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5 Broken Cameras

31/12/2013 1 comment

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Políticamente cargado y emocionalmente descarado, el documental de Emad Burnat y Guy Davidi es la razón por la que uno puede tener fe en que una salida al conflicto entre israelíes y palestinos tenga un buen término.

No es necesario saber que el conflicto en la Franja de Gaza lleva más de un siglo para entender esta peli; seguramente la inconsciencia e irracionalidad continuarán y nuestras dudas del porqué existe un conflicto de este tipo se perpetuarán. De alguna forma 5 Broken Cameras es un drama ala Starship Troopers con un final abierto y un sentido de desazón completo; la diferencia es que esto es la vida real y no hay ficción entre sus líneas de diálogo, las muertes son angustiantes estocadas de personas reales que nos ofrecieron minutos en pantalla y que por una increíble estupidez ya no están con sus familias.

Emad Burnat vive en Bil’in, una población palestina colindante con Israel; sus habitantes defienden los jardines traseros que les proveen aceitunas para su consumo; los israelíes mediante ocupación de trailers, dominan injustamente territorios vecinos y pasadas varias horas su ejercito los acompaña en la construcción de edificaciones de concreto; el único problema es que las tierras ocupadas no les pertenecen, las construcciones son ilegales y la ocupación es el acto más violento que puede tener un ser humano sobre otro cuando le es despojada su tierra, su vivienda y sus raíces.

En Colombia estamos acostumbrados al maltrato de la fuerza pública; las crudas escenas de expropiación, desplazamiento, maltrato, violación y asesinato son comunes a nuestro parecer cotidiano. Es increíble como el hastío de las escenas tan crudas en el documental no generan mayor sensibilidad en nosotros. Quisiéramos apoyar el movimiento palestino pero tenemos suficientes problemas, con nuestros indígenas, nuestros campesinos y nuestro fuego cruzado.

No obstante esta pieza es de alabar por su posición no-violenta frente al conflicto porque, como muy bien lo relata Emad, ciertas situaciones hacen muy difícil la decisión de no tomar siquiera una piedra para protestar por las calamidades e ignominias de un ejercito que lo único que profesa es un matoneo sobre una población desarmada. El pensar de ultra derecha de los israelíes que pueden tomar, destruir y aniquilar a su enemigo simplemente por el hecho de que está en contra de su pensamiento es una de las grandes diferencias que tengo frente a ellos y que he tenido la posibilidad de constatar frente a frente en diálogos con sus más jóvenes idealistas; jóvenes en vacaciones después de sus años de servicio militar obligatorio.

La revolución de Guy Davidi no es poca. Israelí de nacimiento, en Jaffa al norte del país, se negó a prestar el servicio militar obligatorio que a los ojos del pueblo hebreo es traición contra la patria. Si además se juzgara que se ha juntado con Emad en la documentación de la brutalidad israelí en este estúpido conflicto, su traición se eleva a escupir su madre y quemar su bandera al aliarse a los enemigos. Los israelíes son tan fundamentalistas como sus mismos enemigos y su paranoica miopía es tan profunda que no saben distinguir quién está aliado o en contra.

Obviamente esta peli no iba a lograr mucho más de lo alcanzado en Estados Unidos, segunda tierra de Israel en el mundo y ampliamente dominada por judíos en Hollywood. Sin embargo, a punta de berraquera se hizo a una nominación, no como mejor cinta extranjera donde seguramente hubiera sido y fue vetada, sino como mejor largometraje documental; además logró mejor dirección como documental del mundo en Sundance (2012) y casi logra el Gran Premio del Jurado.

Su rival fue Searching for Sugar Man en varias oportunidades. Una peli fácil de digerir y alabar. Una perfecta nube de humo para disipar grandes atrocidades como The Invisible War, How to Survive a Plague y la misma 5 Broken Cameras.

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The Human Centipede II (Full Sequence)

04/12/2013 1 comment

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Cuando algún director es consciente se sus gustos y potencias en los subgéneros de explotación generalmente, y contrario a Catching Fire -que recientemente nombramos-, sus piezas empiezan a adquirir un cierto estilo, se rodea de una fanaticada fundamentalista y se van volviendo de culto. Tom Six es un neerlandés que sorprendió al mundo hace cuatro años con su The Human Centipede (First Sequence), una terrible y sangrienta historia de secuestro, perversión y desesperanza.

La cinta y la historia fueron alabadas por el público y la crítica de Austin Fantastic Fest, Toronto After Dark Film Festival, Fangoria Chainsaw Awards y el Screamfest, lo que impulsó a Six a pensar en una segunda parte. Pero no le bastó sólo con eso, afirmó que esa segunda parte sería más grotesca, visualmente más repulsiva y de una poderosa violencia gráfica, haciendo ver The Human Centipede (First Sequence) como un cuento de niños.

Hay que decir que Six puede tener estallidos de genio y que con esta segunda parte logró plenamente sus objetivos.

Lo primero que hizo fue reducir un poco la producción al grabar en blanco y negro; no importa que sea digital y filmado con un HDCAM, como aprendimos en Escape from Tomorrow, el presupuesto de una producción se reduce considerablemente en posproducción al ser filmado en esta calidad porque los ajustes de tono, “color” y luz se hacen más fáciles de cuadrar; al grabar su Full Sequence en blanco y negro, el dramatismo aumenta, el sentido de “realidad posible” se hace más cercano y por lo mismo la historia se hace más intimidante.

Otro aporte en esta segunda parte es el protagonismo de Laurence R. Harvey, un actor británico que tiene un aspecto bastante peculiar y que Six se encarga de volverlo grasiento, desagradable y casi maloliente; desesperante con su asma crónica e intimidante con su lesión cerebral, Laurence R. Harvey interpreta a Martin un celador londinense que vive con su madre y es fanático de la peli de Tom Six -un ouroboros exquisito-. Todos los encuadres resaltan sus ojos saltones y su hediondez absoluta. Si en su First Sequence, su especie de Doctor Frankestein (Dieter Laser) atemorizaba por su retorcido ingenio, Martin aterra y al mismo tiempo genera la más profunda animadversión posible.

Finalmente, el objetivo de Martin es llevar al siguiente nivel el trabajo del Dr. Heiter; mientras Heiter logró, de alguna forma medianamente delicada, un organismo “cienpiés” de tres módulos, Martin más basto, más torpe y mucho más burdo trata de conseguir un “cienpiés” de doce módulos. La cacería es muy entretenida, el contexto con su madre y su mascota desarrollan muy bien el estado mental de su persona además que los momentos, casi parpadeantes, de color son la definición misma de lo grotesco.

Full Sequence vuelve a triunfar en los Fangoria Chainsaw Awards y aunque recoge mucho menos taquilla que en First Sequence, Tom Six se prepara para una tercera parte: The Human Centipede III (Final Sequence).

Life in a Day

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Life in a Day es un proyecto dirigido por Kevin Macdonald (The Last King of Scotland, Marley) producido por Ridley y Tony Scott (ScottFree) bajo una invitación abierta hecha en YouTube a principios de 2010.

Las reglas de juego era grabar los momentos acontecidos durante el siguiente 24 de julio y responder a unas sencillas preguntas propuestas por el realizador y los productores de la pieza. Al final, hubo 4.500 horas de archivo de video cuyo origen eran 192 países y más de 80.000 aplicantes.

La obra la observamos con detenimiento con Roxana Martínez en Netflix y mientras ella pensaba que el proyecto era aburrido, a mi me enloqueció la sensación de estar escuchando una bestia de mil cabezas que hablaban al unísono. Es cierto, el ritmo percutivo y progresivo de la cinta banaliza muchas de las situaciones pero también permite que aparezcan pequeñas tonalidades que florecen en el momento indicado.

Si sólo el material es interesante per sé, describiendo la voz de la humanidad sobre unas preguntas sencillas como qué desayunas, qué amas o a qué le tienes miedo, la totalidad de la pieza se vuelve aún más impresionante cuando se trata de hilar esas voces con algo de armonía por algo más de una hora y media. El aburrimiento puede proceder del hecho que la peli no ofrece nada distinto a la unión convencional de una serie de videos concatenados -que podría decirse son los mejores dentro de los escogidos pero sencillamente fueron los que mejor le funcionaron a la producción para su cometido- y que precisamente atacan la atención del espectador con un ritmo apabullante o abrumador; lo interesante es encontrar esa melodía, esa estética básica de cada cultura del mundo -o por lo menos aquellos que tuvieron acceso a una cámara, a YouTube y pasaron el filtro de los productores- que aportan caras reconocibles dentro de este gran coro de voces.

En ciertos momentos, abstrayendo la forma de la pieza, se pueden experimentar escalofríos de sentir precisamente eso, que la humanidad está hablando, que se manifiesta, no de una forma natural sino como cuando a veces bíblicamente el diablo se refiere en primera persona del plural y afirma que «somos legión». Una sensación increíblemente conmovedora aparte claro está de las particularidades de ciertos discursos que sobresalen porque están llenos de drama, emotividad, melodramas sobreactuados o a veces mucho dolor.

Kevin Macdonald tiene un talento increíble en la factura de sus documentales pero creo que aparte de lo grande de la convocatoria, de la riqueza del material recibido o el mismo ingenio del autor para crear la historia, este es un ejemplo de un gran y épico montaje. El responsable es el editor Joe Walker que emprendió una empresa TI-TÁ-NI-CA al tratar de darle forma a todo el archivo y, por lo menos dar la sensación, que los más de 80.000 aplicantes tuvieron un segundo y una oportunidad de comunicarle al mundo algo.

A veces es una lástima que la fragmentación de la obra nos muestra unos cortos increíbles que pudiéramos o quisiéramos ver con más profundidad pero el formato no lo permitió. Al igual que se afirma que somos fenotípicamente tan diferentes que al final somos iguales, Macdonald, ScottFree y Walker con su pieza afirman lo mismo pero en un acorde de miles y miles de personas compartiendo su cotidianidad.

Bully

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Bully es una forma de intimidación hacia los otros que se ha hecho ordinaria entre los niños y adolescentes en las escuelas, así como en universidades y ambientes de trabajo. En Colombia se le dió espacio a su discusión debido al eco de las noticias recientes sobre la alta rata de suicidios norteamericanos que escandalizó a los padres y las escuelas.

El nombre acotado en Colombia para el bullying es «matoneo».

Bully de Lee Hirsch es un crudo documental con casos reales de niños víctimas de la intimidación de otros niños. Casi 13 millones de niños en Estados Unidos son matoneados en la escuela, sus rutas escolares, sus cuadras, sus viviendas, sus celulares y sus páginas personales de internet, convirtiéndose en la forma más común de violencia infantil. Lo más difícil de aceptar es que la impotencia en algunos casos o la negligencia de los adultos en otros, desencadene acciones de violencia más atroces como asalto a mano armada, secuestro o en sus casos más graves suicidios de la víctima.

Las historias son desgarradoras y conmovedoras, sin embargo, no dejan de ser un tanto amarillistas en el sentido que no se construye nada alrededor de la problemática. El centro del documental son los duros testimonios de los afectados, la impotencia de los padres que no pudieron evitar que sus hijos fueran encarcelados o de aquellos que los vieron morir frente a sus narices. No hubo una sola perspectiva que reconstruyera el camino del «bully» como tal. Hay un niño que da fe de haber humillado a otros niños tres años atrás, al siguiente año perder interés en el tema y al siguiente ser consciente de que lo que estaba haciendo era erróneo pero nunca se adentró o se aprovechó mejor ese caso para evidenciar los problemas disfuncionales de su familia, la violencia intrafamiliar o las profundas vulnerabildiades de un niño que lo motivan a desencadenar un matoneo.

Aunque el documental se pierde en esa reiteración constante, es de alabar que el tema es crítico y que la MPAA estaba tratando de censurarla fuertemente pero fue más recia la maquinaria de una compañía como la Weinstein Company que se apropió de ella y la puso a circular en todo Estados Unidos. Gracias a ello la peli logra reconocimiento en varios círculos independientes y se hace su camino como voz de todos los niños que han sido maltratados de esa forma.

Snowtown

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Hoy en día se ha vuelto cliché la expresión «basado en hechos reales»; lo hemos escuchado frecuentemente en las cintas de terror aprovechándose de un rumor, un chascarrillo o incluso una mentira que se agrandó y se volvió leyenda, tal vez, porque de alguna forma deja el impulso en el espectador de que lo que está sucediendo en la pantalla puede seguir sucediendo en su realidad; pero igual hoy en día, no se puede confiar demasiado en esta frase porque puede simplemente ser un pretexto para distorsionarlo todo completamente. Es tan común, incluso demasiado, que la otra vez estaba viendo una de esas parodias donde rehacen material de otras cintas y al poner la oración «basado en hechos reales» se complementaba con otro par que decían “…sólo los personajes, eventos, nombres, lugares han sido modificados para la protección de los hechos y cualquier relación con la realidad es pura coincidencia“; en este momento no recuerdo el título de la pieza -lástima- un movimiento audaz y sin embargo pasó al olvido.

Snowtown, o The Snowtown Murders como también se le conoce a la peli de Justin Kurzel, está apoyada en los asesinatos de John Bunting, sucedidos en Adelaida, una ciudad al sur de Australia en la península de Fleurieu, a finales de los 90’s. En esta ocasión hubiéramos esperado de corazón que la frase «basado en hechos reales» se hubiera referido al cliché, en vez de conmocionarnos con su espantosa realidad. Una familia maltrecha, compuesta por una madre (Louise Harris) y sus cuatro hijos, vive en un suburbio pobre de la ciudad que es, sin embargo, catalogada como la quinta más grande de Australia. La madre y los vecinos, entre ellos John Bunting interpretado por Daniel Henshall, se reúnen a discutir problemas del barrio pero su nivel de tolerancia es bajo, su ignorancia es alta al igual que su nivel de alcoholización. Lo que parece un juego sencillo de exorcizar los demonios que rodean a Snowtown para Bunting es la excusa perfecta para alimentar sus fuegos y justificarse frente a todos y actuar, en contraste con la apatía de las autoridades. El bonachón de Bunting poco a poco va tomando al toro por los cachos y empieza a dominar la situación hasta llevarla a sus más profundos límites.

Ruda como ella sola, Snowtown tiene sin embargo una exquisita narración, en parte gracias a las cámaras de Adam Arkapaw, el montaje de Veronika Jenet y la reservada composición de Jed Kurzel que combinados ponen los pelos de punta. Justin Kurzel se introduce en la familia de esta madre, y Bunting que ha logrado filtrarse, para explorar no sólo su disfuncionalidad sino además para resaltar lo descompuesta que está a pesar de las apariencias. En esa forma es muy similar a Animal Kingdom de David Michôd e incluso podrían ambos darnos cátedra de ese nuevo movimiento que explora la violencia de los suburbios australianos a finales de los 90’s.

La historia de un asesino en serie puede ser abordada como terror sencillo o físico horror con escalofríos profundos hasta los tuétanos. Justin Kurzel logra proveernos la segunda opción gracias a la espeluznante actuación de Daniel Henshall. La pieza ganó FIPRESCI y menciones de honor en Cannes, además de Chicago y casi todos los círculos independientes de Australia. En este momento, está siendo rotada por Cinemax y Netflix, y si se tiene temple de acero es bien recomendada.

Urbanized

08/07/2013 1 comment

urbanized

Urbanized es el segundo documental que veo de Gary Hustwit y me doy cuenta que es un gran contador de historias, que a través de sus piezas logra cautivar y emocionar. En Urbanized nos habla del diseño urbanístico de una ciudad y nos permite entender «en cristiano» a Rem Koolhaas, Oscar Niemeyer, Jan Gehl y Norman Foster, todos grandes controvertidores de la ciudad y su funcionamiento.

Me gustó mucho. Hay un pequeño y alejado pasatiempo oculto en mí y es el de la contemplación de la arquitectura. Uno se queja a diario que todo el mundo con un computador y una motivación ya se cree diseñador gráfico; puede ser cierto pero igualmente todos nos enfrentamos, un día que otro, a un proyecto arquitectónico y tomamos decisiones que debieron ser asumidas responsablemente por un profesional de ese campo; así sea tapar un techo o romper una pared para ampliar la cocina, o lo hacemos nosotros mismos o llamamos a un maestro de obra, no llamamos al arquitecto, tal vez, porque la fastuosidad de la arandela nos atemoriza. Pero de alguna forma el urbanismo desde la perspectiva que nos presenta Hustwit SI es una responsabilidad de todos.

Lo bonito de Urbanized es que guardadas proporciones todas estas vacas sagradas nos hablan de apropiación del espacio, de responsabilidad, conciencia y que todo lo que ocurre en la ciudad está plenamente diseñado. Y así, es imposible hablar de urbanismo y no discutir de política pero no de esa de la que uno raja del burgomaestre o del tinterillo que se volvió capataz del país; discutir política a nivel de los asuntos del ciudadano de a pie; por ejemplo, pensar en el porqué suceden las migraciones laborales, por dónde pasan, cómo afectan y a quiénes los afectan. En esa discursiva el urbanismo es solucionado por grupos multidisciplinarios pero bajo requerimientos comunes. Los ejemplos son maravillosos; los más impresionantes son los africanos que gracias a detalles urbanísticos la delincuencia bajó considerablemente; otro que me encantó fue cuando Amanda Burden definió a Brasilia como una ciudad maravillosa desde el avión pero una pesadilla anti-ecológica para el peatón y/o ciudadano; el proyecto de Los amigos del High Line, que uno pensaría es un proyecto de un grupo de arquitectos jipis, es todo lo contrario, son jóvenes interesados, Robert Hammond y Joshua David, en que no se pierda los imaginarios de la ciudad o mejor de cómo cambiar esos imaginarios para que se vuelvan a integrar a la sociedad; y finalmente, Bogotá amigable con los ciclistas, respetuosa del peatón y cuidadosa del espacio público.

No todo es color de rosa. Ya nombrábamos Brasilia como disgregada y tiránica, reducto tal vez de su fuerte expresión modernista, pero también se nombra a Stuttgart y la remodelación del distrito 21; conocido después como S21 el proyecto buscaba aprovechar mejor los espacios, en una zona baldía de Stuttgart, enriqueciéndolos con una ferrovía considerable. El modelo, que en principio suena muy progresista, olvidó vincular a los ciudadanos, que más allá de un gran emporio ferroviario querían conservar prados y árboles de más de 200 años. Las lágrimas de los vecinos son terribles. Más aún si las comparamos con las sonrisas y la buena actitud de los paseantes del High Line Park. Esto para que no bajemos la guardia, no olvidemos que somos parte de un engranaje mucho más grande y aunque parezca que nuestro esfuerzo es respaldado por alguien más, si no estamos bien representados o nos olvidamos de estar atentos los desfalcos, los fiascos o los atropellos de los aprovechados están a la vuelta de la esquina. El ejemplo más claro es Robert Moses, diseñador de la línea de rascacielos de Manhattan en Nueva York y que definió la isla sobre la destrucción de sus residencias, versus Jane Jacobs, una ciudadana y vecina del Greenwich Village, concienciada de la necesidad de perpetuar la ciudad como eje de las personas en su vida y de cómo se crea apego en el espacio y no en el progreso; la batalla entre estos significó el perfecto balance de lo que hace a Nueva York hoy en día una ciudad reconocida pero amigable para caminar, vivir y sobrevivir su metrópoli.

Urbanized se encuentra en este momento tanto en Cinemax como en Netflix. Y como ya vimos Helvetica seguramente Objectified también de Gary Hustwit debe ser muy bueno y será uno de mis siguientes proyectos en Netflix.

Starbuck

09/05/2013 2 comments

starbuck

Del director canadiense Ken Scott nos llega un melodrama cómico y romanticón sobre David Wozniak, un hombre de mediana edad, desordenado, con problemas financieros hasta el cuello y con una completa incapacidad para -querer- resolverlos. Es hijo de un inmigrante polaco que logró montar una carnicería en Quebec y aunque no tiene ningún vicio parece ser una desgracia para toda su familia afiliada al negocio.

Su única responsabilidad es recoger y llevar carne pero se demora en ejecutar sus labores cuatro veces más que un empleado ordinario. Su novia le informa que está embarazada de él pero que no quiere que sea el padre. Sus hermanos y compañeros tienen un equipo de fútbol aficionado y varias veces le han pedido que compre los uniformes pero aún están esperándolos. Sus acreedores le van a romper las rodillas si no paga los ochenta grandes que les debe. Encima de todo un día cualquiera se entera que, de esos más de seiscientos pajazos que colectó bajo el seudónimo de Starbuck, en el área de fertilidad de la Clínica Francesa, al lado de su casa cuando tenía dieciocho años, quinientos treinta y tres lograron fecundar y engendrar un hijo suyo.

De esa camada, ciento y pico de muchachitos quieren conocerlo y a través de un abogado le mandan un sobre con todos y cada uno de los perfiles de ellos pero Wozniak sufre un ataque de pánico y se niega a hacerlo. En teoría, su identidad no puede ser revelada pero su curiosidad termina por quebrar su voluntad y empieza a seguirlos uno por uno para conocerlos.

Scott como escritor y director no logra desarrollar el personaje de Wozniak, interpretado por Patrick Huard. El problema es que pasamos de algo medianamente inverosímil a una historia demasiado fantástica, rocambolesca y estrafalaria. En mi opinión, Wozniak es un hombre sin un centavo en el bolsillo, que estaba cultivando marihunana para tratar de sobrevivir a sus deudas y de un momento a otro, cuando decide ser el ángel guardián de sus hijos, los problemas monetarios no existieron más. Puede darse el lujo de abandonar su trabajo, pagar todas las multas de tránsito, cafés, pizzas y camionados de carne sólo porque ahora su perspectiva de la vida ha cambiado. Una concesión bastante ocurrente y caprichosa de la cual dependerá si el espectador acepta simpatizar con la historia o no.

Starbuck es una de esas pocas cintas independientes que logran colarse en nuestra cartelera y pueda ser que la sensación de caricatura sea la verdadera intención del director. En fin, no lo sé, uno puede igual caer en esa trampa, dejarse llevar por uno o dos chistes y además soltar un par de lagrimones pues ante todo Starbuck es un gran melodrama sensiblero antes que una comedia romántica promedio. La producción costó apenas seis millones de dólares y a pesar de que sólo ha recogido la mitad, Scott ya vendió los derechos a Hollywood y al parecer Steven Spielberg montará la versión en inglés con el nombre de The Delivery Man protagonizada por Vince Vaughn.

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