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Joker

Por fin podemos volver a abrir los ojos al universo completo de YouTube, Twitter, Instagram (y para los que siguen usándolo, Facebook). Por fin, está al alcance de nuestras salas de cine la peli más esperada de este año, sin lugar a dudas, para bien o para mal.

Esta reseña creo está libre de contenido revelador importante, así que tranquilidad que la idea es discutir sin tener que estropear la experiencia de otros.

Lo primero que quisiera decir es que durante todo este proceso de concepción, el más elegante de todos fue el señor Todd Phillips que se comportó como un verdadero «gentleman» y a quien desde mi anonimato le mando un fuerte aplauso y todo mi respeto; su finura para detallar el diario vivir del rodaje, la forma de interactuar con los más ansiosos, su forma muy distinguida de batallar en Venecia peleándose codo a codo con pesos pesados del cine independiente como Roman Polanski, Pablo Larraín, Steven Soderbergh, Noah Baumbach, Hirokazu Koreeda (ganador regente de Cannes), Atom Egoyan, para luego, salir campeón con su León de Oro y refortalecido a un estreno mundial.

Su frase el día del estreno: “Finalmente. Es ahora su peli“.
Le bajó al frenesí de la cuenta regresiva, los «teasers», los «trailers», los cortos, las entrevistas y ya. Una última publicación, un fotograma y silencio absoluto. Está en nosotros interpretarla.

Ahí está la esencia de esta pieza. Nos puede gustar o la podemos detestar (quién ¿? No sé. Es posible) pero lo importante es que no es una historieta más, no es una peli de superhéroes y ya, no llega al culmen del asunto con una invasión de extraterrestres extravagantes, no hay distinción de razas y superrazas, ni tiene una batalla épica de dos pueblos legendarios terrestres o espaciales; eso si es una historia exquisita dentro del Universo Creativo (no cinemático) de DC Comics/Warner Brothers, es por sobre todo un cómic de un drama humano, de un ser humano quebrado. Así su director y guionista trate a toda costa de negarlo.

Tal vez, lo pretencioso de Phillips no sea lanzarnos esa frase de cajón («no es mi pieza, es su arte») porque dentro de su aseveración hay algo de inseguridad genuina, su primer referente va a ser un mostro como Christopher Nolan -a mi parecer, nunca lo pudimos discutir porque nunca me animé a hacer una reseña completa de La Trilogía; sin embargo, los vacíos del Universo de Nolan se llenaban fácilmente con la exposición y la explotación de cada elemento de la producción, llegando a una tercera experiencia casi mediocre en todo sentido-. Entonces, lo realmente presuntuoso en Phillips es afirmar que no es una peli de género (o subgénero, como quieran). El Joker pertenece a un universo, a una realidad donde existe un hombre llamado Bruce Wayne, hijo de Thomas y Marta Wayne, asesinados en un callejón de mala muerte en Gotham y en una sociedad corrupta y putrefacta. Además es demente, impetuoso, visceral, perturbado y con una carcajada siniestra. Podemos estar de acuerdo que no se parece en nada a cualquier otro cómic de Marvel o su Universo Cinemático pero su eje narrativo, por el contrario, enlaza obras maestras de autores sinnúmero sobre este peculiar personaje. Negarlos es tratar de llevarse el crédito de todos ellos.

De acuerdo, hay un cómic de Brian Azzarello y Lee Bermejo que toman al Joker como antihéroe durante el noventa por ciento de la trama que no tiene nada que ver con esta pieza. Otro con gran protagonismo del Joker es Arkham Asylum: A Serious House on Serious Earth de Grant Morrison y Dave McKean pero de nuevo sin relación a este arco de origen. Las fundaciones del personaje de Phillips y su compañero de guión, Scott Silver, pudieran ir más de la mano de referencias cinematográficas que de viñetas. Pero no se puede tapar el sol con las manos, vamos a encontrar relación en las líneas de The Dark Knight de Frank Miller, y sobre todo en las de The Killing Joke de Alan Moore (o las ya referidas de Azzarello y Morrison) pero igual lo haremos con el Joker de Nolan porque al igual que en la versión del oriundo de Nueva York, ambas producciones estudiaron los cómix con un total respeto y vehemencia.

Uno de los grandes aportes de este par de artistas, Nolan y Phillips, se intersecta en esa misma definición del héroe en una cruda realidad, con la ventaja que Joker se permitió la licencia de una clasificación más adulta para su audiencia. Directamente significando más violencia gráfica, más líneas de contenido complejo y referencias audiovisuales más maduras/grotescas. Más «jokerianas».

Arthur Fleck es un personaje completamente anónimo en Gotham. No existe. Un ser indefenso, humillado, quebrado, un don nadie, un payaso. Su realidad obviamente desentona con la de Los Wayne por la naturaleza del contraste de la salvaje desigualdad en la que se cocina la ciudad pero lo realmente bonito de esta peli es que al centrar un eje narrativo en un personaje antagónico los demás personajes no pueden ser aún más malos, la solución más natural es que no hay persona(jes) totalmente malos o buenos, es bueno, encontrar la esencia del ser humano en cada uno de ellos porque finalmente son reflejo de lo que somos todo el resto de nosotros como su sociedad. Y así sus notas de delirio (no de reflexión) no son las de Azzarello, son más cercanas a las de Travis Bickle en Taxi Driver de Scorsese; una nobleza desencajada que termina siendo oprimida y violentada para después tomar desquite y fuertes represalias; una relación pasivo-agresiva típica de un sicópata. Sus sueños de ser comediante y alcanzar reconocimiento mediante una figura pública, si hacen parte del espectáculo televisivo de Miller en el Dark Knight pero lejos, muy lejos, si nos fijamos en las coincidencias con Rupert Pupkin de The King of Comedy también de Scorsese (que hace poco liberaron del catálogo de Netflix). Y finalmente, la esencia de la historia no está en las viñetas de Moore, la erupción del desvalido, la efervescencia de la neurosis y su proyección en una turbamulta enardecida son pilares de la crítica de Network de Sidney Lumet.

Es un homenaje a Nolan, a Hans Zimmer y a Wally Pfister desde las esquinas y de igual a igual con Lawrence Sher de director de fotografía (desde The Hangover) y con las partituras de Hildur Guðnadóttir, la chica islandesa que nos cautivó en Arrival y The Revenant.

Que si me gustó el desempeño de Joaquin Phoenix como Joker ¿? Mucho. Tanto como el trabajo de Frances Conroy, Robert De Niro y Brett Cullen más bajos en protagonismo pero con destellos de genialidad en la misma realidad y tanto me gustó el trabajo de Phoenix que cambié mi disfraz de este año y quiero intentar hacerle un homenaje en octubre. Que si me pareció este Joker mejor que el de Nolan ¿? Se tornará bizantina y no creo que tenga sentido particularmente esa discusión, acalorada, mucho, entretenida, si, pero a lo que debemos llegar es que ni podemos juzgar a quien abrió el camino (Cesar Romero), a quien le devolvió el estatu dramático (Jack Nicholson), al que nos enamoró (Heath Ledger) y que el verdadero descache es Jared Leto con un Joker vacío, simple e inofensivo. Ridículo en todo sentido.

¡Véanla en cine!
Vale mucho la pena.

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Chernobyl

Cuando escuchamos que venía una serie de HBO con los temas de Chernóbil, el interés afloró porque así como el Titánic había un halo de misterio alrededor de lo sucedido y siempre será bueno al menos tener una versión de los acontecimientos, ya que el hermetismo tanto de la Unión Soviética, como de los Estados Unidos dentro de la Guerra Fría, dejó muchos vacíos en la historia de la humanidad.

Por allá a mediados de los 80’s, cuando no tenía ni diez años y me encontraba gozando de mis últimos cursos elementales, escuchamos del evento nuclear sucedido en Chernóbil. Seguramente, una historia más en la sección internacional de los noticieros y, seguramente también, eclipsada por las actuaciones y desempeños históricos de Luis Herrera en la Vuelta a España, el Clásico RCN y el Tour de France de ese año. No supimos más. Tal vez esta versión esté endulzada o tergiversada pero es la mejor versión que tenemos.

Otra vez HBO vuelve con una fórmula ganadora. Un director excelente para toda la serie como lo es Johan Renck y Craig Mazin un apasionado que se ha obsesionado y se ha dedicado a investigar el fenómeno nuclear. Gracias a Mazin algo sabemos de Chernóbil; gracias a Renck la pieza es escalofriantemente hermosa. Las primeras expectativas se satisfacen inmediatamente cuando uno podría esperar que fuera impecable en ambiente, escenarios y diseño de producción. Lo que me dejó sin aliento fue los primeros expuestos a la radiación; paralelo a la narrativa, tipo crónica de los hechos, se describía la patología que iban a sufrir los empleados de la planta y los bomberos (eventualmente los pobladores de Prípiat, la ciudad más cercana a Chernóbil); sus heridas, su transformación, el ojo de su tormenta y el deceso se detallaba con cruenta frialdad; luego estas perso​​nas expuestas y quemadas, como zombis, mostraban un maquillaje escabroso -en la vida real debió ser espeluznante- pero en décadas de cine y audiovisuales fue lo más cercano a Brundel Mosca, la más grotesca imagen del duque David Cronenberg.

Definitivamente esta serie va ganar todo en Los Emmys, en Los Globo y en todo lo que se le ponga encima (1) porque habla de los rusos, los descalifica en la raíz de sus mentiras y su idiosincrasia (2) porque habla de los rusos y eso le conviene a los Estados Unidos con todo este poder que ha desatado recientemente el gobierno de Putin (3) porque habla de los rusos (4) Johan Renck logró imprimir ese olor a viejo, a añejo, al verde de las vendimias, ese nostálgico relato en ese ambiente enrarecido (5) porque Mazin tuvo una excelente historia contada en tan sólo cinco episodios y que, lejos de un tibio final àla Game of Thrones, Chernobyl se incendia como el núcleo del reactor número cuatro y (6) me voy a tomar un parráfo aparte para decir que esta serie es superior a mucho de lo visto esta temporada gracias a Jakob Ihre.

Johan Renck, imagino, trajo un equipo de colaboradores escandinavos porque quería trabajar con gente de confianza y/o porque requería el trabajo de profesionales que justamente por su entorno era los que mejor conocía; también pudo ser que la Península Escandinava, así como parte de Polonia y Alemania Oriental -según Deutschland ’86– son de las primeras zonas donde el enrarecido y contaminado aire de Chernóbil empieza a sentirse, entonces es también parte de una historia que los afectó como nación. No lo sé. Tampoco los conocía. Lo que ahora si sé, es que este señor: Jakob Ihre, cinematógrafo sueco tiene un potencial impresionante. La fotografía verdosa, los encuadres y la luz hacen de esta miniserie algo sin competencia. E.g. los «glares» son una serie de manchas brillantes aportadas por la lente de la cámara cuando hay luz directa, son tan incómodos en algunas piezas, y para algunos directores, que los hacen quitar a punta de edición o son tan atractivos para otros que los adicionan también a través de filtros y efectos de composición en la posproducción; en uno de los momentos de mayor crisis, una de los personajes se encuentra en Moscú y la cámara empieza a darle vueltas y entran en cuadro los glares de la ventana y sigue dando vueltas y los glares empiezan a parecer como «flashes» y cuando termina el movimiento de cámara, acompañado por una musicalización muy rítmica y agobiante (Hildur Guðnadóttir), sentimos un leve mareo; el mareo no es más que una anécdota para nosotros pero nos compenetra con los fogonazos de radiocatividad que vivenciaron los protagonistas, una puntuación más allá de lo sutil pero con una suprema finura.

Uno de los detalles más obvios por los cuales llama esta miniserie la atención, como casi todas las producciones de alta calidad en HBO, es su reparto. Jared Harris interpreta al héroe de esta tragedia griega interpretando a Valery Legásov, el único soviético capaz de poner los puntos sobre las íes en esta hecatombe y las cargas que esto supondría en ‘un sistema que debe humillarse obsesionado para que no lo humillen‘; pero al lado de él, Stellan Skarsgård y Emily Watson; quién no amó la química de estos dos en Breaking the Waves y después de Jon Hamm, ¿no era Harris el predilecto en Mad Men? Este trío da una dosis de interpretaciones que nos ponen los pelos de punta, nos erizan la piel y nos quitan la silla cómoda de espectadores; gracias a ellos entendemos la dureza de cada decisión y lo afilada que debe estar la mente en una emergencia de estas proporciones.

Aún me parece loco que se siga pensando que la energía nuclear es una energía limpia. Aunque directamente los evangelizadores de este tipo de ejercicios pueden tener razón, mientras la danza invisible perfectamente acompasada del uranio, el boro, el xenón, el agua y su vapor funcionen, pero indirectamente los eventos de Chernóbil o Fukushima deberían bastar para vetar el resto de estaciones nucleares en el mundo. Siempre habrá campo para un error humano, una calamidad o un imprevisto del cual la factura se le pasará al planeta, las futuras generaciones o incluso a la humanidad entera.

Recientes avistamientos de flora y fauna silvestre en Chernóbil y Prípiat indican que el buen trabajo de los científicos soviéticos para contener y limpiar la zona de 2.600 kilómetros cuadrados a la redonda de este holocausto dieron resultado. Sí se limpió y sí se contuvo lo suficiente y ya hay un renacer de la naturaleza en este ambiente inhóspito. Se demuestra de todas formas que somos una plaga. Que somos más tóxicos que el uranio y sin embargo el planeta sigue creyendo en nosotros y nos sigue dando oportunidades.

Nota personal: * Spoiler alert * Estaba embarazada!! 😮

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The Favourite

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Dos preguntas se me vinieron a la cabeza con esta pieza, a priori y ad portas de la sala de cine; la primera de ellas es porqué se habría de interesar un realizador como Yorgos Lanthimos en una pieza de época británica; y despúes de haber visto la peli, justo antes de salir, cómo hizo este señor para encontrar una historia tan alocada y que funcionara en su propio universo; ese universo de Kynodontas, Alpeis, The Lobster y The Killing of a Sacred Deer.

Ya lo revisamos.

Alpeis cierra la ópera prima de Lanthimos, después de la inigualable y genial Kynodontas; cierra este ciclo de pelis excéntricas, estramboticas y estrafalarias, no en el sentido de Jean-Pierre Jeunet sino más bien por el lado de los «dogmáticos» daneses y el ingenio de Kubrick, con una posición casi contestataria hacia lo que es considerado normal y de cómo se puede tergiversar fácilmente. Mucha gente lo asocia con Gaspar Noé o Lars Von Trier, provocadores de profesión que publicitan sus esfuerzos de esta forma; pienso que Lanthimos tiene su esencia en sus venas, tendrá algo de alborotador y de chocante pero en equilibrio con su propio ingenio, no como parte de un ardid sino evidente y natural, casi que es su forma de ver el mundo.

Esta tripleta por característica trivial está hablada en griego y hago énfasis en lo ‘trivial’ porque de aquí en adelante Lanthimos se arriesga a producciones de mayor presupuesto, con actores de mayor renombre y todas ellas habladas en inglés pero más a un nivel anecdótico, su sustancia permanece inalterada. Ya había trabajado con Colin Farrell -dos veces-, con Nicole Kidman y para The Favourite logra armonizar tres grandes fuerzas de la actuación: Olivia Colman (que finalmente recibió nominación y Oscar por este desempeño), Rachel Weisz (ganadora del Oscar pero nominada por este desempeño) y Emma Stone (también ganadora del Oscar y nominada por este desempeño).

Vamos a decirlo claramente, el «bait» para este año eran historias de mujeres protagonistas. Widows, The Wife, Mary Queen of Scots, If Beale Street Could Talk y la misma Roma son unos ejemplos propios de esta afrmación y por ahí creo que le empieza a picar la mosca la oreja del griego. Una historia de la primera reina del Reino Unido que tuvo como consejera a Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough, pasando de confidente a amante (por aquí ya hay veneno metido en el sien de Lanthimos) y como último ingrediente, el picante de Abigail, que llega a palacio como criada de Sarah pero escala a consejera de la mismísima reina; es decir, un triángulo de amor por el poder del imperio. Desde la primera escena, hasta el inicio del primer acto (así como los polvos de Bigas Luna en Las Edades de Lulú), sabemos que la pieza va a estar enlodada de picardía, ridículo y «grotesque», que Emma Stone no tiene nada de santa y que su papel se va a refugiar en una zona lejos de su confort.

El perfil de esta reina batalla entre mantener la cordura y regir Inglaterra. Su tío muere, su padre abdica, su cuñado muere, al igual que su hermana y cuando ella termina siendo reina, ya viene enferma y obesa; tuvo gota y diecisiete embarazos, de los cuales no sobrevivió ni uno de sus hijos; su cónyuge muere y gobierna solitaria. Un estado mental quebrado y fácil de persuadir.

Ya es una locura la cita y, en serio, que buen equipo de investigación para conseguir el detalle y la minucia. Lanthimos y Robbie Ryan (Director de Fotografía) se lanzan entonces en una serie de planos descriptivos, costumbristas, con movimientos de grúa, contrapicados y ojo-de-pez; una sensación rara de una perspectiva retorcida que cala sobre eventos de la misma trama que no son para nada comunes (e.g. el señor masturbándose en el carruaje estrujado entre damas y caballeros e infantes).

Luego, en cámara lenta, escenas de una fútil carrera de patos en pleno de una sala de la corte, con sus nobles desdibujados por el furor de las apuestas, lo mundano y el licor; quizás aquí quepa otra daga de Lanthimos a sabiendas que el apoyo del reino es hacia los «Tories», ala derecha de los partidos; su frivolidad y enriquecimiento o derroche determinó la ausencia de capital en las arcas justo en plena época de guerra.

Podríamos seguir, escena por escena, acto por acto y lograríamos disectar una pieza exquisita a todo nivel (vestuario, maquillaje, dirección de arte, montaje, cinematografía) que fue reconocida en los Oscar como una de las favoritas para vencer en la velada.

La buena factura contrasta con el desparpajo de sus protagonistas -incluso su afiche promocional más conocido es muy diciente- y el desarrollo de cada uno de sus personajes, siendo realmente maestro el de la Colman con una Ana que llega a ser déspota, grotesca y hasta cierto punto inútil cuando su enfermedad agrava en profundo dolor y escala a niveles de obesidad morbosa.

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Recuerdo que fue de las primeras pelis que vi en sala después de mucho tiempo, por la temporada de premios que se avecinaba y recuerdo el placer de salir satisfecho de una pieza de cine completa.

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A Girl Walks Alone at Home

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Es raro hablar por estos días de pelis que no estén concursando en los Oscar pero es que pocas veces se puede tener acceso a cine independiente de tan buena calidad como A Girl Walks Alone at Home de Ana Lily Amirpour. Yo tuve la oportunidad de verla a través de Netflix pero se puede aprovechar en este momento que se encuentra en rotación de salas alternativas en Bogotá.

La anglo-iraní (residente en Estados Unidos) ha hecho su portafolio cinematográfico a partir de cortometrajes de serie B que le fueron armando su fama no sólo de realizadora alternativa sino incluso la empiezan a comparar con Quentin Tarantino. Ciertamente, esta pieza empieza primero como un corto en 2011 que gana mejor cortometraje en el Festival de Cine Iraní de Noor y eso le da impulso para que tres años después se anime a hacerlo largo. Su carrera al reconocimiento empieza su recorrido por Sundance donde levanta las miradas de la crítica, luego recorre –entre otros– Ohio, Londres, Dublin, Glasgow, Sitges, Los Fangoria, Los Gotham y completa su travesía con las nominaciones de mejor ópera prima, mejor cinematografía y “Alguien a Quien Echarle un Ojo” en Los Spirit del año pasado.

Y claro, es un filme de vampiros, pero sobresale su narración, su fotografía en blanco y negro y su juego de planos llenos de exquisito erotismo. La primera vez que escuché de este filme, me llamó la atención la esencia de su materia y el origen de su realizadora. ¿Cómo podría ser el enfoque de una iraní sobre la temática de vampiros? La respuesta es una peli llena de una profunda elegancia, evocando el periodo clásico del género, y una actitud contestaria metaforizando al ‘chupasangre’ en un régimen despótico como el iraní. Ella, su capa y su desplazamiento en patineta le meten picardía y genialidad al planteamiento de una mujer que lejos de ser caprichosa quiere explorar su sensibilidad reprimida.

A Girl Walks Alone at Home se suma a Låt den rätte komma in de Tomas Alfredson y Bakjwi de Park Chan-wook pelis que se resienten de la lamentable comercialización del vampirismo de Twilight o Vampire Diaries y que con ingeniosos giros se vuelven clásicos instantáneos en el género. Estas tres, sumadas a The Hunger y Bram Stoker’s Dracula hacen parte fácilmente de mi top 10 de Vampiros, y claro está, no me olvido de los Dráculas de Christopher Lee y Bela Lugosi o la tripleta exquisita de Nosferatus de F.W. Murnau, Werner Herzog y E. Elias Merhige (Shadow of the Vampire). Veremos cómo continúa su proceso Ana Lily Amirpour ahora que se lanza en su siguiente proyecto con una de caníbales.

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El abrazo de la Serpiente

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Hace mucho no iba a cine y escribía una entrada. Hubiera podido hacerlo con Spectre o con Star Wars pero aunque realmente no hubo tiempo para hacerlo –de pronto lo haga posteriormente– ¿qué mejor excusa que volver para hablar de la peli de Ciro Guerra?

Finalmente, después de todo el «boom» causado por Cannes el año pasado, Ciro Guerra presentó su tercer largo en el país llamado El abrazo de la serpiente. Cannes en ese entonces lo laureaba en la categoría escogida por la Confédération Internationale des Cinémas d’Art et d’Essai, que podría ser catalogada como una de las más importantes para el cine independiente porque trata de protegerlo de la gran industria y los feroces estudios que inundaron el festival. En ese entonces las salas colombianas estaban agolpadas y mis tiempos personales no eran los mejores así que la dejamos pasar para poder ver la bellísima La Tierra y La Sombra de César Augusto Acevedo. Meses después, lo jamás logrado por película colombiana, El abrazo de la serpiente es nominada en la categoría mejor peli extranjera tanto en los Oscar como en los Spirit y otra vez las salas se llenaron –pero esta vez si la logramos–.

El abrazo de la serpiente tiene tonos míticos, basados en su anacronismo narrativo. La historia tiene orígenes claros a principios del siglo XX, en una de las últimas expediciones del etnólogo Theodor Koch-Grünberg, revive épocas alrededor de 1950 cuando el botánico Richard Evans Schultes revisa los pasos del germano y nos recrea la historia más contemporánea de Wade Davis (One River) que nos explica como tanto el etnólogo y el botánico por diferentes motivos buscan con fe ciega La Yakruna. Son tres momentos diferentes tanto en la historia como en la experiencia del espectador y sin embargo todas están unidas mediante Karamakate, un cohiuano errante que se considera un chullachaqui (cascarón vacío) que durante dos generaciones intentó ayudar al hombre blanco a conseguir la Yakruna. Su mensaje cercano a la leyenda de Plutarco, es que el hombre blanco se ha adentrado en su selva varias veces, miles de veces, para entender los secretos de la Yakruna y sin embargo se refiere a Heráclito cuando evidencia que no son varios hombres blancos sino uno solo tratando de atravesar el río pero ni el río es igual, ni ellos mismos tampoco.

El abrazo de la serpiente es un llamado a romper ciclos, durante lunas y lunas, durante años de años, durante varios movimientos mágicos del cielo, donde hemos cometido consistentemente el mismo error, repararlo requiere de nosotros no sólo disposición sino determinación para cambiar nuestros más arraigados paradigmas. El héroe de la historia es un individuo solitario pero es también un semidios donde recae el último resquicio de conocimiento del caapi de Yakruna. Es Prometeo. Su misión pareciera proteger ese saber del hombre blanco pero si algo tiene de «road-movie» esta peli es que al final de su travesía, el conocimiento del viaje es lo que lo hará trascender en su destino. La Yakruna es una rara orquídea y una planta sagrada entre los cohiuanos que les permite comunicarse entre ellos a través de kilómetros y kilómetros de selva mediante un trance de Ayahuasca. Koch-Grünberg la buscó para salvar una malaria, Schultes vió un camino más documentativo para que este conocimiento prevaleciera y logró identificar entre varias plantas que incluyen la Yakruna (Psychotria viridis) y la Chaliponga, los ingredientes con los cuales los cohiuanos arman el Caapi (Ayahuasca).

Si me preguntan quién es la persona más influyente en el cine colombiano, yo diría que Dago García y sin remordimiento si me preguntan quién es el que ha desarrollado e impulsado el incipiente negocio del cine en Colombia, vuelvo y repito Dago García. De esa labor, ha nacido un personaje tan especial como Ciro Guerra que no sólo ha esculpido la mejor de nuestras tendencias cinematográficas sino que al igual que Dago García, se permite producir piezas interesantes y aún más independientes que las suyas propias. Gracias a ambos, esperamos que esta incursión en el reconocimiento mundial de nuestro cine, no sea una anécdota sino el inicio de nuestra industria. Para bien y para mal.

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Calvary

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Cuando escribía la reseña de The Guard, del director John Michael McDonagh, enfatizaba las pocas veces que Brendan Gleeson se había hecho al protagónico de una peli. Acompañado del mismo realizador, repite protagónico e interpreta a un sacerdote de una pequeña parroquia irlandesa que recibe una amenaza de muerte de una voz que no reconocemos en su confesionario. Las causas para tal agravio son explicadas al detalle e injustas, o no, se dicta la sentencia.

«Calvario», para los que no saben, es el monte a donde fue guiado Jesús para su crucifixión; se usa coloquialmente para enmarcar la cruz que se carga en el destino hacia una meta, el dolor, la redención y la expiación de los males que lo atañen.

…puedo decirle cuando uno se está haciendo viejo… Cuando uno deja de escuchar la palabra muerte de la boca de la gente que lo rodea…”. Con esta clase de líneas, un tanto profundas y otro tanto irónicas, Calvary de 2014 se desarrolla entre lo bucólico de esta alejada parroquia y el pequeño thriller de suspenso que nace cuando vamos investigando quién es el perpetrador de la sentencia. Rondando el final del tercer acto, el Padre James (Gleeson) habla con su hija –en la trama se resolverán los detalles de esta particularidad católica–, y entre cuestiones de Catecismo 101 se desenmaraña, no el desenlace de la cinta pero si el porqué: “…una de las virtudes que ha sido más subvalorada es el perdón” y es esa última palabra la que suspiramos cuando todo se diluye en negro al final.

La actuación de Gleeson y las líneas creadas también por McDonagh desembocan en una estimulante pieza de emociones fuertes y ritmo calmo. Gleeson impecable recorre los pasos del Calvario, pareciendo que va del cielo al infierno, en sus cuestionamientos. La pieza es genial y el desempeño de Gleeson logra eco en los British Independent y, obviamente, los Irish Film and Television Awards súper merecidamente.

Nota personal. Entre las picardías de las líneas escritas por John Michael McDonagh una que me llamó mucho la atención es cuando Fiona (Kelly Reilly), hija del sacerdote, juega con las palabras “padre” y “papá”, dándole sentido a la conversación que sostiene con él, cuando se siente alejada o cuando se siente conmovida (respectivamente). Pareciera un ir e venir muy personal de la relación del director con la iglesia católica donde no puede definir qué juicio tomar frente a ella. Ahora bien, extendiendo su audacia y volviéndola picardía, invita al mismo juego al mismísimo hijo de Brendan Gleeson, Domhnall Gleeson (About Time, Ex-Machina), donde se reafirma el divertimento pero ahora con connotaciones naturales.

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Auteur, César Augusto Acevedo, Colombia, Drama, Folk, Indie, Miguel Vaca, Movie, Romance, Storytelling, Vacacion, World

La tierra y la sombra

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Después de no asistir a una sala de cine, hace muchísimo tiempo, pasé la primiparada de ir con unos pocos minutos de anterioridad para comprar los boletos y no encontrar sillas disponibles. Es una peli colombiana –pensaba–, hoy nadie va a cine –pensaba–, comamos antes de la peli –decía–. Y qué ingenuo pensar de mi parte que la sala de cine no iba a estar llena, si la peli colombiana en cuestión fue «la que ganó algo en Cannes» y nosotros con nuestro parroquialismo no le creemos a los nuestros pero si le comemos mucho a los grandes festivales. ¡Obvio que iba a estar llena y ojalá siga así por muchas semanas! Finalmente, nos desplazamos a otros cinemas y con mayor cautela logramos una función posterior pero de nuevo con una sala llena 😉

Si, este año, César Augusto Acevedo y su La Tierra y la Sombra concursaron oficialmente en El Festival francés en su versión 68 y La Caméra d’Or –premio a la mejor ópera prima que Don Mauro Rivera me ayudó a entender–, una de las distinciones más grandes que hemos recibido del festival en toda nuestra historia cinematográfica. Algo parecido tan sólo nos había sucedido unos años atrás cuando Diego F. Jiménez colaboró con Carlos Moreno en Todos Tus Muertos y ganaron mejor cinematografía en Sundance.

Debo reconocer que para mi el premio de La Cámara de Oro, era una distinción a la cinematografía de Mateo Guzmán y, por eso, al igual que con la peli de Moreno, mis ojos se posaron en los encuadres, las luces, los movimientos de cámara, los usos de tal lente o los desusos del otro y sin lugar a dudas es una pieza exquisita en ese sentido. Sin embargo, la historia, es atrapante, es bella y desgarradora, no es sólo fotografía. Las penumbras de Guzmán ejemplificaban un relato oscuro contrastado con personajes que se nos iban presentando con puertas abiertas que encandilaban nuestros ojos acostumbrados ya a la oscuridad del recinto. No hubo necesidad de su contexto o el detalle del porqué este se fue o porqué esta lo echo, lo que verdaderamente importó es que a pesar de nuestros hechos, de nuestros errores, sin importar las culpas y los arrepentimientos, somos seres humanos que vivimos el presente y, más aún, cuando se trata de nuestra familia no hay orgullo o dignidad respondemos y hacemos lo que nos toque hacer para cuidarlos y protegerlos.

Don Alonso llega a una finca polvorienta, en algún recóndito azucarero del Valle del Cauca; allá donde la caña se da bien dulce igual que su cine. Este campesino de bigote y sombrero de paja blanco, puede tener unos 60 o 70 años, es flaco pero macizo, sus músculos magros demuestran trabajo y su rostro refleja una grande pena. En la finca le abre Manuel, un niño de seis años que le pregunta que si es el abuelo. Se presentan. Sigue la escena y en un cuarto con todas las ventanas cerradas se encuentra Gerardo, su hijo; tiene un respirar forzado y cadente, no hay nada en el ambiente musical que nos acompañe en este momento, el silbido del pecho de Gerardo llena el cuarto y se extingue para que él mismo pueda presentarle a su nuera, Esperanza; las ventanas no se abren para que no entre polvo o ceniza. Pasan las horas y nadie habla. Gerardo se duerme y Don Alonso cuida su sueño en silencio y en la profunda oscuridad de este claustro.

Se sirve la comida y aparece una sombra en el comedor que no da la cara. Es Doña Alicia. Un tono amargo y un aura llena de rencor reconviene a Esperanza, le exige que no le pele el diente a Don Alonso y que le diga las cosas de frente. “…Dígale que venga a comer, que yo no tengo porqué esconderme en mi propia casa…“. Quién sabe que le hizo pero esa mujer está brava. Al llegar Don Alonso al comedor, Doña Alicia lo trata con desprecio mientras le dice las labores de la casa, él asiente resignado y sumiso, ella se despide con un “lave la loza cuando acabe” y desaparece.

Momentos de tensión, como la presentación de los personajes, abundan en la pieza de Acevedo. Su descripción, a veces contemplativa, otras veces displicente y otras veces cargada de profunda violencia, nos relata la vida de una familia que ha sobrevivido a la escasez y se refugia en los cañaduzales como última esperanza de conservación. El día a día, se les va en barrer y limpiar las hojas, hacer arroz y comer arroz. Nos hablan de ceniza y quemas de fincas cercanas, vemos el diario trabajo de los jornaleros que con sofisticados machetes cortan unas cañas hollinosas y pegachentes pero nunca podemos imaginarnos la bendita quema hasta que aparece imponente en pantalla. Un instante desgarrador que nos sacude del asiento y nos arranca lágrimas como el machete silbándole a la caña en el campo. El positivismo es una corriente filosófica que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico; en metodología histórica, el positivismo antepone fundamentalmente las pruebas documentadas; en parte, la narración de Acevedo puede ser un ejercicio periodístico positivista, un documental, que doloroso va contando la rutina de esta familia de una «manera objetiva» –el objetivismo no existe en el periodismo, siempre la verdad es una versión del periodista–; esta forma de presentarnos su caso tan sólo es interrumpida por el chasquido de unos cascos de caballo que se encuentra atrapado en la casa y es liberado por Don Alonso para que pueda galopar tranquilo y libremente afuera; un paréntesis, un sueño, una licencia del director para cambiar el ritmo y explorar nuestra percepción como auditorio. Lo que galopa y huye, finalmente como sema, puede ser lo que quiera interpretar el espectador; personalmente, creo que el galopar del caballo es la vitalidad de Gerardo pero también puede ser su dignidad, su autoridad o su posición de respaldo en la familia. Sea lo que sea, Don Alonso lo encuentra arrumado en el desorden de la casa y es uno de los bienes a los que se aferra en su visita.

Los actores, a diferencia tan sólo de Marleyda Soto que ha tenido experiencia en teatro y otras piezas de cine, son naturales. José Felipe Cárdenas, Hilda Ruiz, Edison Raigosa y Haimer Leal nos recuerdan que una historia es verdadera sólo si se la creemos a sus protagonistas y el dolor de sus poses no dejan duda alguna que esta familia desquebrajada en medio del campo vive un calvario silencioso y volatil como un campo lleno de caña a punto de ser cosechado.

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