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The Man Who Killed Don Quixote

Para los amantes de Terry Gilliam y que vimos ‘su documental’ Lost in La Mancha (en realidad, es un documental sobre su arte, dirigido por Keith Fulton y Louis Pepe) estamos congraciados con este mágico proyecto de Don Quijote en las manos del Maestro. Es una L.O.C.U.R.A. que un proyecto cinematográfico haya tenido tantos tropiezos y tantísimas complicaciones -y que sin embargo no sea colombiano, todo el cine colombiano es quijotesco- haya salido adelante y haya visto la luz. El tema ha obsesionado al realizador y ha hecho innumerables intentos por sacar adelante, según su visión, el largo y siempre termina descalabrado.

Esta vez, 2018, Terry Gilliam termina su pieza y lanza The Man Who Killed Don Quixote.
Keith Fulton y Louis Pepe publicarán un documental -aún en producción-, ya no en la frustración de la realización, sino en la culminación del sueño con el alcance completo llamado He Dreams of Giants.

Y si.
Este maestro que tanto adoramos. Este viejo sinvergüenza que se negó a ser estadinense por última vez. Y que en su divertido ingenio se congració con el equipo entero de la Monty Python, para ser el realizador de un par de sus largometrajes, este genio empedernido quisiera pensar que sacó adelante su visión pero que todavía sigue en la búsqueda de su Quijote ideal. Y es que esta búsqueda será infinita, por muy bien que lo haya colaborado Jonathan Pryce, su Caballero de La Mancha siempre fue Jean Rochefort, y como un alma en pena, quiero pensar también que seguirá investigando, que será su caso sin resolver y que por lo mismo estaremos dispuestos a ver más Quijotes y más documentales quijotescos sobre el tema.

¿No es acaso Qohen Leth (Christoph Waltz) en The Zero Theorem El Quijote del Futuro?
No lo es igualmente

¿The Imaginarium of Doctor Parnassus un juego de Quijotes con el Doctor Parnassus (Christopher Plummer) a la cabeza, seguido obviamente de Tom Waits, Jude Law, Johnny Depp, Colin Farrell y Heath Ledger?

¿No es su obra más hermosa, The Adventures of Baron Munchausen, una oda completa al Hidalgo?

¿Y el resto? ¿The Fisher King, Twelve Monkeys, Fear and Loathing in Las Vegas? ¿Tideland? ¿Con una pequeña protagonista embelesada con este almíbar del que estamos hablando?

Ya sabíamos que la pieza era un autorretrato y que Toby significaba Terry pero hoy gracias al paso de los años, sucedieron más actualizaciones desde el primer intento de Toby/Terry de sacar adelante este proyecto e.g. Jean Rochefort descansa en paz y cambia por Jonathan Pryce, Vanessa Paradis por Joana Ribeiro y Johnny Depp por Adam Driver. Todos O-Ka salvo Driver que lo siento incómodo y sobreactuado en el papel… Yo hubiera, personalmente, preferido seguir con Depp.

Don Quijote ad portas de la desaparición de las historias de caballería de la Edad Media, es el último de esos grandes héroes, el último cid, el ultimun campeador. Pero está viejo, su psique juega con su fortuna y su físico con su orgullo. Aunque es la definición del idealista, altruista, desinteresado, caballeroso lo es por antonomasia también del iluso, soñador, el lunático y sobresaltado. A parte de la magnitud de su obra y de su ingenio, no veo cómo mejor definir a Terry Gilliam, ese hombre que soñó en gigantes cuando todos veíamos molinos de viento.

La peli, The Man Who Killed Don Quixote, es particularmente buena, divertida, llena de figuras literarias tratando de emular al Manco de Lepanto, y creo que logra ofrecer un cándido escenario donde todas estas locuras puedan conjugarse en nuestra época. ¿Es Terry Gilliam el último de los directores quijotescos en esta época de CGI? Ciertamente, no. Christopher Nolan pareciera ser más esbelto, más diestro, más dispuesto a dar la pelea y hasta más cauto. Pero si Nolan es El Mio Cid, seguramente, sin lugar a dudas, Terry Gilliam es el Último Quijote de La Mancha.

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Dumbo

Una de las pelis que desde el principio censuré para #JAMEsSofía fue Dumbo de Walt Disney. Una peli animada, estrenada en el contexto de los años 40, con un fuerte contenido de burla, humillación y matoneo.

Cuando Disney Pictures, en su corriente de rehacer todos sus clásicos «live action», anuncia el lanzamiento de la pieza del elefantito de orejas grandes pues obviamente tampoco quería que se le mostrara esta a mi hija. Estábamos hablando con Tomás Cerón que también tiene un par de hijos de la edad de #JAMEsSofía y me dijo que tenía que verme Dumbo, que esa peli era dirigida por Tim Burton y que yo era fan de Tim Burton y que no había lógica en no verla.

Bueno, pues Robert Stromberg había hecho una gran labor con La Bella Durmiente de Maleficient en 2014, qué peli buena esa; en 2016 la actualización que hace Jon Favreau de The Jungle Book, sin giros simplemente sumando los poderes de Bill Murray como Baloo, Ben Kingsley como Bagheera, Idris Elba como Shere Khan además de Lupita Nyong’o, Scarlett Johansson, Giancarlo Esposito pero sobre todo Christopher Walken como el King Louie y su magnífica canción ‘I Wanna Be Like You‘:

Hubo otras como La Bella y La Bestia de Bill Condon en 2017, que no pude empezarla con tanto cancionero, La Sirenita de Blake Harris y Chris Bouchard en 2018 que está en Netflix pero que me dan cero ganas de ver y Cenicienta que aunque la empezó Mark Romanek, la terminó finalmente Kenneth Branagh en 2015 y es la historia que más me aburre dentro del portafolio de Disney por el contenido machista y el perfil súper anticuado de la princesa. Hasta ahora caigo en la cuenta que Burton ya había trabajado en Disney con Alicia que sin ser mala, se empantana en el ingenio del realizador que no define bien si quiere adaptar o quiere enriquecer la historia.

Sin embargo, de nuevo a la charla con Tomás, le contaba que había visto King Arthur: Legend of the Sword -ya no le dedico tantas horas a saber de los proyectos de los directores que me divierten- y me sorprendió primero que la dirigía Guy Ritchie y segundo lo fresco que estaba, en la suya, con una historia tan alejada a lo que hace pero con una cultura londinense que amoldó perfectamente a sus zapatos; luego se arriesgó a hacer Aladdin y la sacó del estadio, en serio, una excelente apuesta de Will Smith como El Genio, Jazmín saliéndose del esquema de Princesa Disney y una narración, controlada, pero sin duda àla Ritchie.

Me animé.

Puse Dumbo de 1941 de un lado mientras veía la Dumbo de Burton del otro ¡Pucha! Recordé cada momento con ese elefantito animado. Qué horror. Por un lado las intrigantes e hipócritas compañeras de la Señora Jumbo que si les permitían el chisme eran las mejores amigas pero si se les ponían los puntos sobre las íes desplegaban sus lenguas viperinas y llenas de odio; después la burla del público en el escenario y en las jaulas el mote de Dumbo (en inglés Tontón, Estupidito o incluso aún más fuerte si entendemos que Dumb puede ser un calificativo para una persona muda, el hijo de la Señora Jumbo no habla porque es muy tímido, es ‘recién nacido‘ y se mofan de su posición de discapacidad¿?), el único aliado era un ratoncito que le enseñó a aprovechar sus condiciones y volar como ninguno.

La peli de Burton es una locura de ambientación. Me explico. No parece muy grande que Tim Burton el niño-no tan niño- genio de lo oscuro y lo excéntrico pero que se refiera a la peli original, que es de los años 40, y desarrolle una pieza en un estilo completo del Art Decó, que podía ir desde la imaginería de los carteles de la época al futurismo casi de los 50 es increíblemente bonito. Para esto es vital su inmortal compañero Danny Elfman que en la música me gusta decir que a Burton le ofrece un oscurantismo mágico, y en esta temática de circo, fanfarria.

Lo segundo que hay que apreciar es su reparto que desde Dark Shadows ya no tiene presente a Johnny Depp ni a Helena Bonham Carter -siendo indulgentes y asumiendo que la segunda parte de Alicia en 2016, Through The Looking Glass no es suya aunque prácticamente es una copia de la primera parte, ayudado en gran parte por su rol de productor en la pieza-; dicho reparto ha venido rotando unas veces con Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Krysten Ritten y resaltando como es su costumbre leyendas del cine como Martin Landau, Terence Stamp o Judi Dench; en Dumbo, vuelve a trabajar con Susie Figgis quien trae un reparto con el que él se sienta más cómodo, que se sienta reconocido y fértil como con Danny DeVito, Michael Keaton, la misma Eva Green que es la única que uno alcanza a dilucidar como el satélite en estos siete años y experimentando por primera vez con Colin Farrell; al lado de ellos sus figuras de reconocimiento incluso pueden ser los mismos Danny DeVito y Michael Keaton pero creo que en esta oportunidad es Alan Arkin el homenajeado.

¿Qué hace tan especial Dumbo de Tim Burton? A diferencia de Alicia, que fue un proyecto creado para que él lo dirigiera y lo que se sintió fue un efecto iconoclasta, el ambiente circense y de «freaks», por el contrarrio, es un caldo primigenio para el realizador. No es un ambiente predispuesto para él, está controlado, está medido, se divierte en las sutilezas, no es superlativo como Bettlejuice y eso lo hace genial en la historia.

Dumbo es un golpe de madurez para su audiencia. Los niños no llegan al mundo por un acto de la cigüeña sino porque una madre queda embarazada y tienen trabajo de parto; los animales no hablan, pero si intentan comunicarse, son frenéticos, sufren y reaccionan frente nuestro trato con ellos; mientras en la historia del 41, la burla se toma casi dos tercios de la pieza, aquí es indudable que el nombre del elefantito debe entrar de alguna forma y que la mofa debe caber de otra pero es superado rápidamente, se nota que Ehren Kruger (guionista) quiere pasar esta página rápidamente; finalmente, el ratoncito Timothy Q. Mouse -interpretado en 1941 por Edward Brophy– es la figura redentora, es el sostén del héroe y amplifica su confianza para que supere sus miedos, incertidumbres y su pésima autoestima, tanto que lo haga elevarse a los cielos (dentro de todo, la moraleja es lo rescatable de esa macabra pieza); en 2019, esa figura del ratoncito se abre a ‘Los Farrier‘ un padre que perdió su calidad de estrella cuando vuelve de la guerra en una situación de discapacidad, la madre ausente por muerte y el par de chicos que tratan de sobrevivir lo mejor que pueden -durante un tiempo casi huérfanos en un circo-; entonces la acción de estos ratoncitos Farrier ya no es simplemente subirle la autoestima al elefantito para que crea en sí mismo, es actuar porque hay maltrato, es hacer un cambio para que no vuelva a suceder y buscar la felicidad en ese nuevo espacio donde no hay opresores, burlas, bravucones ni matones.

Obviamente, es una carga emocional muy fuerte y uno anda con un nudo en la garganta todo el tiempo porque esta Dumbo de Tim Burton conmueve hasta los tuétanos.

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The Favourite

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Dos preguntas se me vinieron a la cabeza con esta pieza, a priori y ad portas de la sala de cine; la primera de ellas es porqué se habría de interesar un realizador como Yorgos Lanthimos en una pieza de época británica; y despúes de haber visto la peli, justo antes de salir, cómo hizo este señor para encontrar una historia tan alocada y que funcionara en su propio universo; ese universo de Kynodontas, Alpeis, The Lobster y The Killing of a Sacred Deer.

Ya lo revisamos.

Alpeis cierra la ópera prima de Lanthimos, después de la inigualable y genial Kynodontas; cierra este ciclo de pelis excéntricas, estramboticas y estrafalarias, no en el sentido de Jean-Pierre Jeunet sino más bien por el lado de los «dogmáticos» daneses y el ingenio de Kubrick, con una posición casi contestataria hacia lo que es considerado normal y de cómo se puede tergiversar fácilmente. Mucha gente lo asocia con Gaspar Noé o Lars Von Trier, provocadores de profesión que publicitan sus esfuerzos de esta forma; pienso que Lanthimos tiene su esencia en sus venas, tendrá algo de alborotador y de chocante pero en equilibrio con su propio ingenio, no como parte de un ardid sino evidente y natural, casi que es su forma de ver el mundo.

Esta tripleta por característica trivial está hablada en griego y hago énfasis en lo ‘trivial’ porque de aquí en adelante Lanthimos se arriesga a producciones de mayor presupuesto, con actores de mayor renombre y todas ellas habladas en inglés pero más a un nivel anecdótico, su sustancia permanece inalterada. Ya había trabajado con Colin Farrell -dos veces-, con Nicole Kidman y para The Favourite logra armonizar tres grandes fuerzas de la actuación: Olivia Colman (que finalmente recibió nominación y Oscar por este desempeño), Rachel Weisz (ganadora del Oscar pero nominada por este desempeño) y Emma Stone (también ganadora del Oscar y nominada por este desempeño).

Vamos a decirlo claramente, el «bait» para este año eran historias de mujeres protagonistas. Widows, The Wife, Mary Queen of Scots, If Beale Street Could Talk y la misma Roma son unos ejemplos propios de esta afrmación y por ahí creo que le empieza a picar la mosca la oreja del griego. Una historia de la primera reina del Reino Unido que tuvo como consejera a Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough, pasando de confidente a amante (por aquí ya hay veneno metido en el sien de Lanthimos) y como último ingrediente, el picante de Abigail, que llega a palacio como criada de Sarah pero escala a consejera de la mismísima reina; es decir, un triángulo de amor por el poder del imperio. Desde la primera escena, hasta el inicio del primer acto (así como los polvos de Bigas Luna en Las Edades de Lulú), sabemos que la pieza va a estar enlodada de picardía, ridículo y «grotesque», que Emma Stone no tiene nada de santa y que su papel se va a refugiar en una zona lejos de su confort.

El perfil de esta reina batalla entre mantener la cordura y regir Inglaterra. Su tío muere, su padre abdica, su cuñado muere, al igual que su hermana y cuando ella termina siendo reina, ya viene enferma y obesa; tuvo gota y diecisiete embarazos, de los cuales no sobrevivió ni uno de sus hijos; su cónyuge muere y gobierna solitaria. Un estado mental quebrado y fácil de persuadir.

Ya es una locura la cita y, en serio, que buen equipo de investigación para conseguir el detalle y la minucia. Lanthimos y Robbie Ryan (Director de Fotografía) se lanzan entonces en una serie de planos descriptivos, costumbristas, con movimientos de grúa, contrapicados y ojo-de-pez; una sensación rara de una perspectiva retorcida que cala sobre eventos de la misma trama que no son para nada comunes (e.g. el señor masturbándose en el carruaje estrujado entre damas y caballeros e infantes).

Luego, en cámara lenta, escenas de una fútil carrera de patos en pleno de una sala de la corte, con sus nobles desdibujados por el furor de las apuestas, lo mundano y el licor; quizás aquí quepa otra daga de Lanthimos a sabiendas que el apoyo del reino es hacia los «Tories», ala derecha de los partidos; su frivolidad y enriquecimiento o derroche determinó la ausencia de capital en las arcas justo en plena época de guerra.

Podríamos seguir, escena por escena, acto por acto y lograríamos disectar una pieza exquisita a todo nivel (vestuario, maquillaje, dirección de arte, montaje, cinematografía) que fue reconocida en los Oscar como una de las favoritas para vencer en la velada.

La buena factura contrasta con el desparpajo de sus protagonistas -incluso su afiche promocional más conocido es muy diciente- y el desarrollo de cada uno de sus personajes, siendo realmente maestro el de la Colman con una Ana que llega a ser déspota, grotesca y hasta cierto punto inútil cuando su enfermedad agrava en profundo dolor y escala a niveles de obesidad morbosa.

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Recuerdo que fue de las primeras pelis que vi en sala después de mucho tiempo, por la temporada de premios que se avecinaba y recuerdo el placer de salir satisfecho de una pieza de cine completa.

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Action, Auteur, Brit, Exploitation, Indie, Internet, Miguel Vaca, Movie, Serie B, Steve McQueen, Thriller, Vacacion, World

Widows

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Cuando uno se refería, no hace mucho, a Steve McQueen uno pensaba en persecuciones, acción y mucha emoción, gracias a que en el portafolio del nacido en Indiana se encuentra The Great Escape, Papillon, The Towering Inferno y, por supuesto, la así denominada persecución automovilística más intensa del mundo del cine, Bullitt. Pero ahora (sobre todo porque el actor lleva casi 40 años de muerto), su homónimo ha retomado la voz de los cinéfilos como un director serio y de culto.

Por eso cuando escuchamos que McQueen, el director irlandés, saca una nueva pieza en cartelera llamada Widows y que tiene como reparto a Viola Davis, Michelle Rodriguez, Elizabeth Debicki y Liam Neeson, pues uno se hace a la idea que es otra historia de método, dramática y bastante seria. Hasta este punto uno tan sólo llega a intrigarse porqué no aparece Michael Fassbender en esta lista, su actor fetiche durante toda su ópera prima.

Aún así, no bien se expone el planteamiento de la historia, algo no cuadra. A Neeson se le junta Jon Bernthal, Garret Dillahunt, un tal Manuel Garcia-Rulfo y Colin Farrell. El reparto, la trama y el tono parece ahora más la esencia de Taken, The Grey o Unknown. Presenciamos lo realmente insólito de esta pieza: Steve McQueen, el director de culto dramático irlándes está desarrollando una peli tipo Steve McQueen de Indiana. Una «heist-movie». Boquiabiertos y sin aliento presenciamos esta maravillosa experiencia. Ya no importa nada. Importa todo. Cómo se desenvuelve McQueen en unas arenas movedizas como estas y si logrará salir adelante de su zona de confort, son las dos dudas que revuelan nuestra mente.

La historia es sencilla. La peli se llama ‘viudas‘ por las esposas de unos malhechores a quienes algo les sale mal en su último trabajo y terminan muertos. Las deudas las aquejan y deciden continuar con el siguiente trabajo planeado en agenda. Punto. Un planteamiento directo.

Hay escenas que sobresalen por su peso. La relación de Veronica (Davis) con Harry (Neesom) está cargada de una imaginería exquisita. Artilugios completos de McQueen y Sean Bobbitt, que repite como su director de fotografía, así como, Joe Walker cierra este triángulo al ser otra vez el encargado del montaje (Hunger, Shame, 12 Years A Slave). Aún así, por sobre todo el material, me queda grabada una escena en particular; Jack Mulligan (Farrell) es un candidato como edil del Distrito 18, después de dar un discurso mediocre en un lote baldío y de ser inquirido por un molesto periodista sale corriendo a su carro; la escena se torna un plano secuencia con voz en off entre Mulligan y su asistente personal (Molly Kunz); el diálogo es tan cercano a la aclamada escena entre El Cura y Bobby Sands de Hunger; no hay cortes, todo se elabora en los tonos y la interacción de respuestas entre los actores, cada uno se alimenta del otro y es cuando por primera vez el personaje de Kunz se descuaderna y discute de tú-a-tú con Mulligan. Para mí esta escena paga la boleta. Además que la simbiosis entre McQueen y McQueen es completa porque esta escena parece parte de una persecución.

Entrelíneas, dejando atrás la historia del robo (que no deja de ser anecdótica), McQueen tiene un discurso político fuerte. Por un lado, sigue trabajando con irlandeses, parece un dato menor pero hay una respuesta de origen en su declaración. Luego, más hacia adentro, hay una crítica hacia los políticos de origen irlandés en su forma de presionar y de conseguir sus términos, casi que la metáfora se hace directa con JFK. Y finalmente, apoyando el movimiento #MeToo, lejos de hacer una mamertada, otro golpe de opinión es que su reparto es una historia de tres, cuatro, incluso cinco chicas que se quedaron sin sus proveedores; no cualquier tipo de proveedor, uno violento, abusivo y desleal; en vez de quedarse cruzadas de brazos se imponen en un trama machista y sobresalen, para bien o para mal en el desenlace de la pieza.

Nota personal: Escojo precisamente el afiche de versión francesa porque le da poder de imagen a las chicas en vez de sus contrapartes

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Saving Mr. Banks

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Saving Mr. Banks es el comodín de Walt Disney Pictures este año para tratar de robarse un par de premios en esta temporada. Descaradamente, la cinta dirigida por el texano John Lee Hancock, demuestra ser un artilugio embustero de explotación melodramática cuyo último fin es conmovernos y hacernos romper en llanto. Lo logra, pero nada tiene de fabulosa su trampa emocional. Tampoco es de sorprender de quien en algún momento nos presentó The Blind Side.

Saving Mr. Banks es una biopic que narra los hechos de la preproducción de la cinta Mary Poppins de 1964, cuya autora P.L. Travers habría publicado en 1934 y de cuyos derechos, cuenta la historia, estuvo detrás Walt Disney durante 20 años. Travers se encontraba en condiciones bien complicadas cuando decidió acceder a las constantes y persistentes invitaciones de Disney; empalagada con el sentido de emporio infantil que representaba Disneylandia, la escritora se negaba a cualquier modificación, interpretación o adaptación de su gema querida, ya que, como ella misma afirmaba Mary Poppins era familia; supuestamente esta frase fue la que doblegó finalmente a Disney y por la cual entendió el recelo que Travers tenía con su obra; años atrás, también en condiciones similares, o incluso más precarias, el joven Disney no quería vender los derechos de Mickey Mouse a un industrial interesado y se aferró fuertemente a su creación; su valor emocional se convertiría en un principio de familia y posteriormente en una marca muy bien atesorada; logrando entrever las vulnerabilidades de Travers a través de las suyas propias, el señor Disney logró que la autora le cediera los derechos de explotación y se volviera un logro más dentro de la carrera de este emperador de ascendencia humilde.

Más allá de que es una impecable producción, con una hermosa fotografía (John Schwartzman), de que la trama empalagosa y dulzona nos arranca lágrimas a la fuerza, de que Tom Hanks encarna con suficiencia su personaje histórico y de que el desempeño de Emma Thompson es intachable, la cinta es un aburrido relato lleno de retrospectivas que, una y otra vez, aparecen en la historia perdiendo ritmo y haciendo una narración tediosa. El estudio y el mismo John Lee Hancock se deben sentir más que satisfechos con el Globo de Oro y la nominación de Emma Thompson como mejor actriz principal en los SAG’s. Pero eso no va a ser el punto final. Disney motor importante de la industria, megalómanos y autoindulgentes en su pensamiento conservador, no van a permitir que esta gran oportunidad de autoalabarse no traiga aún más reconocimientos; seguramente Saving Mr. Banks va a ser más que protagonista en la versión de los Oscar de este año y de seguro se va a llevar un par de estatuillas que nos van a hacer modernos los labios por la corrupta aflicción del éxito de su siniestra maquinaria.

Esta reseña no se acaba sin antes resaltar la voz de Meryl Streep que se atrevió a criticar al mismísimo Walt Disney por sus actitudes misóginas, antisemitas, racistas frente a un gran oratorio y su discurso fue calmadamente aplaudido. Streep nos hace caer en cuenta que el estudio en manos de esta familia representa el brazo más fuerte de la derecha en Estados Unidos y que esta cinta por más florituras que posea no puede dejar de ocultar. Walt Disney actúa como el típico estadounidense extorsionador que busca cualquier forma de alcanzar sus metas o de quebrantar a su oponente; lo decíamos anteriormente en Crystal Fairy de Sebastián Silva, el norteamericano se siente con el suficiente derecho de tomar y hacer lo que sea por su poder monetario y a toda costa logrará sus objetivos porque el mismo capital valorará sus acciones; pero también en esta pieza se evidencia el racismo, de la época y de su imperio, sólo dos veces aparecen personas negras, no sólo en denigrantes papeles de servidumbre, sino que además son tratados como objetos, sin parlamentos en absoluto y sin siquiera una mirada que los valide como seres humanos.

A esta altura ya no importa quién es Banks, quién es Travers o quién es Goff, esta peli es sencillamente una ignominia.

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Seven Psychopaths

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Hemos sido bastante negligentes en este blog con una de las mentes contemporáneas más brillantes del Reino Unido. Martin McDonagh no sólo es un gran director que nos trajo la gran In Bruges sino que además es reconocido como un gran escritor teniendo ya en su haber un Oscar de La Academia, una máscara de los BAFTA, un BFI y nominaciones -de todos los festivales independientes que más respetamos-, mayormente por su buen guión de In Bruges.

In Bruges como tal se merece una entrada especial pero mientras la desarrollamos podemos afirmar que es una historia tipo novela negra sobre un par de sicarios perdidos en Brujas, esperando instrucciones de su jefe en Londres para solucionar un enredo laboral. Un gran eufemismo para un sangriento enredo de mafia y turismo en Bélgica que súper recomendamos.

Cinco años después McDonagh se sienta a escribir una historia en Seven Psychopaths sobre otro enredo pero más conceptual. Repite Colin Farrell y lo acompaña en el reparto Sam Rockwell, Christopher Walken, Woody Harrelson, Tom Waits y Abbie Cornish -además de las apariciones espectaculares de Harry Dean Stanton, Kevin Corrigan, Michael Pitt, Michael Stuhlbarg, Zeljko Ivanek, Olga Kurylenko– que si nos ponemos a pensar es de un lujo casi inexplicable en una cinta de corte independiente.

Seven Psychopaths, de alguna forma nos recuerda a The Greatest Movie Ever Sold, una cinta que se va cosntruyendo a medida que avanza la historia. Aquí Colin Farrell interpreta a un escritor irlandés que se encuentra en Hollywood escribiendo una idea para una peli llamada «Seven Psychopaths», esta ennoviado con Abbie Cornish y tiene como mejor amigo a Sam Rockwell. La trama plantea el deseo de Farrell por empezar este nuevo proyecto, recibiendo ayuda de todo su entorno pero sobre todo de Rockwell que lo va guiando en la investigación y desarrollo de los personajes. Sus profundas borracheras teminan erosionando su relación con Cornish y de un momento a otro se ve envuelto en una trama loca de secuestros y asesinatos. A medida que avanza la peli siete estereotipados psicópatas van definiendo su perfil psicológico en la historia de su pieza, el más rico sin duda es el vietnamita disfrazado de cura tratando de fornicarse a una prostituta -en este momento casi 17 personas se pararon de la sala y se fueron; lo cual es un buen síntoma, sólo me había pasado antes con Irréversible de Noe-. De ahí en adelante la trama tiene un giro y todos los personajes son susceptibles a grandes catarsis, enfrentamientos con sus némesis o duelos con sus destinos para que Farrell pueda terminar su historia. Lo más bonito es que el cliché es combatido con el cliché y la ganadora es esta grandiosa pero sencilla pieza cinematográfica.

Todos parecen jugando y se nota que gozaron mucho haciendo esta peli. Pero no todo es un gran divertimento, la música original compuesta por Carter Burwell es de una sofisticación pasmosa. Delicada y muy bien pensada para cada momento, es una gran protagonista, testigo de las aventuras de Farrell en busca de su guión. Otro que tampoco estuvo jugando y se tomó muy en serio su papel fue Ben Davis dirigiendo una fotografía fluida y cambiante en cada acto de la cinta para terminar como en las grandes películas del oeste, redimiendo a los personajes en medio del desierto en un duelo a muerte. El desierto fue filmado en el Joshua Tree National Park uno de esos parajes míticos donde estos maravillosos árboles se roban todo el encanto del paisaje. Casi a nivel de asfixia, las cámaras de Davis cambian su perspectivas a picados y nos hacen recordar esa frase tan bonita que en lo más oscuro de la noche es cuando mejor se ven las estrellas, justo en ese momento en que entendemos todo el objetivo de la historia y la cinta se vuelve aún más vibrante y conmovedora.

McDonagh no es para nada descuidado y en los créditos finales se da uno cuenta con la historia de Tom Waits. Seven Psychopaths aún está en cartelera y no se pueden perder esa oportunidad de verla proyectada. Esperemos que McDonagh no se demore otros cinco años en desarrollar otro proyecto cinematográfico y que si lo hace sea tan bueno como el portafolio que lo precede.

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Total Recall

Quiero defender esta peli porque no es tan mala como la crítica la ha calificado pero si tiene sus errorcitos fundamentales que hacen ver la obra de Paul Verhoeven mucho más grandiosa. Y el gran problema es finalmente ese, Len Wiseman amparado por el estudio adoctrinó al equipo de producción en que esta versión, su versión de We Can Remember It for You Wholesale de Philip K. Dick, no es un relanzamiento de la producción de 1990.

Si no es así porqué se llama igual. Es una estupidez pero el cuento no se llama de esa forma, la cinta original literalmente casi se llama Raiders of the Lost Ark goes to Mars gracias a que los dueños de los derechos, Ronald Shusett y Don O’Bannon querían apalancarse a éxitos taquilleros del momento, debido a que gran parte de la serie B lo hacía de esa forma; Paul Verhoeven no fue la primera opción como director, en realidad fue El Barón de la serie B, el señor David Cronenberg; fue Cronenberg quien quiso hacer un esfuerzo más creativo con el nuevo título llevándolo hacia los fundamentos del terror -al final Cronenberg se fue a realizar The Fly y gracias a Schwarzenegger, Verhoeven entra al proyecto-. De esta forma llamar de nuevo la cinta de 2012 Total Recall es simplemente decir que se evoca la parte creativa más fundamental de sus creadores en los 90’s.

Ahora bien si no es una versión de Verhoeven, porqué los personajes se llaman igual. Dick en el cuento llama a su personaje principal Doug Quail, Verhoeven lo llama Quaid y Wiseman lo mantiene. Separarse de la versión era tan sencillo como renombrar todo (o por lo menos) gran parte del juego de personajes. Pero es entendible que sea difícil sacar nombres más sonoros que Vilos Cohaagen, Melina o Carl Hauser.

Tantas similitudes ponen en duda la honestidad de la cinta y sus empantanados intentos por diferenciarla en la historia terminan por hundir el proyecto. Al final si es una versión. No importa lo que digan Jessica Biel, Colin Farrell o el mismo Wiseman. Ahora bien, el espectador que no conoce la historia se pierde en un mar de demasiadas complejidades, de ubicación y de trama; es interesante el giro que le dan a la historia con la Unión Federada de Britania, La Colonia y La Caída pero los recurrentes viajes, los cambios de uso horario y climas confunden demasiado.

Por el otro lado, el que conoce la historia, se la pasa comparándola todo el tiempo, es en ese ejercicio en el que se hace gratificante la experiencia. La historia es interesante y las referencias a la versión de Verhoeven la hacen más entretenida por ejemplo la famosa señora robusta del sector de inmigración.

Es cierto, Wiseman no es un gran director y esta definitivamente no era su historia así lo haya intentado lo más que pudo. Su error, y qué pena sonar tan repetitivo, fue no sacar una versión original, una versión suya del tema, al final reconocemos el paisaje de Blade Runner (muy interesante por cierto pero no es original), los robots tenían una apariencia muy muy parecida a I, Robot y a los clones del Episodio I de Star Wars, los carros y autopistas se parecen a Minority Report y algunas escenas mostrando Britania parecían calcadas de Coruscant también de la primera trilogía de Star Wars. Biel, Farrell y Kate Beckinsale hacen un súper esfuerzo para que todo salga bien pero también lo hizo Andrew Garfield en The Amazing Spider-Man y eso no niega que al final se sienta forzada. Rescato muchísimo la idea de unir los papeles de Lori (Sharon Stone) y Richter (Michael Ironside) porque aportan cierta incertidumbre al personaje de Beckinsale pero hubiera podido ser mucho más rico en este tipo de recreaciones. A nivel de reparto, y suena muy extraño, el lunar es Bryan Cranston. Todo es posible en el cine pero el acento californiano no le permite o por lo menos le quita credibilidad al personaje que es casi un primer ministro inglés. Su desfachatez, su vulgaridad y su peluca mal acomodada hacen de Vilos Cohaagen el peor papel de su historia.

Yo no la calificaría de genial como su predecesora pero tampoco diría que no es divertida o entretenida. Eso sí habiendo sido testigo presencial de Tron, Total Recall, Batman y ahora RoboCop (que también se viene su relanzamiento) me sentí muy extraño, no deja uno de empezar a sentir que los años han venido pasado y que ya no es uno el mismo de antes 😉

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