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Too Old to Die Young

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Bueno…
Hagamos una pausa del cine y revisemos series de la tele. Tengo tres propuestas para ver; una en el futuro, otra en el presente y la otra en el pasado.

Empecemos por el futuro; este año se estrenará la serie de televisión creada y dirigida por Nicolas Winding Refn, aquel director de La Trilogía Pusher, Bronson, Valhalla Rising, Drive, Only God Forgives. Su atractivo, emerge del nuevo cinema danés, pero distinto a Vinterberg, Genz, Madsen y Bier, Refn es mucho más oscuro, melodramático, ochentero y visceral.

A pesar de su traspié en The Neon Demon, creo que fue sencillamente eso, un tropezón y que esta serie puede ser su forma de salir adelante.

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Inside Llewyn Davis

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Una veintena de piezas cinematográficas nos han traído Los Hermanos Coen (sin incluir sus segmentos en Paris, je t’aime y Chacun son cinéma); casi que inexorablemente, todos los años son protagonistas tanto en los Globo de Oro, como en los BAFTA’s y los Oscar, llegando así a la ridícula cifra de 89 nominaciones (20 + 36 + 33, respectivamente) y 15 galardones (3 + 6 + 6, respectivamente). El año pasado, estrenaron Inside Llewyn Davis -que está en este momento en salas- y curiosamente ha sido blanqueada sistemáticamente de las principales posiciones de estas ceremonias, cosa que llama mucho la atención.

Llewyn Davis es un autor e intérprete de «folk» que ha luchado demasiado en su vida para lograr tener éxito pero sus intentos han resultado fallidos, en parte a que el segmento musical escogido no es el más lucrativo y también porque su actitud frente a la vida, los problemas y sus sueños no han sido manejados con cabeza fría. Davis es personalizado por Oscar Isaac quien de nuevo se encuentra con Carey Mulligan (Jean) -su coestrella en Drive-; ambos establecen una trama de un triángulo amoroso que completa Justin Timberlake (Jim) como esposo de Jean (Mulligan); cayendo de casa en casa, de sofá en sofá, la vida de Davis parece un fracaso constante, agobiante por las múltiples complicaciones que le pasan y con el pensamiento de renunciar a su carrera rondando todos los días en su cabeza.

Desde que se anunciaron los cortos de la cinta, tuve un gran tedio de verla; por un lado, me daba un cierto disgusto que este par de hermanos siempre hicieran las cosas bien y calladamente quería que fallaran; lo segundo es que la música folk tampoco ha sido nunca una de mis favoritas, y respetando la importancia de las figuras de su género, sus angustiosas melodías y afligidos cantautores me generaban profunda animadversión. No obstante, apenas vi los Globo de Oro y las nominaciones de los Oscar quise entender el repudio general de todo Hollywood sobre la cinta (reforzado por su ausencia en el gremio de directores, productores, actores y escritores).

Personalmente, detesto los musicales, Inside Llewyn Davis es uno de ellos y no es muy diferente a Nine, Chicago, Les Misérables o Mamma Mia!; brutal pero cada dos escenas Isaac saca su guitarra y toca una canción, hasta Disney había superado el tema en sus largos animados. Ahora el desempeño de Isaac es avasallador y si el año pasado Hugh Jackman y Anne Hathaway, con actuaciones más deslucidas, lograron nominaciones y estatuillas es increíble que este año no haya sido nombrado; la fotografía es densa, sepiada, muy triste y Bruno Delbonnel ha sido reconocido por su intachable trabajo en las cámaras, sus encuadres y la luz; tanto Oscar Isaac -exestudiante Juilliard– y Timberlake aportan unas sendas interpretaciones de las canciones que más allá de una buena mezcla de sonido –segunda nominación– merecían reconocimiento en banda sonora original; finalmente, John Goodman, F. Murray Abraham, Garrett Hedlund sumados a Adam Driver, Alex Karpovsky, Max Casella, Robin Bartlett, Ethan Phillips redondean un universo de personajes increíbles, como siempre, muy bien recreados por el guión de estos hermanos y por su propia dirección.

La disculpa puede ser justa y perfecta para este año en particular; la competencia está muy alta y se nota en las figuras versus sus desempeños en cada categoría; no creo que haya llegado un punto chato en la carrera de Los Hermanos Coen, su promedio esta vez no alcanzó -como si en ocasiones anteriores como por ejemplo con True Grit– y por el contrario,
así no me haya gustado completamente esta Inside Llewyn Davis, reconozco que es un intento por hacer algo diferente y su manera de escribir es genial; por eso me caen también los Spirit que lograron darle tres nominaciones precisamente en actuación principal, cinematografía y mejor peli del año. El desenlace de esta historia es fascinante, maravilloso y paga perfectamente la tortura de su musical.

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Only God Forgives

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En principio, Only God Forgives se presenta como una cinta pretenciosa e intelectualoide, llena de innumerables pistas para determinar el significado de su trama, sus personajes y su objetivo. Pero la última peli del danés Nicolas Winding Refn es menos presumida de lo que parece, tan sólo hay que conocer un poco la superficie de su portafolio y ella misma se deja descifrar fácilmente.

Refn tiene una fascinación por la determinación del héroe en un relato fantástico; sus tramas tienen un protagonista principal que se desenvuelve en un argumento épico casi de manera consistente en todas las piezas que hemos revisado de él (Pusher I, II, III, Bronson, Valhalla Rising, Drive). El llamado inicial en esta peli es el título y nos vincula de golpe a un plano teológico “sólo dios perdona” pero antes de nombrar al supuesto dios, Refn define su antagónico, el diablo, abriéndole un preludio con una línea de uno de sus personajes clave “…es hora de conocer al diablo“. Vithaya Pansringarm interpreta a Chang, un ex-policía que se ha convertido en un padrino local en Tailandia y rige con el filo de su espada el orden que necesita el caos para desarrollarse. Frente a Chang, que es patrono de prostíbulos, cuadriláteros, casas de apuestas y cuanto escondrijo exista, se atraviesan un par de hermanos narcotraficantes. Su punzante juicio cae sobre Billy (Tom Burke) no porque ose trabajar en sus territorios sin permiso sino porque su exceso con una prostituta desata un tipo de anarquía que debe ser obligada a replegarse para mantener el estatu quo. Julian, el otro hermano interpretado por Ryan Gosling, entra en una dualidad moral al tener que determinar si mata al verdugo de su hermano o si lo perdona por los actos indignos que justificaron su muerte.

Los colores en la cinta se manifiestan de forma maniquea y por eso de pronto me parece tan especial el afiche de esta entrada; el rojo define al diablo que es hombre, es padre, es paternalista, es moderado, cauto, racional y letal cuando cuida a sus hijos, no permite que otros hagan su trabajo, es responsable y cuidadoso; dios por el contrario es mujer, es madre, es emocional, manipuladora, letal y vengativa por instinto, se mantiene enterada de todo pero apartada, silente, su trabajo es desarrollado por terceros y además es azul. Sabemos exactamente en qué parte estamos porque con este cromatismo nos desplazamos geográficamente del cielo al infierno, sabemos quién domina sus alrededores, quién es diligente en su zona y cómo se siente incómodo cuando se encuentra fuera de su contexto.

Pero no estaríamos hablando de una peli de Nicolas Winding Refn si todo se limitara a una explicación maniqueista de la vida porque el nórdico nos ha enseñado que nadie es bueno o malo per sé. Su juego teológico parece más cercano al que se define en la Grecia antigua donde las deidades tenían personalidades, sentimientos y sufrían por los hombres en la tierra; su posición en el Olimpo no impedía que fueran erráticos y que pagasen por las consecuencias de sus acciones. En alguna entrevista de Cannes, Refn definía la cinta como la historia de un hombre que se cree dios -refiriéndose en teoría al personaje de Pansringarm– y otro que lo quiere matar. En el desarrollo mismo de los perfiles, se va ahondando en cada uno de uno de ellos, explorando sus emociones y su contexto; las luces ya no son arbitrariamente de un sólo tono sino que se van mezclando y van surgiendo nuevas gamas, nuevas texturas.

En Only God Forgives se nos presenta toda una cosmogonía de facto en la relación de los personajes, una guerra de ángeles contra demonios, una arena de hombres y mujeres, una confrontación de divinidades. Pero si se lo piensa bien, la cinta es un «western» clásico, el protagonista debe cumplir una gesta hasta alcanzar el culmen de su epopeya y es cuando se encuentra frente a frente con su enemigo mortal, en un duelo que sólo ellos dos pueden definir. Julian aparece en escena como un semidiós, el hijo de un dios con un mortal, pero ¿cómo un ser insignificante para una deidad puede doblegarla? Ese es el quid del asunto en esta pieza de Refn.

La pieza padece de una narración inconexa, muy raro en Refn que es tan delicado en el quehacer de su filigrana. Pero no se puede desacreditar de golpe a la cinta como lo ha venido haciendo la crítica internacional, en parte por la exquisita cinematografía de Larry Smith -que ya había trabajado con el director en Bronson y que en la pieza se vuelve minuciosa y muy descriptiva; como lo decíamos antes, es gracias a la fotografía que uno se ubica geográficamente- y de nuevo la genialidad de Cliff Martinez -un tanto más ambiental y, por lo mismo, más étnico para establecer la obra en un ambiente oriental-. Sin embargo, si existe un desbalance y pareciera venir del lado de donde Winding Refn se siente más cómodo, el liderazgo de su pieza principal. Con su paso por las pelis en Hollywood, Ryan Gosling se ha vuelto inconsistente; piezas como Crazy, Stupid, Love o Gangster Squad demostraron que el niño prodigio no siempre tiene un as bajo la manga y que puede estar exhausto del ritmo de casi una decena de pelis en menos de tres años -unas muy buenas, otras realmente patéticas-. En Only God Forgives, se entiende que es el hijo menospreciado de su madre (una increíble y casi irreconocible Kristin Scott Thomas) pero sus primeras escenas parecen un ridículo de si mismo; una falsa seriedad, una mueca de sonrisa que se le sale del gesto cuando en realidad debería estar perplejo y al final una clara falencia de credibilidad en su desempeño; Gosling no descifró, o no quiso descifrar, el rol de Julian y presentó una acartonada versión del piloto de Drive, dañando el promedio de la pieza y dejando sin piso a su director.

La cinta se hace peculiar en una particularidad que no había notado sino hasta ahora. Nicolas Winding Refn sabemos que explota temáticas marginales, personajes que son definidos como antihéroes y sus tramas de alguna forma son anacrónicas pero en el giro de la moneda también están centradas en una vendimia ochentera narrando historias típicas de bajo presupuesto. Refn ha explorado lo urbano de Copenhague, las veredas mitológicas nórdica cercanas al Valhalla, las cárceles británicas, el mundo de los dobles de riesgo en Hollywood y ahora una pequeña particularidad del folclor tailandés. ¿Será posible que Refn adapte su estética y sus temáticas al entorno en el que se desarrollan? ¿Será posible que esta Only God Forgives esté más cerca de lo que aparenta a Loong Boonmee raleuk chat pieza realizada por Apichatpong Weerasethakul (El hombre que recordaba sus vidas pasadas), que se vuelve icónica en Tailandia como el resurgimiento de su cinematografía gracias a la Palma de Oro alcanzada por su director un par de años atrás?

De pronto es hilar demasiado fino…

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Spring Breakers

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A simple vista Spring Breakers es una peli vaga, frívola y de un desarrollo pobre. Cuatro jovencitas (Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Ashley Benson, Rachel Korine) de universidad están desesperadas porque el campus está ya vacío y todo el mundo disfruta de esta pausa que se da a finales de marzo, cuando se le da la bienvenida a la primavera y se despide del frío, el aburrido inicio del año y todo lo que implica para un ser humano el invierno. Estas jovencitas han venido planeando un viaje al sur de la Florida, a las playas de Saint Pete, desde hace un año y no permitirán que nada se interponga entre ellas y su sueño; no sus mamás, no sus tutores, no sus clases, no sus otras amigas y no ni siquiera la falta de presupuesto. Ellas viajarán y vivirán sus vidas al máximo en estas playas.

Los excesos típicos de estos lugares han sido divulgados y documentados en muchos especiales de Spring Break en MTV, VH1, o en Wild On de E!. Nuestra perspectiva es que estos gringos locos y decadentes llegan botando la casa por la ventana y se olvidan de todo en segundos. La diversión que se describe es alrededor de alcohol, gritos frenéticos de euforia, playa, mar, cuerpos esculturales y, repito, mucha decadencia. Cuando Harmony Korine se pone al frente del relato toma cuatro dulces niñas -dos de ellas de Disney– y las pone a plena luz del día en situaciones de mundanal ruido, drogas, sexo y alcohol. Su narración es exquisitamente estridente y para ello su complemento perfecto es Cliff Martinez (Drive), quien es capaz de juntar musicalmente a Ellie Goulding con Skrillex y lograr elocuentemente el contraste perfecto de distorsión en el que estas niñas se encuentran. Su sonrisa se acaba cuando sus excesos levantan sospechas en la policía local y son juzgadas por ello. Son de nuevo confinadas y se les pone una fianza. Sólo una de ellas, antes de salir de la cárcel, es capaz de recapacitar sobre los hechos. Aparece estoicamente James Franco, en una de sus transformaciones más profundas, para salvarle el pescuezo a estas cuatro jovencitas. Franco interpreta a Alien, un rapero gángster que al parecer nació en aquel lugar, entre narcotráfico, excesos y aspiracionales. Su influencia y su patrocinio detona otras perversiones en las niñas que las llevarán a otros nuevos límites.

Harmony Korine, de quien ya conocemos Gummo, tiene una visión retorcida del mundo y eso lo hace increíblemente especial. Nacido en California, su infancia fue de «skaters», drogadictos de cocaína y ácidos. Korine que junto a Mike Mills (Beginners) son cinematográfos que caben dentro de la clasificación de «Beautiful Loosers». Este grupo de artistas, ilustradores y cineastas son producto de una generación de jóvenes apáticos y negligentes que fueron encontrando su destino en el día a día de sus vidas. Es difícil, no tener un prejuicio de ellos o sus productos, pero sin mucho esfuerzo y sin metas reales, se dedicaron a pendejear y pasar el rato; en el mientras tanto se hicieron famosos. Su afección por el primitivismo, lo ingenuo y lo naif, los llevó a destacarse como artistas en cada uno de sus campos. Korine por su lado tiene una narración agresiva y ácida en sus largos combinado con una perspectiva retorcida y pop (no como algo popular sino como con la explotación de los ídolos populares).

El trabajo de Korine, es diferente al «camp» de John Waters que finalmente si es muy plano y con una apología directa a lo grotesco, casi sin sentido. En Spring Breakers le damos vuelta a una road-movie donde estas niñas encuentran cada una su doppelgänger y deciden qué aprenden de él. La forma en cómo repite o cómo nos pone a interactuar Korine con sus personajes versus sus moralejas personales a lo largo de la cinta, gracias a la edición de Douglas Crise, nos permite elucubrar que por una lado entendieron lo bueno y por el otro amaron lo malo. Desconocemos su desenlace en un genial final abierto.

Nunca he podido salir de ver una peli de Harmony Korine (escritor de Kids, Gummo, Spring Breakers) y decidir con convicción si fue buena o mala. Siempre quedo patinado un buen tiempo para después definitivamente quedar con el regusto de algo exquisito, por su estética, por su narración, por su crítica subversiva y contestataria. En Spring Breakers, aparte de la excelente composición musical y la edición, sobresale el desempeño de James Franco como un gran monstruo, un personaje oscuro que infunde miedo con tan sólo observarlo. Ojalá logre los respectivos reconocimientos y pueda alcanzar nominaciones en los Spirit o los Oscar del próximo año.

Gracias a Franco, Martinez, Crise y Korine esta peli vale la pena verla en cine. Una muy grata sorpresa de nuestra cartelera comercial.

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Pusher

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Pusher literalmente significa jíbaro, que no es un traficante de droga sino su más simple expendedor. El jíbaro es el que está más satanizado en la cadena del narcotráfico porque es él quien decide si le vende a niños, a drogadictos muy llevados e incluso es al que le toca fiar, cobrar, amedrentar y matar para poder colectar el dinero que van a arcas más altas. Pusher de Nicolas Winding Refn es sencillamente eso, una semana en la vida de un jíbaro danés que es llevado al límite de lo que normalmente puede soportar. No sabemos si así son todas sus semanas o así es esta en particular porque el realizador genialmente nos deja en un vacío anacrónico que nos permite abrir nuestras cuestiones mucho más allá de lo primeramente establecido.

El jíbaro es Kim Bodnia e interpreta a un hombre frío, organizado que se le sale todo de control y termina muy transfigurado, arrinconado, estresado, frustrado. Pareciera que el camino que le abre Refn es tosco e improvisado, gracias a la forma en que Pusher es filmado -combina 16mm con Super 16 que son formatos de baja resolución- pero poco a poco nos vamos dando cuenta que detrás del jíbaro hay un gran trabajo de desarrollo del personaje que termina por conmovernos y simpatizarnos. Al lado de Bodnia, vemos a un joven Mads Mikkelsen en un papel secundario, no digamos que sencillo pero su evolución no es evidente en pantalla. Sabemos que Mikkelsen trabaja posteriormente con Refn (Bleeder, Pusher II, Valhalla Rising) y se entiende porque en el poco tiempo que tiene de exposición logra mostrarnos un personaje grosero, grotesco, descuidado y miedoso. La última vez que lo vemos, está de espaldas sangrando y con puntos suspensivos en su historia.

Siendo esta la primera peli de Refn, parece esbozarnos sus intereses más primarios a la hora de hacer cine. Lo primero es que le gusta escribir sus historias y tener control sobre ellas -si no estoy mal ha escrito diez piezas y diez piezas ha dirigido-; lo segundo es que le gusta hablar de hombres ordinarios, estándares, sin negar que son sobresalientes pero donde su esfuerzo aún no ha madurado en fama, fortuna o clase social; y tercero, de alguna forma se vuelven héroes ante nuestros ojos. Estos hombres singulares se vuelven el centro de atención (Bronson), la fuerza del afecto (Drive) o la guía de sus pares (Valhalla Rising). Muchos de sus personajes se desmoronan pero en otros estamos presenciando la cúspide de su estoicismo.

Refn en ese detalle es genial.

Pusher realmente es una peli interesante y súper pertinente para nuestro público, con toda la controversia alrededor de las narco-producciones, que tanto nuestros canales de TV como nuestras productoras de cine están realizando. Gran parte de mi desacuerdo con la censura hacia estas producciones es que sus críticos quieren tapar el sol con las manos y negar realidades de violencia que están latentes en nuestra sociedad. Si se entienden las producciones audiovisuales, independiente si son televisivas o cinematográficas, como apreciaciones, pulsiones de rechazo o incluso verdades de nuestra historia, y que obviamente no pueden hacerse a la ligera, tenemos en nuestras manos no sólo la oportunidad sino la responsabilidad de contarle al mundo lo sucedido en nuestra historia, en nuestro entorno y con nuestras palabras. Sea en ficción, docudramas o documentales. Lo que pasa es que toda la gente alrededor de estas piezas tampoco ayuda. No son apologías al crimen, son simplemente fórmulas baratas que les ha significado buenas regalías. Mi mayor contrariedad es que se están banalizando los hechos tomándolos de una forma simplista y lo que logran al final es sólo levantar costra donde aún no han sanado las heridas.

Cerrando la idea, lo que más estúpido me parece es que los actores pidan perdón por participar en estos roles. Ni ellos, ni los directores e incluso ni los escritores deberían pedir disculpas. Si se sienten apenados, no tomen el papel. No llamen más la atención en un sentido lastimero que es el que más causa daño. Si sienten que la aproximación es frívola o superficial denúncienla pero no se hagan cómplices y después pidan perdón. Y si no tienen más ideas pues de seguro hay mucha gente por ahí con muchas ganas de una oportunidad para demostrar todo su talento. Me parece genial que la teleaudiencia se haya movilizado y haya decidido no apoyar más algunas producciones. Lo que me parece errado es que traten de censurar el tema y no la calidad como se aborda. Los que deberían estar disculpándose son los estudios, los canales y las productoras porque en ellos si que recae la culpa de cómo se hacen y cómo se cuentan los acontecimientos.

No más producciones superficiales que banalicen nuestro dolor. Pero si a las producciones que traten de contar historias humanas sobre nuestra violencia y que se apropien de los tropos que el cine nos ha heredado. No estamos lejos. Hay una voz y una corriente en nuestro cine independiente que lo está logrando. Si no la han descubierto o no son conscientes de ella, les recomiendo revisar La Sirga o El Vuelco del Cangrejo. Dos ejemplos claros de cómo aproximarse a la violencia, sin negarla, sin caricaturizarla y de todas formas siendo protagonista de nuestra cultura.

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Gangster Squad

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No todos dan el paso de lo independiente a lo comercial dentro de la industria de una manera agradable -es más, es a lo que más le tenemos miedo cuando un director toma esa decisión-. Los que lo hacen bien la primera vez, se mantienen y desarrollan una carrera formidable -sólo con contadas excepciones-; los que no lo hacen pueden demorarse en acostumbrarse y definir su estilo en estas aguas turbias como hay otros que lo intentan y se hunden hasta desaparecer. Ruben Fleischer empezó muy bien con Zombieland, más o menos la logró en 30:Minutes or Less. En su forma independiente venía haciendo comedia pero en esta, su tercer largometraje, cambia completamente de estilo a un thriller de gansters y no le resulta bien la vuelta.

Gangster Squad se ubica en un periodo posterior a La Segunda Guerra Mundial, Mickey Cohen gobierna la ciudad de Los Ángeles a toda su holgura y desparpajo. El mafioso, que interpreta Sean Penn, hizo su carrera primero en Brooklyn y después en Chicago, fue desterrado de todas las familias e incluso logró asir una corta carrera de boxeador. Termina refugiándose en Los Ángeles creando lo que se reconoció como La Mafia Judía.

El tema con los mafiosos judíos es que no obtienen un reconocimiento claro de las familias italianas de Chicago o Nueva York -esto se puede revisar en Casino de Scorsese o recientemente en Drive de Refn-, lo que les implica hacerse a un nombre que respeten y teman ambas ciudades. Su agresividad y ferocidad son armas de publicidad para que esto suceda. En Gangster Squad, la policía establecida es fácilmente corruptible y Cohen la tiene controlada. Nick Nolte representa, sin embargo, la cabeza de un sector de la institución que está cansada de los vejámenes a los que se ven expuestos a diario gracias a Cohen y sus colegas; organiza lo que denomina un “cuerpo élite” para acabar con el capo. Cuerpo elite termina siendo un eufemismo para definir un tipo de acciones paramilitares, que no toman presos, no tienen reglas ni ley y viven en el anonimato -aquí ya me voy sintiendo mal y no me gusta tanto la trama-. Es entonces que Josh Brolin, Michael Peña, Robert Patrick, Anthony Mackie, Giovanni Ribisi y Ryan Gosling conforman este escuadrón con la firme intención de ir a guerra con Cohen.

Aparte de la versión suavizada que nos llegó, debido principalmente a los eventos de Aurora que censuraron completamente pedazos que ya nos habían prometido en los cortos, como por ejemplo el tiroteo en la sala de cine, la peli tiene una buena factura y su estética es bien bonita.

Esta censura por un lado deja muy debil el lema “sin cuartel” de este escuadrón y se entiende porque Fleisher estuvo tan molesto cuando le metieron mano al montaje y le tocó refilmar algunos apartes. Al final, no hay una revancha por parte de la policía sino más bien una persecución más acuciosa, lo cual deja sin piso el nombre de la cinta porque ya no es un «escuadrón gánster». La entrada inicial, sin embargo, con Sean Penn es abominable. Los músculos en «tiempo-de-bala», retumbando cada vez que los puños chocan un saco de arena, dan escalofríos y, en general, es gracias a Sean Penn, que le dió forma al monstruo, que la cinta se salva. Por su parte, Peña, Patrick, Mackie y Ribisi desarrollan bien sus papeles y crean un contexto empático con los espectadores; son héroes caricaturizados pero de todas formas bien logrados. Josh Brolin tiene también un buen desempeño pero es muy genérico, es casi el mismo Brolin que vimos en No Country for Old Men o Jonah Hex. Y la decepción fue Gosling que si apartamos el tiroteo que busca acabar con la vida de Dragna (John Pallotta) donde se siente la furia del personaje, no tuvo un rol consolidado ni desarrollado, un interminable sonsonete muy fingido y casi amanerado que no cogió nunca fuerza en la historia. El personaje de Gosling distrae así como su relación con Grace Faraday (Emma Stone) que hubiera podido convulsionar la trama de muchas formas posibles.

La crítica cataloga a Gangster Squad como una peli contemporánea tipo gánster y después de verla es imposible no compararla con Goodfellas de Scorsese o The Untouchables de Brian De Palma -siendo esta última mi favorita y clásico del género-. Pero la cinta de Fleisher aislada logra ser promedio, comparada con ellas no alcanza una buena calificación.

Los colores, la fotografía y los encuadres recuerdan esos filmes en blanco y negro coloreados a mano a finales de los años 50’s cuando el cine peleaba por su audiencia con el televisor a blanco y negro. Esta estética es genial y ayuda a que Fleisher empiece a definir tangencialmente el periodo en el que se basa su peli con buenos referentes. Su director de arte, Maher Ahmad hace un buen uso de los carros, las tomas generales creadas por computador aludiendo los paisajes pintados a mano, el mismo uso del color en las cintas de cine pero cae preso de su inexactitud temporal. No tendrá mucha relevancia pero el letrero de ‘Hollywoodland‘ -que me pareció ver- en la película está desubicado en la historia (si se revisa Wikipedia), este letrero ya no se leía así desde 1949, el personaje de Brolin está recién llegado de La Segunda Guerra es decir muy cercano a 1945 y el destino mismo de Cohen se desenlaza a principio de los 60’s. En cine se puede estar ajeno a las referencias históricas e incluso hacer caso omiso de ellas, como en Los Basterdos, pero compararse con Tarantino es un error que tampoco se debiera cometer con esta cinta.

Digamos que Fleisher ya dió el paso y tembló. La taquilla logró doblar la producción y ya recoge una buena ganancia. Esperemos ver a este realizador en alguna producción donde se sienta más cómodo, donde no sea tan manipulable para el estudio de distribución y que ojalá no se refugie en realizaciones para TV que es donde puede llegar a ser bastante fuerte.

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Jack Reacher

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Con la llegada de la temporada de premios hay muchas pelis que se nos han quedado en el tintero. Una claramente es Game Change de Jay Roach siguiendo la campaña de John McCain y Sarah Palin hacia la presidencia. Hay muchas más pero por ahora vamos a hablar de Jack Reacher.

Cuando por primera vez vi los cortos de Jack Reacher sólo pensé que Hollywood estaba otra vez haciendo de las suyas y estaba reeditando parte de la historia de Drive, con un personaje oscuro, esta vez Tom Cruise, que tenía unas habilidades geniales para conducir carros. Lo único atractivo -y realmente mi motivación para ir a ver la cinta- era la aparición fugaz de Werner Herzog como antagónico.

Jack Reacher es una especie de «film noir» escrita y dirigida por Christopher McQuarrie, famoso por escribir la genial The Usual Suspects y otro par para Bryan Singer. En realidad, esta es su segunda pieza como director pero su gran habilidad de escritura y los resultados medianamente positivos que ha obtenido en taquilla con sus producciones lo están postulando para de pronto dirigir la quinta salida de Mission: Impossible, una gran oportunidad para resaltar o hundirse definitivamente.

La gran sorpresa con esta peli es que no se parecía en absoluto al corto-avance que nos mostró Paramount. Cruise, en vez de reinterpretar al conductor establecido por Gosling en el thriller de Nicolas Winding Refn, sigue sus propios pasos y trata más bien de desarrollar una parte más oscura de Ethan Hunt, en la ya nombrada franquicia de Mission: Impossible. Una teoría de conspiración y muchos cabos sueltos nos deja el planteamiento de la historia. Aparecen Rosamund Pike, Richard Jenkins, David Oyelowo, Jai Courtney y, definitivamente lo que paga la boleta, Werner Herzog, un exconvicto ruso que sobrevivió Siberia y el frío inclemente mediante laceraciones auto-infligidas. Su tono de voz, su mirada y su contexto hacen que la peli sobresalga y se haga magnífica -una versión más contemporánea de Keyser Söze-.

Sin embargo y a pesar de Herzog, Jack Reacher es una peli promedio de Tom Cruise haciendo de nuevo como Tom Cruise. El desarrollo del conflicto es apropiado y la mayoría de los personajes son muy carismáticos, sobre todo el tardío Robert Duvall que entra muy bien en escena. Hay tensión, hay un poco de drama y se le aporta a Cruise su intención de ahondar más en un personaje misterioso y sombrío pero su sonrisa de niño bonito y confiado daña cualquier interpretación. Su Jack Reacher está muy lejos de lo que alguna vez logró con su Frank T.J. Mackey en Magnolia o su Vincent en Collateral -para mi lo mejor de su carrera-. Igual la peli es muy entretenida y vale la pena verla.

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