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Dumbo

Una de las pelis que desde el principio censuré para #JAMEsSofía fue Dumbo de Walt Disney. Una peli animada, estrenada en el contexto de los años 40, con un fuerte contenido de burla, humillación y matoneo.

Cuando Disney Pictures, en su corriente de rehacer todos sus clásicos «live action», anuncia el lanzamiento de la pieza del elefantito de orejas grandes pues obviamente tampoco quería que se le mostrara esta a mi hija. Estábamos hablando con Tomás Cerón que también tiene un par de hijos de la edad de #JAMEsSofía y me dijo que tenía que verme Dumbo, que esa peli era dirigida por Tim Burton y que yo era fan de Tim Burton y que no había lógica en no verla.

Bueno, pues Robert Stromberg había hecho una gran labor con La Bella Durmiente de Maleficient en 2014, qué peli buena esa; en 2016 la actualización que hace Jon Favreau de The Jungle Book, sin giros simplemente sumando los poderes de Bill Murray como Baloo, Ben Kingsley como Bagheera, Idris Elba como Shere Khan además de Lupita Nyong’o, Scarlett Johansson, Giancarlo Esposito pero sobre todo Christopher Walken como el King Louie y su magnífica canción ‘I Wanna Be Like You‘:

Hubo otras como La Bella y La Bestia de Bill Condon en 2017, que no pude empezarla con tanto cancionero, La Sirenita de Blake Harris y Chris Bouchard en 2018 que está en Netflix pero que me dan cero ganas de ver y Cenicienta que aunque la empezó Mark Romanek, la terminó finalmente Kenneth Branagh en 2015 y es la historia que más me aburre dentro del portafolio de Disney por el contenido machista y el perfil súper anticuado de la princesa. Hasta ahora caigo en la cuenta que Burton ya había trabajado en Disney con Alicia que sin ser mala, se empantana en el ingenio del realizador que no define bien si quiere adaptar o quiere enriquecer la historia.

Sin embargo, de nuevo a la charla con Tomás, le contaba que había visto King Arthur: Legend of the Sword -ya no le dedico tantas horas a saber de los proyectos de los directores que me divierten- y me sorprendió primero que la dirigía Guy Ritchie y segundo lo fresco que estaba, en la suya, con una historia tan alejada a lo que hace pero con una cultura londinense que amoldó perfectamente a sus zapatos; luego se arriesgó a hacer Aladdin y la sacó del estadio, en serio, una excelente apuesta de Will Smith como El Genio, Jazmín saliéndose del esquema de Princesa Disney y una narración, controlada, pero sin duda àla Ritchie.

Me animé.

Puse Dumbo de 1941 de un lado mientras veía la Dumbo de Burton del otro ¡Pucha! Recordé cada momento con ese elefantito animado. Qué horror. Por un lado las intrigantes e hipócritas compañeras de la Señora Jumbo que si les permitían el chisme eran las mejores amigas pero si se les ponían los puntos sobre las íes desplegaban sus lenguas viperinas y llenas de odio; después la burla del público en el escenario y en las jaulas el mote de Dumbo (en inglés Tontón, Estupidito o incluso aún más fuerte si entendemos que Dumb puede ser un calificativo para una persona muda, el hijo de la Señora Jumbo no habla porque es muy tímido, es ‘recién nacido‘ y se mofan de su posición de discapacidad¿?), el único aliado era un ratoncito que le enseñó a aprovechar sus condiciones y volar como ninguno.

La peli de Burton es una locura de ambientación. Me explico. No parece muy grande que Tim Burton el niño-no tan niño- genio de lo oscuro y lo excéntrico pero que se refiera a la peli original, que es de los años 40, y desarrolle una pieza en un estilo completo del Art Decó, que podía ir desde la imaginería de los carteles de la época al futurismo casi de los 50 es increíblemente bonito. Para esto es vital su inmortal compañero Danny Elfman que en la música me gusta decir que a Burton le ofrece un oscurantismo mágico, y en esta temática de circo, fanfarria.

Lo segundo que hay que apreciar es su reparto que desde Dark Shadows ya no tiene presente a Johnny Depp ni a Helena Bonham Carter -siendo indulgentes y asumiendo que la segunda parte de Alicia en 2016, Through The Looking Glass no es suya aunque prácticamente es una copia de la primera parte, ayudado en gran parte por su rol de productor en la pieza-; dicho reparto ha venido rotando unas veces con Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Krysten Ritten y resaltando como es su costumbre leyendas del cine como Martin Landau, Terence Stamp o Judi Dench; en Dumbo, vuelve a trabajar con Susie Figgis quien trae un reparto con el que él se sienta más cómodo, que se sienta reconocido y fértil como con Danny DeVito, Michael Keaton, la misma Eva Green que es la única que uno alcanza a dilucidar como el satélite en estos siete años y experimentando por primera vez con Colin Farrell; al lado de ellos sus figuras de reconocimiento incluso pueden ser los mismos Danny DeVito y Michael Keaton pero creo que en esta oportunidad es Alan Arkin el homenajeado.

¿Qué hace tan especial Dumbo de Tim Burton? A diferencia de Alicia, que fue un proyecto creado para que él lo dirigiera y lo que se sintió fue un efecto iconoclasta, el ambiente circense y de «freaks», por el contrarrio, es un caldo primigenio para el realizador. No es un ambiente predispuesto para él, está controlado, está medido, se divierte en las sutilezas, no es superlativo como Bettlejuice y eso lo hace genial en la historia.

Dumbo es un golpe de madurez para su audiencia. Los niños no llegan al mundo por un acto de la cigüeña sino porque una madre queda embarazada y tienen trabajo de parto; los animales no hablan, pero si intentan comunicarse, son frenéticos, sufren y reaccionan frente nuestro trato con ellos; mientras en la historia del 41, la burla se toma casi dos tercios de la pieza, aquí es indudable que el nombre del elefantito debe entrar de alguna forma y que la mofa debe caber de otra pero es superado rápidamente, se nota que Ehren Kruger (guionista) quiere pasar esta página rápidamente; finalmente, el ratoncito Timothy Q. Mouse -interpretado en 1941 por Edward Brophy– es la figura redentora, es el sostén del héroe y amplifica su confianza para que supere sus miedos, incertidumbres y su pésima autoestima, tanto que lo haga elevarse a los cielos (dentro de todo, la moraleja es lo rescatable de esa macabra pieza); en 2019, esa figura del ratoncito se abre a ‘Los Farrier‘ un padre que perdió su calidad de estrella cuando vuelve de la guerra en una situación de discapacidad, la madre ausente por muerte y el par de chicos que tratan de sobrevivir lo mejor que pueden -durante un tiempo casi huérfanos en un circo-; entonces la acción de estos ratoncitos Farrier ya no es simplemente subirle la autoestima al elefantito para que crea en sí mismo, es actuar porque hay maltrato, es hacer un cambio para que no vuelva a suceder y buscar la felicidad en ese nuevo espacio donde no hay opresores, burlas, bravucones ni matones.

Obviamente, es una carga emocional muy fuerte y uno anda con un nudo en la garganta todo el tiempo porque esta Dumbo de Tim Burton conmueve hasta los tuétanos.

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Bond 14: A View to a Kill

[Continúa]
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Siete veces actuó Roger Moore como el súper agente de inteligencia británica 007; siete episodios que empezaron con Live and Let Die y terminaron con esta A View To Kill; siete entregas que lo ponen como el actor que más veces interpretó a James Bond y que puso su rúbrica por encima de las intenciones de Albert R. Broccoli y EON Productions que sólo buscaban copiar lo propuesto por Sean Connery al principio de la franquicia. Curiosamente, y lo comentábamos en la reseña de Octopussy, parecía que Moore sólo había alcanzado magnificencia en su primera salida pero que con el paso del tiempo, de los escritores, de los directores y de las decisiones de producción, el 007 volvía de nuevo a ser ramplón, ordinario y vulgar, no obstante, A View To Kill es recordada como una gran despedida del londinense.

Era el año 1985 y la aceptación de A View To Kill se da en parte gracias al desempeño de Christopher Walken que sin deformidades físicas acuñaba uno de los más recordados y clásicos villanos de Bond. Atrás había quedado la sofisticación del 007 y de 58 años Roger Moore -incluso 3 años más viejo que Sean Connery) se estaba cansando de la saga, al punto del hastío, después de 12 años de haber estado al frente de la producción. En palabras suyas, Moore se sentía incómodo en su papel de mujeriego y jugador cuando le tocaba encamarse con niñas que más parecían sus hijas.

Aparte de Walken como Max Zorin, la pieza es recordada por la diferencia de sus chicas Bond; por un lado la ingenua Jenny Flex (Alison Doody) que se rinde a los encantos del súper agente y por el otro el contraste de la sexual Tanya Roberts encarnando a una dulce y frágil Stacey Sutton versus Grace Jones la ruda y visualmente ácida May Day que interpreta la mano derecha y siniestra perversión de Zorin.

En el pasado ya habían asesinado a los agentes John Strangways, Dikko Henderson y 009 entre otros; esta vez el muerto es el agente 003 y Bond es enviado a investigar su asesinato en Siberia; allí encuentra un microchip ruso que Q analiza y devela como un producto de Zorin Industries; con esta pista, Bond se dirige al tradicional Ascot Racecourse en Inglaterra, un hipódromo donde el caballo de Zorin acostumbra correr. En los corredores del hipódromo se topa con Sir Godfrey Tibbett (Patrick Macnee actor británico que es reconocido por hacer dupla con la bellísima Dame Diana Riggen The Avengers) otro agente del MI6 que le informa sobre sospechas de dopaje en los caballos de Zorin; ambos investigan los establos pero May Day elimina sus contactos, atenta contra Bond y finiquita la vida de Tibbett, definitivamente uno de los momentos más duros de la franquicia incluso por encima de la muerte de la Contessa Teresa di Vicenzo en On Her Majesty’s Secret Service. En una jugada genial del argumento el General Gogol le reclama a Zorin la muerte sin permiso de estos agentes y se evidencia una doble cara del agente de la KGB que más o menos siempre se ha visto como un aliado del 007 y obviamente del MI6. Por fin se esclarece el plan completo de Max Zorin que depende de controlar el mercado y la manufactura de microchips en el mundo, un plan un poco infantil y desproporcionado pero que lleva con extrema delicadeza y finura este A View To Kill a los niveles de calidad de Goldfinger u On Her Majesty’s Secret Service.

Después del fugaz éxito de su competencia con Never Say Never Again (con Sean Connery en 1983), EON aumenta el presupuesto de su producción también a 30 millones de dólares para obtener un recaudo neto de 152 millones. Esto le permite a James Bond ir a París, San Francisco, Oakland, Chantilly (de nuevo en Francia), el Lago Vatnajökull (en Islandia), West Sussex (en Inglaterra) y obviamente Londres. Pero la franquicia estaba herida, fraccionada y aumentar los presupuestos de la producción no iba a salvarla; Roger Moore estaba cansado, Lois Maxwell también se retiraría y la llegada de un nuevo actor para interpretar otro James Bond iba a ser más que suspicaz dentro de la fanaticada. Sobrevivirían Robert Brown como M, Desmond Llewelyn como Q y Walter Gotell como Gogol.

El éxito se vio reflejado, no sólo en la calidad y tono de la cinta, sino en la recordación que Duran Duran aportaría a la pieza gracias a las múltiples nominaciones que lograron con John Barry así como las también numerosas versiones del tema central -entre mis favoritas la cantada por Skye, la ex-vocalista de Morcheeba-.

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True Romance

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Hace pocos días, decíamos que Stoker fue la última cinta producida por Tony Scott y pues hablando de él, porqué no evocar un par de proyectos más del productor y realizador.

Siempre recordaré que Scott empezó su carrera con una de las pelis más impresionantes de mi niñez, The Hunger. Una historia de vampirismo ambientada en un clima muy cercano a la cinematografía de Blade Runner -dirigida por su hermano- donde se siente el paso del tiempo a través del moho y el polvo acumulados en grandes espacios con poca luz. Además el gusto por intercalar planos generales con primerísimos planos siempre fueron motivos de fascinación en las pelis de los hermanos Scott.

Al entrar a la universidad, después de dejarme el pelo largo y eventualmente hacerme nudos en él, la gente me decía que me parecía a Gary Oldman, Drexl Spivey en True Romance. Al escuchar esto, agachaba la cabeza un poco, me limpiaba la garganta y, generalmente, cambiaba de tema. Podría entenderse que el asunto me molestaba pero contrario a ello, sentía una especie de orgullo porque desde tiempo atrás mi admiración por el actor inglés era grande. Sin embargo, también relucía un sentimiento de pena porque no había visto aún la cinta. Me puse en la tarea de buscarla, y entre más lo hacía, parecía que más se me escabullía. No había en ese entonces, «torrents», «wishlists» de Amazon y lo peor es que nunca estaba disponible en los Betatonios de la esquina. Finalmente, fue quedando relegada en un rinconcito de mi mente y sólo volvió a brillar cuando nos enteramos de la muerte del director el año pasado. Volví a buscarla, estuve dispuesto a comprarla por Amazon pero la verdad estaba carísima y no sabía si valía la pena, hasta que por fin Cuevana la indexó y pude verla.

True Romance no parece una peli típica de Tony Scott. El realizador y productor gustaba más de las cintas de acción donde prevalece el héroe clásico que demuestra sus capacidades en el pico más alto de la trama o aquellas donde sobrecogido por todos los avatares del destino debe rehacerse o redefinirse. Tony Scott ejemplifica mejor esto con su portafolio siendo director de Top Gun, Days of Thunder, The Last Boy Scout o Unstoppable, por un lado, y Revenge, Crimson Tide, Enemy of the State, Domino o Deja Vu, por el otro. Tanto True Romance como The Hunger parecen pausas o pequeños paréntesis de su esparcimiento.

True Romance es una historia «pulp» donde se mezclan varios subgéneros del cine como, la serie B, los detectives, los policiás, los gangsters, el romance y el thriller. No por casualidad su escritor es Quentin Tarantino. Tarantino para 1992 había escrito tres guiones en Hollywood y había llamado la atención de la crítica por Reservoir Dogs al ganar un Spirit, ser la estrella en el Festival de Sitges y ser nominado en Sundance. Tony Scott, era ya un gran director-productor de renombre en la industria y quiso trabajar sobre el guión del joven sureño. No lo hizo mal, a mi parecer. True Romance es la historia de un vendedor de comics en Detroit (Christian Slater) que en el día de su cumpleaños se enamora de una acompañante (Patricia Arquette) y de cómo se ve envuelto en un rollo de narcóticos neoyorquinos, con la mafia de Nueva Jersey detrás. Las líneas de diálogo tienen mucho para exprimir, las constantes alusiones al cine, a Mr. Majestyk de Charles Bronson y especialmente a Sonny Chiba, fueron muy divertidas, claramente refieren el bagaje cinematográfico que tuvo Tarantino como empleado de una videotienda. Muchas de las conversaciones fueron reeditadas después en Pulp Fiction como por ejemplo cuando Jules (Samuel L. Jackson) pregunta al principio de la peli “…a qué se parece Marsellus Wallace?” (What does Marsellus Wallace look like?), esa línea (y las siguientes) la dice casi calcada Christian Slater en el diner a Michael Rapaport.

En casi todas las historias de Tarantino, se necesita de un despliegue importante de actores para desarrollar todos los personajes que dan forma al argumento. Curiosamente, su labor no funciona como contador de historias coral porque dichos roles tienen un tiempo de exposición limitado y nunca más vuelven a aparecer en la trama. True Romance no es la excepción, para lo cual simplemente se puede revisar el reparto: Christian Slater, Patricia Arquette, Dennis Hopper, Gary Oldman, Brad Pitt, Christopher Walken, Bronson Pinchot, Samuel L. Jackson, Michael Rapaport, Saul Rubinek, Conchata Ferrell, James Gandolfini, Anna Levine, Victor Argo, Chris Penn, Tom Sizemore, Kevin Corrigan siendo tal vez la figura más interesante Val Kilmer como el mentor que evoca a Elvis Prestley.

El ejercicio de interpretar a Tarantino resultó muy bien. Scott logra darle connotaciones «shakespearianas», gracias en parte a la cinematografía de Jeffrey L. Kimball y la música original de Hans Zimmer pero más que nada porque sigue siendo sencillamente una peli de Scott. Tarantino después vendería los derechos de Natural Born Killers a Oliver Stone, y aunque a mi personalmente me pareció una de las últimas grandes piezas relevantes del director, Tarantino la odiaría con todo su ser y decidiría que de ahí en adelante dirigiría cada uno de sus guiones.

En esencia, Quentin Tarantino es escritor y escuchando sus últimas declaraciones donde anuncia su retiro, no le vendría nada mal a su estilo dedicarse a escribir y que otros reinterpreten sus líneas. Claramente, sus piezas se han vuelta una mezcolanza repetitiva sin mucha originalidad o sorpresa.

Nota personal. Tarantino profundo admirador de Sonny Chiba, lo trae a trabajar en Kill Bill como el gran maestro de Hattori Hanzo hacedor de legendarios sables.

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Seven Psychopaths

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Hemos sido bastante negligentes en este blog con una de las mentes contemporáneas más brillantes del Reino Unido. Martin McDonagh no sólo es un gran director que nos trajo la gran In Bruges sino que además es reconocido como un gran escritor teniendo ya en su haber un Oscar de La Academia, una máscara de los BAFTA, un BFI y nominaciones -de todos los festivales independientes que más respetamos-, mayormente por su buen guión de In Bruges.

In Bruges como tal se merece una entrada especial pero mientras la desarrollamos podemos afirmar que es una historia tipo novela negra sobre un par de sicarios perdidos en Brujas, esperando instrucciones de su jefe en Londres para solucionar un enredo laboral. Un gran eufemismo para un sangriento enredo de mafia y turismo en Bélgica que súper recomendamos.

Cinco años después McDonagh se sienta a escribir una historia en Seven Psychopaths sobre otro enredo pero más conceptual. Repite Colin Farrell y lo acompaña en el reparto Sam Rockwell, Christopher Walken, Woody Harrelson, Tom Waits y Abbie Cornish -además de las apariciones espectaculares de Harry Dean Stanton, Kevin Corrigan, Michael Pitt, Michael Stuhlbarg, Zeljko Ivanek, Olga Kurylenko– que si nos ponemos a pensar es de un lujo casi inexplicable en una cinta de corte independiente.

Seven Psychopaths, de alguna forma nos recuerda a The Greatest Movie Ever Sold, una cinta que se va cosntruyendo a medida que avanza la historia. Aquí Colin Farrell interpreta a un escritor irlandés que se encuentra en Hollywood escribiendo una idea para una peli llamada «Seven Psychopaths», esta ennoviado con Abbie Cornish y tiene como mejor amigo a Sam Rockwell. La trama plantea el deseo de Farrell por empezar este nuevo proyecto, recibiendo ayuda de todo su entorno pero sobre todo de Rockwell que lo va guiando en la investigación y desarrollo de los personajes. Sus profundas borracheras teminan erosionando su relación con Cornish y de un momento a otro se ve envuelto en una trama loca de secuestros y asesinatos. A medida que avanza la peli siete estereotipados psicópatas van definiendo su perfil psicológico en la historia de su pieza, el más rico sin duda es el vietnamita disfrazado de cura tratando de fornicarse a una prostituta -en este momento casi 17 personas se pararon de la sala y se fueron; lo cual es un buen síntoma, sólo me había pasado antes con Irréversible de Noe-. De ahí en adelante la trama tiene un giro y todos los personajes son susceptibles a grandes catarsis, enfrentamientos con sus némesis o duelos con sus destinos para que Farrell pueda terminar su historia. Lo más bonito es que el cliché es combatido con el cliché y la ganadora es esta grandiosa pero sencilla pieza cinematográfica.

Todos parecen jugando y se nota que gozaron mucho haciendo esta peli. Pero no todo es un gran divertimento, la música original compuesta por Carter Burwell es de una sofisticación pasmosa. Delicada y muy bien pensada para cada momento, es una gran protagonista, testigo de las aventuras de Farrell en busca de su guión. Otro que tampoco estuvo jugando y se tomó muy en serio su papel fue Ben Davis dirigiendo una fotografía fluida y cambiante en cada acto de la cinta para terminar como en las grandes películas del oeste, redimiendo a los personajes en medio del desierto en un duelo a muerte. El desierto fue filmado en el Joshua Tree National Park uno de esos parajes míticos donde estos maravillosos árboles se roban todo el encanto del paisaje. Casi a nivel de asfixia, las cámaras de Davis cambian su perspectivas a picados y nos hacen recordar esa frase tan bonita que en lo más oscuro de la noche es cuando mejor se ven las estrellas, justo en ese momento en que entendemos todo el objetivo de la historia y la cinta se vuelve aún más vibrante y conmovedora.

McDonagh no es para nada descuidado y en los créditos finales se da uno cuenta con la historia de Tom Waits. Seven Psychopaths aún está en cartelera y no se pueden perder esa oportunidad de verla proyectada. Esperemos que McDonagh no se demore otros cinco años en desarrollar otro proyecto cinematográfico y que si lo hace sea tan bueno como el portafolio que lo precede.

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Death at a Funeral

En esa malhechora costumbre de Hollywood de reelaborar para hacer suya la cultura del cine universal, lo único positivo que queda es la inquietud de buscar la peli original que seguramente va a tener mucho potencial en la consecución del final, va a ser menos parroquial en sus propuestas filosóficas y sí, muy posiblemente, puede ser más interesante y divertida.

¿Por dónde empezar? The Ring, Dark Water, The Grudge pueden ser un par de ejemplos de lo que hizo Hollywood con el género de terror japonés, recientemente. The Vanishing, Funny Games U.S. o en producción The Girl with the Dragon Tattoo con pelis independientes de Holanda, Alemania y Suecia. Sus acercamientos también se logran con el cine hispanoamericano con Vanilla Sky, Criminal y hasta se rumoraba de una basada en una colombiana con Nicole Kidman pero aún no está bien definida.

El tema puede alargarse para hablar de los re-enlatados que Hollywood hace incluso de su misma historia pero este par de parráfos están fundados en que no vamos a hablar de Death at a Funeral de Neil LaBute en 2010 con Danny Glover, Regina Hall, Martin Lawrence, James Marsden, Tracy Morgan, Chris Rock y Zoe Saldana. Vamos a hablar de la divertida comedia que hizo Frank Oz en 2007 también con un reparto de lujo pero con una producción británica. Ewen Bremner, Alan Tudyk, Jane Asher, Matthew Macfadyen, Peter Vaughan, Kris Marshall y uno que repite tanto en la norteamericana como en la británica que es Peter Dinklage.

La peli es dirigida como les digo por Frank Oz, a veces muy recordado por su carrera histriónica que incluye la voz de Yoda en la saga de Star Wars o Piggy, Fossie y Animal en los Muppets además de muchos más papeles de bajo calibre en pelis de bajo calibre. Oz en su paso detrás de las cámaras sigue siendo honesto y le encanta las comedias y la serie B, es capaz de dirigir a Dreyfuss y Bill Murray What About Bob? , hacer un thriller policiaco con De Niro y Norton en The Score o su regreso a la comedia en The Stepford Wives con un elenco de primera (Bette Midler, Nicole Kidman, Matthew Broderick, Glenn Close, Christopher Walken).

La peli es una comedia ligera basada en el guión de Dean Craig, que hizo también el guión de la norteamericana y por eso también la coincidencia general. No es que sea la mejor comedia que haya visto pero es mordaz, astuta y no pierde ritmo como muchas de las comedias inglesas que tienden a encantar por su acento, sus costumbres y a veces lo crudo de su humor. La gringa apela al chiste negro y sigue siendo divertida pero fue demasiado reciente, se ve como una mala copia porque no dejaron descansar al público y casi que terminan una para empezar a producir la otra. Yo la recomiendo antes que la de 2010, así se mantienen frescos los chistes y el humor no se siente acartonado.

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Batman Begins

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La franquicia de Batman es una montaña rusa de ires y venires, de cómo la Warner Brothers se imagina sus episodios y de cómo cada uno de sus directores le apuesta a algo creativo (si es que se puede llamar creativo el vacío intento de Joel Schumacher en 1997 con su Batman & Robin).

Batman es la creación de Bob Cane, un norteamericano que se hizo millonario al venderle derechos patrimoniales de la franquicia a DC Comics, claramente aprendió de los errores de Joe Shuster y Jerry Siegel que inventaron Superman basados en la teoría del súper-hombre de Nietzsche y fueron estafados ingenuamente por la DC Comics. Cane aprovechó todo el potencial de su personaje y se hizo muy popular primero por la excentricidad del millonario que encarnaba y porque era el único súper héroe que no poseía poderes sobrenaturales.

Gracias a Frank Miller el excéntrico millonario dejó de ser colorido y extrovertido para convertirse en un hombre solitario, abnegado y lleno de miedos internos. Tim Burton en 1989 con Michael Keaton fue el primero en llevarlo al celuloide con Batman; su antagónico era el Joker interpretado por Jack Nicholson y como raro, una nominación al Oscar. El mismo Burton en 1992 repite con Michael Keaton y develan una segunda parte de la franquicia con Batman Returns esta vez los villanos eran Michelle Pfeiffer como Catwoman y Danny DeVito como el Penguin, acompañados de Christopher Walken un verdadero villano.

Todo pintaba a que la tercera parte de la saga la iba a hacer de nuevo Tim Burton pero la Warner dijo que se estaban haciendo demasiado oscuras estas pelis, que eso no era comercial, por lo cual le pasó la batuta a Joel Schumacher y en 1995 al lado de Val Kilmer como el nuevo Bruce Wayne sacaron Batman Forever. Lo positivo un excelente Edward Nygma, el Riddler interpretado por Jim Carrey, acompañado por Tommy Lee Jones como Harvey Dent, Two Faces. Lo pésimo, la mala caracterización de Kilmer, la pobre presencia de Nicole Kidman y la terrible aparición de Chris O’Donnell.

No sólo fue mala, sino que le dieron una segunda oprotunidad a Schumacher y sacó en 1997 Batman & Robin. No tengo nada en contra de los homosexuales pero fue el Batman más gay de la historia de todos los hombres murciélago. Tomas cerradas a las nalgas de George Clooney, los pechos de Batman y Robin y una Alicia Silverstone de muy regular actuación. Uma Thurman actúa aquí pero pasa desapercibida el verdadero éxito de la peli Mr. Freeze interpretado por Arnold Schwarzenegger en un disfraz increíble.

Tuvieron que pasar ocho años, para que los fanáticos sanáramos nuestras heridas de decepción y repulsión para ver el nacimiento del nuevo Batman.

En 2005, con guión escrito por Christopher Nolan y David S. Goyer sale Batman Begins. Christian Bale es el nuevo Bruce Wayne, Michael Caine como Alfred, Gary Oldman como James Gordon y un reparto de lujo con excelentes actuaciones. La historia vuelve a las raíces de Frank Miller y se explora un súper héroe vulnerable que redefine sus miedos y los potencia para salir adelante. Una excelentente narración, un humor muy sofisticado, nos muestra un diamante en bruto, un batman en proceso de formación, de madurez, de realización personal.

La música es magistralmente dirigida por Hans Zimmer y James Newton Howard. Se aleja de la fanfarria caricaturesca de sus antecesores (a excepción de Danny Elfman que lo hizo formidablemente) y le imprime un aire de misterio perfectamente amalgamado con la historia.

El reparto, como lo decía antes, es un quita-aliento desde Morgan Freeman pasando por Liam Neeson, Cillian Murphy, Rutger Hauer, hasta el fantástico Tom Wilkinson. Y lo más bonito es que aunque el protagonismo de los villanos es liderado por Ra’s Al Ghul, los malos son realmente de la vida real como el mismo Bruce Wayne, a quién temerle más que a un puñado de locos que se acaban de escapar de un manicomio, a una camada de ciudadanos en plena histeria o a un grupo de vengativos mafiosos que se pasan la ley por donde mejor les parece.

Batman Begins es el retorno del hombre oscuro que toma la justicia por sus manos… Un paraco, si. Pero por ahora divertido y con una ética inquebrantable.

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