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Moonlight

03/03/2017 1 comment

moonlight

Cuando uno va a ver Moonlight se ase a una experiencia brutal. Una narración lineal contundente, clara y consistente. Un niño que es inocente frente al mundo que lo condena por una condición que le es ajena a él mismo, es decir, no hay condiciones para un hombre, blanco, heterosexual, se pregunta uno entonces ¿por qué para el resto de mortales, su diferencia es una condición?

La peli se desarrolla en tres actos Little, Chiron y Black de manera clásica. Por eso al ser lineal, la pieza se desenvuelve en planteamiento, nudo y desenlace, respectivamente. En eso es genial hasta el afiche. El protagonista es un niño negro que vive en un barrio deprimido de Miami; su nombre es Chiron y sin saberlo es aceptado en ese mundo porque tiene un apodo singular, «Little», nada ofensivo casi sobrio, sin embargo, y este es un gran pero no encaja dentro del grupo de sus demás compañeros; tiene una forma callada de contemplar el mundo, tiene una forma particular de moverse, de mirar, de respirar, de sentir, de tocar pero sobre todo es perspicaz a que algo en si mismo no le gusta al mundo que lo rodea. El montaje es exquisito y plantea que hay homosexuales que no se hacen sino que nacen y en ese sentido es una afirmación gruesa y hermosa. Aunque él es un negro en un barrio de negros y hay playa, mar, sol, brisa, la pesadilla de Chiron es que es producto de una madre soltera que trata de hacer lo que está a su alcance para criar a su hijo pero que es ausente por su trabajo; su soledad además la lleva a juntarse con no muy buenas compañías y termina probando drogas fuertes; así, Chiron huyendo de la golpiza de unos niños del barrio se adentra en unos «fumaderos-de-coca» y se hace amigo de Juan, un traqueto cubano que se conmueve con este niño introvertido que prácticamente se tiró a sus brazos, en lo profundo de su dominio.

La peli avanza con una cinematografía y un montaje espectaculares. La fábula de que los niños negros no deben exponerse a la luz de la Luna porque se vuelven “azules” se vuelve el detonante del nudo. «Azul» tiene muchos significados; una persona negra que es «Azul» o «Morada» quiere decir coloquialmente que su tono de piel es más intenso, no es café, no es pardo, es «Azul», no hay tono de piel más oscuro; «Azul» también significa tristeza, melancolía, saudade, es la razón misma del sentimiento negro en la música, la danza y la cultura afrodescendiente en Estados Unidos. En el segundo acto, Chiron es un escuálido muchachito, limpio, aseado y resentido de tantas golpizas que ha recibido producto del matoneo en su escuela; no sobresale, por el contrario, trata de mantener un perfil bajo pero sufre como ningún otro porque es “azul“, es más negro que un negro normal y es más susceptible a sentimientos que le son prohibidos a los de su mismo sexo como llorar, por ejemplo. Su madre parece haberse descarriado y perdió su trabajo, ahora viven en una casa aún más humilde y su apariencia se ve boicoteada por el consumo cada vez más frecuente de estupefacientes, que alteran su razón, su conciencia, su dolor, su soledad. En ese momento, Chiron es Chiron porque no quiere tener ningún apodo, cualquier sobrenombre puede ser un apelativo peyorativo, puede ser una burla, puede herirlo. No quiere ser Little, Faggot, Nigger, Black, Skinny sólo quiere ser Chiron y tratar de sobrevivir a su vida.

El tercer acto tiene un final abierto, es el más tenso y el más rico en figuras. Uno no sabe para dónde va encaminada la historia ni su desenlace, sobre todo porque el acto inmediatamente anterior termina de manera muy inquietante.

La peli ganó tres Oscar (mejor actor secundario, mejor producción y mejor guión adaptado) pero curiosamente se siente más fuerte en las categorías que precisamente no ganó. Naomi Harris como mejor actriz secundaria, Barry Jenkins mejor director, James Laxton mejor cinematografía, Nicholas Britell mejor partitura original y Joi McMillon y Nat Sanders mejor montaje (que casi son las categorías que arrasó en los Independent Spirit Awards de este año).

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Skyfall

06/11/2012 17 comments

Daniel Craig es un gran actor de profesión que empezó su carrera en la TV y fue incursionando en el cine con pelis que también serían expuestas directamente en ese formato. Su primera gran cinta fue Elizabeth de Shekhar Kapur en 1998 con un papel pequeño pero después su pauta fue protagonizar unas cinco o seis piezas de corte independiente para por fin llegar a Lara Croft: Tomb Raider en 2001. Su desempeño ya era reconocido para entonces y protagonizó al lado de Tom Hanks, Road to Perdition en la siguiente peli de Sam Mendes después de ganar el Oscar de la Academia.

El cine independiente no fue una plataforma de lanzamiento hacia su estrellato, en realidad, es su nicho natural, donde se siente más cómodo y por eso a pesar de su notoria popularidad sigue desarrollando papeles que equilibran su portafolio entre lo comercial y lo «indie». Layer Cake, The Jacket, Munich y Casino Royale vinieron después siendo el Agente 007 el pináculo de su carrera en la industria. Aunque esto no le impediría seguir trabajando en el tipo de pelis que más le gustan, sus compromisos y ocupaciones si lo harían, a tal punto que sólo Flashbacks of a Fool, The Invasion y Defiance fueron sus únicos títulos hasta Quantum of Solace.

Daniel Craig es bien apreciado en este blog por sus títulos, la calidad de su desempeño y la diversidad de sus personajes pero sobre todo porque su James Bond fue conjurado de una forma magistral en Casino Royale por Martin Campbell, dándole un nuevo giro al personaje y presentando su génesis como en ninguna otra salida del 007. La reunión de Sam Mendes de nuevo con el actor, en la tercera salida del agente del MI6, generaba unas expectativas altísimas, colmadas absolutamente y que a la postre definieron el bajo rendimiento de Marc Foster con Quantum of Solace que nunca estuvo a la altura de esta nueva era.

Lo primero que hay que decir es que Mendes es un gran fanático del 007 y se siente desde el respeto por los personajes míticos –Q, M, Moneypenny– hasta la inclusión del clásico Aston Martin DB5, en una oda a ese personaje que marcó su infancia -incluso el Aston Martin conserva las placas ‘BMT 216A‘ que usó Sean Connery y el guiño a Escocia de donde también el legendario actor nació es una muestra del divertimento en el que se volvió esta última producción-. Obviamente, Javier Bardem hace un gran papel como antagónico así como Judi Dench, Naomi Harris, Ralph Fiennes, Ben Whishaw, Albert Finney y Bérénice Marlohe -como La chica Bond– pero el verdadero protagonista contrario a lo que la crítica ha expuesto es sin duda James Bond con sus cincuenta años de existencia y sus veintitrés filmes realizados.

Skyfall -pésimamente traducido al español como “Operación Skyfall“- es una de las mejores pelis de James Bond que he visto hasta el momento. Bond convirtiéndose en el sofisticado y conquistador agente que todos conocemos, los vacíos en la historia llenándose poco a poco y a falta de persecuciones una gran carga de drama y sentido de la historia. Las locaciones combinadas con la cinematografía de Roger Deakins son increíbles y la música de Thomas Newman entregándonos escalofríos cuando sonaban los acordes de la guitarra eléctrica o los metales de «My name is James Bond» reafirman el hecho de que tendremos y estamos preparados para más 007, para más de este rudo, áspero y asertivo James Bond.

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