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Dark Phoenix

Hay un par de cosas que me han venido impresionando últimamente de las pelis de superhéroes y van encaminadas con la clasificación de su audiencia versus el contenido gráfico mostrado. Ya en Endgame era bastante chocante que la peli abriera con un degollamiento -fácilmente la imagen más grotesca que pudiera yo soportar-; en Dark Phoenix la sevicia pareciera viene de la mano de la tensión y de la acción, y de nuevo, adentrados en el primer acto la forma en que las personas se hacen cenizas en medio del fuego cruzado es igualmente perturbador. A lo que quiero llegar es que tanto el degollamiento como las muertes con sevicia son material de primera mano para un niño o una niña de 7 años (en la primera) y de 12 años (en la segunda).

Me llama la atención de esta Dark Phoenix que es una pieza entretenida en el Universo Cinemático de X-Men después de una nueva salida de Bryan Singer en X-Men: Apocalypse. Su director y guionista, Simon Kinberg, es un veterano productor de Hollywood -incluso nominado al Oscar por The Martian– y que hace su estreno en el timonel de un largometraje. No lo hace mal y captura muy bien el legado de Singer en este nuevo renacer de la franquicia.

Kinberg entiende, que sin una estrategia clara para el futuro, hay dos puntos importantes al dirigir una carabela en pleno curso, como lo es una pieza de X-Men, (1) que si hay un sistema de comunicación y de imaginería triunfadores como los que venían trayendo las pelis de esta saga pues no se altera, o como se dice en fútbol ‘equipo que gana no se toca‘ y (2) que para un proyecto de esta envergadura hay que rodearse de la mejor gente o por lo menos de los más profesionales; a nivel de cinematografía trajo al ganador del Oscar por Avatar, Mauro Fiore; en el montaje trajo al ganador del Oscar por Dunkirk, Lee Smith; y para ambientación trajo las partituras del también ganador y regularmente nominado al Oscar, Hans Zimmer. Zimmer es sin duda el que pone la nota más alta en la ejecución técnica y artística de la pieza; si hay un calificativo para esta cinta es «darks» y nada más oscuro, escabroso y tenebroso que las tonadas que definieron los ambientes y momentos en Dark Phoenix. El man es un genio. Es asombroso, sorprendente, escalofriante y perturbador todo su trabajo a lo largo de la historia.

Dejando a un lado la alerta del primer párrafo de esta entrada, Dark Phoenix es entretenida en las capacidades y potencias de su explotación. Para profundizar un poco en este concepto uno tiene que hablar obligatoriamente de Bryan Singer y de cómo otra vez abandona el barco de la saga de FOX.

A principios de este milenio, en el surgimiento de las pelis de superhéroes FOX de la mano de este pequeño genio y brillante director sacan a la luz X-Men con un rutilante éxito. En taquilla, invirtió 75 millones de dólares y recogió 296 millones combinados. El enfoque del director, abordando el tema de los derechos civiles, su orientación sexual como bandera en contra de la segregación de la individualidad conquista además la crítica. El estudio subió las apuestas a 110 millones y le confió a Singer la segunda edición de X-Men (X2: X-Men United); recogió 407 combinados, un resultado notable pero prendió alarmas en FOX en vista de las adversidades de los otros estudios con los proyectos de este nuevo género.

Marvel estaba recibiendo réditos de cada empresa que estaba explotando sus creaciones pero aún no se animaba a, como estudio, desarrollar algo de primera mano. Por el lado de Warner, las cosas eran inciertas. Ellos fueron los que realmente abrieron el mercado en 1989 con Batman, Tim Burton y una excelente lectura de las audiencias, sumado a una de las mejores interpretaciones del encapuchado con Michael Keaton -pero incluso se puede ir más atrás en la prehistoria, año 1978 con Superman de Richard Donner-; luego resuenan con una Batman Returns en 1992 escalando la calidad, el universo y las expectativas de todo el mundo pero después no supieron leer sus propios aciertos, despiden a Burton pensando que estaba haciendo muy oscura la historia y apagan sus esfuerzos por los cómix hasta principios del milenio. Vuelven a escena aprovechando el momento de duda de FOX y seducen a Bryan Singer para que desarrolle un episodio para Superman, quien decide que El Hombre de Acero de Richard Donner de 1978 es el pico de la historia, vuelve a ella y en 2006 desarrolla Superman Returns -àla Batman de Burton-; no triunfa, no decepciona, no satisface pero tampoco es entendido y se sepulta el proyecto.

Por su lado, X-Men se descalabra finalmente cuando Singer sale del croquis y entra Brett Ratner para realizar la tercera parte, X-Men: The Last Stand. A Singer se le había criticado las indulgencias creadas en algunos personajes pero Ratner fue anarquía total con la interpretación de sus mutantes. Se tomó muy en serio lo de ‘la última parada‘ permitió que la calidad de la historia decayera y mató la franquicia. FOX sin renunciar chapucea con historias derivadas e independientes, llamadas X-Men Origins; desarrollan Wolverine y ni siquiera se atreven a develar Gambit por la calidad de la respuesta.

Al final el que recibía todo el daño era el sacrificado Hugh Jackman, que si algo hay que reconocerle, es que le puso pecho a cuanta joda salió de FOX, como Wolverine regeneró cada una de sus heridas no importa lo dolorosas que fueren y fue la unión entre todo el Universo Cinemático de X-Men.

El eje del nuevo renacer de X-Men dentro de FOX es un señor llamado Matthew Vaughn. Un realizador que le gusta escribir sus guiones, que le gusta el thriller y que consigue éxito con dos pelis muy buenas, Layer Cake y Kick-Ass; esta última basada en un cómic de Mark Millar, prodigio de una nueva generación de narradores gráficos. Gracias a su estilo y el éxito de Kick-Ass, FOX le confía los restos de X-Men y decide audazmente sacar adelante First Class -en mi opinión la mejor pieza de la franquicia-; renueva todo el reparto de mutantes, algo impensable cuando se tiene a Patrick Stewart e Ian McKellen como líderes de equipo, con la excusa de que esta versión de la historia era varias décadas atrás y necesitaba sangre nueva.

Osado.
Audaz pero osado.

Le salió muy bien todo. Empareja este par de líderes con dos nuevos nuevos monstruos de la actuación. En el papel del Profesor Charles Xavier, cambia a Patrick Stewart por James McAvoy; en el papel de Erik Lehnsherr, cambia a Ian McKellen por Michael Fassbender; y es un rotundo éxito. El arco histórico está muy bien logrado porque adquiere tonos de época, intriga de espías dentro de La Guerra Fría, unos mutantes con menos indulgencias, ajustes en la espina dorsal tanto de Bryan Singer como de Brett Ratner y la cereza en el pastel es la figura de Raven Darkhölm, con mayor protagonismo como Mystique, interpretada por Jennifer Lawrence, y con destellos de Rebecca Romijn, en una especie de triángulo fraterno-incestuoso con Xavier y Magneto.

La audiencia de fanáticos después de mucho tiempo estaba satisfecha, las taquillas tuvieron un buen comportamiento, la crítica estaba estasiada y en FOX quedaron todas y todos muy contentos.

Singer vuelve a casa. Encuentra el proyecto y le fascina las críticas sobre First Class donde el argumento de unos era que Stewart es mejor que McAvoy, otros que Fassbender funciona mejor que McKellen, que no hay coherencia entre esto y aquello pero todos estaban enamorados con la propuesta de Mystique. El realizador dice que todas las opiniones son válidas y que todo se soluciona con la siguiente salida: Days of Future Past.

Este quinto episodio del arco histórico trae consigo una afinidad al pico narrativo más importante de los mutantes en los cómix. En 2014, X-Men: Days of Future Past se estrena como un ensamblaje de personajes, con un reto de conjugar las historietas y el Universo ya creado para la pantalla, sumado a la propuesta de unir todo el reparto de las dos eras y olvidar de una vez por todas The Last Stand de Ratner.

Todo empieza a tener sentido si detallamos que el escritor encargado de Days of Future Past fue Simon Kinberg.

Obviamente, con todo ese «galore» de actores el presupuesto se sube a 200 millones de dólares pero el mundo responde con un combinado de 747 millones. FOX lo había logrado. Quién iba a pensar que el Universo Cinemático más debilitado, incluso derrotado, iba a sobrevivir para ver la luz y mantener el pastel incluso para una segunda proción con X-Men: Apocalypse, donde se recoge un poco el presupuesto y el global es un poco más del medio millón de dólares. Pero el estudio entre narrativas principales y derivadas independientes había ya logrado la suma redonda de 6.000 millones de dólares.

Ahora bien, como decíamos al principio de la entrada, Bryan Singer vuelve a salir de la franquicia. Da un paso al lado -dentro de FOX– para producir The Gifted, una serie de TV sobre mutantes en el Universo Cinemático de X-Men y da otro paso al lado -también dentro de FOX– para realizar la rimbombante, laureada y reconocida dentro de los premios de La Academia, Bohemian Rhapsody. Simon Kinberg, que también había sido el escritor de Apocalypse, asume el reto y lo ejecuta muy bien. Pero ¿por qué sale Singer de nuevo? ¿Acaso le cobran factura sobre la ejecución tan pobre de Apocalypse? -Recordemos que Apocalypse es de los mutantes más poderosos en la historia, requiere de un contrapeso como Nathan Summers (que si lo hace muy bien Josh Brolin en Deadpool 2) y le hizo falta en la galería Mysterio y Gambit– ¿O será tal vez que ya no se sintió cómodo sin el repaldo de Stewart, McKellen y Hugh Jackman?

Sean cuales sean las dudas, Simon Kinberg salió avante con una buena pieza dentro del rompecabezas, Sophie Turner hizo un gran papel liderando el arco dramático donde Jean Grey se transforma finalmente en Phoenix. Aún más incierto hoy en día por la recuperación de los derechos de explotación por parte de Marvel/Disney y sin el juego de los «after-credits» podemos afirmar que el futuro de los X-Men y todo su reparto ahora sí está sepultado.

Nota personal: Me gustó el guiño de Jennifer Lawrence a #MeToo cuando le reclama a Hank que las mujeres son las que están salvando a Xavier y que la academia debería llamarse X-Women 😉
De pronto, por eso no es tan loco que dentro de toda la baraja de la franquicia esta sea la única peli que no antepone la etiqueta X-Men: Dark Phoenix

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Godzilla: King of the Monsters


Para hablar de Godzilla 2, tenemos que hacer necesariamente una pausa y revisar Godzilla 1. Han pasado cinco años y poco o nada podríamos recordar de esa pieza.

Su director, Gareth Edwards. Su Godzilla, una historia con mucha reverencia a los orígenes del Gojira japonés y por lo mismo una de las mejores producciones que se ha hecho del «kaiju» en occidente. Sus críticas, que casi no se muestra el monstruo en la totalidad de la peli pero si recordamos Monsters, es parte de la factura de Edwards para asumir el reto de una peli de esta categoría de explotación, en honor a Steven Spielberg y Jaws. Su aporte, pone a Godzilla en el pedestal que se merece después que Roland Emmerich destruyó el imaginario y no cumplió con las leyes del monstruo (Toho Studios e Ishirô Honda, coreógrafo del disfraz en 1954, se idearon una serie de leyes para que la leyenda de Gojira no fuera maltratada). Lastimosamente, Edwards emprende aventuras más grandes y lucrativas que lo alejan del proyecto y se le encarga la secuela al joven Michael Dougherty.

De esa peli se desprenden muchas anclas para esta historia, pero de nuevo, dejaron pasar cinco años y todo ese impulso, todo ese bagaje se pierde en la sedimentación del paso del tiempo. Hagamos un repaso rápido por los términos que nos dan pistas para abordar esta segunda edición de Michael Dougherty.

  • Kaiju gigantes genéticamente alterados cuya misión es destruir la humanidad
  • MUTO siglas para Massive Unidentifiable Terrestrial Organisms
  • Gojira es una respuesta política en el contexto de posguerra y posterior a los eventos de Hiroshima y Nagasaki, es la metáfora del miedo japonés a que Estados Unidos siga jugando a ser héroe del mundo con este tipo de armas nucleares
  • Dr. Ishirô Serizawa, interpretado por Ken Watanabe, hace un juego de enlace a la Gojira original con su apellido y el reloj que siempre carga en su bolsillo
  • Aunque Godzilla: King of the Monsters pareciera la segunda parte de la saga, en realidad, es el cierre de la trilogía monstruos con Kong: Skull Island de 2017; por eso, la justificación de los créditos con tantas referencias a los eventos ocurridos en Skull Island
  • Max Borenstein es el guionista de Godzilla, Kong: Skull Island, Godzilla: King of the Monsters y aunque ya se anuncia Godzilla vs. Kong, parece que aún no está incluido en el proyecto ¿le habrán cobrado las pésimas líneas de diálogo de empalagoso melodrama que terminan siempre bajando la nota de sus piezas?

En contraste, el Godzilla de Michael Dougherty no supera al Godzilla de Gareth Edwards, incluso tratando de resolver las críticas hechas originalmente, hay primeros planos al monstruo que terminan es ridiculizándolo. El drama entre los personajes de Kyle Chandler, Vera Farmiga y Millie Bobby Brown si es mejor que el entorno de Aaron Taylor-Johnson y Elizabeth Olsen pero el amplio renacer y despliegue de monstruos opacan un centro claro narrativo. ¿Era realmente necesario la presencia de Behemoth, Rodan, Scylla y Methuselah, sumados además todo el «galore» de Skull Island? ¿No era acaso suficiente con Godzilla, Ghidora y Mothra?

Aspectos de credibilidad y concordancia científica, considerados igualmente en Pacific Rim, son más subjetivos y se los dejamos a los puristas pero incluso, con esto dicho, son más grandes las indulgencias generadas por Dougherty y Borenstein, que entiendo a sus detractores en ciertos momentos de la historia. De pronto si no hubiera visto antes Chernobyl, no estaría pensando que posiblemente después de la exposición en Boston, dos años después, a Millie Bobby Brown se le estaría cayendo el pelo y que de pronto no es muy lógico que aguante una secuela en la saga, cuando cuatro años después ya haya muerto 😛

Personalmente la aparición de esa Hydra me dió escalofríos y Gojira volviéndose termonuclear es una mejora increíble. Un mejor arco narrativo de los TITANES habría dado para continuar la saga tranquilamente y asegurar más despliegues, más episodios, más confrontaciones y no acelerar desenlaces desafortunados.

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La Trilogía de Millenium

La trilogía de Millenium fue filmada/producida en Suecia con el fin de ser terminada en su totalidad para 2009. Su exposición se dió de manera ininterrumpida desde ese año con una pausa anual de por medio -para nosotros en Latinoamérica-, lo cual fue gratificante para todos los que nos hicimos fanáticos de ella, fanáticos de Lisbeth Salander, pues finalmente tuvimos la posibilidad de ver toda la trilogía para poder asimilarla completamente y no con pausas demasiado prolongadas -hecho curioso que soportó The Girl with the Dragon Tattoo de David Fincher que no siendo tan descabelladamente mala, debió soportar el escrutinio del público de Hollywood y ver si lograba ayuda para su segunda parte; continuación que finalmente no llegó, dejó a Rooney Mara con su teta en ascuas y perforada y a sus espectadores insatisfechos de no poder experimentar la fuerza completa de la historia-.

Ya hace casi diez años que vi Flickan som lekte med eldenThe Girl Who Played with Fire en inglés, o La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina en español) que fue la que absolutamente me fascinó. El año anterior a ella había ido a ver Män som hatar kvinnor (Men Who Hate Women / Los hombres que no amaban a las mujeres) y me sorprendía un nombre tan largo en una cinta; supuse que era alguna basura de serie B y quería ver a qué sabía una hecha en Suecia. Recuerdo que me emocionó mucho, corroboré que a veces entre los desperdicios de esta categoría de explotación, de cuando en vez, se encuentra una que otra joya. Me enteré de Stieg Larsson, de su trilogía, de Lisbeth Salander y me propuse que al siguiente año iba a ser de los primeros en comprar la boleta de su segunda parte. Después la saga cerró con Luftslottet som sprängdes (The Castle in the Sky that Blew Up / La reina en el palacio de las corrientes de aire) y no sólo hubo elegancia en la clausura también hubo satisfacción y placer porque fue una historia contada sin afanes ni mayores pretenciones de lo que fue.

Hoy por fin puedo ver la segunda parte de The Girl with the Dragon Tattoo, The Girl in the Spider’s Web, ya no de David Fincher sino, dirigida por el uruguayo Federico Álvarez, ya no protagonizada por Rooney Mara y Daniel Craig, en los papeles de Lisbeth y Mikael Blomkvist respectivamente, sino Claire Foy y Sverrir Gudnason. El reparto lo completa Lakeith Stanfield, Sylvia Hoeks, Claes Bang, Cameron Britton y gratamente me sorprendió Stephen Merchant en un papel serio dramático. No lo hacen mal. La historia tampoco es mala y el responsable es Steven Knight a quien conocemos por Eastern Promises.

Al igual que su primera parte, no tiene la misma marinada de la trilogía original y falla en la continuidad de los actores originales, y así la historia original se pierde, es ausente (ni siquiera tácita), se vuelve anacrónica, independiente, aislada falla porque no se puede analizar en serie. Pecado que Hollywood parece no importarle mucho pero que le pasa factura en las taquillas de sus producciones.

De esta forma, ya no sabría si Scott Rudin se anima a producir y sacar una tercera parte, con qué fin, quién la realizaría y mucho menos quién la protagonizaría… Paro así es Hollywood, tan impredecible como el fútbol.

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Avengers: Endgame

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Hace dos semanas me ví Avengers: Endgame. Pregunté a una persona de confianza –Juan David Martínez Vergara, perdón por la delatada pero el consejo fue pésimo- que si no había problema en que yo no hubiera visto Captain Marvel (Capitana Marbelle en español), me dijo que no había problema y yo respondí que me parecía raro verme un «assemble» sin verme las anteriores o los satélites -como esa vez que me vi toda la primera temporada de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. antes de ver Captain America: The Winter Soldier; ¿valió la pena la tortura de ver toda una temporada (incluso una segunda temporada) de Agents para ver la peli del Capitán? Sinceramente, ¿sinceramente?, no tanto, casi nada, pero mi tranquilidad estuvo intacta en la sala de The Winter Soldier, incluso sonreí de entender jodas entrelíneas-.

El consejo me pareció raro pero me demoré siglos en ver Infinity War porque decidí que me tocaba adelantarme en Thor: Ragnarok y Doctor Strange (según mi fuente, de nuevo Juan David Martínez Vergara), una muy buena y la otra como decepcionante, no valía la pena verlas). Al término de Infinity War, no sentí ningún vacío, disfruté una buena peli de Serie B y me fuí normal para mi casa.

Entonces no sabía qué hacer con Endgame pero decidí seguir su consejo… Pésimamente. Sólo hasta hoy escribo porque sólo hasta hoy logré ver Captain Marvel.

Fuímos con mi esposa quien había comprado las boletas. Ir a cine es una odisea pero es una experiencia incomparable, con ella se alcanza una variable que exponencia la experiencia aún más, y si le sumamos que encaletamos media de un excelente Malbec y un deliciosísimo Bánh-mì de Wok, ni siquiera me importó que hace más de 35 años no iba a cine a ver una peli doblada al español.

La sensación de ver una peli con vacíos en la redacción hacen pésima la experiencia. Debí haber visto Endgame después de Captain Marvel. ¿Fue buena Captain Marvel? No. Pero el arco de la historia requería esos conocimientos previos para entender o sentirse cómodo en numerosos momentos de Endgame y no pensar que fueron simplemente «force majeures» de los escritores para resolver el peo. Captain Marvel, realmente un poco por encima de las más malitas de Marvel Studios pero sin mucho qué proponer -de nuevo, al igual que con Black Panther, nada del otro mundo incluso una salida muy mediocre al tema de contrarrrestar un periodo terrible de duda sobre si Black Widow requería una «standalone», una excelente Wonder Woman en DC/Warner Studios, un álgido movimiento de #MeToo que requería urgentemente heroínas de peso y un disparo con salvas con una excelente actriz como Brie Larson-. La solución de Kevin Feige fue repetir la fórmula de Guardians of the Galaxy, esta vez dirigidos por Anna Boden y Ryan Fleck y con una banda sonora más noventera.

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No se puede tomar un producto como el de James Gunn y diseccionarlo indolentemente para repetir su fórmula. Sobre todo porque se sentía además demasiado copiado de las sensaciones de Top Gun, Terminator y Phantom Menace -que ya es muy malita como para de ahí tratar de copiar algo-.

Dejando ese punto quieto, y subsanando heridas aún más profundas con Captain Marvel, no me gustó realmente Endgame pero debo reconocer que es un final muy bueno para una gran era de pelis de explotación de cómix. Ellos (Marvel) deben reconocer que Thanos es un invento copiado de DC a partir de Darkseid, que en The Avengers de Joss Whedon no se tenía idea para donde se iba a dirigir todo, que su aparición (la de Thanos) al final de los créditos era el afán de ver que DC ponía en marcha un arco donde podría involucrar su malo más malo, que por lo mismo y después de Age of Ultron se decide que Whedon no es competente para seguir con el arco histórico general y que al final DC se enloda completamente con su Dawn of Justice.

Todo esto previo y Kevin feige encarando una nueva estrategia con Los Hermanos Russo, logran realizar una pieza muy conmovedora con un lindo cierre finalizando una onda tangencial en casi seis pelis pero sobre todo dando cierre a un total de más de veinte largometrajes.

Si me lo preguntan la hazaña es mucho más digna y meritoria que The Lord of the Rings: The Return of the King de Peter Jakson -donde claramente se lo aclamaba por su concepto de la trilogía más que por la calidad per sé de su pieza-.

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Conversations with a Killer versus Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile

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En la época donde se prefesó que la tele iba a matar al cine y sus realizadores, una realidad es que el lenguaje dramático, narrativo y estético de los documentales se ha desarrollado mejor con el auge de las piezas audiovisuales en los portales de distribución casera como Netflix, Amazon, HuLu o incluso OnDirecTV. Los nuevos directores tienen una oportunidad más clara porque para hacer un documental se necesita menos presupuesto y no se requiere una estrella para acertar un gran golpe, ya no de taquilla sino de opinión; y pues claro, es un gana-gana porque al final el portal de audiovisuales lo que requiere o necesita es tener un portafolio de respaldo para contrarrestar la competencia.

Esto en el juego trae mucho talento nuevo. En este caso particular, un veterano como Joe Berlinger quien se dispone a armar un documental sobre Ted Bundy, recibe (y maneja) tanto material que se le vuelve una serie en NetflixConversations with a Killer: The Ted Bundy Tapes– y, finalmente, imagino enamorado del proyecto busca el financiamiento y producción de un largo –Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile-. Es decir, hace toda la tarea de producción desde la investigación hasta la puesta en marcha de una pieza argumental.

Cuando el tema es interesante los documentales me atraen mucho porque siento que la investigación detrás la hace un periodista; confío en lo presentado, entonces busco al final algo que dilucide la verdad sobre el planteamiento; podría ser algo altruista en busca de la verdad pero también tiene que ver con el morbo del detalle concluyente. Eso tiene Conversations with a Killer: The Ted Bundy Tapes. Eso y una edición con un sistema visual muy atractivo, un montaje siniestro y dislocado, una narración de algo retorcido y enajenado. Por ejemplo, cuántas veces hemos criticado los cómix de Superman o WonderWoman cuando se cambian de ropa y se ponen gafas y las personas no los identifican, en este relato, miles de veces cuentan que el presunto inculpado llevaba esto o aquello, que estaba peinado de cierta forma o que con foto en mano no encontraban a Theodore Robert Bundy ¿? ¡Cómo puede ser posible! Y sin embargo, sólo segundos después nos muestran, fotos, retratos hablados y hasta imágenes de archivo de épocas diferentes en zonas geográficas súper diferentes y el mancito cambia; ¡cambia un resto! Hay incluso un plano con todas las fotos y pues no es que hayan pasado veinte años, en un lapso de no más de cinco años -la historia empieza realmente con el arco dramático al final de los 70’s y ya en los 80’s ya estaba encarcelado y condenado en Florida-. En una época sin internet, sin estudios de ADN, sin máquinas facsímiles incluso la comunicación de estado a estado era apoteósica.

Bundy, a parte de lo que pudo recolectar Stephen Michaud, no dió nunca luces de lo que realmente pasaba por su mente, en forma casi de estrategia porque pareciese que se aprovechaba de esta situación -y casi pone en jaque el juicio por lo mismo-, esa falta de comunicación le permitía ir de estado a estado y realizar sus fechorías.

En cuanto al argumental, tanta información del documental se pierde si no se hila debidamente, ¿quién es esta? ¿Por qué se movió de aquí allá? ¿En qué año fue? En fin, este formato tiene unos límites claros y uno de ellos es que, naturalmente, un espectador no tiene las herramientas de una tableta para parar, adelantar o atrasar pedazos de la historia, supuestamente, el provecho se hace de una sola ingesta y por lo tanto la atención va de una hora y media a dos horas, máximo tres horas en alguna peli de Scorsese. No hay mucho tiempo para detallar cada situación y el editor (Josh Schaeffer) se vuelve mago para volver un material de 20 horas de grabación lineal a algo inteligible de seis horas y después empezar a peluquiarlo con estilo para obtener estos formatos. Allí se pierde mucho. Hay conceptos como la toma de muestras odontológicas hechas a Bundy en la cárcel que en el formato de largometraje quedan como un vacío legal pero en el documental se advierte que hay una orden, que hay un paso de resistencia por parte del implicado y después un estado de sarcasmo y docilidad inusitado.

La cinematografía de Adam Stone (documental) me parece que se explaya y se aprovecha en su formato, se hace rica y valiosa; la cinematografía de Brandon Trost (argumental) se torna más restringida, más tímida y no necesariamente complementaria con el tema, no es mala, pero palidece en comparación. Ambas musicalizaciones (Justin Melland, Marco Beltrami, Dennis Smith) tienen los mismos paradigmas pero se desarrollan bien cada una en su campo.

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Me encantó el reparto escogido por Neely Eisenstein. Desde Lily Collins como Elizabeth hasta James Hetfield como el oficial que primero lo detiene! -un guiño a que el director Joe Berlinger les ayudó a Metallica en Some Kind of Monster y This Monster Lives-. Zac Efron en sí mimsmo es un tema delicado en la pieza. No lo hace mal. Está perfectamente adaptado y su personificación es alusinante, un gran trabajo que se le debe reconer al joven talento de 32 años; Efron es un trabajo en proceso, repito cuadra perfectamente con la edad de Bundy y con su físico, se nota que lo estudió y fue muy respetuoso para seguir sus pasos, sus muletillas alguno de sus gestos, los tonos de su voz son más que acertados; el problema es que el personaje es más fuerte de lo que físicamente puede agarrar; en el documental se hacen evidentes los cambios de humor del protagonista, los cambios de tono en un mismo relato, que van desde la seriedad a la carcajada pero hay varias carcajadas, las risotadas frente a las cámaras de la prensa y las risas en frente de Michaud; justo esos cambios de personificación tiene que hacerlos un actor con más desarrollo y experiencia, claramente DiCaprio nos enamora frecuentemente con esas demostraciones o Javier Bardem o Josh Brolin o incluso Brad Pitt lo ha venido aprendiendo con el paso del tiempo y no es una sentencia en contra de Efron, que se nota hace un gran esfuerzo, pero incluso el recompuesto Haley Joel -I See Dead People- Osment recibe una llamada en su casa indefenso, reconoce la voz de Bundy, hay cambio de humor, tanto en postura como en tono; el mismo Osment frente a Lily Collins, lo inquiere por la misma llamada, su cuerpo titubea, se queda callado y después habla pero no es cualquier parlamento, se entiende acorralado. Efron repite su esfuerzo en The Paperboy de Lee Daniels, se esfuerza demasiado, pareciera que le falta disfrutar aún más el momento y se siente demasiado respetuso, hubiera podido aprender algo de la rebeldía de Matthew McConaughey o incluso relajarse un poco como cuando está con Seth Rogen en esas fantásticas comedias de Neighbors.

A diferencia de Ruth Bader Ginsburg, aquí uno no puede decir claramente qué pieza es mejor. El documetnal se complementa con el argumental y viceversa; la crónica adquiere un lenguaje propio pero se complementa con los diálogos, las caras de los personajes, las locaciones y una narración un poco más lineal del largometraje. Al igual que la serie de televisión la peli tiene cuatro actos y más o menos tienen los mismos finales cada uno: la presentación del personaje, su relación con Elizabeth y Molly, el juicio y su relación con Carole Anne y finalmente su confesión y desenlace. Sin embargo, el documental -sobre todo en su cuarto acto- se redefine alrededor de la persona de Ted Bundy y su psique. Su vileza versus su simpatía, su ingenio versus perversión, su carisma versus su obstinación, y finalmente, su impertinencia versus la animadversión que su personalidad generaba. En ese sentido creo que el argumental se queda corto y de nuevo, sin ser una responsabilidad directa de Zac Efron, si era su total competencia.

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First Reformed

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Mi historia con Paul Schrader empieza casi desde mis propios inicios con el cine. Cuando mi papá me llevaba a la Sala Fundadores del Museo de Arte Moderno (conocido ahora como El MAMBo). En ese entonces fuimos a ver algo que se llamaba El Rastro de la Pantera (Cat People), una joda reerótica, con Natassja Kinski, sobre unas panteras atrapadas en un zoológico con una profunda necesidad de ir al mundo de los hombres; si mal no recuerdo, algo con la luna lograba transformarlas en humanos y estas bestias se camuflaban hermosas dentro de nosotros. ¡Una cosa de locos!

En esta historia de 2017, Toller, un cura de una capilla turística, se enfrenta a las dudas de su fe frente a la confrontación de un ateo que duda de si mismo y su ministerio, tanto así, que no quiere tener su propio hijo. El cura se ofrece a escuharlo y dar consejo mientras La Esposa acude al cura y le hace revivir todo el sufrimiento interno que tiene encubierto con osanas y padrenuestros; trata de buscar respuesta a sus aflicciones personales pero desencadena un peregrinaje hacia su propio Calvario.

La peli está bien. Le tuve muchas esperanzas porque es Paul Schrader, autor de Taxi Driver, Raging Bull, Cat People y The Last Temptation of Christ; no es cualquier aparecido de Hollywood; tampoco digo que sea su mejor producto desde City Hall o Affliction pero si se puede prever algo de su perturbada perspectiva que no va a terminar en un coro celebrando la anunciación del cura agarrado de manos con Amanda Seyfried, en una sencilla parroquia, centro de una disputa ambiental. Pero creo que se queda corta frente a todo el potencial. El nudo de la pieza, sin embargo, lo rescato porque se presenta de la forma más grotesca y gráfica que he visto en varios años. Toller, interpretado por Ethan Hawke tiene diagnosticada una severa gastroenteritis, tanto que se estima, a la falta de más exámenes, que pueda ser un cáncer; su reflexión personal sobre la vida y la muerte, la naturaleza y la corrrupción se da con un trago de un «single malt» mezclado con Pepto Bismol… La exquisitez del whisky, el vaso contenedor y la disruptora entrada del químico “aliviador” con densas burbujas hacen del trago algo duro de asimilar; tanto o más que el trago de destapacaños al final de la pieza.

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The Post

Haciendo la tarea de Los Oscar me puse en la labor de ver The Post de Steven Spielberg. Sobresale el aún juguetón John Williams con sus partituras y las fantásticas tomas de Janusz Kaminski pero entre todo el virtuosismo de Meryl Streep, Tom Hanks, Bruce Greenwood, Bob Odenkirk –reunido anecdóticamente con–, David Cross, Sarah Paulson y Alison Brie pues el producto final no llega a ser más que el promedio de pelis del repertorio del 2017 y se queda en lo paradójico de cuando Spielberg empezó a hacer las pelis de Eastwood e Eastwood las de Spielberg

Para los que quedaron intrigados con el final:
http://www.washingtonpost.com/wp-srv/politics/special/watergate/timeline.html

Nota personal: Curzon Dobell entra a mi colección de representaciones de Nixon también sin mucho que resaltar.

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