Action, Adventure, Animation, Drama, Epic, Folk, French Cinema, Indie, Internet, Jérémy Clapin, Miguel Vaca, Movie, Netflix, Storytelling, Terror, Thriller, Vacacion, World

J’ai perdu mon corps

Cuando era universitario, venía de haber ahorrado en mi casa meses y meses para poder comprarme mi primer estéreo (AIWA) y para poder pagarme TV Cable. En mi cuarto había una cama sencilla, un armario con poca ropa, un par de colecciones, mis libros del colegio y en algún momento hubo una batería pero esa idea nunca maduró porque nunca tuve oído para la música. Cuando me fuí a vivir solo, prácticamente ese esquema se mantuvo -sin la batería que ya había vendido-. El apartamento donde vivía, en ese entonces era mucho más grande que mi casa de bachiller completa pero sólo ocupaba dos cuartos, la cocina y un baño; el resto no se usaba; en un cuarto auxiliar estaba mi cama y mi ropa, en el cuarto principal el TV con el baño que usaba, y estaban sin dueño, otro auxiliar, dos baños, la mayoría de los closets y la sala-comedor. Era gigante. Sólo me hubiera gustado tener una poltrona como la tengo hoy para ver mi cable; de resto no me hacía falta nada. Además de ver MTV y Cinemax, el canal que más me gustaba y del que guardaba mucho material era Locomotion. No se de dónde era, pero creería que era mayormente canadiense pues muchos de los cortos que pasaban eran tesis y proyectos de algún colegiado que ya no recuerdo pero que tenía la hojita roja de arce en la identidad.

Por ese entonces, veía Cartoon, Nickelodeon y MTV para ver Ren & Stimpy así como, Cow & Chicken, Courage The Cowardly Dog, Cat Dog, Two Stupid Dogs, Angry Beavers y, mi favorito, Rocko’s Modern Life. Y, sin embargo, me quedaba horas y horas viendo Locomotion, un canal de animación para adultos -que no tenían sexo o porno- con contenidos más profundos y psicológicos e.g. los bucles de Bill Plymton que descubrí no sólo hacía la rutina de los presidentes que tanto pasaban en MTV.

Algo de eso debió marcar mi estándar y el objetivo de la animación que quería producir. Igualmente la animación siempre me ha llamado mucho la atención. Cuando chiquito veía la Televisión Educativa y Cultural de Inravisión donde pasaban cortos animados de Checoslovaquia, Yugoslavia, la Unión Sovietica, Bélgica y Alemania. Los temas eran tan diversos como la técnica de sus animaciones; la «stop-motion» era lo que mayormente me atontaba y de la animación tradicional veía Oggy y Las cucarachas de Marc Du Pontavice.

No sé. Pasaron algo casi como 30 o 35 años desde que no escuchaba ese nombre: Marc Du Pontavice
¿Quién es?

Es el productor de J’ai perdu mon corps, una de las nominadas este año para mejor peli animada en Los Oscar y que podemos encontrar directamente en Netflix -así como The Irishman, The Two Popes, Klaus y Marriage Story– (y sí, le estoy haciendo algo de propaganda a Netflix porque gracias a ellos cada vez es más fácil de estar al día con todas las nominadas).

J’ai perdu mon corp
s es una peli existencialista:

– Puedes escuchar la lluvia?
– No, no puedo escuchar la lluvia. Desde aquí arriba sólo se escucha el viento

Este es parte de un diálogo entre dos personajes de la historia, su diálogo es evocación de sonido, de altura, de estratificación. Él en un primer piso es un repartidor; ella en un piso 35 es la cliente. Él un huérfano que ha sabido sobrevivir en el sistema, que quería ser astronauta de pequeño y ella enigmática, compleja y molesta. Los separa el azar y miles de metros y pisos de clase social ¿La pieza es una historia de amor? Absolutamente no. El héroe es una mano. Es un thriller épico sobre una mano. No sabemos de quién. Su autor y realizador, Jérémy Clapin, nos lleva a través de la historia en un juego de tiempos no-lineales. ¿Será la mano de Raouf, del padre, de la madre, de Naoufel? Sabemos que tiene un lunar y sus proporciones nos dicen que no es Naoufel bebé o niño ¿Quién es y por qué el énfasis con esta familia musulmana? Se nombra el destino y que somos esclavos de él ¿Cómo se repele el destino? Con una locura sacada de los cabellos que pueda llevarnos de un lado a otro sin plan y sin remordimientos. Se hace corto a plano medio, donde la mano está pegada a un cuerpo, nos sorprendemos porque ya estamos acostumbrados a verla sin antebrazo y siendo independiente, no la parte de un miembro que a su vez es parte de un organismo que seguimos sin descifrar. Avanza. Su fortuna depende de esquivar la muerte, es una locura que esté andando sin cuerpo pero logró repelerlo porque hizo una locura. La llevó a un lugar insospechado pero no hay remordimiento, está sobreviviendo y está escapando del destino. Hay momentos muy bravos en los que uno se deja llevar por la trama. Imagínense -no sucedió- pero imagínense que uno esté por ahí, tranquilamente y pummmm se encuentra una puta mano en la tina -tina, balde, olla, lavaplatos, cualquier recipiente con agua donde esta mano hubiera querido descansar-. O si uno se pone del lado de la mano, la escena de las ratas para mi es de T.E.R.R.O.R. absoluto.

Clapin nos sigue mandando pistas. La mano se sigue buscando y hay un letrero que dice “je suis lá” -yo estoy allá-. Dónde quedan los deseos, qué son los deseos, son las ideas que rodean esta escena. El vértigo de saber que se está acabando la historia porque se está definiendo la trama es increíble.

La animación es un sistema de comunicación súper diferente al cine o a la TV. No hay, para mí, uno superior al otro -dentro de cada campo, hay mediocridad, bastardismo, mezquindad-. Pero así como en el cine, uno se enamora de las secuencias, en el TV del ritmo y de la narración, en la animación están los detalles. Dentro de los que me enseñaron a ser animador -intercalador de racamandaca-, siempre me decían que en la animación no hay imposibles, todo es posible dentro de la animación y por eso mismo, los detalles son lo que hacen la animación tan especial. Una conjugación de las imágenes rústicas con el audio que les da vida; suena a cualquier descripción audiovisual pero, en serio, un buen diseño de sonido hace que la animación sea buena o sea sobresaliente o sea simplemente genial. J’ai perdu mon corps es genial. Me recuerda mucho a Evangelion; los encuadres buscando más el detalle que el plano descriptivo medio, el audio siendo protagonista, los planos donde no hay mucha acción, largos suspensos entre toma y toma versus unas escenas de acción súper descriptivas y agobiantes.

El suicida es como un héroe. Sin miedo a la muerte, se atreve a cumplir una misión auto destructiva. Si tiene éxito, se muere. Pero si no, es posible que alcance una hazaña. La única mierda de esta peli es que es francesa y su hijueputa final es abierto. Indescifrable. Inconcluso. NO tiene sentido.

#odioElFinalFrancés

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The Messiah

Está complicada la cosa de ponerse al día con los nominados (al Globo de Oro) en esta temporada de premios que se nos viene, si aparte de que son muchas piezas por resolver, aún tenemos tantos pendientes. Justito antes de que me enterara de la susodicha -y primera- lista, me había empezado a ver The Messiah; una producción de Netflix que me aconsejó el algoritmo porque me encantan las intrigas, las teorías de conspiración, los espías y las series policiacas -eso se nota en que en el centro de este blog aparecen series como Bron/Broen, The Killing, Borgen, The Fall, Marcella, Happy Valley, Ófærð/Trapped, Grenseland/Borderliner, Border Town/Sorjonen, Karppi/Deadwind, Hinterland y obviamente por eso cabe también Homeland y True Detective-.

The Messiah es interesante a nivel narrativo en gran parte porque la mayoría de los episodios son dirigidos por el espectacular James McTeigue -la mano derecha de Las Hermanas Wachowski mucho antes de que Tom Tykver tomara su lugar- y supo interponer una rúbrica de thriller de acción a cada uno de los episodios de los que fue responsable. Para que recordemos rápidamente, los primeros trabajos del australiano se remontan al equipo de producción de The Matrix, luego le es confiado el proyecto más reluciente de su carrera como lo es V For Vendetta y finalmente se aisla en una cadena de errorcitos de serie B no muy conocidos -más allá de The Raven que logró algo de eco en críticas y taquilla-; vuelve con Las Wachowski con Sense8 y parece que hubiera renacido porque inmediatamente del revuelo de la serie ahonda en The Messiah que de verdad me parece muy interesante.

Más allá de las caricaturas de Porta dos Fundos, de Monty Phyton y súper alejado de cualquier serie de Semana Santa que tratan de hablar con una verdad absoluta sobre el fenómeno de Jesús de Nazareth, The Messiah es algo más cercano a American Jesus de Mark Millar. Michael Petroni crea una serie tipo Homeland, desonvolviéndose en Cisjordania con la idea del surgimiento de un nuevo profeta, un nuevo profeta muy revolucionario que ya con sólo anotar en su discurso que “Toda La Arabia debe volver a unirse” es por sí mismo un tema suficientemente incendiario y peligroso para Los Francos y Cruzados contemporáneos. La historia empieza a seguir sus pasos por Siria, Irán, Jordania, Israel y finalmente nos lleva a un cacerío en Texas, Estados Unidos. Sólo una vez Petroni muestra lo que parece ser un milagro del «Mesías» (e incluso en ese momento no es del todo claro y evidente) porque de resto todo parece creación de la histeria colectiva o la sugestión misma de los protagonistas.

Ritmo impecable, notas relacionadas con El Corán, La Biblia y La Torá, lenguas inexorablemente diferentes a lo que estamos acostumbrados a oír, personajes cautivantes y una historia sin muchos huecos hacen de The Messiah, repito, muy interesante de revisar. Si se lo piensan un poco incluso puede ser una «road-movie», con un inicio geográfico, un recorrido, un destino y un aprendizaje. Al finalizar, los diez episodios de su primera temporada, me queda la sensación que incluso el centro más atractivo de la trama no es el peregrino que agolpa todos los lentes sino sus discípulos; no estoy revelando nada en absoluto pero échenle ojo, si se atreven a ver esta serie, a «Los Apóstoles» de la serie pues creo que tienen mucho para desarrollar en una segunda o tercera temporada.

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Frozen II

Una de las cosas que más detesto en las pelis para niños son las canciones cerrando una idea y su grandiosa cantidad en cada una de ellas. Es tan absurdo el tema que en Moana uno de los protagonistas insta a que no se haga más; realmente es un tema avasallador.

Pero…

Tratemos de separar esta gran piedra en el zapato y revisemos rápidamente Frozen I.
En una linealidad académica, Frozen desarrolla una historia épica. El nacimiento del héroe, su debacle existencialista, su temor crece así como su poder y en el momento crítico reversa su historia hacia una dirección coordinada con sus seres queridos o estimados. El posible gran giro, el héroe es una heroína.

Todobién hasta allí. Una cruzada de “estimados” tratan de salvarla de su desorden emocional y tratan de hacerla entender que para ellos es especial y no esperan que cambie en absoluto su esencia. Seguimos bien hasta aquí y podríamos haber terminado bien hasta y fueron felices y comieron perdices pero a los directores (Chris Buck y Jennifer Lee) a última hora y para lograr encaminar en la historia romántica a los cruzados, se inventan un antagonista de la nada que con un monólogo refuta toda su presencia en la historia de la peli. Estamos hablando del triángulo amoroso entre Anna, Kristoff y Hans, siendo este último el desafortunado villano improvisado.

Este error narrativo es tan terrible como la carga de adoración que recibió la pieza.
Reprochable hasta más no poder.

Su segunda parte tenía algo de esperanza por el escándalo acaecido con la figura de Elsa, la heroína. Obviamente, lo blandengue de Anna y Kristoff iba a perpetuarse pero lo que si no me esperaba es que la historia estuviera ausente de una figura antagónica siquiera villanesca (a no ser claro por ese instante revelador que hizo pelear a las dos comunidades, en el Bosque Encantado). Empezando por el principio, los fanáticos de Frozen habían interpretado el desarrollo de Elsa como una figura idealizada de una lesbiana que está inquieta con su realidad, no quiere herir a nadie y se condena al aislamiento. Salir a relucir como es ella es un acto heroíco y se aupaba que si había algo de seriedad en Disney debía desarrollarse una segunda parte donde ella encontrara una novia -seriamente, no entiendo cómo alguien puede exigirle semejante nivel de empatía y humanidad a una corporación que se ha creado y sostenido sobre la censura, los correctos valores de la familia y la xenofobia-. En fin. Frozen II. Una voz femenina, una sirena se revela ante Elsa y por un segundo creo que la valentía de Jennifer Lee, co-directora, escritora, creadora de la historia, iba a llegar hasta un punto donde pudiera conciliar el deseo de los fanáticos… Que nunca pasó.

Un poco de aquí y un poco de allá, la historia se desinfla en un monótono ritmo debido al desbalance de los personajes frente a un polo sin fuerza y sin villano -o sea, se fueron para el otro lado y lo quitaron completamente-, la ilusión de una figura romántica para Elsa se encharcó a medio camino y se tornó desconcertante al revelarse el Complejo de Elektra.

Nada más.
De nuevo, sólo un grandioso Josh Gad logró realzar la franquicia y el único capaz de sacar la cara con orgullo de esta hecatombe, que seguro va a forrar de nuevo a Disney en megamilones, que al final lograrán ocultar los vacíos tan terribles en este par de pelis en la franquicia… Eso y que además ya no queda esperanza para una nueva e intrigante tercera parte.

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The King

Nunca fui un gran admirador o fanático de Timothée Chalamet y su Call Me by Your Name; al final lo que hice fue seguir mi tarea para los Oscar y descubrir porqué había sido nominada para mejor guión, mejor desempeño para actor principal, mejor canción original y mejor peli del año. Era imposible no verla. ¿Era una obligación amarla? Absolutamente no, y no lo hice. Me pareció un flan súper insípido rodeado de un almíbar exageradamente dulce que dañaba la experiencia entera.

Después pudo haber venido Lady Bird de la querida Greta Gerwig pero el regusto que siempre me quedaba es el de la estrellita divina que se va haciendo camino en Hollywood.

Bueno, empecé a leer buenas críticas de The King. No empecé a leerlas por él mismo sino porque estoy en un periodo de inquietud por lo que se viene con Batman y Robert Pattinson ha sido alabado en varios papeles, incluidos Cosmopolis (mal) y The Rover (muy bien); una nueva crítica positiva me interesaba mucho; no importa tanto si era un papel secundario, Tommy Lee Jones sacó adelante una pieza de acción y la llevó al máximo explendor con su desempeño en 1993 con The Fugitive al igual que Mahershala Ali en Green Book, Sam Rockwell en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, Mark Rylance por Bridges of Spies o pordiós J.K. Simmons por Whiplash. Todos realzando una pieza desde una parte muy pequeña, el actor de reparto, pero tan grandiosamente que permitía explorar capas y capas de la historia central que sin ellos no eran más que otro flan.

The King fue la última reseña que leí de Pattinson. Un antagonista despreciable. Humillativo. Soberbio. ¿Era posible ver estas facetas en el galán de las señoritas de Twilight? Pues sí. No lo hizo mal. ¿Lo odié? Un poquito, no mucho, eso demeritó su desempeño. Y es que he venido afilando mi criterio sobre el villano en la historia; no hay una buena historia si no hay un buen villano y sin revelar demasiado la sorpresa fue que el villano no fue Pattinson, sino uno genialmente mayor y salvo la peli; no por el mal desempeño del ex-vampiro porque realmente lo hizo bien; la salvó porque fundamentar la catarsis en un personaje tan simple y tan ‘negro’, tan plano, tan malo porque-sí hubiera sido una gran desilusión.

The King basa su historia en la coronación de Henry V como rey de Inglaterra y su pelea frente a Francia a mediados del siglo XIV. La vi por Netflix pero me llamó la atención que su director fuera mi loado David Michôd, también eso me ayudó a bajar la guardia un poco; después viendo como secundario a Ben Mendelsohn y a Joel Edgerton (además de escritor con Michôd), me hizo fantasear que el realizador había reunido a su «dreamteam» para crear algo fabuloso.

Realmente no fue ni comparado con Animal Kingdom, pero si cuando Chalamet, al principio del tercer acto, hubiera dicho “Kill ’em all” y hubiera sonado Metallica de otra cosa estaríamos hablando (para eso hubiéramos necesitado que en diseño de banda sonora hubiera estado Atticus Ross y Trent Reznor, como fabulosamente lo hacen en Watchmen)

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The King’s Man

Échenle ojo a este corto avance. La peli es The King’s Man.
No revisen los créditos, ni las etiquetas de la pieza.

¿No es fantástica?
Me atrapó viendo otros avances en IMDb.com (más precisamente el segundo capítulo de It que ya no viene escrito por Cary Joji Fukunaga, la aventura espacial Ad Astra de James Gray y chismecitos sobre Wonder Woman 1984 de Patty Jenkins); pero de repente entra este video en cola con el plano de un ocaso, un mancito en falda, que uno asume es escocés, corriendo en cámara lenta, con un soldado a cuestas mientras son atacados en un campo de batalla; después una rápida serie de cortes de plano que nos contextualizan entre 1914 y 1918, una especie de logia secreta y Ralph Fiennes entrenando a un nuevo recluta.

Me llamó mucho la atención.
La forma en la que se presentan los eventos, las cámaras y algo de lo que se deja entrever en la historia. Le echo ojo a los créditos y el director es Matthew Vaughn.

¡Hombre! Este señor es prenda de garantía y ahora la tercera salida de la, ya divertida e interesante, obra ilustrada de Dave Gibbons, Kingsman, a la cual se le hace también referencia al final del avance con un pequeño guiño tipográfico. Vaughn lo conocí por primera vez a través de Layer Cake, luego Kick-Ass y First Class.

Vaughn demuestra que si le hubieran dado más pita en la franquicia de X-Men, aún tendría cosas por contar.

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Dark Phoenix

Hay un par de cosas que me han venido impresionando últimamente de las pelis de superhéroes y van encaminadas con la clasificación de su audiencia versus el contenido gráfico mostrado. Ya en Endgame era bastante chocante que la peli abriera con un degollamiento -fácilmente la imagen más grotesca que pudiera yo soportar-; en Dark Phoenix la sevicia pareciera viene de la mano de la tensión y de la acción, y de nuevo, adentrados en el primer acto la forma en que las personas se hacen cenizas en medio del fuego cruzado es igualmente perturbador. A lo que quiero llegar es que tanto el degollamiento como las muertes con sevicia son material de primera mano para un niño o una niña de 7 años (en la primera) y de 12 años (en la segunda).

Me llama la atención de esta Dark Phoenix que es una pieza entretenida en el Universo Cinemático de X-Men después de una nueva salida de Bryan Singer en X-Men: Apocalypse. Su director y guionista, Simon Kinberg, es un veterano productor de Hollywood -incluso nominado al Oscar por The Martian– y que hace su estreno en el timonel de un largometraje. No lo hace mal y captura muy bien el legado de Singer en este nuevo renacer de la franquicia.

Kinberg entiende, que sin una estrategia clara para el futuro, hay dos puntos importantes al dirigir una carabela en pleno curso, como lo es una pieza de X-Men, (1) que si hay un sistema de comunicación y de imaginería triunfadores como los que venían trayendo las pelis de esta saga pues no se altera, o como se dice en fútbol ‘equipo que gana no se toca‘ y (2) que para un proyecto de esta envergadura hay que rodearse de la mejor gente o por lo menos de los más profesionales; a nivel de cinematografía trajo al ganador del Oscar por Avatar, Mauro Fiore; en el montaje trajo al ganador del Oscar por Dunkirk, Lee Smith; y para ambientación trajo las partituras del también ganador y regularmente nominado al Oscar, Hans Zimmer. Zimmer es sin duda el que pone la nota más alta en la ejecución técnica y artística de la pieza; si hay un calificativo para esta cinta es «darks» y nada más oscuro, escabroso y tenebroso que las tonadas que definieron los ambientes y momentos en Dark Phoenix. El man es un genio. Es asombroso, sorprendente, escalofriante y perturbador todo su trabajo a lo largo de la historia.

Dejando a un lado la alerta del primer párrafo de esta entrada, Dark Phoenix es entretenida en las capacidades y potencias de su explotación. Para profundizar un poco en este concepto uno tiene que hablar obligatoriamente de Bryan Singer y de cómo otra vez abandona el barco de la saga de FOX.

A principios de este milenio, en el surgimiento de las pelis de superhéroes FOX de la mano de este pequeño genio y brillante director sacan a la luz X-Men con un rutilante éxito. En taquilla, invirtió 75 millones de dólares y recogió 296 millones combinados. El enfoque del director, abordando el tema de los derechos civiles, su orientación sexual como bandera en contra de la segregación de la individualidad conquista además la crítica. El estudio subió las apuestas a 110 millones y le confió a Singer la segunda edición de X-Men (X2: X-Men United); recogió 407 combinados, un resultado notable pero prendió alarmas en FOX en vista de las adversidades de los otros estudios con los proyectos de este nuevo género.

Marvel estaba recibiendo réditos de cada empresa que estaba explotando sus creaciones pero aún no se animaba a, como estudio, desarrollar algo de primera mano. Por el lado de Warner, las cosas eran inciertas. Ellos fueron los que realmente abrieron el mercado en 1989 con Batman, Tim Burton y una excelente lectura de las audiencias, sumado a una de las mejores interpretaciones del encapuchado con Michael Keaton -pero incluso se puede ir más atrás en la prehistoria, año 1978 con Superman de Richard Donner-; luego resuenan con una Batman Returns en 1992 escalando la calidad, el universo y las expectativas de todo el mundo pero después no supieron leer sus propios aciertos, despiden a Burton pensando que estaba haciendo muy oscura la historia y apagan sus esfuerzos por los cómix hasta principios del milenio. Vuelven a escena aprovechando el momento de duda de FOX y seducen a Bryan Singer para que desarrolle un episodio para Superman, quien decide que El Hombre de Acero de Richard Donner de 1978 es el pico de la historia, vuelve a ella y en 2006 desarrolla Superman Returns -àla Batman de Burton-; no triunfa, no decepciona, no satisface pero tampoco es entendido y se sepulta el proyecto.

Por su lado, X-Men se descalabra finalmente cuando Singer sale del croquis y entra Brett Ratner para realizar la tercera parte, X-Men: The Last Stand. A Singer se le había criticado las indulgencias creadas en algunos personajes pero Ratner fue anarquía total con la interpretación de sus mutantes. Se tomó muy en serio lo de ‘la última parada‘ permitió que la calidad de la historia decayera y mató la franquicia. FOX sin renunciar chapucea con historias derivadas e independientes, llamadas X-Men Origins; desarrollan Wolverine y ni siquiera se atreven a develar Gambit por la calidad de la respuesta.

Al final el que recibía todo el daño era el sacrificado Hugh Jackman, que si algo hay que reconocerle, es que le puso pecho a cuanta joda salió de FOX, como Wolverine regeneró cada una de sus heridas no importa lo dolorosas que fueren y fue la unión entre todo el Universo Cinemático de X-Men.

El eje del nuevo renacer de X-Men dentro de FOX es un señor llamado Matthew Vaughn. Un realizador que le gusta escribir sus guiones, que le gusta el thriller y que consigue éxito con dos pelis muy buenas, Layer Cake y Kick-Ass; esta última basada en un cómic de Mark Millar, prodigio de una nueva generación de narradores gráficos. Gracias a su estilo y el éxito de Kick-Ass, FOX le confía los restos de X-Men y decide audazmente sacar adelante First Class -en mi opinión la mejor pieza de la franquicia-; renueva todo el reparto de mutantes, algo impensable cuando se tiene a Patrick Stewart e Ian McKellen como líderes de equipo, con la excusa de que esta versión de la historia era varias décadas atrás y necesitaba sangre nueva.

Osado.
Audaz pero osado.

Le salió muy bien todo. Empareja este par de líderes con dos nuevos nuevos monstruos de la actuación. En el papel del Profesor Charles Xavier, cambia a Patrick Stewart por James McAvoy; en el papel de Erik Lehnsherr, cambia a Ian McKellen por Michael Fassbender; y es un rotundo éxito. El arco histórico está muy bien logrado porque adquiere tonos de época, intriga de espías dentro de La Guerra Fría, unos mutantes con menos indulgencias, ajustes en la espina dorsal tanto de Bryan Singer como de Brett Ratner y la cereza en el pastel es la figura de Raven Darkhölm, con mayor protagonismo como Mystique, interpretada por Jennifer Lawrence, y con destellos de Rebecca Romijn, en una especie de triángulo fraterno-incestuoso con Xavier y Magneto.

La audiencia de fanáticos después de mucho tiempo estaba satisfecha, las taquillas tuvieron un buen comportamiento, la crítica estaba estasiada y en FOX quedaron todas y todos muy contentos.

Singer vuelve a casa. Encuentra el proyecto y le fascina las críticas sobre First Class donde el argumento de unos era que Stewart es mejor que McAvoy, otros que Fassbender funciona mejor que McKellen, que no hay coherencia entre esto y aquello pero todos estaban enamorados con la propuesta de Mystique. El realizador dice que todas las opiniones son válidas y que todo se soluciona con la siguiente salida: Days of Future Past.

Este quinto episodio del arco histórico trae consigo una afinidad al pico narrativo más importante de los mutantes en los cómix. En 2014, X-Men: Days of Future Past se estrena como un ensamblaje de personajes, con un reto de conjugar las historietas y el Universo ya creado para la pantalla, sumado a la propuesta de unir todo el reparto de las dos eras y olvidar de una vez por todas The Last Stand de Ratner.

Todo empieza a tener sentido si detallamos que el escritor encargado de Days of Future Past fue Simon Kinberg.

Obviamente, con todo ese «galore» de actores el presupuesto se sube a 200 millones de dólares pero el mundo responde con un combinado de 747 millones. FOX lo había logrado. Quién iba a pensar que el Universo Cinemático más debilitado, incluso derrotado, iba a sobrevivir para ver la luz y mantener el pastel incluso para una segunda proción con X-Men: Apocalypse, donde se recoge un poco el presupuesto y el global es un poco más del medio millón de dólares. Pero el estudio entre narrativas principales y derivadas independientes había ya logrado la suma redonda de 6.000 millones de dólares.

Ahora bien, como decíamos al principio de la entrada, Bryan Singer vuelve a salir de la franquicia. Da un paso al lado -dentro de FOX– para producir The Gifted, una serie de TV sobre mutantes en el Universo Cinemático de X-Men y da otro paso al lado -también dentro de FOX– para realizar la rimbombante, laureada y reconocida dentro de los premios de La Academia, Bohemian Rhapsody. Simon Kinberg, que también había sido el escritor de Apocalypse, asume el reto y lo ejecuta muy bien. Pero ¿por qué sale Singer de nuevo? ¿Acaso le cobran factura sobre la ejecución tan pobre de Apocalypse? -Recordemos que Apocalypse es de los mutantes más poderosos en la historia, requiere de un contrapeso como Nathan Summers (que si lo hace muy bien Josh Brolin en Deadpool 2) y le hizo falta en la galería Mysterio y Gambit– ¿O será tal vez que ya no se sintió cómodo sin el repaldo de Stewart, McKellen y Hugh Jackman?

Sean cuales sean las dudas, Simon Kinberg salió avante con una buena pieza dentro del rompecabezas, Sophie Turner hizo un gran papel liderando el arco dramático donde Jean Grey se transforma finalmente en Phoenix. Aún más incierto hoy en día por la recuperación de los derechos de explotación por parte de Marvel/Disney y sin el juego de los «after-credits» podemos afirmar que el futuro de los X-Men y todo su reparto ahora sí está sepultado.

Nota personal: Me gustó el guiño de Jennifer Lawrence a #MeToo cuando le reclama a Hank que las mujeres son las que están salvando a Xavier y que la academia debería llamarse X-Women 😉
De pronto, por eso no es tan loco que dentro de toda la baraja de la franquicia esta sea la única peli que no antepone la etiqueta X-Men: Dark Phoenix

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Godzilla: King of the Monsters


Para hablar de Godzilla 2, tenemos que hacer necesariamente una pausa y revisar Godzilla 1. Han pasado cinco años y poco o nada podríamos recordar de esa pieza.

Su director, Gareth Edwards. Su Godzilla, una historia con mucha reverencia a los orígenes del Gojira japonés y por lo mismo una de las mejores producciones que se ha hecho del «kaiju» en occidente. Sus críticas, que casi no se muestra el monstruo en la totalidad de la peli pero si recordamos Monsters, es parte de la factura de Edwards para asumir el reto de una peli de esta categoría de explotación, en honor a Steven Spielberg y Jaws. Su aporte, pone a Godzilla en el pedestal que se merece después que Roland Emmerich destruyó el imaginario y no cumplió con las leyes del monstruo (Toho Studios e Ishirô Honda, coreógrafo del disfraz en 1954, se idearon una serie de leyes para que la leyenda de Gojira no fuera maltratada). Lastimosamente, Edwards emprende aventuras más grandes y lucrativas que lo alejan del proyecto y se le encarga la secuela al joven Michael Dougherty.

De esa peli se desprenden muchas anclas para esta historia, pero de nuevo, dejaron pasar cinco años y todo ese impulso, todo ese bagaje se pierde en la sedimentación del paso del tiempo. Hagamos un repaso rápido por los términos que nos dan pistas para abordar esta segunda edición de Michael Dougherty.

  • Kaiju gigantes genéticamente alterados cuya misión es destruir la humanidad
  • MUTO siglas para Massive Unidentifiable Terrestrial Organisms
  • Gojira es una respuesta política en el contexto de posguerra y posterior a los eventos de Hiroshima y Nagasaki, es la metáfora del miedo japonés a que Estados Unidos siga jugando a ser héroe del mundo con este tipo de armas nucleares
  • Dr. Ishirô Serizawa, interpretado por Ken Watanabe, hace un juego de enlace a la Gojira original con su apellido y el reloj que siempre carga en su bolsillo
  • Aunque Godzilla: King of the Monsters pareciera la segunda parte de la saga, en realidad, es el cierre de la trilogía monstruos con Kong: Skull Island de 2017; por eso, la justificación de los créditos con tantas referencias a los eventos ocurridos en Skull Island
  • Max Borenstein es el guionista de Godzilla, Kong: Skull Island, Godzilla: King of the Monsters y aunque ya se anuncia Godzilla vs. Kong, parece que aún no está incluido en el proyecto ¿le habrán cobrado las pésimas líneas de diálogo de empalagoso melodrama que terminan siempre bajando la nota de sus piezas?

En contraste, el Godzilla de Michael Dougherty no supera al Godzilla de Gareth Edwards, incluso tratando de resolver las críticas hechas originalmente, hay primeros planos al monstruo que terminan es ridiculizándolo. El drama entre los personajes de Kyle Chandler, Vera Farmiga y Millie Bobby Brown si es mejor que el entorno de Aaron Taylor-Johnson y Elizabeth Olsen pero el amplio renacer y despliegue de monstruos opacan un centro claro narrativo. ¿Era realmente necesario la presencia de Behemoth, Rodan, Scylla y Methuselah, sumados además todo el «galore» de Skull Island? ¿No era acaso suficiente con Godzilla, Ghidora y Mothra?

Aspectos de credibilidad y concordancia científica, considerados igualmente en Pacific Rim, son más subjetivos y se los dejamos a los puristas pero incluso, con esto dicho, son más grandes las indulgencias generadas por Dougherty y Borenstein, que entiendo a sus detractores en ciertos momentos de la historia. De pronto si no hubiera visto antes Chernobyl, no estaría pensando que posiblemente después de la exposición en Boston, dos años después, a Millie Bobby Brown se le estaría cayendo el pelo y que de pronto no es muy lógico que aguante una secuela en la saga, cuando cuatro años después ya haya muerto 😛

Personalmente la aparición de esa Hydra me dió escalofríos y Gojira volviéndose termonuclear es una mejora increíble. Un mejor arco narrativo de los TITANES habría dado para continuar la saga tranquilamente y asegurar más despliegues, más episodios, más confrontaciones y no acelerar desenlaces desafortunados.

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