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Grave

Dentro de la serie B, la cantidad de subcategorías son casi que infinitas, tanto que unas se empiezan a conjugar con otras en su exploración creativa. Grave, o Raw, o Voraz como la traduce Netflix, es una pieza de serie B, de explotación <<gore>>, sobre canibalismo que tiende a volverse una trama vampiresca. Por lo cual, también se va a mi pequeña colección de vampiros contemporáneos.

La historia se abre con este cuadro familiar, en un restaurante de carretera, donde la mamá explota cuando a su hija le ofrecen un puré supuestamente vegano/vegetariano y la chica encuentra una albóndiga adentro. Hace entrever que su decisión por no comer proteína de origen animal no es propia, ni siquiera conciliada con su padre, sino absolutamente autoritaria por parte de la madre. No sabemos las causas pero definitivamente hay algo de fanatismo… Así después, cuando descubrimos que ambas de sus hijas están estudiando medicina veterinaria, en la facultad, pues asumimos que este fanatismo es originario de políticas animalistas o por lo menos de protección al maltrato animal.

La chica sufre los vejámenes de las iniciaciones en la universidad que involucran baños de pintura, humillación y sufrimiento por incomodidad inducida (por falta de sueño, drogas o ingesta de alcohol). Sentimos que la situación se va a salir de control cuando la chica aparte de estos juegos aparentemente inofensivos empieza a recibir baños de sangre, es obligada a comer vísceras o a encerrarse en armarios para disfrutar de encuentros carnales con otros pares. La carne se hace protagonista y con ella un sentimiento de ansiedad, de estremecimiento, de escalofríos e inestabilidad de la chica. No logra consumar el sueño y su mente empieza sólo a pensar en ello.

Más que una serie B, Grave es un clásico de terror y suspenso al alcance de nuestra cuenta de Netflix

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The Bad Batch

Antes de leer esta reseña, por favor leer esta.

Cuando por primera vez me enteré de una peli de vampiros iraní, me topé con Ana Lily Amirpour.

A Girl Walks Alone at Home es sencillamente genial. Y se rumoreaba por ese entonces que después del golpe de popularidad por el reconocimiento de esta peli, la realizadora se lanzaba en un proyecto de caníbales. Bueno. En principio, después de la comparación que le hicieron con Quentin Tarantino, pensé… Dinero, reconocimiento, libre albedrío… Ojalá y esa nueva peli no sea una gran basura.

Gracias de nuevo a Netflix, The Bad Batch llega a mi alcance.

Más que de caníbales, la historia es posible categorizarla en una «road-movie»; si me lo permiten, está el carro, esta la carretera, el desarrollo del personaje y su moraleja al final del cuento; pero aún más que «road-movie», debería haber una categoría en el cine que se denomine «Desert Movie»; si no se la han inventado pues me la invento yo; y así como “The Palm Desert Scene” donde varias bandas con una «liaison» musical rockera, invierten su tiempo en armar conciertos, «jams» y toda serie de colaboraciones pues así mismo en el cine la creatividad se une frente a una tendencia extraordinariamente visual. Hay que traer ejemplos a colación para no quedar como un cretino, ¿cierto? Rubber, Electroma, The Book of Eli, The Rover e incluso The Counselor se me antojan del mismo estilo y aunque sería lindo que tuvieran algún tipo de coincidencia, no la hay. Cinematografía, música, edición, nada en común. Pero de pronto con el tiempo, en serio, no es muy loco pensar en ello. A nivel de la producción en The Bad Batch uno empieza a encontrar semejanzas con «westerns», «indies» pero lo más cercano realmente a una colaboración es si acaso Eddy Moretti o el mismo Shane Smith de Vice.

Cuando uno se enfrenta a The Bad Batch es como la primera vez que uno vió Mad Max. Es escalofriante. Es anacrónica. Ubicada en la posguerra (esto puede significar exactamente un colapso nuclear, sin embargo, hoy en día lo podemos referir también a un EEUU posTrump). Y aunque sabemos que es cerca a Texas, realmente puede estar ubicada en medio de esa gran zona desértica del suroeste americano. Pero sobre todo, The Bad Batch está inmersa en el caos. La ley del más fuerte sobrevive, «The Bad Batch», algo así como el lote malo de producción humana es desechada al desierto como un gran sumidero de basura. Los Desechables. Y encaminadados a su fortuna y su propia voluntad son carne literal de cualquier otro que se quiera aprovechar de ellos.

Esta historia de Ana Lily Amirpour tiene como protagonista a Arlen (Suki Waterhouse); una chica que después de estar en una cárcel es puesta en libertad en medio del desierto; la chica se topa con un “reciclador” hermitaño (Jim Carrey) quien realmente redefine su destino ¿y cuál es ese sino? Ser alimento de una pequeña tribu de caníbales denominados «Bridge People»; esta comunidad vive en caravanas parqueadas en el desierto; el polvo es el aliado perfecto de su condición y su mejor provisión es el agua potable que parece tienen como fuente inagotable. Obviamente, es el desierto, y así como en Mad Max, se mueven en automotores impulsados por derivados del petróleo y la moneda oficial es el galón de gasolina. Al igual que el agua, parece que los «Bridge People» no tienen problema de suministro de hidrocarburos, entonces su única necesidad es alimentar esas grandes corpulencias, esas musculosas extremidades, su objetivo es adquirir proteína animal.

El paso de Arlen por «Bridge People» es determinante pero efímero. Sus principales cuestiones se desarrollan en «Comfort»; su siguiente estación. Un oasis esperanzador para los de su especie. Entre ellos, su líder es un estilizado “setentero” The Dream (Keanu Reeves) que lidera el tráfico de estupefacientes in situ y fue capaz de cambiar la moneda oficial. No sabemos si sus habitantes se dedican a la prostitución o cómo sobreviven pero lo único cierto es que el amparo ofrecido para estos desesperanzados, desfavorecidos y perdedores personajes está ahí y llevan meses alucinando con el ácido provisto por The Dream.

Lo más lindo de reconocer una historia de ciencia ficción en la pieza, es cuando de los labios de la protagonista surge la frase: «Máquina del Tiempo». Desde el primer momento que sentí la dualidad entre las dos comunidades, pude entrever una lucha con “los que están en el polvo”, “los del puente” o incluso mejor la gente que vive en el puente realmente está debajo del puente; estos versus los escuálidos personajes que se deleitan en su “zona de confort”, que están sumidos en adormilantes opiáceos, en el pan y circo que les ofrece un líder explotador y demagogo. Este pacto silencioso, de equilibrio y balance, entre las dos comunidades no es más que una interpretación de los Elois y los Morlocks de H.G. Wells de su magnífica Máquina del Tiempo. Los labios de Suki haciendo evidente el simil, para algunos pueda que mate el secreto, pero su evidencia realmente hace grande esta peli. Esto sumado a la gran destreza de la escritora-realizadora para contarnos una nueva fantástica historia y de sus aliados, (el cinematógrafo) Lyle Vincent y (el montajista) Alex O’Flinn, que la hicieron hermosa.

¿Cuál será ahora el futuro que nos depara el portafolio de Ana Lily Amirpour? No lo sabemos.
Los dejo para que se deleiten con los complementos del afiche oficial de la peli; aunque son sólo tres con Arlen, The Dream y Miami Man (Jason Momoa) hubieran podio hacer también los de Diego Luna, el ya nombrado hermitaño de Jim Carrey o el transtornado Giovanni Ribisi.

The Birth of a Nation

Nate Parker, decide en 2016 lanzar públicamente un proyecto llamado The Birth of a Nation. Largometraje. La preexistencia de un título en 1915 no le importó a la Motion Picture Association of America (MPAA) para abogar por originalidad creativa. Y tampoco le importó que ambas piezas fueran una representación de los brotes que llevó a Estados Unidos a una profunda Guerra Civil en el siglo XIX.

Cuando Paul Haggis lanzó su peli ganadora de Oscar, Crash, lo único que pude pensar fue que estaría pensando David Cronenberg de que le hubiera robado el título. Efectivamente, estaba que volaba de la piedra y no era para menos. De la misma forma que el darle nombre y apellidos a un recién nacido, un director, sus productores y su equipo de escritura se toman el tiempo necesario para responder a las necesidades particulares de un proyecto y dedicarle un nombre. Una identidad. Cuando llega otra persona y se lo roba, lo único que queda en el aire es injusticia y una innegable afán, por parte del espectador, de comparar los dos proyectos.

Lo curioso es que no hay una ley o un protocolo al respecto. Después de todas las reclamaciones negadas de Cronenberg, hubo dos pelis llamadas Crash. La genial y la infame. Cuando Lee Daniels quiso por el contrario llamar su pieza The Butler, Hollywood de la mano de la MPAA se le vino encima por un proyecto que en 1900 y pico ya estaba registrado. Esta vez no hubo reparos en decir que era una violación a los derechos de propiedad y creación original del estudio. The Weinstein Company llamó en definitiva la peli: Lee Daniels’ The Butler (*aquí en el blog nos seguimos refiriendo a ella como simplemente The Butler).

En estos dos casos, la temática de cada historia parece ser bien diferente entre las dos. Entre Cronenberg y Haggis hay millas y millas de oscuridad, perversidad y grandes actuaciones que diferencian las historias. Entre Lee Daniels y el cortometraje que alegaba la Warner Brothers como original no sólo hay diferencias temáticas sino técnicas y diametralmente opuestas de producción por la definición misma de un largometraje y un cortometraje.

La osadía de Nate Parker con su proyecto no se limita a mancillar el título original. Hay que aclarar que sin defender los ideales esclavistas y la perspectiva racista de D. W. Griffith en los Estados Unidos de la Posguerra de Cesesión, el autor es un eje creativo y una guía de la narrativa contemporánea de todos los audiovisuales. Desde el uso y creación del primer plano como herramienta dramática, pasando por la impecable secuencia de planos para armar una historia, hasta la producción y creación misma del «travelling» como plano estético (y de nuevo, narrativo). Independiente de su reprochable ideología Griffith es parte de la historia fílmica. Un genio productor que aparece en todas las referencias de la historia del cine. Y pues aparece Parker con todo su legado afrodescendiente y el disgusto heredado durante décadas que ha visto cómo se vanagloria una historia tan perversamente distorsionada. Y es entendible su accionar al pensar que puede darle una nueva perspectiva a la historia de Griffith. Tiene excelente fotografía y momentos de sencilla genialidad. Tiene una gran partitura. Tiene actuaciones desgarradoras incluyendo la suya propia. Tiene una fuerza dramática innegable. Tiene efectos especiales crudos que reafirman el hilo narrativo. Pero sin miedo a equivocarse se puede decir que si Parker le hubiera puesto cualquier otro título a su pieza, no sería nada más que eso, otra historia de la esclavitud negra en Estados Unidos del siglo XIX. Tal vez los escándalos previos en relación a una violación de una compañera de campus y su posterior suicidio hubieran levantado algo de publicidad. Pero no se inventó nada y sus estallidos de genialidad no le llegan al motor cinematográfico que fue la original de D. W. Griffith.

Por eso para mi hay sólo una Crash y es la de Cronenberg, una sola The Butler y, después de revisar ambas cintas, sólo hay una Birth of a Nation y es la de D. W. Griffith.

Leviafan

En la teoría del cine se afirma que cuando pone un plano y se hace corte a otro plano, la mente automáticamente empieza a elucubrar una historia p.Ej. un carro en una autopista, un aviso de desviación al aeropuerto y un avión despegando dan la alusión a que el héroe de la historia va camino al aeropuerto y se despide de la locación actual porque se va a otro lugar lejano en vuelo de avión; en el mismo ejemplo, si el plano es de un avión aterrizando, la historia podría ser que el personaje ya no es el héroe de la historia y que va al aeropuerto a recibir a alguien.

Obviamente, como el cine no es un lenguaje sino un sistema subjetivo de entendimiento de semas, la interpretación de cada relación de planos queda sujeto a la individualidad del espectador. Esta es una concepción clásica de la narración cinematográfica y ha venido cambiando con la nuevas formas de expresión audiovisual contemporáneas pero por eso mismo es que se tiene tanto cuidado en los saltos de eje o saltos de continuidad que alteran una interpretación natural en el espectador. En el caso de la pieza de Andrey Zvyagintsev: impecables.

Cuando uno empieza a ver Leviafan y se siente esta narración clásica en su historia, empieza uno a ponerle más cuidado a los dedicados planos y la exquisita fotografía, en paralelo a la trama de estos monstruos marinos en alguna localidad de este paisaje ruso, norteño y ártico. Al hacer este ejercicio, el antagónico alcalde rige un pueblo de monstruos, en otrora marinos como ballenas o, porqué no, los desaparecidos soviéticos, hoy en día políticos de una república gobernada por Vladimir Putin. Y si, detrás de ese plano de Putin lo que suena es Pussy Riot, un punto lo suficientemente crítico y político para expresar el descontento a esta burocracia carcinógena que consume a su patria natal.

«Leviatán», de todas formas hace referencia a la leyenda bíblica de Job cuya fé es puesta a prueba por una serie de tormentosos e inacabables agravios. En este caso Job es Kolya. Un mecánico de gustos sencillos, curtido por el clima del entorno que lo rodea y las botellas de vodka que consume a diario. Al final me hizo falta un epílogo de quince años después y un gran fuego pero no lo tuvimos porque el final es abierto y a diferencia de la referencia judeo-cristiana, el desenlace de Kolya es incierto y queda guardado en nuestros corazones.

Nota personal. Dentro de los planos, se destacan unos muy plásticos, como por ejemplo el del esqueleto de la ballena encallada en la costa pero mi favorito es el de Lilya, la mujer de Kolya dentro del bus en su ruta al trabajo. En este plano, se describe un bus lleno de mujeres, cada una con su historia, reflexionando en su vida y sus sueños truncados; el plano termina con Lilya; sobresale en el plano por su juventud, su belleza y su moretón mirando al infinito; se sobreentiende las dimensiones sexistas de este pueblo que incluso incluye a Kolya, donde sólo las mujeres se montan en bus, no tienen carro y es permitido o normal la agresión física a la mujer. Pan de cualquier día en un pueblo de borrachos. Pero también lo bonito es que los personajes maniqueístas no enseñan sino que aleccionan, de alguna forma dan cantaleta y uno como espectador no se relaciona con ellos. Cuando un personaje tiene fallos, no es completamente bueno o malo, la experiencia se hace real y cercana. Kolya es trabajador, hogareño y de alguna forma tranquilo pero también es víctima de la explotación política, le es robado todo en absoluto pero al final también es un borracho, sexista y explotador.

A Girl Walks Alone at Home

30/01/2016 3 comments

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Es raro hablar por estos días de pelis que no estén concursando en los Oscar pero es que pocas veces se puede tener acceso a cine independiente de tan buena calidad como A Girl Walks Alone at Home de Ana Lily Amirpour. Yo tuve la oportunidad de verla a través de Netflix pero se puede aprovechar en este momento que se encuentra en rotación de salas alternativas en Bogotá.

La anglo-iraní (residente en Estados Unidos) ha hecho su portafolio cinematográfico a partir de cortometrajes de serie B que le fueron armando su fama no sólo de realizadora alternativa sino incluso la empiezan a comparar con Quentin Tarantino. Ciertamente, esta pieza empieza primero como un corto en 2011 que gana mejor cortometraje en el Festival de Cine Iraní de Noor y eso le da impulso para que tres años después se anime a hacerlo largo. Su carrera al reconocimiento empieza su recorrido por Sundance donde levanta las miradas de la crítica, luego recorre –entre otros– Ohio, Londres, Dublin, Glasgow, Sitges, Los Fangoria, Los Gotham y completa su travesía con las nominaciones de mejor ópera prima, mejor cinematografía y “Alguien a Quien Echarle un Ojo” en Los Spirit del año pasado.

Y claro, es un filme de vampiros, pero sobresale su narración, su fotografía en blanco y negro y su juego de planos llenos de exquisito erotismo. La primera vez que escuché de este filme, me llamó la atención la esencia de su materia y el origen de su realizadora. ¿Cómo podría ser el enfoque de una iraní sobre la temática de vampiros? La respuesta es una peli llena de una profunda elegancia, evocando el periodo clásico del género, y una actitud contestaria metaforizando al ‘chupasangre’ en un régimen despótico como el iraní. Ella, su capa y su desplazamiento en patineta le meten picardía y genialidad al planteamiento de una mujer que lejos de ser caprichosa quiere explorar su sensibilidad reprimida.

A Girl Walks Alone at Home se suma a Låt den rätte komma in de Tomas Alfredson y Bakjwi de Park Chan-wook pelis que se resienten de la lamentable comercialización del vampirismo de Twilight o Vampire Diaries y que con ingeniosos giros se vuelven clásicos instantáneos en el género. Estas tres, sumadas a The Hunger y Bram Stoker’s Dracula hacen parte fácilmente de mi top 10 de Vampiros, y claro está, no me olvido de los Dráculas de Christopher Lee y Bela Lugosi o la tripleta exquisita de Nosferatus de F.W. Murnau, Werner Herzog y E. Elias Merhige (Shadow of the Vampire). Veremos cómo continúa su proceso Ana Lily Amirpour ahora que se lanza en su siguiente proyecto con una de caníbales.

Locke

13/10/2014 1 comment

locke

Son las nueve de la noche y Ivan [aivan] Locke termina su turno de trabajo en una construcción de un edificio donde ligeramente podemos observar el hueco hecho para la cimentación de las columnas; está cansado y apenas puede dominar el volante; se ha cambiado las botas, el casco y dentro del carro se quita el chaleco reflectivo propios de la obra; maneja un BMW y tiene conectado su teléfono celular al volante para contestarlo en altavoz cómodamente, es decir, no es un obrero raso, su puesto es de jerarquía alta dentro de la edificación; llama a Bethan y le dice que pronto llegará, títulos y empieza la peli de Steven Knight.

¿Pero quién es Steven Knight? Knight es un escritor de la industria fílmica británica, nacido en Marlborough hace seis décadas, reconocido por los guiones de varias piezas cinematográficas como, por ejemplo, Eastern Promises, Dirty Pretty Things o la serie de TV, Peaky Blinders. Sin contar con Hummingbird con Jason Statham –estrenada también el año pasado– Locke es su debut como director.

Las críticas llaman la atención sobre el desempeño de Tom Hardy, y aunque estuvo nominado en los British Independent del año pasado, se quedan cortas frente al excelente trabajo del actor.

Locke tiene una pinta de cinta de «gangsters» –mayormente por el portafolio de Hardy– pero no es más que una «road-movie» desenvuelta en un sólo espacio explorando las tensiones, presiones y condenas de Ivan Locke en la víspera de uno de los mayores logros de su carrera como constructor. De principio a fin, se nota la transformación del actor tanto en su tono como en el desarrollo del personaje, que agobiado y algunas veces impotente, nos va contando sus preocupaciones, sus miedos y la razón de este largo viaje que emprende de noche hacia Londres.

Cercana a Devil (John Erick Dowdle) y a Buried (Rodrigo Cortés), Locke como decía desarrolla toda su trama en un sólo espacio. Mientras Devil tiene tomas en otros espacios por fuera del ascensor y Buried se desenvuelve estrictamente dentro del cajón que tiene enterrado a Ryan Reynolds, Locke es un punto medio entre las dos donde la cámara sale un par de veces afuera del carro y tiene otras tomas que dan contexto o refrescan en el montaje de la pieza. El encauzamiento de la historia se da de manera cautivante más por el trabajo de Tom Hardy que por la trama misma, sin embargo, el desenlace es inquietante y vale su espera a través de toda la peli.

The Rover

08/10/2014 2 comments

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Si hay alguien de quién esperaba ver su siguiente proyecto con ansiedad era David Michôd; aquel australiano que triunfó en Sundance con su magnífica y maravillosa Animal Kingdom.

A diferencia de la mencionada pieza, Michôd lanza The Rover y aún no tiene el impacto de su antecesora. Fue selección oficial de Cannes –que me acabo de dar cuenta no tengo reseña– y se presentó en Sídney para lograr sólo una nominación en esta última. La busqué por cielo y tierra para poder vérmela lo antes posible y puedo afirmar que para los que vieron Animal Kingdom y les gustó, con The Rover no hay pierde, no hay decepción; es áspera, ruda, contundente, muy bien realizada y qué buena es la música que acompaña todo el relato.

Tan borroso como el significante del título de Michôd, la historia nos envuelve en una anacrónica anécdota de un apesadumbrado viajero que para en un rincón del desierto para tomarse un trago. La tristeza lo envuelve y parece que sólo cargara encima la ropa que lleva puesta, unos cuantos dólares australianos y su carro. Michôd que también es el escritor de la pieza nos introduce a este peregrino tan sólo con “Australia diez años después del colapso“. El desierto la escasez de gasolina, el requerimiento de los tenderos de sólo aceptar dólares norteamericanos, las patrullas de «rangers» y la aridez de sus habitantes nos hablan de dos posibilidades temporales; o es una historia en nuestra época en lo más remoto de las profundidades australianas; o es una historia de ciencia ficción, alá Mad Max, en un futuro postapocalíptico. Cualquiera de las dos opciones es válida y muy acertada, haciendo rica la pieza en vertientes, perspectivas, de nuevo significados y significantes, referentes y asociaciones. Lo que no queda claro es el ‘colapso‘ en sí; pareciera la introducción de un relato distópico, lo cual nos pone a pensar en guerras, sistemas democráticos colapsados o incluso una bomba atómica; pero también hay pistas en las líneas de Michôd que nos guían a un colapso nervioso del protagonista, una serie de eventos desafortunados con conclusiones violentas que de pronto determinaron su eterno andar, su peregrinaje sin rumbo y sin acompañantes, el judío errante. El caso es que el viajero, parqueado en este fin del mundo, se encuentra atónito cuando ve como una pandilla de malandros en frente de sus narices roba su carro, cuando el suyo propio ha dado vueltas y queda atascado en unos escombros; es entonces cuando trata de recuperarlo a toda costa; la primera opción es desatascar el vehículo en el que venían y perseguirlos en él mismo pero enfrentarlos no será suficiente; la otra opción llega de la nada, con un joven herido que dice conocer a los que robaron su carro y es cuando su odisea a través del desierto australiano empieza.

Lo interesante de ciertas palabras en inglés, como «rover», es que tienen muchas connotaciones; a veces, no basta sólo con el contexto porque incluso en el mismo entorno pueden seguir nombrando cosas muy distintas. Uno empezaría a atar cabos en esta cinta desde el título pero «rover» puede referir un carro, un vagabundo, un andariego, un nómada, un trotamundos, un perro callejero o incluso un boleto abierto. Pero reunir todos esos significados es lo que finalmente nos da la idea de trama de esta intrincada y compleja «road-movie», donde de nuevo Guy Pearce es protagonista con una gran actuación y sin dudarlo la sorpresa es Robert Pattinson que se comporta a la altura de este gran actor, con un tremendo desempeño como un joven con una ligera lesión cerebral.

Nota personal. Esta es mi primera reseña desde que nació #JAMEsSofía ❤

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