman), descubren que tienen un familiar cercano y le abren las puertas a Charlie (Matthew Goode), el hermano de Richard. Un siniestro aire de suspenso y de intriga llena la casa del cuál serán protagonistas cada uno de sus personajes, desencadenando una serie de eventos inesperados y concadenados tan sólo por ese gran don de Park Chan-wook de contar historias con su peculiar punto de vista.

El responsable de la increíble y ya nombrada cinematografía es Chung Chung-hoon, un director de fotografía que ha acompañado al realizador desde la producción de Oldeuboi y se ha vuelto llave infaltable desde entonces en el equipo de Park Chan-wook. Por su lado, Clint Mansell, compositor de absoluta confianza de Aronofsky (Black Swan, The Wrestler, Requiem for a Dream), desarrolla la partitura original de la pieza, con el dramatismo y la sofisticación a los que nos tiene acostumbrados, para lograr el estado de ánimo requerido y terminar de ambientar la cinta. Stoker siendo una co-producción británica-hollywoodense, tiene la particularidad de ser la última pieza producida por Tony Scott, antes de su desafortunado suicidio. Una producción que seguramente lo tendría muy orgulloso.

Stoker apenas empieza su carrera en el año. Es posible que se gane un par de premios en su gira por festivales y ceremonias. En Colombia, puede que esté una semana más en cartelera pero para los que gustan del cine del coreano es imperioso hacer la tarea antes de que la quiten.

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