Dawn of the Planet of the Apes

23/07/2014 3 comments

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Hace un par de años Rupert Wyatt fue encargado de relanzar la franquicia del Planeta de los Simios y todos temimos que iba a ser otro guiño a las acciones de Charlton Heston, por allá al final de los años 60, tal como sucedió con la desafortunada Planet of The Apes de Tim Burton en 2001. La de Burton no fue especialmente una mala pieza sino más bien una decepción. Grandes avances en maquillaje, grandes avances en tecnología, cámaras, narrativa y, al final, un pésimo resultado tratando de resolver lo más icónico del Planeta de los Simios, su desenlace.

Fue entonces cuando Wyatt, de la mano de Rick Jaffa y Amanda Silver, recrearon el posible inicio de la revolución con Rise of the Planet of the Apes. Will Rodman (James Franco) es un científico que busca una ayuda para el Alzheimer que sufre su padre; investiga la regeneración de células cerebrales mediante el uso de un virus y está en un punto muerto donde no puede controlar los efectos secundarios violentos de la droga administrada directamente en simios; cuando al laboratorio se le acaba la paciencia y determina la eutanasia de todos los especímenes infectados, Rodman adopta un pequeño recién nacido que resulta infectado por su madre gracias a la comunicación intrauterina. Este joven es Caesar, el líder de los simios que busca su libertad cuando siente que los humanos lo han abandonado y traicionado.

En ese punto habíamos dejado la historia y el punto alcanzado por Wyatt era realmente alto. Tan alto que cuando nos enteramos que no iba a participar en la segunda parte de la serie y que su sucesor iba a ser Matt Reeves experimentamos físico pánico.

Matt Reeves es el nuevo director y es reconocido en Hollywood por sus trabajos melodramáticos en TV como Felicity, Miracles o Conviction; así como el reciente enlatado de Låt den rätte komma in (Let Me In) protagonizado por Chloë Grace Moretz que más que enlatado fue la versión hablada en inglés de la impecable cinta danesa de vampiros. Claro también fue el director de Cloverfield y esto añadía una cierta porción de duda razonable a su gestión, un poco de esperanza para que la secuela tuviera algo de gracia y calidad.

Pues bien el resultado es la justa medida del sentimentalismo de Felicity, la imaginería de Cloverfield y el drama visual de Let Me In. Un raro salpicón que se fundió perfectamente en el guión de Mark Bomback y los reincidentes Rick Jaffa y Amanda Silver.

Reeves encontró la forma, tarea nada fácil, de superar Rise of the Planet of the Apes partiendo de un guión de los mismos creadores de la misma historia; ensamblando un reparto muy bueno que va desde Gary Oldman hasta el sensacional Jason Clarke, pasando por una dulce y aguada Keri Russell (Felicity) y obviamente Andy Serkis de nuevo como Caesar. La trama se olvida de la génesis del virus y avanza donde la desolación del Apocalipsis humano hace brillar la sociedad de los simios, liderados por Caesar y refugiados en lo más profundo de los Red Woods californianos. Este nivel de paz alcanzado se ve alterado por un grave incidente, un humano transgrede sus límites y llega hasta el dominio de los simios, en busca de una represa para reparar su hidroeléctrica, pero en el camino se topa con dos simios aislados, entra en pánico y mata a uno de ellos desencadenando la furia e indignación del resto de la manada. Caesar con la cabeza más fría que el resto de sus similares decide confiar que fue sólo una eventualidad, expulsa a los humanos que acompañaban al accidentado instigador y les perdona la vida. Dicha determinación divide al grupo sobre todo porque Koba (Toby Kebbell), con sus dolorosas memorias de tortura cicatrizadas en su cuerpo quiere aprovechar este único momento de venganza y siente el desplante de Caesar como una gran frustración.

En adelante, se evocan los sentimientos de un simio que vivió la parte más cálida de los humanos y el otro que vivió la más fría ignominia, desencadenando dos fuerzas igualmente poderosas, combinadas con la peligrosa volatilidad de los atrincherados humanos. Un gran planteamiento que desborda una gran peli.

El final abierto hacia una siguiente fase de la franquicia queda perfectamente intacto. Pero al parecer no todo el equipo de guionista va entero, pues sólo se escucha de Mark Bomback, y de nuevo FOX nos pone a sufrir así Matt Reeves esté confirmado. Ojalá se vuelvan a combinar las audacias del director, la genialidad del maestro Michael Giacchino en la composición musical –que logro la escalofriante mezcla de tonos clásicos extraídos de las piezas originales con composiciones originales dando como resultado un incomparable ambiente, tanto ambiental como sentimental–, un posible reparto basado en Jason Clarke, Andy Serkis y Toby Kebbell que en serio dan la nota de genialidad en esta pieza.

Para los que no han visto la cinta, la boleta se paga (con estos ya nombrados items pero además) con la fotografía de Michael Seresin –por la inclusión de esos planos secuencia tan importantes en el cine, sobre todo ese del tanque así como la imagen de Koba atravesando el fuego que da escalofríos verdaderos–, el diseño de producción de James Chinlund que poco a poco va evolucionando la comunidad de simios incluso con sutilezas en el vestuario, perdón la repetición pero vale de nuevo la nombrada de Michael Giacchino y el laborioso trabajo de Terry Notary, entrenador de actores que desarrolló lo que él llama un «humancé», una especie de chimpancé más evolucionado y que se dió el lujo de actuar como Rocket. Este «humancé» es un logro muy importante, aparte de su comportamientos el plano final con el cierre a primerísimo plano de los ojos del simio hace que se difumine el límite entre la bestia y el humano aportando un punto más a la larga lista de aciertos

Muchos momentos y muchos guiños para destacar en esta excelente peli… Creo que me la voy a repetir un par de veces más.

Transformers: Age of Extinction

21/07/2014 4 comments

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El mundial, mi hija, el trabajo, todo se había interpuesto entre mi pasión favorita y mis posibilidades de escribir sobre ella. Estoy profundamente atrasado pero espero poder adelantarme poco a poco. Una gran motivación puede ser la celebración de cinco años de estar escribiendo, casi, ininterrumpidamente. A ustedes, gracias por tenerme paciencia, tomarse el tiempo de leer estas líneas desordenadas y atreverse a dejar un comentario sobre sus propias experiencias… Ah! Que no se me olvide #eraGolDeYepes

Aunque aún me falta por escribir sobre The Lego Movie, Bad Grandpa o Muppets Most Wanted, empezaré por uno de los poderosos taquilleros de este verano, Transformers: Age of Extinction de Michael Bay.

Más allá de Transformers, Shia LaBeouf como héroe o a pesar del mismísimo Michael Bay, la franquicia de Paramount y Hasbro había logrado la no despreciable suma de dos mil setecientos millones de dólares recolectados mundialmente, hasta la fecha. Ni las pésimas críticas, ni las pésimas actuaciones lograron minar la confianza de la pésima dirección de Bay en esta serie de ciento por ciento explotación; incluso sus efectos fueron meritorios de nominación en toda la sección técnica de los Oscar. La verdad, tarde que temprano, y sin mucha sorpresa, se nos avecinaba una cuarta exposición de peleas de gigantes robots destruyendo de nuevo Chicago y, de nuevo, en honor a la verdad Bay logró desarrollar un relanzamiento de la historia apuntándole a un éxito taquillero impresionante, que ya suma 900 millones de dólares alrededor del mundo.

Esta vez ‘Marky MarkWahlberg es el encargado de llevar el liderazgo de la cinta de acción como un padre de familia en Texas, desesperado por sacar adelante a su hija mediante su taller de eléctricos y robótica. En su afán por buscar materia prima se topa con un autobot, Optimus Prime, que encuentra abandonado, casi destruido y olvidado bajo capas de polvo causadas por batallas de otrora. Wahlberg se involucra con la causa del autobot y persiste hasta poder encontrar la fuerza maligna del gobierno que está destruyendo tanto decepticons como autobots, a diestra y siniestra.

La peli obviamente está cargada de mucha acción, buen humor pero sobre todo una mejor química entre Wahlberg y el público –100 puntos a Michael Bay por liberarse de Shia LaBeouf que hacía menos que creíble su historia ridícula–. Como decía anteriormente, es un relanzamiento de la franquicia, no obstante no vuelve a los orígenes de la narración para poder justificarla y logra su cometido en un capítulo donde pasamos la hoja con la anterior trilogía y nos preparamos para otra, ojalá completamente diferente. No es una gran cinta de todas formas; uno se divierte hasta donde Bay se lo permite; los lugares comunes, los giros ridículos y la explotación desmesurada de todos los clichés siguen presentes pero logra adaptarse para construir algo mejor. La disculpa de este episodio es la aparición de Galvatron como fuerza antagónica y el adiestramiento de los dinobots como nuevos refuerzos de los autobots pero no le alcanzó el tiempo para desarrollar mejor estos personajes y son incluidos dentro de la trama con un forcejeo realmente desagradable.

Wahlberg ya había trabajado con Michael Bay en Pain & Gain, en un estilo completamente diferente del director, sin embargo le permitió conocer a Wahlberg e imaginárselo como el nuevo héroe de esta serie de ciencia ficción, melodrama y mucha serie B.

Edge of Tomorrow

10/06/2014 6 comments

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Edge of Tomorrow es la última cinta de Doug Liman, un director que se ha vuelto promedio en Hollywood con títulos como Mr. and Mrs. Smith y Jumper pero que gratamente recordamos con The Bourne Identity.

El héroe de esta historia es el Mayor William Cage, interpretado por Tom Cruise, y está basado en el personaje de Hiroshi Sakurazaka que creó en la novela Ōru Yū Nīdo Izu Kiru (traducida al inglés como All You Need Is Kill que era como inicialmente se iba a llamar esta producción). El mayor Cage es obligado a despojarse de su puesto como oficial y volverse un soldado raso, catalogado como desertor, para incursionar en una batalla, en una playa al norte de Francia donde se libra una feroz incursión de alienígenas.

Al lado de Cage, la otra protagonista es Rita Vrataski, Emily Blunt, heroína de Verdún. Vrataski armada de un sable y uno de los exoesqueletos que vende el Mayor Cage es ícono de la guerra contra los artrópodos. En la playa reina el caos y el despliegue es una completa carnicería de humanos. El inexperto Mayor trata de seguir su pelotón pero poco a poco la superioridad de los alienígenas es implacable; el Mayor ni siquiera sabe quitarle el seguro a sus armas y cuando lo hace es demasiado, tarde destruye uno de estos bichos que al desangrarse sobre él, sus negros fluidos lo queman y lo derriten como si fuera ácido.

Inexplicablemente, abre los ojos y despierta de un sueño que lo lleva de nuevo con su Sargento Mayor Farrell Bartolome (Bill Paxton) para enlistarse en su pelotón –¿raro que en el uniforme del Sargento aparezca su nombre y no su apellido? Pero más raro aún es que Cage, una figura mediática sobresaliente por los exoesqueletos que le están ganando la partida a los aliens, no sea reconocido por nadie en la base; estos son sólo un par dentro de muchos interrogantes que quedaron sin resolverse en la cinta–. Una y otra vez, Cage vuelve a levantarse en el mismo punto y queda atrapado en un ciclo donde no hay nada que lo haga zafarse, a la maldición que lo condenó el General Brigham cuando lo abdujo y lo arrestó sin mayor justificación, en una –de nuevo enigmática– pulsión llevada por ¿la envidia? ¿El disgusto? ¿La Animadversión?; dicha repetición lo va haciendo más diestro y lo lleva a sortear su destino como si fuera un ratoncito de laboratorio evaluando variables dentro de un gran laberinto.

No es muy difícil relacionar la escena de la playa en la que queda atrapado el Mayor William Cage con el Día D o el día en que los aliados desembarcaron en Normandía para finalmente reducir a los nazis en la Segunda Guerra Mundial; estando tan cerca a su onomástico, 31 de mayo de 1944, seguramente, la producción planeó esta fecha para recrear la trama de su cinta y darle un impulso comercial conmemorativo –eso y Verdún de donde Emily Blunt fue la gran vencedora–; pero más que reminiscencias que ya vimos en Band of Brothers o Saving Private Ryan, Edge of Tomorrow es un enlatado promedio de la si genial Groundhog Day mezclada criminalmente con Starship Troopers para sacar adelante la novela de Sakurazaka. Christopher McQuarrie, el nuevo mejor amigo de Tom Cruise, es el encargado del guión y no logra sacar adelante lo que ya había explotado muy bien en Jack Reacher o Valkyrie, y es esa tensión dramática que escena tras escena va haciendo del héroe un personaje vulnerable e interesante para el espectador. Su entretenido thriller es un producto más dentro de Hollywood y no propone nada interesante de la materia prima escogida. No siempre sumar dos ideas geniales da como resultado algo sinérgico y esta es precisamente un claro ejemplo de ello.

McQuarrie tiene ahora la difícil responsabilidad de retomar el excelente punto en el que Brad Bird dejó la franquicia de Mission: Impossible con Ghost Protocol y desarrollar una salida espectacular con MI5. Esa será su oportunidad de sacudirse de este fiasco y echarle la culpa al cada vez más maltrecho Doug Liman.

X-Men: Days of Future Past

04/06/2014 4 comments

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Siete pelis se han hecho con mutantes dentro del Universo Cinemático de Marvel (MCU) en FOX. A saber: X-Men, X2, The Last Stand, Origins, First Class, Wolverine y ahora Days of Future Past. Siete pelis en las cuales no hay mucha concordancia a los comics, ni a la serie animada, sino más bien han sido la excusa para lanzar una extensa franquicia cuyo único elemento aglutinante, y subsecuente protagonista, se lo ha llevado insospechadamente James Howlett, por unos conocidos como Logan por la mayoría de nosotros como Wolverine.

No importan los arcos, ni los guiones, ni si las adaptaciones fueron buenas o si algunos directores fueron mejores que otros. De tanto en tanto, en este MCU de FOX, todos han tenido graves indulgencias que a la postre han generado vacíos en sus conjugaciones. De esta forma no hay buenos ni malos entre Bryan Singer, Brett Ratner, Gavin Hood, James Mangold o Matthew Vaughn; todos sin excepción dieron más relevancia y prioridad a Mystique (Jennifer Lawrence/Rebecca Romijn), al ya nombrado Wolverine (Hugh Jackman), desarrollaron de ceros figuras como Rogue (Anna Paquin), Phoenix (Famke Janssen), Sabertooth (Tyler Mane/Liev Schreiber) o hicieron ridículos a otros tantos como Cyclops (James Marsden), Deadpool (Ryan Reynolds), Gambit (Taylor Kitsch) o Angel (Ben Foster); pero sobre todo en su común denominador, la anarquía, las historias no concordaban; unas veces Charles Xavier (Patrick Stewart) estaba condenado a su silla de ruedas, mientras en otras campantemente caminaba frente a las cámaras; en unas Emma Frost era una joven adolescente (Tahyna Tozzi) y unas décadas atrás era una despampanante mujer (January Jones); o la mejor de todas en una época Bolivar Trask era un enano (Peter Dinklage) y unas décadas después se convertía en negro (Bill Duke).

X-Men parecía entonces que no se podía juzgar como un universo cinemático coherente pero de alguna forma habían logrado conquistar un borroso camino narrativo, entre todas sus salidas. Después de las estocadas recibidas por The Last Stand y Origins, sin importar las buenas taquillas, la franquicia parecía moribunda hasta que Matthew Vaughn, producido por Bryan Singer, planteó una especie de arco de origen con First Class y todo tuvo una nueva luz de esperanza, justo cuando FOX más lo necesitaba. Singer aprovechó esa luz e intercambió papeles con Vaughn. Partió de los planteamientos de First Class, generó una formidable campaña de expectativa recogiendo la estética de Vaughn y trajo dos items que los fanáticos pedíamos a gritos (A) los centinelas y (B) alguno de los arcos de la serie animada.

Days of Future Past aparece como un excelente paso hacia una gran y más sólida franquicia. Mientras, Vaughn establecía una confrontación entre los mutantes de Xavier y The Brotherhood of Evil Mutants de Sebastian Shaw (Kevin Bacon) el contexto del final de los 60’s parecía aceptarlos con una buena tónica y una excelente ambientación. Tanto el comic como el contexto histórico fue excelentemente aprovechado y se alcanzó la cima de calidad y narración en la franquicia. Vaughn, de alguna forma rehizo el relato explotado en X-Men (2000) y replanteó desde allí el inicio de los mutantes con una nueva dosis de grandes actores. Singer fue ambicioso y pensó que era la oportunidad perfecta para unir los dos repartos y Days of Future Past le calló como anillo al dedo.

El problema eran los vacíos narrativos que la anarquía de X-Men había desarrollado dentro de FOX. Singer fue contratado para resolver el tema y poder establecer un universo donde se pudiera producir filmes a largo plazo y utilizó una solución deus ex machina, un poco facilista, sostenida en los viajes a través del tiempo. Al modificar algo del pasado no podemos asegurar que el futuro no sea alterado y si este evento del pasado es grandilocuente pues sus consecuencias en el futuro serán directamente proporcionales. Viajar en el tiempo debe ser manejado con aún más pericia que cualquier otra disculpa en el guión porque implica la multiplicidad de universos paralelos –o en el caso de Days of Future Past conciencias paralelas–, y aún más incongruencias narrativas debido a las exponenciales variables que genera cada decisión. A pesar de resolver todo a los trancazos –o como decimos en Colombia a-la-maldita-sea–, es un punto interesante y viable, el uso de saltos en el tiempo a través de conciencias paralelas, de esta forma las ilusiones de ver a Bishop (Omar Sy) haciendo su trabajo en el tiempo se disuelven pero Wolverine se vuelve una mejor opción. Además la referencia a The Terminator (1984) de James Cameron es un lujo en la cinta; el futuro áspero y oscuro del inicio de la cinta, coincide con el mundo dominado por las máquinas de Cameron, tanto que en algún momento se espera que entre el pie de un T-800 y aplaste un cráneo humano, en primer plano; los viajes en el tiempo se han usado en varios relatos pero atravesar el pliegue del tiempo y el espacio para llegar a un punto del pasado completamente desnudo es también original de Cameron y aquí también Singer le hace un guiño con la desnudez y el desconcierto de Wolverine en su viaje.

De nuevo, establecidos en las indulgencias que les debemos conceder a los creadores del MCU de FOX, la cinta prometía solucionar los vacíos conceptuales y narrativos del pasado (en la franquicia). Aunque si se responden algunas inquietudes, Days of Future Past no es precisamente la salvación esperada. Una de las jugadas reiterativas de Singer en esta pieza es que lo que no se pueda explicar en dos líneas de diálogo queda sin resolver en el marco de la historia y así fue durante toda la pieza.

De nuevo, gran cabezazo de Simon Kinberg, Jane Goldman y Matthew Vaughn, encargados de la historia, que resolvieron el tema del salto en el tiempo con viajes de conciencia a través de un inusitado poder de Kitty Pryde (Ellen Page) conocida ahora como Shadowcat pero ¿cómo encontró dicho poder? Junto a los poderes de Kitty, no se nos cuenta cómo Xavier y Magneto (Ian McKellen) se hicieron aliados en el futuro, cómo se llegó al último diseño de los centinelas que aunque tienen coherencia con la persecución de Mystique parecen un resultado de una combinación más poderosa de Rogue, no se explica la conexión de las escenas finales de The Last Stand, es decir, cómo Xavier pasa de la aniquilación total a la reencarnación/reconstrucción de su cuerpo después del enfrentamiento con Phoenix, porqué Trask (Peter Dinklage) le tiene tanto odio a los mutantes –hasta William Stryker tiene una historia que todos conocemos– o la más cruel de todas, después de una alta y enriquecida campaña de expectativa con la muerte de John F. Kennedy, nos hundimos en un vacío donde no se resuelve nada al respecto. Hay posibles soluciones a todo; Wolverine otra vez con Adamantium puede ser un detalle de alianza del guepardo con Magneto al final de The Wolverine y se explica en Days of Future Past de la misma forma que Magneto (Michael Fassbender) manipuló los rieles de acero y casi que se sienten líquido para inyectarlos en otros cuerpos; el tema no son las respuestas que uno se arma sino la desconsideración y casi descaro de los creadores de la historia que no tuvieron reparo en estos hitos importantes en la trama para los fanáticos.

La cinta en su totalidad es interesante. Perdonando otra vez, los nuevos vacíos, y a sabiendas que ya no importan, Days of Future Past está llena de detallitos divertidos que hacen de la peli un gran entretenedor y nos preparan para el gran arco de Apocalipsis en 2016. Obviamente, la escena cumbre de esta pieza podría ser la exploración de los poderes de Quicksilver (Evan Peters) que nos callan la boca a todos los que pensamos que su trajecito de aviador se veía ridículo en los abrebocas de Empire Magazine. Personalmente, siento que la escena de levitación del estadio es absolutamente atrevida, audaz y temeraria; de las pocas escenas rescatables de The Dark Knight Rises está el hundimiento del estadio de los Rogues, este levantamiento está al mismo de nivel de impacto e impresión y sienta el ambiente perfecto para el desenlace. Es cierto, en la cinta se habla más y se tiene menos acción de la esperada, pero los diálogos están muy bien concebidos y no todo tiene que ser grandes dosis de vértigo para cautivar nuestra experiencia cinematográfica; la pausa y el detalle son también elementos de fina coquetería que Singer sin duda logra alcanzar en esta salida.

Nota personal. Hubo un momento de delirio personal cuando William Shatner, en personaje de James Kirk de Star Trek, entrega la línea de diálogo “we’re going backwards in time”. Es una bobada pero una bobada de esas finas que tanto me gustan.

Nota personal 2. En cuanto a mi juego «shakespeariano» de referencias a Richard Nixon, el trabajo desarrollado por Mark Camacho no es del todo atractivo y enriquecedor. Su perfil en la historia es obvio, su desempeño es el mínimo esperado y su caricatura la hemos visto mejor ejemplificada en otras versiones, dejando como resultado un desempeño fútil y sin mucha gracia.

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Gojira: King of the Monsters

«Gojira» (Godzilla) es una criatura gigantesca producida por un accidente nuclear. Pertenece al subgénero de la serie B de monstruos pero es bueno nombrar en esta pequeña introducción los pasos de The Lost World y King Kong que entre 1925 y 1933 dieron origen a otro subgénero, el de las cintas de monstruos gigantes. Los japoneses incursionaron en este tipo de piezas y les dieron el nombre de «kaijus» o extraños monstruos; en el blog también hemos hablado de otros monstruos gigantes como Attack of the 50 Foot Woman o incluso «kaijus» cuya referencia recientemente vimos en Pacific Rim pero realmente el que los hizo populares en nuestro medio fue el recién fallecido Ray Harryhausen.

Hay más de un par de docenas de pelis que se han hecho sobre el lagarto de proporciones jurásicas y la desolación y destrucción a su paso. Sin embargo, y es obvio, esta entrada tiene la intención de hablar de la última pieza producida sobre Godzilla, dirigida por Gareth Edwards (Monsters) y que recientemente vió la luz en nuestras salas comerciales; además vamos a referir los arcos de origen de este monstruoso espécimen, sin contar con la versión de 1956, Godzilla, King of the Monsters, que finalmente es un enlatado del mismo director inicial para tener una versión hablada en inglés. Entonces a continuación podrán leer sobre esa primera edición de 1954 de Ishirô Honda, la vapuleada versión de Roland Emmerich de 1998 y la recién estrenada de Gareth Edwards.

Godzilla
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Después de Monsters, que es una peli de bajo presupuesto no obstante entretenida, tensa y con una buena aceptación de la crítica y el público, a Gareth Edwards se le confía el proyecto de rehacer y relanzar Godzilla en Hollywood. Ya lo veremos más adelante pero la versión de Roland Emmerich tiene muchas fallas sólo ahora entendibles desde que vimos las tres épocas del «kaiju».

En Monsters, Gareth Edwards rodea el género de monstruos con cierto suspenso porque su falta de presupuesto lo limita en producción y grandes protagonismos de «las bestias»; esto nos hace recordar inmediatamente Jaws de Steven Spielberg, peli del mismo género que no mostró al monstruo sino hasta la mitad del segundo acto gracias al malfuncionamiento del robot que impidieron su uso con mayor anterioridad; la jugada fue un golpe de genialidad que sumado a la banda sonora de John Williams dieron un vuelco en el género y crearon un hito a nivel de tensión y suspenso. Edwards ahora con mayor presupuesto, con una producción cercana a los 160 millones de dólares, mantiene la premisa, la abraza y así nos introduzca a la historia con material de archivo sólo nos muestra a Godzilla al final del primer acto; no se separa de la estrategia de Spielberg porque con la mano del excelente y magistral Alexandre Desplat, logra cautivarnos con tonadas orientales, coros y fabulosos taikos. No es una casualidad. Honra de tal forma a Spielberg que incluso su familia protagonista toma el mismo apellido que Roy Scheider en Jaws.

Al igual que con Spielberg, el Godzilla tiene aún más referentes impresionantes y divertidos. El primero obviamente es el archivo de imágenes extraídas de Gojira que introduce al monstruo dentro del mismo universo.

De la mano de este primer referente también está el Doctor Serizawa que para los que aún no han visto Gojira tiene absoluta relación con el también doctor y héroe de 1954, Daisuke Serizawa. Aunque este doctor actual, interpretado por Ken Watanabe, se llama Ishiro hay un par de líneas de diálogo donde hace alusión a su padre el cual poseía un reloj que se detuvo en el momento de los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki; no necesariamente tiene que Ishiro ser el hijo de Daisuke pero de nuevo su estrecha familiaridad hace muy cercano su referente y concuerda con el mismo universo, anteriormente nombrado.

No me considero un experto en Godzilla o sus pelis. De su treintena de historias he visto una sexta parte de ellas; es de allí y de previas investigaciones que uno sabe que los MUTOs (siglas para Massive Unidentifiable Terrestrial Organisms) son extraídos de la cosmogonía de Gojira. Para Edwards, los MUTOs no son cualquier referente son precisamente el centro de su historia; en su existencia dan la dirección y el sentido de Godzilla en esta cinta, claramente referido al final de la cinta como «King of Monsters».

La gran diferencia entre Roland Emmerich y Gareth Edwards es que el tamaño si importa y que no se puede sacar a Godzilla de su ambiente japonés. Edwards lo entendió perfectamente; Emmerich trató de hacer un Parque Jurásico en Nueva York –de nuevo, ampliaremos más adelante esto–. La definición de Edwards de su monstruo es un oso macho alfa y es su apología más esencial al monstruo de Honda que basa sus movimientos y catas en las figuras de un oso. Aunque hay referencias también de águilas en la cinta, el movimiento, la contextura y los rugidos de Godzilla son propios de un úrsido, no un lagarto, y esto cambia diametralmente la percepción de la bestia. Eso y que es tan grande que la bruma de San Francisco se le pega exquisitamente al cuerpo de Godzilla y provee un ambiente misterioso a su apariencia. Muchos se quejan que no hay suficiente foco en la destrucción y los enfrentamientos con Godzilla, por el contrario, pensamos que el enfoque del montaje final lo engrandece y le quita parte de la payasada innata que tiene el engendro nuclear; aquí hay que decir que así como se descalifica la peli de Emmerich, no está al final de toda la cinematografía de Godzilla como lo han querido posicionar, por el contrario, está por encima de una docena de cintas ridículas que establecen esa lista.

Hay muchas más referencias en la cinta sobre todo en detalles de la cotidianidad de los Brody, particularmente de Ford con los afiches de su cuarto de niño que hacen alusión a batallas legendarias de Gojira, los montajes en la ventana de su escuela con la destrucción de la planta y los origamis de dinosaurios en primer plano o cuando vuelven a su derruida casa y en uno de sus dioramas aparece claramente el nombre de «Mothra», un clásico en los antagónicos de la gigantesca aberración que es Godzilla. Otros mas perspicaces lograron descifrar en los avances, el discurso de J. Robert Oppenheimer reconocido padre de la bomba atómica y líder del Manhattan Project; así mismo también encontraron referencias al Nautilus de Julio Verne o el USS Saratoga vinculado a pruebas nucleares en el Pacífico. Pero en resumen la peli aguanta un par de revisiones adicionales para descubrir todas sus sorpresas y hacernos entender que no es un trabajo a la ligera el de Edwards en esta cinta, que seguramente estará favorecido al final del año con varias nominaciones en la temporada de premios y que ya empieza a ver sus frutos cuando se confirma que dentro del universo de Star Wars, gerenciado por Buena Vista, ya se le encargó uno a este joven británico ;)

¿Es perfecta? ¿Merece una calificación excelente?
Definitivamente es la mejor cinta de Godzilla que he visto pero no es una peli impecable. Parte de los problemas vienen con las tramas alternativas que recreó alrededor para poder darle forma de relato. El error principal fue haber destinado el peso dramático en Ford Brody interpretado muy pobremente por Aaron Taylor-Johnson; su padre (Bryan Cranston) y su madre (Juliette Binoche) definían un intrínseco y mejor drama pero fueron sacados prematuramente del protagonismo; esto permitió que Ford, su esposa (Elizabeth Olsen) y su hijo desarrollaran un empalagoso melodrama que si bien puede descalificar la pieza, sus errores van más a la sobreactuación y los arquetipos que definieron su uso; esto evidenció que el trabajo de Max Borenstein como guionista fuera patético y que sus líneas de diálogo no apoyaron en absoluto a Bryan Cranston, a Ken Watanabe o Sally Hawkins desperdiciados criminalmente.

Aspectos de credibilidad y concordancia científica, considerados igualmente en Pacific Rim, son más subjetivos y se los dejamos a los puristas. Esta es una fantástica cinta de ciencia ficción, una oda al cine de Toho Studios y una perfecta celebración del sexagésimo aniversario del legendario engendro nuclear que es Godzilla.

Gojira
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Difícilmente otra peli podrá hacerse con el enfoque que le dió Ishirô Honda a Godzilla en 1954.

El contexto histórico es brutal apenas sólo nueve años después de las detonaciones atómicas de Hiroshima y Nagasaki; los japoneses no sólo firmarían su rendición sino que después de semejante experiencia decidieron no tener ni siquiera un ejercito para volver a incursionar en una guerra posterior; sin embargo, y a pesar de su rendición, Occidente, en cabeza de Estados Unidos, seguiría experimentando con este tipo de armas, haciendo explosiones controladas de la Bomba H en cercanías al archipiélago nipón, a pesar del repudio mundial por su obrar en las anteriores y destruidas ciudades.

Mucho se ha dicho al respecto de Hiroshima y Nagasaki pero el acto indecoroso de Harry S. Truman como presidente de los Estados Unidos tiene muchas agendas oscuras; la primera es la desprotección del área de Pearl Harbor con previo conocimiento del ataque japonés; dicho ataque, se volvió masacre y, justificó cualquier medida norteamericana en aras de ganar la Guerra del Pacífico; de esta forma Truman envalentonado declaró objetivos militares a Hiroshima y Nagasaki para destruir las fábricas de Mitsubishi, las cuales habían desarrollado 91 torpedos usados en Pearl Harbor; el resultado de dichos bombardeos fueron un millón de japoneses muertos y una larga fila de afectados por los efectos secundarios de la radiación; en palabras de Truman aún resuena la declaración que fueron dos bombas nucleares las que salvaron la vida de 500 mil americanos, que sigue siendo visto como un detalle de bajísima moral desde cualquier perspectiva y es juzgado como un acto de terrorismo de estado.

Gojira entonces plantea una reflexión oscura del armamentismo nuclear; japoneses expuestos a la destrucción de Hiroshima y Nagasaki pierden su mirada en el horizonte y proclaman frases de torpe articulación sobre una memoria que los afecta; el hecho de que Estados Unidos siga jugando con estas armas los llena de pánico; Godzilla aunque es el resultado de una experiencia violenta, agresiva y directa con radiación, es la metáfora misma de la radiación que los golpeó en el pasado y es su miedo a los juegos imperialistas que siguen experimentando con estas armas.

Godzilla no es un monstruo presente, o completamente expreso, en la cinta, es por el contrario un miedo latente que se mete en las discusiones frecuentes del gobierno japonés y del cual no saben cómo defenderse. El agobio de muchos japoneses nace de la necesidad de tener que huir de nuevo gracias a las secuelas de la radiación que deja el monstruo a su paso; Godzilla es doblegado pero el miedo no; por eso nunca muere.

Godzilla
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Finalmente, Godzilla de Roland Emmerich. Personalmente, he de reconocer que debo ser de los pocos que en su momento, y hasta sólo unos pocos meses, esta cinta me parecía divertida y que le habían dado muy duro en crítica. En vista de los terribles enlatados que han venido sucediendo en Hollywood, tomamos la decisión en el blog de revisar también los suyos y el balance no es positivo para el alemán.

Es posible que no haya envejecido muy bien la peli. Emmerich intenta, pero no lo logra, tener una historia consistente. El origen de Godzilla se aleja completamente de sus raíces japonesas. Si es una aberración nuclear consecuente con los múltiples experimentos ejecutados en la Polinesia Francesa; lo que no explica es porqué si puede tomar un viaje a Melbourne, Auckland, Santiago o incluso Lima, la bestia decide atravesar Panamá, continuar por el Caribe y desviarse hasta Nueva York con la única disculpa que es una isla con unas condiciones especiales para sobrevivir y esconderse. Si es así, ¿cómo sabía hasta dónde ir? ¿Por qué se dirigió al norte y no al sur? Si los motivos son inexplicables y debe dirigirse al norte ¿por qué atravesar todo el Caribe en vez de ir a San Francisco, Portland o Seattle?

Así como Emmerich se alejó de los orígenes japoneses, su engendro no tiene nada que ver con ellos. Ishirô Honda en 1954 estudió los movimientos de un oso y es así como ejerce su conducta, erecto, con zarpazos de sus patas delanteras y descomunal. Emmerich pensó que sería divertido hacer ver más real a Godzilla por eso es que se comporta como un lagarto, es ágil, pequeño, sus articulaciones y sus movimientos son como una iguana gigante; le gusta el pescado y cava para esconderse; el tamaño es ligeramente mayor al del Tiranosaurio Rex de Jurassic Park II pero a la vista de todos es el mismo animal con una cresta de tres filas. Así como su cresta, Honda y Toho Studios hicieron una serie de reglas para que Godzilla pudiera ser ejecutado a lo largo de su trayectoria fílmica; Emmerich se cuidó entonces de que su lagarto tuviera tres dedos en los pies, cuatro uñas en forma de garra en cada mano, que comiera pescado en vez de personas, que no fuera presentado cursi o de manera tonta porque Godzilla no puede ser una vergüenza y que no puede morir. En teoría, tampoco debe avalar ninguna marca como si fuera emplazamiento de productos y su mutación le permite expeler fuego de su boca como si fuera un dragón, cosa que entendió Emmerich como una sugerencia y que en la peli se ve como una casualidad de su aliento con un escape de gasolina.

En principio, Godzilla en Manhattan es una amenaza, no se ve bochornoso pero falla en las frases cómicas de sus personajes desde que empieza la peli sumado al fondo de la historia de Matthew Broderick –con tintes romanticones de traición e idilio– que hacen que Godzilla si se sienta ridículo(a) y el hecho de que su director haya querido hacerla más real deja en vilo problemas mucho más grandes como que el lagarto es un reptil, necesita mucha comida pero sobre todo mucho aire para respirar; dicha criatura podría sobrevivir en tiempos en los que la atmósfera era rica en oxígeno en esta simplemente se desmallaría y no podría tener la agilidad que posee en las calles de Nueva YorkEdwards, por su lado, genialmente hace de su oso mutante un engendro con un tiburón que le permite sobrevivir debajo del agua y alimentarse de la radiación del núcleo de la Tierra–.

Ratifico que Roland Emmerich no hace el peor Godzilla de la lista; que es ingenuo y envejece mal pero es divertida hasta cierto punto con su fetiche por destruir Nueva York y con referencias incluso al mismo Ray Harryhausen, en un televisor de Manhattan.

Bron|Broen

Bron|Broen

Muchas cosas pueden suceder en una serie de TV en su primera temporada. No se puede generalizar, ni sacar conclusiones porque en La Segunda puede todo terminar de una forma contraria, para bien o para mal. Por lo mismo, generalmente se espera a ver las posteriores etapas en las series antes de comentar o hacer una entrada; por eso, de pronto no hay nada escrito en el blog aún sobre True Detective, Ray Donovan, Masters of Sex, Hannibal o Les Revenants (The Returned) –serie que pronto saca su versión estadounidense en AXN llamada Resurrection–.

En cuanto a cinematografía danesa, en el blog hemos alimentado una afición poderosa con nombres como Mads Matthiesen, Nicolas Winding Refn, Thomas Vinterberg y Lars von Trier. Lo interesante es que también nos hemos acercado a esta cinematografía gracias a sus audiovisuales para TV –y no estamos hablando de Riget (The Kingdom) la serie de TV realizada por Von Trier porque aún no la hemos visto–; nos referimos a que de manera indirecta seguimos Forbrydelsen, la serie policiaca cocreada y coescrita por Søren Sveistrup y Veena Sud que vió cómo su éxito se apoderó de Dinamarca, Alemania, el Reino Unido y se transformó en The Killing en Estados Unidos, donde ya con cuatro exitosas temporadas Veena Sud terminó escribiendo y produciendo la serie, adaptando un nuevo ambiente, parecido al danés pero en Seattle.

Ahora llega esta Bron|Broen (Bridge|Puente) donde reconocemos la técnica y la narrativa danesa, esta vez coproducidos por los noruegos y los suecos.

Bron|Broen es también una serie policiaca, empieza en el puente que une Copenhague (Dinamarca) con Malmo (Suecia) cuando es dejado un cuerpo en la mitad del puente, justo entre las jurisdicciones de sus dos cuerpos policiacos. Se desarrolla una pequeña trama alrededor de quién debe hacerse cargo del asunto pero, poco a poco, Saga Norén (Sofia Helin), una oficial del cuerpo de policía sueco, se va asiendo al cargo de directora de la investigación mientras Martin Rohde (Kim Bodnia), su compañero danés, sigue sus órdenes mientras trata de entender cómo funcionan las cosas al otro lado del puente. –Martin Rohde se nos hace conocido gracias a que Kim Bodnia quien lo interpreta es protagonista de Pusher, ópera prima de Nicolas Winding Refn–.

Al igual que The Killing, los escritores nos describen un ambiente coral, esta vez entre Copenhague y Malmo. A medida que avanza la investigación, saltamos de sospechoso en sospechoso hasta que conducidos por el suspenso del thriller, la historia desencadena en un vertiginoso y duro final de temporada.

Es entretenida. Tiene cosas imperdonables en una producción de tan alto presupuesto como son los errores de continuidad pero es entretenida. Por otro lado, la fotografía, el vestuario, la utilería, la ambientación musical, la dirección de reparto, todo es exquisito y muy bien logrado. El ritmo es agradable pero a medida que avanza todo se va volviendo demasiado conveniente y las situaciones o empiezan a encajar perfectamente como piezas de un rompecabezas que alguien ya sabe como armar o por el contrario quedan sueltas, perdidas, como hilos sueltos que nadie va a conectar. Decepciones parecidas a las que nos enfrentamos en el final de la segunda temporada de The Killing. La segunda temporada, es mucho más interesante y aunque el ambiente coral persiste en la investigación, quisiéramos pensar que en algún momento todo se va a hilvanar y no volveremos a caer en la resolución de un caso, gracias a la conveniencia, el peculiar talento y la química entre Saga y Martin.

Como es un juego danés coproducido por los suecos y los noruegos, más allá del cine, más allá de las actuaciones y el guión, es súper interesante cómo se ven cada uno de los extremos del puente. Por un lado los daneses perciben a los suecos, como autómatas casi insensibles con muchos problemas para relacionarse con otros; claramente, Saga tiene un nivel de autismo que le permite aprovechar su no-empatía con otros humanos para que la investigación avance más eficientemente; de cierta forma Saga es muy parecida a Data de Star Trek que investiga las sensibilidades y existencialismo humano desde su naturaleza esquizoide. Por el otro, los suecos ven a los daneses desordenados, vulnerables y deficientes; Martin se deja llevar por sus sentimientos, se sorprende y se divierte con las ocurrencias de Saga pero no toma decisiones muy racionalmente, nada es demasiado serio; tiene un matrimonio con cuatro hijos y como no puede negarse a tener relaciones con su mujer ni tampoco a usar condón se práctica una vasectomía pero justo antes de hacerla deja embarazada a su mujer con mellizos y le es infiel con otra mujer sólo porque sintió una conexión con ella. Bron|Broen es un balance de estos dos personajes, extrapolados y casi caricaturizados, que nos permiten explorar las idiosincracias de dos culturas muy diferentes entre ellas pero que vulgarmente clasificamos como nórdicas, en un genérico demasiado condescendiente.

Nymphomaniac: Volume II

[Continúa]
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Es preferible que si no han visto la primera parte de Nymphomaniac, no vean la segunda parte –mejor aún que ni siquiera lean esta entrada en absoluto–. A diferencia de muchas otras secuelas, Von Trier realmente pensó su pieza como un todo y no como un juego de volúmenes más fácilmente comerciable. Esto da pie para que la peli abra con una exculpación o un descargo de responsabilidad bastante peculiar que, por lo anteriormente explicado, puede ser tomado como una justificación comercial del distribuidor o una simple jugada de manipulación de Von Trier.

Joe (Charlotte Gainsbourg) nos ha venido relatando la historia de su vida, en un afán por confesar sus pecados y absolver sus culpas; Joe es una mujer entrada en sus cuarenta años que desde muy joven experimentó una vertiginosa serie de aventuras sexuales que profusas fueron desencadenando una patología y evidenciando un síndrome. La patología es la de convertirse en hipersexual y el síndrome el de la pérdida total de sus orgasmos.

El desenlace de la obra se autodivide también en tres capítulos “The Eastern and the Western Church (The Silent Duck)”, “The Mirror” y “The Gun”.

La trama continúa con el matrimonio en conflicto que sobrellevan Joe y Jerôme (Shia LaBeouf), quienes se definen enamorados, voraces en apetito sexual y embarazados de Marcel, un hijo completamente inesperado para Joe quien a su vez experimenta una insatisfacción sexual por la desconexión de sus órganos sexuales con su libido; Jerôme más que preocupado por la insatisfacción de su mujer le sugiere que busque experimentar con otros hombres que la ayuden en la búsqueda y consecución de esa satisfacción; de esa forma se topa con K (Jamie Bell), una especie de terapeuta conocido por sus tratamientos altamente violentos y de alguna forma juzgados como sadomasoquistas. K logra despertar sensaciones perdidas pero también su relación también destruye el matrimonio, el trabajo y el estatu quo de Joe, una metáfora del maltrato que también empieza a recibir su vagina.

La historia en este segundo volumen se desenvuelve hacia la madurez de Joe, define los antecedentes del callejón donde fue violentamente asaltada y donde subsecuentemente fue recogida por Seligman (Stellan Skarsgård). La historia no es tan apasionante y creativa como en el primer volumen y es consecuencia directa de la larga pausa en el entreacto –que tomó cerca de un mes–; ciertamente hay una pérdida en el ritmo de la narración –visual y textual–, y el mismo Von Trier es consciente cuando Seligman y sus pausas ya no son tan divertidos, expresamente identificado en una de las líneas de Joe cuando se refiere a los nudos de K, en una de sus sesiones; sea cual fuere la razón, agradecemos que de todas formas, de principio a fin, las figuras cinematográficas y literarias, que aparecen constantemente en el diálogo de Joe y Seligman, sean explicadas por el autor y no son parte de un discurso posterior e intelectualoide donde se descifra cada uno de sus semas bajo la interpretación personal. Es cierto, para mentes inexpertas e inocentes de filosofía, como la mía por ejemplo, la secuencia lacaniana que aleja el sexo de Joe de su éxtasis, pasa tan frugal e inadvertida, que tan sólo deja clara la genialidad de Lars Von Trier, demandante de un análisis mucho más profundo de cada una de las capas de su pieza y mucho más estudiado que el humilde punto de vista de un fanático del cine, como cualquiera de nosotros en el blog. Nosotros nos quedamos con un cierre de la pieza un tanto torpe pero con la aparición de L (Willem Dafoe) y la alegoría a la introducción de Antichrist cuando Marcel se asoma al balcón.

Lars con Trier es, sin duda, uno de esos pocos autores que permite referirnos a sus obras como piezas de arte; un arte moribundo, casi extinto, consecuencia de la feroz existencia y voraz competencia de Hollywood en nuestras carteleras. Nos permite además detenernos a estudiar muchas complejidades dentro de su discurso, algunas veces existencialista, otras veces dialéctico, fundamentalista y quien sabe que más corrientes filosóficas puedan ser exploradas en él. Nymphomaniac es una declaración de su insolente pensamiento, una demostración de que ser denominado persona non grata es tan sólo una vía para desencadenar una serie de imágenes provocativas y alucinantes como combustible y disparador de su intelecto.

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