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Posts Tagged ‘Miguel Vaca’

Parfum

parfum

Una de las novelas más eróticas que haya leído en mi vida se transforma bajo la genial adpatación de Eva Kranenburg, Philipp Kadelbach (director) y Oliver Berben, en una serie de Netflix que podemos observar en el catálogo bajo el nombre de Parfum. Con un giro policiaco más dirigido hacia lo que haría Law & Order: Special Victims Unit o incluso Law And Order Criminal Intent, en la realidad del espectador no se sabe quién es Jean-Baptiste; esto hace la pieza realmente interesante y distante a la peli realizada por Tom Tykwer, más cercana a la literatura de Süskind . Sin embargo, romper la cuarta pared, con el libro de Süskind o incluso las escenas de Tykwer en el compu de la hermosísima Friederike Becht, hacen de esta propuesta algo inusual.

¿Toothless? ¿Roman? ¿Butsche? ¿de Vries? De pordiós ¿Elena? Cómo saberlo. Hasta el capítulo cinco, la serie aún divaga en el autor intelectual de los asesinatos.
Cómo saberlo si la serie apunta a qué cada uno de nosotros tiene un instinto asesino que delicadamente puede desatar una serialidad de atrocidades. Me encanta como la personalidad de Grenouille se ha dispersado en varios personajes de la pieza, tal como el final de la novela donde por exitación extrema, las partes de Jean-Baptiste han sido separadas entre sus más fanáticos seguidores. Cada uno tiene un motivo o una razón y a medida que avanza la primera temporada los perfiles se van desarrollando con pinceladas muy bien ejecutadas. A la altura del tercer episodio tuve mi primera apuesta, grandemente equivocada -o pues hasta ese momento lo fue pero las pistas de los realizadores fueron tan audaces como esenciales-.

El arte y la sensación de la fotografía están en una alta escala, destacándose las retrospectivas que son manejadas con una simulación de una 8mm, con los colores saturados y el punto reventado; la vida presente, una minuciosidad al detalle y los primeros planos. En las líneas, los alemanes en plena dialéctica de la patología psiquiátrica versus la interpretación del psicoanálisis.

Al final, es corta, muy divertida y entretenida.
Una salvación para la tortura que fue Roma de Alfonso Cuarón

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The Shape of Water


Unable to perceive the shape of You,
I find You all around me.
Your presence fills my eyes with Your love,
It humbles my heart,
For You are everywhere.

Tengo que reconocer que ir en contra per sé de la peli que La Academia este año reconoció como la mejor, debería ser tildado de esnobista. Es fácil decir que no es la mejor pieza, que debió haber ganado otra pero, en serio, ¿debió haber ganado otra? ¿Pudo siquiera haber podido ganar otra?

¡Hombre! A esta altura no lo sé…
He visto una y cada una de las nominadas y cada una de ellas me ha sorprendido –incluso The Post de Steven Spielberg me parece que es honroso que el legendario director pruebe otras fórmulas, y que como decía en la reseña termine haciendo algo más parecido a Eastwood que a su trabajo ordinario–.

Me sorprendió de entrada la fuerte carga de sensualidad con la que abre esta pieza. Fuerte pero delicada, es erótica pero no pornográfica. Rodeados de agua, la imagen sólo es revelada después cuando entendemos como dos cuerpos, extasiados, agitados y sonrientes pueden estar rodeados de agua. Agua, agua, agua, todo es agua y su alusión es sexo. El agua hirviendo, los huevos flotando, las gotas de agua, las burbujas de agua, la condensación del líquido en los techos y paredes, los desnudos de Sally Hawkins entrando a la tina, el relato todo evoca amor, libido, pasión, sexo y sin embargo no de manera literal, es como una Amélie dirigida por Bigas Luna. Y no es tan desquiciado nombrar la pieza de Jean-Pierre Jeunet, el ambiente de los 50’s, con esos tonos verdes y su protagonista medio «afrancesada» con su corte de pelo, su vestuario, la forma de manejar sus pañoletas o sus sombreros son casi una metáfora directa de Audrey Tautou.

Pero lejos está Guillermo del Toro de tener como objetivo interpretar previos autores. Por el contrario es fiel a su estilo fantástico. El cuento de hadas que logra desarrollar en esta cinta puede llegar a relacionarse sin problema con el preámbulo de cualquiera de sus personajes, o Abe Sapien en Hellboy o incluso «El Pálido» de El Laberinto del Fauno –curiosamente también interpretados por el que parece ser su actor fetiche Doug Jones–. Lo que hace bonito su reconocimiento en Los Oscar, y como lo describe en su discurso de aceptación de la estatuilla, es que su cine no es extraordinario, lleva haciéndolo por más de 25 años, es su estilo, es su forma de hacer las cosas, es su rutina. Y como un maestro artesano, su calidad deviene del paso de los años, su conocimiento arraigado y su voluntad de seguir haciendo las historias que a él le gustan. Redundantemente, se siente que le encanta realizar tanto Pacific Rim, Blade (2) como El Laberinto o Hellboy sin discriminación alguna.

Contrario a The Post, el virtuosismo de Sally Hawkins, Octavia Spencer, Michael Shannon, Richard Jenkins y Michael Stuhlbarg no es sólo una demostración de destreza sino que aportan con su participación detalle al barroquismo de Del Toro en su pintura. The Shape of Water es una historia localizada en la posguerra, en plena Guerra Fría, es una peli de espías ambientada a finales de los 50’s o incluso inicios de los 60’s. Tranquilamente podría ser una historia anacrónica en esta descripción pero, otro de los reconocimientos que hace La Academia es el éxito en Dirección de Arte, y así en el contexto de sus paisajes, encontramos una serie de piezas cinematográficas que definen el tiempo; The Story of Ruth de 1960 se lee en las marquesinas del teatro Orpheum; Mister Ed en el TV de 1961; menciones en las líneas de diálogo a Royal Wedding con Fred Astaire de 1951; incluso su «Hombre Anfibio» puede ser una interpretación del clásico Creature from the Black Lagoon de 1954. Si conocemos a Hollywood, sabremos que lo enloquece los homenajes a su historia y bastaría con estas citas para hacerse a una estatuilla pero el autor, de nuevo, no lo encuentra suficiente y sigue su camino de menciones con Shirley Temple y Bill «Bojangles» Robinson en The Little Colonel (1935), Hello Frisco, Hello (1943) –que además ganó Oscar a mejor canción por You’ll Never Know que alanzamos a escuchar bien bajito en la peli–, That Night in Rio (1941) con Carmen Miranda y me imagino que muchas más que se me escaparon después de revisar las referencias que recordaba.

No hablo particularmente a profundidad de la trama porque en esta cinta de romance, al igual que en una peli de M. Night Shyamalan, su guión es parte de la magia en el planteamiento, el desarrollo y el desenlace. Realmente muy satisfecho con esta peli y no podría estar más de acuerdo con sus galardones en La Academia.

The Post

24/03/2018 1 comment

Haciendo la tarea de Los Oscar me puse en la labor de ver The Post de Steven Spielberg. Sobresale el aún juguetón John Williams con sus partituras y las fantásticas tomas de Janusz Kaminski pero entre todo el virtuosismo de Meryl Streep, Tom Hanks, Bruce Greenwood, Bob Odenkirk –reunido anecdóticamente con–, David Cross, Sarah Paulson y Alison Brie pues el producto final no llega a ser más que el promedio de pelis del repertorio del 2017 y se queda en lo paradójico de cuando Spielberg empezó a hacer las pelis de Eastwood e Eastwood las de Spielberg

Para los que quedaron intrigados con el final:
http://www.washingtonpost.com/wp-srv/politics/special/watergate/timeline.html

Nota personal: Curzon Dobell entra a mi colección de representaciones de Nixon también sin mucho que resaltar.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Ya muy pocas veces logro ir a una sala a ver una peli. Las pocas veces que voy trato de que sea algo sin pierde y, me explico, aprovechar el momento para disfrutar una cinta sin exigirle demasiado. Termino yendo a ver las de súper-héroes (que me ha ido realmente bien evitando Marvel) o muy contaditas ocasiones cuando termino analizando las particularidades, probabilidades y variables de una cinta en especial.

Bueno, así logré ir a Blade Runner 2049 del, para mi ya magnánimo, Denis Villeneuve y hoy conquisté Three Billboards Outside Ebbing, MissouriThree Billboards como se le conoce en el medio para acortar un poco el nombre) del señor Martin McDonagh, del cual también soy súper fanático –no olvidemos, o mejor, tengamos en mente In Bruges o Seven Psychopaths–.

Nominada por guión original –no está basada en ningún hecho de la vida real o artículo de prensa directamente–, de plano sabemos que nada está definido al final de la historia y que todo puede pasar.

Three Billboards tiene todo lo que siempre me ha llamado la atención del autor y realizador irlandés. Es una historia llena de drama muy bien manejado y desarrollado. Tiene una gran dosis de humor, respaldado por un reparto increíble. Una gran dosis de asco, terror y suspenso. Y una gran dosis de resarcimiento en la redención de encontrar y reencontrar el verdadero sentido de la vida. Nótese que no he hablado hasta ahora de Sam Rockwell que por delante de Frances McDormand y de Woody Harrelson, desarrolló un personaje rico, complejo que lejos de lo impecable, la manera cómo McDonagh lo manejó, lo hacen sublime, hacen que no sólo obviamente la boleta haya valido la pena, sino que subraya/aprueba el reconocimiento de La Academia por Su Oscar y definitivamente gratifican a los que hemos seguido su carrera desde el Lado B del antagonismo y los roles poco convencionales.

Darle diez estrellas me obligarían a hacer una reseña más completa, pero como decía en mi Twitter …la mejor hasta ahora es #ThreeBillboards a todo nivel. Guión, trama, personajes, desarrollo, música excelentes… Tal vez lo más regular, siendo genial, es la fotografía. Eso podría encapsular que creo que es suficiente con darle una oportunidad en una sala de cine y disfrutar el momento.
Three Billboards, Tres afiches:



Grave

Dentro de la serie B, la cantidad de subcategorías son casi que infinitas, tanto que unas se empiezan a conjugar con otras en su exploración creativa. Grave, o Raw, o Voraz como la traduce Netflix, es una pieza de serie B, de explotación <<gore>>, sobre canibalismo que tiende a volverse una trama vampiresca. Por lo cual, también se va a mi pequeña colección de vampiros contemporáneos.

La historia se abre con este cuadro familiar, en un restaurante de carretera, donde la mamá explota cuando a su hija le ofrecen un puré supuestamente vegano/vegetariano y la chica encuentra una albóndiga adentro. Hace entrever que su decisión por no comer proteína de origen animal no es propia, ni siquiera conciliada con su padre, sino absolutamente autoritaria por parte de la madre. No sabemos las causas pero definitivamente hay algo de fanatismo… Así después, cuando descubrimos que ambas de sus hijas están estudiando medicina veterinaria, en la facultad, pues asumimos que este fanatismo es originario de políticas animalistas o por lo menos de protección al maltrato animal.

La chica sufre los vejámenes de las iniciaciones en la universidad que involucran baños de pintura, humillación y sufrimiento por incomodidad inducida (por falta de sueño, drogas o ingesta de alcohol). Sentimos que la situación se va a salir de control cuando la chica aparte de estos juegos aparentemente inofensivos empieza a recibir baños de sangre, es obligada a comer vísceras o a encerrarse en armarios para disfrutar de encuentros carnales con otros pares. La carne se hace protagonista y con ella un sentimiento de ansiedad, de estremecimiento, de escalofríos e inestabilidad de la chica. No logra consumar el sueño y su mente empieza sólo a pensar en ello.

Más que una serie B, Grave es un clásico de terror y suspenso al alcance de nuestra cuenta de Netflix

The Bad Batch

Antes de leer esta reseña, por favor leer esta.

Cuando por primera vez me enteré de una peli de vampiros iraní, me topé con Ana Lily Amirpour.

A Girl Walks Alone at Home es sencillamente genial. Y se rumoreaba por ese entonces que después del golpe de popularidad por el reconocimiento de esta peli, la realizadora se lanzaba en un proyecto de caníbales. Bueno. En principio, después de la comparación que le hicieron con Quentin Tarantino, pensé… Dinero, reconocimiento, libre albedrío… Ojalá y esa nueva peli no sea una gran basura.

Gracias de nuevo a Netflix, The Bad Batch llega a mi alcance.

Más que de caníbales, la historia es posible categorizarla en una «road-movie»; si me lo permiten, está el carro, esta la carretera, el desarrollo del personaje y su moraleja al final del cuento; pero aún más que «road-movie», debería haber una categoría en el cine que se denomine «Desert Movie»; si no se la han inventado pues me la invento yo; y así como “The Palm Desert Scene” donde varias bandas con una «liaison» musical rockera, invierten su tiempo en armar conciertos, «jams» y toda serie de colaboraciones pues así mismo en el cine la creatividad se une frente a una tendencia extraordinariamente visual. Hay que traer ejemplos a colación para no quedar como un cretino, ¿cierto? Rubber, Electroma, The Book of Eli, The Rover e incluso The Counselor se me antojan del mismo estilo y aunque sería lindo que tuvieran algún tipo de coincidencia, no la hay. Cinematografía, música, edición, nada en común. Pero de pronto con el tiempo, en serio, no es muy loco pensar en ello. A nivel de la producción en The Bad Batch uno empieza a encontrar semejanzas con «westerns», «indies» pero lo más cercano realmente a una colaboración es si acaso Eddy Moretti o el mismo Shane Smith de Vice.

Cuando uno se enfrenta a The Bad Batch es como la primera vez que uno vió Mad Max. Es escalofriante. Es anacrónica. Ubicada en la posguerra (esto puede significar exactamente un colapso nuclear, sin embargo, hoy en día lo podemos referir también a un EEUU posTrump). Y aunque sabemos que es cerca a Texas, realmente puede estar ubicada en medio de esa gran zona desértica del suroeste americano. Pero sobre todo, The Bad Batch está inmersa en el caos. La ley del más fuerte sobrevive, «The Bad Batch», algo así como el lote malo de producción humana es desechada al desierto como un gran sumidero de basura. Los Desechables. Y encaminadados a su fortuna y su propia voluntad son carne literal de cualquier otro que se quiera aprovechar de ellos.

Esta historia de Ana Lily Amirpour tiene como protagonista a Arlen (Suki Waterhouse); una chica que después de estar en una cárcel es puesta en libertad en medio del desierto; la chica se topa con un “reciclador” hermitaño (Jim Carrey) quien realmente redefine su destino ¿y cuál es ese sino? Ser alimento de una pequeña tribu de caníbales denominados «Bridge People»; esta comunidad vive en caravanas parqueadas en el desierto; el polvo es el aliado perfecto de su condición y su mejor provisión es el agua potable que parece tienen como fuente inagotable. Obviamente, es el desierto, y así como en Mad Max, se mueven en automotores impulsados por derivados del petróleo y la moneda oficial es el galón de gasolina. Al igual que el agua, parece que los «Bridge People» no tienen problema de suministro de hidrocarburos, entonces su única necesidad es alimentar esas grandes corpulencias, esas musculosas extremidades, su objetivo es adquirir proteína animal.

El paso de Arlen por «Bridge People» es determinante pero efímero. Sus principales cuestiones se desarrollan en «Comfort»; su siguiente estación. Un oasis esperanzador para los de su especie. Entre ellos, su líder es un estilizado “setentero” The Dream (Keanu Reeves) que lidera el tráfico de estupefacientes in situ y fue capaz de cambiar la moneda oficial. No sabemos si sus habitantes se dedican a la prostitución o cómo sobreviven pero lo único cierto es que el amparo ofrecido para estos desesperanzados, desfavorecidos y perdedores personajes está ahí y llevan meses alucinando con el ácido provisto por The Dream.

Lo más lindo de reconocer una historia de ciencia ficción en la pieza, es cuando de los labios de la protagonista surge la frase: «Máquina del Tiempo». Desde el primer momento que sentí la dualidad entre las dos comunidades, pude entrever una lucha con “los que están en el polvo”, “los del puente” o incluso mejor la gente que vive en el puente realmente está debajo del puente; estos versus los escuálidos personajes que se deleitan en su “zona de confort”, que están sumidos en adormilantes opiáceos, en el pan y circo que les ofrece un líder explotador y demagogo. Este pacto silencioso, de equilibrio y balance, entre las dos comunidades no es más que una interpretación de los Elois y los Morlocks de H.G. Wells de su magnífica Máquina del Tiempo. Los labios de Suki haciendo evidente el simil, para algunos pueda que mate el secreto, pero su evidencia realmente hace grande esta peli. Esto sumado a la gran destreza de la escritora-realizadora para contarnos una nueva fantástica historia y de sus aliados, (el cinematógrafo) Lyle Vincent y (el montajista) Alex O’Flinn, que la hicieron hermosa.

¿Cuál será ahora el futuro que nos depara el portafolio de Ana Lily Amirpour? No lo sabemos.
Los dejo para que se deleiten con los complementos del afiche oficial de la peli; aunque son sólo tres con Arlen, The Dream y Miami Man (Jason Momoa) hubieran podio hacer también los de Diego Luna, el ya nombrado hermitaño de Jim Carrey o el transtornado Giovanni Ribisi.

The Birth of a Nation

Nate Parker, decide en 2016 lanzar públicamente un proyecto llamado The Birth of a Nation. Largometraje. La preexistencia de un título en 1915 no le importó a la Motion Picture Association of America (MPAA) para abogar por originalidad creativa. Y tampoco le importó que ambas piezas fueran una representación de los brotes que llevó a Estados Unidos a una profunda Guerra Civil en el siglo XIX.

Cuando Paul Haggis lanzó su peli ganadora de Oscar, Crash, lo único que pude pensar fue que estaría pensando David Cronenberg de que le hubiera robado el título. Efectivamente, estaba que volaba de la piedra y no era para menos. De la misma forma que el darle nombre y apellidos a un recién nacido, un director, sus productores y su equipo de escritura se toman el tiempo necesario para responder a las necesidades particulares de un proyecto y dedicarle un nombre. Una identidad. Cuando llega otra persona y se lo roba, lo único que queda en el aire es injusticia y una innegable afán, por parte del espectador, de comparar los dos proyectos.

Lo curioso es que no hay una ley o un protocolo al respecto. Después de todas las reclamaciones negadas de Cronenberg, hubo dos pelis llamadas Crash. La genial y la infame. Cuando Lee Daniels quiso por el contrario llamar su pieza The Butler, Hollywood de la mano de la MPAA se le vino encima por un proyecto que en 1900 y pico ya estaba registrado. Esta vez no hubo reparos en decir que era una violación a los derechos de propiedad y creación original del estudio. The Weinstein Company llamó en definitiva la peli: Lee Daniels’ The Butler (*aquí en el blog nos seguimos refiriendo a ella como simplemente The Butler).

En estos dos casos, la temática de cada historia parece ser bien diferente entre las dos. Entre Cronenberg y Haggis hay millas y millas de oscuridad, perversidad y grandes actuaciones que diferencian las historias. Entre Lee Daniels y el cortometraje que alegaba la Warner Brothers como original no sólo hay diferencias temáticas sino técnicas y diametralmente opuestas de producción por la definición misma de un largometraje y un cortometraje.

La osadía de Nate Parker con su proyecto no se limita a mancillar el título original. Hay que aclarar que sin defender los ideales esclavistas y la perspectiva racista de D. W. Griffith en los Estados Unidos de la Posguerra de Cesesión, el autor es un eje creativo y una guía de la narrativa contemporánea de todos los audiovisuales. Desde el uso y creación del primer plano como herramienta dramática, pasando por la impecable secuencia de planos para armar una historia, hasta la producción y creación misma del «travelling» como plano estético (y de nuevo, narrativo). Independiente de su reprochable ideología Griffith es parte de la historia fílmica. Un genio productor que aparece en todas las referencias de la historia del cine. Y pues aparece Parker con todo su legado afrodescendiente y el disgusto heredado durante décadas que ha visto cómo se vanagloria una historia tan perversamente distorsionada. Y es entendible su accionar al pensar que puede darle una nueva perspectiva a la historia de Griffith. Tiene excelente fotografía y momentos de sencilla genialidad. Tiene una gran partitura. Tiene actuaciones desgarradoras incluyendo la suya propia. Tiene una fuerza dramática innegable. Tiene efectos especiales crudos que reafirman el hilo narrativo. Pero sin miedo a equivocarse se puede decir que si Parker le hubiera puesto cualquier otro título a su pieza, no sería nada más que eso, otra historia de la esclavitud negra en Estados Unidos del siglo XIX. Tal vez los escándalos previos en relación a una violación de una compañera de campus y su posterior suicidio hubieran levantado algo de publicidad. Pero no se inventó nada y sus estallidos de genialidad no le llegan al motor cinematográfico que fue la original de D. W. Griffith.

Por eso para mi hay sólo una Crash y es la de Cronenberg, una sola The Butler y, después de revisar ambas cintas, sólo hay una Birth of a Nation y es la de D. W. Griffith.

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