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Leviafan

En la teoría del cine se afirma que cuando se pone un plano y se hace corte a otro plano, la mente automáticamente empieza a elucubrar una historia. P. ej. un carro en una autopista, un aviso de desviación al aeropuerto y un avión despegando dan la alusión a que el héroe de la historia va camino al aeropuerto y se despide de la locación actual porque se va a otro lugar lejano en vuelo de avión; en el mismo ejemplo, si el plano es de un avión aterrizando, la historia podría ser que el personaje ya no es el héroe de la historia y que va al aeropuerto a recibir a alguien.

Obviamente, como el cine no es un lenguaje sino un sistema subjetivo de entendimiento de semas, la interpretación de cada relación de planos queda sujeto a la individualidad del espectador. Esta es una concepción clásica de la narración cinematográfica y ha venido cambiando con la nuevas formas de expresión audiovisual contemporáneas pero por eso mismo es que se tiene tanto cuidado en los saltos de eje o saltos de continuidad que alteran una interpretación natural en el espectador. En el caso de la pieza de Andrey Zvyagintsev: impecables.

Cuando uno empieza a ver Leviafan y se siente esta narración clásica en su historia, empieza uno a ponerle más cuidado a los dedicados planos y la exquisita fotografía, en paralelo a la trama de estos monstruos marinos en alguna localidad de este paisaje ruso, norteño y ártico. Al hacer este ejercicio, el antagónico alcalde rige un pueblo de monstruos, en otrora marinos como ballenas o soviéticos, hoy en día políticos de una república gobernada por Vladimir Putin. Y si, detrás de ese plano de Putin lo que suena es Pussy Riot, un punto lo suficientemente crítico y político para expresar el descontento a esta burocracia carcinógena que consume a su patria natal.

«Leviatán», de todas formas hace referencia a la leyenda bíblica de Job cuya fé es puesta a prueba por una serie de tormentosos e inacabables agravios. En este caso Job es Kolya. Un mecánico de gustos sencillos, curtido por el clima del entorno que lo rodea y las botellas de vodka que consume a diario. Al final me hizo falta un epílogo de quince años después y un gran fuego pero no lo tuvimos porque el final es abierto y a diferencia de la referencia judeo-cristiana, el desenlace de Kolya es incierto y queda guardado en nuestros corazones.

Nota personal. Dentro de los planos, se destacan unos muy plásticos, como por ejemplo el del esqueleto de la ballena encallada en la costa pero mi favorito es el de Lilya, la mujer de Kolya dentro del bus en su ruta al trabajo. En este plano, se describe un bus lleno de mujeres, cada una con su historia, reflexionando en su vida y sus sueños truncados; el plano termina con Lilya; sobresale en el plano por su juventud, su belleza y su moretón mirando al infinito; se sobreentiende las dimensiones sexistas de este pueblo que incluso incluye a Kolya, donde sólo las mujeres se montan en bus, no tienen carro y es permitido o normal la agresión física a la mujer. Pan de cualquier día en un pueblo de borrachos. Pero también lo bonito es que los personajes maniqueístas no enseñan sino que aleccionan, de alguna forma dan cantaleta y uno como espectador no se relaciona con ellos. Cuando un personaje tiene fallos, no es completamente bueno o malo, la experiencia se hace real y cercana. Kolya es trabajador, hogareño y de alguna forma tranquilo pero también es víctima de la explotación política, le es robado todo en absoluto pero al final también es un borracho, sexista y explotador.

Hell or High Water

04/03/2017 1 comment

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La primera vez que me topé con David Mackenzie fue en una peli de Netflix llamada Starred Up; llegué a ella porque era protagonizada por Ben Mendelsohn y la verdad yo veo todo en lo que actúe este prodigio australiano desde que vi Animal Kingdom; Starred Up tiene la connotación de “subir de categoría” o “ascenso” y la lógica de este nombre es porque la trama de la peli trata sobre un niño que estaba en detención juvenil y es llevado a una cárcel de adultos por cumplir su mayoría de edad; en realidad es un niño muy peligroso y violento, su llegada a esa cárcel tiene todo menos ser fortuita, su padre cumple condena perpetua y la única forma de acercarse a él fue a través de su carrera criminal. Súper recomendada. Aún está en el catálogo de Netflix de este mes para los interesados.

Asi es que después de investigar un poco, Hell or High Water no es el primer rodeo del escocés.
Y se nota. Las actuaciones en Starred Up son muy buenas y la producción, en general, de Hell or High Water es de muy alto nivel.

Hell or High Water es un «western» contemporáneo, con muy buen trabajo del director sobre por Chris Pine, Ben Foster y Jeff Bridges que incluso logró nominación como mejor actor de reparto. Y, aunque no ganó nada en la noche de los Oscar, la peli estuvo también estuvo nominada a mejor producción del año, mejor montaje y mejor guión original.

La historia está contextualizada en lo profundo de Texas. El desierto –aunque hay locaciones físicas obvias– se evoca en la desolación de la recesión económica que tiene a sus habitantes con la soga hasta el cuello. Los bancos son los que están aprovechando el festín que queda, parece que estuvieran pescando con dinamita en el sentido que están arrasando con los recursos sin importar quién sobrevive. Estos, los bancos, se encargan de hacer préstamos, pequeños o grandes, no importa, lo que importa es que el ranchero se aferre a una deuda que con unos intereses altísimos, no sea capaz de pagar y así hipotecadas las propiedades se pierdan en el resultado del préstamo. Es allí cuando aparecen Toby (Chris Pine) y Tanner (Ben Foster) Howard, un par de hermanos herederos de un gran rancho, cuya madre dejó caer en hipóteca mediante un préstamo miserable al Texas Midland Bank; dicho préstamo está a punto de expirar y de no cancelarse en una fecha límite y próxima van a perder todo; este par de hermanos, cobrando justicia poética, empiezan a asaltar las sucursales del Texas Midland Bank en pueblos de bajos recursos, baja población y bajo perfil. Los conciudadanos, ni los apoyan, ni los delatan, les parece cómico que le estén robando plata como en otrora y a usanza del Lejano Oeste a estas víboras chupasangres. El plan funciona a la perfección porque la ley, no llega hasta estos confines, sin embargo, un empedernido comisario se siente desafiado, entiende el plan, el cronograma y se sienta a esperarlos en una locación que prevé es el siguiente golpe.

Las leyes del «western» empiezan a aflorar en cada acto de la pieza. El banco, los ladrones, el comisario, el «saloon», el duelo al mediodía, los habitantes del pueblo fantasma y de nuevo el desierto. Es una historia bien narradita, emocionante, tirante, graciosa y con una actuación impecable de Bridges; para mi este actor había tenido mejores actuaciones que la de Crazy Heart e incluso su desempeño mejoró después de haber alcanzado la estatuilla, destacando aquellas en las que el género es el de vaqueros y condenando definitivamente R.I.P.D. que es un huesazo.

Nymphomaniac: Volume II

[Continúa]
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Es preferible que si no han visto la primera parte de Nymphomaniac, no vean la segunda parte –mejor aún que ni siquiera lean esta entrada en absoluto–. A diferencia de muchas otras secuelas, Von Trier realmente pensó su pieza como un todo y no como un juego de volúmenes más fácilmente comerciable. Esto da pie para que la peli abra con una exculpación o un descargo de responsabilidad bastante peculiar que, por lo anteriormente explicado, puede ser tomado como una justificación comercial del distribuidor o una simple jugada de manipulación de Von Trier.

Joe (Charlotte Gainsbourg) nos ha venido relatando la historia de su vida, en un afán por confesar sus pecados y absolver sus culpas; Joe es una mujer entrada en sus cuarenta años que desde muy joven experimentó una vertiginosa serie de aventuras sexuales que profusas fueron desencadenando una patología y evidenciando un síndrome. La patología es la de convertirse en hipersexual y el síndrome el de la pérdida total de sus orgasmos.

El desenlace de la obra se autodivide también en tres capítulos “The Eastern and the Western Church (The Silent Duck)”, “The Mirror” y “The Gun”.

La trama continúa con el matrimonio en conflicto que sobrellevan Joe y Jerôme (Shia LaBeouf), quienes se definen enamorados, voraces en apetito sexual y embarazados de Marcel, un hijo completamente inesperado para Joe quien a su vez experimenta una insatisfacción sexual por la desconexión de sus órganos sexuales con su libido; Jerôme más que preocupado por la insatisfacción de su mujer le sugiere que busque experimentar con otros hombres que la ayuden en la búsqueda y consecución de esa satisfacción; de esa forma se topa con K (Jamie Bell), una especie de terapeuta conocido por sus tratamientos altamente violentos y de alguna forma juzgados como sadomasoquistas. K logra despertar sensaciones perdidas pero también su relación también destruye el matrimonio, el trabajo y el estatu quo de Joe, una metáfora del maltrato que también empieza a recibir su vagina.

La historia en este segundo volumen se desenvuelve hacia la madurez de Joe, define los antecedentes del callejón donde fue violentamente asaltada y donde subsecuentemente fue recogida por Seligman (Stellan Skarsgård). La historia no es tan apasionante y creativa como en el primer volumen y es consecuencia directa de la larga pausa en el entreacto –que tomó cerca de un mes–; ciertamente hay una pérdida en el ritmo de la narración –visual y textual–, y el mismo Von Trier es consciente cuando Seligman y sus pausas ya no son tan divertidos, expresamente identificado en una de las líneas de Joe cuando se refiere a los nudos de K, en una de sus sesiones; sea cual fuere la razón, agradecemos que de todas formas, de principio a fin, las figuras cinematográficas y literarias, que aparecen constantemente en el diálogo de Joe y Seligman, sean explicadas por el autor y no son parte de un discurso posterior e intelectualoide donde se descifra cada uno de sus semas bajo la interpretación personal. Es cierto, para mentes inexpertas e inocentes de filosofía, como la mía por ejemplo, la secuencia lacaniana que aleja el sexo de Joe de su éxtasis, pasa tan frugal e inadvertida, que tan sólo deja clara la genialidad de Lars Von Trier, demandante de un análisis mucho más profundo de cada una de las capas de su pieza y mucho más estudiado que el humilde punto de vista de un fanático del cine, como cualquiera de nosotros en el blog. Nosotros nos quedamos con un cierre de la pieza un tanto torpe pero con la aparición de L (Willem Dafoe) y la alegoría a la introducción de Antichrist cuando Marcel se asoma al balcón.

Lars con Trier es, sin duda, uno de esos pocos autores que permite referirnos a sus obras como piezas de arte; un arte moribundo, casi extinto, consecuencia de la feroz existencia y voraz competencia de Hollywood en nuestras carteleras. Nos permite además detenernos a estudiar muchas complejidades dentro de su discurso, algunas veces existencialista, otras veces dialéctico, fundamentalista y quien sabe que más corrientes filosóficas puedan ser exploradas en él. Nymphomaniac es una declaración de su insolente pensamiento, una demostración de que ser denominado persona non grata es tan sólo una vía para desencadenar una serie de imágenes provocativas y alucinantes como combustible y disparador de su intelecto.

Captain America: The Winter Soldier

07/04/2014 7 comments

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La semana pasada publicamos la entrada de bienvenida a los estrenos de verano del 2014. En principio, iba a ser incluida la entrada de Captain America: The Winter Soldier pero en vista de lo particularmente atractiva que fue la pieza, es bueno decir que se merece una entrada aparte para hablar sobre ella.

Steve Rogers (Chris Evans), después de Nueva York, intenta adaptarse al mundo que le es extraño; busca a Peggy (Hayley Atwell) y trata de serle fiel a su nuevo comando en S.H.I.E.L.D. pero las cosas no son tan fáciles como aparentan. Por un lado, las directrices de S.H.I.E.L.D. van en contra de los principios de Rogers y en su pérdida de fe, la organización entera es atacada por un poderoso enemigo del pasado.

Marvel y Buena Vista han ido acertando golpes de suerte en su batalla en Hollywood por las taquillas y el dominio de las producciones basadas en comics. Básicamente, alentaron a Sony prematuramente a relanzar su franquicia del Hombre-Araña con The Amazing Spider-Man; un relanzamiento que parecía sólo hacer cambios en el fabuloso nombre del arácnido. Lo mismo pasó con Fox, que al igual que en Sony, está uniendo sus fuerzas creativas para armar universos cinemáticos independientes dentro de su reino.

Pero decimos que Marvel y Buena Vista han acertado golpes de suerte porque a medida que avanzan Las Fases del Universo Cinemático de Marvel diseñado por Kevin Feige pareciera que todo es infinitamente más frágil.

La gran ventaja de Marvel con respecto a DC es que desde su concepción fueron unificados en un mismo espacio y tiempo, Nueva York. DC y la mayoría de casas de comics, plantean sus héroes en la ficción y crean sus entornos como imaginarios; cuando por fin DC, en la crisis de los comics en los 80’s, decidió crear un sólo universo se vio en aprietos para explicar y hacerle entender a sus lectores fanáticos que Gotham, estaba al mismo nivel que Metropolis pero ahora eso parece irse tornando en una ventaja.

Elaboremos.

Marvel empezó sus intenciones de volverse un estudio productor de pelis sus propios comics allá en 2003 cuando estrenaron Hulk de Ang Lee y DareDevil de Mark Steven Johnson que fueron catalogados como grandes desastres de la industria del cine de comics.

El joven Kevin Feige decidió emprender una estrategia más agresiva y no sólo hacer un filme exitoso que generara una franquicia sino más bien porqué mejor no pensar en unir todo el universo en un gran megaproyecto comercial; lo que requirió del apoyo de un socio como Buena Vista para lograrlo.

En 2008, de la mano de Jon Favreau y Robert Downey Jr., el universo de Feige inició su Fase UNO con Iron Man; caló muy bien con la crítica, con los fanáticos y el renacer de Downey Jr. puso a Tony Stark como un líder natural dentro de Marvel; el as bajo la manga de Feige fueron los créditos finales que introdujeron a Samuel L. Jackson como Nick Fury presentándole a Stark La Iniciativa Avenger. Ese mismo año después de recuperar los derechos de Hulk, Marvel encamina a Louis Leterrier y Edward Norton (protagonista y guionista) en la realización del segundo filme de Marvel Studios con The Incredible Hulk; la fanaticada ruge fascinación por la interpretación de Norton como Bruce Banner; y Feige anota su segundo cuadrangular cuando al final de la cinta aparece Tony Stark hablando de La Iniciativa junto al General Ross.

–A pesar de lo desastroso que fue Iron Man 2– parece que de ahí en adelante todo fuera una gran historia–. Iron Man 2 juega con apariciones sugeridas del Capitán América; los agentes de S.H.I.E.L.D., Coulson (Clark Gregg), Fury y Romanoff (Scarlett Johansson), toman protagonismo; y, de nuevo al cierre de la cinta, Coulson devela el Martillo de Thor. Subsecuentemente, vino Thor de Kenneth Branagh y toda la trama para introducir su mundo, su universo y a Loki (Tom Hiddleston) –hasta ahora el mejor antagónico de su universo cinemático–; los mundos siguen compartiendo personajes y no sólo aparece Coulson como eje de la trama, también lo hace el agente Clint Barton o Hawkeye (Jeremy Renner); al final de la cinta, Fury le presenta a Selvig (Stellan Skarsgård) el Tesseract –en una escena filmada por Joss Whedon–. ¿Pero qué era el Tesseract? Unos meses más tarde Captain America: The First Avenger de Joe Johnston hace un arco de origen con Steve Rogers, introduciendo a Chris Evans como el capitán, enfrentando a Red Skull (Hugo Weaving) en 1945 y la formación maligna H.Y.D.R.A.; Red Skull basaba su poderío en el ocultismo junto a su científico jefe Arnim Zola (Toby Jones) y fue justo cuando encontró el Tesseract, una forma primitiva de la mitología escandinava, que se hizo realmente poderoso y temible.

Todo estaba en su sitio y Joss Whedon preparó el cierre de la Fase UNO con la reunión de The Avengers. Todo da frutos y en una sola cinta aparecen Tony Stark, Thor, Steve Rogers, Nick Fury, la agente Romanoff, Hawkeye, Coulson, por supuesto Bruce Banner y como base antagónica Loki y los Chitauri que termina siendo la peli más taquillera del año. El punto importante para resaltar es que Gwyneth Paltrow y su personaje Pepper Potts aparecen por la insistencia de Robert Downey Jr. pero Whedon no estaba convencido y da la siguiente razón: “uno necesita separar los personajes de sus sistemas de soporte en aras de crear el aislamiento que se necesita para funcionen en el equipo”. Suena como un gran entrenador y finalmente ese fue el puesto que obtuvo, dirigir globalmente todo el universo de Marvel en Buena Vista (MCU).

Se gestiona la Fase DOS del MCU y llegan Iron Man 3, Thor: The Dark World, los Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. y The Winter Soldier; se anuncian Black Panther, Doctor Strange, Ant-Man y Avengers 2: Age of Ultron; finalmente, se revelan las intenciones de la Fase TRES con Thanos como villano y Guardians of the Galaxy pero ¿por qué se siente que todo empieza a tambalear?

La primera razón es una sensación sencilla y natural con lo que Marvel ha intentado a toda costa hacernos creer y es que todas sus piezas están unidas en un sólo universo; precisamente, eso que los ha hecho fuertes se ha vuelto su mayor vulnerabilidad. No es posible entender las cintas de Marvel independientemente y separar, las cintas autónomas de las cintas de ensamblaje. Es ridículo. No funciona. En parte, por eso la extensión de esta entrada.

Empecemos por Iron Man 3, independiente de la buena calidad de su realización con Shane Black o el desencanto de la fanaticada de cómo usaron al Mandarin (Ben Kingsley) y a Aldrich Killian (Guy Pearce) el resultado fue desastroso; por un lado, surgieron preguntas como porqué si Stark se podía quitar el reactor no se lo había quitado antes o ahora que «ya no existe» Iron Man, cuál es la función de Stark dentro de S.H.I.E.L.D. o quién liderará los Avengers; por otro lado y sumado a esto, vienen otras inquietudes que no pueden ser sólo solventadas con simples nombramientos o cameos de personajes importantes, por ejemplo ¿The Avengers es un grupo tan frágil que para ese entonces ya se desintegró? Si Stark es atacado de la forma en que sucedió ¿dónde estaba Romanoff, Hawkeye, Fury o Steve Rogers? Compañeros de batalla, sellados en la amistad hecha más allá de una casualidad o ¿es que todo lo dicho no son más que una iteración de frases vacías? ¿Dónde estaba Bruce Banner? ¿Por qué sólo aparece al final de la cinta como un sicoanalista? ¿Acaso no es esta la mayor idiotez jamás escrita?.

No. La mayor idiotez aún estaba por venir y en otro formato: Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. Una serie de TV que ubica anacrónicamente un resguardo de agentes dentro de S.H.I.E.L.D. liderados por Phil Coulson; un equipo de desvalidos que tiene grandes potencias pero cero poderes sobrenaturales –por ahora–; a medida que avanza la serie sabemos que está ubicada después de Nueva York, después de The Dark World de Thor y antes de The Winter Soldier; la pregunta más obvia es la que sostiene la serie y es ¿cómo hicieron para revivir a Coulson? Pregunta que se responde al final de la temporada pero que deja un interrogante existencial clavado profundo dentro de las entrañas de Joss Whedon y que amenaza de muerte a Kevin Feige; con esa respuesta de cómo revivir a las personas ¿acaso alguien en este universo puede morir? Si no, apaque y vámonos.

Luego de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. –con el nombre más largo y rídiculo que haya escuchado para una serie televisiva; Cuando quiero llorar no lloro o Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha, telenovelas colombianas, ya no parecen tan extravagantes–, llega Thor: The Dark World. Una cinta autónoma que retoma el arco romántico entre Jane Foster (Natalie Portman) y el dios del trueno; aunque Alan Taylor está al frente de una gran decisión al sacar la historia de la Tierra, no resuelve el tema de porqué Foster no apareció en Nueva York y se mete en un problema aún más grande que se esparce virulentamente a todo el universo de Marvel ¿existe realmente un enemigo aparte de Loki capaz de poner en jaque a algún integrante de la Iniciativa Avenger? Sabemos que la muerte no lo es; tampoco otro «dios asgardiano»; y menos una invasión de alienígenas con poderosas armas y tecnología mucho más avanzada.

Esta última duda evidenciada en Thor 2, recurrente en toda la trilogía de Iron Man y el ensamblaje de The Avengers, se torna un absurdo y nos envuelve con un poco de frustración sumado a algo de desinterés, indiferencia y menosprecio.

Los hermanos Russo, casi olvidados en nuestros archivos con pelis como You, Me and Dupree o Welcome to Collinwood, hicieron una gran labor con The Winter Soldier. Siguen fallando en el tema del universo continuo pero imaginamos es el puñal de Whedon hablando con su «aislamiento para que funcione el equipo»; ¿no es increíble que en el peor ataque de H.Y.D.R.A., en una crisis tan grande como la de Nueva York, no aparezca Iron Man, War Machine, Hawkeye o Bruce Banner?

Sin embargo, y como ninguna otra cinta de Marvel, los Russo triunfan grandemente en varios aspectos.

El primer punto, es que con The Winter Soldier hay un vuelco hacia la sorpresa, hacia la perplejidad de las revelaciones del giro dramático y, así sean dos o tres los giros, no es una serie de sorpresas que nos mandan de extremo a extremo sino más bien consecuencia del giro anterior, por eso al final quedamos sin aliento y tensos en el desenlace.

Lo segundo es que por segunda vez, un villano es tratado con dignidad en la historia; ni siquiera en relación con la fidelidad a los comics, porque no hemos leído mucho acerca de los arcos del Soldado de Invierno, sino dignidad en el sentido que es una fuerza contraria e igualmente poderosa que amenaza el estatu quo del héroe y de sus compañeros. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Por primera vez, en el universo cinemático de Marvel, los personajes se relacionan con igual importancia en todo el universo; los agentes Fury, Hill (Cobie Smulders), Romanoff, Rogers se congregan de otras sagas y sienten amenazadas sus existencias. H.Y.D.R.A. renace como un gran grupo del mal tan pero tan importante que incluso es necesario un nuevo ensamble con los Avengers pero si es así repetimos ¿por qué no aparecieron?

El cuarto punto, no sabemos si trabajaron posterior a las críticas de Man of Steel, pero The Winter Soldier aprendió a congeniar con los puntos que no gustaron en su opositora; partiendo del hecho que Man of Steel es una gran cinta, las críticas opacaron un poco su éxito injustamente; El Capitán toma ventaja de ahí y se hace fuerte con un héroe que no asesina a sangre fría a pesar de cualquier circunstancia; no acaba completamente con una ciudad y a los pocos días aparece con una sonrisa dibujada en la cara; es responsable de sus actos porque es la imagen pura de Estados Unidos; y, finalmente, siendo una secuela enlaza muy bien puntos de la anterior salida, y justifica el hecho de una segunda o tercera parte.

A pesar de ciertos clichés, que realmente molestan en pequeños detalles de la historia, Los hermanos Russo, Marvel y Buena Vista lo hicieron realmente bien con The Winter Soldier pero desluce un poco lo ya hecho antes en la Fase UNO; no sabemos cómo vaya a atacar DC pero el hecho que la segunda parte de Superman involucre apariciones de Batman, Wonder Woman, Aquaman y otros de sus súperheroes podría ser un indicio de cómo aproximarían su propio ensamble y faltaría ver si en «las autónomas», como The Bat Man presupuestada para después del 2016, se cometen los mismos errores o se dan la libertad de hacer un relato anterior –en la línea de tiempo– de Superman para revisar estos temas con calma.

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Liberen a García en @FICBAQ

02/04/2014 5 comments

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De mis favoritas del FICBAQ esta Liberen a García de Maria Boughen.

La ceremonia de clausura fue el sábado pasado y aún no conozco los ganadores; es curioso porque igual le sigo haciendo fuerza en la categoría mejor peli iberoamericana.

Roma e Inés, interpretadas por Luna Sarsale y Manuela Piqué respectivamente, son dos amigas incondicionales que viven en una villa de Baires; Roma parece no tener mayores complicaciones con su vida, vive con sus padres y tiene una amiga de lujo; Inés también es feliz con su amiga pero, contrario a Roma, debe trabajar para sostener su apartamento, que sin ser lujoso es lo que necesita para vivir tranquila. García es un gallo disecado que tiene Don Rafael en su tienda de alfajores; su dueño lo saca a diario porque dice que le da suerte; este par de holgazanes deciden desarrollar una picardía donde es secuestrado el animalito; el título de la pieza nace de la liberación del gallo de su secuestro como símil también de la liberación de los secretos que en toda relación se guardan, en este caso, los de este par de amigas que ponen en riesgo la posibilidad de continuar juntas, por siempre y ya no tan incondicionalmente.

Por su tratamiento, Liberen a García parece una cinta japonesa; una narración pintoresca, de dos jóvenes explotando el contexto urbano al máximo; segmentos animados y titulados con cada uno de los personajes de la historia, dan pie para dividir la pieza en actos; y un par de personajes con unas cajas de cartón en la cabeza que hacen de los papás de Roma. De estas cajas de cartón nos queda siempre una gran inquietud sobre quién está debajo de ellas y porqué tendrían puesto esa máscara; lejos de ser abstracta y difícil de asimilar, la historia –y la pieza en general– es simpática con el espectador; desarrollando poco a poco los personajes y pasando de la comedia al drama de manera impecable.

Uno de los grandes atractivos de la producción y del guión, es que, las tomas se basan en la improvisación y de esta forma cada una de las actrices despliega todo su plumaje histriónico que hacen verdaderamente entretenido cada segmento de Liberen a García. Los recursos que se generan a través de este juego propuesto por la directora son ricos en figuras y en frescura que terminan redondeando la mejor producción que logramos ver en todo el festival.

Maria Boughen, una directora para tener en cuenta.

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Satellite Boy en @FICBAQ

31/03/2014 1 comment

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El FICBAQ estuvo realmente exquisito en su muestra de cine de otros mundos; para muchos de nosotros que vamos de la cartelera comercial directamente a las profundidades más recónditas del internet para encontrar los incunables más extraños, es efectivamente gratificante encontrar tesoros nunca antes vistos, nunca antes esperados. Catriona McKenzie que a través de su Satellite Boy nos conmueve con un relato sencillo, no dirigido por la acción o por la violencia, se une a grandes retoños del cine australiano como lo son Julia Leigh o David Mîchod; mentes brillantes e independientes de este cinema rico en variedades y tonos.

Satellite Boy es un niño abandonado por su madre a la suerte de su abuelo, en medio del desierto australiano; Jubi, el abuelo, es un terco aborigen que se niega a abandonar sus conocimientos y sus raíces, mientras Pete, el nieto, está más expuesto y más permeable a la cultura que precisamente está tratando de ahogar a su abuelo. Un día Pete se entera que una minera de la capital intenta sacar a su familia del terreno donde viven; no obstante su corta edad, él tiene planes para poner un restaurante y hacer todo lo posible para que su madre vuelva después de los cursos que ha ido a tomar a la ciudad, entonces toma la decisión de irse a buscar los responsables de su desalojo y de paso a su madre para hacerla volver en razón.

A su aventura se junta Kalmain un niño un poco mayor, más necio y con rasgos menos mestizos que los de Pete. Jubi trata de interceder diciéndole a Pete que el hogar-tierra no tiene límites y que estos que hoy el hombre blanco reclama no le pertenecen ni a él ni a nadie, pues el hogar-tierra no le pertenece a los hombres sino en cambio los hombres le pertenecen al hogar-tierra.

La historia de Pete es una fábula contemporánea alrededor del walkabout originario de los aborígenes australianos; es costumbre entre ellos salir hacia el horizonte y perderse para después volver, un acto de madurez que define al niño del hombre; Jubi es interpretado por David Gulpilil, dicen que es uno de los primeros aborígenes en actuar en el cine del hombre blanco, por allá en los años 70’s del siglo pasado; su tez casi intacta y su pelo encanecido nos recuerda que lo hemos visto en Rabbit-Proof Fence de Phillip Noyce o más recientemente en Australia de Baz Luhrmann; sus papeles nunca han sido particularmente protagónicos, sin embargo, siempre están cargados de ternura y sabiduría; esta Satellite Boy no es la excepción, su octogenario personaje trata de persuadir a Pete (Cameron Wallaby) de cómo el hogar-tierra les habla a ellos y de cómo saber como escucharlo. En su travesía, Pete descubre su naturaleza y escucha a su abuelo a través del sol, el agua, el aire y el fuego; por su parte, Kalmain (Joseph Pedley) un niño sin una figura paterna, no tiene guía y queda completamente desolado.

La historia toca puntos profundamente en nuestras entrañas; nos puede enternecer o nos puede hacer llorar hasta el sentimiento pero igualmente la dicha de ver esta cinta es grandiosa; de lo mejor que vimos en el festival.

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Next Floor

13/03/2014 1 comment

Dirección de Denis Villeneuve
Guión de Jacques Davidts
Idea original de Phoebe Greenberg
Cinematografía de Nicolas Bolduc
Montaje de Sophie Leblond
Música de Warren ‘Slim’ Williams

Gracias al amigo Randy Mora por traer este corto a colación.

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