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Bombshell

Al igual que Adam McKay (Vice, The Big Short), me encanta que Jay Roach ha venido desarollando ese lado aún más oscuro en lo sarcástico de su comedia y que tiene algo más que decir sobre el estado político de Estados Unidos. En ambos directores, además, se elige una serie de actores tan espectaculares que su imitación de los personajes principales es tan absurdamente buena que terminan siendo aclamados por sus desempeños.

Por ejemplo, Lyndon B. Johnson en All the Way caracterizado por Bryan Cranston -casi tan fielmente que nos preguntamos a veces si esas imágenes no eran de archivo-, Sarah Palin y John McCain en Game Change caracterizados por Julianne Moore y Ed Harris, respectivamente -e igual, fueron tan impresionantes las personificaciones que hasta se hicieron muy controvertidas-, y tal vez la excepción con Jay Roach y sus personajes fue Recount con todo el fenómeno de reconteo en las elecciones presidenciales para el periodo 2000-2004 donde se hizo más desarrollo de personajes por parte de los actores que una personificación per sé de sus apariencias. Con McKay, en la misma dirección pero a otro precio, el realizador tenía un largo, largo, trayecto de dirección de piezas cómicas, series y largometrajes, me atrevo a decir que por el excelente e innovador trabajo de las pelis de Jay Roach entró en un campo donde la sátira es más interesante que el sarcasmo; así la personificación de todo el reparto de The Big Short fue impresionante pero al mismo «nivel Jay-Roach» Dick Cheney en Vice caracterizado por Christian Bale dió frutos en la velada de Los Oscar -el trabajo de Amy Adams como Lynne Cheney, Steve Carrell como Donald Rumsfield o incluso la apuesta de Sam Rockwell como George W. Bush fueron de una calidad elevadísima logrando el año pasado sólo para lo que estamos tratando tres nominaciones y un Oscar a mejor maquillaje, además de ser considerada para mejor peli, director, guión y montaje-.

Lo de este año con Bombshell de Jay Roach es atrevido. Una trama dentro de la caída más dura del ala conservadora de las noticias, en pleno ascenso de Donald Trump, cuando por conducta inapropiada y acoso sexual sistemático es acusado Roger Ailes, director ejecutivo de Fox News. Un trabajo alusinante que empieza con una presentadora de noticias; por sus rasgos y las líneas de diálogo entendemos que es Megyn Kelly pero quién diablos podría descifrar que es Charlize Theron (yo la verdad me demoré una media hora y seguía incrédulo casi hasta la mitad de la peli que salió en un ambiente más familiar, sin imágenes de archivo de contexto, con la defensa más baja y “sin maquillaje” -yo no si sea capaz de ganarle a Renée Zellweger, favorita este año como mejor actriz, pero aquí nadie puede negar su gran desempeño-). El resto de las personificaciones son igualmente impresionantes. Al lado de Theron, Nicole Kidman como Gretchen Carlson, el fabuloso John Lithgow como Roger Ailes y todos y cada uno de los personajes de Allison Janney, Malcom McDowell, Connie Britton que respaldaron con creces el trabajo de sus líderes de estudio.

Me causa inquietud que así me haya visto la mayoría de piezas de Roach y McKay no haya hecho del todo sus reseñas. Creo que no termina de convencerme el formato o el regusto o la intención así alabe su hazaña. Bombshell no es diferente y a su vez deja mucho que desear. ¿Jay Roach es el informante positivista que la realidad de Estados Unidos necesita? ¿No es mejor un historiador capacitado para esta labor? Es decir, ¿No le hace más daño al hecho real que lo que se retrata sea realizado por un director argumentativo y no por un documentalista? ¿Hay algo más que rescatar que el escándalo y las buenas actuaciones? Sinceramente, entre mejor logra el retrato más se pierde el contexto y si no es por el trabajo ya resaltado de sus capitanes de actuación personalmente creo que la verdad sería mejor una serie documental en Netflix y ya. De esta forma sin lugar a dudas, caracterizaría esta pieza como de explotación y melodrama.

Sin embargo, esta trama tiene algo diferente que me logra sacar de este abismo de pesimismo por la pieza. Si uno libera de esta obra el trabajo de Theron, de Kidman y de Lithgow la esencia no es otra que Margot Robbie interpretando a Kayla Pospisil. Una chica inocente, ingenua, llena de ilusiones y ambiciosa como todas las chicas que llegaron a un punto donde el paso obligatorio era el segundo piso, la oficina de Ailes. Tal vez, este ligero ardid, esta pequeña figura literaria de Charles Randolph armando un personaje común, una heroína de mil caras -interpretada desde las entrañas por Robbie– no sólo convalida todas sus nominaciones sino que podría salvar este cartón que es Bombshell.

El siguiente trabajo de McKay es sobre Elizabeth Holmes de Theranos a quien conocemos por el excelente documental de Alex Gibney para HBO, The Inventor, y ya veo montada en ese potro a Jennifer Lawrence pero podría también estar cayendo en la misma red del retrato naturalista que al final sólo sirve para documentar el folklore de una época y no más.

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Dirty Wars

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Hay veces nos quejamos del tono, del ritmo o de los tiempos en una narración. En este documental de Rick Rowley sobre la odisea que fue la investigación de una historia del periodista Jeremy Scahill no sobresale ninguno de ellos y no hace falta.

Scahill ha sido titular por reportajes revelados en Kosovo, en Bagdad pero es mayormente reconocido en el mundo por ser protagonista en la revelación de Blackwater (ahora Academi) como una empresa patrocinada por el gobierno de Estados Unidos en el trabajo mercenario de aniquilamiento sistemático por fuera de los estándares regulados por la ley; en otras palabras, una agencia paramilitar auspiciada directamente por el gobierno estadounidense.

El interés de Scahill decayó en una guerra mediática, como si estuviera en un cuadrilátero de boxeo, enfrentándose con cada uno de sus opositores, sin importar que el anfitrión del programa fuese un aliado de sus ideas; esto lo dejó visiblemente acabado e intelectualmente agotado; no obstante, en Dirty Wars quiere demostrar que la personificación de cambio entre el torpe e ignoto George W. Bush por el ilustre y estadista Barack Obama es apenas un espejismo. No sólo las políticas del démocrata son más sanguinarias y continuistas con las de su predecesor sino que es audaz en su diversión mediante discursos liberales, patrióticos y altruistas; para demorstrarlo investiga la división J-SOC (Joint Special Operations Command) que no es más que la extensión más terrible de su guerra contra el terrorismo. Muchas veces en este blog nos hemos topado con maquinarias más fuertes que Obama que lo hacen ver como un títere, como el idiota útil que es un presidente en nuestros sistemas seudodemocráticos, que nada tienen que ver finalmente con el pensar del pueblo sino con el dominio de unos pocos con mayores recursos sobre el resto de la población; en este documental se hace manifiesto que como líder militar, el presidente Obama declaró la muerte específica por decreto de mujeres, niños, ancianos y ciudadanos estadounidenses bajo varias razones bastante perturbadoras: enemigos del estado, subversivos, fieles y seguidores de filosofías amenazantes, infortunio o el peor de todos «por si las moscas».

Scahill es un hombre pesimista y apagado. Sus ojos brillan cuando investiga pero su ser se siente profundamente comprometido con las pistas, los testimonios y los hechos que logra colectar. Su tono es oscuro y con el paso del tiempo en la pieza es más sombrío aún. Su denuncia es terrible y aunque es loable su posición hasta ahora como nominada en los Oscar, trivialidades como We Steal Secrets son más «premiables» por los gremios; es decir, Rowley debería estar más que satisfecho con hacernos llegar su inquietud y que en su carrera haya logrado mejor cinematografía en Sundance; seguramente el altruismo de la libertad que respira The Square o la desfachatez delirante de un asesino impune en Sumatra con The Act of Killing serán mejor recibidas por el público en general.

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Killing Them Softly

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Tenía unas expectativas mixtas con esta cinta. Su director, el neozelandés Andrew Dominik, me sorprendió gratamente con The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, una cinta exquisita gracias a la fotografía de Roger Deakins y de una narración bastante peculiar desarrollando dos personajes muy fuertes al mismo tiempo, el héroe y su antagónico.

Para muchos -yo incluido-, The Assassination of Jesse James pondría en un lugar muy alto a Dominik pero la verdad es que su primera pieza, Chopper protagonizada por Eric Bana, fue la que lo hizo arrasar todos los premios oficiales e independientes en Australia. The Assassination of Jesse James le significó estar nominado a dos Oscar, Globos de Oro, concursar en Chicago, Londres, Venecia con gran fuerza y de pronto se le puede referir como su cúspide más alta hasta ahora pero Chopper fue la que le dio la confianza en la industria, le permitió contratar a Deakins y a manejar estrellas de la talla de Casey Affleck o Brad Pitt -tranquilamente su mejor papel en los últimos diez años y de pronto su mejor desempeño tan sólo superado por el gitano de Snatch-.

Aunque Dominik ha manejado en sus historias, tramas sobre crimen y criminales tan sólo Killing Them Softly se puede considerar una peli del género de gángster, ya que, Chopper entra dentro de la clasificación de biopic y The Assassination of Jesse James es un buen y chapado a la antigua western. Killing Them Softly ubicada en una tácita Louisiana refleja el mal rato que está pasando Estados Unidos, de cómo esto afecta hasta los círculos más exclusivos del hampa norteamericana pero sobretodo cómo Barack Obama es la respuesta precisa, articulada y muy bien orquestada para dar la sensación de cambio a las golpeadas calles de la recesión. En este contexto, los grandes bandidos, los famosos cobradores y los delincuentes de cuello blanco se dedican a filosofar mientras esperan que la situación mejore. Mientras tanto ladrones de poca monta tratan de aprovechar el momento y exponen lo ingenuos, improvisados, inexpertos y descuidados que pueden llegar a ser. Por ejemplo, Markie Trattman (Ray Liotta) maneja una casa de apuestas, la roba, recibe una paliza y sale ileso, no obstante, su lengua un día se suelta para contar y jactarse en frente de todos de su osada picardía. El problema no es su abierta confesión, el problema con Trattman es que pone en evidencia que hay un vacío de autoridad y dos ladronzuelos interpretados por Scoot McNairy y Ben Mendelsohn intentan copiar el disparate.

Killing Them Softly no es una historia épica de paladines y temerarios, no hay héroes ni extremas odiseas. Killing Them Softly protagonizada por Brad Pitt, Richard Jenkins, Ray Liotta, Scoot McNairy, Ben Mendelsohn y James Gandolfini es una opereta del crimen ambientada en uno de los estados más golpeados por las inclemencias del clima y el gobierno de Bush gracias a su sutil trasfondo político. Brad Pitt vuelve a hacer pareja con Dominik y recrea un sentimiento de cheveritud y frescura muy bien elaborado en la pieza, sin embargo, su personaje no se desarrolla y se queda en un planteamiento cerrado de principio a fin. Jenkins y Gandolfini son dos pesos pesados que interpretan muy bien sus líneas y le aportan condimento a la presencia de Pitt pero lo mismo, no hay mayor desarrollo de sus papeles. El peso dramático recae entonces sobre los tres perdedores: Liotta, McNairy y Mendelsohn. Aunque los tres sobrellevan esta carga relativamente bien Ray Liotta muestra su lado vulnerable en el género y Ben Mendelsohn se edifica como una gran figura en la pantalla. Sus matices son amplios y desquiciadamente diferentes. Voraz y predador en Animal Kingdom, sofisticado y oscuro en The Dark Knight Rises y ahora grasiento, imbécil, descuidado y aturdido por tanta heroína en su ser. Un actor para tener en cuenta.

Desarrollada dentro del estudio de Annapurna y distribuida por la Weinstein Company, las promesas sobre Killing Them Softly eran altas. Concursaba en Cannes por la Palma de Oro y de no haber sido abandonada por los Weinstein es muy posible que los Oscar le hubieran sonreído con un par de nominaciones. Al final pasó sin pena ni gloria por todos los círculos independientes y, sin decir que es mala, uno disfruta la estética de la pieza que es hermosa en cámaras y secuencias pero nada más. Dominik y George V. Higgins no logran evolucionar sus personajes y la historia al final no es nada más que una gran burbuja. Una verdadera lástima.

Nota personal. La pieza está llena de versiones, grandes versiones, de su afiche promocional. Muy recomendado echarle una ojeadita a cada uno de ellos.

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Too Big to Fail

Para poder ver Too Big to Fail de Curtis Hanson es recomendable primero que le echen una ojeadita a Zeitgeist o Inside Job. Hanson es un gran director de cine y de adaptaciones literarias por excelencia; me encantó por primera vez con L.A. Confidential -muy nominada en los Oscar y que incluso ganó mejor guión y mejor actriz para Kim Basinger– después por cosas de la vida leía Wonder Boys de Michael Chabon y el director logró una excelente versión de la novela.

Too Big to Fail es una producción de HBO para TV, basada en la novela del mismo nombre de con un reparto de locura que va desde William Hurt hasta Billy Crudup o Paul Giamatti y que relacionamos en el blog porque aunque no ganó nada en los recientes Emmy fue nominada en casi todas las categorías, dándole un revuelo impresionante y que aprovechamos para recordarles que la cadena la está rotando fuertemente este mes.

Hanson no se va con rodeos en esta peli, por eso es importante documentarse un poco antes. Queda bastante claro en Inside Job todas las sucias jugadas de los banqueros, corredores de bolsa, economistas y miembros del gobierno mismo que en una alianza macabra, no vista desde los años de Rockefeller a principio del siglo XX -y que condujo a la gran depresión de los años 20’s en Estados Unidos-; empezando por Alan Greenspan que en ese entonces fue nombrado Presidente de la Reserva Federal comienza una campaña en contra de las restricciones a los bancos y sus transacciones. Se orquestó de la manera más vil posible un juego donde los bancos prestaban plata, a los inversionistas, los corredores tomaban esa plata y conscientemente la ponían en negocios de alto riesgo, donde tanto ellos como los grandes inversionistas aseguraban su plata con altas pólizas y, finalmente, mediante terrorismo bancario los mismos corredores se encargaban de hacer colapsar dichos negocios para recoger las dividendos de las grandes pólizas.

Esto dejó como gran perjudicados a los pequeños inversionistas. El grueso de la clase media y clase media baja de norteamericanos que de buena fe invirtieron no sólo en acciones sino en vivienda e hipotecas. Los economistas, cómplices en el maquiavélico juego, llegaron con sus teorías a ratificar las buenas gestiones del mercado y a echarle la culpa a la burbuja inmobiliaria. Inside Job demuestra con hechos como al gobierno le tocó untarse las manos para salvar a estos criminales que simplemente rotaron de puestos, abandonando sus sillas presidenciales para ocupar puestos en el gobierno o prestigiosas posiciones académicas.

Too Big to Fail atiende, tal vez para mí, el caso más grave, el de Henry Paulson. Un banquero importante que lideraba las acciones de uno de los cuatro bancos más importantes de Norteamérica y del mundo entero, Goldman Sachs. Paulson completamente untado de esta miel de codicia y malversaciones siente el apocalipsis de su banco y pide ayuda al gobierno y a sus camaradas banqueros. Vende sus acciones en el punto más alto posible, logra salvar su pescuezo y como si fuera poco el gobierno Bush lo pone al frente de la Secretaria del Tesoro -algo así como el Ministerio de Hacienda– donde continúa o perpetúa el juego para sus amigos. El colapso de los bancos y las acciones anti-capitalistas de nacionalizar los bancos con inyección de capital y regulaciones internas no se dejan esperar. Su chivo expiatorio es Richard Fuld (James Woods), presidente de Lehman Brothers que al igual que Paulson o Lloyd Blankfein -en Goldman Sachs-, John Thain -en Merrill Lynch– o John J. Mack -en Morgan Stanley-, juega a tratar de salvarse en el mismo juego, con las mismas reglas de todos y pierde su cabeza. El gobierno lo deja morir aparentando una inexistente justicia capitalista hacia las malas acciones financieras, mientras con la otra mano trata de tapar el hoyo de AIG, la aseguradora de los bancos que al final fue la que se chupó todos los desperdicios tóxicos inmobiliarios del mercado.

El artificio es bien complejo. Fueron cuatro bancos los que prácticamente se repartieron los dividendos de Estados Unidos a los ojos perplejos del gobierno y este no pudo hacer nada gracias a los movimientos del susodicho honorable Alan Greenspan. El chistecito casi colapsa la economía mundial y a pesar de su casi inmimente hundimiento, la banca años después sale airosa a decir que fueron «demasiado grandes para fallar». Una descarada corrupción que ni el presidente más progresista, la encarnación del cambio y la esperanza -como lo fue Barack Obama para sus electores- ha podido modificar. Obama creyente de sus ideales aterrizó en un puesto donde lo único que pudo hacer fue acceder a ponerse los hilos de la marioneta en la que se convirtió. Permitió la continuidad del juego banquero y más recientemente otorgó incluso un veto político y racista al pueblo palestino en contra de sus deseos frente a la ONU de ejercer su derecho natural como nación, una clara contradicción de su campaña y de sus principios.

Comparada con los filmes nombrados que hablan de la corrupción bancaria como Zeitgeist o Inside Job, Too Big to Fail es una buena peli -por lo menos muy superior a la burla de Casino Jack que sólo trató de frivolizar el crimen y la corrupción a la que habían llegado estos corredores.

Nota personal. Marcelo Zarvos a quién relacionamos en The Beaver por su excelente composición musical, en esta ocasión también nos trae un excelente desempeño. Una orquestación maravillosa y una ambientación impecable durante toda la pieza.

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An Inconvenient Truth

Davis Guggenheim es un director de TV que se mueve tranquilamente entre el documental y la serie para lanzarse al celuloide un par de veces. Una de esas veces que se decidió a hacer una peli para cine fue acompañando a Al Gore en su An Inconvenient Truth, un documental que lo llevó a su primer Oscar pero que al parecer no es tan bueno como si verdadera obra maestra Waiting for “Superman’.

El documental habla de las eternas discusiones entre lo bueno y lo malo de este planeta con o sin nuestra existencia. La verdad desconfío de todas las verdades que supuestamente nos está comunicando Gore en su animada exposición porque si algo aprendimos en Zeitgeist y todo Su Movimiento es que tipejos como Gore o mejor de la calaña de Gore son los encargados del entretenimiento mientras las crudas verdades suceden detrás de su parafernalia. Jacque Fresco y su Proyecto Venus nos advierten de todas las calamidades, estafas, engaños y demás bajezas que los políticos ocasionan, son ellos y nadie más que ellos los responsables de las atrocidades del mundo gracias a su eterno instinto de marionetas de los grandes poderes.

Si, el señor Gore perdió la votación como presidente de los Estados Unidos y nada más que frente al macabro y más incompetente de todos: George Walker Bush. Pero no fue él mismo quién optó por callar en vez de llegar hasta el punto más profundo de la verdad. Este personaje con todas las herramientas del partido, con todo el patrocinio del electorado, con todo el poder de la justicia no fue quien dijo que en honor y respeto a la democracia acataba la decisión tomada por La Corte pero que no la compartía. Obviamente una salida honrosa y heroica para el pueblo norteamericano pero que a la postre agudizó todos los problemas, sociales, políticos, económicos de la nación. ¿Acaso no es más criminal, el que condescendientemente apoya la barbarie?

No se, en el documental se trata de salvar llamando a ese falso heroísmo que acabamos de nombrar, en una actitud quejumbrosa y lastimera que más que acorde al hilo conductor de la pieza se ve como una pataleta del niño que perdió las elecciones por el otro niño que era dueño del balón. Y así, armando su perfil activista trata de meternos en un falso cuento donde él es la figura ecológica del mundo, el ente más respetado de Estados Unidos a nivel de tecnologías verdes y energías saludables, si eso fuera cierto su documental no sería más duro y más propositivo con las causas, las consecuencias y las posibles soluciones del calentamiento global. A través de conjeturas, silogismos y falsos juicios, usando lo que más sabe usar, la labia, una de las herramientas descritas por Fresco como los verdaderos puñales del político trata de meternos en unos cuentos de ciencia ficción increíbles. Si el mundo se está calentando, si hay demasiada población, hay demasiada contaminación pero se enfrasca en una solución simplista e inmediatista que necesariamente es la solución, la solución a todos los problemas está en la tecnología y sus tecnócratas. Ellos ya tienen resuelto como disminuir los tornados que se están originando en el golfo donde se creó y potenció Katrina, ellos ya saben como reducir el efecto invernadero aprendiendo de los volcanes y sus contaminantes erupciones a la estratosfera, ellos ya saben que el problema del calentamiento no son los carros, sino el ganado y nuestro abominable consumo lo que si no saben y es ciencia ficción son las profecías maquiavélicas que profesa Gore como verdades irrefutables.

Hay que tener mucho cuidado con este documental, ni es tan bueno, ni es tan verdadero. Los que quieran aprender de soluciones de soluciones de verdad pueden visitar todos los enlaces de The Venus Project, el Movimiento Zeitgeist o si no quieren ser tan activos pueden documentarse con Super Freakonomics que es un libro divertido de la derecha refutando enteramente la posición de Gore como abanderado de sus propias ideas (bueno no precisamente él sino el ideal que él representa).

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Maradona by Kusturica

Via Revista Neon

Una de las grandes penas cinematográficas que me sobrecogen es no haber visto ni una sóla peli de Emir Kusturica. Otras grandes penas es no haber visto tampoco las pelis de Sam Peckinpah, Rainer Werner Fassbinder y recientemente Sidney Lumet. Mi consuelo es que aún queda mucho tiempo por vivir y mucha peli por delante, por ejemplo ya llevo cuatro de Lumet lo cual no está para nada mal.

Sin embargo y gracias a este fantástico documental lamento mucho no haber visto antes más pelis de este maravilloso serbio (no pregunten cómo me siento de haber tenido boletas para su concierto en Bogotá al cual no pude asistir). Varias cosas tengo claras ahora, ni Chavez está tan loco, ni Fidel es tan diablo, ni Maradona es tan malo. He logrado sostener argumentos de estas verdades gracias a esta bonita disciplina de ver pelis sin discriminar basura de intelectual, ni comedia o musical, ni tampoco argumento o documental.

No se ni por dónde empezar.

Esta peli creo se sintetiza en la frase de Kusturica que él encontró el espíritu de la nobleza (“the aristocratic spirit“) en su peli Do You Remember Dolly Bell? cuando filmó la pobreza y la marginalidad. Continúa afirmando que ese mismo espíritu lo encuentra en el ranchito original de Los Maradona y que es gracias a este que Maradona es tan grande. Es tan grande que después de todo el sufrimiento en la Guerra de las Malvinas le roba un gol con la mano a Inglaterra y después la remata con el mejor gol del siglo. Es tan grande que se niega a darle la mano a Thatcher, al Príncipe Carlos, a Reagan, a Bush, a Havelange y a todo aquel que atente contra ese espíritu.

Yo pensaba que Pelé era el mejor jugador de fútbol, y sí, de pronto en las canchas lo fué pero Maradona fue capaz de meterle el gol del siglo al Papa, a la Perestroika, al Capitalismo y se abanderó del Socialismo y la izquierda argentina, tan deprimida por sus militares y sus juntas.Pelé pudo haber sido el mejor jugador de fútbol pero se vendió al Cosmos y a MasterCard, Maradona le es fiel a sus ideologías y sus culpas.

Es un tanto demasiado el peregrinaje y la adoración de su ser. La caricatura religiosa es bien expuesta por el director que además combina su discurso con escenas de pelis de su propia autoría y le rinde un homenaje en vida tan bonito como cinematográfico como se lo hacen Calamaro, Manu Chau y todo el pueblo latinoamericano.

Generalmente, grabo las pelis en el aparatico de DirecTV, esta se volvió favorita y súper recomendada. No la he borrado aún.

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Sidney Lumet (1924-2011)

Via Revista Neon

Tres circunstancias sucedieron en la Ceremonia de los Oscar de 1977 que marcaron el ridículo más grande que jamás haya hecho La Academia y dos de ellos tuvieron que ver con el reciente fallecido y maestro Sidney Lumet.

El primero Taxi Driver dirigida por Martin Scorsese no fue ganadora del Oscar como mejor película del año, el segundo Sidney Lumet no fue ganador del Oscar como mejor director y a pesar de sus diez nominaciones y sus cuatro Oscar (tres por actuación y otro por mejor guión original), el tercer evento fue que Network no fue ganadora del Oscar como mejor película del año. El cuarto evento hubiera podido ser que a pesar de Taxi Driver o Network la ganadora mejor película del año fue Rocky.

No nos digamos mentiras, a La Academia le encanta hacer el ridículo, seis veces se negó a darle el Oscar como mejor director a Scorsese y si esta entrada estuviera dirigida para honrar a este gran director, las tres circunstancias de bochorno en ese 1977 hubieran sido Taxi Driver no fue ganadora del Oscar, Taxi Driver no fue ganadora del Oscar y Taxi Driver no fue ganadora del Oscar.
En fin, Scorsese recibió por lo menos un Oscar en vida (no por su mejor peli) pero Lumet se fue en blanco, cinco veces nominado y tan sólo un honorífico en 2005.

Este año se va uno de los más prolíficos directores de la industria, alcanzando la muy envidiable suma de 72 pelis, 36 nominaciones y 33 reconocimientos a nivel mundial por su estilo de dirección. Casi con una peli por año hasta los 90’s, no tan consistente como Kubrick o el mismo Scorsese, Lumet es reconocido como un director de actores, donde su habilidad radicaba en generar actuaciones de primera talla en su reparto y generalmente muy bien calificadas por la crítica, no es gratuito que Al Pacino, Peter Finch, Faye Dunaway, Beatrice Straight, Ned Beatty o William Holden hayan sido favoritos y nominados por sus grandes papeles (extrajo una buena actuación de Vin Diesel en Find Me Guilty y eso es mucho decir).

Por eso hablar de Lumet es hablar del cine mismo y su muerte es un gran vacío para los cinéfilos de vieja data y los contemporáneos. La primera peli que vi del director fue bastante tardía Strip Search en 2004 y me encantó la posición que mantuvo frente a la violación de los derechos civiles que permitía el gobierno Bush mediante las libertades de intrusión, seguimiento y arrestos preventivos a particulares con la disculpa de combatir el terrorismo. La segunda peli que vi fue Before the Devil Knows You’re Dead de 2007, su última pieza, un duro conflicto entre dos hermanos sumidos en un crimen que no pueden echar para atrás y que marca la quebradura de cualquier relación familiar entre ellos y sus padres. Finalmente, con Network quedé completamente atrapado en su discurso y la tarea de revisión que nos queda por delante a los que no conocemos todo su material es tan grande como basta e interesante.

Concha de Plata en San Sebastian, un Pasinetti en Venecia, ningún Oscar tan sólo uno honorario, lastimero y piadoso, un Globo de Oro, ninguna Palma en Cannes, un Oso de Oro, un FIPRESCI y un OCIC en la Berlinale. Se empiezan a ir los grandes y el espacio para llenar su vacío es demasiado amplio. El cine de autor peligra.

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Inside Job

Inside Job no sólo ganó Oscar a mejor documental este año, esta peli es un análisis profundo a las cuestionables formas de dirigir del estadounidense y es un desenmascaramiento de las intrincadas manipulaciones a todo nivel en, posiblemente, la más corrupta de las sociedades.

Comienza con un aislado ejemplo de una sociedad utópica, casi ideal, como la que mantenía Islandia en los años 80’s, un país lleno de progreso, calidad de vida muy alta, bajo desempleo, salud subsidiada y demás comodidades de una sociedad ejemplar y cómo esta ilusión se acaba mediante la desregulación de los sistemas financieros, la entrada de inversionistas explotaodores de bienes siderúrgicos y la entrega desmedida de deuda a terceros. Un abrebocas de lo que sucedió en 2008 en Estados Unidos.

Este documental, que toca verlo con subtítiulos de otra forma la jerga economista lo atropella como espectador, es una crítica directa de cómo los grandes poderes, el mercantilismo en su máxima potencia, se repartieron el país mediante jugadas causadas por la desregulación cancerígena de las finanzas establecidas después de la Primera Guerra Mundial, políticas que vigilaban estrechamente cada movimiento del dinero de la nación y que lo llevaron a ser una potencia consistente. Así como Henry Kissinger en su momento se apoderó del secreatariado de defensa, tomó la actitud más beligerante y cruenta frente a la guerra de Vietnam, se involucró directamente en la política de Latinoamérica y desató la furia imperialista-expansionista en el mundo apoyando ocupaciones ilegales como la de Indonesia en Timor Oriental, durante el asesoramiento de casi cuatro periodos electorales, así mismo este documental crítica el libre alvedrio de Alan Greenspan como director de la Reserva Federal durante Reagan, Bush Padre, Clinton y Bush Hijo, más de veinte años favoreciendo a los más ricos en medidas que a la larga causaron la crisis más fuerte de la historia de Estados Unidos.

Se dice que con Obama se avecinaba el cambio pero el cáncer de Greenspan ya había hecho metástasis, directores de las agencias de corredores de bolsa, banqueros y demás involucradas estaban ya en el poder, sus relevos siguieron las acciones de sus antiguos mentores, y los que no tomaron puestos burocráticos ocuparon altos puestos académicos y empezaron a impartir sus movimientos como políticas académicas. Tan sólo unos tantos alejados del rebaño y del gobierno, empezaron a pronunciarse. Todos ellos están en este documental. Obama no pudo, ni podrá cambiar todo lo que propuso, ha hecho algunos cambios pero los críticos afirman que son movimientos tibios, que no afectan el problema de raíz porque el continuismo es lo que tiene a Estados Unidos en esta inercia de la cual están lejos de sobrevivir. El cierre de la hipótesis no es alentador, por primera vez en la historia de Estados Unidos, los hijos están más pobres y más iletrados que sus padres.

Nos quejamos de Uribe y sus sinvergüenzas, y nos seguimos preguntando cómo logró extender su administración tanto tiempo y tan descaradamente. Al interior del país, se fraguó el reconocimiento cómodo de una sociedad reaccionaria, latente que recibía con beneplácito las dádivas y las promociones de dicha administración; y en el exterior, Estados Unidos apoyaba solemnemente su postulación a cambio de su apoyo incondicional en la región. Su estrecha relación con el imperio, asumo que le enseñó como maniobrar la ilegalidad y la falta de ética. Hoy, en día vemos los mismos índices de Estados Unidos en una situación donde la desregulación ha continuado ferozmente desde la apertura económica de Gaviria hasta la reciente intermediación de la Presidenta de Asobancaria María Mercedes Cuéllar pidiendo ayudas para los bancos con proyección a la quiebra y exigiendo más baja revisión en el tema de la inversión financiera de estos mismos.

La cátedra economista debería impartir los síntomas de esta situación, su diagnosis y su tratamiento no la procuración de esos medios para el enriquecimiento de unos muy pocos y la desestabilización de todo el sistema.

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