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Archive for April, 2013

Warm Bodies

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Warm Bodies es una peli de la cual uno es reticente de ir a verla en la cartelera actual. No porque sea mala per sé sino por el hecho de entrar en un terreno fangoso, el del romance entre zombis. Si, Warm Bodies de Jonathan Levine es una comedia romántica entre un zombi y una humana.

Esta peli supera de tajo cualquier pieza de George Romero, una aseveración demasiado fuerte pero dentro de la evolución normal de los zombis romerianos, los muertos vivientes no pueden coordinar sus pasos, difícilmente articular más allá de un gruñido y su apetito por carne fresca y cerebros es voraz. Siempre el zombi persigue al humano instintivamente. Después de Night of the Living Dead y de Dawn of the Dead, Romero en Land of the Dead, por primera vez hace que los humanos capturen un par de zombis y puedan convivir con ellos. Los zombis son usados como gallos de pelea que entrenan los humanos para ser sacrificados en rondas de apuestas, entre ellos mismos o con otros humanos usados como tortura; el líder de esos zombis es un negro que logra dirigir un grupo de zombis hacia la ciudad, disparar armas y pensar tácticamente -si se puede llamar de esa forma-. En Diary of the Dead se podría afirmar que los muertos vivientes piensan, donde Romero los compara con humanos y los pone por encima de algunos de ellos.

Muchas versiones de zombis han salido de esta evolución romeriana, unos se han vuelto más ágiles, otros se han vuelto más violentos pero casi ninguno había sobrepasado su naturaleza y más bien eran torpes entidades deambulando por ahí. Levine se anota un gran punto al poner, la narración en manos de ellos, buscando sus pensamientos y reflexiones, como piensan y que sienten cuando comen sesos, una idea realmente fascinante y porqué no, muy divertida.

Siendo sincero la peli me gustó. La clave está en las expectativas y la mente abierta. Por un lado, ir pensando que es una muy mala pieza ayuda a revelar lo que Warm Bodies en realidad puede aportar al universo zombi; por otro lado, Teresa Palmer y Nicholas Hoult son realmente actores y lejos están de sabotear el subgénero zombi como en algún momento lo hicieron Kristen Stewart y Robert Pattinson con los vampiros. Los «skinnies» o «bonies» son zombis evolucionados que han perdido hasta su propia carne, son espantosos y logran balancear como antagónicos la melosa relación entre R y Julie que refieren de facto la historia legendaria del amor prohibido entre Romeo Capuleto y Julieta de Montesco. Abrazando esta nueva versión del relato «shakespeariano» se hace muy divertida su experiencia tragicómica y melodramática.

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Roa

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Con Roa yo no empezaría diciendo -como lo hacen sus afiches- que es dirigida por la misma persona que hizo La cara oculta, una peli mediocre que muestra el crecimiento como realizador de Andi Baiz -como se hacía conocer el director- después de Satanás y ya. No, para mi, Andrés Baiz -como se hace llamar ahora- tiene un inicio fresco de ceros con Roa y está lejos de parecerse a su antecesora.

Roa es una peli comercial que demuestra una gran y moderna producción. Una inmejorable fotografía retratando melancólicamente esa Bogota hermosa de los años 40’s, con una paleta cálida, a veces tirando a los ocres tostados, otras veces a los rojos intensos. Su responsable es Guillermo Nieto un experimentado director de fotografía argentino que logró encontrar una emotividad acorde a ese lema, casi lastimero de, “los perdedores también escriben la historia” para transformarlo en algo más humano y cercano. Varias veces quedé gratamente sorprendido frente a su sensibilidad y su aguda mirada. Definitivamente un gran acierto en la producción. Otro factor loable en Roa es el diseño de producción y la acuciosa dirección de arte, ambas responsabilidades de Diana Trujillo. Un gran trabajo ambientando delicadamente la vida de este personaje humilde en una idiosincracia casi de pueblo, en los barrios populares de esa Bogotá. Seguramente y de la mano de los directores de vestuario, de escenografía y de locaciones lograron darle el marco perfecto de desarrollo para que todos los actores se transladaran a otra época y fuera más fácil su desempeño.

Finalmente, y lo que definitivamente podría terminar de pagar la boleta es Mauricio Puentes, protagonista de la historia e intérprete de Juan Roa Sierra. Puentes es una cara desconocida en nuestro medio pero encontré en Vive.in que logró incursionar en la TV a los 11 años en un programa llamado Reporteritos -si mal no estoy los sábados o domingos a las 7AM hace como veinte años atrás-; se aprendía los diálogos de las telenovelas y terminó interesándose por el teatro. Buscó su oportunidad en el Teatro Libre de Bogotá pero finalmente terminó trabajando con Fabio Rubiano, antes de dedicarse a ser doble de películas y series de TV. En IMDb aparece un perfil vacío pero trabajó en un papel pequeño de La Virgen de los sicarios de Barbet Schroeder hasta que conoció a Baiz y encarnó a un indigente en Satanás. Para Roa, Baiz cogió a Puentes, lo sermoneó, le dio terapia por un buen tiempo y lo convenció de ser su protagonista porque el actor no creía que podía lograr semejante responsabilidad. A fuerza de pura entrega y motivación, Mauricio Puentes logra un papel desgarrador, muy conmovedor y muy bien desarrollado. Afirma que si esta es su última peli se sentiría igual muy orgulloso, la evolución de ser un extra o un doble a inmediatamente ser protagonista lo tiene completamente anonadado. Ojalá tengamos más noticias de este joven actor.

Pero no todo es color de rosa en Roa. Grandes errores se cometen en la producción y terminan dañando el buen promedio de la cinta.

Por un lado la historia. Roa debió haber sido la historia del hombre humilde que vivió en la época del Bogotazo y que terminó linchado por la turbamulta enardecida. Su relación con Gaitán debió ser más anecdótica y circunscrita dentro del magnicidio. Por el contrario, se establece un paralelo innecesario entre la vida de Jorge Eliécer Gaitán y Roa Sierra. Una comparación odiosa, melindrosa y con un tufillo de envidia que nada bien le hace a la trama. Muchas veces hemos hablado en este blog que a Colombia le hacen falta relatos sencillos, del día a día -no importa si son de guerra, del narcotráfico o la violencia- que tengan una carga de humanidad o sean drama cotidianos y de cercanía con nuestra cultura. El motor de Roa en el magnicidio no debió ser su anhelo de ser como el caudillo sino la profunda impotencia de no ser más que un mantenido por su esposa y de no poderle ofrecer un futuro a su hija -con un epílogo de sus familiares huyendo y desapareciendo de la faz de la tierra por temor a ser vinculados en la muerte de Gaitán-. Pedro Adrián Zuluaga define a Roa como “una estetización abyecta de la pobreza y de la violencia” en vez de una narración entorno a “…dos excluidos, dos hermosos derrotados, que mediante un crimen espectacular intentaron ingresar en las corrientes de la historia, cada uno a su manera y con móviles distintos” (refiriéndose a Juan Roa Sierra y Campo Elías Delgado). Tal vez eso fue lo que se le escapó a Baiz en su guión, tal vez su perspectiva se vio obnubilada por el asesinato de la figura pública y se le olvidó que su historia trataba más sobre el perdedor.

Y remata Baiz con sus malas decisiones técnicas. La más grave de todas, vincular a Santiago Rodríguez como representante de Jorge Eliécer Gaitán. El director afirma que vio en Rodríguez una cercanía muy fuerte al fenotipo del líder liberal. Su error tal vez fue de confianza porque intentó hacer lo mismo de Puentes y tomó por sorpresa al comediante, que no acostumbra a hacer papeles dramáticos. Le contó de su parecido físico y de lo que él podría llegar a ser. Rodríguez no estaba convencido pero escuchó al director y emprendió semejante empresa con la diferencia que su actuación fue infame y terminó siendo una caricatura más de este bufón que tiene todas las carencias posibles en el desempeño histriónico. No tuvo desarrollo de personaje, no articuló el tono y lo peor sus discursos enmarcaban una mueca de carcajada que nunca se pudo quitar y su expresión se vio seriamente afectada. Algo que debe entender Baiz es que el parecido no hace al personaje, debería estudiar Nixon de Oliver Stone o Hitchcock de Sacha Gervasi para que entienda que sin parecerse demasiado Anthony Hopkins nos deja con la sensación de que ningún otro actor hubiera podido responsabilizarse por su papel.

El último golpe de credibilidad es menos grave pero igualmente doloso que con Rodríguez y fue escoger a Catalina Sandino para interpretar a María, la esposa de Roa Sierra. Imaginamos que en esta decisión tuvo más que ver el estudio que vio de pronto la posibilidad de comercializar mejor la pieza en otros mercados. El caso es que Sandino no se ha destacado en su posición por grandes actuaciones o grandes desempeños sino más bien, buenas decisiones en muy buenos momentos. Es mucho mejor que Martina García -una especie de actriz zombi- pero sus papeles son igualmente planos, monótonos, aburridos y con la sensación de siempre interpretar a una bogotana en una situación particular. En Roa no es diferente. Sandino en vez de ser una mujer abnegada, luchadora y rebuscadora se comporta como una mujer de mediana clase, que no tiene mayores problemas, que su marido está un poquito loco de la cabeza pero que con descanso y cuidado se le pasa. Un vacío argumental fuerte por donde también se le escapó el drama al realizador.

Si, Baiz advierte un progreso en su técnica y en su factura. Logra dirigir mejor a sus actores, sobre todo los naturales, pero descuida a los otros, supuestamente profesionales, y es donde su confianza pervierte la cinta. Además aunque está mejor narrada, Roa tiene serios problemas de guión que la hacen inverosímil y en algunos casos excesiva o sobreactuada. Baiz debería experimentar un poco con las mieles independientes y desarrollar historias menos pretenciosas. De pronto descubre un par de Mauricios Puentes que logren contar mejor sus historias y darle una mayor redondez a toda la trama.

Pusher II: With Blood on My Hands

29/04/2013 2 comments

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With Blood on My Hands es la segunda pieza que vi de la trilogía Pusher de Nicolas Winding Refn. Refn había logrado llamar la atención fuertemente en Cannes con su debut, en su visión del mundo del narcotráfico en Copenhague -para mi cero apologética-. Humanizando al jíbaro, la figura más baja de la cadena del negocio de estupefacientes y la que asume todos los riesgos de la misma, Refn no sólo logró una voz sino que a partir de Pusher definió su estética y su narrativa. Después las cosas no salieron muy bien con Bleeder, su segunda pieza, o con Fear X, su tercer y más ambicioso proyecto. Decidió recaudar dinero para volver a su punto de partida y convencer a inversionistas que lo mejor que les podía suceder es reinvertir en una trilogía que tenía el sello ganador -en el material extra de la trilogía hay una especie de docudrama, llamado The Gambler, que explica todo este proceso de financiación-.

Los medios no fueron los más adecuados o los más altruistas pero Refn consiguió el dinero que le ayudaría a financiar de una manera inteligente el presupuesto para dos pelis más. “Inteligente” significaría de corte independiente, bajo presupuesto, aunque ya no en 16mm sino ahora en 35mm, y con una estética que ya conocía. Todo esto le significaría un ahorro en producción y de alguna forma una retribución segura.

La primera carta que se jugó fue traer a Mads Mikkelsen a bordo. Refn aunque es muy fiel a sus protagonistas y le gusta seguir trabajando con los actores que ya conoce, ya había desarrollado un capítulo entero en torno a Kim Bodnia; o le daba un papel muy pequeño o simplemente no lo llamaba. Mads Mikkelsen por el contrario había demostrado gran calidad en el desarrollo de Tonny, un compinche de Frank y su historia había quedado abierta. Mikkelsen también había trabajado en Bleeder y, finalmente, se quedó con el protagónico. El personaje de Frank (Bodnia) apenas fue nombrado en la historia una sola vez.

La presentación de la historia (como el paredón de Pusher, es con una luz cenital dirigida a la cara de los personajes) introduce a Tonny, Smeden, Charlotte, Ø y Kusse-Kurt (representados por Mads Mikkelsen, Leif Sylvester, Anne Sørensen, Øyvind Hagen-Traberg y Kurt Nielsen respectivamente). La mayoría de sus actores son naturales lo que le permite a Refn ahorrarse mucho presupuesto pero por otro lado, modifica el guión para que más o menos sus mismos nombres sean los que se usen en la cinta interactuando con ellos directamente, burlándose en algunos casos de ellos mismos, como por por ejemplo Kurt Nielsen interpreta a Kusse-Kurt que más o menos se puede traducir como «La perra Kurt», pero sobre todo porque les permite estar atentos a las líneas y lo que se dice de ellos para así molestarse, alegrarse o sorprenderse naturalmente. Punto para Refn.

Con Pusher se domina la cotidianidad del jíbaro. En With Blood on My Hands, Refn nos abre el espectro a otro tipo de relaciones, ya no el jíbaro como individuo responsable ciento por ciento de su negocio, aceptando todos los castigos que sus superiores impongan, no importa lo injustos que sean, sino un jíbaro que tiene problemas con su padre, que lo subestima o lo reconoce como una vergüenza. Sí trafica con droga pero hay muchas más capas con Tonny en esta segunda pieza. Se retoma su ingenuidad, su falta de táctica y sobre todo su deseo de mostrarse como una mejor persona frente al Duque. Otra vez, una mala decisión genera dos respuestas encontradas y cada resolución frente a estas situaciones se va propagando en errores como una reacción en cadena. El ritmo no se pierde y la historia es entretenida. Al que le gustó Pusher seguramente va a quedar atrapado en With Blood on My Hands con otra excelente historia, de pronto con un poco menos de sorpresa pero igualmente con un desarrollo de personajes muy bueno y con un desenlace acorde a los planteamientos y apuestas del director al principio de la cinta.

North by Northwest

26/04/2013 1 comment

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Tan de moda Hitchcock en estos días con The Girl de Julian Jarrold y con Hitchcock de Sacha Gervasi que me encantó que en Cuevana hubieran montado North by Northwest, un thriller con Cary Grant, Eva Marie Saint y James Mason de 1959.

No me considero un fanático de Hitchcock, si acaso me he visto en total seis o siete pelis del maestro pero no más de diez. Tanto así que creo que sólo he hecho una entrada en este blog y fue sobre The Birds. Me divierten mucho, aunque creo que no envejecen tan bien. En cuanto a planos son increíbles y de una descripción impecable. La narración y el montaje si tiene a veces sus detallitos porque no siempre es muy fluida.

North by Northwest es increíble. Grabada casi en su totalidad en exteriores nos muestra grandes locaciones en Nueva York, Chicago y Dakota del Sur, además de una reproducción a escala del Monte Rushmore en los estudios de la MGM en Los Ángeles. Una megaproducción teniendo en cuenta las formas de trabajar de Hitchcock y sus producciones, entendible gracias a que a finales de los 50’s y principios de los 60’s, el realizador era muy popular en la crítica y recaudaba muy buenas taquillas, lo que le aseguraba independencia en sus decisiones.

En esta pieza, Cary Grant es un publicista de Nueva York, que se la pasa de la Avenida Madison al Parque, de su oficina a los cafés, tomándose un martini con los clientes y pagando taxis por dos o tres cuadras -imagino que es una gran referencia para Mad Men, porque Don Drapper no podría ser más parecido a Roger O. Thornhill, en absoluto-. Se ve involucrado en un malentendido cuando lo confunden con George Kaplan, un agente de contrainteligencia norteamericana. Thornhill es secuestrado por Phillip Vandamm (James Mason) y su mano derecha Leonard (un muy joven Martin Landau) quienes se encargan además de envolverlo en una intriga bastante compleja cuyo fin es neutralizarlo o en el peor de los casos eliminarlo. Huye de Nueva York por tren y se topa por primera vez con Eve Kendall (Eva Marie Saint), una atrevida samaritana que le ofrece su ayuda a cambio de sexo.

Su aventura los lleva de Nueva York a Chicago, de Chicago a Rapid City, en medio de las llanuras, y de ahí hasta Dakota del Sur. Los planos detalle, los encuadres y los planos secuencia son muy bien armados, casi que uno pudiera ver la cinta en silencio y disfrutarla igualmente. Grant es un actor muy simpático y no se siente el paso del tiempo en su actuación como por ejemplo si lo hacen Mason y Eva Marie Saint que se sienten muy acartonados pero obviamente muy de la época.

Para destacar aparte de las ya nombradas genialidades de Hitchcock, North by Northwest no es un simple thriller de suspenso como es usual en el realizador, es un thriller de acción y suspenso muy fácil de ver y muy entretenido. Es muy gracioso, las líneas de Cary Grant son muy divertidas al igual que el juego de seducción que sostiene con Eva Marie Saint -además en la primera escena, aparece Alfred Hitchcock tratando de entrar a un bus que le cierra las puertas en la cara, un chiste de «pastelazo» que nos pone en un clima muy relajado para el resto de la peli-. North by Northwest es un clásico «hitchcockiano» no sólo gracias a la temática, la narración y la intriga sino además por ejemplificar como ninguna otra la fantasía del director por las monas. No sólo el protagonista se enamora perdidamente de una de ellas sino que el diálogo en el tren es perfectamente elocuente a este fin, con el juego de frases en doble sentido, donde Eve Kendall prácticamente le da carta blanca a Thornhill para que vaya a su recámara y pasen la noche juntos.

Cierro la entrada nombrando los créditos de la peli diseñados por otro maestro, el señor Saul Bass. Están creados sobre una pantalla verde, con una serie de trazos que dan alusión a un edificio. Los títulos llegan a pantalla gracias a un contrapeso que hace las veces de ascensor en la construcción. Al irse fundiendo la pantalla verde, se hace evidente que es la fachada de las Naciones Unidas en pleno «midtown» de Nueva York. Los créditos siguen apareciendo y siguen fugados perfectamente con la perspectiva de la edificación de las Naciones Unidas. Guardadas proporciones me recuerda el excelente trabajo de Picture Mill en los fantásticos créditos de Panic Room de David Fincher, una de mis presentaciones favoritas en una pieza cinematográfica.

Killing Them Softly

25/04/2013 1 comment

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Tenía unas expectativas mixtas con esta cinta. Su director, el neozelandés Andrew Dominik, me sorprendió gratamente con The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, una cinta exquisita gracias a la fotografía de Roger Deakins y de una narración bastante peculiar desarrollando dos personajes muy fuertes al mismo tiempo, el héroe y su antagónico.

Para muchos -yo incluido-, The Assassination of Jesse James pondría en un lugar muy alto a Dominik pero la verdad es que su primera pieza, Chopper protagonizada por Eric Bana, fue la que lo hizo arrasar todos los premios oficiales e independientes en Australia. The Assassination of Jesse James le significó estar nominado a dos Oscar, Globos de Oro, concursar en Chicago, Londres, Venecia con gran fuerza y de pronto se le puede referir como su cúspide más alta hasta ahora pero Chopper fue la que le dio la confianza en la industria, le permitió contratar a Deakins y a manejar estrellas de la talla de Casey Affleck o Brad Pitt -tranquilamente su mejor papel en los últimos diez años y de pronto su mejor desempeño tan sólo superado por el gitano de Snatch-.

Aunque Dominik ha manejado en sus historias, tramas sobre crimen y criminales tan sólo Killing Them Softly se puede considerar una peli del género de gángster, ya que, Chopper entra dentro de la clasificación de biopic y The Assassination of Jesse James es un buen y chapado a la antigua western. Killing Them Softly ubicada en una tácita Louisiana refleja el mal rato que está pasando Estados Unidos, de cómo esto afecta hasta los círculos más exclusivos del hampa norteamericana pero sobretodo cómo Barack Obama es la respuesta precisa, articulada y muy bien orquestada para dar la sensación de cambio a las golpeadas calles de la recesión. En este contexto, los grandes bandidos, los famosos cobradores y los delincuentes de cuello blanco se dedican a filosofar mientras esperan que la situación mejore. Mientras tanto ladrones de poca monta tratan de aprovechar el momento y exponen lo ingenuos, improvisados, inexpertos y descuidados que pueden llegar a ser. Por ejemplo, Markie Trattman (Ray Liotta) maneja una casa de apuestas, la roba, recibe una paliza y sale ileso, no obstante, su lengua un día se suelta para contar y jactarse en frente de todos de su osada picardía. El problema no es su abierta confesión, el problema con Trattman es que pone en evidencia que hay un vacío de autoridad y dos ladronzuelos interpretados por Scoot McNairy y Ben Mendelsohn intentan copiar el disparate.

Killing Them Softly no es una historia épica de paladines y temerarios, no hay héroes ni extremas odiseas. Killing Them Softly protagonizada por Brad Pitt, Richard Jenkins, Ray Liotta, Scoot McNairy, Ben Mendelsohn y James Gandolfini es una opereta del crimen ambientada en uno de los estados más golpeados por las inclemencias del clima y el gobierno de Bush gracias a su sutil trasfondo político. Brad Pitt vuelve a hacer pareja con Dominik y recrea un sentimiento de cheveritud y frescura muy bien elaborado en la pieza, sin embargo, su personaje no se desarrolla y se queda en un planteamiento cerrado de principio a fin. Jenkins y Gandolfini son dos pesos pesados que interpretan muy bien sus líneas y le aportan condimento a la presencia de Pitt pero lo mismo, no hay mayor desarrollo de sus papeles. El peso dramático recae entonces sobre los tres perdedores: Liotta, McNairy y Mendelsohn. Aunque los tres sobrellevan esta carga relativamente bien Ray Liotta muestra su lado vulnerable en el género y Ben Mendelsohn se edifica como una gran figura en la pantalla. Sus matices son amplios y desquiciadamente diferentes. Voraz y predador en Animal Kingdom, sofisticado y oscuro en The Dark Knight Rises y ahora grasiento, imbécil, descuidado y aturdido por tanta heroína en su ser. Un actor para tener en cuenta.

Desarrollada dentro del estudio de Annapurna y distribuida por la Weinstein Company, las promesas sobre Killing Them Softly eran altas. Concursaba en Cannes por la Palma de Oro y de no haber sido abandonada por los Weinstein es muy posible que los Oscar le hubieran sonreído con un par de nominaciones. Al final pasó sin pena ni gloria por todos los círculos independientes y, sin decir que es mala, uno disfruta la estética de la pieza que es hermosa en cámaras y secuencias pero nada más. Dominik y George V. Higgins no logran evolucionar sus personajes y la historia al final no es nada más que una gran burbuja. Una verdadera lástima.

Nota personal. La pieza está llena de versiones, grandes versiones, de su afiche promocional. Muy recomendado echarle una ojeadita a cada uno de ellos.

Barbara

24/04/2013 1 comment

Barbara

Barbara es una peli sencilla, muy alemana y ganadora del Oso de Plata en La Berlinale del año pasado otorgado a Christian Petzold por su destacado desempeño en la dirección de la pieza.

Barbara empieza descaradamente en seco y en medio de la nada, con la historia de una mujer fumando un cigarrillo. El espectador tiene que, de inmediato, empezar a atar cabos para entender que esa mujer se llama Barbara, es alemana, recién se instala en su apartamento y es doctora. Después finalmente nos empieza a llegar información más clara y empezamos a armar el trasfondo de Barbara que es dedicada en su trabajo, tiene una sensibilidad especial para tratar a sus pacientes, no le cae muy bien su casera -pero no es que sea la mujer más agradable y feliz- y además, tal vez lo más importante, su historia se ve contextualizada a finales de los 70’s o principios de los 80’s.

¿Qué debe hacer de nuevo, el espectador? La siguiente tarea es ubicarse en ese entorno y revisar el ambiente geopolítico de Alemania: El muro no ha sido tumbado, somos protagonistas posiblemente de una historia en la República Democrática de Alemania y sus personajes experimentan las limitaciones del régimen del este.

Todo empieza a tener más lógica. Aparecen las Stasi, el mercado negro, las encuentros furtivos en el campo limítrofe con la frontera de la Alemania Federal, las referencias a Berlín y su muro. Barbara primero muy introvertida, parece que ha tomado confianza frente a nosotros y ahora sonríe. Parece disfrutar su trabajo y crea empatía fácilmente con su jefe directo y sus pacientes.

Si de alguna forma se puede definir esta pieza, creo que podría ser a través de una sola palabra y sería: sutil. Petzold se toma todo su tiempo para levemente irnos darnos información sobre el personaje central, su contexto y sus relaciones interpersonales. Además Petzold, de la mano de Hans Fromm, suavemente describe la austera Alemania Democrática perspicazmente describiendo cada momento pero sutilmente criticando cada aspecto del modus vivendi de las personas en ese justo instante. Aunque la narración es áspera, seca y astringente, Petzold que también es el encargado del guión, nos deja entrever una pequeña fragilidad en el carácter de Barbara que aporta la proporción justa del dilema en el nudo y el desenlace de su historia. Tal vez lo que más me gustó es el delicado desarrollo de los personajes. Nina Hoss interpreta a Barbara, una mujer sobria, en la mitad de sus treintas, contemplativa, reflexiva y siempre muy bien peinada con el pelo recogido en una moña detrás de la cabeza; las Stassi la despeinan, la desnudan, la alteran; su defensa se va amainando y a medida que avanza la historia, no sólo sonríe y es simpática, somos testigos de su humanidad, de su vulnerabilidad y la vemos despeinarse. Por su parte, Ronald Zehrfeld interpreta a André Reiser, el jefe directo de Barbara que sueña con descifrar el enigma de esta mujer; le muestra sus logros en sus pacientes, los alcances en su laboratorio, le habla de literatura interesante, le cuenta las desgracias de su pasado y de cómo tampoco llegó a tener una sólida carrera en La Charité -un prestigioso hospital donde los grandes doctores hacen carrera e investigación-; la mejor forma que encontré para definir a André fue la de un oso, corpulento, noble, feroz y defensor de sus crias; al final su actuación se ve glorificada con los dos últimos planos de la cinta, que definitivamente pagan la boleta.

¡Barbara es bárbara!
Una pieza genial del nuevo cine alemán que no se aleja de su fundamentación en el neo-expresionismo, sino que por el contrario parece refrescarlo y recrearlo muy bien para hacerlo contemporáneo. Barbara se encuentra ahora mismo en cartelera y creo que es imperdible.

Brick

23/04/2013 1 comment

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Rian Johnson es uno de los recién asentados directores independientes que nos ofreció el cierre de su ópera prima, con una de las mejores, si no la mejor pieza del año pasado, Looper.

Ya habíamos visto también de él Los Brothers Bloom, con una calidad escalofriante pero la crítica seguía alabando Brick, su primer largometraje lo cual me tenía un poco frenético. Independiente de lo que piense de la peli, en general, siempre admiro el hecho de que un director salga adelante de su primer proyecto y me sobrecoge cuando ese primer proyecto, tiene una buena factura o es creativo o es propositivo de alguna forma en la industria. Johnson, por ejemplo, es un escritor-director que en su primer intento logra clasificar a Sundance y llevarse el premio especial del jurado por su visión creativa.

Brick es la historia de Brendan, interpretado por un escuálido Joseph Gordon-Levitt, que va en el cuarto año de una secundaria en San Clemente, California. Es corajudo, solitario y sedicioso. No le come a los populares de la escuela, ni a los del equipo de fútbol, ni a los jíbaros que rodean la institución, por el contrario, los enfrenta y aún con su apariencia desabrida tiene una relación con una hermosa joven (Emilie de Ravin) que estudia con él. La trama de la peli empieza con el cadáver de la joven, dispuesto en uno de los caños adyacentes. La imagen es fuerte pero hermosa y Brendan se queda contemplándola por un tiempo hasta que decide ocultar el cuerpo, aislar a la policía de la ecuación y descubrir por si mismo que está sucediendo.

En principio, el argumento de Brick envuelve un gran thriller de suspenso y su resolución tiene las mismas connotaciones policiacas. El problema es que tanto la historia como los personajes son poco creíbles dentro del contexto en el que están colocados. El maton, la diva, el capo son más caricaturas de personajes bien elaborados pero que dispuestos en un colegio crean ambientes y situaciones improbables, sin sentido y de nuevo, poco creíbles. Johnson afirma que esta peli la filma en su escuela secundaria y tal vez su deseo de volver a la institución de nuevo, convertido en héroe es mucho más fuerte que su deseo de hacer una pieza más verosímil, más madura o por lo menos un poco más congruente.

Es innegable que Brick tiene mucho potencial. El epónimo ladrillo de cocaína que rodea la historia envuelve muy bien a todos los personajes. Sus tropos y sus chispas de genialidad se vislumbran en algunos roles secundarios, en la forma como Johnson desarrolla su montaje y permite que el espectador intuya más que digerir ciertas afirmaciones -aunque a veces se excede y confunde-. Las tomas y los desenfoques ayudan a complementar la narración pero incluso en el final abierto, el desenfoque nos permite elucubrar sobre una posibilidad lejana donde un personaje tangencial podría ser la clave de todo el embrollo, en el que posiblemente Brendan sólo dio vueltas en círculos para terminar en el mismo punto de partida con una posibilidad muy sólida, siempre en frente de sus narices.

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