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Archive for the ‘Suspense’ Category

Hell or High Water

04/03/2017 1 comment

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La primera vez que me topé con David Mackenzie fue en una peli de Netflix llamada Starred Up; llegué a ella porque era protagonizada por Ben Mendelsohn y la verdad yo veo todo en lo que actúe este prodigio australiano desde que vi Animal Kingdom; Starred Up tiene la connotación de “subir de categoría” o “ascenso” y la lógica de este nombre es porque la trama de la peli trata sobre un niño que estaba en detención juvenil y es llevado a una cárcel de adultos por cumplir su mayoría de edad; en realidad es un niño muy peligroso y violento, su llegada a esa cárcel tiene todo menos ser fortuita, su padre cumple condena perpetua y la única forma de acercarse a él fue a través de su carrera criminal. Súper recomendada. Aún está en el catálogo de Netflix de este mes para los interesados.

Asi es que después de investigar un poco, Hell or High Water no es el primer rodeo del escocés.
Y se nota. Las actuaciones en Starred Up son muy buenas y la producción, en general, de Hell or High Water es de muy alto nivel.

Hell or High Water es un «western» contemporáneo, con muy buen trabajo del director sobre por Chris Pine, Ben Foster y Jeff Bridges que incluso logró nominación como mejor actor de reparto. Y, aunque no ganó nada en la noche de los Oscar, la peli estuvo también estuvo nominada a mejor producción del año, mejor montaje y mejor guión original.

La historia está contextualizada en lo profundo de Texas. El desierto –aunque hay locaciones físicas obvias– se evoca en la desolación de la recesión económica que tiene a sus habitantes con la soga hasta el cuello. Los bancos son los que están aprovechando el festín que queda, parece que estuvieran pescando con dinamita en el sentido que están arrasando con los recursos sin importar quién sobrevive. Estos, los bancos, se encargan de hacer préstamos, pequeños o grandes, no importa, lo que importa es que el ranchero se aferre a una deuda que con unos intereses altísimos, no sea capaz de pagar y así hipotecadas las propiedades se pierdan en el resultado del préstamo. Es allí cuando aparecen Toby (Chris Pine) y Tanner (Ben Foster) Howard, un par de hermanos herederos de un gran rancho, cuya madre dejó caer en hipóteca mediante un préstamo miserable al Texas Midland Bank; dicho préstamo está a punto de expirar y de no cancelarse en una fecha límite y próxima van a perder todo; este par de hermanos, cobrando justicia poética, empiezan a asaltar las sucursales del Texas Midland Bank en pueblos de bajos recursos, baja población y bajo perfil. Los conciudadanos, ni los apoyan, ni los delatan, les parece cómico que le estén robando plata como en otrora y a usanza del Lejano Oeste a estas víboras chupasangres. El plan funciona a la perfección porque la ley, no llega hasta estos confines, sin embargo, un empedernido comisario se siente desafiado, entiende el plan, el cronograma y se sienta a esperarlos en una locación que prevé es el siguiente golpe.

Las leyes del «western» empiezan a aflorar en cada acto de la pieza. El banco, los ladrones, el comisario, el «saloon», el duelo al mediodía, los habitantes del pueblo fantasma y de nuevo el desierto. Es una historia bien narradita, emocionante, tirante, graciosa y con una actuación impecable de Bridges; para mi este actor había tenido mejores actuaciones que la de Crazy Heart e incluso su desempeño mejoró después de haber alcanzado la estatuilla, destacando aquellas en las que el género es el de vaqueros y condenando definitivamente R.I.P.D. que es un huesazo.

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Manchester by the Sea

03/03/2017 1 comment

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Lo que uno se debe preguntar al final de ver esta peli es ¿si es una pieza de explotación sentimental o es un drama/melodrama complejo lleno de aristas y tonalidades? Cada persona podrá escoger su perspectiva del asunto y es justo decir que cualquiera de las dos opciones es válida porque –como me gusta pensar por estos días– para los gustos los colores…

Lee Chandler es un personaje sumiso y apagado. Es un todero que trabaja en Boston en varios edificios. Tiene una apariencia agradable pero no es una persona feliz, ni siquiera las más pintorescas anécdotas que le puedan permitir su cotidianidad le sonsacan una mueca de sonrisa. Su vida es oscura, fría y desolada.

Lee, interpretado por Casey Affleck, recibe una llamada y trata de resolver lo que evidentemente es una eventualidad por fuera de su rutina pero ni eso ilumina su cara, ni eso le desconfigura el gesto hacia la felicidad o la tristeza. Lee podría ser un excelente jugador de póker en este momento. Toma su Cherokee, se dirige por la autopista, le avisa a alguien en el teléfono que en un par de horas llegará allá y toma la salida hacia Manchester. Justo en este momento aparece un nuevo personaje en la historia: el montaje. La narración que trata de ser lineal, se llena de fogonazos hacia el pasado de Lee mientras este recorre la autopista. Un cuarto de hospital tiene a su padre, su hermano, su cuñada y a él mismo echando chistes. Es definitivamente otra época. Una doctora frente a ellos diagnostica a su hermano Joe (Kyle Chandler) con una rara enfermedad degenerativa del músculo cardiaco y le da una expectativa de vida no mayor de diez años. Lee llega a un hospital en Manchester y le dicen que ha muerto ¿quién? ¿El papá? ¿Su hermano? ¿Su sobrino? No sabemos. Siguen las retrospectivas tratando de hilar erráticamente el perfil de Lee que no nos muestra nada de su juego aún. Por fin sabemos que su hermano murió, casi en el instante mismo en que abre la bolsa que contiene su cadáver frío y rígido. Lo toca. Lo abraza. Lo besa. Y se despide, si se puede decir, notablemente conmovido ya que estamos inquiriendo cualquier pista que nos pueda brindar pero casi que su cara no se desdobla ante nada. Su sobrino no es una mala persona pero no es ingenuo ni inocente. Le es infiel a dos hermosas jovencitas y desenvuelve su vida entre sus amigos, la escuela, el hockey y el bote de su padre. Lee lo lleva a donde un abogado para leer el testamento de Joe mientras ya ha resuelto el tema de la funeraria y el mantenimiento del cuerpo de Joe durante el invierno, el entierro y su funeral. Donde el abogado se entera que su hermano lo ha nombrado guardián y tutor de su sobrino Patrick (Lucas Hedges) pero se niega rotúndamente, casi que por primera vez podemos ver una facción en su rostro y curiosamente es molestia o impotencia o sorpresa, no sabemos bien porque no conocemos bien a Lee y porque hasta ahora el trabajo de Affleck en ese sentido es impecable.

Las circunstancias dan un giro dramático en las imágenes del pasado de Lee. Aparece su esposa Randi (Michelle Williams), sus dos hijas, su hijo y gracias a todo ello huye de Manchester. No soporta su vida o el recuerdo de su vida allí. Quisiera quemar esos recuerdos y que no quedaran ni las cenizas pero lo único que siempre logra es ahogar sus penas en cerveza y whiskey para que alguien lo golpee en un bar. Ahora en el presente, aparece de nuevo Randi y le comenta que tiene una nueva pareja, que tiene un nuevo hijo con él pero que lo ama es a él, a Lee. Complejo. Para Lee todo es confuso, todo es errático y como decía Kenneth Lonergan en la velada de los Oscar «Casey, Casey, Casey…» Qué buen trabajo sobrio nos dedicó este joven actor, que nos demuestra su madurez con ese waltz que nos puso a bailar hasta el último compás o de cómo nos llevó en su póker hasta la última ficha de nuestras apuestas. Finalmente, Manchester esa noche se llevó estatuillas merecidamente por mejor producción del año, mejor actor principal y mejor guión; yo tranquilamente le hubiera dado cinematografía, actriz de reparto y mejor reconocimiento en montaje.

Calvary

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Cuando escribía la reseña de The Guard, del director John Michael McDonagh, enfatizaba las pocas veces que Brendan Gleeson se había hecho al protagónico de una peli. Acompañado del mismo realizador, repite protagónico e interpreta a un sacerdote de una pequeña parroquia irlandesa que recibe una amenaza de muerte de una voz que no reconocemos en su confesionario. Las causas para tal agravio son explicadas al detalle e injustas, o no, se dicta la sentencia.

«Calvario», para los que no saben, es el monte a donde fue guiado Jesús para su crucifixión; se usa coloquialmente para enmarcar la cruz que se carga en el destino hacia una meta, el dolor, la redención y la expiación de los males que lo atañen.

…puedo decirle cuando uno se está haciendo viejo… Cuando uno deja de escuchar la palabra muerte de la boca de la gente que lo rodea…”. Con esta clase de líneas, un tanto profundas y otro tanto irónicas, Calvary de 2014 se desarrolla entre lo bucólico de esta alejada parroquia y el pequeño thriller de suspenso que nace cuando vamos investigando quién es el perpetrador de la sentencia. Rondando el final del tercer acto, el Padre James (Gleeson) habla con su hija –en la trama se resolverán los detalles de esta particularidad católica–, y entre cuestiones de Catecismo 101 se desenmaraña, no el desenlace de la cinta pero si el porqué: “…una de las virtudes que ha sido más subvalorada es el perdón” y es esa última palabra la que suspiramos cuando todo se diluye en negro al final.

La actuación de Gleeson y las líneas creadas también por McDonagh desembocan en una estimulante pieza de emociones fuertes y ritmo calmo. Gleeson impecable recorre los pasos del Calvario, pareciendo que va del cielo al infierno, en sus cuestionamientos. La pieza es genial y el desempeño de Gleeson logra eco en los British Independent y, obviamente, los Irish Film and Television Awards súper merecidamente.

Nota personal. Entre las picardías de las líneas escritas por John Michael McDonagh una que me llamó mucho la atención es cuando Fiona (Kelly Reilly), hija del sacerdote, juega con las palabras “padre” y “papá”, dándole sentido a la conversación que sostiene con él, cuando se siente alejada o cuando se siente conmovida (respectivamente). Pareciera un ir e venir muy personal de la relación del director con la iglesia católica donde no puede definir qué juicio tomar frente a ella. Ahora bien, extendiendo su audacia y volviéndola picardía, invita al mismo juego al mismísimo hijo de Brendan Gleeson, Domhnall Gleeson (About Time, Ex-Machina), donde se reafirma el divertimento pero ahora con connotaciones naturales.

The Man from U.N.C.L.E.

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The Man from U.N.C.L.E. es una reedición del homónimo programa de TV que se emitió con considerable éxito en la Inglaterra de los 60’s (más exactamente ente 1964 y 1968). La trama se centra en una relación cooperativa entre dos espias en medio de la Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial; en la esquina estadounidense, Napoleon Solo y, en la esquina soviética, Illya Kuryakin, un duelo clásico mientras resuelven misiones dictadas por un director de inteligencia británica, Alexander Waverly. Teniendo poca referencia de la serie televisiva, se hace evidente la influencia bondiana de Ian Fleming que actuó como consejero de los creativos de la producción; menos mal Guy Ritchie, el director de la producción cinematográfica actual, no se centró en los artefactos y trucos de aparatos, clichés sobresaturados de Fleming que, al parecer, si fueron eje del programa televisivo.

Es emocionante ir a ver una peli de Guy Ritchie. Los diálogos, las líneas cómicas y, la estética, hacen refrescante la experiencia de sentarse frente a una pantalla de cine. Aunque su genialidad se hizo evidente con su forma de contar historias en el barrio obrero, se fue saturando y el ghetto no dió más para su retórica. Sin embargo, en sus últimas salidas, la acción y la química carismática con Robert Downey Jr. en las dos partes de Sherlock Holmes le dieron la posibilidad de explorar otros proyectos más bonachones. El problema es cuando la disculpa se vuelve divertir por divertir y no hay realmente mucho rescatable en el análisis.

Si bien el reparto, constituido por Henry Cavill, Alicia Vikander, Armie Hammer y el mismísimo Hugh Grant, tiene una química insospechada, la ridiculez de la trama, y de nuevo, la presencia de los arquetipos y la dinámica de Fleming dejan una pieza vacía y sin mucho más que un par de sonrisas. El ritmo generado por el toma y dame de Solo y Kuryakin se vuelve un sonsonete aburridor y la estética de Ritchie presente tímidamente a lo largo de la cinta aparece rimbombante –y casi ensordecedoramente– en el desenlace del tercer acto de la cinta aportando mucho más ruido que calidad. En un partido de fútbol, se nota cuando a los jugadores se les acaban los argumentos y empiezan a jugar de corazón tratando a toda costa de ganar el partido. El equipo de The Man from U.N.C.L.E. no podría adaptarse mejor a esta figura. Ahora si lo lograron queda a criterio de todos ustedes.

Locke

13/10/2014 1 comment

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Son las nueve de la noche y Ivan [aivan] Locke termina su turno de trabajo en una construcción de un edificio donde ligeramente podemos observar el hueco hecho para la cimentación de las columnas; está cansado y apenas puede dominar el volante; se ha cambiado las botas, el casco y dentro del carro se quita el chaleco reflectivo propios de la obra; maneja un BMW y tiene conectado su teléfono celular al volante para contestarlo en altavoz cómodamente, es decir, no es un obrero raso, su puesto es de jerarquía alta dentro de la edificación; llama a Bethan y le dice que pronto llegará, títulos y empieza la peli de Steven Knight.

¿Pero quién es Steven Knight? Knight es un escritor de la industria fílmica británica, nacido en Marlborough hace seis décadas, reconocido por los guiones de varias piezas cinematográficas como, por ejemplo, Eastern Promises, Dirty Pretty Things o la serie de TV, Peaky Blinders. Sin contar con Hummingbird con Jason Statham –estrenada también el año pasado– Locke es su debut como director.

Las críticas llaman la atención sobre el desempeño de Tom Hardy, y aunque estuvo nominado en los British Independent del año pasado, se quedan cortas frente al excelente trabajo del actor.

Locke tiene una pinta de cinta de «gangsters» –mayormente por el portafolio de Hardy– pero no es más que una «road-movie» desenvuelta en un sólo espacio explorando las tensiones, presiones y condenas de Ivan Locke en la víspera de uno de los mayores logros de su carrera como constructor. De principio a fin, se nota la transformación del actor tanto en su tono como en el desarrollo del personaje, que agobiado y algunas veces impotente, nos va contando sus preocupaciones, sus miedos y la razón de este largo viaje que emprende de noche hacia Londres.

Cercana a Devil (John Erick Dowdle) y a Buried (Rodrigo Cortés), Locke como decía desarrolla toda su trama en un sólo espacio. Mientras Devil tiene tomas en otros espacios por fuera del ascensor y Buried se desenvuelve estrictamente dentro del cajón que tiene enterrado a Ryan Reynolds, Locke es un punto medio entre las dos donde la cámara sale un par de veces afuera del carro y tiene otras tomas que dan contexto o refrescan en el montaje de la pieza. El encauzamiento de la historia se da de manera cautivante más por el trabajo de Tom Hardy que por la trama misma, sin embargo, el desenlace es inquietante y vale su espera a través de toda la peli.

Dawn of the Planet of the Apes

23/07/2014 4 comments

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Hace un par de años Rupert Wyatt fue encargado de relanzar la franquicia del Planeta de los Simios y todos temimos que iba a ser otro guiño a las acciones de Charlton Heston, por allá al final de los años 60, tal como sucedió con la desafortunada Planet of The Apes de Tim Burton en 2001. La de Burton no fue especialmente una mala pieza sino más bien una decepción. Grandes avances en maquillaje, grandes avances en tecnología, cámaras, narrativa y, al final, un pésimo resultado tratando de resolver lo más icónico del Planeta de los Simios, su desenlace.

Fue entonces cuando Wyatt, de la mano de Rick Jaffa y Amanda Silver, recrearon el posible inicio de la revolución con Rise of the Planet of the Apes. Will Rodman (James Franco) es un científico que busca una ayuda para el Alzheimer que sufre su padre; investiga la regeneración de células cerebrales mediante el uso de un virus y está en un punto muerto donde no puede controlar los efectos secundarios violentos de la droga administrada directamente en simios; cuando al laboratorio se le acaba la paciencia y determina la eutanasia de todos los especímenes infectados, Rodman adopta un pequeño recién nacido que resulta infectado por su madre gracias a la comunicación intrauterina. Este joven es Caesar, el líder de los simios que busca su libertad cuando siente que los humanos lo han abandonado y traicionado.

En ese punto habíamos dejado la historia y el punto alcanzado por Wyatt era realmente alto. Tan alto que cuando nos enteramos que no iba a participar en la segunda parte de la serie y que su sucesor iba a ser Matt Reeves experimentamos físico pánico.

Matt Reeves es el nuevo director y es reconocido en Hollywood por sus trabajos melodramáticos en TV como Felicity, Miracles o Conviction; así como el reciente enlatado de Låt den rätte komma in (Let Me In) protagonizado por Chloë Grace Moretz que más que enlatado fue la versión hablada en inglés de la impecable cinta danesa de vampiros. Claro también fue el director de Cloverfield y esto añadía una cierta porción de duda razonable a su gestión, un poco de esperanza para que la secuela tuviera algo de gracia y calidad.

Pues bien el resultado es la justa medida del sentimentalismo de Felicity, la imaginería de Cloverfield y el drama visual de Let Me In. Un raro salpicón que se fundió perfectamente en el guión de Mark Bomback y los reincidentes Rick Jaffa y Amanda Silver.

Reeves encontró la forma, tarea nada fácil, de superar Rise of the Planet of the Apes partiendo de un guión de los mismos creadores de la misma historia; ensamblando un reparto muy bueno que va desde Gary Oldman hasta el sensacional Jason Clarke, pasando por una dulce y aguada Keri Russell (Felicity) y obviamente Andy Serkis de nuevo como Caesar. La trama se olvida de la génesis del virus y avanza donde la desolación del Apocalipsis humano hace brillar la sociedad de los simios, liderados por Caesar y refugiados en lo más profundo de los Red Woods californianos. Este nivel de paz alcanzado se ve alterado por un grave incidente, un humano transgrede sus límites y llega hasta el dominio de los simios, en busca de una represa para reparar su hidroeléctrica, pero en el camino se topa con dos simios aislados, entra en pánico y mata a uno de ellos desencadenando la furia e indignación del resto de la manada. Caesar con la cabeza más fría que el resto de sus similares decide confiar que fue sólo una eventualidad, expulsa a los humanos que acompañaban al accidentado instigador y les perdona la vida. Dicha determinación divide al grupo sobre todo porque Koba (Toby Kebbell), con sus dolorosas memorias de tortura cicatrizadas en su cuerpo quiere aprovechar este único momento de venganza y siente el desplante de Caesar como una gran frustración.

En adelante, se evocan los sentimientos de un simio que vivió la parte más cálida de los humanos y el otro que vivió la más fría ignominia, desencadenando dos fuerzas igualmente poderosas, combinadas con la peligrosa volatilidad de los atrincherados humanos. Un gran planteamiento que desborda una gran peli.

El final abierto hacia una siguiente fase de la franquicia queda perfectamente intacto. Pero al parecer no todo el equipo de guionista va entero, pues sólo se escucha de Mark Bomback, y de nuevo FOX nos pone a sufrir así Matt Reeves esté confirmado. Ojalá se vuelvan a combinar las audacias del director, la genialidad del maestro Michael Giacchino en la composición musical –que logro la escalofriante mezcla de tonos clásicos extraídos de las piezas originales con composiciones originales dando como resultado un incomparable ambiente, tanto ambiental como sentimental–, un posible reparto basado en Jason Clarke, Andy Serkis y Toby Kebbell que en serio dan la nota de genialidad en esta pieza.

Para los que no han visto la cinta, la boleta se paga (con estos ya nombrados items pero además) con la fotografía de Michael Seresin –por la inclusión de esos planos secuencia tan importantes en el cine, sobre todo ese del tanque así como la imagen de Koba atravesando el fuego que da escalofríos verdaderos–, el diseño de producción de James Chinlund que poco a poco va evolucionando la comunidad de simios incluso con sutilezas en el vestuario, perdón la repetición pero vale de nuevo la nombrada de Michael Giacchino y el laborioso trabajo de Terry Notary, entrenador de actores que desarrolló lo que él llama un «humancé», una especie de chimpancé más evolucionado y que se dió el lujo de actuar como Rocket. Este «humancé» es un logro muy importante, aparte de su comportamientos el plano final con el cierre a primerísimo plano de los ojos del simio hace que se difumine el límite entre la bestia y el humano aportando un punto más a la larga lista de aciertos

Muchos momentos y muchos guiños para destacar en esta excelente peli… Creo que me la voy a repetir un par de veces más.

Gojira: King of the Monsters

«Gojira» (Godzilla) es una criatura gigantesca producida por un accidente nuclear. Pertenece al subgénero de la serie B de monstruos pero es bueno nombrar en esta pequeña introducción los pasos de The Lost World y King Kong que entre 1925 y 1933 dieron origen a otro subgénero, el de las cintas de monstruos gigantes. Los japoneses incursionaron en este tipo de piezas y les dieron el nombre de «kaijus» o extraños monstruos; en el blog también hemos hablado de otros monstruos gigantes como Attack of the 50 Foot Woman o incluso «kaijus» cuya referencia recientemente vimos en Pacific Rim pero realmente el que los hizo populares en nuestro medio fue el recién fallecido Ray Harryhausen.

Hay más de un par de docenas de pelis que se han hecho sobre el lagarto de proporciones jurásicas y la desolación y destrucción a su paso. Sin embargo, y es obvio, esta entrada tiene la intención de hablar de la última pieza producida sobre Godzilla, dirigida por Gareth Edwards (Monsters) y que recientemente vió la luz en nuestras salas comerciales; además vamos a referir los arcos de origen de este monstruoso espécimen, sin contar con la versión de 1956, Godzilla, King of the Monsters, que finalmente es un enlatado del mismo director inicial para tener una versión hablada en inglés. Entonces a continuación podrán leer sobre esa primera edición de 1954 de Ishirô Honda, la vapuleada versión de Roland Emmerich de 1998 y la recién estrenada de Gareth Edwards.

Godzilla
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Después de Monsters, que es una peli de bajo presupuesto no obstante entretenida, tensa y con una buena aceptación de la crítica y el público, a Gareth Edwards se le confía el proyecto de rehacer y relanzar Godzilla en Hollywood. Ya lo veremos más adelante pero la versión de Roland Emmerich tiene muchas fallas sólo ahora entendibles desde que vimos las tres épocas del «kaiju».

En Monsters, Gareth Edwards rodea el género de monstruos con cierto suspenso porque su falta de presupuesto lo limita en producción y grandes protagonismos de «las bestias»; esto nos hace recordar inmediatamente Jaws de Steven Spielberg, peli del mismo género que no mostró al monstruo sino hasta la mitad del segundo acto gracias al malfuncionamiento del robot que impidieron su uso con mayor anterioridad; la jugada fue un golpe de genialidad que sumado a la banda sonora de John Williams dieron un vuelco en el género y crearon un hito a nivel de tensión y suspenso. Edwards ahora con mayor presupuesto, con una producción cercana a los 160 millones de dólares, mantiene la premisa, la abraza y así nos introduzca a la historia con material de archivo sólo nos muestra a Godzilla al final del primer acto; no se separa de la estrategia de Spielberg porque con la mano del excelente y magistral Alexandre Desplat, logra cautivarnos con tonadas orientales, coros y fabulosos taikos. No es una casualidad. Honra de tal forma a Spielberg que incluso su familia protagonista toma el mismo apellido que Roy Scheider en Jaws.

Al igual que con Spielberg, el Godzilla tiene aún más referentes impresionantes y divertidos. El primero obviamente es el archivo de imágenes extraídas de Gojira que introduce al monstruo dentro del mismo universo.

De la mano de este primer referente también está el Doctor Serizawa que para los que aún no han visto Gojira tiene absoluta relación con el también doctor y héroe de 1954, Daisuke Serizawa. Aunque este doctor actual, interpretado por Ken Watanabe, se llama Ishiro hay un par de líneas de diálogo donde hace alusión a su padre el cual poseía un reloj que se detuvo en el momento de los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki; no necesariamente tiene que Ishiro ser el hijo de Daisuke pero de nuevo su estrecha familiaridad hace muy cercano su referente y concuerda con el mismo universo, anteriormente nombrado.

No me considero un experto en Godzilla o sus pelis. De su treintena de historias he visto una sexta parte de ellas; es de allí y de previas investigaciones que uno sabe que los MUTOs (siglas para Massive Unidentifiable Terrestrial Organisms) son extraídos de la cosmogonía de Gojira. Para Edwards, los MUTOs no son cualquier referente son precisamente el centro de su historia; en su existencia dan la dirección y el sentido de Godzilla en esta cinta, claramente referido al final de la cinta como «King of Monsters».

La gran diferencia entre Roland Emmerich y Gareth Edwards es que el tamaño si importa y que no se puede sacar a Godzilla de su ambiente japonés. Edwards lo entendió perfectamente; Emmerich trató de hacer un Parque Jurásico en Nueva York –de nuevo, ampliaremos más adelante esto–. La definición de Edwards de su monstruo es un oso macho alfa y es su apología más esencial al monstruo de Honda que basa sus movimientos y catas en las figuras de un oso. Aunque hay referencias también de águilas en la cinta, el movimiento, la contextura y los rugidos de Godzilla son propios de un úrsido, no un lagarto, y esto cambia diametralmente la percepción de la bestia. Eso y que es tan grande que la bruma de San Francisco se le pega exquisitamente al cuerpo de Godzilla y provee un ambiente misterioso a su apariencia. Muchos se quejan que no hay suficiente foco en la destrucción y los enfrentamientos con Godzilla, por el contrario, pensamos que el enfoque del montaje final lo engrandece y le quita parte de la payasada innata que tiene el engendro nuclear; aquí hay que decir que así como se descalifica la peli de Emmerich, no está al final de toda la cinematografía de Godzilla como lo han querido posicionar, por el contrario, está por encima de una docena de cintas ridículas que establecen esa lista.

Hay muchas más referencias en la cinta sobre todo en detalles de la cotidianidad de los Brody, particularmente de Ford con los afiches de su cuarto de niño que hacen alusión a batallas legendarias de Gojira, los montajes en la ventana de su escuela con la destrucción de la planta y los origamis de dinosaurios en primer plano o cuando vuelven a su derruida casa y en uno de sus dioramas aparece claramente el nombre de «Mothra», un clásico en los antagónicos de la gigantesca aberración que es Godzilla. Otros mas perspicaces lograron descifrar en los avances, el discurso de J. Robert Oppenheimer reconocido padre de la bomba atómica y líder del Manhattan Project; así mismo también encontraron referencias al Nautilus de Julio Verne o el USS Saratoga vinculado a pruebas nucleares en el Pacífico. Pero en resumen la peli aguanta un par de revisiones adicionales para descubrir todas sus sorpresas y hacernos entender que no es un trabajo a la ligera el de Edwards en esta cinta, que seguramente estará favorecido al final del año con varias nominaciones en la temporada de premios y que ya empieza a ver sus frutos cuando se confirma que dentro del universo de Star Wars, gerenciado por Buena Vista, ya se le encargó uno a este joven británico 😉

¿Es perfecta? ¿Merece una calificación excelente?
Definitivamente es la mejor cinta de Godzilla que he visto pero no es una peli impecable. Parte de los problemas vienen con las tramas alternativas que recreó alrededor para poder darle forma de relato. El error principal fue haber destinado el peso dramático en Ford Brody interpretado muy pobremente por Aaron Taylor-Johnson; su padre (Bryan Cranston) y su madre (Juliette Binoche) definían un intrínseco y mejor drama pero fueron sacados prematuramente del protagonismo; esto permitió que Ford, su esposa (Elizabeth Olsen) y su hijo desarrollaran un empalagoso melodrama que si bien puede descalificar la pieza, sus errores van más a la sobreactuación y los arquetipos que definieron su uso; esto evidenció que el trabajo de Max Borenstein como guionista fuera patético y que sus líneas de diálogo no apoyaron en absoluto a Bryan Cranston, a Ken Watanabe o Sally Hawkins desperdiciados criminalmente.

Aspectos de credibilidad y concordancia científica, considerados igualmente en Pacific Rim, son más subjetivos y se los dejamos a los puristas. Esta es una fantástica cinta de ciencia ficción, una oda al cine de Toho Studios y una perfecta celebración del sexagésimo aniversario del legendario engendro nuclear que es Godzilla.

Gojira
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Difícilmente otra peli podrá hacerse con el enfoque que le dió Ishirô Honda a Godzilla en 1954.

El contexto histórico es brutal apenas sólo nueve años después de las detonaciones atómicas de Hiroshima y Nagasaki; los japoneses no sólo firmarían su rendición sino que después de semejante experiencia decidieron no tener ni siquiera un ejercito para volver a incursionar en una guerra posterior; sin embargo, y a pesar de su rendición, Occidente, en cabeza de Estados Unidos, seguiría experimentando con este tipo de armas, haciendo explosiones controladas de la Bomba H en cercanías al archipiélago nipón, a pesar del repudio mundial por su obrar en las anteriores y destruidas ciudades.

Mucho se ha dicho al respecto de Hiroshima y Nagasaki pero el acto indecoroso de Harry S. Truman como presidente de los Estados Unidos tiene muchas agendas oscuras; la primera es la desprotección del área de Pearl Harbor con previo conocimiento del ataque japonés; dicho ataque, se volvió masacre y, justificó cualquier medida norteamericana en aras de ganar la Guerra del Pacífico; de esta forma Truman envalentonado declaró objetivos militares a Hiroshima y Nagasaki para destruir las fábricas de Mitsubishi, las cuales habían desarrollado 91 torpedos usados en Pearl Harbor; el resultado de dichos bombardeos fueron un millón de japoneses muertos y una larga fila de afectados por los efectos secundarios de la radiación; en palabras de Truman aún resuena la declaración que fueron dos bombas nucleares las que salvaron la vida de 500 mil americanos, que sigue siendo visto como un detalle de bajísima moral desde cualquier perspectiva y es juzgado como un acto de terrorismo de estado.

Gojira entonces plantea una reflexión oscura del armamentismo nuclear; japoneses expuestos a la destrucción de Hiroshima y Nagasaki pierden su mirada en el horizonte y proclaman frases de torpe articulación sobre una memoria que los afecta; el hecho de que Estados Unidos siga jugando con estas armas los llena de pánico; Godzilla aunque es el resultado de una experiencia violenta, agresiva y directa con radiación, es la metáfora misma de la radiación que los golpeó en el pasado y es su miedo a los juegos imperialistas que siguen experimentando con estas armas.

Godzilla no es un monstruo presente, o completamente expreso, en la cinta, es por el contrario un miedo latente que se mete en las discusiones frecuentes del gobierno japonés y del cual no saben cómo defenderse. El agobio de muchos japoneses nace de la necesidad de tener que huir de nuevo gracias a las secuelas de la radiación que deja el monstruo a su paso; Godzilla es doblegado pero el miedo no; por eso nunca muere.

Godzilla
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Finalmente, Godzilla de Roland Emmerich. Personalmente, he de reconocer que debo ser de los pocos que en su momento, y hasta sólo unos pocos meses, esta cinta me parecía divertida y que le habían dado muy duro en crítica. En vista de los terribles enlatados que han venido sucediendo en Hollywood, tomamos la decisión en el blog de revisar también los suyos y el balance no es positivo para el alemán.

Es posible que no haya envejecido muy bien la peli. Emmerich intenta, pero no lo logra, tener una historia consistente. El origen de Godzilla se aleja completamente de sus raíces japonesas. Si es una aberración nuclear consecuente con los múltiples experimentos ejecutados en la Polinesia Francesa; lo que no explica es porqué si puede tomar un viaje a Melbourne, Auckland, Santiago o incluso Lima, la bestia decide atravesar Panamá, continuar por el Caribe y desviarse hasta Nueva York con la única disculpa que es una isla con unas condiciones especiales para sobrevivir y esconderse. Si es así, ¿cómo sabía hasta dónde ir? ¿Por qué se dirigió al norte y no al sur? Si los motivos son inexplicables y debe dirigirse al norte ¿por qué atravesar todo el Caribe en vez de ir a San Francisco, Portland o Seattle?

Así como Emmerich se alejó de los orígenes japoneses, su engendro no tiene nada que ver con ellos. Ishirô Honda en 1954 estudió los movimientos de un oso y es así como ejerce su conducta, erecto, con zarpazos de sus patas delanteras y descomunal. Emmerich pensó que sería divertido hacer ver más real a Godzilla por eso es que se comporta como un lagarto, es ágil, pequeño, sus articulaciones y sus movimientos son como una iguana gigante; le gusta el pescado y cava para esconderse; el tamaño es ligeramente mayor al del Tiranosaurio Rex de Jurassic Park II pero a la vista de todos es el mismo animal con una cresta de tres filas. Así como su cresta, Honda y Toho Studios hicieron una serie de reglas para que Godzilla pudiera ser ejecutado a lo largo de su trayectoria fílmica; Emmerich se cuidó entonces de que su lagarto tuviera tres dedos en los pies, cuatro uñas en forma de garra en cada mano, que comiera pescado en vez de personas, que no fuera presentado cursi o de manera tonta porque Godzilla no puede ser una vergüenza y que no puede morir. En teoría, tampoco debe avalar ninguna marca como si fuera emplazamiento de productos y su mutación le permite expeler fuego de su boca como si fuera un dragón, cosa que entendió Emmerich como una sugerencia y que en la peli se ve como una casualidad de su aliento con un escape de gasolina.

En principio, Godzilla en Manhattan es una amenaza, no se ve bochornoso pero falla en las frases cómicas de sus personajes desde que empieza la peli sumado al fondo de la historia de Matthew Broderick –con tintes romanticones de traición e idilio– que hacen que Godzilla si se sienta ridículo(a) y el hecho de que su director haya querido hacerla más real deja en vilo problemas mucho más grandes como que el lagarto es un reptil, necesita mucha comida pero sobre todo mucho aire para respirar; dicha criatura podría sobrevivir en tiempos en los que la atmósfera era rica en oxígeno en esta simplemente se desmallaría y no podría tener la agilidad que posee en las calles de Nueva YorkEdwards, por su lado, genialmente hace de su oso mutante un engendro con un tiburón que le permite sobrevivir debajo del agua y alimentarse de la radiación del núcleo de la Tierra–.

Ratifico que Roland Emmerich no hace el peor Godzilla de la lista; que es ingenuo y envejece mal pero es divertida hasta cierto punto con su fetiche por destruir Nueva York y con referencias incluso al mismo Ray Harryhausen, en un televisor de Manhattan.

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