Schastye moe


Schastye moe (Mi dicha) última peli de Sergei Loznitsa, que nos trajo el Festival 4mas1, es de todo mi gusto.

No es una peli fácil, eso se nota desde el primer momento, con la secuencia de créditos y las acciones para encubrir un muerto en una fundición de una placa de concreto, en alguna parte de Ucrania -misma referencia para el afiche de la peli-. Una introducción bastante bizarra pero que nos contextualiza en el marco socio-político de esta nación de la ex-unión soviética.

La peli plantea la vida sencilla de Georgy (Viktor Nemets) un camionero que recibe su carga para transportarla, va a su casa a hacerse una merienda para el viaje, su mujer lo mira desde la ventana y se entiende que hacía mucho tiempo no paraba en casa; la despide como puede y parte hacia su empresa. En el recorrido se desvía de la carretera y empieza su perdición cuando se enfrenta a un camino sin salida. No hay cómo seguir, no hay giro, no hay indicaciones, está perdido. Lo que en principio parecía una divertida cinta costumbrista -en algún momento pensé que podría ser como una peli de Kusturica– se vuelve un tobogán de eventos desafortunados, cada vez más trágicos en la medida que avanza la historia.

Las primeras imágenes me recordaron La Habana, en un ambiente urbano atrapado como en los años 70, con grandes urbanizaciones y con una relativa calma socialista. La música y los personajes del panorama son increíbles, encuentra uno pistas del final de la tragedia o simplemente son divertimentos del ojo turista de Georgy en su propio país. Las historias colaterales despistan un poco pero son ingredientes de carácter que refuerzan el contexto.

En Biutiful de González Iñarritú hablaba de un salto al vacío hacia un fondo pesimista. Georgy hace también el mismo salto, la diferencia es que no es tan desgarrador o vertiginoso pero uno siente que el dolor y la tristeza de este hombre apoderándose de él. Comentaba con un amigo que Uxbal, el papel que interpreta Bardem en Biutiful es tan trágico e inverosímil que causa gracia. Georgy y su historia no causan gracia. Sonreí con algunos apuntes de los lugareños en la peli pero sus personas son tan agrestes como desolador es el ambiente de Ucrania en invierno. Una dura crítica a la ética y la moral y una fabulosa perspectiva de una nación anacrónica que habla de la invasión nazi como si fuera ayer mientras los niños juegan con video juegos o escuchan música en dispositivos móviles.

Dejé esta reseña para el final, quería ver Curling de Denis Côté o Belle Épine de Rebecca Zlotowski pero sencillamente no me alcanzó el tiempo. Sin embargo me fui contento a casa con el balance y porque para mi vi una de las mejores pelis del Festival.

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