Vacacion

Dolor y gloria

Una hora ha pasado hasta que la peli se puso interesante. Una hora y siete minutos, para ser exactos. Alguna otra vez me hubiera dormido, hubiera abandonado o estaría en este momento estaría despotricando de la hora y siete minutos que se fueron. Sí, Almodóvar me traicionó con Los amantes pasajeros pero me sirve una copa de reconciliación con Dolor y Gloria.

¿Es buena?
No sé. Está bien. No es una descarada mascarada, de alucinante musical, ni una chorrada, ni pura chabacanería. Si usted es un fumador empedernido, es un cigarro delgado acaramelado y picante, suave, cautivador y asfixiante. Si usted es un borracho como yo, es un trago largo, bien largo de whiskey, frío, muy frío, sin hielo, intoxicante, abrumador, amaderado, delicioso. Si usted es un goloso, pues no sé, es un pastel y ya.

No me encanta pero no la odio. La fotografía es juguetona y si le gusta mucho a mi ojo. Me encanta cuando Almodóvar hace una metaobra dentro la obra, y narra en otra línea de tiempo una fábula, un cuento. No soy un experto en él, entonces no se cuántas veces lo habrá hecho, pero se que me encantó El amante menguante dentro de Hable con ella. Esta vez es Adicción y toma más protagonismo que la misma Dolor y gloria y sin embargo me ha gustado.

La ví con la única excusa de Antonio Banderas nominado como mejor actor. No lo hago ya por Almodóvar, ni por Allen, ni por Burton, ni por Eastwood, ni recientemente por Anderson… Siento que todos de alguna forma me traicionaron. Pero Banderas lo ha hecho muy bien, nada exagerado -menos su atragantada tos-, al contrario muy delicado todo, se ha ganado con creces una nominación y es un excelente trabajo. Sigue a perfección sus propios consejos, no es mejor actor el que se deja llevar por el llanto sino aquel que lucha por frenarlo.

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La piel que habito

Aunque sigo desconfiando de su pretención y su particular estilo que se me ha vuelto un poco más que aburrido, debo reconocer que La piel que habito de Pedro Almodóvar es un excelente thriller de suspenso con todos los ingredientes necesarios para pasar un buen momento y que me arrepiento mucho de no haberla visto en salas en su momento.

Volver, La mala educación, Hable con Ella y Todo sobre mi madre son piezas que no me llenaron y que por el contrario se me volvieron repetitivamente sosas e incluso material esnobista para cierto tipo de personas que lo adoraban ciegamente, como por ejemplo Hollywood que le dió Oscar a mejor guión original y la nominó a mejor dirección. Los abrazos rotos me pareció un intento muy primitivo de Almodóvar de hacer suspenso y la exagerada red de eventualidades que creó para desarrollar la historia más que inoficiosa.

Ahora bien, también en su momento pensé que los autores se estaban volcando al thriller y que unos lo estaban logrando mejor que otros como Allen con Match Point, Scoop y Cassandra’s Dream pero que Almodóvar se sentía desdibujado en el intento. Al final, Allen nos había creado un espejismo y volvió a su reducida comedia psicoanalítica así como grandes maestros del thriller se empantanaban con sus problemas personales que no les daban sosiego para desarrollar algo de mejor estilo, caso Polanski que pasó de The Ghost Writer a Carnage, dejando un raro desazón al final.

La piel que habito es un drama ingenioso y casi de ciencia ficción sobre la historia de un cirujano plástico (Antonio Banderas) que está experimentando en casa con células transgénicas. Mientras le comunica a la comunidad científica todos los avances que se pueden lograr con ratones, confidencialmente le cuenta a un amigo que ya lo está haciendo en humanos, y este a su vez le advierte que puede meterse en grandes problemas con sus acciones pero con falsa soberbia aparta los consejos y continúa con su cometido. Vera (Elena Anaya) es la mujer que juega como su conejillo de indias quien se siente presa y quiere acabar con su encierro así sea quitándose la vida. A Vera nadie tiene acceso, ni siquiera Marilla (Marisa Paredes) ama de llaves de toda la mansión quien se comunica con ella con monitores y ascensores de comida. De esta forma queda expuesto el planteamiento que aparte de las florituras del tratamiento de células transgénicas es bastante sencillo y poco forzado. Lo interesante de la narrativa -aprendida tal vez de Volver, La mala educación y Los abrazos rotos– es recurrente juego de tiempos, en esta ocasión muy bien logrados para examinar los motivos del doctor para su experimento, la historia de Vera, de Marilla, la esposa y la hija del doctor. Acompañados de una impresionante ambientación musical -gracias a la composición original de Alberto Iglesias– la historia no trastabillea una sola vez. Es perfecta. Es solemne y el final es inquietante, más que fascinante.

Si el camino que tomó Almodóvar con Los abrazos rotos le dejó la suficiente experiencia y criterio para crear La piel que habito me deja anonadado y sorprendido. Le doy mi venia y mi respeto por semejante reinvención tan espectacular. Muy merecido el BAFTA a mejor peli extranjera, los Goya a mejor actriz, mejor maquillaje, mejor nuevo actor y mejor partitura para Alberto Iglesias, su nominación a la Palma de Oro en Cannes, su nominación a mejor partitura en los European. Sigo igual siendo incrédulo, todos estos reconocimientos podrían ser parte de la inercia del esnobismo que nombraba y, lastimosamente, esperaría verme en TV, Los amantes pasajeros, su siguiente proyecto esperando aún más sorpresas y no esacandalosas desinfladas.

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