Le Havre


No es una «road movie», un drama o completamente una comedia, no es tampoco demasiado costumbrista o folclórica y sin embargo es muy Aki Kaurismäki. Una peli que se siente narrada en los años 60’s pero con referencias claras a la primera década del 2000, con unas figuras increíbles y con un aire de vendimia a más no poder.

Le Havre es un puerto francés ubicado en la parte noroccidental de Francia, en la alta Normandía y su actividad es tan elevada que es considerado el segundo puerto francés después de Marsella. Hasta allá nos lleva Kaurismäki para contarnos su historia.

A este puerto llega un cargamento con ilegales gaboneses que son descubiertos en plena zona mercante. Al abrir el contenedor donde fueron encontrados, un niño huye de su destino en un campo de refugiados de Calais. Un embolador de zapatos, mientras tanto, trata de hacer su diario para él y su mujer. No es muy activa su vida, revisando los pies de las personas -que ya no usan zapatos elegantes que necesiten una lustrada-, comiendo un emparedado de lechuga y tomate o volviendo a casa sin olvidarse de antes pasar por la tienda del barrio y tomarse uno o dos vinillos. Ambos personajes se interrumpen cuando el joven se esconde en los pilares del puerto con los inspectores oliendo su podredumbre muy de cerca y el viejo embolador, almorzando zozobrante porque su mujer se ha tenido que internar por una grave enfermedad.

No sabemos mucho del señor Marcel Marx interpretado por André Wilms, no sabemos tampoco mucho de Arletty (Kati Outinen) su mujer o Idrissa (Blondin Miguel) el niño pero parece no importarnos. Tal como en Mies vailla menneisyyttä (El Hombre Sin Pasado) su presente nos da pistas de su pasado y esas pistas ayudan a elaborar el perfil de lo que era antes hasta la circunstancia o hito que causa un giro en su vida y nos permite ser testigos de esta historia. Por ejemplo, el señor Marx le pregunta al niño cómo te llamas, Idrissa -responde el niño- y el señor Marx se dice para sus adentros, –Quo Vadis Idrissa-. (¿A dónde te diriges, Idrissa?) y nos permite saber que este hombre embolador, no es un hombre inculto, sabe de latín y su nobleza no es accidental. La cinta está llena de estas anécdotas y es muy divertido encontrarlas. Kaurismäki, también como escritor de la pieza, aborda el desarrollo de la trama como una obra de teatro, Marcel e Idrissa son sus héroes. Sus aventuras entrevén la exaltación de la nobleza en las personas pobres -un alegato que también hace suyo Kusturica en su obra, como por ejemplo Maradona-. En El Hombre Sin Pasado, M descubre que no quiere volver a ser como era, que su eventualidad lo había salvado de ser un hombre malvado. El señor Marx no tiene esa conciencia pero nosotros somos espectadores de los cambios en su karma y Kaurismäki nos aborda con una inquietud para redondear el desenlace ¿el buen karma le ayudará para salvarse y salvar a sus seres queridos?.

Mucho mejor elaborada que El Hombre Sin Pasado, con una fotografía más cálida y con un personaje protagonista menos oscuro, Kaurismäki logra capturar su misma esencia y dejarnos con una historia muy tierna y conmovedora. Le Havre es lanzada en Cannes el año pasado, obtiene el premio FIPRESCI y una nominación a la Palma de Oro. Definitivamente una peli que hay que aprovechar y agradecer que la hayan traído a salas.

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