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The King

Nunca fui un gran admirador o fanático de Timothée Chalamet y su Call Me by Your Name; al final lo que hice fue seguir mi tarea para los Oscar y descubrir porqué había sido nominada para mejor guión, mejor desempeño para actor principal, mejor canción original y mejor peli del año. Era imposible no verla. ¿Era una obligación amarla? Absolutamente no, y no lo hice. Me pareció un flan súper insípido rodeado de un almíbar exageradamente dulce que dañaba la experiencia entera.

Después pudo haber venido Lady Bird de la querida Greta Gerwig pero el regusto que siempre me quedaba es el de la estrellita divina que se va haciendo camino en Hollywood.

Bueno, empecé a leer buenas críticas de The King. No empecé a leerlas por él mismo sino porque estoy en un periodo de inquietud por lo que se viene con Batman y Robert Pattinson ha sido alabado en varios papeles, incluidos Cosmopolis (mal) y The Rover (muy bien); una nueva crítica positiva me interesaba mucho; no importa tanto si era un papel secundario, Tommy Lee Jones sacó adelante una pieza de acción y la llevó al máximo explendor con su desempeño en 1993 con The Fugitive al igual que Mahershala Ali en Green Book, Sam Rockwell en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, Mark Rylance por Bridges of Spies o pordiós J.K. Simmons por Whiplash. Todos realzando una pieza desde una parte muy pequeña, el actor de reparto, pero tan grandiosamente que permitía explorar capas y capas de la historia central que sin ellos no eran más que otro flan.

The King fue la última reseña que leí de Pattinson. Un antagonista despreciable. Humillativo. Soberbio. ¿Era posible ver estas facetas en el galán de las señoritas de Twilight? Pues sí. No lo hizo mal. ¿Lo odié? Un poquito, no mucho, eso demeritó su desempeño. Y es que he venido afilando mi criterio sobre el villano en la historia; no hay una buena historia si no hay un buen villano y sin revelar demasiado la sorpresa fue que el villano no fue Pattinson, sino uno genialmente mayor y salvo la peli; no por el mal desempeño del ex-vampiro porque realmente lo hizo bien; la salvó porque fundamentar la catarsis en un personaje tan simple y tan ‘negro’, tan plano, tan malo porque-sí hubiera sido una gran desilusión.

The King basa su historia en la coronación de Henry V como rey de Inglaterra y su pelea frente a Francia a mediados del siglo XIV. La vi por Netflix pero me llamó la atención que su director fuera mi loado David Michôd, también eso me ayudó a bajar la guardia un poco; después viendo como secundario a Ben Mendelsohn y a Joel Edgerton (además de escritor con Michôd), me hizo fantasear que el realizador había reunido a su «dreamteam» para crear algo fabuloso.

Realmente no fue ni comparado con Animal Kingdom, pero si cuando Chalamet, al principio del tercer acto, hubiera dicho “Kill ’em all” y hubiera sonado Metallica de otra cosa estaríamos hablando (para eso hubiéramos necesitado que en diseño de banda sonora hubiera estado Atticus Ross y Trent Reznor, como fabulosamente lo hacen en Watchmen)

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The Rover

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Si hay alguien de quién esperaba ver su siguiente proyecto con ansiedad era David Michôd; aquel australiano que triunfó en Sundance con su magnífica y maravillosa Animal Kingdom.

A diferencia de la mencionada pieza, Michôd lanza The Rover y aún no tiene el impacto de su antecesora. Fue selección oficial de Cannes –que me acabo de dar cuenta no tengo reseña– y se presentó en Sídney para lograr sólo una nominación en esta última. La busqué por cielo y tierra para poder vérmela lo antes posible y puedo afirmar que para los que vieron Animal Kingdom y les gustó, con The Rover no hay pierde, no hay decepción; es áspera, ruda, contundente, muy bien realizada y qué buena es la música que acompaña todo el relato.

Tan borroso como el significante del título de Michôd, la historia nos envuelve en una anacrónica anécdota de un apesadumbrado viajero que para en un rincón del desierto para tomarse un trago. La tristeza lo envuelve y parece que sólo cargara encima la ropa que lleva puesta, unos cuantos dólares australianos y su carro. Michôd que también es el escritor de la pieza nos introduce a este peregrino tan sólo con “Australia diez años después del colapso“. El desierto la escasez de gasolina, el requerimiento de los tenderos de sólo aceptar dólares norteamericanos, las patrullas de «rangers» y la aridez de sus habitantes nos hablan de dos posibilidades temporales; o es una historia en nuestra época en lo más remoto de las profundidades australianas; o es una historia de ciencia ficción, alá Mad Max, en un futuro postapocalíptico. Cualquiera de las dos opciones es válida y muy acertada, haciendo rica la pieza en vertientes, perspectivas, de nuevo significados y significantes, referentes y asociaciones. Lo que no queda claro es el ‘colapso‘ en sí; pareciera la introducción de un relato distópico, lo cual nos pone a pensar en guerras, sistemas democráticos colapsados o incluso una bomba atómica; pero también hay pistas en las líneas de Michôd que nos guían a un colapso nervioso del protagonista, una serie de eventos desafortunados con conclusiones violentas que de pronto determinaron su eterno andar, su peregrinaje sin rumbo y sin acompañantes, el judío errante. El caso es que el viajero, parqueado en este fin del mundo, se encuentra atónito cuando ve como una pandilla de malandros en frente de sus narices roba su carro, cuando el suyo propio ha dado vueltas y queda atascado en unos escombros; es entonces cuando trata de recuperarlo a toda costa; la primera opción es desatascar el vehículo en el que venían y perseguirlos en él mismo pero enfrentarlos no será suficiente; la otra opción llega de la nada, con un joven herido que dice conocer a los que robaron su carro y es cuando su odisea a través del desierto australiano empieza.

Lo interesante de ciertas palabras en inglés, como «rover», es que tienen muchas connotaciones; a veces, no basta sólo con el contexto porque incluso en el mismo entorno pueden seguir nombrando cosas muy distintas. Uno empezaría a atar cabos en esta cinta desde el título pero «rover» puede referir un carro, un vagabundo, un andariego, un nómada, un trotamundos, un perro callejero o incluso un boleto abierto. Pero reunir todos esos significados es lo que finalmente nos da la idea de trama de esta intrincada y compleja «road-movie», donde de nuevo Guy Pearce es protagonista con una gran actuación y sin dudarlo la sorpresa es Robert Pattinson que se comporta a la altura de este gran actor, con un tremendo desempeño como un joven con una ligera lesión cerebral.

Nota personal. Esta es mi primera reseña desde que nació #JAMEsSofía ❤

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@FICBAQ 2014

por Diego Taborda

por Diego Taborda

Se cierra la segunda versión del FICBAQ de 2014 y con ella nuestro viaje a Barranquilla para cubrirlo. A pesar de ver casi una veintena de piezas, entre concursantes y muestras de cine, aún nos hizo muchas pelis por ver y eso se nota en que la mayoría de las que ganaron no alcanzamos a verlas.

Agradecemos de antemano a Giuliano Cavalli, director general del festival, Samuel Lozada, su director de prensa, y Andrea Quintero, su directora de comunicaciones, por habernos permitido vivir el festival en primera fila. Estos son los ganadores:

    Mejor película de Iberoamérica

  • Los Insólitos Peces Gato (México)
    Mención especial

  • I’m from Chile (Chile)
    Mención especial

  • Songs of redemption (Jamaica)
    Mejor película de cine Colombiana

  • Don Ca (Colombia)
    Mejor película Medio Ambiente y Pueblos en Lucha

  • Canícula (México)

Además vimos en el festival:

    Cine de Colombia

  • El Faro de Luis Fernando Bottia
    Cine de otros mundos

  • Yvy Maraēy de Juan Carlos Valdivia (Bolivia)
  • Satellite Boy de Catriona McKenzie (Australia)
  • The Act of Killing de Joshua Oppenheimer (Suecia)
  • Yamamori clip koujou no atari (Anatomía de un clip de papel) de Akira Ikeda (Japón)

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The Rover

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David Michôd, el director australiano de la increíble peli Animal Kingdom, nos trae un thriller de suspenso protagonizado por Robert Pattinson y Guy Pearce que repite con el realizador.

En una salvaje venganza, el personaje de Guy Pearce obliga a Robert Pattinson para que lo ayude a ratrear el resto de la pandilla que robó su carro. En esta desesperada introducción el personaje de Pearce parece que no tiene nada que perder y por eso desencadena esta agresiva venganza.

Muy buen regreso de Michôd.

Guy Pearce (Eric)
Robert Pattinson (Reynolds)
Scoot McNairy (Henry)
Nash Edgerton (Soldado)
Anthony Hayes (Sargento Rickofferson)
David Field (Archie)

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Snowtown

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Hoy en día se ha vuelto cliché la expresión «basado en hechos reales»; lo hemos escuchado frecuentemente en las cintas de terror aprovechándose de un rumor, un chascarrillo o incluso una mentira que se agrandó y se volvió leyenda, tal vez, porque de alguna forma deja el impulso en el espectador de que lo que está sucediendo en la pantalla puede seguir sucediendo en su realidad; pero igual hoy en día, no se puede confiar demasiado en esta frase porque puede simplemente ser un pretexto para distorsionarlo todo completamente. Es tan común, incluso demasiado, que la otra vez estaba viendo una de esas parodias donde rehacen material de otras cintas y al poner la oración «basado en hechos reales» se complementaba con otro par que decían “…sólo los personajes, eventos, nombres, lugares han sido modificados para la protección de los hechos y cualquier relación con la realidad es pura coincidencia“; en este momento no recuerdo el título de la pieza -lástima- un movimiento audaz y sin embargo pasó al olvido.

Snowtown, o The Snowtown Murders como también se le conoce a la peli de Justin Kurzel, está apoyada en los asesinatos de John Bunting, sucedidos en Adelaida, una ciudad al sur de Australia en la península de Fleurieu, a finales de los 90’s. En esta ocasión hubiéramos esperado de corazón que la frase «basado en hechos reales» se hubiera referido al cliché, en vez de conmocionarnos con su espantosa realidad. Una familia maltrecha, compuesta por una madre (Louise Harris) y sus cuatro hijos, vive en un suburbio pobre de la ciudad que es, sin embargo, catalogada como la quinta más grande de Australia. La madre y los vecinos, entre ellos John Bunting interpretado por Daniel Henshall, se reúnen a discutir problemas del barrio pero su nivel de tolerancia es bajo, su ignorancia es alta al igual que su nivel de alcoholización. Lo que parece un juego sencillo de exorcizar los demonios que rodean a Snowtown para Bunting es la excusa perfecta para alimentar sus fuegos y justificarse frente a todos y actuar, en contraste con la apatía de las autoridades. El bonachón de Bunting poco a poco va tomando al toro por los cachos y empieza a dominar la situación hasta llevarla a sus más profundos límites.

Ruda como ella sola, Snowtown tiene sin embargo una exquisita narración, en parte gracias a las cámaras de Adam Arkapaw, el montaje de Veronika Jenet y la reservada composición de Jed Kurzel que combinados ponen los pelos de punta. Justin Kurzel se introduce en la familia de esta madre, y Bunting que ha logrado filtrarse, para explorar no sólo su disfuncionalidad sino además para resaltar lo descompuesta que está a pesar de las apariencias. En esa forma es muy similar a Animal Kingdom de David Michôd e incluso podrían ambos darnos cátedra de ese nuevo movimiento que explora la violencia de los suburbios australianos a finales de los 90’s.

La historia de un asesino en serie puede ser abordada como terror sencillo o físico horror con escalofríos profundos hasta los tuétanos. Justin Kurzel logra proveernos la segunda opción gracias a la espeluznante actuación de Daniel Henshall. La pieza ganó FIPRESCI y menciones de honor en Cannes, además de Chicago y casi todos los círculos independientes de Australia. En este momento, está siendo rotada por Cinemax y Netflix, y si se tiene temple de acero es bien recomendada.

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Man of Steel

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Man of Steel llega a las carteleras colombianas y al igual que en el resto del mundo ya empezó a arrasar en taquilla. Las salas están llenas, las puntos de venta de boletería a reventar y la disponibilidad en reservas es absurdamente baja. Seguramente va a ser un éxito, sino el éxito de esta temporada.

¿Pero es tan buena como aparentaba ser? Es difícil lograr una respuesta corta sin pensar en el si, no, depende. Man of Steel no puede ser analizada como un fenómeno aislado, sin relación en el contexto económico en el que se está desarrollando. Por eso los factores deben medir cada una de sus variables y al final por promedio revisar de nuevo la pregunta.

A nivel de expectativas prometidas y colmadas, Man of Steel está logrando lo que el verano pasado alcanzó The Avengers; la fórmula de Whedon fue repetida este año por Shane Black que lanzó el primer golpe al inicio de la temporada con Iron Man 3 y logró posicionarse por un buen tiempo como la primera del 2013; su reinado tiembla con el avasallador paso de Superman que, no sólo abre con una cifra significativa sino que pasado el primer fin de semana, los números la catalogan en la historia como la más grande en taquillas de junio. Esto quiere decir que en el voz a voz, la cosa está funcionando y el público está saliendo muy satisfecho de la cinta.

A nivel de pelis basadas en comics, hay un grande detrás de Man of Steel que despierta todas nuestras grandes emociones en la pieza -y no es precisamente Christopher Nolan-. Desde que el equipo del Dark Knight se aseguró un puesto en la producción de Superman, todos los cinéfilos nos emocionamos al encontrar la promesa de una nueva cinta con el desarrollo de la historia de David S. Goyer y Christopher Nolan; tal vez nos pareció una decisión muy acertada de Warner Brothers, para asegurar la calidad de Batman, poner al frente a Nolan y su esposa Emma como el equipo de técnico responsable de solucionar reparto, música, cinematografía, edición e historia. De esa forma, llegó una mezcla heterogénea de recomendados de Warner así como otros por parte del matrimonio Nolan-Thomas; pero el grande en esta pieza es definitivamente Zack Snyder como su director. Snyder ha venido armando un portafolio consistentemente de adaptaciones del comic que lo catalogan como uno de los mejores -sino el mejor- entre una gran lista de artistas encabezada por Matthew Vaughn (Kick-Ass, X-Men: First Class), el mismo Nolan (The Dark Knight), Robert Rodriguez (Sin City), Bryan Singer (X-Men, X-Men II) y Sam Raimi (Spider-Man). El miedo de los fanáticos con Snyder era que había desarrollado una forma de contar sus historias abusando del recurso del tiempo-de-bala que hubiera sido desastroso en Man of Steel; pero no sólo no aparecieron las lentísimas cámaras sino que enfrentado a su más cercano pariente, como lo es Batman, Superman llega a nuestras pantallas con una agradable frescura. Se siente nuevo, humanizado y concatenado perfectamente en el universo de Nolan y su Dark Knight, que fue realmente lo más esperado en la pieza.

Zack Snyder acaba siendo el director en una apuesta muy arriesgada, conciliada entre el estudio y Syncopy, gracias en primer plano a que Nolan no quería dirigir más comics y que el golpe ofrecido por Marvel con Joss Whedon en The Avengers causo demasiada mella. Para Warner no fue suficiente transformar las pelis basadas en comics, lograr la mejor trilogía en este campo y además volver ícono una de las figuras más importantes de DC y de los comics en general. Warner quería más, quería dominar taquillas y crear una franquicia sin límites de producción; crear un universo como el de Marvel y tener a su disposición toda una gama de historias increíbles cada una como un hito de producción versus las retribuciones de taquilla. Entre el éxito de Marvel y el río revuelto de sus derechos de explotación repartidos en tres estudios más, la respuesta era desarrollar la historia de Superman y buscar reunir una Liga de la Justicia a corto plazo. La dirección no podía ser una opción audaz, no podía ser tampoco una opción interesante, el director debía ser sólido, creativo e interesado a un plan a largo plazo. No había respuestas obvias y, sin embargo, Snyder resaltaba como la más sobresaliente.

Snyder recibió perfectamente las indicaciones de Nolan como entrenador. En el último punto a analizar de Man of Steel, a nivel del universo de DC Comics, Snyder logró contarnos una historia de un niño adoptado, dividido entre sus diferencias y los valores aprendidos, en vez de la obvia historia de Kal-El como alienígena en La Tierra. Clark Kent (Henry Cavill) es un individuo en crisis, en búsqueda de su identidad, criado en un hogar lleno de amor y con la calidad de servicio presente en cada una de sus acciones; su vida en este sentido se enfrenta a golpes durísimos de confianza en el cual está involucrado su padre, Jonathan Kent (Kevin Costner). Por otro lado, es un fenómeno adaptándose a la sociedad que constantemente lo segrega; sus aparentes migrañas y su comportamiento lo apartan del estándar y lo vuelven blanco de burlas y rumores. Un evento desencadena su ira, su frustración y su desolación para terminar deambulando por el mundo tratando de olvidar su naturaleza. La narración de toda esta etapa es sencillamente magnífica, uno de los pilares de la pieza, sin duda.

Snyder además desarrolló la pre-historia que no teníamos de Krypton, desenfundó varias raíces, creo contexto y le dio fuerza al General Zod como un personaje voluntarioso, estricto, recto y radical. Zod en esta ocasión es representado por el gran Michael Shannon, que gracias a este desenvolvimiento y en contraste con la interpretación de Terence Stamp (Superman II; 1980), no es un ser maligno, no es déspota per sé, por el contrario, se revela como un ser vigilante de su raza y preocupado de su eminente extinción. Aunque el fondo de Krypton parece ser un requerimiento de Snyder, tomar los antagónicos y demostrar sus vulnerabilidades o sus dobles intenciones, en aras de aceptarlos como seres en conflicto, ni buenos ni malos, es una característica primordial de Nolan y Goyer, y que en esta historia agradecemos porque Zod es un personaje increíble.

Shannon no es el único destacado. El juego de relaciones entre los padres de Superman y Superman es soberbio gracias a Russell Crowe, Kevin Costner y Henry Cavill. Los tres conjugan un dinamismo importante y creíble para nuestros ojos gracias a las capacidades de sus actores, sobre todo de Costner que es el pilar dramático de la historia. Pueden afirmar que Cavill no es un gran actor por lo insípido de algunas partes de su desempeño mas es porque en parte está encarnando a un súper-héroe pero uno no siente una payasada o una ridiculez armada alrededor de él; además en los duros momentos emocionales sufrimos con su mirada, sus gritos y su tono -si un actor tiene tono y variaciones de él en sus líneas durante una peli, no es cualquier fulano insignificante, es un actor con fundamentos- . Al lado de estos cuatro actores, Amy Adams, Diane Lane, Laurence Fishburne completan la cosmogonía del Hombre de Acero y ¡vaya si lo hacen bien! . De esta forma, Snyder demuestra sus capacidades como director de actores que como hemos visto en el blog, en varias ocasiones, un actor no encuentra el balance de sus capacidades -sin importar si es novato o un monstruo- porque la dirección de sus líneas no fue completa o dicho de otra forma fue huérfana de rumbo.

Cerrando un poco la entrada, de lo único que se puede renegar de Snyder es que si por un lado abandonó las cámaras en tiempo-de-bala (para bien) y las reemplazó con temblorosos encuadres, por el otro lado exageró con las colisiones, explosiones y destellos. Hans Zimmer es un gran artista, es un excelente compositor y tiene un refinado oído para determinar perfiles con sus fragmentos, algunas veces melodiosos, otras veces estridentes pero siempre característicos de los personajes. El exceso de bombazos y estallidos opacó por completo a Zimmer. Muchas personas alaban el trabajo del maestro en Man of Steel, para mi pasó sin pena ni gloria; sentí los momentos de acompañamiento de la música pero sencillamente me perdí todo el trabajo de Zimmer y es una lástima.

Se vienen las decisiones duras para Warner y ojalá que la premura de ellas o el éxtasis del buen ejercicio con Superman no los enceguezcan. Snyder afirmó que si lo requerían para realizar una Liga de la Justicia primero se debía madurar un poco más el personaje de Superman; eso quiere decir que habrá una segunda parte de Man of Steel -improbable una tercera pero nunca se sabe- para después continuar con la congregación más esperada desde el anuncio del fin de la Trilogía del Caballero de la Noche. En la cinta hay que estar atentos a las referencias de Lex Luthor y Bruce Wayne que tácitamente aparecen en la historia por medio de sus corporaciones (LexCorp y Wayne Industries respectivamente). La sensación de sentirlos cerca es emocionante, sin embargo, las impertinencias del estudio puede hacerlos tropezar fuertemente. Warner quiere Liga de la Justicia para el 2015, un lapso prudente para una buena producción pero Snyder quiere una segunda parte lo cual no alteraría los planes de Warner si el realizador saca su pieza el próximo año -¿no es esto demasiado prematuro?- para después encargase de La Liga en un periodo demasiado corto. La única posible respuesta para una agenda tan apretada es que Snyder haga una «Peter-Jackson»; que previendo las decisiones de Warner haya grabado las dos partes de una vez, se dedique a posproducción el próximo año de la secuela y a preproducción y filmación de La Liga de la Justicia en los dos años siguientes.

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The Great Gatsby

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Sería muy odioso hablar de The Great Gatsby de Baz Luhrmann sin hablar de la versión de Jack Clayton de 1974. Incluso olvidando sus dos Oscar, sus tres BAFTA’s y el Globo de Oro, como dejar de lado el guión de Francis Ford Coppola y ese reparto ridículamente impresionante (Robert Redford, Mia Farrow, Bruce Dern, Karen Black, Scott Wilson y Sam Waterston). Baz Luhrmann, queriéndolo o no, entra en competencia con uno de los íconos de la cinematografía de Hollywood y aunque se destapa muy temprano en el año, seguramente será protagonista en las ceremonias de comienzos del próximo.

Por mi lado no he leído la novela de F. Scott Fitzgerald y tampoco he visto aún The Great Gatsby de 1974. Entré completamente inocente sobre todo al transfondo de la historia, tan sólo pervertido por estos comentarios que endiosaban tanto la cinta como la novela misma.

-En el mismo orden de arriba…- El reparto es el siguiente, Leonardo DiCaprio como Jay Gatsby, Carey Mulligan como Daisy Buchanan, Joel Edgerton como Tom Buchanan, Isla Fisher como Myrtle Wilson, Jason Clarke como George Wilson y Tobey Maguire como Nick Carraway. Si el elenco de 1974 era impresionante, el de hoy no lo es menos. Y dentro de la grandilocuencia, la pomposidad y la extravagancia que naturalmente ofrece Luhrmann en su versión, cada uno de los actores ofreció en justa medida sus capacidades, en un balance melódico con la cinta.

La pieza vuelve a tomar referencias estéticas cercanas a los inicios del realizador australiano y puede deberse al simple hecho que vuelve a trabajar en equipo de escritura con Craig Pearce -con quien desarrolló Strictly Ballroom en 1992, Romeo + Juliet en 1996, y Moulin Rouge! en 2001-. The Great Gatsby es perfecta para Luhrmann, una cinta épica, de época y de romance como subgénero de explotación, con una fotografía increíble (Simon Duggan) -a la que podría sobrarle el 3D o bien podría haber un apuntador para saber dónde ponerse las gafas y dónde quitárselas porque, al final, el 3D no aporta mucho y si fue un verdadero distractor- y una banda sonora muy sofisticada con cierto tono melancólico. El realizador afirma que nunca en momentos de mayor esnobismo y ligereza de moral podría ser mas conveniente el desarrollo de esta historia. Vale la pena verla en cine y esperar a ver cómo le termina de ir en los Oscar.

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Nota personal. Como no conocía la historia fui gratamente sorprendido con los vestidos, los tocados, las luces y la parafernalia de la cinta. La novela es de 1925 y su final se conoce desde entonces. A continuación una guía para entender las relaciones de la novela a manera de infografía pero con contenido revelador que puede dañar la experiencia de la historia.

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Cloud Atlas

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Cloud Atlas es una ópereta cinematográfica basada en la novela de David Mitchell que tuvo que ser escrita y dirigida para el cine por tres personas, Andy Wachowski, Lana Wachowski (Los hermanos Wachowski) y Tom Tykwer. Claramente Cloud Atlas no es una pieza de la que uno se pueda zafar fácilmente. Por lo mismo, no es una cinta que uno pueda aprobar o desaprobar negligentemente de un solo golpe, hay que revisarla una y otra vez -esta es la segunda vez que la veo atreviéndome, sólo hasta ahora, a hacer una pequeña reseña, tratando de ser lo más profunda posible pero igualmente humilde. Debo reconocer, que aún se me escapan muchos detalles y, creería que siendo la metáfora de esta sinfonía de fondo, me cuesta mucho llegar a profundizar demasiado en toda la trama por falta de un oído más educado-.

Cloud Atlas hará su marca en la historia cinematográfica como una de las más grandes producciones independientes, muy poco posible de igualar, llegando casi hasta a los límites del delirio y la megalomanía de este par de hermanos que lograron convencer a Tykwer de embarcarse en esta empresa.

En un despliegue alucinante, Cloud Atlas entrevé la exploración del alma humana cautiva en recipientes corpóreos que moldea aleatoriamente de acuerdo a pequeñas particularidades que a través de los tiempos definen la esencia del hombre en la Tierra. Dichas particularidades perspicazmente delinean la psique de un personaje y lo hacen en apariencia diferente a sus pares pero a su vez delimitan una personalidad compleja que determina la dirección heroica o antagónica de un ser humano. -En parte, esto resume una de mis más profundas creencias y es la que todo ser humano tiene en su ser todos los ingredientes que definen la esencia de la humanidad, todos somos egoístas, mezquinos, mentirosos, celosos, vagabundos, perezosos, así como, bondadosos, tiernos, cursis, enamoradizos, nobles. Mi teoría, no iba tanto a la transitoriedad del alma y la reencarnación en vidas pasada sino que es un poco más instintivo. Cada vez que nos topamos con una persona que nos empareja, dichos condimentos salen a flote y se mezclan en una proporción única de acuerdo a esa persona. Estamos con alguien y nos sorprendemos en celos, amargura o mentiras o nos regocijamos en cariño, armonía y ternura pero al final somos espejos de lo que esa persona potenció en nosotros-.

Los críticos, la califican como un “beautiful mess” y creo no podría estar más de acuerdo. Por un lado, alrededor de trece o catorce súper estrellas se reparten más de setenta papeles. No es que esté mal pero si nos alejamos por un momento de nuestro propio asombro, setenta papeles, casi todos protagónicos, conllevan a una guerra interna donde ninguno prevalece, donde casi ninguno de los actores -a excepción de Tom Hanks, Halle Berry y Hugh Grant– logra desarrollar un personaje sino más bien cada uno tiene varios retos dentro de la producción para tener momentos de profunda honestidad en el instante en el que uno de sus papeles hace su aparición. De pronto, en la novela funciona muy bien -tengo una gran inquietud por ella gracias a la peli-, pero en la pantalla no es más que desorden y consfusión. La pregunta entonces sería en una adaptación menos literal de la novela, ¿Los Wachosky y Tykwer no debieron haber tenido un mejor filtro y eliminar personajes que contribuyeron a una mejor comprensión de las historias sacrificando la orgiástica producción que implicó la inclusión de los más de setenta personajes, en un poco menos de tres horas de proyección?

Cloud Atlas fue duramente castigada por sus colegas. Al ser una megaproducción independiente, los círculos indies no la vieron con buenos ojos y pocos, casi ninguno de ellos, la nombraron o mencionaron. En los Globo de Oro fue nominada por mejor partitura original y mejor peli del año pero imagino que no fue estrenada dentro del periodo de clasificación en los Oscar porque fue blanqueada completamente, en un acto inconcebible porque si algo tiene esta pieza es un despliegue impecable de imaginería y producción. En primer plano, la partitura compuesta por el mismo Tykwer, al lado de Reinhold Heil y Johnny Klimek es determinante y, para mis oídos, sublime. Es cierto, tal vez no sepa mucho del tema pero La Sinfonía del Atlas se siente como un narrador omnisciente durante la narración de la pieza en un delicado cortejo sobre la trama.

El segundo punto importantísimo es el montaje de Alexander Berner acompañado de una excelente cinematografía a cargo de Frank Griebe y John Toll. Este grupo de artistas logró no sólo darle coherencia a la visión conjunta de tres realizadores, en varias épocas, con diferentísimos personajes sino que además logró lo imposible: obtener una visión cohesiva de Cloud Atlas como una historia única. Gran, gran trabajo que no ha sido valorado por nadie.

Finalmente, y es el punto que más nos impresiona. Descubrir a Tom Hanks, Halle Berry, Jim Broadbent, Hugo Weaving, Jim Sturgess, Doona Bae, Ben Whishaw, Keith David, James D’Arcy, Xun Zhou, David Gyasi, Susan Sarandon y Hugh Grant actuando en Cloud Atlas no es siquiera el inicio de nuestro asombro, cuando nos damos cuenta que cada uno de ellos amasa entre cuatro o cinco papeles durante la peli que van entre diferentes acentos, diferentes fenotipos raciales o incluso diferentes sexos ahí es cuando quedamos boquiabiertos. El trabajo de maquillaje es abiertamente impresionante, es la piedra angular que sostiene todo el truco de los realizadores.

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The Raven

Una premisa que siempre me fascinó de Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez -mi pieza favorita- es que el protagonista es asesinado casi cuatro veces desde la portada hasta la primera frase del grandioso “El día en que lo iban a matar Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo“. Eso me pone a pensar a veces que aunque una buena pieza necesita un buen final, una excelente pieza puede tener un excelente final, ser revelado y aún así permanecer en excelencia.

The Raven, es un thriller intrigante, inspirado en Edgar Allan Poe y refiere su poema homónimo, que más que definir la trama, se vuelve referencia para una serie de asesinatos que ocurren en Baltimore durante los últimos días de Poe. Recito a García Máruqez y su novela, pequeña en texto pero grande en calidad, porque la peli nos introduce a Poe como un gran poeta que murió en una banca, en el fruto de su miseria y en los inciertos de su causa. Una gran entrada del querido James McTeigue que nos tiene acostumbrados a piezas de intriga y acción de alta calidad, como V for Vendetta o Ninja Assassin, y nos seduce por un lado a una pequeña versión de la biopic del poeta así como a est historia de ficción que nos permite dudar si Poe ha de morir por su miseria resolviendo el misterio o a manos del asesino que parece haberse inspirado en su obra.

El final no es muy importante y es apenas consecuente con el resto de la peli. No es la mejor cinta de McTeigue y tampoco soy muy fanático de John Cusack pero la historia y el resto del reparto hacen una buena velada.

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Sleeping Beauty

Qué gran decepción fue Sleeping Beauty. Los rumores de su baja calidad debido al poco revuelo en los festivales de Cannes y Sydney se hicieron realidad en una peli que como Paula define muy bien es “una pieza que quiso ser como Eyes Wide Shut pero que no la logra” y si partimos del hecho que la de Kubrick no es una buena peli entonces qué podríamos esperar de esta.

Obviamente, esta cinta, al igual que cualquier otra que lance la hermosa Emily Browning, será una cita obligada para mi y en esta digamos además que el público masculino podría estar más que satisfecho con sus profundos desnudos y sus encantadoras curvitas. Pero más allá de eso la peli no deja de ser un mal bostezo.

Julia Leigh para este proyecto es la ahijada de Jane Campion, ilustre neozelandesa ganadora del Oscar a mejor guión por The Piano e igualmente nominada como mejor directora para la misma peli y que ahora apoya la producción de la australiana pero digámoslo bien claro, el desempeño de Campion es más bien accidentado así como al parecer también es su criterio en la promoción de nuevos realizadores. Leigh es escritora también en esta cinta y trata de evocar un cuento de hadas de una joven y hermosa niña que es sumida en un sueño profundo por una bruja malvada, en este caso una madame de una casa de citas para que un grupo de oligarcas muy selecto y un tanto depravados aprovechen sin penetración sus desnudos sueños.

La historia se plantea muy bien y por lo mismo se generan expectativas inmediatas muy interesantes que sumados a la fotografía (Geoffrey Simpson) y la música (Ben Frost) prometen una pieza especial. Pero el nudo se demora demasiado en desarrollarse, casi que el resto de la pieza, y más que un desenlace de la trama, la escritora-directora nos pone un punto aparte en un lugar donde despertar del sueño es tan sólo lo más interesante. A mi parecer, Leigh desconoce el tema de un buen final abierto, que más que una interrupción en el diálogo propuesto por una pieza cinematográfica son unos puntos suspensivos que dejan abiertas mentes a variadas interpretaciones o finales alternativos. Leigh atenta contra el espectador mismo lo deja sumido en un abrebocas demasiado largo y demasiado corriente.

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