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Dumbo

Una de las pelis que desde el principio censuré para #JAMEsSofía fue Dumbo de Walt Disney. Una peli animada, estrenada en el contexto de los años 40, con un fuerte contenido de burla, humillación y matoneo.

Cuando Disney Pictures, en su corriente de rehacer todos sus clásicos «live action», anuncia el lanzamiento de la pieza del elefantito de orejas grandes pues obviamente tampoco quería que se le mostrara esta a mi hija. Estábamos hablando con Tomás Cerón que también tiene un par de hijos de la edad de #JAMEsSofía y me dijo que tenía que verme Dumbo, que esa peli era dirigida por Tim Burton y que yo era fan de Tim Burton y que no había lógica en no verla.

Bueno, pues Robert Stromberg había hecho una gran labor con La Bella Durmiente de Maleficient en 2014, qué peli buena esa; en 2016 la actualización que hace Jon Favreau de The Jungle Book, sin giros simplemente sumando los poderes de Bill Murray como Baloo, Ben Kingsley como Bagheera, Idris Elba como Shere Khan además de Lupita Nyong’o, Scarlett Johansson, Giancarlo Esposito pero sobre todo Christopher Walken como el King Louie y su magnífica canción ‘I Wanna Be Like You‘:

Hubo otras como La Bella y La Bestia de Bill Condon en 2017, que no pude empezarla con tanto cancionero, La Sirenita de Blake Harris y Chris Bouchard en 2018 que está en Netflix pero que me dan cero ganas de ver y Cenicienta que aunque la empezó Mark Romanek, la terminó finalmente Kenneth Branagh en 2015 y es la historia que más me aburre dentro del portafolio de Disney por el contenido machista y el perfil súper anticuado de la princesa. Hasta ahora caigo en la cuenta que Burton ya había trabajado en Disney con Alicia que sin ser mala, se empantana en el ingenio del realizador que no define bien si quiere adaptar o quiere enriquecer la historia.

Sin embargo, de nuevo a la charla con Tomás, le contaba que había visto King Arthur: Legend of the Sword -ya no le dedico tantas horas a saber de los proyectos de los directores que me divierten- y me sorprendió primero que la dirigía Guy Ritchie y segundo lo fresco que estaba, en la suya, con una historia tan alejada a lo que hace pero con una cultura londinense que amoldó perfectamente a sus zapatos; luego se arriesgó a hacer Aladdin y la sacó del estadio, en serio, una excelente apuesta de Will Smith como El Genio, Jazmín saliéndose del esquema de Princesa Disney y una narración, controlada, pero sin duda àla Ritchie.

Me animé.

Puse Dumbo de 1941 de un lado mientras veía la Dumbo de Burton del otro ¡Pucha! Recordé cada momento con ese elefantito animado. Qué horror. Por un lado las intrigantes e hipócritas compañeras de la Señora Jumbo que si les permitían el chisme eran las mejores amigas pero si se les ponían los puntos sobre las íes desplegaban sus lenguas viperinas y llenas de odio; después la burla del público en el escenario y en las jaulas el mote de Dumbo (en inglés Tontón, Estupidito o incluso aún más fuerte si entendemos que Dumb puede ser un calificativo para una persona muda, el hijo de la Señora Jumbo no habla porque es muy tímido, es ‘recién nacido‘ y se mofan de su posición de discapacidad¿?), el único aliado era un ratoncito que le enseñó a aprovechar sus condiciones y volar como ninguno.

La peli de Burton es una locura de ambientación. Me explico. No parece muy grande que Tim Burton el niño-no tan niño- genio de lo oscuro y lo excéntrico pero que se refiera a la peli original, que es de los años 40, y desarrolle una pieza en un estilo completo del Art Decó, que podía ir desde la imaginería de los carteles de la época al futurismo casi de los 50 es increíblemente bonito. Para esto es vital su inmortal compañero Danny Elfman que en la música me gusta decir que a Burton le ofrece un oscurantismo mágico, y en esta temática de circo, fanfarria.

Lo segundo que hay que apreciar es su reparto que desde Dark Shadows ya no tiene presente a Johnny Depp ni a Helena Bonham Carter -siendo indulgentes y asumiendo que la segunda parte de Alicia en 2016, Through The Looking Glass no es suya aunque prácticamente es una copia de la primera parte, ayudado en gran parte por su rol de productor en la pieza-; dicho reparto ha venido rotando unas veces con Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Krysten Ritten y resaltando como es su costumbre leyendas del cine como Martin Landau, Terence Stamp o Judi Dench; en Dumbo, vuelve a trabajar con Susie Figgis quien trae un reparto con el que él se sienta más cómodo, que se sienta reconocido y fértil como con Danny DeVito, Michael Keaton, la misma Eva Green que es la única que uno alcanza a dilucidar como el satélite en estos siete años y experimentando por primera vez con Colin Farrell; al lado de ellos sus figuras de reconocimiento incluso pueden ser los mismos Danny DeVito y Michael Keaton pero creo que en esta oportunidad es Alan Arkin el homenajeado.

¿Qué hace tan especial Dumbo de Tim Burton? A diferencia de Alicia, que fue un proyecto creado para que él lo dirigiera y lo que se sintió fue un efecto iconoclasta, el ambiente circense y de «freaks», por el contrarrio, es un caldo primigenio para el realizador. No es un ambiente predispuesto para él, está controlado, está medido, se divierte en las sutilezas, no es superlativo como Bettlejuice y eso lo hace genial en la historia.

Dumbo es un golpe de madurez para su audiencia. Los niños no llegan al mundo por un acto de la cigüeña sino porque una madre queda embarazada y tienen trabajo de parto; los animales no hablan, pero si intentan comunicarse, son frenéticos, sufren y reaccionan frente nuestro trato con ellos; mientras en la historia del 41, la burla se toma casi dos tercios de la pieza, aquí es indudable que el nombre del elefantito debe entrar de alguna forma y que la mofa debe caber de otra pero es superado rápidamente, se nota que Ehren Kruger (guionista) quiere pasar esta página rápidamente; finalmente, el ratoncito Timothy Q. Mouse -interpretado en 1941 por Edward Brophy– es la figura redentora, es el sostén del héroe y amplifica su confianza para que supere sus miedos, incertidumbres y su pésima autoestima, tanto que lo haga elevarse a los cielos (dentro de todo, la moraleja es lo rescatable de esa macabra pieza); en 2019, esa figura del ratoncito se abre a ‘Los Farrier‘ un padre que perdió su calidad de estrella cuando vuelve de la guerra en una situación de discapacidad, la madre ausente por muerte y el par de chicos que tratan de sobrevivir lo mejor que pueden -durante un tiempo casi huérfanos en un circo-; entonces la acción de estos ratoncitos Farrier ya no es simplemente subirle la autoestima al elefantito para que crea en sí mismo, es actuar porque hay maltrato, es hacer un cambio para que no vuelva a suceder y buscar la felicidad en ese nuevo espacio donde no hay opresores, burlas, bravucones ni matones.

Obviamente, es una carga emocional muy fuerte y uno anda con un nudo en la garganta todo el tiempo porque esta Dumbo de Tim Burton conmueve hasta los tuétanos.

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Captain America: The Winter Soldier

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La semana pasada publicamos la entrada de bienvenida a los estrenos de verano del 2014. En principio, iba a ser incluida la entrada de Captain America: The Winter Soldier pero en vista de lo particularmente atractiva que fue la pieza, es bueno decir que se merece una entrada aparte para hablar sobre ella.

Steve Rogers (Chris Evans), después de Nueva York, intenta adaptarse al mundo que le es extraño; busca a Peggy (Hayley Atwell) y trata de serle fiel a su nuevo comando en S.H.I.E.L.D. pero las cosas no son tan fáciles como aparentan. Por un lado, las directrices de S.H.I.E.L.D. van en contra de los principios de Rogers y en su pérdida de fe, la organización entera es atacada por un poderoso enemigo del pasado.

Marvel y Buena Vista han ido acertando golpes de suerte en su batalla en Hollywood por las taquillas y el dominio de las producciones basadas en comics. Básicamente, alentaron a Sony prematuramente a relanzar su franquicia del Hombre-Araña con The Amazing Spider-Man; un relanzamiento que parecía sólo hacer cambios en el fabuloso nombre del arácnido. Lo mismo pasó con Fox, que al igual que en Sony, está uniendo sus fuerzas creativas para armar universos cinemáticos independientes dentro de su reino.

Pero decimos que Marvel y Buena Vista han acertado golpes de suerte porque a medida que avanzan Las Fases del Universo Cinemático de Marvel diseñado por Kevin Feige pareciera que todo es infinitamente más frágil.

La gran ventaja de Marvel con respecto a DC es que desde su concepción fueron unificados en un mismo espacio y tiempo, Nueva York. DC y la mayoría de casas de comics, plantean sus héroes en la ficción y crean sus entornos como imaginarios; cuando por fin DC, en la crisis de los comics en los 80’s, decidió crear un sólo universo se vio en aprietos para explicar y hacerle entender a sus lectores fanáticos que Gotham, estaba al mismo nivel que Metropolis pero ahora eso parece irse tornando en una ventaja.

Elaboremos.

Marvel empezó sus intenciones de volverse un estudio productor de pelis sus propios comics allá en 2003 cuando estrenaron Hulk de Ang Lee y DareDevil de Mark Steven Johnson que fueron catalogados como grandes desastres de la industria del cine de comics.

El joven Kevin Feige decidió emprender una estrategia más agresiva y no sólo hacer un filme exitoso que generara una franquicia sino más bien porqué mejor no pensar en unir todo el universo en un gran megaproyecto comercial; lo que requirió del apoyo de un socio como Buena Vista para lograrlo.

En 2008, de la mano de Jon Favreau y Robert Downey Jr., el universo de Feige inició su Fase UNO con Iron Man; caló muy bien con la crítica, con los fanáticos y el renacer de Downey Jr. puso a Tony Stark como un líder natural dentro de Marvel; el as bajo la manga de Feige fueron los créditos finales que introdujeron a Samuel L. Jackson como Nick Fury presentándole a Stark La Iniciativa Avenger. Ese mismo año después de recuperar los derechos de Hulk, Marvel encamina a Louis Leterrier y Edward Norton (protagonista y guionista) en la realización del segundo filme de Marvel Studios con The Incredible Hulk; la fanaticada ruge fascinación por la interpretación de Norton como Bruce Banner; y Feige anota su segundo cuadrangular cuando al final de la cinta aparece Tony Stark hablando de La Iniciativa junto al General Ross.

–A pesar de lo desastroso que fue Iron Man 2– parece que de ahí en adelante todo fuera una gran historia–. Iron Man 2 juega con apariciones sugeridas del Capitán América; los agentes de S.H.I.E.L.D., Coulson (Clark Gregg), Fury y Romanoff (Scarlett Johansson), toman protagonismo; y, de nuevo al cierre de la cinta, Coulson devela el Martillo de Thor. Subsecuentemente, vino Thor de Kenneth Branagh y toda la trama para introducir su mundo, su universo y a Loki (Tom Hiddleston) –hasta ahora el mejor antagónico de su universo cinemático–; los mundos siguen compartiendo personajes y no sólo aparece Coulson como eje de la trama, también lo hace el agente Clint Barton o Hawkeye (Jeremy Renner); al final de la cinta, Fury le presenta a Selvig (Stellan Skarsgård) el Tesseract –en una escena filmada por Joss Whedon–. ¿Pero qué era el Tesseract? Unos meses más tarde Captain America: The First Avenger de Joe Johnston hace un arco de origen con Steve Rogers, introduciendo a Chris Evans como el capitán, enfrentando a Red Skull (Hugo Weaving) en 1945 y la formación maligna H.Y.D.R.A.; Red Skull basaba su poderío en el ocultismo junto a su científico jefe Arnim Zola (Toby Jones) y fue justo cuando encontró el Tesseract, una forma primitiva de la mitología escandinava, que se hizo realmente poderoso y temible.

Todo estaba en su sitio y Joss Whedon preparó el cierre de la Fase UNO con la reunión de The Avengers. Todo da frutos y en una sola cinta aparecen Tony Stark, Thor, Steve Rogers, Nick Fury, la agente Romanoff, Hawkeye, Coulson, por supuesto Bruce Banner y como base antagónica Loki y los Chitauri que termina siendo la peli más taquillera del año. El punto importante para resaltar es que Gwyneth Paltrow y su personaje Pepper Potts aparecen por la insistencia de Robert Downey Jr. pero Whedon no estaba convencido y da la siguiente razón: “uno necesita separar los personajes de sus sistemas de soporte en aras de crear el aislamiento que se necesita para funcionen en el equipo”. Suena como un gran entrenador y finalmente ese fue el puesto que obtuvo, dirigir globalmente todo el universo de Marvel en Buena Vista (MCU).

Se gestiona la Fase DOS del MCU y llegan Iron Man 3, Thor: The Dark World, los Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. y The Winter Soldier; se anuncian Black Panther, Doctor Strange, Ant-Man y Avengers 2: Age of Ultron; finalmente, se revelan las intenciones de la Fase TRES con Thanos como villano y Guardians of the Galaxy pero ¿por qué se siente que todo empieza a tambalear?

La primera razón es una sensación sencilla y natural con lo que Marvel ha intentado a toda costa hacernos creer y es que todas sus piezas están unidas en un sólo universo; precisamente, eso que los ha hecho fuertes se ha vuelto su mayor vulnerabilidad. No es posible entender las cintas de Marvel independientemente y separar, las cintas autónomas de las cintas de ensamblaje. Es ridículo. No funciona. En parte, por eso la extensión de esta entrada.

Empecemos por Iron Man 3, independiente de la buena calidad de su realización con Shane Black o el desencanto de la fanaticada de cómo usaron al Mandarin (Ben Kingsley) y a Aldrich Killian (Guy Pearce) el resultado fue desastroso; por un lado, surgieron preguntas como porqué si Stark se podía quitar el reactor no se lo había quitado antes o ahora que «ya no existe» Iron Man, cuál es la función de Stark dentro de S.H.I.E.L.D. o quién liderará los Avengers; por otro lado y sumado a esto, vienen otras inquietudes que no pueden ser sólo solventadas con simples nombramientos o cameos de personajes importantes, por ejemplo ¿The Avengers es un grupo tan frágil que para ese entonces ya se desintegró? Si Stark es atacado de la forma en que sucedió ¿dónde estaba Romanoff, Hawkeye, Fury o Steve Rogers? Compañeros de batalla, sellados en la amistad hecha más allá de una casualidad o ¿es que todo lo dicho no son más que una iteración de frases vacías? ¿Dónde estaba Bruce Banner? ¿Por qué sólo aparece al final de la cinta como un sicoanalista? ¿Acaso no es esta la mayor idiotez jamás escrita?.

No. La mayor idiotez aún estaba por venir y en otro formato: Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. Una serie de TV que ubica anacrónicamente un resguardo de agentes dentro de S.H.I.E.L.D. liderados por Phil Coulson; un equipo de desvalidos que tiene grandes potencias pero cero poderes sobrenaturales –por ahora–; a medida que avanza la serie sabemos que está ubicada después de Nueva York, después de The Dark World de Thor y antes de The Winter Soldier; la pregunta más obvia es la que sostiene la serie y es ¿cómo hicieron para revivir a Coulson? Pregunta que se responde al final de la temporada pero que deja un interrogante existencial clavado profundo dentro de las entrañas de Joss Whedon y que amenaza de muerte a Kevin Feige; con esa respuesta de cómo revivir a las personas ¿acaso alguien en este universo puede morir? Si no, apaque y vámonos.

Luego de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. –con el nombre más largo y rídiculo que haya escuchado para una serie televisiva; Cuando quiero llorar no lloro o Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha, telenovelas colombianas, ya no parecen tan extravagantes–, llega Thor: The Dark World. Una cinta autónoma que retoma el arco romántico entre Jane Foster (Natalie Portman) y el dios del trueno; aunque Alan Taylor está al frente de una gran decisión al sacar la historia de la Tierra, no resuelve el tema de porqué Foster no apareció en Nueva York y se mete en un problema aún más grande que se esparce virulentamente a todo el universo de Marvel ¿existe realmente un enemigo aparte de Loki capaz de poner en jaque a algún integrante de la Iniciativa Avenger? Sabemos que la muerte no lo es; tampoco otro «dios asgardiano»; y menos una invasión de alienígenas con poderosas armas y tecnología mucho más avanzada.

Esta última duda evidenciada en Thor 2, recurrente en toda la trilogía de Iron Man y el ensamblaje de The Avengers, se torna un absurdo y nos envuelve con un poco de frustración sumado a algo de desinterés, indiferencia y menosprecio.

Los hermanos Russo, casi olvidados en nuestros archivos con pelis como You, Me and Dupree o Welcome to Collinwood, hicieron una gran labor con The Winter Soldier. Siguen fallando en el tema del universo continuo pero imaginamos es el puñal de Whedon hablando con su «aislamiento para que funcione el equipo»; ¿no es increíble que en el peor ataque de H.Y.D.R.A., en una crisis tan grande como la de Nueva York, no aparezca Iron Man, War Machine, Hawkeye o Bruce Banner?

Sin embargo, y como ninguna otra cinta de Marvel, los Russo triunfan grandemente en varios aspectos.

El primer punto, es que con The Winter Soldier hay un vuelco hacia la sorpresa, hacia la perplejidad de las revelaciones del giro dramático y, así sean dos o tres los giros, no es una serie de sorpresas que nos mandan de extremo a extremo sino más bien consecuencia del giro anterior, por eso al final quedamos sin aliento y tensos en el desenlace.

Lo segundo es que por segunda vez, un villano es tratado con dignidad en la historia; ni siquiera en relación con la fidelidad a los comics, porque no hemos leído mucho acerca de los arcos del Soldado de Invierno, sino dignidad en el sentido que es una fuerza contraria e igualmente poderosa que amenaza el estatu quo del héroe y de sus compañeros. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Por primera vez, en el universo cinemático de Marvel, los personajes se relacionan con igual importancia en todo el universo; los agentes Fury, Hill (Cobie Smulders), Romanoff, Rogers se congregan de otras sagas y sienten amenazadas sus existencias. H.Y.D.R.A. renace como un gran grupo del mal tan pero tan importante que incluso es necesario un nuevo ensamble con los Avengers pero si es así repetimos ¿por qué no aparecieron?

El cuarto punto, no sabemos si trabajaron posterior a las críticas de Man of Steel, pero The Winter Soldier aprendió a congeniar con los puntos que no gustaron en su opositora; partiendo del hecho que Man of Steel es una gran cinta, las críticas opacaron un poco su éxito injustamente; El Capitán toma ventaja de ahí y se hace fuerte con un héroe que no asesina a sangre fría a pesar de cualquier circunstancia; no acaba completamente con una ciudad y a los pocos días aparece con una sonrisa dibujada en la cara; es responsable de sus actos porque es la imagen pura de Estados Unidos; y, finalmente, siendo una secuela enlaza muy bien puntos de la anterior salida, y justifica el hecho de una segunda o tercera parte.

A pesar de ciertos clichés, que realmente molestan en pequeños detalles de la historia, Los hermanos Russo, Marvel y Buena Vista lo hicieron realmente bien con The Winter Soldier pero desluce un poco lo ya hecho antes en la Fase UNO; no sabemos cómo vaya a atacar DC pero el hecho que la segunda parte de Superman involucre apariciones de Batman, Wonder Woman, Aquaman y otros de sus súperheroes podría ser un indicio de cómo aproximarían su propio ensamble y faltaría ver si en «las autónomas», como The Bat Man presupuestada para después del 2016, se cometen los mismos errores o se dan la libertad de hacer un relato anterior –en la línea de tiempo– de Superman para revisar estos temas con calma.

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Iron Man 3

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Tan en boga hoy en día el tema de las trilogías que Iron Man no podía ser la excepción y llega su tan esperada tercera parte. Esta vez de la mano de Shane Black quien ya había dirigido a Robert Downey Jr. en el excelente film noir Kiss Kiss Bang Bang. No lo hace mal y a pesar de que Jon Favreau se apuntó uno de los cuadrangulares más importantes en la historia de la franquicia al escoger a Downey Jr. como el mujeriego y conquistador Tony Stark, la verdad es que su segunda parte tiene muchos desaciertos, así al final cumpla su cometido de diversión. Black es un escritor por excelencia y se siente más cómodo si está involucrado per sé en el equipo de escritura -en ese sentido ya es un logro teniendo en cuenta que después de Die Hard, Lethal Weapon es uno de los clásicos de la acción mejor calificados y él es el creador/colaborador de todas sus partes en la serie-.

Al igual que Avengers el año pasado, Iron Man se lanza al ruedo de primeras para dar inicio a la temporada de grandes éxitos del verano en Hollywood. Al final, ser favorita es más difícil de lo que parece y no todas las piezas logran soportar dicha presión -como sucedió con Prometheus o el mismo Dark Knight Rises-. El tercer episodio logra hacer bien el ejercicio al colmar las expectativas que promete, ya es un éxito de taquilla redondeando los 950 millones de dólares recaudados y personalmente creo logra el mismo impacto espectacular de The Avengers el año pasado.

Antes de analizar la peli hay varios antecedentes para tener en cuenta como por ejemplo que es la primera pieza después de la fase uno del Universo Cinemático de Marvel (MCU de su nombre en inglés). Pareciera no ser un gran tema pero siendo Black el guionista, y uno «no tan aficionado» a los comics, la responsabilidad es muy fuerte. Hay que decir que la gran ventaja que ha tenido Marvel, desde la crisis de los 80’s. es que sus historias se han mantenido, unidas, integradas y consistentes en un sólo universo, en un sólo plano unidimensional. En este Iron Man, no sólo no se evita sino que se abraza este concepto, se hacen alocuciones a los eventos de Nueva York del año pasado, lo que significó para Tony Stark estar envuelto en el asunto como un mortal ser humano y, así como tal, descubrir que detrás de toda esa aura pretenciosa, autosuficiente y segura está un hombre que es vulnerable en todo sentido.

Black consigue lo que Sony Pictures en cuatro episodios no ha logrado con Spider-Man, un personaje cercano al espectador. Su Iron Man no tiene miedo de caer en los clichés por el contrario les saca partido cada vez que se aproximan, -en un gran resumen- es un melodrama que se enriquece con comedia sencilla de digerir y a la vez logra que Tony Stark sea carismático y simpático para cerrar con una frase genial para la serie, para Shane Black y para el mismo Robert Downey Jr.: “yo soy Iron Man“. Esa frase más que el culmen del argumento, es la perfecta sentencia de toda la franquicia y el negocio de las pelis basadas en este tipo de historias. En los comics, el héroe central de Marvel Comics es Spider-Man, después podrá venir todo el infinito cosmos de los X-Men, después los Avengers, y así el líder de estos últimos sea Tony Stark, como Iron Man, al final es un personaje sin mucha relevancia. Pero en el cine se ha demostrado exactamente lo contrario, los derechos de producción y explotación de los personajes de Marvel se han repartido en varios estudios. Fox tiene Silver Surfer, Galactus a los X-Men y los Fantastic Four, Sony Pictures a Spider-Man y aunque poco a poco Marvel Studios ha ido recobrando derechos de personajes como DareDevil aún está todo muy atomizado y ninguno tiene un liderazgo claro. Sin embargo, el éxito de Iron Man permitió pensar en Thor, en el Capitán America y los mismos Avengers. Antes del Iron Man de Jon Favreau, los personajes de Marvel sólo habían tenido un gran éxito con la trilogía de X-Men pero precisamente su tercera parte eliminó fogosidad y los humos se calmaron demasiado. De resto, no lograban buenas taquillas, las historias se reiniciaban constantemente con nuevos repartos y nada parecía tener consistencia.

«Yo soy Iron Man» pone en vilo que Robert Downey Jr. dice que después de llegar a sus cincuenta años no quiere seguir haciendo el papel de Tony Stark pero a la vez que si no es él, no lo es nadie. Lo pone en una posición muy ventajosa, porque en Marvel son inteligentes y saben que no pueden dejar ir a su mejor complemento; esta semana escuché incluso que Downey Jr. ofreció seguir en el MCU si y solo si le ofrecían 100 millones de dólares. La decisión está en Marvel y Disney, y si lo aceptan vendrán nuevas conjeturas de cómo podría seguir apareciendo después de lo sucedido en esta peli.

Hablando de la cinta en general, los avances de la trama nos trajeron a colación al Mandarín interpretado genialmente por el gran Ben Kingsley. Este personaje es un gran contrincante de Iron Man y precisamente con él es donde se pone capcioso el guión. De pronto, los refanáticos de Iron Man podrían estar esperando el enfrentamiento que estos dos personajes tuvieron en las páginas del comic, ala Bane vs. Batman en Dark Knight Rises, pero este es otro de los adoctrinamientos que recibimos de Shane Black con sus licencias como guionista. En vez de poner a aprender Kung-Fu de la nada a Tony Stark, Black amenaza su persona de la manera más terrenal posible, hace enlaces en la cosmogonía de Stark que no conocíamos, desarrolla un impresionante antagónico con Guy Pierce y le da redondez a cada uno de los personajes con un desarrollo medido -para que no parezca una coral- y con un sentido único -para que se justifique su aparición-. Lo más bonito es que a pesar que existe un aire de traición al comic, lo revierte con la aparición de personajes clásicos en la historieta como Bambi, Ellen Brandt, el mismo Mandarín y Rescue en lo que me parece un gran desenlace para la historia de amor detrás de la gran hazaña épica que es Iron Man 3.

-Una gran lección de escritura si entendemos los grandes problemas que tuvimos con el personaje de Gary Oldman en Lawless-.

Lo más divertido de todo es que gracias a Shane Black el cuadro de explotación que es una cinta de comic se siente evolucionada por la combinación de dos géneros cinematográficos. Iron Man 3 es por un lado un western donde Tony Stark desafía a sus contrincantes a un duelo en medio del pueblo y debe aceptar las consecuencias de sus actos. Y por el otro es una road-movie desde Tennesse hasta California donde aprende a perdonarse, a conocerse y sanar sus más profundas heridas. Al final disfruté mucho la peli aunque me dejó un profundo y agridulce sinsabor. Para los que fuimos a ver las escenas después de los créditos hubo una gran decepción al no aparecer las tan anunciadas escenas de Ant-Man dirigidas por Edgar Wright y siguiente proyecto dentro de los Avengers después de finalizar su trilogía de Blood and Ice Cream con Simon Pegg y Nick Frost. A cambio obtuvimos un dato adicional, los ataques de pánico de Tony Stark no se eliminaron así como así en el enfrentamiento de sus miedos, necesitaron de terapia y que mejor para darla que el mismísimo doctor Banner 😉

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The Amazing Spider-Man

Si entendemos que Sam Raimi, en el verano de 2002, logró un buen lanzamiento de la franquicia de Spider-Man, con Tobey Maguire al frente, podemos conciliar de pronto que la tercera parte que obtuvo cinco años después no fue tan satisfactoria ni para los estudios, ni para los fanáticos.

En lo personal lo logrado con Maguire, Kirsten Dunst como Mary Jane, Rosemary Harris como la Tía May, Cliff Robertson como el Tío Ben y J.K. Simmons como J. Jonah Jameson fue muy atractivo. Nunca estuve de acuerdo con el Green Goblin (Willem Dafoe) como el primer enemigo del arácnido en la primera salida -así el desempeño de Dafoe hubiera sido ejemplar- pero por el contrario la sugerencia que se creó en la segunda parte con James Franco fue más que espectacular. Todo ese universo, todos esos personajes y todo el reparto de ese entonces fue muy bien logrado, se sentía el comic viviendo a través de la visión de Raimi con una fidelidad justa para cada uno de los fanáticos. La tercera salida abusó de personajes antagónicos y la extensión telenovelesca del trío amoroso entre Peter, Mary Jane y Gwen Stacy. Al final, Spider-Man nunca se vió tan falseada con tanto material obvio creado por computador y con tantos problemas al mismo tiempo por resolver.

La franquicia se vió en crisis y el estudio decidió sacar del proyecto a Raimi. Querían mantener el universo que el realizador había ya creado pero Maguire afirmó que sin Raimi, él tampoco iba y obviamente las decisiones se volvieron demasiado trascendentales a tal punto que decidieron relanzar la franquicia. Marc Webb (-500- Days of Summer) fue asociado al nuevo proyecto como realizador, Andrew Garfield como el Hombre-Araña, Emma Stone como Gwen Stacy, Sally Field como la Tía May, Martin Sheen como el Tío Ben y Rhys Ifans como el doctor Curt Connors.

Mi primera sensación fue que era un error garrafal despertar de nuevo la historia a tan corto plazo. Era inevitable las comparaciones y mientras algunas novedades son maravillosas otras definitivamente se volvieron colosales desatinos.

Andrew Garfield con un sentido arácnido más evidente, una disposición más atlética pero igual de ñoño permite superar por lo menos en empatía el perfil de Peter Parker logrado por Tobey Maguire. Digo por lo menos en empatía porque a nivel histriónico Garfield se repite en su desempeño de The Social Network -representanto esa vez a un obseso a nivel financiero- mientras Maguire lograba despertar fibras sentimentales de repudio, simpatía, antipatía o fraternidad.

La adorada de Peter Parker ya no es Mary Jane Watson (Kirsten Dunst) sino Gwen Stacy. Un personaje mítico dentro de Spider-Man que celebra su aparición los comics en 1965 y causa conmoción cuando en 1973 muere a manos de Norman Osborn. La Stone asume su papel como propio en una nueva relación donde apoya al más desfavorecido/impopular y le saca todo el jugo posible. De nuevo otro gran golpe de suerte para la dirección de reparto en esta cinta que trae el magnetismo de un nuevo actor lleno de frescura y simpatía como la Stone quien sencillamente es adorada por la pantalla.

Sally Field, Martin Sheen y Denis Leary desarrollan sus personajes perfectamente y la ambientación del comic vuelve a sentirse como un suelo firme para subsecuentes partes. Una de mis grandes frustraciones, sin embargo, es tal vez el ingreso del doctor Curt Connors interpretado por el magnífico británico Rhys Iphans -qué diablos tienen todos los actores británicos que son tan buenos en lo que hacen como antagónicos-. Connors, presente latentemente en las anteriores salidas del Spider-Man de Raimi con Dylan Baker, albergaba la ilusión de presentar uno de los mejores villanos del arácnido, obviamente después de Venom o Carnage. Dicha ilusión era alimentada además por el gran deseo de los fanáticos de ver en pantalla gigante la historia que pudo haber cambiado la forma de dibujar comics en los 90’s con: Spider-Man’s Torment de Todd McFarlane. Finalmente, nunca se dió porque esa saga fue interrumpida pero Marc Webb prometía en su primer capítulo, la batalla entre Spider-Man y El Lagarto del doctor Connors. Si se lograba capturar la esencia de esa historia de McFarlane, la grandeza y a la vez vulnerabilidad del arácnido esta iba a ser una gran peli. Aunque Ifans cumple muy bien su rol, su personaje queda debiendo demasiado, no fue cuestión de tiempo, no fueron limitaciones del actor, fue sencillamente que no se aprovechó la batalla al máximo y terminamos observando una peli demasiado debil, frágil y cojeante que no admitía excusas por la cercanía de sus antecesoras.

Se nota que esta fue una movida desesperada de Marvel Studios para contrarrestar el impacto del Caballero de la Noche de Christopher Nolan pero cambiarle el título de Spider-Man a The Amazing Spider-Man, relanzar la franquicia y prometer la grandiosidad no fue suficiente. Esta cinta fue rodada en RealD y la observé en formato ajustado a IMAX, donde la experiencia no es más que increíble pero Webb está lejos de los logros de Nolan, Raimi, Whedon o incluso Favreau.

No fue inteligente el reinicio tan prematuro y se están pagando las deudas.

Ahora se entiende perfectamente porque Sony Pictures quería poner en el «skyline» de The Avengers el edificio de Oscorp, The Amazing Spider-Man será la sombra de sus compañeros más que la estrella que verdaderamente es.

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The Avengers

The Avengers es la peli más divertida que me he visto en cine este año y eso que también me ví The Muppets. Tenía las expectativas bien arriba y la cinta simplemente cumplió su cuota de entretenimiento y la superó con lujo de detalles.

Joss Whedon tenía la gran responsabilidad de salir adelante en uno de los proyectos más ambiciosos de Hollywood, al juntar cintas taquilleras como Thor, Captain America, Iron Man con el peligro de ser un gran fiasco y salir a pelear la corona de la peli reina del 2012 que debe disputar aún entre The Dark Knight Rises, Prometheus y Skyfall.

No sólo el proyecto es bueno sino que nos deja súper bien conectados para la secuela que desde ya está preparando el estudio. Warner no se quiere quedar atrás y está desesperadamente buscando la forma de sacarle provecho a sus derechos sobre Superman, Batman, Wonder Woman y hasta Green Lantern para ver de qué forma arma The Justice League pero sobre todo lograr la continuidad y cohesión que existe en los personajes de Marvel. No la tiene nada fácil, a saber, si retomamos la crísis de DC Comics en los ’90s donde sus personajes más que habitar La Tierra sobrevivían en universos paralelos contrario a Marvel donde su punto de partida siempre era Nueva York.

La ventaja puede venir que Sony Pictures tiene los derechos de Spider Man y Fox los de X-Men entonces la capacidad de la franquicia para impresionarnos puede haber llegado a su límite mientras que Warner tiene dos ases guardados en la manga con la gran y retumbadora Batman de Nolan y The Man of Steel, el Superman de Snyder. Si Warner logra jugar bien sus cartas y en vez de relanzar la franquicia de Nolan y más bien se adentra en su continuidad aprovechando que el mismo Nolan es jefe creativo de ambos proyectos podría llegar a funcionar muy bien incluso ofreciéndole la dirección en la unión de La Liga (por lo menos eso es lo que los fanáticos de Batman y de Nolan hemos deseado hasta ahora en silencio).

Puntualmente, The Avengers tiene un gran logro y es que el ritmo no fue demasiado sobrecogedor desde el principio sino que supo manejar tiempos y pausas para que el espectador disfrutara de principio a fin de una historia creíble. Todos sus personajes aportaron un granito de arena a la diversión y las líneas de diálogo tuvieron a lo largo y ancho de la peli un humor fino muy característico de las pelis de Robert Downey Jr. (viendo los créditos, Jon Favreau es productor ejecutivo y logró de alguna forma influir para que esto fuera de esta forma, aunque esto sería hilar muy fino de mi parte). Al lado de Downey, Chris Hemsworth lo hace bien, Jeremy Renner, Clark Gregg y hasta Scarlett Johansson aportan drama desde la posibilidad de sus papeles, Chris Evans un gringo pendejo e inocente muy bien logrado, Tom Hiddleston como una poderosa fuerza antagónica y Mark Ruffalo con su Hulk la saca del estadio.

Una gran peli recomendada para ver en cine y en sala 3D.

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3D, Action, Actor, Adventure, Comic, Epic, Epochal, Exploitation, Fantasia, Folk, Hollywood, Jon Favreau, Miguel Vaca, Movie, Romance, Sci-Fi, Serie B, Thriller, Vacacion, Western

Cowboys & Aliens

No se porqué le están dando tan duro a esta peli, es una de vaqueros con algo de alienígenas. Pero incluso sin los alienígenas, es una de vaqueros tal cual. No hay que buscarle demasiada trascendencia a la cosa, no es Unforgiven de Clint Eastwood pero es una peli entretenida que tiene a Daniel Craig, Harrison Ford, Olivia Wilde y es dirigida por Jon Favreau. Además tiene unas apariciones impactantes como Clancy Brown irreconocible entre tanta cana, Keith Carradine, Ana de la Reguera, Sam Rockwell de segundón y hasta Paul Dano. Todos gozándose la historia y aportando su condimentico especial.

La historia, las secuencias, los giros y hasta el final son típicos del género. Todo lo demás es ganancia. Entiendo, no hay mucho que decir más allá que la inquietud que la Zona 51 o Area 51 está sobre el medio oeste norteamericano; si los alienígenas han sido tan desarrollados, existe la posibilidad de haberlos encontrado en otra época de la historia de la humanidad, inquietud que en serio es bastante interesante (para los amantes de la ciencia ficción) y que no sólo despierta dudas en el lejano oeste, pudiera ser divertido verlos en la edad media o en la antigüedad, un ejercicio a la inversa de lo que se ha venido haciendo.

Mi gran crítica, eso sí, es el bendito nombre. Así como Cloudy with a Chance of Meatballs se pierden muchas expectativas o mucho interés del espectador de esta forma. Favreau no abusa del 3D, como si lo hizo en Iron Man 2, sabe que la historia y la pantalla adoran a Craig y que la empatía de Harrison Ford es inigualable esta vez, entrado en años, con una voz muy ronca y su tono muy cadente. Entonces esta peli con un título menos pusilánime sería un éxito completo.

Yo la recomiendo a ojo cerrado si se quieren divertir, relajar un poco y disfrutar de una peli de vaqueros que no es muy usual ver en carteleras por estos días. A mi me encantó la historia pero sobretodo las cámaras y la fotografía; estaba revisando y Matthew Libatique es el responsable. De un sólo golpe viene a mi Black Swan, Requiem for a Dream, The Fountain, un cinematógrafo demasiado versátil que es capaz hacer cine independiente y comercial, muy centrado y de muy buena calidad en ambos campos. Manejar el concepto de Aronofsky y saltar como si nada a Favreau no es sencillo y lo logra con verdadera genialidad.

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Action, Actor, Comic, Epic, Epochal, Folk, Hollywood, Jon Favreau, Melodrama, Miguel Vaca, Sci-Fi, Serie B, Thriller, Trailer, War, Western

Cowboys & Aliens

Aunque parece un terrible título para una peli, este proyecto de Jon Favreau parece va a ser dinámita. De Favreau, este regordete actor neoyorquino podemos decir que le encanta el cine comercial y ejemplo de ello, aparte de sus pelis como actor, son sus 5 pelis que exploran la acción, la comedia y los comics. Su último proyecto fue la franquicia Iron Man, haciendo la primera y segunda parte pero antes ya había hecho Elf, Made y Zathura (siendo esta última la más regular de todas).

Digamos que con Favreau ya hay garantía de entretenimiento pero si le sumamos a Daniel Craig como héroe, Harrison Ford como antagónico y la producción ejecutiva de Steven Spielberg la combinación es excepcional y prometedora, sólo puede llegar a ser opacada por Brian Grazer y Ron Howard, productores de la pieza que con ellos nunca se sabe.

Daniel Craig (Jake Lonergan)
Harrison Ford (Coronel Woodrow Dolarhyde)
Sam Rockwell (Doc)
Paul Dano (Percy)
Olivia Wilde (Ella)

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