Brit, Emo, Exploitation, Folk, Indie, Melodrama, Miguel Vaca, Movie, Stephen Frears, Storytelling, Vacacion, World

Philomena

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El director Stephen Frears es tan variable como Nicolas Cage actuando; puede ser tan bueno como Mary Reilly o cursi y barato como Lay the Favorite; lo último que habíamos visto de él era Muhammad Ali’s Greatest Fight que es una especie de docudrama con Christopher Plummer y Frank Langella mezclado con imágenes de archivo del boxeador sobre su renuente posición de no ir a pelear en Vietnam por sus creencias religiosas; una buena pieza que describe lo difícil de la decisión para la corte suprema, politizada con jueces de derecha pero así mismo su redención filosófica sobre temas más trascendentales que la política misma.

Frears ha logrado conectar un par de veces lo suficientemente duro como para estar nominado en los Oscar; su The Queen logró variados reconocimientos entre La Academia y la HFPA siendo el Oscar a mejor actriz a Helen Mirren el más importante.

Frears en esta ocasión nos trae a colación la historia de una dulce octogenaria irlandesa que ha buscado desesperadamente al hijo que le arrebataron de joven, en una abadía de monjas católicas; su aventura es reconfortante y cálida pero también aburrida y simple. No es que Judi Dench que interpreta a Philomena Lee, la madre del hijo perdido, no lo haya hecho suficientemente bien, su desempeño le mereció una nominación como mejor actriz principal, realmente es que es un melodrama que no cuenta mucho más de lo que ya sabemos y que toca ciertas sensibilidades cuando nos conmueve su ternura o nos hierve la sangre con el perpetuo cinismo de la iglesia católica.

Al lado de Judi Dench, está Steve Coogan que a su vez es productor y escritor de la pieza, nominado por estas dos últimas. Un gran reconocimiento para este actor británico en un nuevo giro de su carrera.

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Biopic, Drama, Emo, Epochal, Exploitation, Folk, Hollywood, Indie, Lee Daniels, Miguel Vaca, Movie, Storytelling, Vacacion

The Butler

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Con las pelis de Lee Daniels sucede una cosa particular y es que a veces quedamos sin palabras, a veces con algo de frustración y otras muy pocas con algo de rabia; posiblemente porque se enfrasca en la presentación de una problemática social que a veces no desarrolla del todo bien o porque se va al otro extremo donde casi se vuelve explotación emocional -como creo que me pasó con Precious-. En todo caso, guste o no guste, a Daniels se le siente mejor contando historias donde explora la sensibilidad negra aunque cuando intenta improvisar en otros géneros, como en The Paperboy un thriller de suspenso, arrasa en taquilla y con un capital inicial de 12 mil dólares logra una cifra en recaudos bien por encima del millón.

Cada presupuesto se lo ha ganado a pulso y resulta interesante que sigue manteniendo su corte independiente -a pesar del hito anteriormente descrito-; por ejemplo en The Butler invirtió 30 mil y ya ha recogido 150 mil dólares. Nada mal. Pero con ese reparto que ampliamente va desde Forest Whitaker hasta Jane Fonda (además de Alan Rickman, Vanessa Redgrave, Oprah Winfrey, David Oyelowo, Mariah Carey, Alex Pettyfer, Terrence Howard, Cuba Gooding Jr., Lenny Kravitz, Robin Williams, John Cusack, James Marsden) las facturas podrían haber llegado hasta el cielo y la sofisticación de los camerinos pudieron haber convertido la producción en una cinta de explotación más del orden de Michael Bay.

Existen dos lecturas importantes en la pieza reunidas en la profunda necesidad de rebelión de los negros como ciudadanos de su país en contra de las injusticias que la sociedad norteamericana les ha infligido. La primera lectura es la de la acción violenta o pacífica en contra del estatu quo y referida claramente en el nacimiento del Movimiento de los Derechos Civiles al sur del país, evolucionando en las subversivas Panteras Negras; la otra, que puede ser el punto central de la historia, es que el servilismo o la actitud servil del negro no es acobardamiento sino que es per sé un movimiento de lucha y subversión diferente, con resultados menos evidentes, con reconocimientos mucho menos laureados pero con logros imposibles de conseguir de cualquier otra forma. Obviamente, uno se puede dejar embelesar por la narración cadente, lineal y parsimoniosa del mayordomo de la Casa Blanca, interpretado impecablemente por Whitaker, sumado a la presentación de los presidentes de Estados Unidos -con sensacional parecido- como protagonistas de la historia norteamericana, que en otras piezas harían de héroes de sus propios relatos, pero que en The Butler son meros puntos de referencia del paso del tiempo. Digo que haríamos mal en dejarnos llevar por ese lado de la historia porque nos olvidamos de la reflexión de que por más de cinco décadas y diez presidentes los negros de Estados Unidos han estado en una posición injusta, han luchado por cambiar sus posiciones y han demostrado que no son una minoría que va a aceptar más ultrajes y violaciones.

Es clave de analizar que con un manejo sutil del guión, Daniels profana uno de los más importantes héroes de la historia americana, Ronald Reagan. Alan Rickman ejecuta el papel de Reagan por no más de tres escenas y es digno de un Oscar; un poco de maquillaje, un par de gestos y, de nuevo, el histrionismo de su voz camuflan perfectamente a Hans Gruber (Die Hard), el Coronel Christopher Brandon (Sense and Sensibility) o Severus Snape (en la serie completa de Harry Potter) picos de su popularidad y estrellato. Reagan en The Butler es palanca y es gatillo; por un lado, es usado para los fines revolucionarios de Cecil y, por el otro, es la gota que rebasa su paciencia y que lo llevan a mirar con otros ojos a su hijo. Un giro ingenioso y letal por parte de Daniels que seguramente le va a negar su opción en los premios de La Academia pero de pronto le da fuerza en los Spirit.

Tengo un juego en el blog que es la colección de interpretaciones de Richard Nixon; un personaje histórico pero shakespeariano y vil ala Richard III que se considera deforme y sensible al desprecio de su pueblo. Por una parte, John Cusack entra a este juego al lado de Christopher Shyer (J. Edgar), Robert Wisden (Watchmen), Frank Langella (Frost/Nixon) y Anthony Hopkins (Nixon). Al igual que Reagan, Daniels maneja con guante blanco esta figura; Cusack repite con el director en un papel igualmente grotesco como el de The Paperboy pero un poco más sutil e interpretando a un suspicaz, resentido y desconfiado Nixon; detalles tan sencillos como la prótesis de la nariz, la mirada, el pelo grasiento y desordenado resumen la visión de Cusack y Daniels del ex-presidente donde no hizo falta que levantara los brazos o sonriera, por ejemplo; pero este par va aún más lejos, en el momento más álgido de una conversación privada, encorvado en su silla y con una mirada de profunda desconfianza, una mosca aparece, sobrevuela su pestilencia y hace evidente su aletear interrumpiéndonos a nosotros como espectadores pero haciendo expresa su hediondez. Magnífico.

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Drama, Epochal, Exploitation, Hollywood, Indie, Jake Schreier, Miguel Vaca, Movie, Romance, Sci-Fi, Vacacion

Robot & Frank

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Esta peli me recuerda a Sound of My Voice y Safety Not Guaranteed. No precisamente por su corte independiente sino más por su sutil temática de ciencia ficción -aunque en Robot & Frank se siente mucho más la premisa futurista más que en las otras dos-. Robot & Frank es una historia sencilla, que traza el vínculo de un viejo huraño y su nuevo recién robot. Una trama elocuente que se vislumbra desde el afiche mismo pero que tiene un maravilloso giro en el comienzo del tercer acto. Pero además en el planteamiento de la cinta se describe una bella metáfora entre Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza que revive la discusión bizantina de locura sobre quién está más demente, Don Quijote que senil se cree un caballero o Sancho Panza que consciente y muy cuerdo lo sigue para tratar de entender las alucinaciones del viejo. Aquí sucede lo mismo entre Robot y Frank, y uno realmente no se explica la complicidad ilógica del robot, aunque valga decirlo Las tres leyes de Asimov sobre el robot son inquebrantables y continúan prístinas en la historia.

Jake Schreier, su realizador, se ha dedicado a los cortometrajes con relativo reconocimiento de la crítica. Sin duda, este su primer largo argumental es el que lo sacó del anonimato logrando nominaciones en los Saturn (como mejor peli independiente), nominación a Christopher D. Ford en los Spirit como mejor primer libreto e incluso logró el premio de cosolación Alfred P. Sloan en Sundance. El trabajo de Frank Langella y Susan Sarandon es impecable, tierno y conmovedor. Sin embargo, Liv Tyler y James Marsden son muy promedio y no logran vincularse muy bien en la trama; así sean roles secundarios no son creíbles en sus respectivos desempeños y de pronto hubiera sido mejor opción dos actores con menos brillo pero que estuvieran más comprometidos. Cuando se acabó la cinta, estaba convencido que la voz del robot era producida por un computador pero mi sorpresa fue muy grata al ver que Peter Sarsgaard era el verdadero artífice del truco. Una voz sin tono, casi sin acento, en serio, muy bien ejecutada redondea perfectamente el efecto.

Las pelis de ciencia ficción tienen todas una moraleja o juegan con una hipótesis que transgrede la ética y la moral. Una cinta futurista por definición es una historia de ciencia ficción pero no por eso la hace sobresaliente en el género, sin importar lo bien hecha que esté -por eso mis ya conocidos y grandes problemas con El Quinto Elemento de Besson-. Robot & Frank no le apuesta a la obviedad de la amistad entre un humano y un objeto inanimado en un futuro cercano, Schreier -pero sobre todo Ford como autor- entre líneas habla de los ancianos como reclusos gerontológicos que necesitan supervisión constante como si fueran prisioneros de máxima seguridad y cómo quieren burlar esas cárceles donde terminamos enviándolos para pagar sus crímenes de vida.

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Actor, Auteur, Biopic, Clint Eastwood, Drama, Epochal, Exploitation, Folk, Hollywood, Miguel Vaca, Movie, Romance, Storytelling, Vacacion

J. Edgar

En los Oscar me parecía extraño que no hubieran nominado sino en mejor partitura original a Tintin y de alguna manera tenía una justificación dentro del poder judío que rodea a La Academia -por todo lo que ya hemos discutido-. Ahora bien, blanquear de las categorías mejor actor principal, mejor maquillaje, mejor producción de diseño y mejor dirección a J. Edgar, la última peli del maestro Clint Eastwood, es simplemente desconcertante -haciendo el ejercicio juicioso, se nota que en cada una de esas categorías hay uno o dos nominados que sobran y no entiendo aún el desplante-. La cinta ha sido maltratada por toda la crítica tanto en los Oscar, los BAFTA’s y los Spirit Awards si acaso recibió menciones en los Globo y los SAG’s de este año. En Colombia, la baja pomposidad de la peli puso en el oprobio sus proyecciones y los que quisimos verla tuvimos que hacerlo lejos de las zonas a las que estamos acostumbrados como si fuera una advertencia de que no iba a durar mucho en cartelera.

No quiero extenderme demasiado. Sólo quiero dedicarme a dos puntos claves en los cuales se entiende porqué esta pieza se mereció más apoyo de la crítica y porqué vale la pena ir a verla en salas -si es que se logra, los horarios y las locaciones no ayudan en absoluto-.

La dirección de Eastwood no sólo es impecable -como lo acotaba el amigo Onemandarino– es fiel a esas calidades que nos encantan de su realización calma pero sincopada, amena pero contemplativa. Su amigo de equipo, Tom Stern, nos proporciona una cinematografía poco saturada ambientada impecablemente por James J. Murakami y ambos nos llevan como en un «waltz» por varias épocas de la biografía de John Edgar Hoover, fundador de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y su director por casi cincuenta años; en donde cautivó secretos y archivos súper sensibles para la estabilidad del pueblo norteamericano. Sus secretos mismos fueron guardados con tanto recelo que tan sólo hoy en día, gracias a la pieza de Eastwood, podemos con asombro apreciar. No es para nada un ultraje o un vilipendio aprochando que no se puede defender, Eastwood narra una historia sencilla de un hombre que se aferró a sus ideales por encima de cualquier persona amada, incluso por encima de si mismo. Su carácter sobrepasó seis presidentes y durante su mando logró establecer un sistema de seguridad e investigación orgullo de cada ciudadano estadounidense.

Es posible que digamos, qué molestia otra vez Eastwood nominado por su dirección pero es que es sencillamente merecido y su ausencia un agravio contra el hecho de hacer cine.

Leonardo DiCaprio, es sencillamente el actor contemporáneo más grande y pareciera no tener un sólo rival en nuestros días. Dándose una libertad bajo el mando de su amigo y director Martin Scorsese, se une en esta peli al maestro Eastwood con una madurez y un dominio de todo elemento que provoca escalofríos. Sólo él pudo hacer creíble este ir y venir en los tiempos de la historia. Sólo él con esa magnífica dicción y ese encantador tono podría haberle dado vida al Hoover joven, de mediana edad y entrado en años con tanta facilidad y con tan buen desempeño. Sólo el podría haberse camuflado entre la intrepidez, la soberbia y la vulnerabilidad de este personaje que hubiera podido ser fácil para otro actor gracias al magnífico trabajo de maquillaje de Sian Grigg pero que en DiCaprio gracias a su mirada, sus posiciones, sus ademanes y, de nuevo, su voz podría no haber estado nunca y su personaje permanecer intacto en desarrollo. Es una lástima su ausencia en los Oscar pero, desde ya, J. Edgar se perfila para mí como una de sus mejores actuaciones a lo largo de su carrera.

Aparte de su maquillaje, su dirección de arte, su diseño de producción, su montaje, su edición, su realización y su reparto, la peli tal vez desentona en su parte musical. No porque no sea acorde, no porque sea burda, por el contrario Eastwood con ese piano melancólico acompaña muy bien la historia pero es tan melodioso, tan acaramelado, tan zalamero que empalaga algunos momentos cruciales de la cinta. Sin embargo no justifica por encima de todos su logros su aislamiento.

Nota personal. Entra a mi colección de interpretaciones de Richard Nixon, Christopher Shyer, al lado de Robert Wisden (Watchmen), Frank Langella (Frost/Nixon) o Anthony Hopkins (Nixon); Shyer tiene un desempeño sencillo, divertido, muy corto que no le da mucho tiempo de desarrollo para compararlo con Langella o Hopkins pero válido al fin y al cabo.

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Action, Cine de España, Hollywood, Jaume Collet-Serra, Melodrama, Miguel Vaca, Movie, Suspense, Thriller, Vacacion, World

Unknown

Una de las primeras advertencias de la peli debió haber sido cuando Liam Neeson dice que es americano pero su acento irlandés perfecto para Michael Collins, Rob Roy o Alistair Little de Five Minutes of Heaven lo delata. Ahí debí haber escuchado el llamado de atención y buscar un plan diferente pero terco continué porque me pareció bien planteadito el thriller de suspenso, de este hombre en Berlín angustiado por volver al aeropuerto a recuperar un portafolios olvidado y que es sorprendido por un accidente que lo deja aturdido, con una extraña confusión en su memoria y su identidad.

Jaume Collet-Serra es el director de Unknown, una peli que llegada a la mitad del nudo narrativo presentándose como una entretenida historia, con buena fotografía y una buena edición musical. Llegué a pensar que podría ser una nueva versión de Darkman o incluso un thriller influenciado por Mies vailla menneisyyttä de Kaurismäki (peli que por cierto debieramos referir pronto) pero la influencia de Hollywood se siente en este director catalán que terminó haciendo una mala versión de Jason Bourne. De ahí en adelante el personaje de Neeson empieza a desmoronarse, pero no en el buen sentido dramático, su sutentación comienza a desaparecer, sus fundamentos a contradecirse, sus capacidades empiezan a florecer y otra vez nos vemos envueltos en una historia como Taken donde este veterano de 59 años trata de hacernos creer que es Jack Ryan o de nuevo el mismo Jason Bourne (hasta Harrison Ford o Bruce Willis lo entienden y las pelis de su madurez se siente que su cuerpo pesa y que no es el mismo de antes).

Obviamente, el final es súper predecible. Esta vez Collet-Serra se hunde en su producto y no puede ayudarle su protagonista o la presencia de su bárbaro reparto encabezado por Frank Langella, Aidan Quinn y Bruno Ganz. Eso si la bellísima January Jones evidencia su mala fundamentación en un papel repetido, sin tono ni matices y se hunde tan bajo como la misma peli.

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Auteur, Drama, Folk, Hollywood, Miguel Vaca, Movie, Oliver Stone, Suspense, Thriller, Vacacion

Wall Street: Money Never Sleeps

Wall Street: Money Never Sleeps es el resultado de volver una peli de los 80’s como Wall Street en franquicia. De nuevo dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Michael Douglas es el clamor de toda una generación de economistas que tomaron demasiado en serio las directrices de Gordon Gekko y las volvieron motores propios en sus rutinas diarias, según palabras del mismo Douglas en Cannes.

Me gustaba pensar en los 80’s y los 90’s que Stone era un director independiente, muchas de sus pelis se volvieron mis favoritas por su tono político, desafiante, auténtico y con un profundo sentido de la estética cienematográfica. Entre nos creo que se volvió viejo y le pasó la batuta al nuevo chico malo de Hollywood: Quentin Tarantino (de pronto se sintió culpable por la pataleta de este cuando de alguna forma empezó a modificar el guión de Natural Born Killers sin consultárselo).

En fin, mientras Tarantino cada vez madura su estilo casi iconoclasta en Hollywood los últimos proyectos de Stone cada vez son más esporádicos, desabridos y hasta pusilánimes.

No me pareció adecuada esta segunda parte de la historia, no le encuentro aún sentido y en aras de seguir con el mismo discurso de los 80’s tiene un tufillo pretencioso de mal gusto. Igual no esperaba mucho de la peli entonces no hubo problema.

Un reparto de lujo acompañando a Douglas como Susan Sarandon, Frank Langella, Josh Brolin y Eli Wallach. No logro adaptarme a Shia LeBeouf sin embargo puede que haya logrado en esta peli su mejor desempeño en su carrera. Aquí definitivamente hay que seguirle aplaudiendo a Stone su inmenso carisma como director de actores.

No le repruebo más la calificación a esta peli por tres factores importantes, la verdad dos importantes uno es muy personal; el primero es que las cámaras y fotografía a cargo de Rodrigo Prieto muestran una ciudad hermosa como lo es Nueva York, eso si lo dejaron muy claro en la peli es una ciudad posterrorismo; lo segundo David Byrne con su melodiosa voz y su tono folclórico le dieron una ambientación cálida y casi inusual al referirse a un tema como Wall Street o Nueva York; finalmente, lo que paga la peli es la actuación de Carey Mulligan, una actriz que tiene mucha madera para quemar. Ya la habíamos visto en An Education donde se ganó con creces la nominación al Oscar como mejor actriz principal y fugazmente en Public Enemies, también la empezamos a ver en muchos cortos de Hollywood y de seguro si nos sigue mostrando esas habilidades la seguiremos viendo protagonizando las ceremonias de grandes premios incluso podría estar de nuevo en las listas de los Globo de Oro o los Oscar del próximo año.

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Adrian Lyne, Auteur, Drama, Miguel Vaca, Movie, Vacacion

Lolita

Lolita

Lolita es primero que todo una novela de Vladimir Nabokov, hay dos versiones de la peli pero sólo un guión fue escrito por el mismo Nabokov.

Esta entrada tuvo como intención principal hablar sobre esa Lolita, la de Stanley Kubrick filmada en 1962 y protagonizada por James Mason, Shelley Winters, Sue Lyon y Peter Sellers. Kubrik acostumbró a basar sus pelis en novelas escritas, lo hizo con The Shinning de Stephen King en 1980, lo hizo con A Clockwork Orange de Anthony Burgess en 1971, con 2001: A Space Odissey de Arthur C. Clarke y lo hizo con Lolita. Pero no sólo se basaba en ellas, acostumbraba a escribir los guiones con sus camaradas novelistas y ya sabemos que cuando un director escribe tiene el control completo sobre lo que quiere mostrar.

A medida que pensaba en escribir esta entrada, se me fue ocurriendo que sería divertido hacer un pequeño paralelo con la otra Lolita, la de 1997 dirigida por Adrian Lyne y protagonizada por Jeremy Irons, Melanie Griffith, Dominique Swain y Frank Langella.

La Lolita de 1997 tiene algo positivo y es que no es una copia fiel, es una interpretación y como tal tiene sus puntos positivos y negativos.

En ambas, las actuaciones de Mason y Irons interpretando a Humbert son excelentes. Manejan el mismo dilema y al final se crea la misma reticenci,a del espectador, hacia la perversa dominancia del adulto sobre la adolescente que lo lleva a una psicótica paranoia.

En ambas, las actuaciones de Winters y de Griffith interpretando a Charlotte Haze son espectaculares aunque me inclino más por una menos sobreactuada Griffith; Winters maneja más una argumentación lírica basada en su capacitación teatral en el Actor’s Studio de Nueva York.

Las Lolitas son particularmente sensuales ambas, no se puede distinguir cuál es más perturbadora o cuál desempeñó un mejor papel. Aunque la historia habla y Swain se llevó todas las nominaciones y premios de su obra, no hay que negar que su Lolita es un producto creado a partir de Lyon que tiende a ser mucho más escalofriantemente perversa sin ser tan insinuante.

La gran diferencia al parecer entonces son los Clare Quilty’s de cada una de las obras. Mientras en la Lolita de Kubrick este personaje es un vivaz y polífacético escritor que ha perseguido a Lolita toda su vida, ha tenido un perverso amorío con ella mucho antes de sus dieciseís años y tiene el poder de domarla a su antojo, en la Lolita de Lyne el Quilty es un señor más entrado en años, mucho más calmado sedentario. Mientras el Quilty de Sellers es acompañado por una extraña femina que induce a una perversión más ordinaria donde se implica tríos sexuales con menores, el Quilty de Langella está acompañado de un gato (o gata, magnífico chiste de interpretación), su aspecto es mucho más homosexual y su perversión tiende a ser más pedofílica donde el sexo de sus efebos al final no es un item importante de discusión. El Quilty de Sellers es más divertido, más protagonista, es un elemento importante en la obra, su caracterización devela un desarrollo psicológico del personaje; el Quilty de Langella es un accidente no muy claro para el espectador, por lo que, se podría concluir entonces que con una mejor dirección el papel de Langella hubiera podido ser mejor aprovechado.

Para mi, personalmente, es más perturbadora la peli de Kubrick que en 1962 con el sólo planteamiento del tema estaba siendo bastante agudo en su polémica. Lyne por el contrario en aras de trascender esa polémica le dió más importancia al personaje de Dolores Haze con insinuanciones más provocativas y alusiones mucho más agresivas sexualmente.

Fue muy divertido observarlas pero fue sobretodo muy divertido la grata sorpresa de Sellers que al final fue un consentido de Kubrick en un par de pelis suyas más.

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