Nine


Pomposa, presuntuosa y ruidosa.

Tal cual como me imaginaba la peli, así fue. Pero pues la verdad no soy fanático ni de Rob Marshall ni de los musicales que a excepción de Dancer in the Dark de Lars Von Trier en 2000 no es que me ofrezcan demasiado entretenimiento.

La boleta si la paga definitivamente el sketch de Fergie cuando Guido, interpretado por Daniel Day-Lewis, recuerda en su niñez una joven y exuberante mujer que por unas monedas juega con sus curvas frente a un grupo de niños. Magnífico, para qué.

El segundo sketch en orden de elegancia es el de Kate Hudson con mucha energía, con muy buen sabor y con un tono súper bien logrado.

De resto se admira en particularidades pero no un gran todo. Repito, y creo que ya lo había escrito, para hacer un buen sancocho no es suficiente con tener las mejores papas, las mejores arracachas, el mejor caldo y la mejor carne, para hacer un buen sancocho se necesita vivir cada uno de sus ingredientes y cada cucharada que el comenzal se manda a la boca debe estar lleno de sabor y fantasía. Nine, me da mucha pena, pero no es un buen sancocho.

Muy posiblemente lo quieran comparar con 8 1/2 de Federico Fellini de 1963. Pero sería una barbaridad. No sólo por tener el mismo tema, la misma trama, el mismo nombre de sus personajes y el mismo planteamiento se podría comparar esta obra con una pieza de arte del neorrealismo italiano.

Para nada.
Le hace falta toda la vivencia y fantasía de la obra original para que deje de ser una sumatoria ridícula de sketches.

No digo pues que Day-Lewis, la Kidman, la Cotillard o la Cruz no hayan hecho su mejor esfuerzo, todos son ganadores del Oscar y cada uno tiene su talento en particular muy bien aprendido pero le escuché a Day-Lewis que no quería inicialmente participar en una pieza donde hay tantas celebridades porque la historia dice que frenéticamente son una causa pérdida. No se porqué no hizo caso de sus instintos y se alejó del proyecto pues no le veía una desfachatez tan grande desde 1992 cuando hizo The Last of the Mohicans.

La peli es rica (en reparto y actuaciones) en música y en fotografía pero cuando aprenderemos que el rendimiento, pulcritud y majestuosidad en la producción no necesariamente hacen una buena peli. Hacer pelis no es parte de una clase de educación física y el esfuerzo, como tal, por sí sólo, no debería ser vanagloriado como se ha hecho en el pasado, como por ejemplo The English Patient una peli para mi gusto bastante regular que coincidencialmente fue dirigida por el fallecido Anthony Minghella, que ganó Oscares como loco y que hoy en esta peli se le hace un homenaje póstumo.

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