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Ford v Ferrari

Otra entrega de tesón y verdadera calidad histriónica de Christian Bale, y otra vez un cambio impresionante en el físico ¿No se va enfermar un día de estos bien grave? ¿No deberíamos ser más responsables con el asunto y tratar de hacerlo entrar en razón? O tal vez, ¿Todos esos personajes que desarrolla son indefectiblemente pedacitos de esa terca personalidad del actor?

En serio. Pongámonos a pensar y revisemos los papeles de mayor resonancia. The Big Short antes American Hustle antes The Dark Knight Rises antes The Fighter antes The Dark Knight antes Batman Begins antes The Machinist. En cada uno de ellos el cambio del físico es violento y el contraste entre ellos es abismal; no me parece muy importante la capacidad camaleónica de Bale y más bien lo lejos que está uno de encasillarlo; no se puede trazar una línea y afirmar que sólo hace villanos, o nobles, o personas que tocaron fondo y resurgen, o deprimidas. Nada, la mayoría son luchadores que están tratando de sobrevivir en este mundo, muy pocos pertenecen a la fantasía e incluso su Batman es el que se alega es más tangible en lo mundano. El cambio más duro es este último, de The Machinist a Batman Begins; la filmación empezó en mayo 26 de 2003 y se extendió hasta julio 22 de 2003; Bale había empezado el proceso de aguantar hambre desde febrero y redujo su masa corporal a 50 kilos, perdiendo en el acto 28; luego empieza la filmación de Batman el 3 de marzo de 2004 y para esa fecha subió a 100 kilos, es decir, ganó 50 kilos; de ahí en adelante el sube-y-baja se da con transiciones más largas pero con cambios muy drásticos; otro impresionante para destacar fue el paso de The Dark Knight a The Fighter y de allí a American Hustle; en tres producciones distintas pasó de 100 kilos a 66 y luego subió a 110. Yo en serio abogaría una petición en Change.org para que no lo siga haciendo.

¿Eso lo hace mejor actor? No estoy completamente convencido. De pronto más llamativo y de alguna forma un poco más comprometido. Pero Bale es un actorazo; no necesita de toda esa maquinaria para demostrar sus capacidades; trato de quitarme el punto de las transformaciones físicas para tratar de ser objetivo con mi declaración, y recuerdo haber pensado que en American Hustle era algo más insustancial que necesario, le quitaba atención a las escenas y terminó siendo una decepción.

Hoy de la mano de Mangold y volviendo a su acento británico, su postura y su contextura hacen de la argucia una excelente copia de Ken Miles, el británico nacionalizado estadounidense que retó a Ferrari en Le Mans; pero Miles también fue una autoflagelación para Ford y su pretenciosa forma de ver el mundo, ese mundo de castas donde en la cima estaban los de mejor estirpe, y de ahí para abajo todos cortados con la misma tijera, para después verse obligados a usar un patán ordinario que les sacase la astilla que les había previamente clavado Enzo Ferrari en el culo.

James Mangold captura la esencia de las carreras y la hace divertida. Es eso. Ford v Ferrari es una pieza entretenida con una gran actuación de Bale y un despliegue implacable de Henry Ford II como el verdadero antagónico, de la mano de Tracy Letts y Josh Lucas, que interpreta a su lugarteniente Leo Beebe.

Nota personal. Ahhh… Si. También actúa Matt Damon pero más como una herramienta melodrámatica. Hay mucho más trabajo y desarrollo en Caitriona Balfe y Noah Jupe que le dieron condimento y forma a su aspecto familiar.

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Unbelievable

La historia se basa en hechos de la vida real y en el aclamado artículo de Ken Armstrong y T. Christian Miller, ‘An Unbelievable Story of Rape‘. Luego de que el artículo tuviera eco en Los Pullitzer’s, en podcasts y toda clase de medios a lo largo de Estados Unidos, tres personas se interesaron en crear una serie de TV: Susannah Grant, Ayelet Waldman y Michael Chabon. Cuando leía libros, Michael Chabon era de mis autores favoritos; después entró a Hollywood a desarrollar guiones y pues unos salieron bien otros no tanto pero básicamente desde John Carter (2012) no sabíamos nada de él. Siete años después sale con este proyecto desgarrador y quedamos gratamente sorprendidos de sentirnos sobrecogidos otra vez.

Es cruda. Es un tango. Por un lado en el episodio 1 nos rompe el corazón la primera chica; nadie le cree, es hostigada por la policía y decide doble-declarar que su testimonio fue falso e inventado para no sentir más el acoso del estado; su desarrollo es agobiante hasta el último episodio. En estos últimos meses he devorado series policiacas, con sentido detectivesco. Ya había dicho en Messiah que me encantaba Bron/Broen, The Killing, Borgen, The Fall, Ófærð/Trapped, Grenseland/Borderliner, Border Town/Sorjonen, Karppi/Deadwind, Hinterland. Sin embargo, no había visto una serie donde el centro de atención fuera tan poco centrado en el atacante sino más bien en las víctimas y en el desarrollo de la investigación por parte de los detectives y los agentes a cargo.

Unbelievable es una serie que empieza inspeccionando varios casos de violación de extraño procedimiento. Absolutamente minuciosos, prolijos e higiénicos, tanto que parecen invención de las víctimas. Hasta que se convierte en la persecución de un sólo depredador. Un violador serial.

Además de la intriga que es impresionante, hay un trabajo para desenmascarar el patriarcado. Parece contenido revelador pero en el mismo corte avance se encuentra. La primera chica es entrevistada por hombres que aunque se muestran profesionales y de buena voluntad, ejecutan sus prejuicios al fin y al cabo; coercionan a la víctima, sus familiares, sus amigos y sus consejeros que finalmente le dan la espalda para vivenciar el más grande de los infiernos. Inmediatamente después -segundo episodio-, a la detective Karen Duvall le es encargado el caso de una violación que por contraste, por tono, por dirección, los espectadores evidenciamos las diferencias de que un caso sea tratado por hombres o por mujeres conscientes de la situación para la víctima e implicándose más que en su obligación como servidores de la ley como defensoras de género.

Es tiempo de presentar, a mi parecer, a la gran responsable de esta pieza audiovisual que no es nadie menos que Lisa Cholodenko ¿Se acuerdan? Lisa Cholodenko escritora y directora de The Kids Are All Right, drama dentro de un grupo familiar de dos madres, una pareja de hijos y un exmarido que llega a revolver inocentemente el avispero. Cholodenko no dirigió toda la miniserie, dirigió precisamente los de mayor intensidad y que requerían mayor tacto (los tres primeros). Nos hace sentir desazón, al avanzar entre los episodios, una sensación de clamor por la primera chica porque el contraste es cada vez más duro, entre más avanza la investigación en Colorado, más se hunde la chica de Washington. Sentimos asco por los sospechosos porque sin tener que ser los posibles culpables son repugnantes hay unos que son apuestos, adinerados, privilegiados y con sentido de vía libre para hacer lo que quieran porque la ley no los tocan; otros son conscientes de que sus amigos en las altas esferas los protegen y la ley no los tocan; y finalmente, hay otros que sus faltas son menores, ofensivas, pero menores y no hay forma que la ley los vaya a tocar. Ese es el acierto que se gana con Cholodenko, un respeto expreso por la situación y la validación de las víctimas como tal. Luego, ella y Chabon se vuelven productores ejecutivos y aseguran que la serie mantenga su calidad hasta el último respiro del fin de la temporada.

La tenía en mi lista de Netflix pero me tocó subirle prioridad porque no sólo estuvo nominada a los Globo de Oro de este año, también amasa nominaciones en los próximos SAG, Los Broadcasts y los del Gremio de Escritores. Es una serie que uno no querría perderse. Tal vez lo último que me faltaría por anotar es que aparte de Kaitlyn Dever que protagoniza la serie como Marie Adler de una forma brutal -pónganle ojo a esta chica- y Toni Collette que parece la experimentada veterana, mentor y líder de las escenas, me parece que sobresale mucho Merritt Wever; y Wever sobresale sobre todo porque justo la veíamos en Marriage Story como la hermana insegura, descontrolada versus la poderosa fiera que es aquí, una habilidosa e ingeniosa investigadora pero más que nada una persona cuya función es ser empática con cada víctima para triple-checar cada proceso, cada paso y así honrar su dignidad; fantástica actriz, le voy a poner también un pin para seguirle su carrera.

Nota personal. El tema es sensible y delicado; lo que menos quiero es sonar condescendiente o desconsiderado porque si algo puedo decir completamente seguro es que me encantó la serie, me encantó el formato, me encantó la narración. Curiosamente, esta serie me ha tocado mucho de manera personal pero también me ha hecho explorar temas para muchos superficiales como puede serlo Batman. Sí, el encapuchado. He pensado mucho en él, de cómo se nos da por sentado que es el mejor detective ¿Realmente lo es? En los cómix por la forma en que se desarrolla su literatura y la amplia gama de atención que le brindamos, a cada página y a cada capítulo, pues uno si ve un investigador detrás de cada caso; digamos que si uno lee el artículo de Armstrong o Miller suena a un titular de una agencia de noticias, no sentí esa genialidad periodística o por lo menos no la encontré, de pronto el libro es otra cosa; ya cuando uno ve toda la serie se hace evidente que un equipo con más recursos puede ayudar más, una sola persona no va a resolver un caso complejo a menos que que sea eficiente, minuciosa y casi que adicta al trabajo. Tanto que me pone a pensar, más allá de los crímenes y las violaciones, en todo el empeño que se puso para demostrar como es que se lleva una investigación en un proceso deductivo. No quiero sonar frívolo y quisisera no ofender a nadie -o por lo menos tratar de no hacerlo- para brindar mi experiencia y conocimiento sobre esta serie. Y parte de ese conocimiento es evaluar de manera transversal otros medios y otras propuestas. DC acaba de dar un golpe en la mesa y volvió a sentar el tono de cómo se puede hacer una peli de un cómic desde otra perspectiva con Joker. Ahora se prepara para relanzar la franquicia de Batman; Matt Reeves dice que va a explorar el sentido detectivesco adentro del cómic ¿No es acaso una oportunidad grandísima de hacer algo completamente diferente como esta Unbelievable o True Detective?

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The Irishman

Para nadie es un secreto que el problema de Martin Scorsese con los audiovisuales contemporáneos no tiene nada que ver con la TV o sus productos por si mismos; en varias ocasiones lo hemos visto dirigir y producir este tipo de piezas, generalmente, asociado a HBO que muy congruente a su leyenda es otra cosa; y no son pocas tampoco, desde Vynil y Boardwalk Empire hasta una cantidad innumerable de documentales de todo tipo dirigidos a este medio. No es ni siquiera lo comercial su tema directo con Marvel Studios y su comparación con parques temáticos, es precisamente que Disney volvió esa sub-subcategoría de la serie B (cómic-superhéroe) en un acto panfletario que los pueda beneficiar en sus negocios transversalmente, negando la naturaleza misma del arte del cinema para compartir experiencias, generar empatías o deconstruir perfiles psicológicos. Una relación que él mismo define de humano a humano.

No quiero alargar mucho esta introducción porque mi objetivo no es volver esta entrada un foco de lo que hace o no Buena Vista International, así que mejor avancemos.

Quiero pensar que es tan abierto a esta discusión que incluso fue motor de la preproducción del Joker que terminó atrayendo a Robert De Niro y dándole luz verde a la dupla Todd Phillips/Joaquin Phoenix pero luego un proyecto más llamativo, más de lo suyo, como The Irishman, empezó a copar la totalidad de su atención hasta que abandonó el barco. Entrelíneas pareciera que estaba muy interesado en el perfil del villano que ya tenía Warner Bros. -y que supuestamente lo habría desarrollado en un prototipo Todd Phillips– para dirigirlo y traer a Leonardo DiCaprio como protagonista -sabiendo de antemano que Phillips tenía desarrollada la idea exclusivamente para Joaquin Phoenix-. Creo que en la pelea, el maestro perdió interés por el proyecto pero dejó asociado a De Niro, una gran agitación que terminó funcionándole de maravilla a la producción, a la peli misma y, ojo al dato, dejó enclavada a Emma Tillinger Koskoff que produjo Joker y le permitió usar el resto del equipo de The Irishman para terminar la grabación.

Scorsese tiene una excusa para hacer una pieza audiovisual. Sea una peli, un corto, un episodio de una serie, un documental. El tema obviamente es importante, dará la forma del contenido, la dirección de arte, la fotografía, la iluminación, todo lo estético y todo lo de fondo. Esta afirmación es tan ambigua que se ajustaría a cualquier director de cine incluso si pudiéramos reunir y resumir tipologías en los temas que Scorsese ha venido acumulando con el paso de su carrera. Sin embargo, algo que me fascina de él, en todas sus piezas, es su capacidad pedagógica. Es un maestro. Cada obra en su portafolio es una Masterclass de narrativa; audiovisual, textual o rítmica. Son cadentes, son distintas, han venido evolucionando con el paso del tiempo y han tomado una lógica y una «manniere» muy de su personalidad pero no necesariamente se ha estancado o se ha vuelto iconoclasta como podría ser la tentación y tendencia.

Su profundo conocimiento del Nuovo Cinema Italiano -esclarecido en varios documentales que le conozco sobre encuadres, narración y estética- definió su rúbrica a principios de los 70’s.
Amigos y amigas, estamos hablando de una leyenda andante que ya por 1974 había desarrollado clásicos instantáneos como Mean Streets y Taxi Driver. De los 80’s a mediados de los 90’s podría uno decir que cada uno encuentra sus favoritos «martinianos» (o «scorsesianos» como prefieran) -los míos sin lugar a dudas Goodfellas, Cape Fear y The Age of Innocence-, algunos alegarán que su esencia está en su genial pedacito en New York Stories o una y cada una de las nominadas que perdió el duelo final en la irresponsable época de Los Oscar que lo marginó de su(s) correspondiente(s) distinción(es). No importa. Descubrir cuál es la preferida de cada uno y definirla como la mejor del portafolio del realizador es un acto futil y sin sentido. Lo importante es que se le reconoció como Cinema de Autor, el suyo, y el de varios de sus colegas contemporáneos… Casi me atrevo a decir que fue la época dorada del cine.

¿Y qué de su estilo reconocemos en The Irishman?
(Que finalmente es nuestro centro de discusión)

Me atrevo a decir que su declaración fue tan contundente (la de Buena Vista) que lo primero para poderla afirmar y más llamativo, al fin y al cabo, fue traer a su guardia pretoriana en cabeza de Joe Pesci y Robert De Niro; en el marco meramente de la historia se necesitaba una tercera pieza que terminó siendo Al Pacino convencido por De Niro -discrepo que el ideal hubiera sido él, ya hablaremos de eso-. Después vendrían los centuriones; los optios, Rodrigo Prieto que ha venido trabajando con el maestro desde hace ya tres proyectos atrás (The Wolf of Wall Street, Silence y ahora The Irishman), un viejo conocido para las partituras con Robbie Robertson y Emma Tillinger Koskoff para completar el resto de la producción; y si me lo permiten, diría que no existiría Martin Scorsese sin su pilus prior centurion: Thelma Schoonmaker, la dama detrás de su ingenio, capaz de desenredarlo y de ordenarlo para presentarlo.

Esa es su firma.
Un ejercito conocido organizado y bien dispuesto.

Se quejan que Scorsese se volvió loco con Netflix y sus tres horas veintinueve minutos porque es demasiado para una peli pero se olvidan de Silence (2 horas 41 minutos), The Wolf of Wall Street (3 horas), The Aviator (2 horas 50 minutos), Gangs of New York (2 horas 47 minutos) o Casino (2 horas 58 minutos) ¿O es que sólo se nos hace excesivo esos 29 minutos por fuera del promedio? Scorsese está más del lado de Ettore Sottsass, aquel que fundó el Memphis Milano y que diseñó la esencia de los años 80’s llena de colores y texturas; un rococó que tenía como lema que «con menos hay aburrimiento» en claro contraste con el minimalismo de la Bauhaus. Después del paso de los años -y cada vez más, por lo mismo, estoy más seguro de eso- el adulto mayor está con menos tapujos en la boca, su interés no es callarse nada, por el contrario tratar de decirlo todo y casi que al mismo tiempo. Scorsese no es diferente (por eso Thelma Schoonmaker es una pieza esencial para la cordura de su narración), dispone su ejercito y los colores su verborrea de las mafias ¿Cuál en este caso? La de los camioneros de todo Estados Unidos y así una gran pieza para disfrutar y analizar.

Ahora bien, Al Pacino suena muy bien en las marquesinas de la pieza pero no cuadra su Jimmy Hoffa en su desempeño. Sus gritos, sus movimientos, todo su rol se refiere y se hace muy cercano a Tony Montana, no estoy comparándolo con el Jimmy Hoffa de Jack Nicholson -no sé cuál sea mejor- pero todo parecería más coherente si Stephen Graham y Al Pacino hubieran intercambiaddo papeles; si querían darle más protagonismo hubieran podido tranquilamente hacer más énfasis en esta relación con Tony Pro, una rivalidad entre Detroit y Florida; igual Pacino hubiera podido asumir su posición con gallardía así como loable fue la actitud de Anna Paquin en un modesto pero protagónico personaje o el mismísimo Joe Pesci que creo hizo el papel de su carrera, sobrio, pausado, implacable, sereno, letal. No me saco la idea de que embelezados con la figura de Pacino se les olvidó alguien que hubiera funcionado mucho mejor, y en honor a los viejos buenos tiempos: Ray Liotta.

Aparte de éste que personalmente considero el único descache, y ya finalizando la entrada, no sólo para The Irishman sino para cualquier peli de Scorsese hay que prepararse bien, hay que haber dormido bien, comido bien y no haber tomado mucha agua, hay que estar alerta para todo el aluvión que se viene encima y sentarse a disfrutar sus tres horas veintinueve minutos. Tres cosas me llamaron la atención a primer golpe de vista y que están intrínsecamente relacionadas con las declaraciones de Scorsese (1) Martin Scorsese no está en contra de la tecnología, la ciencia y los desarrollos dentro del cine, filmó su peli en digital y con un despliegue de efectos especiales loquísimo para contar la historia de tres personajes durante treinta años de historia con los mismos actores, es decir, no es Christopher Nolan evangelizador del formato iMAX sino casi que es Richard Linklater y su perspicacia experimental (2) así como Linklater creo que valida otros estilos de narración cinematográfica actuales, ingeniosos y originales -no sé si me siguen pero hay muestras perceptibles de muchos autores- e.g. Wes Anderson (cuando enumera las pistolas, cuando nombra las muertes y su ficha técnica), Quentin Tarantino (con su caprichosa oda a la sangre y el «gore») seguramente cuando la revise pueda encontrar otros pero, lo que intento decir es que Scorsese armó un gremio tácito de realizadores en frente a nuestras narices (3) la más intrigante de todas, a la altura del minuto 30 de la tercera hora (2:30hrs), De Niro mira a la cámara; quedé perplejo -me alegré de tener Netflix porque podía devolverme a revisar a ver si había sido yo o qué-; repetí el minuto y sí miró a cámara, con la boca abierta continué viendo y ¡Juepuerca! Otra vez, De Niro miró a cámara por segunda vez y a la altura del minuto 33 un poco más evidente volvió a mirar; en este juego de validar técnicas y sus realizadores ¿Quién le habla a la cámara y rompe la cuarta pared? Generalmente, se hace en comedias de grandes genios como Mel Brooks o los Monty Phyton tal vez Woody Allen y de pronto un poco más serio Michael Haneke o los muchos intentos de Terry Gilliam de consumar su Quixote, no recuerdo que lo haya hecho antes ¿The Departed tal vez? ¿Bringing Out the Dead? Pudiera ser The Last Temptation of Christ pero ¿Por Qué lo haría Scorsese justo en The Irishman? Sólo se me ocurren conjeturas como que el guiño es hacia el público, nos quiere de aliados en su campaña porque seguro no tiene que ver con la validación de Deadpool (*)

* Estoy viendo el documental The Irishman In Conversation y sí, parece ser un error de De Niro y una indulgencia tanto de Scorsese como de Prieto donde sobrevive la esencia de la escena por encima del error. Y es que explican que todo el tema del CGI de ILM, para volverlos más jóvenes o más viejos, requería una concentración absurda, ya que había dos cámaras por cada actor para los efectos además de las “narrativas”; hay un chiste en el docu donde están Pesci y Scorsese hablando y Pesci dice que todo el mundo le daba órdenes de no mirar la cámara, no mires la cámara, no mires la cámara, ¡Cuál puta cámara! -respondía-, en mi época sólo había dos cámaras y ya.

Haciendo relación al CGI de ILM en el docu, Scorsese dice que hay una situación de alivio para él en cuanto no tiene que tener un actor para cuando el personaje tiene 30 años, otro para cuando tiene 50 y otro para cuando tiene 80 años, no tiene que explicar la escena, la línea, la intención, el primer actor ya lo sabe y además es un actor de primera categoría que es cambiar de moldear su eje histriónico para lograrlo. Ahora bien, a muchos actores les puede gustar el reto o no, pero es un reto. Es un personaje en sus 30’s, en sus 50’s y en sus 80’s, tienen pegadas unas marcas en la ropa y casi como en teatro tienen que darlo a entender con voz, con expresión corporal, con talento. El CGI es el nuevo maquillaje se pueden ahorrar horas y horas de maquillaje, se va a perder ese romanticismo que también tenían las pelis con efectos de «stop motion», pero va a haber una consistencia tanto del personaje como de sus rasgos a lo largo de la peli que va a ser un gran aporte de esta tecnología de ahora en adelante… Lo de las cámaras, ya se revisará… Forget ’bout it!

Nota personal: ¿Recuerdan mi juego con Richard Nixon en este blog? Al final de la entrada de The Butler está la definición «colección de interpretaciones de Richard Nixon; un personaje histórico pero shakespeariano y vil ala Richard III que se considera deforme y sensible al desprecio de su pueblo». A partir de allí se pueden ver esas interpretaciones recolectadas aquí. Hace rato no lo jugaba, tal vez porque con el paso del tiempo, Nixon ya no es un referente tan claro y se ha perdido interés en su figura a medida que Vietnam y el asesinato de JFK se va quedando olvidado. Incluso en Watchmen el presidente es Robert Redford, Nixon apenas pasa nombrado. En The Irishman, vuelve a parpadear la imagen de un Nixon, no como Richard Nixon sino el Presidente Nixon, y su responsable Jeff DeHart, prácticamente un desconocido pero si aparentemente un comediante imitador. Divertido. No sólo porque aparece en sólo dos instantes muy fugaces sino porque además lo hace de una manera muy sutil lo cual le aporta mucha gracia y agudeza al impostor 😉

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The King

Nunca fui un gran admirador o fanático de Timothée Chalamet y su Call Me by Your Name; al final lo que hice fue seguir mi tarea para los Oscar y descubrir porqué había sido nominada para mejor guión, mejor desempeño para actor principal, mejor canción original y mejor peli del año. Era imposible no verla. ¿Era una obligación amarla? Absolutamente no, y no lo hice. Me pareció un flan súper insípido rodeado de un almíbar exageradamente dulce que dañaba la experiencia entera.

Después pudo haber venido Lady Bird de la querida Greta Gerwig pero el regusto que siempre me quedaba es el de la estrellita divina que se va haciendo camino en Hollywood.

Bueno, empecé a leer buenas críticas de The King. No empecé a leerlas por él mismo sino porque estoy en un periodo de inquietud por lo que se viene con Batman y Robert Pattinson ha sido alabado en varios papeles, incluidos Cosmopolis (mal) y The Rover (muy bien); una nueva crítica positiva me interesaba mucho; no importa tanto si era un papel secundario, Tommy Lee Jones sacó adelante una pieza de acción y la llevó al máximo explendor con su desempeño en 1993 con The Fugitive al igual que Mahershala Ali en Green Book, Sam Rockwell en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, Mark Rylance por Bridges of Spies o pordiós J.K. Simmons por Whiplash. Todos realzando una pieza desde una parte muy pequeña, el actor de reparto, pero tan grandiosamente que permitía explorar capas y capas de la historia central que sin ellos no eran más que otro flan.

The King fue la última reseña que leí de Pattinson. Un antagonista despreciable. Humillativo. Soberbio. ¿Era posible ver estas facetas en el galán de las señoritas de Twilight? Pues sí. No lo hizo mal. ¿Lo odié? Un poquito, no mucho, eso demeritó su desempeño. Y es que he venido afilando mi criterio sobre el villano en la historia; no hay una buena historia si no hay un buen villano y sin revelar demasiado la sorpresa fue que el villano no fue Pattinson, sino uno genialmente mayor y salvo la peli; no por el mal desempeño del ex-vampiro porque realmente lo hizo bien; la salvó porque fundamentar la catarsis en un personaje tan simple y tan ‘negro’, tan plano, tan malo porque-sí hubiera sido una gran desilusión.

The King basa su historia en la coronación de Henry V como rey de Inglaterra y su pelea frente a Francia a mediados del siglo XIV. La vi por Netflix pero me llamó la atención que su director fuera mi loado David Michôd, también eso me ayudó a bajar la guardia un poco; después viendo como secundario a Ben Mendelsohn y a Joel Edgerton (además de escritor con Michôd), me hizo fantasear que el realizador había reunido a su «dreamteam» para crear algo fabuloso.

Realmente no fue ni comparado con Animal Kingdom, pero si cuando Chalamet, al principio del tercer acto, hubiera dicho “Kill ’em all” y hubiera sonado Metallica de otra cosa estaríamos hablando (para eso hubiéramos necesitado que en diseño de banda sonora hubiera estado Atticus Ross y Trent Reznor, como fabulosamente lo hacen en Watchmen)

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Chernobyl

Cuando escuchamos que venía una serie de HBO con los temas de Chernóbil, el interés afloró porque así como el Titánic había un halo de misterio alrededor de lo sucedido y siempre será bueno al menos tener una versión de los acontecimientos, ya que el hermetismo tanto de la Unión Soviética, como de los Estados Unidos dentro de la Guerra Fría, dejó muchos vacíos en la historia de la humanidad.

Por allá a mediados de los 80’s, cuando no tenía ni diez años y me encontraba gozando de mis últimos cursos elementales, escuchamos del evento nuclear sucedido en Chernóbil. Seguramente, una historia más en la sección internacional de los noticieros y, seguramente también, eclipsada por las actuaciones y desempeños históricos de Luis Herrera en la Vuelta a España, el Clásico RCN y el Tour de France de ese año. No supimos más. Tal vez esta versión esté endulzada o tergiversada pero es la mejor versión que tenemos.

Otra vez HBO vuelve con una fórmula ganadora. Un director excelente para toda la serie como lo es Johan Renck y Craig Mazin un apasionado que se ha obsesionado y se ha dedicado a investigar el fenómeno nuclear. Gracias a Mazin algo sabemos de Chernóbil; gracias a Renck la pieza es escalofriantemente hermosa. Las primeras expectativas se satisfacen inmediatamente cuando uno podría esperar que fuera impecable en ambiente, escenarios y diseño de producción. Lo que me dejó sin aliento fue los primeros expuestos a la radiación; paralelo a la narrativa, tipo crónica de los hechos, se describía la patología que iban a sufrir los empleados de la planta y los bomberos (eventualmente los pobladores de Prípiat, la ciudad más cercana a Chernóbil); sus heridas, su transformación, el ojo de su tormenta y el deceso se detallaba con cruenta frialdad; luego estas perso​​nas expuestas y quemadas, como zombis, mostraban un maquillaje escabroso -en la vida real debió ser espeluznante- pero en décadas de cine y audiovisuales fue lo más cercano a Brundel Mosca, la más grotesca imagen del duque David Cronenberg.

Definitivamente esta serie va ganar todo en Los Emmys, en Los Globo y en todo lo que se le ponga encima (1) porque habla de los rusos, los descalifica en la raíz de sus mentiras y su idiosincrasia (2) porque habla de los rusos y eso le conviene a los Estados Unidos con todo este poder que ha desatado recientemente el gobierno de Putin (3) porque habla de los rusos (4) Johan Renck logró imprimir ese olor a viejo, a añejo, al verde de las vendimias, ese nostálgico relato en ese ambiente enrarecido (5) porque Mazin tuvo una excelente historia contada en tan sólo cinco episodios y que, lejos de un tibio final àla Game of Thrones, Chernobyl se incendia como el núcleo del reactor número cuatro y (6) me voy a tomar un parráfo aparte para decir que esta serie es superior a mucho de lo visto esta temporada gracias a Jakob Ihre.

Johan Renck, imagino, trajo un equipo de colaboradores escandinavos porque quería trabajar con gente de confianza y/o porque requería el trabajo de profesionales que justamente por su entorno era los que mejor conocía; también pudo ser que la Península Escandinava, así como parte de Polonia y Alemania Oriental -según Deutschland ’86– son de las primeras zonas donde el enrarecido y contaminado aire de Chernóbil empieza a sentirse, entonces es también parte de una historia que los afectó como nación. No lo sé. Tampoco los conocía. Lo que ahora si sé, es que este señor: Jakob Ihre, cinematógrafo sueco tiene un potencial impresionante. La fotografía verdosa, los encuadres y la luz hacen de esta miniserie algo sin competencia. E.g. los «glares» son una serie de manchas brillantes aportadas por la lente de la cámara cuando hay luz directa, son tan incómodos en algunas piezas, y para algunos directores, que los hacen quitar a punta de edición o son tan atractivos para otros que los adicionan también a través de filtros y efectos de composición en la posproducción; en uno de los momentos de mayor crisis, una de los personajes se encuentra en Moscú y la cámara empieza a darle vueltas y entran en cuadro los glares de la ventana y sigue dando vueltas y los glares empiezan a parecer como «flashes» y cuando termina el movimiento de cámara, acompañado por una musicalización muy rítmica y agobiante (Hildur Guðnadóttir), sentimos un leve mareo; el mareo no es más que una anécdota para nosotros pero nos compenetra con los fogonazos de radiocatividad que vivenciaron los protagonistas, una puntuación más allá de lo sutil pero con una suprema finura.

Uno de los detalles más obvios por los cuales llama esta miniserie la atención, como casi todas las producciones de alta calidad en HBO, es su reparto. Jared Harris interpreta al héroe de esta tragedia griega interpretando a Valery Legásov, el único soviético capaz de poner los puntos sobre las íes en esta hecatombe y las cargas que esto supondría en ‘un sistema que debe humillarse obsesionado para que no lo humillen‘; pero al lado de él, Stellan Skarsgård y Emily Watson; quién no amó la química de estos dos en Breaking the Waves y después de Jon Hamm, ¿no era Harris el predilecto en Mad Men? Este trío da una dosis de interpretaciones que nos ponen los pelos de punta, nos erizan la piel y nos quitan la silla cómoda de espectadores; gracias a ellos entendemos la dureza de cada decisión y lo afilada que debe estar la mente en una emergencia de estas proporciones.

Aún me parece loco que se siga pensando que la energía nuclear es una energía limpia. Aunque directamente los evangelizadores de este tipo de ejercicios pueden tener razón, mientras la danza invisible perfectamente acompasada del uranio, el boro, el xenón, el agua y su vapor funcionen, pero indirectamente los eventos de Chernóbil o Fukushima deberían bastar para vetar el resto de estaciones nucleares en el mundo. Siempre habrá campo para un error humano, una calamidad o un imprevisto del cual la factura se le pasará al planeta, las futuras generaciones o incluso a la humanidad entera.

Recientes avistamientos de flora y fauna silvestre en Chernóbil y Prípiat indican que el buen trabajo de los científicos soviéticos para contener y limpiar la zona de 2.600 kilómetros cuadrados a la redonda de este holocausto dieron resultado. Sí se limpió y sí se contuvo lo suficiente y ya hay un renacer de la naturaleza en este ambiente inhóspito. Se demuestra de todas formas que somos una plaga. Que somos más tóxicos que el uranio y sin embargo el planeta sigue creyendo en nosotros y nos sigue dando oportunidades.

Nota personal: * Spoiler alert * Estaba embarazada!! 😮

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Conversations with a Killer versus Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile

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En la época donde se prefesó que la tele iba a matar al cine y sus realizadores, una realidad es que el lenguaje dramático, narrativo y estético de los documentales se ha desarrollado mejor con el auge de las piezas audiovisuales en los portales de distribución casera como Netflix, Amazon, HuLu o incluso OnDirecTV. Los nuevos directores tienen una oportunidad más clara porque para hacer un documental se necesita menos presupuesto y no se requiere una estrella para acertar un gran golpe, ya no de taquilla sino de opinión; y pues claro, es un gana-gana porque al final el portal de audiovisuales lo que requiere o necesita es tener un portafolio de respaldo para contrarrestar la competencia.

Esto en el juego trae mucho talento nuevo. En este caso particular, un veterano como Joe Berlinger quien se dispone a armar un documental sobre Ted Bundy, recibe (y maneja) tanto material que se le vuelve una serie en NetflixConversations with a Killer: The Ted Bundy Tapes– y, finalmente, imagino enamorado del proyecto busca el financiamiento y producción de un largo –Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile-. Es decir, hace toda la tarea de producción desde la investigación hasta la puesta en marcha de una pieza argumental.

Cuando el tema es interesante los documentales me atraen mucho porque siento que la investigación detrás la hace un periodista; confío en lo presentado, entonces busco al final algo que dilucide la verdad sobre el planteamiento; podría ser algo altruista en busca de la verdad pero también tiene que ver con el morbo del detalle concluyente. Eso tiene Conversations with a Killer: The Ted Bundy Tapes. Eso y una edición con un sistema visual muy atractivo, un montaje siniestro y dislocado, una narración de algo retorcido y enajenado. Por ejemplo, cuántas veces hemos criticado los cómix de Superman o WonderWoman cuando se cambian de ropa y se ponen gafas y las personas no los identifican, en este relato, miles de veces cuentan que el presunto inculpado llevaba esto o aquello, que estaba peinado de cierta forma o que con foto en mano no encontraban a Theodore Robert Bundy ¿? ¡Cómo puede ser posible! Y sin embargo, sólo segundos después nos muestran, fotos, retratos hablados y hasta imágenes de archivo de épocas diferentes en zonas geográficas súper diferentes y el mancito cambia; ¡cambia un resto! Hay incluso un plano con todas las fotos y pues no es que hayan pasado veinte años, en un lapso de no más de cinco años -la historia empieza realmente con el arco dramático al final de los 70’s y ya en los 80’s ya estaba encarcelado y condenado en Florida-. En una época sin internet, sin estudios de ADN, sin máquinas facsímiles incluso la comunicación de estado a estado era apoteósica.

Bundy, a parte de lo que pudo recolectar Stephen Michaud, no dió nunca luces de lo que realmente pasaba por su mente, en forma casi de estrategia porque pareciese que se aprovechaba de esta situación -y casi pone en jaque el juicio por lo mismo-, esa falta de comunicación le permitía ir de estado a estado y realizar sus fechorías.

En cuanto al argumental, tanta información del documental se pierde si no se hila debidamente, ¿quién es esta? ¿Por qué se movió de aquí allá? ¿En qué año fue? En fin, este formato tiene unos límites claros y uno de ellos es que, naturalmente, un espectador no tiene las herramientas de una tableta para parar, adelantar o atrasar pedazos de la historia, supuestamente, el provecho se hace de una sola ingesta y por lo tanto la atención va de una hora y media a dos horas, máximo tres horas en alguna peli de Scorsese. No hay mucho tiempo para detallar cada situación y el editor (Josh Schaeffer) se vuelve mago para volver un material de 20 horas de grabación lineal a algo inteligible de seis horas y después empezar a peluquiarlo con estilo para obtener estos formatos. Allí se pierde mucho. Hay conceptos como la toma de muestras odontológicas hechas a Bundy en la cárcel que en el formato de largometraje quedan como un vacío legal pero en el documental se advierte que hay una orden, que hay un paso de resistencia por parte del implicado y después un estado de sarcasmo y docilidad inusitado.

La cinematografía de Adam Stone (documental) me parece que se explaya y se aprovecha en su formato, se hace rica y valiosa; la cinematografía de Brandon Trost (argumental) se torna más restringida, más tímida y no necesariamente complementaria con el tema, no es mala, pero palidece en comparación. Ambas musicalizaciones (Justin Melland, Marco Beltrami, Dennis Smith) tienen los mismos paradigmas pero se desarrollan bien cada una en su campo.

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Me encantó el reparto escogido por Neely Eisenstein. Desde Lily Collins como Elizabeth hasta James Hetfield como el oficial que primero lo detiene! -un guiño a que el director Joe Berlinger les ayudó a Metallica en Some Kind of Monster y This Monster Lives-. Zac Efron en sí mimsmo es un tema delicado en la pieza. No lo hace mal. Está perfectamente adaptado y su personificación es alusinante, un gran trabajo que se le debe reconer al joven talento de 32 años; Efron es un trabajo en proceso, repito cuadra perfectamente con la edad de Bundy y con su físico, se nota que lo estudió y fue muy respetuoso para seguir sus pasos, sus muletillas alguno de sus gestos, los tonos de su voz son más que acertados; el problema es que el personaje es más fuerte de lo que físicamente puede agarrar; en el documental se hacen evidentes los cambios de humor del protagonista, los cambios de tono en un mismo relato, que van desde la seriedad a la carcajada pero hay varias carcajadas, las risotadas frente a las cámaras de la prensa y las risas en frente de Michaud; justo esos cambios de personificación tiene que hacerlos un actor con más desarrollo y experiencia, claramente DiCaprio nos enamora frecuentemente con esas demostraciones o Javier Bardem o Josh Brolin o incluso Brad Pitt lo ha venido aprendiendo con el paso del tiempo y no es una sentencia en contra de Efron, que se nota hace un gran esfuerzo, pero incluso el recompuesto Haley Joel -I See Dead People- Osment recibe una llamada en su casa indefenso, reconoce la voz de Bundy, hay cambio de humor, tanto en postura como en tono; el mismo Osment frente a Lily Collins, lo inquiere por la misma llamada, su cuerpo titubea, se queda callado y después habla pero no es cualquier parlamento, se entiende acorralado. Efron repite su esfuerzo en The Paperboy de Lee Daniels, se esfuerza demasiado, pareciera que le falta disfrutar aún más el momento y se siente demasiado respetuso, hubiera podido aprender algo de la rebeldía de Matthew McConaughey o incluso relajarse un poco como cuando está con Seth Rogen en esas fantásticas comedias de Neighbors.

A diferencia de Ruth Bader Ginsburg, aquí uno no puede decir claramente qué pieza es mejor. El documetnal se complementa con el argumental y viceversa; la crónica adquiere un lenguaje propio pero se complementa con los diálogos, las caras de los personajes, las locaciones y una narración un poco más lineal del largometraje. Al igual que la serie de televisión la peli tiene cuatro actos y más o menos tienen los mismos finales cada uno: la presentación del personaje, su relación con Elizabeth y Molly, el juicio y su relación con Carole Anne y finalmente su confesión y desenlace. Sin embargo, el documental -sobre todo en su cuarto acto- se redefine alrededor de la persona de Ted Bundy y su psique. Su vileza versus su simpatía, su ingenio versus perversión, su carisma versus su obstinación, y finalmente, su impertinencia versus la animadversión que su personalidad generaba. En ese sentido creo que el argumental se queda corto y de nuevo, sin ser una responsabilidad directa de Zac Efron, si era su total competencia.

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Betsy West, Biopic, Documentary, Hollywood, Internet, Julie Cohen, Miguel Vaca, Mimi Leder, Movie, Vacacion

On the Basis of Sex versus Notorious RBG

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A veces siento mucha envidia de Hollywood, de su industria, de su poder de comunicación. Por un lado es que nuestra forma de hacer las cosas tan artesanalmente, sacando pecho del error y la comicidad de una línea de tiraje caprichosa, nos deja a mitad de camino para proponer, innovar, crecer; por el otro lado, no conocemos nuestro pueblo, nuestros y nuestras combatientes, nuestras líneas de defensa pero sobre todo nuestros héroes. No es mi intención en esta entrada enumerarlos pero en todos nuestros años de historia y que tan sólo por allá en la década de los 90’s hayamos tenido un programa en la tele donde nos mostraran quién es Rodolfo Llinas o Julián Restrepo creo que es patético. Mientras tanto, una que otra vez, en Colombia hemos escuchado ese sonoro y rítmico nombre: Ruth Bader Ginsburg; unos lo habrán escuchado más que otros, a veces asociado de manera inexacta pero normalmente se entiende como una figura decisiva que ha sido protagonista en Estados Unidos.

Hoy en día, existe una corriente que trata de mostrar nuestros personajes de una forma asequible a través de las novelas y eso por ahí ya es un paso; pero quién escribe la historia es quien escribe la verdad y cuando el que la escribe tiene tan poca moral como RCN o CARACOL, nuestros acontecimientos heroícos son tergiversados y los protagonistas ya no son los fotógrafos de vanguardia, los destacados neurólogos o los excelsos bailarines sino el traqueto, la gamina, el narco, el capo, el ñero, el narco, la policía corrupta, el vándalo, el muerto inocente, el narco. Una serie de personajes que, siendo parte de nuestra historia, terminan siendo los únicos que se buscan y al final lo único que se muestra.

Contrario a esa misma onda, Hollywood explora tanto lo malo como lo bueno (casi que sin juicio/prejuicio simplemente exponiendo los polos), de forma correcta, políticamente incorrecta o completamente ficcionado. Pero de una u otra forma, la gente del común supo que una chica súper empoderada se montó nada más y nada menos que en la Corte Suprema de Justicia a tratar de mediar en los casos donde había discriminación sobre la base del género.

* Sentar una gran indulgencia aquí porque más que vasto, es un grosero resumen de lo que en realidad es Ruth Bader Ginsbourg.

Al ver la peli de Mimi Leder, la realizadora que se había dedicado a la tele durante casi dos décadas y que no había hecho un largo desde la infame Deep Impact, se lanza en esta pieza llena de atracción -como su último meteorito- y trata de imprimirle todo el impulso posible, para lograr llegar a lo más profundo de esta jurista de excelsa valentía y grandilocuente poder.

Yo, estoy haciendo la entrada realmente porque primero vi las nominaciones del Oscar y en la categoría de mejor documental no podía encontrar el bendito documental RGB y terminé viendo On the Basis of Sex de Leder protagonizado por Felicity Jones, Armie Hammer y Justin Theroux. La verdad detesto a Armie Hammer pero me cae muy bien Justin Theroux y fue entonces cuando le dí la oportunidad a la pieza para entender quién era Joan Ruth Bader, su esposo Marty y su gran odisea alrededor de la defensa de la igualdad de los derechos de los ciudadanos de Estados Unidos. Un párrafo de prosopopeya rimbombante pero en serio uno se emociona con estas biopics de los gringos sobre todo cuando, en serio, la protagonista superó tantas vicisitudes con tanta tenacidad.

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Al principio, no me encajaba Felicity Jones por su cara bonita, su encantador acento y la forma en cómo encaró su personaje. Después despotriqué contra Armie Hammer simplemente porque para mí es el detestable Armie Hammer y Justin Theroux que si me cae muy bien no es que apareciera mucho. La entrada realmente iba a quedar archivada para ser revelada como anécdota en algún coctel, no demasiado elegante, al contrario, uno de esos bien informales donde la base de la conversación empieza con dos pelis, una serie y uno explora desde ahí a dónde lo llevan los interlocutores.

Sin embargo, la espinita estuvo ahí y no me dejaba tranquilo. Encontré RBG y la disfruté con emoción loca. Qué personaje es esta chica octogenaria, qué gran hombre del que se enamoró y qué conmovedor ver a su familia aún hablando de ella con los ojos iluminados y llenos de orgullo. Ahí fue cuando más mal me sentí con On the Basis of Sex y su selección de reparto a cargo de Victoria Thomas. Mi primer error garrafal y súper sexista fue pensar que una mujer empoderada, feminista y dispuesta a dar la batalla de la discriminación a todo nivel debería haber tenido otra apariencia diferente a la de Felicity Jones; Joan Ruth en sus 23 años, era una joven neoyorquina de ascendencia rusa espectacularmente hermosa. Elegante. Sofisticada. Dedicada a su hogar, su familia, su esposo y sus hijos, además con un inmenso tono de orgullo al colgar a usanza su apellido de casada.

¡Un bicho raro dentro de las rutilantes feministas!

Por su parte, Martin Ginsburg no podía ser interpretado por otro diferente a Armie Hammer. Alto, acuerpado, atlético, atractivo, inteligente, de reluciente linaje. Completamente obnubilado por su esposa y por sobre todo muy carismático; pareciera una bobada relucir este tema pero Martin era tan extrovertido como su esposa cautelosa, seria, formal y precavida. Una pareja de complementos (ambos abogados) que se potenció y se apoyó hasta que el cáncer se los permitió, viviendo juntos y felices por mucho tiempo. Una historia de hadas, donde Ruth, hija de su madre, era una dama y perfectamente independiente en la batalla de sus ideales. Esa podría ser una pequeña lección para todas las fundamentalistas que deben negar la particularidad de ciertas mujeres sólo porque van en contra de sus más recalcitrantes ideales de cómo se debe vivir la lucha contra el patriarcado.

Para entender On the Basis of Sex hay que ver el documental que es revelador en lo fantástico y brutal de esta pequeña gigante. Su sentido del humor, su sonrisa, la forma de hablar de comportarse y de ganar sus batallas. Su historia de batalla empieza desde Cornell; del entender porqué no brilló en su primer año pero en su segundo participó del Harvard Law Review; del porqué no negó que estudiar en Harvard era un privilegio pero decidió graduarse de Columbia; de cómo consiguió sus trabajos hasta que finalmente el presidente Jimmy Carter la nombró jueza del Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia y Bill Clinton la postuló para el puesto que hoy ocupa en la Corte Suprema de Justicia.

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Notorious RBG.
YOU CAN’T SPELL TRUTH WITHOUT RUTH!

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