Calvary


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Cuando escribía la reseña de The Guard, del director John Michael McDonagh, enfatizaba las pocas veces que Brendan Gleeson se había hecho al protagónico de una peli. Acompañado del mismo realizador, repite protagónico e interpreta a un sacerdote de una pequeña parroquia irlandesa que recibe una amenaza de muerte de una voz que no reconocemos en su confesionario. Las causas para tal agravio son explicadas al detalle e injustas, o no, se dicta la sentencia.

«Calvario», para los que no saben, es el monte a donde fue guiado Jesús para su crucifixión; se usa coloquialmente para enmarcar la cruz que se carga en el destino hacia una meta, el dolor, la redención y la expiación de los males que lo atañen.

…puedo decirle cuando uno se está haciendo viejo… Cuando uno deja de escuchar la palabra muerte de la boca de la gente que lo rodea…”. Con esta clase de líneas, un tanto profundas y otro tanto irónicas, Calvary de 2014 se desarrolla entre lo bucólico de esta alejada parroquia y el pequeño thriller de suspenso que nace cuando vamos investigando quién es el perpetrador de la sentencia. Rondando el final del tercer acto, el Padre James (Gleeson) habla con su hija –en la trama se resolverán los detalles de esta particularidad católica–, y entre cuestiones de Catecismo 101 se desenmaraña, no el desenlace de la cinta pero si el porqué: “…una de las virtudes que ha sido más subvalorada es el perdón” y es esa última palabra la que suspiramos cuando todo se diluye en negro al final.

La actuación de Gleeson y las líneas creadas también por McDonagh desembocan en una estimulante pieza de emociones fuertes y ritmo calmo. Gleeson impecable recorre los pasos del Calvario, pareciendo que va del cielo al infierno, en sus cuestionamientos. La pieza es genial y el desempeño de Gleeson logra eco en los British Independent y, obviamente, los Irish Film and Television Awards súper merecidamente.

Nota personal. Entre las picardías de las líneas escritas por John Michael McDonagh una que me llamó mucho la atención es cuando Fiona (Kelly Reilly), hija del sacerdote, juega con las palabras “padre” y “papá”, dándole sentido a la conversación que sostiene con él, cuando se siente alejada o cuando se siente conmovida (respectivamente). Pareciera un ir e venir muy personal de la relación del director con la iglesia católica donde no puede definir qué juicio tomar frente a ella. Ahora bien, extendiendo su audacia y volviéndola picardía, invita al mismo juego al mismísimo hijo de Brendan Gleeson, Domhnall Gleeson (About Time, Ex-Machina), donde se reafirma el divertimento pero ahora con connotaciones naturales.

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