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Dark Phoenix

Hay un par de cosas que me han venido impresionando últimamente de las pelis de superhéroes y van encaminadas con la clasificación de su audiencia versus el contenido gráfico mostrado. Ya en Endgame era bastante chocante que la peli abriera con un degollamiento -fácilmente la imagen más grotesca que pudiera yo soportar-; en Dark Phoenix la sevicia pareciera viene de la mano de la tensión y de la acción, y de nuevo, adentrados en el primer acto la forma en que las personas se hacen cenizas en medio del fuego cruzado es igualmente perturbador. A lo que quiero llegar es que tanto el degollamiento como las muertes con sevicia son material de primera mano para un niño o una niña de 7 años (en la primera) y de 12 años (en la segunda).

Me llama la atención de esta Dark Phoenix que es una pieza entretenida en el Universo Cinemático de X-Men después de una nueva salida de Bryan Singer en X-Men: Apocalypse. Su director y guionista, Simon Kinberg, es un veterano productor de Hollywood -incluso nominado al Oscar por The Martian– y que hace su estreno en el timonel de un largometraje. No lo hace mal y captura muy bien el legado de Singer en este nuevo renacer de la franquicia.

Kinberg entiende, que sin una estrategia clara para el futuro, hay dos puntos importantes al dirigir una carabela en pleno curso, como lo es una pieza de X-Men, (1) que si hay un sistema de comunicación y de imaginería triunfadores como los que venían trayendo las pelis de esta saga pues no se altera, o como se dice en fútbol ‘equipo que gana no se toca‘ y (2) que para un proyecto de esta envergadura hay que rodearse de la mejor gente o por lo menos de los más profesionales; a nivel de cinematografía trajo al ganador del Oscar por Avatar, Mauro Fiore; en el montaje trajo al ganador del Oscar por Dunkirk, Lee Smith; y para ambientación trajo las partituras del también ganador y regularmente nominado al Oscar, Hans Zimmer. Zimmer es sin duda el que pone la nota más alta en la ejecución técnica y artística de la pieza; si hay un calificativo para esta cinta es «darks» y nada más oscuro, escabroso y tenebroso que las tonadas que definieron los ambientes y momentos en Dark Phoenix. El man es un genio. Es asombroso, sorprendente, escalofriante y perturbador todo su trabajo a lo largo de la historia.

Dejando a un lado la alerta del primer párrafo de esta entrada, Dark Phoenix es entretenida en las capacidades y potencias de su explotación. Para profundizar un poco en este concepto uno tiene que hablar obligatoriamente de Bryan Singer y de cómo otra vez abandona el barco de la saga de FOX.

A principios de este milenio, en el surgimiento de las pelis de superhéroes FOX de la mano de este pequeño genio y brillante director sacan a la luz X-Men con un rutilante éxito. En taquilla, invirtió 75 millones de dólares y recogió 296 millones combinados. El enfoque del director, abordando el tema de los derechos civiles, su orientación sexual como bandera en contra de la segregación de la individualidad conquista además la crítica. El estudio subió las apuestas a 110 millones y le confió a Singer la segunda edición de X-Men (X2: X-Men United); recogió 407 combinados, un resultado notable pero prendió alarmas en FOX en vista de las adversidades de los otros estudios con los proyectos de este nuevo género.

Marvel estaba recibiendo réditos de cada empresa que estaba explotando sus creaciones pero aún no se animaba a, como estudio, desarrollar algo de primera mano. Por el lado de Warner, las cosas eran inciertas. Ellos fueron los que realmente abrieron el mercado en 1989 con Batman, Tim Burton y una excelente lectura de las audiencias, sumado a una de las mejores interpretaciones del encapuchado con Michael Keaton -pero incluso se puede ir más atrás en la prehistoria, año 1978 con Superman de Richard Donner-; luego resuenan con una Batman Returns en 1992 escalando la calidad, el universo y las expectativas de todo el mundo pero después no supieron leer sus propios aciertos, despiden a Burton pensando que estaba haciendo muy oscura la historia y apagan sus esfuerzos por los cómix hasta principios del milenio. Vuelven a escena aprovechando el momento de duda de FOX y seducen a Bryan Singer para que desarrolle un episodio para Superman, quien decide que El Hombre de Acero de Richard Donner de 1978 es el pico de la historia, vuelve a ella y en 2006 desarrolla Superman Returns -àla Batman de Burton-; no triunfa, no decepciona, no satisface pero tampoco es entendido y se sepulta el proyecto.

Por su lado, X-Men se descalabra finalmente cuando Singer sale del croquis y entra Brett Ratner para realizar la tercera parte, X-Men: The Last Stand. A Singer se le había criticado las indulgencias creadas en algunos personajes pero Ratner fue anarquía total con la interpretación de sus mutantes. Se tomó muy en serio lo de ‘la última parada‘ permitió que la calidad de la historia decayera y mató la franquicia. FOX sin renunciar chapucea con historias derivadas e independientes, llamadas X-Men Origins; desarrollan Wolverine y ni siquiera se atreven a develar Gambit por la calidad de la respuesta.

Al final el que recibía todo el daño era el sacrificado Hugh Jackman, que si algo hay que reconocerle, es que le puso pecho a cuanta joda salió de FOX, como Wolverine regeneró cada una de sus heridas no importa lo dolorosas que fueren y fue la unión entre todo el Universo Cinemático de X-Men.

El eje del nuevo renacer de X-Men dentro de FOX es un señor llamado Matthew Vaughn. Un realizador que le gusta escribir sus guiones, que le gusta el thriller y que consigue éxito con dos pelis muy buenas, Layer Cake y Kick-Ass; esta última basada en un cómic de Mark Millar, prodigio de una nueva generación de narradores gráficos. Gracias a su estilo y el éxito de Kick-Ass, FOX le confía los restos de X-Men y decide audazmente sacar adelante First Class -en mi opinión la mejor pieza de la franquicia-; renueva todo el reparto de mutantes, algo impensable cuando se tiene a Patrick Stewart e Ian McKellen como líderes de equipo, con la excusa de que esta versión de la historia era varias décadas atrás y necesitaba sangre nueva.

Osado.
Audaz pero osado.

Le salió muy bien todo. Empareja este par de líderes con dos nuevos nuevos monstruos de la actuación. En el papel del Profesor Charles Xavier, cambia a Patrick Stewart por James McAvoy; en el papel de Erik Lehnsherr, cambia a Ian McKellen por Michael Fassbender; y es un rotundo éxito. El arco histórico está muy bien logrado porque adquiere tonos de época, intriga de espías dentro de La Guerra Fría, unos mutantes con menos indulgencias, ajustes en la espina dorsal tanto de Bryan Singer como de Brett Ratner y la cereza en el pastel es la figura de Raven Darkhölm, con mayor protagonismo como Mystique, interpretada por Jennifer Lawrence, y con destellos de Rebecca Romijn, en una especie de triángulo fraterno-incestuoso con Xavier y Magneto.

La audiencia de fanáticos después de mucho tiempo estaba satisfecha, las taquillas tuvieron un buen comportamiento, la crítica estaba estasiada y en FOX quedaron todas y todos muy contentos.

Singer vuelve a casa. Encuentra el proyecto y le fascina las críticas sobre First Class donde el argumento de unos era que Stewart es mejor que McAvoy, otros que Fassbender funciona mejor que McKellen, que no hay coherencia entre esto y aquello pero todos estaban enamorados con la propuesta de Mystique. El realizador dice que todas las opiniones son válidas y que todo se soluciona con la siguiente salida: Days of Future Past.

Este quinto episodio del arco histórico trae consigo una afinidad al pico narrativo más importante de los mutantes en los cómix. En 2014, X-Men: Days of Future Past se estrena como un ensamblaje de personajes, con un reto de conjugar las historietas y el Universo ya creado para la pantalla, sumado a la propuesta de unir todo el reparto de las dos eras y olvidar de una vez por todas The Last Stand de Ratner.

Todo empieza a tener sentido si detallamos que el escritor encargado de Days of Future Past fue Simon Kinberg.

Obviamente, con todo ese «galore» de actores el presupuesto se sube a 200 millones de dólares pero el mundo responde con un combinado de 747 millones. FOX lo había logrado. Quién iba a pensar que el Universo Cinemático más debilitado, incluso derrotado, iba a sobrevivir para ver la luz y mantener el pastel incluso para una segunda proción con X-Men: Apocalypse, donde se recoge un poco el presupuesto y el global es un poco más del medio millón de dólares. Pero el estudio entre narrativas principales y derivadas independientes había ya logrado la suma redonda de 6.000 millones de dólares.

Ahora bien, como decíamos al principio de la entrada, Bryan Singer vuelve a salir de la franquicia. Da un paso al lado -dentro de FOX– para producir The Gifted, una serie de TV sobre mutantes en el Universo Cinemático de X-Men y da otro paso al lado -también dentro de FOX– para realizar la rimbombante, laureada y reconocida dentro de los premios de La Academia, Bohemian Rhapsody. Simon Kinberg, que también había sido el escritor de Apocalypse, asume el reto y lo ejecuta muy bien. Pero ¿por qué sale Singer de nuevo? ¿Acaso le cobran factura sobre la ejecución tan pobre de Apocalypse? -Recordemos que Apocalypse es de los mutantes más poderosos en la historia, requiere de un contrapeso como Nathan Summers (que si lo hace muy bien Josh Brolin en Deadpool 2) y le hizo falta en la galería Mysterio y Gambit– ¿O será tal vez que ya no se sintió cómodo sin el repaldo de Stewart, McKellen y Hugh Jackman?

Sean cuales sean las dudas, Simon Kinberg salió avante con una buena pieza dentro del rompecabezas, Sophie Turner hizo un gran papel liderando el arco dramático donde Jean Grey se transforma finalmente en Phoenix. Aún más incierto hoy en día por la recuperación de los derechos de explotación por parte de Marvel/Disney y sin el juego de los «after-credits» podemos afirmar que el futuro de los X-Men y todo su reparto ahora sí está sepultado.

Nota personal: Me gustó el guiño de Jennifer Lawrence a #MeToo cuando le reclama a Hank que las mujeres son las que están salvando a Xavier y que la academia debería llamarse X-Women 😉
De pronto, por eso no es tan loco que dentro de toda la baraja de la franquicia esta sea la única peli que no antepone la etiqueta X-Men: Dark Phoenix

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X-Men: Days of Future Past

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Siete pelis se han hecho con mutantes dentro del Universo Cinemático de Marvel (MCU) en FOX. A saber: X-Men, X2, The Last Stand, Origins, First Class, Wolverine y ahora Days of Future Past. Siete pelis en las cuales no hay mucha concordancia a los comics, ni a la serie animada, sino más bien han sido la excusa para lanzar una extensa franquicia cuyo único elemento aglutinante, y subsecuente protagonista, se lo ha llevado insospechadamente James Howlett, por unos conocidos como Logan por la mayoría de nosotros como Wolverine.

No importan los arcos, ni los guiones, ni si las adaptaciones fueron buenas o si algunos directores fueron mejores que otros. De tanto en tanto, en este MCU de FOX, todos han tenido graves indulgencias que a la postre han generado vacíos en sus conjugaciones. De esta forma no hay buenos ni malos entre Bryan Singer, Brett Ratner, Gavin Hood, James Mangold o Matthew Vaughn; todos sin excepción dieron más relevancia y prioridad a Mystique (Jennifer Lawrence/Rebecca Romijn), al ya nombrado Wolverine (Hugh Jackman), desarrollaron de ceros figuras como Rogue (Anna Paquin), Phoenix (Famke Janssen), Sabertooth (Tyler Mane/Liev Schreiber) o hicieron ridículos a otros tantos como Cyclops (James Marsden), Deadpool (Ryan Reynolds), Gambit (Taylor Kitsch) o Angel (Ben Foster); pero sobre todo en su común denominador, la anarquía, las historias no concordaban; unas veces Charles Xavier (Patrick Stewart) estaba condenado a su silla de ruedas, mientras en otras campantemente caminaba frente a las cámaras; en unas Emma Frost era una joven adolescente (Tahyna Tozzi) y unas décadas atrás era una despampanante mujer (January Jones); o la mejor de todas en una época Bolivar Trask era un enano (Peter Dinklage) y unas décadas después se convertía en negro (Bill Duke).

X-Men parecía entonces que no se podía juzgar como un universo cinemático coherente pero de alguna forma habían logrado conquistar un borroso camino narrativo, entre todas sus salidas. Después de las estocadas recibidas por The Last Stand y Origins, sin importar las buenas taquillas, la franquicia parecía moribunda hasta que Matthew Vaughn, producido por Bryan Singer, planteó una especie de arco de origen con First Class y todo tuvo una nueva luz de esperanza, justo cuando FOX más lo necesitaba. Singer aprovechó esa luz e intercambió papeles con Vaughn. Partió de los planteamientos de First Class, generó una formidable campaña de expectativa recogiendo la estética de Vaughn y trajo dos items que los fanáticos pedíamos a gritos (A) los centinelas y (B) alguno de los arcos de la serie animada.

Days of Future Past aparece como un excelente paso hacia una gran y más sólida franquicia. Mientras, Vaughn establecía una confrontación entre los mutantes de Xavier y The Brotherhood of Evil Mutants de Sebastian Shaw (Kevin Bacon) el contexto del final de los 60’s parecía aceptarlos con una buena tónica y una excelente ambientación. Tanto el comic como el contexto histórico fue excelentemente aprovechado y se alcanzó la cima de calidad y narración en la franquicia. Vaughn, de alguna forma rehizo el relato explotado en X-Men (2000) y replanteó desde allí el inicio de los mutantes con una nueva dosis de grandes actores. Singer fue ambicioso y pensó que era la oportunidad perfecta para unir los dos repartos y Days of Future Past le calló como anillo al dedo.

El problema eran los vacíos narrativos que la anarquía de X-Men había desarrollado dentro de FOX. Singer fue contratado para resolver el tema y poder establecer un universo donde se pudiera producir filmes a largo plazo y utilizó una solución deus ex machina, un poco facilista, sostenida en los viajes a través del tiempo. Al modificar algo del pasado no podemos asegurar que el futuro no sea alterado y si este evento del pasado es grandilocuente pues sus consecuencias en el futuro serán directamente proporcionales. Viajar en el tiempo debe ser manejado con aún más pericia que cualquier otra disculpa en el guión porque implica la multiplicidad de universos paralelos –o en el caso de Days of Future Past conciencias paralelas–, y aún más incongruencias narrativas debido a las exponenciales variables que genera cada decisión. A pesar de resolver todo a los trancazos –o como decimos en Colombia a-la-maldita-sea–, es un punto interesante y viable, el uso de saltos en el tiempo a través de conciencias paralelas, de esta forma las ilusiones de ver a Bishop (Omar Sy) haciendo su trabajo en el tiempo se disuelven pero Wolverine se vuelve una mejor opción. Además la referencia a The Terminator (1984) de James Cameron es un lujo en la cinta; el futuro áspero y oscuro del inicio de la cinta, coincide con el mundo dominado por las máquinas de Cameron, tanto que en algún momento se espera que entre el pie de un T-800 y aplaste un cráneo humano, en primer plano; los viajes en el tiempo se han usado en varios relatos pero atravesar el pliegue del tiempo y el espacio para llegar a un punto del pasado completamente desnudo es también original de Cameron y aquí también Singer le hace un guiño con la desnudez y el desconcierto de Wolverine en su viaje.

De nuevo, establecidos en las indulgencias que les debemos conceder a los creadores del MCU de FOX, la cinta prometía solucionar los vacíos conceptuales y narrativos del pasado (en la franquicia). Aunque si se responden algunas inquietudes, Days of Future Past no es precisamente la salvación esperada. Una de las jugadas reiterativas de Singer en esta pieza es que lo que no se pueda explicar en dos líneas de diálogo queda sin resolver en el marco de la historia y así fue durante toda la pieza.

De nuevo, gran cabezazo de Simon Kinberg, Jane Goldman y Matthew Vaughn, encargados de la historia, que resolvieron el tema del salto en el tiempo con viajes de conciencia a través de un inusitado poder de Kitty Pryde (Ellen Page) conocida ahora como Shadowcat pero ¿cómo encontró dicho poder? Junto a los poderes de Kitty, no se nos cuenta cómo Xavier y Magneto (Ian McKellen) se hicieron aliados en el futuro, cómo se llegó al último diseño de los centinelas que aunque tienen coherencia con la persecución de Mystique parecen un resultado de una combinación más poderosa de Rogue, no se explica la conexión de las escenas finales de The Last Stand, es decir, cómo Xavier pasa de la aniquilación total a la reencarnación/reconstrucción de su cuerpo después del enfrentamiento con Phoenix, porqué Trask (Peter Dinklage) le tiene tanto odio a los mutantes –hasta William Stryker tiene una historia que todos conocemos– o la más cruel de todas, después de una alta y enriquecida campaña de expectativa con la muerte de John F. Kennedy, nos hundimos en un vacío donde no se resuelve nada al respecto. Hay posibles soluciones a todo; Wolverine otra vez con Adamantium puede ser un detalle de alianza del guepardo con Magneto al final de The Wolverine y se explica en Days of Future Past de la misma forma que Magneto (Michael Fassbender) manipuló los rieles de acero y casi que se sienten líquido para inyectarlos en otros cuerpos; el tema no son las respuestas que uno se arma sino la desconsideración y casi descaro de los creadores de la historia que no tuvieron reparo en estos hitos importantes en la trama para los fanáticos.

La cinta en su totalidad es interesante. Perdonando otra vez, los nuevos vacíos, y a sabiendas que ya no importan, Days of Future Past está llena de detallitos divertidos que hacen de la peli un gran entretenedor y nos preparan para el gran arco de Apocalipsis en 2016. Obviamente, la escena cumbre de esta pieza podría ser la exploración de los poderes de Quicksilver (Evan Peters) que nos callan la boca a todos los que pensamos que su trajecito de aviador se veía ridículo en los abrebocas de Empire Magazine. Personalmente, siento que la escena de levitación del estadio es absolutamente atrevida, audaz y temeraria; de las pocas escenas rescatables de The Dark Knight Rises está el hundimiento del estadio de los Rogues, este levantamiento está al mismo de nivel de impacto e impresión y sienta el ambiente perfecto para el desenlace. Es cierto, en la cinta se habla más y se tiene menos acción de la esperada, pero los diálogos están muy bien concebidos y no todo tiene que ser grandes dosis de vértigo para cautivar nuestra experiencia cinematográfica; la pausa y el detalle son también elementos de fina coquetería que Singer sin duda logra alcanzar en esta salida.

Nota personal. Hubo un momento de delirio personal cuando William Shatner, en personaje de James Kirk de Star Trek, entrega la línea de diálogo “we’re going backwards in time”. Es una bobada pero una bobada de esas finas que tanto me gustan.

Nota personal 2. En cuanto a mi juego «shakespeariano» de referencias a Richard Nixon, el trabajo desarrollado por Mark Camacho no es del todo atractivo y enriquecedor. Su perfil en la historia es obvio, su desempeño es el mínimo esperado y su caricatura la hemos visto mejor ejemplificada en otras versiones, dejando como resultado un desempeño fútil y sin mucha gracia.

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Trance

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Debo empezar reconociendo que soy admirador moderado de Danny Boyle, que he visto todo su portafolio -con excepción de una o dos pelis que simplemente se me escaparon- y que casi todo me ha encantado. Diciendo esto puedo afirmar tranquilamente que la que menos me ha gustado es Slumdog Millionaire, en principio porque su visión épica del anti-héroe se veía contaminada por cierta sensiblería pero puede ser posible que también haya sido por toda la parafernalia de las ceremonias que simplemente afectó mi percepción de la pieza. 127 Hours me gustó bastante, concursó en las mismas ceremonias, con las mismas posibilidades y no tuve los mismos problemas que con Slumdog, lo que me hace pensar que la peli si tiene algo que no soporto.

Trance es un thriller de suspenso, del subgénero del robo (heist movie), muy diferente a lo que venía realizando el director, que logra una buena factura y un promedio aceptable dentro de ese portafolio del que veníamos hablando. James McAvoy interpreta a Simon, un empleado de una firma de subastas en Londres, tipo Sotheby’s, que vende obras de arte en un espacio con una percepción de seguridad muy alto. Simon se ve envuelto en el robo de Vuelo de Brujas de Goya, perpetrado por Vincent Cassel y trata de seguir el protocolo que le han enseñado a manejar dentro de la firma para no arriesgar su vida, sin embargo, ve la posibilidad de inhabilitar a Cassel con un arma de electrochoques que finalmente no logra su efecto. Cassel molesto por la picazón causada por el arma, se voltea y le da un cachazo con el arma a Simon y lo deja inconsciente.

La banda de ladrones ya reunida en su guarida, abre el empaque de la obra y encuentra que sólo está el marco; alguien había cortado el lienzo antes de que lo tomara Cassel y se había salido con la suya. Simon es secuestrado por la banda y torturado para que de el paradero de la obra pero el golpe recibido por el arma ha borrado su memoria y no recuerda nada en absoluto. Cassel es entonces aconsejado para que use hipnosis, ya que ni medicamentos o terapias funcionan realmente con la amnesia. Vuelo de Brujas es comparada entonces con La Tormenta sobre el Mar de Galilea de Rembrandt, que permanece perdida después de su robo en 1990, para proveernos un hermoso giro al final del segundo acto y darnos pistas del desenlace de la cinta.

Boyle rememora la forma en que se hacían los robos anteriormente no sólo para crear contexto sino además para generar una declaración importante con su peli. Varios artistas contemporáneos como Guy Ritchie, Matthew Vaughn o Jonathan Glazer afirman que sus inspiraciones provienen de grandes pelis de capos y gángsteres londinenses de mediados de los 70’s. Boyle no se queda sólo en esta apreciación sino que se apropia de un discurso en contra de las historias “amigables para la familia” que han acabado con el concepto de pelis para adultos, cuyo pináculo se vivió en esa década. Ya no existen en el cine los dilemas adultos, los temas, la violencia o la sexualidad de dichas historias, por el contrario, el género de adultos se volvió sinónimo de porno, la violencia o el sexo son ahora gratuitos y lo más grave es que los argumentos se volvieron poco subversivos. Lo que antes uno encontraba en cines es más fácil verlo en TV, hoy en día, lo que define una inversión de los papeles muy grave para el director que opina que esto irá acabando con la actitud de ir a una sala a sorprenderse o extasiarse con grandes tramas y con complejidades que lo sienten a uno a reflexionar.

Más allá de su gran discurso y las grandes escenas de desnudos que esta cinta ofrece, Boyle no logra controlar su trompo y los constantes giros en los que nos vemos envueltos como espectadores. El realizador juega con su estética de una forma muy entretenida, el reparto provee grandes desempeños pero lamentablemente poco a poco nos va perdiendo y quedamos en algún momento pensando en esto o lo otro, casi que llegando a una resolución del conflicto de manera absurda y traída de los cabellos.

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The Conspirator

Hasta la semana pasada se mantuvo en cartelera una peli que no llamaba mucho la atención pero que fue dirigida por uno de los grandes, el señor Robert Redford.

Redford dedicado más a su festival de cine Sundance, ha ido menguando sus dosis histriónicas así como sus proyectos directivos. Como actor lo último que vimos fue Lions for Lambs en 2007, Spy Game en 2001 y la espectacular y clásica The Last Castle también en 2001. En su haber tiene ocho pelis como realizador así que esta reducción no se nota tanto pero también la última que le conocíamos era Lions for Lambs.

De Redford me gusta su posición crítica e independiente. Desde Quiz Show fue ácido con la ambigüedad de la moral norteamericana cuando un tramposo como Charles Van Doren fue tratado con benevolencia al justificar con pena que había aceptado el engaño en el que se vió envuelto como cómplice de la CBS, sólo porque su discurso de responsabilidad fue erudito, glamoroso y docto, obra de un gran intelectual. Esa sin duda fue una gran pieza. Su estilo al mismo tiempo es costumbrista y romántico, gran parte de su portafolio como director lo demuestra.

Mientras el pueblo norteamericano celebraba hace dos años, dos siglos del natalicio de Abraham Lincoln y los estantes de las librerías se llenaron de sus biografías y hazañas, Redford en vez de dedicarle una oda a su vida y obra, le regala con respeto un intento por descifrar la conspiración alrededor de su muerte. El centro de la historia, una mujer. Robin Wright interpreta a Mary Surratt primera sospechosa dentro de la conspiración, madre de John Surratt y anfitriona de Louis Weichmann, Lewis Payne y John Wilkes Booth -quien finalmente fue el que apretó el gatillo trás Lincoln-. Redford expone la cacería de brujas que surge de los yanquis más enardecidos queriendo ajuiciar porque sí y a toda costa a la señora Surratt. Su primer defensor, Tom Wilikinson, se da cuenta que por ser sureño su discurso va a ser tergiversado; Wilkinson como congresista logra seducir a Frederick Aiken -interpretado por James McAvoy– para que continúe la defensa del caso. El joven capitán inspirado por la búsqueda de la verdad arma un caso con lo poco que le permiten y se enfrenta a todas las prebendas de un juicio que sólo quiere saciar la sed de venganza.

Puede parecer lenta, en algunos momentos pobre en fotografía o incluso demasiado clásica en su narración pero esta cinta es un llamado de atención a todos los reaccionarios que nos rodean. Me encantó sobre todo la escena en que Danny Huston , con voz en off dice «inter arma, silent leges» (en tiempos de guerras, se callan las leyes) y Redford nos eneseña que justamente en esos momentos es cuando más cuerdos y más leales a la justicia, la ley y los debidos procesos debemos ser.

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X-Men: First Class

Qué buena experiencia fue ver X-Men: First Class de Matthew Vaughn. Un director muy «hollywoodense» que ya nos había traído Kick-Ass y que por lo mismo lo traté con un poco de incredulidad pero que con esta pieza logra sacarla del estadio. Mi primera discusión de la peli hizo evidente una única gran crítica posible y es que traen muchos, demasiados, mutantes a colación; la historia hubiera sobrevivido perfectamente con los personajes interpretados por Michael Fassbender, James McAvoy, Kevin Bacon, January Jones y Jennifer Lawrence (gran revelación de Hollywood por estos días). Primero porque la historia en sí es de génesis a pesar de que sea la quinta parte de la saga, el carácter vintage y la disculpa de hacer las cosas por primera vez podría haber dado la licencia para trabajar un poco más bajo perfil ese tema. Lo segundo es que Roger Mussenden, Jeremy Rich y Lucinda Syson hicieron una labor formidable al escoger este reparto increíble que a todo nivel (desde que eran niños un poco más grandes o incluso imaginándolos proyectados en los íconos de Ian McKellen, Patrick Stewart, Kelsey Grammer o la misma Rebecca Romijn) logran una asociación asombrosa por su excelente concordancia. Finalmente las actuaciones fueron excelentes y tantos personajes secundarios pudieron haberle quitado peso a lo que hubiera podido ser una obra un poco más dramática o por lo menos sin tanto ruido.

Analizando una a una las sorprendentes actuaciones de cada uno de ellos hizo que la peli fuera un éxito increíble para mi; digamos que January Jones no propone mucho pero su perfil de «bimbo» es vital, no esencial, en algunos pedazos de la historia, Jennifer Lawrence es una niña que ha venido teniendo un ascenso impresionante (de paso sea dicho que ansiamos muchísimo poder llegar a ver su reciente y laureada Winter’s Bone). Por su parte, los laureles son entregados indubitable e innegablemente a James McAvoy y Michael Fassbender, este último con una carga dramática fuerte más como un estiramiento histriónico de lo que fue Hunger pero igual impresionante, conmovedor y escalofriante. La pantalla se llenaba de emoción con cada una de las escenas donde Fassbender intervenía, guturalmente de mi salía una interjección de apoyo a este gran personaje y puede ser una de las grandes disculpas para pagarle una boleta a esta peli.

Punto aparte pero siguiendo hablando de las actuaciones, Kevin Bacon merece un comentario especial. Después de haber recibido su Globo como mejor actor dramático en Taking Chance parece que al igual que Fassbender estaba más suelto y divertido interpretando a este personaje antagónico llamado Sebastian Shaw. Fluía perversamente en la trama e incluso hubo momentos que en sala también lograba conmocionarme. Excelente posición en su carrera.

Definitivamente una peli imperdible. Una peli que controvierte a Hollywood porque su realizador Matthew Vaughn y su equipo de producción desafiaron la tendencia de los “rompe-taquillas” de filmar esta peli en RealD e incluso, sin filmarla así, de lanzarla en ese formato en las taquillas como motivación de compra. Cuestión que pone en vilo la tendencia y revisa si en verdad es una técnica importante o tan sólo una moda de momento.

* Alerta de contenido revelador a continuación

Nota personal. Después de toda la inyección científica que recibí de mis queridos amigos biólogos, me piden que sea responsable con un punto el cual yo también a priori pensé era demasiado osado o por lo menos muy controvertible. Darwin nombre mutante para el personaje interpretado por Edi Gathegi es un mutante que se defiende adaptándose para contrarrestar peligros o amenazas, me cuentan que esa teoría está más de acuerdo con las desvirtuadas tesis de Lamarck que da “la idea de la herencia de características físicas adquiridas, principalmente por uso o desuso” mejor conocida como “evolución reactiva” mucho más fácil para asimilar en el imaginario de personas comunes y corrientes como yo; el pedo es que es mucho más pegajoso el alias de Darwin que el de Lamarck al cual hubieran tenido que hacerle una introducción innecesaria y distractora del curso mismo de la historia pero que corre el peligro de albergar, en el público general, falsas acepciones científicas o políticas de la misma forma como explican la invasión a la Playa Girón o el Incidente de Bahía Cochinos justificando la entrada ilegal a Cuba por parte de no-cubanos apoyados por los Estados Unidos en cabeza de Kennedy, demócrata y todo, pero uno de sus más beligerantes presidentes. Como el vacío conceptual de Darwin aparecen otras afirmaciones desvirtuadas como por ejemplo que el Neandertal fue superado violentamente por el Homo sapiens cuando se ha logrado demostrar que se enfrentaron a su extinción alrededor de 40.000 A.C. mucho antes de la aparición misma del H. sapiens, enfrentándose en posibles pequeñas unidades en algún supuesto encuentro (en realidad existe la posibilidad de que si se hayan hasta encontrado y es más, hasta cruzado, porque se han encontrado rastros genéticos gracias a la secuenciación del genoma del Neandertal). La superación del más hábil o del más superior está desacreditado en vista que hay validación científica que podría afirmar que el Neandertal tenía una capacidad cerebral más grande y posiblemente era más inteligente pero sobretodo porque no existen especies superiores, error craso que asume que el hombre, es decir el H. sapiens, está por encima de organismos que en su sencillez más infinita se alimentan del sol y son capaces de sobrevivir cientos y cientos de años por encima de nosotros.

El punto llega a ser muy interesante porque la evolución en Estados Unidos es un tema álgido en las mentes alienadas de muchos «entusiastas» que creen empecinadamente en teorías menos controversiales como el mismo creacionismo. Yo soy de los que piensa que la ciencia, la continuidad o las preconcepciones deben tener libertades en aras de la diversión de una pieza cinematográfica, creo que es un error tratar de justificar todo al máximo porque de eso mismo se trata el cine, de unir dos puntos sin tener que trazar la raya, de mostrar una secuencia de unas maletas empacadas, un avión despegando y un destino diferente en un hotel de Hawái sin desvirtuarla porque no hubo corte a la llegada al aeropuerto, el registro de maletas, el abordaje, todo el recorrido del avión, etc… Hasta cuando la libertad afecta la credibilidad de la historia, así estemos en una historia de fantasía o una animación pura, ese es el punto que verdaderamente le atañe y le es más pertinente a la crítica del cine.

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X-Men: First Class

Ya es el segundo corto avance que sale de esta peli y este es más electrificante que el primero. Su director Matthew Vaughn lo conocemos por su trabajo en Kick-Ass que personalmente me defraudó un poco por su cercana similitud con Defendor sin embargo hay que reconocerle que la peli estuvo muy bien desarrollada, la narración estuvo bien lograda salvo par errores de credibilidad y que es un director con el suficiente coraje para manejar una producción de alto presupuesto sin problemas.

Dentro de las modas de Hollywood un día son los enlatados, otro son las versiones, las secuelas y por estos tiempos muy de moda las precuelas. Mientras las versiones son detestables en Hollywood este nuevo movimiento buscando la génesis de las grandes historias «hollywoodenses» me parece más que cautivante. Ojalá la peli sea tan buena como el corto y que Vaughn nos saque ese clavito. Tiene ingredientes que la hacen especial por ejemplo el reparto y la historia a cargo de Bryan Singer.

James McAvoy (Profesor Charles Xavier)
Michael Fassbender (Erik Lehnsherr / Magneto)
Jennifer Lawrence (Raven Darkholme / Mystique)
January Jones (Emma Frost)
Kevin Bacon (Sebastian Shaw)
Nicholas Hoult (Hank McCoy / Beast)
Oliver Platt (Hombre de Negro)
Ray Wise (Secretario de Esatdo de los Estados Unidos)

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Wanted

Wanted es una peli de Timur Bekmambetov en 2008 que vienen rotando por MovieCity por estos días. No creo que la hayan traído a carteleras de cine pero pues uno ya no sabe, ayer me enteré que The Lovely Bones la trajeron, no duró una semana en cartelera y la quitaron. ¡Qué rabia!

En fin, la peli es súper comercial, un thriller de acción con un reparto de lujo encabezado por James McAvoy como Wesley Gibson, Morgan Freeman como Sloan, Angelina Jolie como Fox y Terence Stamp como Pekwarsky; además están Thomas Kretschmann, Common, Marc Warren y David O’Hara como Mr. X.

No tenía idea, pero lo presentía, el filme está basado en un comic, novela gráfica del mismo nombre creada por Mark Millar. Me recuerda un documental que vi hace poco en Cinemax llamado Comic Books Unbound donde podemos confirmar que para Hollywood los nuevos cuentos de hadas son los basados en los comics y por lo mismo las grandes taquillas son héroes salidos de estas revistas.

A mi personalmente me encanta el lenguaje cinematográfico de los comics y el cine basado en comics; soy (o era muy) fan de Spawn, Spider Man, Lobo, Batman, Wolverine y Kingdom Come, por lo mismo de Todd McFarlane, Frank Miller, Dave McKean, David Bishop, Alex Ross y hasta el mismo Stan Lee). Siento que las cámaras deben tener un enfoque diferente, un sentido diferente, una textura diferente y terminan teniendo un estilo diferente. Son ricos en contraplanos, en contrapicados, en picados, en planos detalle con macros y en panóramicas conmovedoras. En esta ocasión, un veterano de Hollywood es el encargado de esta misión, Mitchell Amundsen y lo cumple a la perfección.

Timur Bekmambetov es un kasajo de quien no conozco nada en absoluto. Y aunque lo hizo bien en esta peli hago esta entrada en particular porque anoche me di cuenta que el encargado de la música original es un maestro al que le tengo mucho respeto, Danny Elfman. Es un señor que es rico en diversidad, texturas, armonías, ambientaciones forma un equipo excelente con Tim Burton pero cuando hace sus proyectos “en solitario” también logra el éxito.

Nota personal. Al parecer la gente no estuvo muy de acuerdo en la adaptación del comic a la pantalla grande, mucha de la personalidad y la caracterización de Wesley Gibson fue trucada para que pudiera hacer a los ojos de Hollywood lo que podía hacer mejor que nadie: Matar.

Encontré un artículo bien diciente de alguien que vió la peli, le gustó y hace un paralelo entre la peli y la novela para re-evaluar el trabajo de los escritores en Hollywood.

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