The Ides of March


George Clooney llegó a un punto en su carrera actoral en el que no nos va a ofrecer nada nuevo. Nos quedó bastante claro en The Descendants y a menos que aproveche otro tirón de Steven Soderbergh en sus dramas ligeros o alguna comedia de los hermanos Coen, sus pelis actuadas van a ser insulsas y sin sorpresa. No es un gran problema. Clooney parece tenerlo muy claro y en control de la situación. A medida que crece su poder en Hollywood, parece más sólida su posición contestaria detrás de cámara que delante de ella.

Su primer acto fue Confessions of a Dangerous Mind aliándose con el escritor Charlie Kaufman -el genio detrás de grandes pelis de Michel Gondry y Spike Jonze– y logró una pieza llena de picardía, buen sentido del humor y un «roletazo tirándole» que lo puso con una excelente posición en su carrera. Después se preparaba para una serie de papeles fuertes como Syriana o Michael Clayton y se decidió a dirigir una mucho más ácida, Good Night and Good Luck, cinta que esta vez escribió al lado de Grant Heslov y con la cual logró el reconocimiento de La Academia por la actuación de David Straithairn, su cinematogafía, su dirección de arte, su guión y su dirección. Aunque al final sólo fueron nominaciones, sacaron a Clooney del grupo de caras bonitas condenadas a desfilar el largo callejón de los nominados y le dieron la estatuilla por Syriana (además le ayudó a seguir trabajando con Heslov de manera fluida y tranquila en proyectos como The Men Who Stare at Goats que es sencillamente genial). Leatherheads fue su tercer intento y fue un gran paso en falso, su discurso estaba ya calibrado y la peli no cuadraba con lo que ya había establecido. Se dedicó a producir en paralelo a sus actuaciones y su olfato es muy bueno en ese sentido. Fue entonces, después de varios papeles que se decidió por The Ides of March.

No es una peli sencilla. Sin embargo se la jugó seguro con Gosling, que es el actor de moda y se puso así mismo en un papel carismático, de bajo perfil, con dos o tres incurciones en pantalla pero con total apoyo a su actor principal y su historia. Otra vez, de la mano de Heslov pone la mano en la llaga pero esta vez con un poco de sal y vinagre, critica el sucio juego de lealtades y traiciones en el que todo individuo de la sociedad se ve involucrado cuando hay elecciones. No hablando siquiera de las elecciones entre demócratas y republicanos sino las primarias, entre precandidatos que se preparan y se definen para la ronda final. Su crítica es profunda y descarada pero igualmente sofisticada.

Gosling, por su lado, es un gran actor y en esta cinta demuestra toda su categoría. Al lado de él un gran reparto liderado por Philip Seymour Hoffman, Evan Rachel Wood, Marisa Tomei, Jeffrey Wright, Paul Giamatti y Max Minghella.

Y aunque la cinematografía es excelente, la música es gratificantemente importante, sinuosa y perspicaz, las grandes alabanzas de la cinta son todas para Clooney. Un director que sigue experimentando en su discurso y que seguro con el paso de otras dos piezas logrará definir su equipo de trabajo y seguro estará peleando más adelante sus estatuillas gracias a sus labores como escritor y realizador de grandes piezas cinematográficas.

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