La noche de las doces lunas


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La noche de las doces lunas es un documental sobre la tradición Wayúu de aislar a sus niñas ad portas a su primera menstruación en una casa donde sólo la pueden visitar sus madres o las mujeres más cercanas a ellas.

Pili es una niña Wayúu criada por su abuela porque su madre que vive en Maicao la abandonó a temprana edad. Pili va al colegio, hace sus deberes escolares y ayuda a su abuela. No puede negar su congoja frente al encierro que se le viene dentro de pocos días. Se le siente llena de ansiedad y su voz negando cualquier clase de miedo en vez de ser temeraria se la encuentra llena de dudas y fragilidad.

Mientras Pili va al colegio, los hombres de la aldea construyen un rancho, de un sólo cuarto al lado de la casa de su abuela. Postran las vigas de madera, arman un tramado de ramas y entre ellas ponen grumos de greda. Para finalizar la obra, colocan tejas de aluminio a dos aguas y empañetan las paredes con barro más húmedo.

Finalmente, Pili se despide de sus amigas del colegio en su último día como niña y en la mañana siguiente, cubriendo una manta y una pañoleta en su cara es llevada por su abuela hasta su nuevo hogar. Un rancho modesto que será su amparo por el tiempo que sea necesario hasta que le llegue su periodo y se convierta en majayut.

Hasta este momento, la narración, la temática y la fotografía que es hermosa hacen del documental una pieza increíble. Sin embargo la intromisión misma de la cámara en el recinto inviolable hace del espectador un voyeurista entrometido casi pornográfico. Se siente incluso rasgos de herejía o sacrilegio al observar al detalle y de la forma tan brusca este proceso que debe ser sacro y virginal. Me explico. El detalle fundamental del nuevo rancho, sin porche y casi sin ventanas, radica en que las niñas en estos encierros no pueden ser vistas o visitadas por hombres; durante meses, son alimentadas con una dieta básica de mazamorra y agua de jupiwa que es provista por su tutora, la mujer más cercana a la niña; ni siquiera otras mujeres pueden visitarla fácilmente, sólo se hace una excepción con su maestra para que no interrumpa sus labores escolares. De esta forma, las tomas de la niña recostada en el chinchorro, en vigilia tratando de conciliar el sueño o los tres baños que debe tener para mantenerse pulcra son innecesarios y de todas formas violento.

El contexto de la enseñanza del tejido, tanto crochet como de telar, las dietas, los vestidos y la rutina, son interesantes. Lo más destacado de la pieza, la cinematografía a cargo de Daniela Cajias, lo más reprochable la impertinencia durante el lapso de aislamiento. Hubiera preferido un poco más de audacia por parte de Priscilla Padilla, la directora del documental, para mostrar sin-mostrar lo inmostrable. Para mejorar, o incluso eliminar, el sonsonete del poema cantado sobre la niña querida infunde un tono melodramático inconmensurable.

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