3D, Action, Adventure, Animation, Chris Buck, Emo, Exploitation, Hollywood, Jennifer Lee, Melodrama, Miguel Vaca, Movie, Musical, Vacacion

Frozen II

Una de las cosas que más detesto en las pelis para niños son las canciones cerrando una idea y su grandiosa cantidad en cada una de ellas. Es tan absurdo el tema que en Moana uno de los protagonistas insta a que no se haga más; realmente es un tema avasallador.

Pero…

Tratemos de separar esta gran piedra en el zapato y revisemos rápidamente Frozen I.
En una linealidad académica, Frozen desarrolla una historia épica. El nacimiento del héroe, su debacle existencialista, su temor crece así como su poder y en el momento crítico reversa su historia hacia una dirección coordinada con sus seres queridos o estimados. El posible gran giro, el héroe es una heroína.

Todobién hasta allí. Una cruzada de “estimados” tratan de salvarla de su desorden emocional y tratan de hacerla entender que para ellos es especial y no esperan que cambie en absoluto su esencia. Seguimos bien hasta aquí y podríamos haber terminado bien hasta y fueron felices y comieron perdices pero a los directores (Chris Buck y Jennifer Lee) a última hora y para lograr encaminar en la historia romántica a los cruzados, se inventan un antagonista de la nada que con un monólogo refuta toda su presencia en la historia de la peli. Estamos hablando del triángulo amoroso entre Anna, Kristoff y Hans, siendo este último el desafortunado villano improvisado.

Este error narrativo es tan terrible como la carga de adoración que recibió la pieza.
Reprochable hasta más no poder.

Su segunda parte tenía algo de esperanza por el escándalo acaecido con la figura de Elsa, la heroína. Obviamente, lo blandengue de Anna y Kristoff iba a perpetuarse pero lo que si no me esperaba es que la historia estuviera ausente de una figura antagónica siquiera villanesca (a no ser claro por ese instante revelador que hizo pelear a las dos comunidades, en el Bosque Encantado). Empezando por el principio, los fanáticos de Frozen habían interpretado el desarrollo de Elsa como una figura idealizada de una lesbiana que está inquieta con su realidad, no quiere herir a nadie y se condena al aislamiento. Salir a relucir como es ella es un acto heroíco y se aupaba que si había algo de seriedad en Disney debía desarrollarse una segunda parte donde ella encontrara una novia -seriamente, no entiendo cómo alguien puede exigirle semejante nivel de empatía y humanidad a una corporación que se ha creado y sostenido sobre la censura, los correctos valores de la familia y la xenofobia-. En fin. Frozen II. Una voz femenina, una sirena se revela ante Elsa y por un segundo creo que la valentía de Jennifer Lee, co-directora, escritora, creadora de la historia, iba a llegar hasta un punto donde pudiera conciliar el deseo de los fanáticos… Que nunca pasó.

Un poco de aquí y un poco de allá, la historia se desinfla en un monótono ritmo debido al desbalance de los personajes frente a un polo sin fuerza y sin villano -o sea, se fueron para el otro lado y lo quitaron completamente-, la ilusión de una figura romántica para Elsa se encharcó a medio camino y se tornó desconcertante al revelarse el Complejo de Elektra.

Nada más.
De nuevo, sólo un grandioso Josh Gad logró realzar la franquicia y el único capaz de sacar la cara con orgullo de esta hecatombe, que seguro va a forrar de nuevo a Disney en megamilones, que al final lograrán ocultar los vacíos tan terribles en este par de pelis en la franquicia… Eso y que además ya no queda esperanza para una nueva e intrigante tercera parte.

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The Man from U.N.C.L.E.

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The Man from U.N.C.L.E. es una reedición del homónimo programa de TV que se emitió con considerable éxito en la Inglaterra de los 60’s (más exactamente ente 1964 y 1968). La trama se centra en una relación cooperativa entre dos espias en medio de la Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial; en la esquina estadounidense, Napoleon Solo y, en la esquina soviética, Illya Kuryakin, un duelo clásico mientras resuelven misiones dictadas por un director de inteligencia británica, Alexander Waverly. Teniendo poca referencia de la serie televisiva, se hace evidente la influencia bondiana de Ian Fleming que actuó como consejero de los creativos de la producción; menos mal Guy Ritchie, el director de la producción cinematográfica actual, no se centró en los artefactos y trucos de aparatos, clichés sobresaturados de Fleming que, al parecer, si fueron eje del programa televisivo.

Es emocionante ir a ver una peli de Guy Ritchie. Los diálogos, las líneas cómicas y, la estética, hacen refrescante la experiencia de sentarse frente a una pantalla de cine. Aunque su genialidad se hizo evidente con su forma de contar historias en el barrio obrero, se fue saturando y el ghetto no dió más para su retórica. Sin embargo, en sus últimas salidas, la acción y la química carismática con Robert Downey Jr. en las dos partes de Sherlock Holmes le dieron la posibilidad de explorar otros proyectos más bonachones. El problema es cuando la disculpa se vuelve divertir por divertir y no hay realmente mucho rescatable en el análisis.

Si bien el reparto, constituido por Henry Cavill, Alicia Vikander, Armie Hammer y el mismísimo Hugh Grant, tiene una química insospechada, la ridiculez de la trama, y de nuevo, la presencia de los arquetipos y la dinámica de Fleming dejan una pieza vacía y sin mucho más que un par de sonrisas. El ritmo generado por el toma y dame de Solo y Kuryakin se vuelve un sonsonete aburridor y la estética de Ritchie presente tímidamente a lo largo de la cinta aparece rimbombante –y casi ensordecedoramente– en el desenlace del tercer acto de la cinta aportando mucho más ruido que calidad. En un partido de fútbol, se nota cuando a los jugadores se les acaban los argumentos y empiezan a jugar de corazón tratando a toda costa de ganar el partido. El equipo de The Man from U.N.C.L.E. no podría adaptarse mejor a esta figura. Ahora si lo lograron queda a criterio de todos ustedes.

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Action, Adventure, Animation, Brit, Carl Rinsch, Comic, Epic, Epochal, Exploitation, Hollywood, Martial Arts, Melodrama, Miguel Vaca, Movie, Noam Murro, Romance, Serie B, Storytelling, Thriller, Vacacion, Western

Bienvenida la temporada de verano 2014

Se acercan los estrenos de verano y los recibimos con una pequeña entrada de una pieza un poco atrasada, 47 Ronin, y la otra aún en cartelera regular, 300: Rise of an Empire. No hay mucho que decir de ambas, salvo (y guardadas excepciones por los gustos personales) ambas pelis cumplen su función de entretenimiento.

47 Ronin
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Es otra peli de Keanu Reeves donde aparenta actuar, frunce el ceño y pone su tono de voz bajo, como suspirando, tratando de evocar en nosotros misterio, tal vez, o suspenso –no se–; no importa, no podemos pedirle que actúe ahora de viejo, siendo que lo hemos alentado a que una y otra vez se repita en su papel de héroe atravesando una epopeya en frente de sus narices, siempre como el elegido entre los mortales. Hasta el comentario de Keanu en ese sentido suena acartonado y predecible, ¿no? Si somos capaces de superar a Keanu y el resto de sobreactuaciones teatrales, la cinta de Carl Rinsch se torna interesante.

47 Ronin está basada en la historia de un grupo de samurais que que quedaron sin maestro y se convirtieron en ronin; y aunque su maestro cayó en una trampa de su enemigo a través de brujería y murió con honor, ellos buscan su venganza para calmar su espíritu.

Tanto la cinta como la historia son clásicas en el subgénero de las artes marciales. No hay que ir demasiado precabidos, la sorpresa es que uno espera algo malísimo o deplorable y surgen buenas sorpresas. Como su fotografía (John Mathieson), por ejemplo.

300: Rise of an Empire
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Una década atrás el joven Zack Snyder había triunfado con el reenlatado de un clásico del terror como lo era Dawn of the Dead de George Romero y se hizo camino derecho hacía una megaproducción dentro de Hollywood gracias a su éxito dentro del público y la crítica. Muchos dijeron que no entendió la verdadera y auténtica visión de Romero con su aislamiento de la humanidad en el centro comercial pero sin lugar a dudas una nueva estética había nacido con esa pieza.

Su siguiente proyecto sería la adaptación del comic 300 de Frank Miller en 2006, apalancado en buena parte por el éxito que tuvo Sin City, también del mismo autor. 300, al igual que la pieza de Robert Rodriguez, basó su fotografía en la fidelidad a las páginas del comic y sumado a la estética alcanzada por Snyder se volvió un hito en las producciones de acción norteamericana; abuso del «tiempo-de-bala», la sangre, los torsos desnudos y la época greco-romana.

No pasó mucho tiempo entre las farsas de Hollywood y la explotación completa en TV (Spartacus), para que estuviéramos hastiados por completo de las escenas de desnudos fortuitos, los golpes de la espada desgarrando miembros y escupiendo sangre a borbotones frente a la cámara.

Snyder empezó a repetirse –y mucho– cayendo en lo profundo de Hollywood y sus taquillas. Se inventó la secuela de 300 y justo cuando Warner le ofreció Man of Steel, fue que decidió que se apartaría para producirla, no para dirigirla. El encargado sería Noam Murro, una cara desconocida en la industria y por lo mismo maleable a su antojo.

El resultado de Rise of an Empire es el pastiche de Snyder exacerbado al máximo. La hermosa Eva Green se bate como una guerrera y se echa la peli encima como Artemisa; su desempeño no flaquea y la historia se hace rica en detalles contextuales pero la pieza si que es más de lo mismo.

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Diamante y los cortos del BAFTA

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Una de las sesiones que no me quería perder era la muestra de los cortometrajes que concursaron en los BAFTA de 2013, tanto en las categorías animadas como de «carne-y-hueso».

Las piezas que finalmente trajeron al festival fueron:

The Curse de Fyzal Boulifa
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La dramática y cruda historia de una mujer llamada Fatine que experimenta el matoneo de unos niños que la acusan de prostituta, en su camino a casa a través del desierto.

Good Night de Muriel d’Ansembourg

Una historia interesante que se pierde en sus propios planteamientos. No mucho más que agregar y de pronto si bastante por olvidar.

Tumult de Johnny Barrington

Simplemente, el mejor corto. Con un paraíso agreste envuelto en las aventuras guerreras de tres vikingos, se nos hace un giro sorpresivo cuando aceptamos las valquirias y el Valhalla de su fe así como un bus lleno de escoceses sorprendidos por estos pintorescos aborígenes.

Swimmer de Lynne Ramsay

En la noche de los BAFTA, la talentosa Lynne Ramsay ganó la categoría con su Swimmer; aunque la pieza no fue presentada este año en el FICBAQ, la traemos como ñapa aquí en el blog.

A nivel de cortos animados la lista es más corta pero no menos interesante:

I’m Fine Thanks de Eamonn O’Neill

Una tragicomedia de venganza narrada perfectamente en primera persona y con un montaje muy divertido.

The Making of Longbird de Will Anderson

Aunque no encontramos la versión completa, la ganadora de la categoría verdaderamente es una joya.

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Diamante

Nuestro primer largometraje en el FICBAQ 2014 fue Diamante del realizador argentino Emiliano Grieco. Una peli primitivista, costumbrista y contemplativa sobre la historia de un niño llamado Ezequiel que prefiere quedarse a pasar el día con Miguel, un amigo de su abuelo, que ir a la escuela. Grieco concursa con esta pieza en la categoría mejor peli de Iberoamérica.

No queda claro, igual, si Diamante es un argumental –como creíamos que era– o un documental como afirma IMDb, el caso es que como uno o como el otro no logra un buen promedio; como argumental es una historia linda sobre el entorno campesino y como el amor por el campo y sus actividades es confundida por las nuevas generaciones hasta el punto de convertirse en holgazanes; como documental esa contemplación a través de los ojos de un niño demuestra una profunda vulnerabilidad del ambiente combinado con una violencia innata de las especies por sobrevivir.

El problema es que como argumental, Diamante por tantas y tan excesivas tomas sobre el entorno, pierde el ritmo narrativo al igual que el interés del espectador que se abandona muy temprano en los planteamientos de la historia; por su lado, como documental hay una dinámica interesante pero los personajes parecen tan libreteados que se siente falso –además que el comentario del ritmo también aplica para este formato–; la cinta no es pésima, el objetivo crítico de volcar nuestra atención hacia la tranquilidad del campo, lejos de la polución tecnológica a la que estamos expuestos día a día, es válido e interesante, simplemente, la mayoría de las veces es mucho mejor hacer un gran cortometraje –o mediometraje– que un mediocre o incluso pésimo largometraje.

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Philomena

philomena

El director Stephen Frears es tan variable como Nicolas Cage actuando; puede ser tan bueno como Mary Reilly o cursi y barato como Lay the Favorite; lo último que habíamos visto de él era Muhammad Ali’s Greatest Fight que es una especie de docudrama con Christopher Plummer y Frank Langella mezclado con imágenes de archivo del boxeador sobre su renuente posición de no ir a pelear en Vietnam por sus creencias religiosas; una buena pieza que describe lo difícil de la decisión para la corte suprema, politizada con jueces de derecha pero así mismo su redención filosófica sobre temas más trascendentales que la política misma.

Frears ha logrado conectar un par de veces lo suficientemente duro como para estar nominado en los Oscar; su The Queen logró variados reconocimientos entre La Academia y la HFPA siendo el Oscar a mejor actriz a Helen Mirren el más importante.

Frears en esta ocasión nos trae a colación la historia de una dulce octogenaria irlandesa que ha buscado desesperadamente al hijo que le arrebataron de joven, en una abadía de monjas católicas; su aventura es reconfortante y cálida pero también aburrida y simple. No es que Judi Dench que interpreta a Philomena Lee, la madre del hijo perdido, no lo haya hecho suficientemente bien, su desempeño le mereció una nominación como mejor actriz principal, realmente es que es un melodrama que no cuenta mucho más de lo que ya sabemos y que toca ciertas sensibilidades cuando nos conmueve su ternura o nos hierve la sangre con el perpetuo cinismo de la iglesia católica.

Al lado de Judi Dench, está Steve Coogan que a su vez es productor y escritor de la pieza, nominado por estas dos últimas. Un gran reconocimiento para este actor británico en un nuevo giro de su carrera.

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La grande bellezza

la grande bellezza

No entendí.

¿Cuál es el punto de una orgía de imágenes hermosas, en un sofisticado discurso semiexistencialista? Para mi ninguno, para la HFPA (Hollywood Foreign Press Association), la mejor peli extranjera del año.

Es posible que Paolo Sorrentino y yo no seamos compatibles; me pareció muy promedio su This Must Be the Place y ahora esta aclamada historia de Jep Gambardella, La grande bellezza, tampoco me causa emoción. No la descifré completamente y tampoco pude relacionarme con sus personajes; reconozco que la fotografía es hermosa y la música va muy bien con el fluido de la historia pero no por eso, en una actitud esnobista y superficial como la gente de The Guardian o el The New York Times, voy a salvarla o a decir que es un «hermosísimo innuendo».

Por ahora sigue en carrera para los Oscar como gran favorita después de Los Globo; qué lastima que verdaderas joyas como Jagten de Vinterberg se desperdicien tan innecesariamente en competencia.

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Saving Mr. Banks

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Saving Mr. Banks es el comodín de Walt Disney Pictures este año para tratar de robarse un par de premios en esta temporada. Descaradamente, la cinta dirigida por el texano John Lee Hancock, demuestra ser un artilugio embustero de explotación melodramática cuyo último fin es conmovernos y hacernos romper en llanto. Lo logra, pero nada tiene de fabulosa su trampa emocional. Tampoco es de sorprender de quien en algún momento nos presentó The Blind Side.

Saving Mr. Banks es una biopic que narra los hechos de la preproducción de la cinta Mary Poppins de 1964, cuya autora P.L. Travers habría publicado en 1934 y de cuyos derechos, cuenta la historia, estuvo detrás Walt Disney durante 20 años. Travers se encontraba en condiciones bien complicadas cuando decidió acceder a las constantes y persistentes invitaciones de Disney; empalagada con el sentido de emporio infantil que representaba Disneylandia, la escritora se negaba a cualquier modificación, interpretación o adaptación de su gema querida, ya que, como ella misma afirmaba Mary Poppins era familia; supuestamente esta frase fue la que doblegó finalmente a Disney y por la cual entendió el recelo que Travers tenía con su obra; años atrás, también en condiciones similares, o incluso más precarias, el joven Disney no quería vender los derechos de Mickey Mouse a un industrial interesado y se aferró fuertemente a su creación; su valor emocional se convertiría en un principio de familia y posteriormente en una marca muy bien atesorada; logrando entrever las vulnerabilidades de Travers a través de las suyas propias, el señor Disney logró que la autora le cediera los derechos de explotación y se volviera un logro más dentro de la carrera de este emperador de ascendencia humilde.

Más allá de que es una impecable producción, con una hermosa fotografía (John Schwartzman), de que la trama empalagosa y dulzona nos arranca lágrimas a la fuerza, de que Tom Hanks encarna con suficiencia su personaje histórico y de que el desempeño de Emma Thompson es intachable, la cinta es un aburrido relato lleno de retrospectivas que, una y otra vez, aparecen en la historia perdiendo ritmo y haciendo una narración tediosa. El estudio y el mismo John Lee Hancock se deben sentir más que satisfechos con el Globo de Oro y la nominación de Emma Thompson como mejor actriz principal en los SAG’s. Pero eso no va a ser el punto final. Disney motor importante de la industria, megalómanos y autoindulgentes en su pensamiento conservador, no van a permitir que esta gran oportunidad de autoalabarse no traiga aún más reconocimientos; seguramente Saving Mr. Banks va a ser más que protagonista en la versión de los Oscar de este año y de seguro se va a llevar un par de estatuillas que nos van a hacer modernos los labios por la corrupta aflicción del éxito de su siniestra maquinaria.

Esta reseña no se acaba sin antes resaltar la voz de Meryl Streep que se atrevió a criticar al mismísimo Walt Disney por sus actitudes misóginas, antisemitas, racistas frente a un gran oratorio y su discurso fue calmadamente aplaudido. Streep nos hace caer en cuenta que el estudio en manos de esta familia representa el brazo más fuerte de la derecha en Estados Unidos y que esta cinta por más florituras que posea no puede dejar de ocultar. Walt Disney actúa como el típico estadounidense extorsionador que busca cualquier forma de alcanzar sus metas o de quebrantar a su oponente; lo decíamos anteriormente en Crystal Fairy de Sebastián Silva, el norteamericano se siente con el suficiente derecho de tomar y hacer lo que sea por su poder monetario y a toda costa logrará sus objetivos porque el mismo capital valorará sus acciones; pero también en esta pieza se evidencia el racismo, de la época y de su imperio, sólo dos veces aparecen personas negras, no sólo en denigrantes papeles de servidumbre, sino que además son tratados como objetos, sin parlamentos en absoluto y sin siquiera una mirada que los valide como seres humanos.

A esta altura ya no importa quién es Banks, quién es Travers o quién es Goff, esta peli es sencillamente una ignominia.

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