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El abrazo de la Serpiente

26/01/2016 2 comments

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Hace mucho no iba a cine y escribía una entrada. Hubiera podido hacerlo con Spectre o con Star Wars pero aunque realmente no hubo tiempo para hacerlo –de pronto lo haga posteriormente– ¿qué mejor excusa que volver para hablar de la peli de Ciro Guerra?

Finalmente, después de todo el «boom» causado por Cannes el año pasado, Ciro Guerra presentó su tercer largo en el país llamado El abrazo de la serpiente. Cannes en ese entonces lo laureaba en la categoría escogida por la Confédération Internationale des Cinémas d’Art et d’Essai, que podría ser catalogada como una de las más importantes para el cine independiente porque trata de protegerlo de la gran industria y los feroces estudios que inundaron el festival. En ese entonces las salas colombianas estaban agolpadas y mis tiempos personales no eran los mejores así que la dejamos pasar para poder ver la bellísima La Tierra y La Sombra de César Augusto Acevedo. Meses después, lo jamás logrado por película colombiana, El abrazo de la serpiente es nominada en la categoría mejor peli extranjera tanto en los Oscar como en los Spirit y otra vez las salas se llenaron –pero esta vez si la logramos–.

El abrazo de la serpiente tiene tonos míticos, basados en su anacronismo narrativo. La historia tiene orígenes claros a principios del siglo XX, en una de las últimas expediciones del etnólogo Theodor Koch-Grünberg, revive épocas alrededor de 1950 cuando el botánico Richard Evans Schultes revisa los pasos del germano y nos recrea la historia más contemporánea de Wade Davis (One River) que nos explica como tanto el etnólogo y el botánico por diferentes motivos buscan con fe ciega La Yakruna. Son tres momentos diferentes tanto en la historia como en la experiencia del espectador y sin embargo todas están unidas mediante Karamakate, un cohiuano errante que se considera un chullachaqui (cascarón vacío) que durante dos generaciones intentó ayudar al hombre blanco a conseguir la Yakruna. Su mensaje cercano a la leyenda de Plutarco, es que el hombre blanco se ha adentrado en su selva varias veces, miles de veces, para entender los secretos de la Yakruna y sin embargo se refiere a Heráclito cuando evidencia que no son varios hombres blancos sino uno solo tratando de atravesar el río pero ni el río es igual, ni ellos mismos tampoco.

El abrazo de la serpiente es un llamado a romper ciclos, durante lunas y lunas, durante años de años, durante varios movimientos mágicos del cielo, donde hemos cometido consistentemente el mismo error, repararlo requiere de nosotros no sólo disposición sino determinación para cambiar nuestros más arraigados paradigmas. El héroe de la historia es un individuo solitario pero es también un semidios donde recae el último resquicio de conocimiento del caapi de Yakruna. Es Prometeo. Su misión pareciera proteger ese saber del hombre blanco pero si algo tiene de «road-movie» esta peli es que al final de su travesía, el conocimiento del viaje es lo que lo hará trascender en su destino. La Yakruna es una rara orquídea y una planta sagrada entre los cohiuanos que les permite comunicarse entre ellos a través de kilómetros y kilómetros de selva mediante un trance de Ayahuasca. Koch-Grünberg la buscó para salvar una malaria, Schultes vió un camino más documentativo para que este conocimiento prevaleciera y logró identificar entre varias plantas que incluyen la Yakruna (Psychotria viridis) y la Chaliponga, los ingredientes con los cuales los cohiuanos arman el Caapi (Ayahuasca).

Si me preguntan quién es la persona más influyente en el cine colombiano, yo diría que Dago García y sin remordimiento si me preguntan quién es el que ha desarrollado e impulsado el incipiente negocio del cine en Colombia, vuelvo y repito Dago García. De esa labor, ha nacido un personaje tan especial como Ciro Guerra que no sólo ha esculpido la mejor de nuestras tendencias cinematográficas sino que al igual que Dago García, se permite producir piezas interesantes y aún más independientes que las suyas propias. Gracias a ambos, esperamos que esta incursión en el reconocimiento mundial de nuestro cine, no sea una anécdota sino el inicio de nuestra industria. Para bien y para mal.

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Silencio en la Tierra de los Sueños en @FICBAQ

30/03/2014 2 comments

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Tito Molina participa en el FICBAQ con una exhaustiva y minuciosa historia sobre una viuda en su diario vivir en Silencio en la Tierra de los Sueños. Molina, originario de Ecuador, logra una alianza con la productora alemana Weydemann Bros. y desarrolla un falso documental sobre esta mujer y su reciente difunto esposo.

El director y escritor, en un conversatorio al final de la cinta, nos explica que la actriz principal, Bertha Naranjo, es en realidad su madre y que de hecho la pieza comenzó en serio con la documentación de la muerte de su padre y de cómo ella lo iba asimilando; una cosa llevó a la otra y las figuras literarias, de ficción y de narrativa se fueron apropiando del guión y después de un extenso trabajo de producción, que se extendió a 18 meses de filmación, Silencio en la Tierra de los Sueños terminó volviéndose un argumental sobre la viuda, su vida en algún lugar recóndito de Ecuador y ese perro que la empieza a acompañar llenando el vacío de su eterno compañero. Molina nos presenta una pieza de profunda influencia escandinava, casi de neoexpresionismo alemán y nos fascina con su «larghetto».

La peli concursa en la categoría mejor producción iberoamericana y es una de las favoritas, gracias a su carismático tema y su absurdamente hermosa fotografía. Molina advertía que esta no era una cinta como otras, que había que dejarse llevar por la contemplación y la sensibilidad de las escenas para encontrarle ese verdadero ritmo que la hace un relato cinematográfico; sin embargo, ¿no es esta la función y nuestra búsqueda en cualquier cinta independiente? En lo particular, el requerimiento del director es un pleonasmo en un festival de cine independiente.

Por muy bonita que sea una fotografía, o muy conmovedora que sea una historia, se necesita mucho más que eso para ser una buena pieza cinematográfica; Tito Molina nos revela que Silencio en la Tierra de los Sueños fue compuesta como una sinfonía, y que de hecho en sus actos podemos encontrar, andantes, adagios y allegros narrativos lo que reafirma que el acto contemplativo que cumple el espectador no es para una pieza del séptimo arte sino, de pronto, una musical o mejor una plástica; no está mal en absoluto, es una experiencia y un experimento excelente pero de nuevo se autoaisla de las categorías en las que participa y se vuelve otra cosa. No obstante usando las mismas herramientas que nos ofrece el artista, Silencio en la Tierra de los Sueños no tiene retardantes (rallentando) o aceleradores (stringendo) de movimiento en movimiento; no es tan claro como la pieza está dividida en los andantes, adagios y allegrettos que se nos describen, a menos que sea una división increíblemente grande que da como resultado un también increíble número de pedacitos en la obra; la pieza parece ser más un gran y extenso larguetto con chispazos de andantes moderatos (soy cero especilista en el tema, y así suene como a Marcos Mundstock de Les Luthiers, todo es sacado de Wikipedia en su aparte explicativo al tempo en la música).

Así lo afirme Molina, su peli carece de los actos básicos definidos –en cualquiera que sea su orden– y más bien se asemeja a una gran y hermosa sonorización que mezcla y translapa un inicio, un planteamiento y un desenlace; más allá de las figuras cinematográficas, literarias, o musicales que su director quiso implementar, los semas se quedan cortos en la expresión de su pieza y sólo son explicados con las aclaraciones posteriores del realizador, lo cual desluce la naturaleza de la pieza donde usualmente no tenemos al creador para explicarnos sus intenciones, así estas sean reveladoras y abrumadoras.

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Inside Llewyn Davis

05/02/2014 10 comments

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Una veintena de piezas cinematográficas nos han traído Los Hermanos Coen (sin incluir sus segmentos en Paris, je t’aime y Chacun son cinéma); casi que inexorablemente, todos los años son protagonistas tanto en los Globo de Oro, como en los BAFTA’s y los Oscar, llegando así a la ridícula cifra de 89 nominaciones (20 + 36 + 33, respectivamente) y 15 galardones (3 + 6 + 6, respectivamente). El año pasado, estrenaron Inside Llewyn Davis -que está en este momento en salas- y curiosamente ha sido blanqueada sistemáticamente de las principales posiciones de estas ceremonias, cosa que llama mucho la atención.

Llewyn Davis es un autor e intérprete de «folk» que ha luchado demasiado en su vida para lograr tener éxito pero sus intentos han resultado fallidos, en parte a que el segmento musical escogido no es el más lucrativo y también porque su actitud frente a la vida, los problemas y sus sueños no han sido manejados con cabeza fría. Davis es personalizado por Oscar Isaac quien de nuevo se encuentra con Carey Mulligan (Jean) -su coestrella en Drive-; ambos establecen una trama de un triángulo amoroso que completa Justin Timberlake (Jim) como esposo de Jean (Mulligan); cayendo de casa en casa, de sofá en sofá, la vida de Davis parece un fracaso constante, agobiante por las múltiples complicaciones que le pasan y con el pensamiento de renunciar a su carrera rondando todos los días en su cabeza.

Desde que se anunciaron los cortos de la cinta, tuve un gran tedio de verla; por un lado, me daba un cierto disgusto que este par de hermanos siempre hicieran las cosas bien y calladamente quería que fallaran; lo segundo es que la música folk tampoco ha sido nunca una de mis favoritas, y respetando la importancia de las figuras de su género, sus angustiosas melodías y afligidos cantautores me generaban profunda animadversión. No obstante, apenas vi los Globo de Oro y las nominaciones de los Oscar quise entender el repudio general de todo Hollywood sobre la cinta (reforzado por su ausencia en el gremio de directores, productores, actores y escritores).

Personalmente, detesto los musicales, Inside Llewyn Davis es uno de ellos y no es muy diferente a Nine, Chicago, Les Misérables o Mamma Mia!; brutal pero cada dos escenas Isaac saca su guitarra y toca una canción, hasta Disney había superado el tema en sus largos animados. Ahora el desempeño de Isaac es avasallador y si el año pasado Hugh Jackman y Anne Hathaway, con actuaciones más deslucidas, lograron nominaciones y estatuillas es increíble que este año no haya sido nombrado; la fotografía es densa, sepiada, muy triste y Bruno Delbonnel ha sido reconocido por su intachable trabajo en las cámaras, sus encuadres y la luz; tanto Oscar Isaac -exestudiante Juilliard– y Timberlake aportan unas sendas interpretaciones de las canciones que más allá de una buena mezcla de sonido –segunda nominación– merecían reconocimiento en banda sonora original; finalmente, John Goodman, F. Murray Abraham, Garrett Hedlund sumados a Adam Driver, Alex Karpovsky, Max Casella, Robin Bartlett, Ethan Phillips redondean un universo de personajes increíbles, como siempre, muy bien recreados por el guión de estos hermanos y por su propia dirección.

La disculpa puede ser justa y perfecta para este año en particular; la competencia está muy alta y se nota en las figuras versus sus desempeños en cada categoría; no creo que haya llegado un punto chato en la carrera de Los Hermanos Coen, su promedio esta vez no alcanzó -como si en ocasiones anteriores como por ejemplo con True Grit– y por el contrario,
así no me haya gustado completamente esta Inside Llewyn Davis, reconozco que es un intento por hacer algo diferente y su manera de escribir es genial; por eso me caen también los Spirit que lograron darle tres nominaciones precisamente en actuación principal, cinematografía y mejor peli del año. El desenlace de esta historia es fascinante, maravilloso y paga perfectamente la tortura de su musical.

Chapel Perilous

The Act of Killing

23/12/2013 12 comments

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Cuando Anwar Congo y Adi Zulkadry, los protagonistas de este documental, eran jóvenes se dedicaban a vender boletas de cine en el mercado negro y con eso sobrevivían. En el año 1965 sucedían muchas cosas en Indonesia, la principal de ellas, era que después de muchas ocupaciones, lograban una independencia total y consistente de neerlandeses y japoneses, y se alzaba en el poder el Presidente Sukarno; su gobierno fue autoritario y su éxito fue el balance de los poderes opuestos del Ejercito Nacional y el Partido Comunista de Indonesia (PKI); pero después de un intento de golpe de estado por parte de los comunistas, el Estado en manos del General, y también proclamado Presidente en 1968, Suharto endureció su posición y emprendió una campaña de exterminio en contra de ellos; inmediatamente Anwar Congo y Adi Zulkadry lideraron la Pemuda Pancasila (Juventud Pancasilia), un movimiento de ultra derecha y paramilitar encargado de semejante misión.

Se habla que durante la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial, la ONU emitió un reporte que databa un millón de indonesios muertos por su causa; el gobierno de Sukarno culpó a los comunistas de medio de millón de ciudadanos que murieron dentro de su intento de golpe pero The Act of Killing nos cuenta que durante el exterminio de los comunistas y los habitantes de ascendencia china la cifra llegó a dos millones y medio, donde Anwar Congo fue responsable directo de más de cien mil individuos y fue reconocido como héroe nacional por sus atrocidades.

De las provincias de Sumatra y Timor hemos escuchado muchas historias y hemos tratado de documentar en este blog algunas de ellas, sobre todo aquellas que la propaganda capitalista occidental ha tratado de ocultar gracias a su feroz imperialismo que durante muchos años estuvo dirigido por Henry Kissinger, dirigiendo magnicidios o patrocinando masacres impresionantes como la de Timor Oriental; pero hasta Kissinger tenía un límite y se le dió con la Guerra de Vietnam cuando al no lograr una victoria clara, aconsejó al Presidente Nixon de una retirada honrosa no sin antes fulminantemente incendiar todas sus selvas con Agente Napalm.

La libertad de este pequeño paréntesis es sólo para entender que este par de agentes del mal, como lo son Anwar Congo y Adi Zulkadry, no son los únicos a los que la ONU ha escondido bajo su silencio sino que otros tan impunes como ellos también descansan (o descansaron, como Augusto Pinochet) en sus moradas -ojalá- viviendo las pesadillas de las memorias que los cautivan.

Parte de la leyenda del documental narra que su director Joshua Oppenheimer estaba documentando otros intereses en Sumatra cuando se empezó a enterar de las monstruosidades de la época del Nuevo Orden de Suharto; investigando logró toparse con Anwar Congo y seducirlo para contar frente a la cámara todas sus proezas mediante los géneros que más le gustaban del cine, como los musicales, los westerns y las pelis de Gangsters; fue entonces que se unió al proyecto Christine Cynn y un director anónimo -suponemos algún realizador indonesio que teme por su vida y quiere proteger su identidad frente a la respuesta y revelación del documento que se ha generado en el mundo entero-.

La demencia y las atrocidades que se documentan en las escenas de este filme no son aptas para todo público. Yo acostumbro a ver pelis en mi descanso de almuerzo y confieso que veo desde comedia romántica hollywoodesca hasta fuertes escenas de gore, como por ejemplo The Full Sequence de The Human Sentipede II; esta peli me pareció crudísima, asfixiante, perturbadora y en algunas ocasiones me quitó el apetito, debiendo tomar una pausa en mi comida para continuar con el hipnotizante discurso de la pieza. Obviamente, lo que más afecta es el acto de impunidad sobre todos los líderes paramilitares y perpetradores de las matanzas que desfilan como si nada frente a las cámaras; es tal su descaro que algunos de ellos sin notas de remordimiento o arrepentimiento afirman que no tienen pesar en sus conciencias porque son hombres felices que ni siquiera han sido juzgados, que la guerra define los crímenes y son los victoriosos los que definen las injusticias; desafiantes, incluso afirman que estarían dispuestos a atestiguar en una corte internacional sobre la violación de todas las leyes de la Convención de Ginebra.

La pieza es rica como documento y también como evidencia del desparpajo de estos monstruos. Los directores se encargan de documentar fielmente el discurso de las ignominiosas y escandalosas gestas de estos supuestos héroes aunque al mismo tiempo retratan la asquerosidad y brutalidad de estos personajes que se jactan de no haber cursado niveles elementales de primaria, comer como cerdos, despotricar vulgaridades cada vez que están frente a una joven de apariencia agradable y por supuesto congraciarse de que gracias a ellos se exterminaron los comunistas de su país; su sudor, su aliento, su baba y su ser hieden en la pantalla no importa que usen colonias carísimas como alegan algunos.

Es increíble ver una sociedad que ha sucumbido al miedo, que vive en paralelo con un ejercito, una policía y una fuerza paramilitar auspiciadas todas por el gobierno, las dos primeras par dictar orden, la última para ajusticiar, extorsionar y eliminar a los indeseados; en algunos momentos recordé a Kynodontas del griego Giorgos Lanthimos donde sus personajes protegiendo a sus hijos cambian el significado de las palabras y quiebran el sentido de libertad; en The Act of Killing esta sensación se da en el poder mercenario de la Pemuda Pancasila que dice y pregona que el término “gangster” viene de la raíz inglesa “free-men”, «hombres libres» y que ellos son libres y procuran la libertad; es tal el descaro de estos personajes y tan evangelizado en toda la pieza que me hicieron dudar y me tocó buscar porque contrario a lo que difunden, la palabra “gangster” se descompone en “gang“, pandilla, y el sufijo “-ster” del inglés primitivo “-stere” que significa “asociado o relativo a“; estos mafiosos son capaces de corregir una disputa en una calle así como cobrar dádivas de seguridad para que ellos mismos, de nuevo el descaro, no causen daños a sus extorsionados; no hay una suma legal, cobran por cliente y exigen que se les pague lo que piden, a lo que los extorsionados responden sin musitar palabra y con mucho mucho miedo. No es raro entonces relacionarlos con los gángsters de Coppola, Scorsese, De Palma o Sergio Leone porque si se jactan del término que los define muy seguramente han aprendido de las pelis sus maniobras y su forma de actuar.

Es muy difícil catalogar la pieza; más allá de su carácter documental, gracias a los géneros en los que se balancea su argumento, la peli puede tener tonos de western, gangster, gore, terror pero el experimento alcanzado por sus directores más o menos ala sweded de Michel Gondry en Be Kind Rewind, logra recrear todos géneros con bajísimo presupuesto y una gran carga de sarcasmo. El ejercicio se detiene cuando Anwar no puede continuar con una escena donde actúa como una víctima, se quiebra y es sobrecogido por los recuerdos, las pesadillas y su propia conciencia (sin justificarlo, el suspiro de esperanza es que ese ser que tuvimos en frente por casi dos horas tiene rasgos de ser humano y puede ser juzgado por sus crímenes con su consecuente arrepentimiento).

Muy parecido a Searching for Sugar Man, The Act of Killing está ganando todo en lo que se presenta casi que sistemáticamente; la diferencia es que contrario a la humareda divergente que generó la pieza de Malik Bendjelloul, el filme, de este par de texanos y un indonesio, tiene una posición política más clara y por supuesto un sentido de comunicación menos de explotación tratando exponer todos los hechos ocurridos en tres décadas de exterminio y masacres.

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Computer Chess

21/12/2013 2 comments

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Computer Chess es otra de esas cintas nominadas este año que no se entiende el ruido que ha logrado hasta ahora.

Realizada por el director independiente Andrew Bujalski y comparada injustamente con No de Pablo Larraín, Computer Chess es filmada en video pero ni siquiera digital sino electromagnético -al igual que No-, lo cual aporta no sólo un formato peculiar sino también unas texturas y unos ruidos muy específicos. Pero su comparación con la chilena no puede ser más tosca, chata y simplista.

Mientras No es un canto contestario sobre una acción subversiva de la mayoría de la población chilena -ni siquiera de izquierda sino en general de todos los que estaban en contra del gobierno- frente a un estado dictatorial de ultra derecha, Computer Chess es apenas la narración de un fin de semana pintoresco en un hotel lleno de ñoños y programadores de computadores.

Más allá de haber acertado en la sensación de acomodarnos en una época alrededor de principios de los 80’s, de tener una buena dirección de arte y una gráfica adecuada, todo el resto de reconocimientos a este sencilla fábula son más que exagerados.

The Human Centipede II (Full Sequence)

04/12/2013 1 comment

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Cuando algún director es consciente se sus gustos y potencias en los subgéneros de explotación generalmente, y contrario a Catching Fire -que recientemente nombramos-, sus piezas empiezan a adquirir un cierto estilo, se rodea de una fanaticada fundamentalista y se van volviendo de culto. Tom Six es un neerlandés que sorprendió al mundo hace cuatro años con su The Human Centipede (First Sequence), una terrible y sangrienta historia de secuestro, perversión y desesperanza.

La cinta y la historia fueron alabadas por el público y la crítica de Austin Fantastic Fest, Toronto After Dark Film Festival, Fangoria Chainsaw Awards y el Screamfest, lo que impulsó a Six a pensar en una segunda parte. Pero no le bastó sólo con eso, afirmó que esa segunda parte sería más grotesca, visualmente más repulsiva y de una poderosa violencia gráfica, haciendo ver The Human Centipede (First Sequence) como un cuento de niños.

Hay que decir que Six puede tener estallidos de genio y que con esta segunda parte logró plenamente sus objetivos.

Lo primero que hizo fue reducir un poco la producción al grabar en blanco y negro; no importa que sea digital y filmado con un HDCAM, como aprendimos en Escape from Tomorrow, el presupuesto de una producción se reduce considerablemente en posproducción al ser filmado en esta calidad porque los ajustes de tono, “color” y luz se hacen más fáciles de cuadrar; al grabar su Full Sequence en blanco y negro, el dramatismo aumenta, el sentido de “realidad posible” se hace más cercano y por lo mismo la historia se hace más intimidante.

Otro aporte en esta segunda parte es el protagonismo de Laurence R. Harvey, un actor británico que tiene un aspecto bastante peculiar y que Six se encarga de volverlo grasiento, desagradable y casi maloliente; desesperante con su asma crónica e intimidante con su lesión cerebral, Laurence R. Harvey interpreta a Martin un celador londinense que vive con su madre y es fanático de la peli de Tom Six -un ouroboros exquisito-. Todos los encuadres resaltan sus ojos saltones y su hediondez absoluta. Si en su First Sequence, su especie de Doctor Frankestein (Dieter Laser) atemorizaba por su retorcido ingenio, Martin aterra y al mismo tiempo genera la más profunda animadversión posible.

Finalmente, el objetivo de Martin es llevar al siguiente nivel el trabajo del Dr. Heiter; mientras Heiter logró, de alguna forma medianamente delicada, un organismo “cienpiés” de tres módulos, Martin más basto, más torpe y mucho más burdo trata de conseguir un “cienpiés” de doce módulos. La cacería es muy entretenida, el contexto con su madre y su mascota desarrollan muy bien el estado mental de su persona además que los momentos, casi parpadeantes, de color son la definición misma de lo grotesco.

Full Sequence vuelve a triunfar en los Fangoria Chainsaw Awards y aunque recoge mucho menos taquilla que en First Sequence, Tom Six se prepara para una tercera parte: The Human Centipede III (Final Sequence).

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